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	<title>Fase II: Llego a Pro Cosara, la selva | Una extremeña en Paraguay - Blogs hoy.es</title>
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	<description>Un viaje a la conservación del Bosque Atlántico</description>
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		<title>Fase II: Llego a Pro Cosara, la selva | Una extremeña en Paraguay - Blogs hoy.es</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Sep 2013 16:31:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Marta Villasán</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Viajando por Paraguay]]></category>
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		<description><![CDATA[El lunes me levanto temprano. Me da la sensación de no haber dormido apenas, pero es el cansancio acumulado. Alberto viene a recogerme con su nena para llevarme a la Terminal de Ómnibus donde subirme a un bus de “La Encarnacena” que me llevará a Encarnación, al sur del país. Recojo todo en las maletas, [&#8230;]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.0 Transitional//EN" "http://www.w3.org/TR/REC-html40/loose.dtd">
<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p style="text-align: left;"><span style="font-size: small;">El lunes me levanto temprano. Me da la sensación de <strong>no haber dormido apenas, pero es el cansancio acumulado.</strong> Alberto viene a recogerme con su nena para llevarme a la <strong>Terminal de Ómnibus</strong> donde subirme a un bus de “La Encarnacena” que me llevará a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Encarnaci%C3%B3n_%28Paraguay%29" target="_blank">Encarnación</a>, al sur del país. Recojo todo en las maletas, pago el hotel (¡un millón y medio de guaraníes!) y desayuno a todo correr. La cocina huele de maravilla y cuando pregunto qué es, la cocinera me saca un platito con chipas pulga. </span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-size: small;"><strong>Los chipas</strong> (llamadas <em>las chipás</em> coloquialmente) <strong>son unos bollitos de almidón de mandioca y queso paraguay</strong> y, en este caso, anís, que están de muerte. Me guardo media docena para el viaje (son muy pequeños, del tamaño de aceitunas gordas), apuro el zumo de naranja y voy a sacar el equipaje de la habitación.<span id="more-69"></span></span></p>
<p><span style="font-size: small;">Cuando llegamos a <strong>la Terminal</strong>, justos de tiempo, compro el billete y subo al bus sin apenas tiempo de fijarme en el lugar. <strong>Es  grande, y los buses son modernos, de dos pisos</strong>. Me tranquiliza que a la maleta se le pone una pegatina con una copia que te dan a ti y que tienes que entregar al bajar para asegurarse de que la entregan a su dueño; <strong>es más seguro que los buses españoles,</strong> donde todo el mundo va en masa al maletero a recoger su maleta y se confia en el buen hacer de la gente. El bus es <strong>más cómodo que los que usaba para viajes similares de Badajoz a Salamanca</strong> durante este curso pasado. Van a ser 6 horas.</span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p><span style="font-size: small;">Cuatro de esas horas me las paso durmiendo. Es muy cómodo, aunque hace frío, y a pesar de <strong>haber amanecido en manga corta, tengo que ponerme dos mangas más y taparme con mi manta y el chubasquero</strong>. El bus lleva cinturón de seguridad, que no me quito en todo el trayecto, sólo cuando paramos a medio camino para descansar y comer algo en una venta.</span></p>
<p><span style="font-size: small;"><strong>El paisaje es espectacular</strong>. Las grandes estancias ganaderas con miles y miles de hectáreas en donde pequeños puntos te recuerdan que hay vacas dispersas por los pastos, entre los que se intercalan parches de bosque verde oscuro, y grandes ríos caudalosos que cruzábamos durante largos minutos…  Se veían casitas ordenadas, en buen estado, con pinta de pueblos; <strong>nada que ver con el desorden de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Asunci%C3%B3n" target="_blank">Asunción</a>. </strong></span></p>
<p><span style="font-size: small;">En algún momento sube un chipero con <strong>sus cestas de mimbre y los paños blancos inmaculados,</strong> y le compro una chipa tras asegurarme que no lleva maíz.</span></p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p><span style="font-size: small;">Al final <strong>llegamos a Encarnación.</strong> Me gusta, me recuerda a Trujillo (Extremadura, España), con negocios, calles limpias y ordenadas… <strong>La estación es pequeña;</strong> cuando me bajo pregunto por el próximo bus a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ciudad_del_Este" target="_blank">Ciudad del Este</a>, que me dejará en<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bella_Vista_%28Itap%C3%BAa%29" target="_blank"> Bella Vista</a>, una de las Colonias Unidas, donde me recogerán los guardabosques para llevarme a <a href=":%20http://procosara.org/es/" target="_blank">Pro Cosara</a>, uno de los últimos grandes fragmentos del <a href="http://www.wwf.org.py/informate22/fotos/paisajes_de_baapa/" target="_blank">Bosque Atlántico</a> que todavía se conservan. Compro un billete en “El Tigre”, que me asegura que en 10 minutos sale el próximo.</span></p>
<a href="https://blogs.hoy.es/unaextremenaenparaguay/2013/09/03/primera-noche-en-pro-cosara-la-selva/img_1168/" rel="attachment wp-att-71"><img title="IMG_1168" src="/unaextremenaenparaguay/wp-content/uploads/sites/85/2013/09/IMG_1168.jpg" alt="" width="601" height="400"></a>
<p><span style="font-size: small;"><strong>Los diez minutos paraguayos se convierten en media hora</strong>, en la que me dedico a observar a la gente que pulula por la estación: vendedores de chipas, de bocadillos, de chuches, de peines, de películas piratas y de todo lo habido y por haber. También <strong>había niños, muchos niños, con su maletín de madera de limpiabotas</strong>, mirando los pies de la gente y ofreciendo sus servicios. La mayoría de ellos tenía muy pocos años.</span></p>
<p><span style="font-size: small;">El bus de El Tigre ya no era tan moderno ni tan bonito como el de la Encarnacena. <strong>Olía a fruta fermentada, y los asientos estaban bastante sucios.</strong> Observo cómo suben y bajan los vendedores de gaseosas y de chipas, y cómo el copiloto, que viaja de pie con una mano en el tereré, va entregando paquetes en las paradas. </span></p>
<p><span style="font-size: small;">Al fin llego al restaurante Papillón, en Bella Vista, donde me esperan la educadora ambiental de Pro Cosara, Celia, y uno de los guardabosques, Gregorio, en la camioneta roja de la ONG. </span></p>
<p><span style="font-size: small;">Pero aún queda hacer la compra y llegar a Pro Cosara. <strong>El camino no es largo, pero es un camino,</strong> y lleva varios días lloviendo, por lo que hay lugares donde el barrizal casi nos hace salirnos y los baches nos hacen rebotar continuamente. Se hace de noche, y la temperatura desciende mucho; aunque estoy tiritando, disfruto del viaje viendo atajacminos (similares a nuestros chotacabras, que de noche cazan insectos en los caminos) y varias lechuzas. Los caminos estaban flanqueados por cañizares y bambuzales que impedían que los caminos se sequen por el día. En algunas partes veo parte de los cultivos por los que atravesamos: es trigo, uno de los cuatro cultivos anuales que se sacan adelante en estas tierras. Gregorio me cuenta que después del trigo se planta maíz, y luego  la soja. El cuarto cultivo de de una leguminosa que regenera los campos, y que llaman nabo, pero no es el que se come. </span></p>
<p><span style="font-size: small;">A las 20:30, tras 12 horas de viaje, me bajo de la camioneta. Llevo 12 horas seguidas viajando, y es entonces cuando me doy cuenta de lo cansada que estoy. </span></p>
<p><span style="font-size: small;"><strong>Tras ir a visitar a la jefa de la ONG, Christine</strong>, decido dejar la actualización del blog para el día siguiente, ceno una tortilla de queso junto a Celia y Gregorio, y me acuesto. <strong>Mi habitación es una pequeña cabaña de madera dentro de un hangar.</strong> Me acuesto pensando que la manta de mi cama será suficiente, pero a la hora y pico me despierto helada, así que voy a la habitación donde me habían dicho que había más mantas. Con los ojos pegados, <strong>aparto lo que parece ser un chaleco antibalas</strong> y me quedo con todas las que encuentro, que resulta ser una sola manta, pero muy doblada. La pongo doble sobre mi cama y sumo mi mantita de viaje: en total, 5 capas de manta para poder dormir, además de mi camiseta térmica y un polar. <strong>La humedad es criminal. </strong></span></p>
<p><span style="font-size: small;">Y por fin, puedo descansar.</span></p>
</body></html>
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