Hoy

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Seis cosas que tienes que decir a tu hijo al empezar el cole
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Carlos Pajuelo | 15-09-2014 | 15:45| 0
Una maestra con alumnos de Preescolar.

Una maestra con alumnos de Preescolar.

Comienza un nuevo curso, con sus certezas y sus incertidumbres. Estoy convencido de que los padres podemos hacer muchas cosas para mejorar eso que llamamos “escuela”, “colegio” o “instituto” al que asisten nuestros hijos, porque realmente la escuela, colegio o instituto son mejorables tal y como mejorables somos los padres educando.

La relación entre padres y profesorado  juega un papel importante en el éxito escolar. Es verdad que este tema tiene mucha “tela que cortar”, pero vamos a empezar con algo más que buenas intenciones. Ahora que nuestros hijos empiezan el colegio, hay seis cosas que les tenemos que decir:

1.- Tu maestro, tu maestra, todos los profesores tienen un trabajo complejo, muy complicado que es el de ayudarte a desarrollar todas tus competencias. Con su trabajo nos ayudan y colaboran con nosotros, tus padres, a hacer posible esta tarea.

2.- Así que no olvides que una maestra, un maestro:

-No es perfecto, pero aprende a no fijarte en sus defectos, y valora el resto, que son sus virtudes.

 -No es sabio, pero aprende a aprender de lo que sabe. Con un poco que aprendas de cada uno de ellos, obtendrás mucho.

-No es un juez ecuánime pero aprende a respetar, aprende a expresar tus ideas, y a aceptar sus decisiones.

-No es un mago, pero aprende que aprender es mágico.

-No es infalible, pero aprende que no sólo se equivocan los que aprenden sino también los que enseñan a los que aprenden.

3.- Tu maestro, tu maestra, tienen un trabajo muy difícil, todos esperan de ellos que te enseñen a leer, escribir, sumarrestarmultiplicardividir, ríos y montañas, sintagmas, predicados y además hábitos saludables, valores democráticos, seguridad vial, ecología, respeto a la diversidad… y por otra parte,  tienen que tener tiempo para enseñarte a pensar porque, querido hijo, Ikea no amueblará tu cabeza.

4.- Por todo esto, intenta querer a tu maestra, a tu maestro y quiérelos como si fuera yo. La forma de querer a un maestro solo requiere tu respeto.  Esfuérzate en esta tarea tan agradable que es querer respetando.

5.- Quiérelo gratis, sin esperar nada porque lo que un maestro o maestra da no se te olvidará, para bien o para mal, el resto de tu vida.

 6.- Yo te prometo también que me esforzaré por hacer lo mismo que tú.

Si tu valoras al profesorado tus hijos lo harán tambien. Si tu valoras a los maestros y maestras te será más facil hablar con ellos cuando surjan las diferencias. Si tu valoras al profesorado estarás contribuyendo a una mejor escuela.

Feliz curso…,  y que la “fuerza” nos acompañe a todos.

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¿Qué hacer con los hijos que quieren controlar a los padres?
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Carlos Pajuelo | 10-09-2014 | 10:32| 0
La sombra de un niño le hace un gesto grosero a su padre cuando recibe una instrucción.

La sombra de un niño le hace un gesto grosero a su padre cuando recibe una instrucción.

“Carlos: tengo 37 años y tres hijos, el mayor de 14 años y los otros de 12 y 6. Mi hijo el mayor actúa como si fuera el cabeza de familia, y continuamente está haciéndonos a su padre y a mí consideraciones respecto a nuestra forma de educar a él y a sus hermanos. Pero si esto no fuera poco, intenta controlar nuestras salidas, nuestras  amistades, (con quién hablas, sabe papá/mamá que hablas con esa persona, a qué hora vas a volver, anda qué bonito tu por ahí de juerga y tus hijos en casita, etc. son las lindezas que suelta). Tiene la habilidad de hacernos sentir culpables y por ello se está generando un mal ambiente en casa porque actúa como un pepito grillo de la rama de los cotillas. El otro día su padre le dijo que en casa mandaba él, a lo que mi hijo le contestó, “así nos va”.

¿Cómo podemos actuar con un hijo que se cree que es el que manda?

Si, ya sé que a muchos de los que estáis leyendo esto os están entrando ganas de aventarles un sopapo al niño y los más radicales a sus progenitores, pero ya sabéis cual es mi opinión al respecto.

Es verdad que a veces nos encontramos con hijos que asumen unos roles que no les corresponden e intentan ser el padre/madre de sus hermanos, el marido o esposa  de sus padres, y algunos hasta el padre de sus padres. Unos controladores que discuten con sus padres los temas de organización de la casa, de educación de tú a tú, como si fueran unos iguales.

¿Qué hacemos con los hijos que padecen el síndrome del ‘niño-mandón’?

Ya se que te han vuelto a entrar otra vez ganas de dar otro sopapo…pero no, créeme, un sopapo no es buena idea.

Los padres educamos “aquí y ahora”. Eso quiere decir que educamos en un momento que es el presente, y el presente no es el pasado, así que olvídate de eso de “anda que yo le iba a decir eso a mis padres, en mis tiempos…” ¿No te huele eso a naftalina?.

Estamos en tiempos donde una imagen vale más que cien palabras, donde las conductas de los padres, lo que hacemos  los padres, lo que ven los hijos, eso es cómo educamos.

Los padres no deben ser jefes que manden “porque lo digo yo que soy tu padre”,  sino líderes que influyan. ¿Lideres que influyan?  ¿Y eso qué es?, te estarás preguntando

Ser líderes para nuestros hijos no es más ni menos que ser modelos positivos de comportamiento para nuestros hijos. No se trata de decirles  a los hijos quién es el que manda aquí, sino que los padres se comporten de tal manera que quede claro quién manda aquí.

La autoridad de los padres se mide fundamentalmente por la firmeza de nuestras convicciones a la hora de educar, por la seguridad que nos da saber el rumbo hacia dónde vamos. Para saber ejercer la autoridad eficazmente, hay que saber influir.  

Nuestros hijos tienen su personalidad, su forma de ser,  y cuando uno está forjando su personalidad tiene mucha curiosidad por saber cuáles son sus límites y una buena forma de establecerlos es desafiando, echando pulsos, una manera de decir aquí estoy yo. Pero  cuando los hijos hacen eso, necesitan unos padres que también les digan con firmeza “aquí estoy yo”. Los límites los ponemos nosotros, esa es nuestra tarea.

Cuando se metan en asuntos que no son de su incumbencia, por ejemplo, creo que mejor que decirles “eso a ti no te importa”, “son cosas de mayores” dicho además con un tono de fastidio, es mejor, de entrada,  ignorarlos, un poco de sordera transitoria es manita de santo para los padres.

Si nos mostramos  irritados cuando se comportan así le estamos enseñando cómo pueden irritarnos. Si ignoramos esas conductas es más probable que éstas disminuyan. Posteriormente, ya habrá momentos para irles enseñando qué es eso del “respeto”, y a conjugar el verbo respetar (de esto hablaremos en otro post).

A aquellos hijos que se permiten el lujo de decirles a sus padres que no les gustan sus amistades, simplemente hay que contestarles, “pues a mí me encantan” y si quieres añadir un “y tú más” (que más o menos viene a significar: ¡toma!)

Los hijos con el síndrome  “niño-mandón’ muchas veces lo que nos están dando es un grito desesperado de temor, el miedo a no ser aceptados y reconocidos. Un miedo muy común en los seres humanos.

¿Quién manda en tu casa? Tú, ¿no?Pues entonces qué importa que otros crean que mandan en casa.

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Cómo afrontar el “¡no quiero ir al cole!”
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Carlos Pajuelo | 02-09-2014 | 17:52| 0
Escuchar los miedos que expresen los niños y mantener la tranquilidad, claves para afrontar la negativa de los escolares a ir al colegio.

Escuchar los miedos que expresen los niños y mantener la tranquilidad, claves para afrontar la negativa de los escolares a ir al colegio.

Qué ganitas tengo que empiece el colegio” piensan más de un padre, madre, incluso abuelos en estos días previos al comienzo del curso. Bueno, no solo lo piensan. En algunos casos se les escapa a más de uno como una exclamación. Y la verdad es que la mayoría de padres están deseosos de que sus hijos regresen al colegio con la justificación de  “volver a la normalidad”… Ya.

Pero la actitud en los escolares es totalmente distinta. ¿Hacemos una prueba? Pregúntale a tu hijo si tiene ganas de ir al colegio. Si te dice que está deseando comenzar, mira primero con atención no sea que te lo esté diciendo en modo irónico. Si lo dice en serio, pues nada, a esperar que comiencen las clases, y un problema menos.

Si por el contrario te dice que no, cosa que no está fuera de la lógica, tampoco te preocupes mucho pues la expresión “yo no quiero ir al cole” dicha con cara de hastío, por lo general, es una expresión de “con lo bien que estoy levantándome tarde, ocioso… la que se me avecina”.

También hay un reducido número de chicos y chicas que, en cuanto se acerca la fecha de inicio del curso, comienzan a presentar cambios conductuales, a mostrarse más nerviosos, irritados, o asustados.

Las causas fundamentales por las que los niños no quieren ir al colegio son:

-Características de la personalidad del hijo: sobre todo, los “mariagobios”, hijos muy preocupones, que siempre están pendiente de los isis (y si les caigo mal a los compañeros, a los profesores, y si me pegan, y si suspendo, y si me da clase don o doña …)  Hay hijos que ven el mundo como una fuente potencial de peligro, y recuerdo que, en este tipo de casos, es muy común encontrarnos que el/la “mariagobio” se parece a su padre/madre.

-Por experiencias negativas en anteriores cursos, como haber sufrido acoso, fracaso escolar, dificultades de adaptación  al centro, o dificultad para hacer amigos.

RECOMENDACIONES PARA AFRONTAR EL PROBLEMA

1.- Cuando un hijo dice eso de “yo no quiero ir al colegio” no le contestes con “ni yo quiero ir al trabajo y me aguanto”, ni minimices su temor con frases de “eso es una tontería”, o cosas del estilo. Pregúntale por qué no quiere ir, cuál es la razón, escucha lo que te dice. Escuchar no es aceptar.

2.- Diga lo que te diga, tu encárgate de decir:  “no te preocupes, verás como tú sabrás afrontar esa situación, y si necesitas nuestra ayuda,  ya actuaremos”.

3.- Mantente sereno y tranquilo, sobre todo si el hijo tiene “miedos”  para hacerle ver que vas a hacer todo lo necesario para que esté seguro. Cuanto más seguro y confiado se sientan los padres, más seguridad y confianza trasmitirán a sus hijos.

4.- Trasmite al hijo la idea de que al colegio va a ir sí o sí. No le hagas creer falsas esperanzas.

5.- Trasmite la idea de que es normal que tenga miedo si lo que piensa es que “va a fracasar”, “no va a hacer amistades”, etc.

6.- Si ya hay experiencias de no querer ir al colegio de cursos anteriores,  recuérdale que  el curso anterior pensaba lo mismo, y todo lo que hizo para superar ese temor.

7.- Hay niños en los que esta tensión se manifiesta a través de problemas somáticos: dificultad para dormir, dolores estomacales, incluso vómitos matutinos de lunes a viernes. Son sólo la manifestación de tensión, así que no te preocupes, lleva toallitas húmedas, a limpiarse, y para el colegio.

8.- Si ves que tu hijo está muy alterado, será necesario que hables con su tutor/a  para poneros de acuerdo sobre cómo le podéis ayudar desde casa y desde el centro.

Ya sabéis que yo recomiendo tranquilidad cuando los hijos se alteran. La tranquilidad no significa no hacer caso, sino trasmitir seguridad y confianza porque, cuando los hijos se alteran, necesitan que los que educan no estén alterados.

Feliz curso para todos

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El difícil regreso del padre pródigo
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Carlos Pajuelo | 30-08-2014 | 10:16| 1

"los errores de los hijos tienen más fácil perdón que los errores de los padres". Foto de @nisdifit (Instagram)

Hoy he recibido un correo que me ha emocionado, lo ha escrito una madre pero no para hablarme de sus hijos sino para hablarme de otra madre, su hermana.

La historia de su hermana es la historia de la impulsividad, del descontrol, de la ausencia de decisiones que es el origen de lo que llamamos equivocaciones. Una historia cercana, una historia en la que no se habla ni de agradables recuerdos ni de alegres fotografías familiares que subir al Facebook . Una vida que amenaza y arrastra a otras vidas, la de los hijos, los propios hijos.

Y es que cuando el “carpe diem” deja de servir de justificación, cuando los años pasan y nos ponen frente al espejo de los hijos, cuando llega ese momento en el que los “malos padres“  se dan cuenta de lo que  han hecho y quieren rectificar es cuando se convierten en la madre o el padre pródigo.

¡Que fácil es ser hijo pródigo pero que difícil es ser padre/madre pródigo!

Ser unos buenos padres no es fácil, no es sencillo y la mayoría de los padres lo sabemos y por eso buscamos referentes para educar ( en nuestra familia, en amigos, en libros, en blogs…) pero hay padres que viven sus vidas sin darse cuenta del daño, del dolor que están sembrando en sus hijos por lo que ven y viven. Y cuando se dan cuenta a veces el daño es muy difícil de reparar.

¿Cómo ayudar a unos padres pródigos ?

Pues les  recuerdas que siempre hay tiempo para volver a empezar.

Siempre hay oportunidades para pedir perdón para reconocer el daño y los estragos que se han causado.

Siempre hay tiempo para dedicar tiempo a los que queremos. Tiempo para entender el rechazo de los hijos dañados, porque los hijos también necesitan tiempo para entender la razón por la que su padre o su madre se comportaron de tal manera.

Recordad que esta tarea requiere de perseverancia, de respeto, de capacidad para encajar los golpes que nacen en la rabia acumulada de los hijos.

La propia vida es muchas veces nuestra penitencia, hay hijos que están tan dañados que no aceptan a sus padres pródigos. No, no son malos hijos solo son hijos forjados en el resentimiento.

¿Cómo ayudar a los hijos de los padres pródigos ?

Estos hijos necesitan aprender  el valor de perdonar.

Necesitan capacidad para comprender cómo es posible que alguien a quien amas actúe como si no le importaras.

Necesitan saber que su rabia es lógica pero que sólo les sirve para envenenarse.

Necesitan que alguien les hable de manera positiva de sus padres, y sobre todo necesitan tiempo, a veces un tiempo que los padres no tienen y es que las equivocaciones de los hijos las perdonan fácilmente los padres pero las equivocaciones de los padres no las perdona nadie.

Hoy he recibido un correo que era una llamada de auxilio desesperada, la búsqueda de un cabo que poder ofrecer a una querida hermana, la hermana que intenta salir del descontrol pero que al  tener la puerta llena de los cascotes de todo lo que ha roto no sabe por donde salir. Con hermanas como tú seguro que encontrará la salida.

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¿Tratamos a nuestros hijos de la misma manera?
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Carlos Pajuelo | 23-08-2014 | 10:54| 1

Este bloguero se siente afortunado porque en el  último número de la revista Ser Padres aparece una colaboración mía en un artículo titulado ¿se quiere a todos los hijos por igual? La revista se puso en contacto conmigo a raíz del post que con el tema de la predilección publiqué a finales del mes de Mayo y les pareció interesante elaborar un artículo sobre esa temática.

Los padres sabemos que queremos a nuestros hijos y que los queremos mucho muchísimo pero nuestros hijos tienen una opinión diferente, en el artículo se hace referencia al hecho de que los hijos se fijan en las conductas de los padres (a menudo de manera sesgada) con ellos mismos y con los hermanos. Fruto de esa comparación determinan si hay preferencias o no. Mi amiga Susana, que está embarazada, me contó que su hija con tres años cuando su madre le ordena que haga algo ella le responde con un “claro como tu quieres más a mi hermana que a mi”.

Os dejo el post que publiqué sobre la predilección y os ánimo a leer el artículo en la revista Ser Padres (Septiembre 2014, páginas 82 a 85)

“Recuerdo cuando era pequeño lo que me angustiaba que me preguntaran ¿a quién quieres más a papá o a mamá?  Con el paso de los años recuerdo que una vez le pregunté a mi madre y ¿tú a quién quieres más de los hermanos? Mi madre salió airosa de esa pregunta trampa contestando“qué dedo me corto que no me duela”.

Es verdad, a los hijos  se les quiere mucho, muchísimo y para siempre. Es más verdad aún que cuando creemos que las criaturas están más perdidas parece como sí nos aumentara la capacidad de amar.  Sin embargo a los padres nos cuesta trabajo aceptar que, siendo verdad que los queremos mucho, lo que no está tan claro es que demostremos ese cariño de  la misma manera.

Vamos a hacer un pequeño test, nada  científico, sobre el tema, que inventé para mi amiga Paqui, cuando me dijo, “Carlos tú dirás lo que quieras pero yo quiero a todos mis hijos por igual”. De acuerdo le dije, vas a hacer este pequeño test que yo denominé  “el dedo que te cortas y no duele”, y que consta de un simple ejercicio de comparación de nuestros comportamientos con nuestros diferentes hijos.

1º.- Número de álbumes de fotos que tiene cada uno de tus hijos: Mi amiga Paqui tiene 3 hijos, el mayor va por el 9º álbum, la mediana tiene 5 y el pequeño sale en los álbumes de los hermanos.

2º.- Reacción ante la aparición de fiebre. El mayor cada vez que tuvo fiebre fue envuelto en su toquilla y corriendo para urgencias, al pequeño lo medica la madre con una tranquilidad, “un poquito de Dalsy y mañana estás estupendo”.

3º.- Esterilización de biberones: Con el mayor se esterilizaba después de cada toma. Con el pequeño metía los biberones en el friegaplatos y si el chupete caía al suelo, lo chupaba Paqui tranquilamente con la certeza de que la saliva de madre lo cura todo.

4º.- Comenzar a andar:  El mayor cuando comenzó a andar, además de tener protegidos todas las esquinas peligrosas contaba con el apoyo de un papá o mamá que detrás de él vigilaban cualquier tropezón. El pequeño aprendió a andar mientras su padre y su madre leían en el sofá y se decían , ¡déjalo! si es bueno que se caiga!!.

Bromas aparte, esto es sólo una pequeña muestra de que el modo en que nos comportamos con nuestros hijos no está directamente relacionado con el amor que les profesamos, sino que existen muchas variables que afectan a la manera en cómo nos comportarnos. Y os recuerdo que lo que nuestros hijos ven son nuestros comportamiento no nuestros sentimientos, por eso a veces nos atizan con lo de “claro, como mi hermano es tu preferido”.

No deberíamos  confundir  cariño con predilección. La predilección es ni más ni menos que  la preferencia que se siente hacia un hijo  en comparación con otros y yo creo que la razón por la que los padres negamos esta predilección respecto a los hijos es porque nos da temor que esto pueda ser interpretado por los hijos, o por nosotros mismos,  como si los quisiéramos menos o de una manera diferente.

Nuestros hijos, a pesar de nuestro cariño, se comportan de forma diferente. De hecho, los padres solemos decir “¡cómo es posible que los mismos padres, la misma casa, la misma educación y los hijos sean tan diferentes!”

Pues porque, aunque seamos los mismos padres, las formas de relacionarnos con los hijos no son iguales. Muchos padres se han sentido y se sienten muy mal por el simple hecho de pensar, en un momento determinado, que tienen predilección por un hijo o por pensar de otro  “no lo aguanto”, por sentir que su hijo, ese del álbum de fotos, gordito, con esa cara tan simpática, ahora le hace la vida imposible.

Sentir predilección por un hijo no significa que se quiera más a un hijo que a otro. Simplemente significa que hay hijos que, en un momento dado y por circunstancias varias, nos hacen sentir mejor, o nos hacen sentir que nos necesitan más.

Los padres tenemos nuestro corazoncito y reaccionamos en una dirección ante los que nos hacen sentir bien y en dirección contraria ante los que nos hacen sentir mal. Aunque a veces, por extraño que parezca, hay padres que muestran mayor predilección ante los hijos “descarriados”. Reconocer nuestra tendencia a la predilección nos hará ser más ecuánimes, más objetivos.

Cuando los padres nos empeñamos en negar la existencia de la predilección solemos decir que cada hijo es diferente, y que necesitan algo diferente de nosotros y que por eso los tratamos de forma diferente. Probablemente estas frases lo que encierran es una manera de justificar nuestra predilección, y por lo tanto una manera de negarla.

¿Por qué no nos relajamos?  Los padres no somos jueces obligados a actuar con ecuanimidad ante los hijos. Los padres no somos perfectos, los padres somos guías, y el simple hecho de ser conscientes de nuestras predilecciones nos ayudará a ser más realistas con nuestros hijos.

Aun así, por justos y ecuánimes que creamos ser los padres, son nuestros hijos los que interpretan el cariño que les profesamos. Y la interpretación que ellos hagan, así como los sentimientos generados por esas interpretaciones pueden ser realmente importantes en sus vidas.

¿Y qué es más verdadero, lo que los padres sentimos o lo que los padres hacemos?  ¿Serán las predilecciones de los padres el origen de los celos y rivalidades entre hermanos?

 

 

 

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Cómo organizar unas buenas vacaciones en familia
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Carlos Pajuelo | 20-07-2014 | 18:36| 0
Las vacaciones son para todos, y sobre todo, para disfrutar juntos.

Las vacaciones son para todos, y sobre todo, para disfrutar juntos.

“La semana que viene nos vamos de vacaciones y ya lo estoy temiendo. Con el pequeño no hay problema, pero la de 12 y el de 14 llevan un mes relatando con que por qué hay que ir de vacaciones, que ellos prefieren quedarse aquí con sus amigos. El mayor me dice que lo deje solo. ¿Vacaciones?, ¡que ganas tengo que llegue septiembre! ” Esto me lo contaba mi amigo Andrés, justo antes de preguntarme que cómo podía lograr que sus hijos adolescentes se fueran “convencidos y contentos (sic)”. Yo solo acerté a contestar que ya sería un éxito lograr que él fuera convencido y contento. El resto es otro cantar.

Los padres no somos los “encargados” de hacer felices a los hijos 24 horas al día. Los padres no somos una especie de Animadores Socioculturales que organizan la agenda de sus hijos para que ésta esté llena de variadas y ricas actividades que los entretengan, eduquen y los hagan felices.

Los padres proveemos de estructuras, de recursos, de modelos sobre maneras de actuar en diversas situaciones. Irse de vacaciones es, simplemente, una manera más de estar juntos, de disfrutar por estar juntos. Así que cuando estés bajo la sombrilla, si tus hijos están modorros, en vez de recomerte haz el favor de no olvidar:

1º.- Vamos de vacaciones con nuestra familia porque el objetivo es estar juntos intentando hacer cosas diferentes a las que hacemos durante el resto del año. No olvides que el objetivo es estar juntos, disfrutar por estar juntos, y hacer algunas actividades juntos. Se trata de que te propongas disfrutar porque estás con tu familia. Eso es lo que queremos trasmitir. Sonríe .

2º.- Las vacaciones son para todos. Prepararlas únicamente pensando en los hijos es la mejor manera de terminar sintiendo que algo has hecho mal. Piensa en tu pareja y en ti, en que tienen que ser vacaciones de disfrute para hijos, pero igualmente para padres y madres. Actividades para todos y, en la medida de lo posible, juntos. Que tus hijos te vean disfrutar con tu pareja, con lo que haces, con lo que ves, con lo que lees, con lo que comes.

3º.- No olvides que la mayoría de los hijos adolescentes preferirían estar con sus amigos, ( y tú si pudieras a lo mejor también, o acaso ¿ no te irías de crucero con tu pandilla? ¿Te imaginas, tú con tus amigas por las islas griegas? Deja de soñar. La realidad es que veraneamos con algunos hijos que desde que se levantan por la mañana están mal encarados, y como banda sonora no dejan de tararear su canción del verano: “buffff, qué rollo” en sus versiones “no quiero, no me gusta”, y rematado con el famoso “¡que me dejes!, y que sepas que el año que viene no pienso venir”.

4º.- No te pelees diciendo todo lo que haces y trabajas para que ellos tengan esas vacaciones y evita decirles eso de “ya me hubiera gustado a mí a tu edad…”. Hazles ver y sentir que tú estás a gusto con ellos, porque si entramos en peleas con ellos, al final terminaremos nosotros cantando la canción del verano esa de “bufff que rollo, el año que viene no vengo”.

5º.-Y mientras todo esto ocurre, disfruta en los momentos que puedas de esa cervecita, del espeto de sardinas, del libro que estás leyendo, de la siesta, del paseo, de la visita al mercado, de la cena, de la fiesta, de tu pareja, de tus hijos, de que hoy podéis estar allí todos juntos. Disfrutar es una manera de posicionarse ante la vida.

La vida pasa rápido. Yo comienzo mis vacaciones, me voy tranquilamente unos días a la playa, y mis hijos amenazan con venir a pasar unos días con sus padres. Intentaremos disfrutar, y cuando los tenga a mi lado, ya como adultos que son, recordaré los veranos en los que cantaban “bufff que rollo”

Echamos el cierre hasta Septiembre. Algunos mediodías o en algún atardecer mientras me tomo tranquilito una caña junto a mi familia, brindaré por mis lectores, padres y madres, por sus hijos, y por la tarea que aún nos queda por realizar. ¡Ea! Y como cantan las de Azúcar Moreno recordemos que “sólo se vive una vez”.

 

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Cuadernillo de vacaciones para los niños ¿sí o no?
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Carlos Pajuelo | 14-07-2014 | 18:12| 0
Si los cuadernilos no cumplen sus objetivos, pueden provocar que los niños cojan manía a las tareas escolares.

Si los cuadernilos no cumplen sus objetivos, pueden provocar que los niños cojan manía a las tareas escolares.

 

Me encontré con mi amiga Paqui cuando salía de una librería y, a la pregunta “¿cómo estás?”, me contestó con un escueto pero contundente: “estoy que muerdo” mientras me enseñaba una bolsa con libros de esos que llamamos “cuadernos de vacaciones”.  Los sacaba de la bolsa uno a uno mientras me decía: “este de matemáticas, este de lengua, este de inglés y este otro para que mejore la comprensión lectora. Y para la pequeña este otro de repaso general de Infantil de 4 años. Total 75 euros. Y el problema no son los setenta y cinco euros, el problema es que ya estoy imaginando las peleas todas las mañanas para que los niños vayan de vacaciones a los cuadernos”.

Me fui para casa pensando qué negocio más bueno podría “emprender” si editara unos cuadernos de vacaciones para padres y madres. Por ejemplo, por profesiones,  “abogados en vacaciones”: cada día un caso práctico para repasar legislación, sentencias, etc.; el de “médicos en vacaciones”: fichas de enfermos virtuales para el buen diagnóstico. El de “maestros en vacaciones”, etc.

Ya sé que estarán mis lectores pensando que el problema es que los niños tienen unas vacaciones muy largas, y que por eso necesitan hacer “cuadernillos” para no perder la práctica. Es verdad que en España, por razones de clima, las vacaciones estivales  del alumnado son de 10-11 semanas y es un periodo muy largo para estar completamente ociosos y no ejercitar las habilidades y destrezas adquiridas en la escuela.

Pero las vacaciones tienen que tener una parte de desconexión, con lo que se hace durante el curso. La pregunta es ¿cuánto tiempo de desconexión concedemos a nuestros hijos?

Podemos pactar con nuestros hijos cuáando van a retomar las actividades de carácter escolar, y este pacto dependerá del número de los suspensos de tal manera que, a mayor número de suspensos, habrá que empezar antes.

Los que han aprobado todas deberían empezar a realizar actividades de carácter académico al menos un mes antes de comenzar las clases para ir de manera progresiva aumentando el tiempo y complejidad de las actividades.

Los hijos, como los futbolistas, necesitan una pretemporada para estar en forma cuando empiece el curso. Así, cuando comience el curso ya llevan unos días “calentando la silla de estudio” y pueden enfrentarse a las tareas desde el primer día con ganas.

Una vez establecido la fecha en la que van a comenzar, es conveniente ayudar a los hijos a que decidan a qué hora van a hacer las actividades. Creemos que, a primera hora siempre es mejor, pero eso va a depender de la criatura. Hay algunos que están en estado “pausa” hasta el mediodía. Algunos prefieren la hora de la siesta, otros por la noche y otros, los más, nunca. Si no se deciden ellos, el buen criterio de los padres decide.

Y una vez decididas las pautas y horarios del trabajo previo de los niños antes de incorporarse al colegio, es cuando surge la cuestión principal que abordamos en este post: ¿Cuadernos de vacaciones sí, o cuadernos no?

Este es un debate ficticio, los cuadernos de verano no son buenos ni son malos, son un medio, y depende de cómo se utilicen serán beneficiosos o perjudiciales.

El cuadernos de vacaciones  es una herramienta más para ayudar a reforzar lo aprendido, pero no se deben de utilizar como una forma de “amarrar al hijo a la pata de la silla”, y que termine convirtiéndose en un drama en tres actos y que va a terminar con llantos, gritos y malas caras todos y cada uno de los días del verano.

El cuaderno tiene ventajas:

  • presenta actividades organizadas por curso y materia.
  • Son materiales atractivos.
  • Y nada más abrirlo ya se puede utilizar.

Pero también tiene desventajas:

  • Su uso obligado, y sin aportar resultados, puede generar rechazo a las tareas escolares. Creo que es poco efectivo tener a un hijo sentado horas y horas delante del cuaderno sin que haga las tareas. Creo que es más efectivo fijarle un tiempo máximo para hacer las tareas, y si no las termina en ese tiempo aplicar una consecuencia.
  • Cuestan dinero, y algunos son realmente caros.
  • Se realizan actividades muy parecidas a las que se han hecho durante el curso.

Como alternativa a los cuadernillos, los padres podemos ofertar a nuestros hijos diferentes tipos de actividades en las que tengan que utilizar sus competencias, sus conocimientos adquiridos en la escuela sin necesidad de tener que someternos a la dinámica de página de cuadernillo por día.

Por ejemplo hacerles escribir un diario de vacaciones, donde los hijos escriban un relato de lo realizado cada día. Animarlos en esos relatos a buscar en el diccionario algunas palabras que enriquezcan su vocabulario. A corregir sus faltas de ortografía, etc. La madre de mi amiga Paqui utilizaba como estrategia en verano decirle a sus hijos cuando le pedían algo… “pónmelo por escrito” y así los hacía escribir, los hacía corregir sus faltas de ortografía, les animaba a buscar palabras nuevas, etc.

Los llevas al mercado, y con la factura de los productos plantear problemas matemáticos cuya resolución les obligue a realizar diferentes operaciones. Sumar los números de las matrículas de los coches.

Tertulias literarias, en las que los padres lean el mismo libro que los hijos, y comenten con ellos durante media hora aspectos del capítulo/páginas leídas. Puede convertirse en un tiempo muy agradable en el que los diferentes miembros de la familia hablan de lo que les ha parecido lo que han leído, se hacen comentarios, interpretaciones, descripciones, comparaciones, etc.

En fin, las vacaciones son para descansar pero hay tiempo, una vez descansados, para ir retomando actividades académicas de manera progresiva.

La semana que viene algunas ideas y reflexiones sobre “vacaciones en familia”. ¿Suena bien?

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Cómo organizar el tiempo libre de los niños en vacaciones
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Carlos Pajuelo | 07-07-2014 | 18:32| 0
En estos tiempos, con tanta oferta de ocio es complicado que los niños sepan qué elegir y valorar la oportunidad de disfrutarlo.

En estos tiempos, con tanta oferta de ocio es complicado que los niños sepan qué elegir y valorar la oportunidad de disfrutarlo.

Con la llegada de las vacaciones escolares, ansiadas por los hijos y un poco menos por padres y madres, se les presenta a muchas familias una demanda sobre qué hacer con los hijos en vacaciones.

Ya hemos dicho muchas veces en este blog que padres y madres educamos en presente de indicativo y, en este tiempo presente, nuestros hijos no ocupan su tiempo de vacaciones como los niños de la serie Verano Azul.

En los tiempos de Chanquete  los niños eran muy apañados, se las aviaban ellos solitos para estar todo el día entretenidos, montando en bici, silbando y además haciendo amistad con dos adultos que les enseñaban un montón de valores (Chanquete y la pintora Julia). Pero, por si te está entrando un ataque de nostalgia, siento decirte que los veranos de Chanquete se terminaron  justo en el instante que Chanquete y su barca hicieron “chimpum”, y con Chanquete terminaron muchas más cosas: las tres horas de digestión antes de poder bañarse, las tardes de siestas interminables, las meriendas de pan con chocolate, las horas de jugar en la calle hasta las tantas, los cines de verano, etc.

En los tiempos del verano de 2014 muchos padres y madres se “pelean” con un menú muy diverso de actividades con la finalidad de seleccionar cuál es la que mejor se ajusta a las características y necesidades de nuestros retoños. Esta lista de actividades van desde los campamentos de verano para aprender inglés, stages deportivos, campamentos urbanos organizados por los ayuntamientos; academias o internados para que los que han suspendido puedan estudiar a todas horas; viajes de vacaciones en familia, o las socorridas “vacaciones Santillana” para después de desayunar. Una oferta variadísima de actividades que, salvo honrosas excepciones, te salen por un ojo de la cara.

En estos tiempos los padres, por mucho que lo añoremos,  no consideramos seguro para nuestros hijos un verano azul. Ahora es una locura que el niño esté pedaleando a las 5 de la tarde,  porque a esas horas luce un sol de justicia, y a las 8 de la tarde o a las 9 de la mañana nos parece una locura por el tráfico. Además los niños ahora no pueden silbar porque los brackets se lo impiden y, por si fuera poco, si tu hijo te dijera que tiene un amigo o amiga de la edad del Chanquete o de la pintora Julia, te austarías.

En estos tiempos de tan grande y variada oferta de actividades veraniegas se da la paradoja de que nuestros hijos, por lo general, tienen más dificultad para gestionar su tiempo de ocio, y nos asaltan continuamente con los diferentes “me aburro”.  Y esto es una realidad, los seres humanos cuanto mayor es la oferta donde elegir más difícil se nos hace tomar una decisión. De esta indecisión nacen los “me aburro”, un grito desesperado de los hijos para que alguien les diga que hacer.

Aquí no puedo transcribir lo que Carmina Barrios, actriz y madre de actores (Paco y María León), les decía a sus hijos cuando le asaltaban con el cansino “mamá me aburro” por eso les recomiendo un repaso al post que escribí sobre este tema.

Desde mi punto de vista el “quiz” del tema de las actividades en vacaciones reside en que en los tiempos del “Chanquete”, el ocio era la posibilidad de tener tiempo libre, y encima tener libertad para elegir lo que querías hacer y, además, disfrutar de eso que libremente has elegido.

Actualmente hay mucha oferta de actividades de tiempo libre y nuestros hijos tienen acceso a ellas durante todo el año pero tienen mucha dificultad para elegir qué hacer ,y la razón puede residir en que, al tener mucho y de todo, es dificil saber qué se quiere o no se quiere hacer. Esto influye en la capacidad para disfrutar, pues al tener  disponibilidad de diferentes actividades, es normal que se valoren y disfruten menos.

El tiempo libre ha pasado a ser tiempo libre pedagógico, tiempo libre productivo, una especie de oferta de dos por uno, juega pero aprende algo a la vez: “el niño juega al baloncesto y, además, de regalo un kit de aprendizaje de habilidades sociales e inglés”. El ocio se ha convertido en un espacio donde los hijos estén controlados, entretenidos y además que aprendan algo. Esta es nuestra sociedad.

 ¿Qué hacer para organizar el tiempo libre de los niños en vacaciones?

1) Recuerda que el ocio no sólo es tiempo libre, es también elegir qué hacer y disfrutar de lo que haces.

2) Recuerda que nuestros hijos tienen que aprender a elegir, y nosotros se lo hemos puesto difícil porque los hemos saturado de actividades y juegos. El exceso de oferta no ayuda a elegir.

3) Así que, pregunta a tu hijo para que elija con qué disfrutar. Pero está claro que la elección está limitada en primer lugar a lo que los padres podemos ofrecer económicamente. No educamos  si no ajustamos las actividades de ocio a la realidad económica de nuestra casa. En segundo lugar, hay que ajustar la oferta a las responsabilidades asumidas por nuestros hijos  durante el curso.

Está claro que si no han estudiado, o no se han hecho responsables de sus compromisos, la oferta tiene que disminuir.

Por último,  también tendrás que tener en cuenta la edad del niño.

¿Qué pasa si nuestros hijos, entre toda la oferta disponible, eligen las maquinitas? Qué casualidad, igual que los hijos del psicólogo.

En  próximos post hablaremos de los “cuadernos de vacaciones”, de sus ventajas e inconvenientes, así como de consejos para que las “vacaciones en familia” sirvan para disfrutar a toda la familia.

 

 

 

 

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Qué deben hacer los padres si llegan malas notas: Actúa
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Carlos Pajuelo | 18-06-2014 | 18:42| 0
Si llegan las malas notas, los padres tendrán que actuar según lo que hayan anunciado que iban a hacer. Si se prometió castigo, habrá que cumplirlo.

Si llegan las malas notas, los padres tendrán que actuar según lo que hayan anunciado que iban a hacer. Si se prometió castigo, habrá que cumplirlo.

Ésta puede ser una escena que se repita en muchos hogares estos días: Los padres sentados en el sofá de su salón, con  sus miradas perdidas en ninguna parte, mientras por la televisión se escuchan rumores de que el “tiki taka” de la selección ya no es lo que era. En sus manos, un boletín de notas que más bien podría llamarse “crónica de una muerte anunciada”. Un boletín que leen y releen a ver si, por fuerza de leer, alguno de los suspensos hubiera desaparecido. Los suspensos no pesan en el papel, pero sí en el ánimo de los padres.

La mirada permanece perdida durante mucho tiempo, pero la cabeza de los padres no para de buscar respuestas, pero siempre pasa quecuando más necesitamos respuestas, buenas respuestas que nos den una solución, lo que aparecen son cientos de “quesís, quesís de todos los tipos y de todos los colores:  “Que si no los motivan; que si los maestros; que si no valoran el esfuerzo; que si el niño se pasa estudiando toda la tarde; que si este hijo es “bobo”;  que si lo que es, es un fresco; que si se enseñan nada más que “tontás”; que si el niño hace su santa voluntad; que si es un mentiroso; que si están todo el día con la “puta maquinita”; que si sólo piensa en los amigos; que si yo, todo el día trabajando, para luego esto; que si tú lo tienes muy consentido; que si tú eres muy duro; que si tú eres muy blando; que si tendrá un problema; que si le doy dos sopapos, le quito los problemas; que si a éste le voy a dar un verano que se va a enterar; que si vaya “mierda” de sistema educativo; que si el niño fuera coreano del sur, o mejor finlandés; que si me he gastado tanto en profesores particulares; que si ha suspendido con un cuatro; que si mira los hijos de fulanito; que si tienen de todo; que si quién me mandaría a mí; que si qué he hecho yo para merecer esto, y así estamos, mientras el “suspendedor” o la “suspendedora” duerme a pierna suelta.

¿Qué tienes que hacer si te encuentras en esa situación?

En primer lugar, déjate de “quesís” y ponte manos a la obra. La tarea de educar nos pone a prueba en los momentos difíciles. ¿Qué vas a hacer? Pues simple y llanamente lo que previamente le habías dicho que ibas a hacer. Sin enfados, pero hazlo. Actúa. No dejes que los quesís te distraigan. ¿Le dijiste que si no aprobaba no iría de viaje con sus compañeros? Pues cumple. Enséñale que tú cumples tus acuerdos. ¿ Te da pena que se pierda el viaje? Lo entiendo, pero cumple tu palabra.  Así que, para la próxima vez, ten cuidado con lo que “prometes” que vas a hacer.

¿Ha suspendido tu hijo, y ya no tiene remedio por ahora? Pues te propongo dos tareas: la primera, repasar los artículos  citados a continuación, que he escrito sobre los suspensos y sobre lo que podemos hacer los padres.

Y la segunda tarea es la de que pienses un rato en la nota que  te pondrías tú. Siempre todos podríamos hacer más.

Así que te lo repito:  déjate de dramas, los suspensos no son una enfermedad terminal, suspender es una enfermedad que se suele curar estudiando.

10 consejos para afrontar los suspensos de los hijos

Guía para padres desesperados por los suspensos de los hijos

Qué hacer si tu hijo no quiere seguir estudiando

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Cómo hablar con los hijos de las drogas
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Carlos Pajuelo | 04-06-2014 | 18:28| 0
A partir de los 12 años es una buena edad para hablar con los hijos sobre las drogas.

A partir de los 12 años es una buena edad para hablar con los hijos sobre las drogas.

Este es un extracto de un correo electrónico que me enviaron hace unos días: “Mi hijo es un buen chico, saca buenas notas, es muy  buen estudiante, tiene buenos amigos pero ayer por la tarde buscando un bolígrafo en su mochila encontré algo del tamaño de un caramelo envuelto en papel de aluminio. Me quedé helado, mi hijo con 15 años llevaba en su mochila, en su cuarto, en nuestra casa, droga. Miedo, desconcierto y una tremenda rabia, todo esto me asaltó en un instante. ¿Qué hemos hecho mal? Si tiene de todo, si le va bien, si es un niño aparentemente feliz, ¿por qué hace esto?  No sé cómo actuar, no sé qué hacer ni qué decir. No lo he hablado con nadie. Menuda pesadilla.”

Las drogas están alrededor de nuestros hijos, y esto es una realidad que los padres no debemos ni podemos obviar. Están tan cerca de nuestros hijos que a veces están hasta en nuestra propia casa. No, no lo digo para asustar, lo digo sencillamente con la finalidad de que los padres abramos los ojos y sepamos qué decir y cómo actuar. Es verdad que cada hijo es un mundo, que cada familia tiene sus circunstancias y, aunque no hay métodos infalibles para educar, yo creo que los padres, en el tema de drogas, podemos y debemos:

1º.-  Buscar Información.  ¿Qué sabes de las drogas?, pero qué sabes, de verdad. Cómo vas a educar sobre algo que desconoces. Conozco a padres que, con cara de angustia, les hacen jurar a sus hijos que nunca van a tomar drogas y piensan que, con eso, es suficiente. El conocimiento, la información son los mejores acompañantes en la tarea de educar. La guía “Hablemos de drogas. Una realidad que debe tratarse en familia”, de la Obra Social de la Caixa es una estupenda herramienta para informarse.

2º.- Hablar con tu hijo sobre drogas. Al finalizar la Educación Primaria, con 12 años, es una edad apropiada para comenzar. Pero habla con serenidad, porque esa es la manera en la que hablan las personas que saben de lo que están hablando.  No metas miedo ni exageres porque está demostrado que “asustar” no educa. Habla con tu hijo para conocer su opinión sobre las drogas, y no te desesperes si te dicen perlas como “la marihuana  es buena porque es buena para el cáncer”. Los adolescentes suelen tener una visión demasiado “positiva” sobre las drogas, y los adultos, “negativa”,  por  lo que hay que hacer es educar para tener una visión “realista”.

.- Enseñar a los hijos a responsabilizarse de sus acciones es una de las mejores cosas que los padres podemos hacer mientras educamos. Responsabilizarse requiere asegurar a los hijos que siempre los vamos a apoyar pero que ellos tienen que asumir las consecuencias de sus actos. Para educar en responsabilidad necesitamos marcar una línea clara de lo que creemos que es tolerable y lo que consideramos intolerable en el tema de las drogas. La realidad es que al final va a ser nuestro hijo el que decida, el que tenga la última palabra.

4º.- Si tu hijo comienza a “flirtear” con las drogas no te paralices, no lo lleves en secreto. Busca ayuda. Habla con sus profesores, con la familia, con profesionales.  Entrar en contacto con las drogas en la adolescencia no es sinónimo de ser un drogadicto. Negar una realidad, sin embargo, sí que puede conllevar problemas mayores. Cuando tenemos problemas en la educación de los hijos necesitamos todas las manos, así que habla con los profesores de tus hijos, con tu familia, con profesionales porque puedes encontrar en ellos una ayuda más que valiosa.

5º.- ¿Quién dijo miedo? Controlar el miedo que nos invade con las palabras drogas, adolescencia, alcohol…  Con miedo no se educa. Así que lee, infórmate, y manos a la obra. Parafraseando a los del Atleti,”educar, y educar, y educar, y volver a educar”. A por ello.

Es un tema serio este de las drogas en el que los padres tenemos una responsabilidad durante un tiempo, el de la educación,  luego serán nuestros hijos los que determinen qué y cómo quieren vivir.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Cultura. Compagina su labor de Orientación con la de profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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