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Categoría: Sociedad
Reclutas catalanes de 1939, 1940 y 1941 en Cáceres

Soldado catalán pasando bajo el Arco de la Estrella

Soldado catalán pasando bajo el Arco de la Estrella

Una de las cosas más fascinantes de ordenar papeles, es que siempre descubres algo sorprendente e insospechado. ¡Y eso que tú eres el propietario de esa montaña de folletos, revistas y libros que, por fin, has podido meter un poco en cintura! Esto es lo que me acaba de suceder al descubrir un modesto opúsculo, de la era preinternet, escrito a máquina en catalán, con del título 1939-1989. Cinquantanari de l’arribada a Caceres. Lleves 1939, 1940 y 1941. En la portada un dibujo a dos tintas de un soldado con barretina pasando bajo el Arco de la Estrella cacereño.

No recuerdo bien el origen de este documento, aunque deduzco de su lectura, que debió llegar a mis manos con motivo del viaje que hicieron a Cáceres, en 1989, los supervivientes de las quintas de 1939, 1940 y 1941, que llegaron a la ciudad destinados al Regimiento de Infantería Argel nº27. De hecho, esta breve publicación mecanografiada, de apenas 16 páginas en formato A5 apaisado, fechada en Barcelona, en enero de 1989, lo que hace es relatar el deseo de los autores de celebrar los 50 años de su llegada a Cáceres, viajando de nuevo a la ciudad. Cosa que, efectivamente, hicieron.

LA PENYA CÁCERES

El texto, que lleva la firma de Juli Bassets, narra como el primer miércoles de cada mes se reunía a comer un grupo de miembros de las quintas de esos años, que coincidieron en 1939 en Cáceres. El lugar de estos encuentros era el modesto restaurante El Lince, a pocos metros de la céntrica Plaça de Catalunya barcelonesa, en la calle Tallers, esquina con la calle de Les Sitjes. Allí, en el primer piso, figuraba una placa con la siguiente leyenda: Abril 1939 – Abril 1986. Testimonio de buena amistad y camaradería entre un grupo de amigos de las quintas del 39 al 41. Encuentro en la calçotada de Valls de 16 de abril de 1986. PENYA CÁCERES.

El autor explica que escribir sobre los hechos pasados y presentes, en los que ellos fueron protagonistas, lo hacen con la ilusión de vivir colectivamente un hito suficientemente importante como es el del CINCUENTENARIO de nuestra llegada a Cáceres, así como de la amistad iniciada entonces y continuada a lo largo de medio siglo.

Posteriormente se narran los testimonios de 3 de los participantes en aquellas reuniones, uno perteneciente a cada una de las tres quintas, movilizadas en 1939, y que se encontraron en tierras extremeñas. Se trata de Miquel Obrador, de la quinta del 41, que partió de Barcelona en 2 de abril. De Eloi Barros, que la quinta del 40, cuyo tren partió de la barcelonesa Estación de Francia, el 8 de abril. Y de Ángel Hernández, de la quinta más veterana, la del 39, que partió el 29 de abril.

REGIMIENTO ARGEL

Cuartel de infantería d Cáceres (Foto Juan Guerrero)

Cuartel de infantería de Cáceres (Foto Juan Guerrero)

Detalles al margen, el relato de los tres coincide en un larguísimo trayecto, entre cuatro y seis días, pasando por Tarragona, Zaragoza, Soria, Burgos, Valladolid, Salamanca y, por fin, Cáceres. Como explica el autor del texto aquellos chicos de las quintas del 41, 40 y 39, que salieron de Barcelona para incorporarse al ejército vencedor, fuimos todos nosotros… lo que escriben tres de nosotros y las coincidencias, muestran bien a las claras que el común denominador fue el mismo: atravesamos una tierra martirizada, a trozos herida por la guerra y empobrecida por todas partes, situándonos en el otro extremo de España y encontrando, al hacerlo, las mismas dificultades: paradas larguísimas, vías muertas, más frío o más lluvia, sin paja o con paja en el vagón, comida caliente o fría, pasando hambre o sintiéndonos saciados, esto solo fueron la circunstancia del momento y de cada expedición. Lo importante, el punto en común: Cáceres, Regimiento de Infantería Argel, nº 27.

Los tres testimonios coinciden en definir la llegada a Cáceres como dura, de cierto recelo y poco cordial por parte de la población. Total que, llegados a Cáceres -continúa la narración- destinados a unas compañías de Depósito, por las que pasaban todos los hombres que llegaban al cuartel, unos provenientes de unidades disueltas, otros de campos de concentración, comenzó el gran trasvase provocado por el fin de la guerra… intentando adaptarnos a una nueva forma de vida y trato, hasta llegar a integrarnos en una ciudad que, con el paso de los días, nos parecía menos hostil y sus habitantes también comprobaban que los catalanes no tenían ni cuernos ni rabo, como temíamos pensaría más de uno de los que nos miraban con cierta prevención nada más llegamos.

SIMBIOSIS CATALANO-CACEREÑA

Aunque algunos marcharon a otros destinos, por voluntad propia o forzada, se constituyó un importante núcleo de unos doscientos catalanes que ocuparon múltiples puestos dentro de las dependencias militares: carpinteros, jardineros, secretarios y mecanógrafos de los juzgados, administrativos en el Gobierno Militar, parque automovilístico, farmacia, biblioteca, clases para analfabetos… con todo ello fueron afirmándose en un nuevo ritmo de vida y de relación, produciéndose una verdadera simbiosis entre cacereños y catalanes porque, formados cada uno de nosotros en un concepto de trato y educación que se apartaba del soldado clásico, manteníamos una relación de correspondencia e igualdad con la población civil, de modo que en muchas manifestaciones ciudadanas éramos uno más, ya fuese en Acción Católica, en un festival en el Teatro Principal o formando la casi totalidad del equipo del fútbol del Cacereño.

Así lo reflejaban las crónicas periodísticas años después, con motivo de la visita de un grupo de aquellos reclutas catalanes a la ciudad: los catalanes constituyeron por los años 1939-1941 una auténtica familia dentro de los cacereños. Procedían de la laboriosa región española y vinieron aquí a prestar el servicio militar. Se vincularon tanto a nosotros que constituyeron un grupo de gran entidad entre los cacereños. Su manera de ser y comportarse les mereció el reconocimiento y general aprecio de los hombres y mujeres de esta tierra. Y así algunos de ellos contrajeron matrimonio o dejaron las mejores amistades. Hasta en lo deportivo, quién no recuerda al célebre Meseguer, un extraordinario defensa, del que vimos las mejores exhibiciones en el antiguo campo de Cabezarrubia.

EL HOY DE BADAJOZ

Entre las diferentes anécdotas que jalonan este documento de recuerdo de aquellos años, se cuenta una que tienen que ver con el diario HOY. Eloi Barros, el representante del reemplazo de 1940 explica que, al ir aproximándonos al centro de la ciudad, unos chicos, con fajos de periódicos bajo el brazo, corrían gritando “ha llegado el HOY, ha llegado el HOY”. Y, fonéticamente, tanto mis compañeros, como yo mismo, entendíamos Eloi, que es mi nombre de pila… lo que motivó que me mirasen con gran respeto, a lo que, por mi parte, sin saber el porqué del pregón, y con cara de circunstancias y no de demasiado convencido, respondí con un “pronto se han enterado”. Casi no hace falta decir que el diario de Badajoz, el HOY, fue la causa de la confusión.

Al margen de las vivencias personales de cada uno de aquellos jóvenes catalanes, lo cierto es que, tras tres años de convivencia, la huella se hizo indeleble, como refleja Juli Bassets casi al final de su relato: hay la total afirmación de que después de nuestra tierra que todos queremos, tenemos bien arraigada la estima a la tierra extremeña, que comenzamos a conocer y querer en nuestra juventud, no siendo suficientes 50 años para que la olvidemos. Amigos, amores y matrimonios surgieron de una total integración en el día a día de una ciudad como el Cáceres de aquellos años.

Lo que en aquél ya lejano enero de 1989 se planteaba como un deseo, ir a Cáceres para celebrar el cincuentenario de su llegada a la ciudad, se convirtió en realidad. Y ahora he podido rescatarlo del recuerdo gracias a ese impagable ejercicio de descubrimiento que es poner en orden los papeles.  

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Extremadura-Catalunya en autobús, una aventura de regreso al pasado

Autobús de regreso de Barcelona hacia Extremadura

Autobús de regreso de Barcelona hacia Extremadura

En plena reivindicación social por conseguir que Extremadura tenga un transporte público digno, en la pasada Semana Santa he revivido la aventura que supone ir desde Navalmoral de la Mata a Barcelona en autobús.

En los más de 31 años que llevo residiendo en Extremadura, han sido innumerables los viajes que he hecho hasta mi Barcelona natal, y más concretamente hasta mi pueblo de adopción, Premià de Mar. Me considero un experto en esta ruta y creo haberla hecho por casi todos los medios posibles: en automóvil cuando aún no había autovías, por las antiguas N-V (sin túneles de Miravete) y N-II; en tren nocturno desde Badajoz; en avión desde Badajoz, con todas las compañías imaginables y con los más variopintos modelos de aeronave; en coche o transporte público (tren o bus) hasta Madrid y desde allí, bien en tren o en avión hasta Barcelona; en automóvil hasta el aeropuerto de Sevilla para coger el avión… Un amplio abanico del que no podía faltar el autobús, que fue el medio que más utilicé en los primeros años, cuando residí en Navalmoral de la Mata, Cáceres y Plasencia. Autobuses que inicialmente eran piratas, o algo bastante aproximado, para los que tenías que comprar los billetes en un bar de Navalmoral. Trayectos en bus que me dejaron algunos recuerdos imborrables, como un viaje un día antes de una Nochebuena, que duró casi 24 horas, al quedarnos toda la noche bloqueados por la nieve en el puerto del Frasno, unos 67 kilómetros antes de llegar a Zaragoza.

Ahora, tras bastantes años, decidí volver a utilizar el autobús para ir a Barcelona. El objetivo era hacer un trayecto más directo, sin perder todo el día, evitarme los múltiples transbordos de las otras fórmulas y no andar tan pendiente del volumen del equipaje, como cuando vas en avión. Debo decir que la experiencia ha sido mejor de lo que esperaba, sobre todo en cuanto a puntualidad y aprovechamiento del tiempo. Aun así, hay suficientes elementos anecdóticos que confieren a este viaje un punto de aventura y de regreso al pasado, que no al futuro.

MINDFULNESS VIAJERO

Este viaje en autobús es lo más parecido que se me ocurre a una sesión de mindfulness: te has de armar de paciencia y valor para pensar que estarás ahí metido durante casi 11 horas (bastantes más si vienes desde Jerez de los Caballeros). Es un profundo ejercicio de mentalización. Eso sí, es aconsejable llevar un buen collarín cervical, para hacer más llevadera la noche.

Salimos con 15 minutos de retraso sobre el horario previsto, las 19 horas. Aunque no están ocupadas todas las plazas, los maleteros van a reventar. Hay un notable contingente de emigrantes que, al parecer, se trasladan hacia Zaragoza y Lleida para las diferentes campañas fruteras.

Recordaba que, en uno de mis últimos viajes desde Barcelona, el autobús era tipo exprés, con 3 plazas por fila y más espacio entre butacas. O bien fue una casualidad o hemos empeorado, porque ahora hay 4 butacas por fila. El autobús que nos lleva no me resulta nada cómodo. Y ahí me doy cuenta del primer error: haber cogido el asiento número 1, justo detrás del conductor. La mampara separadora reduce el espacio para los pies. Afortunadamente, al haber plazas libres, mi vecino de asiento se va a otro lugar. ¡Bueno, podré acomodarme algo mejor para intentar dormir! Para la vuelta hago enmienda a la totalidad y cojo una de las plazas centrales de la última fila. Así tengo espacio de descongestión hacia el pasillo central.

DE SORPRESA EN SORPRESA

La mítica área de servicio Rausan, en las proximidades de Zaragoza.

La mítica área de servicio Rausan, en las proximidades de Zaragoza.

Recuerdo que siempre iban dos conductores para hacer el trayecto. Pregunto por esta cuestión cuando paramos para cenar en un área de servicio de Trijueque (Guadalajara). El conductor me explica que eso ya hace muchos años que no es así. Ahora solo va uno. Me caben muchas dudas sobre la razón, ¿serán los manidos recortes?, pero el caso es que me confiere un punto de inseguridad: ¿y si el conductor se siente indispuesto en un viaje tan largo y de noche, o le entra sueño? En fin, regreso a mi estado mindfulness para no darle más importancia.

Como los nuevos tiempos deben reflejarse de algún modo, compruebo que en los asientos hay enchufes para poder recargar los móviles y también hay wi-fi. Pillo la red, pero como todo el mundo debe estar tirando de ella, no hay forma de que funcione, por lo que opto por regresar a mi 4G.

Lo que no ha cambiado nada con el paso del tiempo son las paradas en dos lugares míticos, que creo forman parte del imaginario de cualquier viajero que haya hecho esta ruta en los últimos 30 años. El primero es la estación de servicio Rausan, en las proximidades de Zaragoza. Es una enorme área de estacionamiento, que ha ido creciendo con el paso de los años. De ser una modesta cafetería aneja a una gasolinera, hasta convertirse en hotel, restaurante, campa de camiones… Te atiende un personal por el que tampoco parece que haya pasado el tiempo, al igual que con algunos de los productos que ofrecen, por no citar las decenas de banderines de clubes deportivos que cuelgan polvorientos de sus paredes. El segundo enclave es la localidad soriana de Esteras de Medinacelli. Allí se para de madrugada en el trayecto de Barcelona a Extremadura. Un lugar gélido donde los haya, con una fuente que en invierno está casi siempre helada. La cafetería en la que paramos, aunque remozada, sigue resultando inhóspita y desangelada. No sé si por el destemple que llevan los cuerpos a esas horas, o por la falta de calidez del lugar.

ESTACIONES DE ÚLTIMO NIVEL

Otro detalle que me llama la atención es la calidad y el estado de las estaciones de autobuses. Por lo que se ve, el nivel de las estaciones de transporte está en consonancia con el poder adquisitivo de los viajeros. Y como parece que el que viaja en bus es el más arrastrado de todos, pues las estaciones están bastante en consonancia. Está claro que los aeropuertos son el top, con amplias zonas comerciales y de restauración, bien cuidadas, con bastantes servicios y bastante limpios, por lo general.  Las estaciones de ferrocarril con Ave, les van a la zaga. Y las estaciones de autobús son el último peldaño. Lo digo porque en una ciudad tan turística y pretendidamente europea como Barcelona, la antigua estación ferroviaria del Norte, actualmente principal punto de partida de los autobuses al resto de España y de Europa, es realmente indigna de los pasajeros que la utilizamos. Y tampoco se puede decir que sean un dechado de virtudes la Estación Sur de Madrid, la de Bilbao o la de Badajoz, solo por citar algunas de las que mejor conozco. Con unos aseos más que dudosos en cuanto a salubridad, con suciedad bastante generalizada y tiendas y establecimientos de restauración que dejan bastante que desear.

El caso es que el viaje de vuelta me resulta más digerible que el de ida. Salimos a las 17.30 horas de Barcelona y a las 4.30 horas ya estoy en Navalmoral de la Mata, con tiempo para dormir un par de horas antes de iniciar la jornada.

En definitiva, pese a las relativas incomodidades, no me arrepiento de la experiencia. Salvo que pueda prever fecha de viaje con suficiente antelación, que me permita encontrar billete de avión a buen precio desde Badajoz, creo que repetiré más viajes como este en autobús. Estoy cansado de transbordos, limitaciones de equipaje, las horas de antelación o perder todo el día en el viaje. Así será, hasta que el Ave o el tren rapidillo nos separe.

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Pregón “catameño” en la nueva sede del Hogar Extremeño de Barcelona

De izquierda a derecha, Wenceslao Mohedas, Gregorio Benítez, Javier Romagueras, Carmen Arroyo, Juan Bravo y Prudencio Exojo

A lo largo de este semana han tenido lugar las fiestas patronales del Hogar Extremeño de Barcelona, en honor a la Virgen de Guadalupe. En esta ocasión me correspondió la responsabilidad de ser el primer catalán en pronunciar el pregón de las mismas, en un acto que tuvo lugar el sábado 28 de septiembre y que sirvió, además, de puesta de largo de la nueva sede del Hogar Extremeño de Barcelona, situado en la callé Ramón Albó, 72-74, en el barrio de Vilapiscina i Torre Llobeta, dentro del distrito de Nou Barris.

Pronunciando el pregón

El nuevo y coqueto local estaba abarrotado de personas que acudieron, tanto para conocer las nuevas instalaciones, como para asistir al pregón de sus fiestas patronales anuales. Allí pude conocer personalmente a muchos de los extremeños con los que he estado en contacto desde que arrancó la aventura de “Catalana con jamón”, en la plataforma digital del diario HOY. También sirvió de reencuentro con otros a los que ya conocía desde hace muchos años.

Desde este espacio quiero hacer público mi agradecimiento a quienes hicieron posible que yo fuera el pregonero de las fiestas, siendo el primer catalán, o mejor dicho catameño, que ha ostentado dicho honor. Entre ellos tengo que destacar a Wenceslao Mohedas, vocal de cultura del hogar, que fue el primero en pensar en mí; y al presidente, Prudencio Exojo, que le apoyo en tal idea.

También debo mencionar expresamente a quienes me acompañaron en el desarrollo del acto: el director general de Política Social y Familia del Gobierno de Extremadura, Juan Bravo; el responsable de Relaciones con las Casas Regionales de la Generalitat de Catalunya, Xavier Cortés; y el presidente de la Federación de Asociaciones Extremeñas en Catalunya, Manuel Guerrero.

El acto contó con un magnífico conductor, el periodista de raíces extremeñas Gregorio Benítez, actual componente del equipo del programa “Julia en la onda”, de Onda Cero Radio.

Vista general del salón de actos del Hogar y de los asistentes al pregón

Como colofón al mismo, se contó con el cantautor Toni Poza, quien interpretó varios temas de su repertorio, siendo muy celebrados por el numeroso público asistente.

Salto a la modernidad

La apertura de la nueva sede del Hogar Extremeño de Barcelona, supone un salto al futuro para la entidad. Tras el abandono de la histórica, y recordada, sede de l’Avinguda del Portal de l’Àngel, en pleno cogollo de la ciudad; y unos años de transición en un local de la calle Diputació; el nuevo espacio supone una apuesta clara por la sostenibilidad y viabilidad del Hogar Extremeño de Barcelona. Un local en propiedad, de unas dimensiones modestas, pero práctico y funcional, abierto al entorno social del barrio en el que se ubica y dotado con todas las novedades técnicas y tecnológicas, además de una nutrida biblioteca, al servicio de los socios y de cualquier ciudadano que quiera utilizar sus servicios.

Dentro de esta apuesta por el futuro y la modernidad, sin olvidar la tradición y las raíces, pero sin quedarse anclados en ellas, se puede incluir también el resideño y actualización de la página web.

En la página de inicio de la misma se incluye el siguiente párrafo que sintetiza, bien a las claras, la filosofía que impulsa este nuevo tiempo en el Hogar Extremeño de Barcelona: A través de esta página web, pretendemos difundir y defender lo extremeño en su poliédrica o polifacética diversidad (cultura, folclore, gastronomía, deportes, etc.) relacionada con el Hogar y con Extremadura porque, a pesar de la distancia física o material, hay una proximidad emocional o sentimental hacia nuestra tierra de origen… Sin renunciar a nuestras profundas y arraigadas raíces extremeñas, no renunciamos a la apertura hacia la lengua y la cultura de la tierra de acogida, Cataluña, a la que estamos agradecidos.

Espero que esta línea, coincidente con el ánimo que empuja a “Catalana con jamón”, nos permita, a unos y a otros, seguir teniendo puentes de convivencia e interrelación, de mestizaje cultural, entre Extremadura y Catalunya, entre catalanes y extremeños.

 

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Extremeños y catalanes, unidos por las butacas hospitalarias

Josep Morató es un empresario de Sant Feliu de Guíxols (Girona), que desde 2009 desarrolla su actividad en el sector de las butacas de descanso para las habitaciones de hospital, con la empresa Decam. Ahora, junto a empresarios extremeños, acaba de crear una nueva sociedad, Abatibles de Extremadura, S.A. (ABEXSA), con la que quieren producir en Mérida nuevos modelos de butacas abatibles, tanto eléctricas como manuales, no sólo para el reposo de visitantes, sino también para mejorar la atención a personas de escasa movilidad, tanto en el ámbito hospitalario, como en los propios hogares.

Josep Morató en su oficina de Sant Feliu de Guíxols (Girona)

Los prototipos de las nuevas butacas podrán verse los próximos días, del 14 al 17 de febrero de 2013, en Badajoz, en el recinto de IFEBA, con motivo de la celebración de la XVI edición de la Feria de los Mayores de Extremadura.

El gerundense Josep Morató, uno de los impulsores del proyecto, lleva desde los 18 años vinculado a diversos proyectos empresariales, alguno de los cuales a punto estuvo, hace casi 40 años, de traerlo ya a Extremadura.

Según nos explica, entre 1971 y 1981 trabajó en una pequeña empresa familiar de tapones de corcho y le faltó poco para instalarse en Extremadura, ya que un empresario catalán le ofreció venir como gerente de una empresa que se dedicaba a la preparación del corcho. Tras ese paso por el sector suberícola, Josep Morató se ha dedicado a sectores como el inmobiliario, las inversiones en hostelería y turismo en países como Bulgaria y Brasil, la participación en empresas industriales, la creación de suelo urbanizable o la fabricación de mobiliario para centros hospitalarios.

Precisamente le preguntamos por ese último sector, que es el vinculado a la nueva sociedad que ha puesto en marcha en Extremadura.

¿Qué le lleva a introducirse en este sector de actividad?, ¿desde hace cuánto tiempo? El proyecto de Decam comenzó en el año 2009. Mi actividad inmobiliaria me hizo entrar en contacto con las necesidades de las personas discapacitadas, tanto en proyectos de viviendas tuteladas, como en la reconversión de hoteles para hacer residencias asistenciales. Eso, unido a otras circunstancias, me llevó a reflexionar sobre una necesidad que detecté: mejorar el descanso de aquellos familiares que acompañan al paciente en la habitación de un hospital. De ahí surgió el proyecto de mejorar las butacas abatibles existentes en los centros hospitalarios. La fórmula consiste en depositarlas gratis, de tal modo que el paciente no pague nunca y el acompañante sólo lo hace si las utiliza al completo, es decir, si la convierte en cama. En ese caso la tarifa es de 5€ por día. Es una inversión que te hace sentir bien, pues estás solventando una necesidad de mucha gente, y te la planteas para rentabilizarla sin prisas, a medio plazo.

Este sistema de depositar las butacas (vending), actualmente solo está disponible en Catalunya, a pesar de que otras comunidades también nos han pedido la posibilidad de la instalación gratuita. Como empresa, creo que debemos crecer en función de la inversión que podamos destinar… no podemos morir de éxito.

De izquierda a derecha, Leonardo Martínez, Josep Morató y Jorge Gruart

¿Cómo llega la decisión de dar el salto e iniciar actividad en Extremadura, constituyendo ABEXSA? El salto e inicio de actividad en Extremadura llega después de muchas reuniones con el empresario Jorge Gruart. Hace más de un año vino a visitarnos por primera vez a nuestras oficinas de Decam, en Sant Feliu de Guíxols. Después tuvimos nuevas reuniones en Madrid y Sevilla. Nos convenció para venir a Extremadura y constituir una sociedad, para realizar diferentes proyectos en fase de desarrollo.

Para ultimar algunos detalles técnicos del nuevo prototipo va a contar con el apoyo de CETIEX. ¿En qué va a consistir? En su proyecto, ABEXSA quiere ir de la mano de CETIEX. Su asesoramiento debe ser fundamental en los ámbitos de investigación, innovación, fabricación y marketing. Desde luego no tengo más que palabras de agradecimiento para la acogida que han brindado a nuestro proyecto. Ya hemos tenido una primera reunión con los responsables y técnicos de CETIEX, y van a ser claves en el futuro de ABEXSA. Espero que estemos a la altura que nos requieran y podamos trabajar juntos en estos proyectos ya iniciados, uno de cuyos resultados tiene que ser, sin duda, la generación de puestos de trabajo.

¿Conocía Extremadura antes de esta aproximación empresarial?, ¿le ha sorprendido especialmente algo de lo que ha visto en su reciente visita? Sí, estuve hará unos 10 años. Me gustó muchísimo. Recorrimos toda la comunidad. Fue un disfrute. La gente es muy simpática y te hacen sentir muy bien.

De mi reciente viaje con motivo de las primeras presentaciones que hemos hecho del nuevo prototipo de butaca eléctrica, me ha sorprendido Badajoz, una ciudad para vivir. La he encontrado muy cambiada, mejor ordenada y actualmente con mucho atractivo.

Entrando en un terreno más personal, usted es un empresario que en un momento dado, realizó un fugaz paso por la política municipal en su pueblo. ¿Qué le ha parecido esa experiencia? En cuanto a lo que me comentas de mi experiencia en la política municipal, la verdad es que sólo he permanecido en ella 14 meses. Alguna vez tenía la obligación de probar. Fue a través de una candidatura independiente de ciudadanos de Sant Feliu y, ciertamente, no me gustó. Estaba convencido de que el gobierno de la ciudad acabaría dejándose ayudar, que podía aportar unos años de mi vida a mejorar mi localidad, solamente en los asuntos en que podía aportar experiencia. Les demostré que pagaban facturas 4 ó 5 veces más de lo que realmente valían las cosas, pero no hubo forma. Si no estás en su equipo, no quieren ninguna ayuda. Como yo seguía teniendo inquietudes profesionales, salí sin hacer ruido. De todas formas, creo que tenía que intentarlo, no me arrepiento…

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