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Tú, tu adolescente y el WhatsApp: Claves para Educar
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Carlos Pajuelo | 24-11-2014 | 17:38| 0

Las RedesSociales, el WhatsApp, son herramientas que hay que aprender a utilizar porque depende de cómo las uses para que sean beneficiosas o perjudiciales.

Carlos Pajuelo, la otra noche escuché a mi hija mientras hablaba por teléfono con una amiga y  me quedé de piedra cuando la escuché decir que Raúl, un medio noviete que tiene, le dice que tiene que enseñarle el WhatsApp porque esa es una señal inequívoca de que le quiere. En cuanto ha colgado he hablado con ella pero realmente lo único que le he dicho es ¡hay que ver con los dichosos móviles la de problemas que nos están trayendo!”.  Esto me escribió hace unos días un lector del blog  para terminar preguntándome “¿Tú crees que el WhatsApp puede ser peligroso para un adolescente?”

El WhatsApp, al igual que otras tecnologías de la comunicación, forma parte de la vida de nuestros hijos (y de la tuya) y además está en tu casa, así que en vez de asustarnos aprovechemos las nuevas tecnologías para educar a nuestros hijos en su buen uso y disfrute.

El WhatsApp llegó para quedarse. Así que como padres, ¿qué hacer? Pues fácil, Educar. Te doy algunas claves sobre qué aspectos de las Nuevas Tecnologías debemos tratar, SÍ o SÍ, con nuestros hijos para que entre todos hagamos un buen uso de ellas.

1º.-Hijo,  el WhatsApp es una herramienta,  que hay que aprender a utilizar porque depende de cómo lo uses para que te sea beneficioso o perjudicial.

2º .- Hijo, no codiciarás el WhatsApp de tu prójimo. No tienes que controlar ni el  WhatsApp ni la vida de nadie, ni debes permitir que nadie te lo controle a ti. Dejad bien claro a vuestros hijos y a vuestras hijas que las pruebas de amor sólo las piden personas con muy poca o nula autoestima, acaparadoras e inseguras.

3º.- Hijo, no insultarás, ni menospreciarás ni difamarás a nadie por WhatsApp, ni en conversación privada ni en grupo. Cuanto más se habla mal de alguien peor queda el mal hablador. Así que utilízalo para hablar bien de la gente, para resaltar los aspectos positivos y si tienes alguna de queja de alguien, díselo a la cara.

4º.-Hijo,  tu cuerpo, tu físico,  es tuyo, pero si envías fotos tuyas a través de  WhatsApp puede ser del mundo entero. Yo entiendo, y tú como padre o madre de una adolescente enamorado debes de comprenderlo también,  que un adolescente en un momento determinado mande una foto comprometida  a su amorcito, por esta razón lo que hay que decirles es: ¿Estás preparado para que corra esa foto por el colegio o instituto?,¿te gustaría? Pues si no estás preparado no lo hagas y si te llega alguna foto a ti no la difundas, porque entonces serás tan responsable como el primero que traicionó la confianza de alguien.

5º.-Hijo, ¿han leído tu mensaje y no te contestan?, Pues será porque no te quieren contestar, no pueden o no saben qué decirte. Aguántate, ten paciencia y no te enfades y menos aún empieces a hacerte la víctima. Por mirar más el móvil no van a contestarnos antes. Pero claro para esto hace falta que los padres no contestemos nuestros mensajes en mitad de la comida.

6º.- Hijo, tienes un grupo de WhatsApp, pues cuando escribas algo piensa que sea de interés para todo el grupo. ¿Tienes duda si es de interés? Pues entonces no lo escribas. Tus mensajes te retratan.

7º.- Hijo, no seas pesado  cuando uses el WhatsApp, así que deja de enviar el mismo o parecido mensaje una y otra vez, por muy gracioso o importante que te parezca. Lo que a ti te hace gracia puede ser molesto para otras personas.

8º.-Hijo,  ¿sabes que es acosar? ¿Sabes que enviar mensajes a quién no los quiere recibir es acoso? Escribe sólo a quien te autorice a escribirle y si se cansa de tus mensajes deja de escribirle. Así de sencillo. No le podemos caer bien a todo el mundo, ni siquiera a todos los que nos caen bien a nosotros.

9º.-Hijo,  usa el WhatsApp para comunicarte pero si lo puedes hacer en persona ni punto de comparación.

10.-Hijo,  las nuevas  tecnologías son estupendas, si tu WhatsApp te hace sufrir es porque no lo estás utilizando correctamente. Así que ponte a la tarea.

¿Has hablado de todo esto con tu hijo? Pues ahora nos lo aplicamos los padres. ¡Yo el primero!

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Educando para que los hijos sean “dueños” de sus emociones
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Carlos Pajuelo | 17-11-2014 | 17:49| 0

La cometa, como las emociones, la gobernamos nosotros, no el viento.

Carlos, me levanto muchas mañana y me digo que hoy no voy a dar ni un grito, que voy a estar bien porque además me siento bien, pero a los cinco minutos, tras decirle con buenas palabras al niño que se levante, tras decirle con la mejor de mis sonrisas que a desayunar, tras decirle lo bonitos y buenos que son, hasta que no me pongo como un ogro, los puñeteros niños no hacen caso.”

Lo que mi amiga Paqui me cuenta,  me recuerda a un cartel que he leído en varios sitios y que dice “hoy hace un día estupendo verás como viene alguien y lo estropea”.

Hay que ver la manía que tenemos de renunciar a nuestra autonomía emocional poniendo  nuestro bienestar en manos de los demás, que, por cierto, es la mejor manera de terminar en el club de los desgraciados/as.com.

Educar emocionalmente a nuestros hijos es enseñarles a que tengan autonomía emocional, es enseñarles  que la decisión sobre cómo nos queremos sentir recae en nosotros y no en lo que hagan los demás. Tener autonomía emocional significa que elegimos sentir emociones independientemente de lo que digan los demás y no obligarnos a ser maleducados para responder a los maleducados, groseros con  los groseros, irónicos con los irónicos., etc

¿Cómo enseñar autonomía emocional?

1.- Fomenta y favorece el desarrollo de la autoestima en tus hijos. En la medida que una persona está más segura de sí misma necesita menos de la aprobación de los demás. Destaca las competencias de tus hijos en vez de hacer énfasis en sus limitaciones, porque con son nuestras competencias, la medicina para nuestras limitaciones. No ignores las limitaciones de tus hijos pero resalta sus potencialidades. Y que te escuche, una y otra vez.

2.- Los padres orgullosos de sus hijos son padres que trasmiten confianza y motivación. Para tener autonomía emocional hace falta que nuestros hijos confíen  en ellos y así, serán capaces de tener un buen criterio para decidir qué emociones quieren sentir, cuándo y cómo.

3.- El optimismo es una competencia fundamental para tener autonomía emocional. Un optimista no es un cándido, un optimista es alguien que sabe que vive en un mundo mejorable y se esfuerza, en la parte que le corresponde, por mejorarlo. Un optimista sufre contrariedades igual que un pesimista pero se niega a ser un testigo pasivo de lo que ocurre a su alrededor. Y además tiene una razón para su optimismo: sus hijos. Para educar hace falta optimismo y sobra pesimismo. El optimista que educa no espera pasivamente que vengan los tiempos “buenos”, el optimista que educa confía en el valor de la educación, lo ejerce y lo trasmite. Actúa más y critica menos. Un optimista no está sonriendo a todas horas, llora y sufre como el que más pero con la diferencia de poner el énfasis en sus posibilidades de acción en vez de lo que tienen que hacer los otros.

 4.- Y por último, la autonomía emocional requiere enseñar a los hijos a afrontar las adversidades. Los seres humanos nacemos con la mayor adversidad que tiene un ser vivo: morirse. Enseñar a los hijos que sufrir, el malestar, el dolor, la frustración, etc. son parte de la vida real de los seres humanos y además son una parte natural. Es una enseñanza difícil porque el sufrimiento de nuestros hijos nos afecta pero te recuerdo que educamos a nuestros hijos para las duras y las maduras, por eso hay que enseñar a los hijos a que vivir es también hacer frente a la adversidad. A esto se le llama ser resilientes.

Autoestima, Motivación, Optimismo y Resiliencia, me permiten crear un acrónimo: AMOR, la mejor competencia para educar a los hijos. Esto es lo que tiene educar, que  sólo se puede practicar con los que amas. ¿No crees que merece la pena el esfuerzo?

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Cómo educar a los hijos en la ejemplaridad
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Carlos Pajuelo | 10-11-2014 | 08:07| 0

Educar en la ejemplaridad otra tarea para los que ejercen de padres

Mi amiga Paqui es muy persistente y nada más leer el post de “Cómo explicar a los hijos qué es la corrupción” me llamó para decirme:  “muy bien Carlos, ya sé cómo explicar qué es ser corrupto pero ahora tengo una pregunta, ¿cómo educar para que nuestros hijos aprendan no solo a detectar la corrupción sino a evitarla  y además a rechazarla de plano?, ¿Cómo educar en la ejemplaridad?”

Educar en la ejemplaridad es ser consciente de que nuestra conducta informa a nuestros hijos  sobre cómo somos y cómo actuamos ante determinadas situaciones, ofreciéndoles un modelo de comportamiento a seguir.  Ser ejemplar es no aprovecharse, en beneficio propio, de recursos o bienes que no nos pertenecen.  ¿No es tuyo? pues no lo cojas, sería una frase que resume la educación en ejemplaridad. Es un camino que no tiene atajos y en ese camino tenemos  la suerte de encontrarnos  a vecinos, amigos, padres y madres, maestras y maestros, niños, jóvenes, adultos y ancianos. No son seres excepcionales son personas como tú y como yo.

5 ideas para educar a los hijos en la ejemplaridad.

1.- Los padres somos ejemplares para lo bueno y para lo malo (aunque no seamos famosos). Lo que los niños ven, los niños hacen. Este era el eslogan de una campaña publicitaria de la asociación Child Friendly  que pone de manifiesto el papel ejemplarizante de los padres en la educación de los hijos.  Es verdad que nosotros los padres somos seres anónimos y que nuestras conductas privadas no tienen la repercusión mediática que la de los personajes públicos, pero no olvides que nuestras conductas educan a nuestros hijos.

2.- Resalta la importancia de los valores colectivos frente a valores  individuales.  Cuando educamos a nuestros hijos tenemos que resaltar la importancia que tienen los demás en nuestra vida y nada mejor que tener presentes las necesidades de los demás para no olvidarlo. Padres que enseñan a sus hijos el valor de ser generosos con los que menos tienen , hijos que ven a sus padres dedicar parte de su tiempo o parte de sus ingresos en ayuda de Asociaciones, ONGs, etc.  Padres que enseñan que pensar en los demás ayuda a pensar menos en uno mismo.

3.- ¡Qué loto que me tocara!.  A veces educamos utilizando excesivamente criterios económicos y trasmitimos la idea de que ganando dinero no hay problemas. No me voy yo a meter en el pantanal ese de si el dinero da,  o no da  la felicidad porque no lo sé,  lo que sí creo es que el dinero solo vale para comprar cosas, no compra el respeto, ni la consideración,  ni el reconocimiento propio ni el de los demás.

4.-la cuarta idea hace referencia a que el  comportamiento ejemplar se ve sometido a muchas tentaciones y que se puede sucumbir a ellas. En ese caso pedir perdón es necesario pero no es suficiente. Asumir la responsabilidad supone asumir las consecuencias de lo que uno ha hecho y no intentar buscar justificaciones que minimicen el impacto de nuestras conductas. Un ejemplo, “¡Mamá, como te pones por un euro que he cogido de tu monedero!”, le gritó un mozalbete de 11 años a su madre. Pues hazle ver que el problema reside en el acto de coger un dinero que no es suyo, que eso se llama robar y lo de menos es la cantidad de dinero que sisa.

Y no olvides que existen muchas situaciones en las que son los padres los que “sisan” de otros “monederos” y algunos lo hacen delante de sus hijos con cosas del tipo: “saltarse un peaje y vanagloriarse de ello”, “usar material de la oficina para interés privado”, decir la frase “a mi en el sueldo me engañaran pero en el trabajo no”, “al pagar en una tienda te dan un cambio equivocado a tu favor y dándote cuenta te lo callas. La mejor manera de ser ejemplares es dándonos cuenta de lo fácil que es salirse del camino.

5.- Y por último, es necesario meterse en la cabeza que no somos una sociedad poco ejemplar. Cuando estás educando resalta la cantidad de conductas ejemplares que se dan a tu alrededor. No eduques desde el pesimismo, no caigas en la tentación de pensar que todo está perdido porque el desánimo es una vía que lleva a la inacción, al fatalismo y al abandono. El pesimismo es caldo de cultivo para la corrupción.

Por cada personaje poco ejemplar que aparece por la tele seguro que hay más de cinco personas ejemplares cerca de ti para que puedas ponerlo de ejemplo ante tus hijos.

Enséñaselo a tus hijos: “¿No es tuyo? Pues no lo cojas”.

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Cómo explicar a los hijos qué es la corrupción
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Carlos Pajuelo | 09-11-2014 | 19:16| 0

Educar también es enseñar a los hijos qué es la corrupción

Ayer me llamó mi amiga Paqui para contarme que su hija María de 13 años  le preguntó a su padre, de la manera más natural, “Papá ¿tu eres corrupto?”,  justo en el momento en el que las noticias acababan de hablar del enésimo caso de corrupción.  “Hija, por qué me preguntas eso contestó  el padre un tanto azorado. No sé, como tú trabajas en un banco”.

No son buenos tiempos para la lírica, asistimos día a día a una cadena de noticias sobre corrupción que parece no tener fin. La corrupción no es un problema ajeno, la corrupción no es  cosa exclusiva  de “políticos” aunque en ellos, por su función de representación de la ciudadanía  es extremamente vergonzante. La corrupción es la mayor inmoralidad del comportamiento social del ser humano. El otro día leí, no sé dónde,  un refrán muy apropiado para el tema “quien anda con miel  termina  chupándose los dedos“.

Todas estas noticias y debates sobre la corrupción nos deben de recordar que educar a los hijos  es también enseñarles el peligro de “trincar”. Educar a los hijos frente a la corrupción supone algo más que  escandalizarse, supone tomar conciencia de que robar es robar aunque lo llames de la manera que te dé la gana.  Educar a los hijos es guiar, enseñar a distinguir cuales son los comportamientos ejemplares.

A mi amiga Paqui le  propuse esta “historieta” como argumento  para hablar con los hijos respecto a qué es esto de la corrupción.

“Mira hija, imagina que en el colegio vais a hacer una fiesta y  toda tu clase decide hacer una gran tarta de chocolate y tú  te ofreces a hacerla. Lo primero que haces es un presupuesto y como quieres que la tarta sea un éxito eliges los mejores ingredientes. El presupuesto es de 29 euros por lo que cada compañero de la clase pone 1 euro para hacer la gran tarta.

A la hora de comenzar a comprar los ingredientes, se te ocurre que en vez de comprar harina de repostería, que sólo necesitas un  kilo, la coges de la despensa de casa, y te ahorras así 1,35  euros.

Luego, para la mantequilla, que habías seleccionado la mejor del mercado de 9,5 euros el kilo, le dices a tus amigas Pili, Lola, Carmen y a tu amigo Juan que les  das 1 euro  si te traen la mantequilla de sus casas y Pili dice que un euro es poco y tú, enfadada, le dices que en vez de traer mantequilla traigan margarina que vale menos dinero. Así tú te quedas con 5,5 euros, Pili y sus amigos con 1 euro cada uno, tú tienes un producto de menos calidad y sus madres se quedan sin nada.

Para los huevos en vez de comprar docena y media compras un sucedáneo de huevo y te ahorras más dinero. Con el chocolate, el azúcar y el resto de ingredientes haces igual: Compras los más baratos.

De tal manera que del presupuesto de 29 euros te has gastado 9 y te has quedado con 16 pues le has dado a tus amigas y a Juan 1 euro a cada uno.

Unos días después les dices a tus compañeros que has ido a comprar y que los precios ya no son lo que eran por lo que les pides que pongan un poquito más cada uno, 30 céntimos, para tener la mejor tarta. Con lo cual te haces con 9 euros más.

Por otra parte te vas a la Asociación de Madres y Padres del colegio y les cuentas tu proyecto de tarta y les pides que te ayuden con 15 euros para la compra de velas y adornos para la tarta. Y para terminar tu “negocio” te vas a la clase de Infantil y le dices a los niños de 3 años que por un euro tendrán derecho preferente a elegir el mejor trozo de la tarta pero te callas que ese derecho preferente solo lo podrán ejercer después de que tus 29 compañeros de clase hayan cogido su trozo.

Al final terminas haciendo la tarta con 9 euros, has repartido 4  y tú te has quedado con 54 euros. La tarta solo tiene forma de tarta y lógicamente muy poca calidad.

Eso es corrupción. Porque te quedas con dinero que no es tuyo, porque utilizas mediante engaño materiales que no son tuyos, porque usas peores materiales que los que ofreciste, porque te quedas con ayudas que no necesitas e impides que vaya a sitios donde hace más falta,  porque defraudas a tus compañeros, porque utilizas los recursos de los demás para tus intereses privados.  Porque ofreces beneficios a sabiendas de que no los va a haber. Porque aunque no te lo parezca te has comportado como una autentico timador, ladrón.

Hijo, comportarse así no significa que eres un lince de los negocios, no. Ni significa que eres  un emprendedor, ni que eres el más listo,  simplemente significa que eres un corrupto.

No olvides que intentarán decirte cosas del tipo “si eso lo hacen todos” pero eso no es verdad.

No lo olvides tú, ni yo.

En el próximo post:  El reto de cómo educar en la ejemplaridad

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Cómo enseñar a los hijos a (auto) controlar sus emociones
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Carlos Pajuelo | 26-10-2014 | 18:18| 0

Aprender a controlarse emocionalmente, la mejor manera de aprender qué es la disciplina

 “Mira Carlos, estaba yo tan tranquilito y contento en casa cuando llegó mi hijo y empezó  a decir, con muy malos modos,  que tenía mucha hambre y que quería comer,  yo con tranquilidad y  tono suave le dije “espera un poco que ahora llega tu madre y comemos”, ¡Madre mía,  cómo se puso! empezó a decir que qué asco, que porqué teníamos que esperar, que él no esperaba… y yo, un poco fastidiado ya,  me dije vamos a tener la fiesta en paz pero el niño erre que erre,   yo intentando tranquilizarme  mientras  que el modorro empieza a hacer rabiar al pequeño  y ya descompuesto comienzo a pensar  “como vuelva a decir que tiene hambre  le meto con el cazo”.  Y la yugular ingurgitándoseme (el cuello lo tenía ya como el de  un cantaor flamenco). Así que cuando el niño entró por enésima vez por la puerta de la cocina, antes de que le diera tiempo a abrir la boca me puse… como los locos.  Tuvimos una buena bronca y al final se me quitaron hasta las ganas de comer estuve el resto del día fastidiado y riñendo con todos… hartito…”

En el post anterior hablábamos de la importancia de reconocer nuestras emociones, hoy vamos a hablar de la compleja tarea de enseñar y aprender a regular nuestra conducta emocionada.

Nada como nuestra cabeza para descontrolarnos, uno está tan tranquilo y alguien viene y nos saca de quicio. Mejor dicho, está uno tan tranquilo, viene alguien más  o menos “impertinente”  y nosotros mismos empezamos a  azuzarnos, a atizarnos,  con pensamientos del tipo  (“verás este, como me vuelva a decir, mira la cara que está poniendo, etc…) y os recuerdo que son nuestros pensamientos y no la conducta de los demás lo que nos descontrola.

No hay mejor disciplina que aprender a controlar la conducta. Si quieres que tu hijo sea disciplinado tendrás que enseñarle a auto controlarse y para ello necesita de padres que sean capaces de auto controlarse.

¿Qué hace falta para autocontrolarse?

1.- Ser consciente de que te estás alterando, identificando lo más pronto posible señales que nos lo indican. Os recuerdo que el proceso de irse alterando es paulatino pero la mayoría de las veces cuando nos queremos dar  cuenta de que nos estamos alterando ya es tarde y no hay posibilidad de marcha atrás.

2.- Enseñar a los hijos modelos correctos de expresión  emocional. Para ello lo mejor es utilizar un lenguaje con frases descriptivas de la conducta, como por ejemplo “Hijo ya sé que tienes hambre y que quieres comer y cuando se tiene hambre uno está más irritable. Pero vamos a esperar a tu madre”,  es mucho más apropiado que utilizar frases que describan nuestro estado emocional descontrolado  “y yo estoy harto de aguantar tus malos modos, todos los días igual, que ya no se qué hacer para contentarte, que hasta que no me ves gritando no paras, que sólo me entran ganas de coger la puerta…”(¿te suena esto?).

3.- La expresión emocional requiere, una y otra vez, utilizar pensamientos y palabras que guíen-controlen de forma correcta nuestra conducta. De esta manera nuestro  pensamiento nos puede ayudar a  controlar la impulsividad (no pensando en que le voy a dar con el cazo como siga tan pesado),  controlar la ira (pensando sencillamente “no me voy a enfadar”).

4.- He repetido muchas veces en este blog que cuando nuestros hijos están más descontrolados es cuando  más necesitan que los padres estemos controlados.  Así les podremos enseñar cómo debemos actuar en situaciones parecidas sin necesidad de “perder los papeles”. Para afrontar situaciones adversas, difíciles, hace falta tranquilidad.

5.- Enseñar a los hijos a generar  emociones positivas. No se trata de estar todo el día “yupi”, “que guay” se trata de reconocer y hacer explícitas aquellas cosas que nos hacen o han hecho  sentir bien cada día.  Así que cuando los hijos estén “modorros” y discutan contigo además de discutir, de vez en cuando haz explícito algo que te haga sentir bien respecto al “discutidor”, como por ejemplo, “que bien que no me he alterado”.

¿Difícil? Pues claro que sí. Si fuera fácil yo no estaría escribiendo este post ni tú leyendo desesperadamente. ¿Posible?  Pues claro que sí, pero ponte a ello. Hazte el propósito de controlar tus emociones. Controla tu pensamiento. Un poco de sordera transitoria viene bien en estos casos. Y si al final no te has enfadado ni te has alterado, ponte una medalla: “¡¡¡tienes poderes!!!”. Pero estos poderes sólo te sirven para educar.

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Cómo educar a los hijos para que vivan sus emociones
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Carlos Pajuelo | 26-10-2014 | 18:18| 4

Educar es también enseñar a los hijos el peso que las emociones tienen en nuestra vida cotidiana, es enseñar a aprender a convivir con las emociones.

 

Es muy frecuente que los padres vivamos conversaciones de este tipo con alguno de nuestros hijos:“¿Qué te pasa hijo? ¿A mi? ¡Nada!. Hijo es que te veo como si te pasara algo. ¡Que no me pasa nada, pesados, dejadme en paz!”.

Es curioso que con lo que a los padres nos preocupa todo lo que hace referencia con el desarrollo de nuestros hijos tenemos mucha dificultad para movernos en el terreno de la educación de las emociones. Quizás esta dificultad venga dada porque a nosotros nadie nos “educó emocionalmente” de hecho yo escucho a muchos padres decir eso de “tengo un no sé qué” como forma de identificar sus sentimientos. Los nosequés no dejan de ser más que emociones que no son reconocidas y por lo tanto no podemos  hacer nada para actuar sobre ellas por lo que terminamos siendo dominados, vividos por nuestras emociones.

Las emociones juegan un papel importante en nuestra vida (recordar post sobre educando con inteligencia emocional) y en la de nuestros hijos. Educar es también enseñar a los hijos el peso que las emociones tienen en nuestra vida cotidiana, es enseñar a aprender a convivir con las emociones. Educamos para que nuestros hijos decidan con libertad y no como esclavos de sus emociones.

¿Cómo ayudar a que nuestros hijos sean emocionalmente inteligentes?

1.- Haciéndoles  ver que sentir emociones es algo normal. Cuando digo normal quiero decir natural. Es tan natural sentir rabia, celos, envidia como sentir alegría, amor, etc.  Las emociones en sí no son ni malas ni buenas,  son respuestas ante una determinada situación.  Lo bueno y  lo malo de las emociones viene dado por las consecuencias que tienen en nuestra vida la manera en la que las manifestamos.

2.- Haciéndoles  saber que las emociones que sienten además de ser naturales tienen un nombre. Los padres enseñamos a nuestros hijos el nombre de  los objetos físicos y sociales que les rodean, pero en el terreno de las emociones, sobre todo en las mal llamadas emociones negativas,  lo que les enseñamos es a decir  “Estoy harto”, “No puedo más”, “Me va a dar algo”, “tengo un no sé qué”, “no puedo más”, etc.  Sería más ilustrativo cambiarlo por  “Estoy enfadado cuando…”, “estoy  irritado porque…”,  “estoy sorprendido”, “estoy contento…”  Dar nombre a las emociones nos ayuda a saber qué es lo que  estamos sintiendo en un momento determinado y ese es un buen punto de partida para saber qué hacer.

3.- Explicándoles  a los hijos que se pueden sentir varias emociones a la vez.  Uno puede estar enfadado por algo en concreto pero no es necesario estar enfadado con todo lo demás.  A veces estamos enfadados con nuestros hijos por algo  en concreto y nos comportamos como si estuviéramos enfadados con el mundo entero.  Puedo estar  enfadado con mi hijo porque no ha recogido su cuarto pero no necesito tener la cara de amargado todo el día.

4.- Ayudar a  los hijos a que entiendan que entra dentro de lo lógico no querer reconocer determinadas emociones que presentamos. Nadie quiere reconocer que siente envidia (de la mala) ni ira ni otras emociones que tiene mala prensa y presentan una imagen negativa de nosotros y los seres humanos queremos que los demás nos quieran y aprecien. Pero es fundamental reconocer lo que se siente para poder decidir posteriormente si  debes o no controlarlo.

5.- Hazles ver la relación que existe entre lo que  pensamos,  lo que sentimos y cómo nos comportamos.  Esta relación entre pensamiento, emoción y conducta  guía nuestra vida. Si pienso que soy competente me sentiré bien y actuaré de manera competente si por el contrario pienso que soy inútil, me sentiré triste y no me atreveré a hacer cosas  por temor a hacerlas mal.

Para educar en emociones hay que ser consciente de cómo vivimos con emociones.

En el próximo artículo hablaremos de cómo autoregular las emociones.

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Educar: la agotadora tarea que no acaba
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Carlos Pajuelo | 13-10-2014 | 22:32| 2

La tarea de educar es a veces agotadora. Fotografía de Esther Cossio (http://instagram.com/esthercossio)

Hija, déjame que te explique por qué bostezo.

Antes de que tu aparecieras en nuestra vida igual que aparece un trueno después de un relámpago, como una ansiada cuenta atrás, como el mejor de los deseos concedido por una estrella fugaz, los segundos, las horas, los días, semanas y meses solo nos servían como parámetros para organizar nuestra vida.

Cuando te asomaste a nosotros se rompieron los calendarios y relojes y el tiempo dejó de ser aquel espacio en el que discurría nuestra vida para convertirse en el escenario donde vas creciendo.

Eres lo mejor que nos ha pasado, aunque durante tres años no supimos qué es eso de dormir ocho horitas, ¿ocho? Ni la mitad.

Eres lo mejor que nos ha pasado,  aunque no podíamos dejarte ni un instante sola porque bajo esa carita angelical crecía  una mezcla de zipi y zape con mucha curiosidad y sin la más mínima idea de lo que era el peligro. Delegaste en nosotros la tarea de ser tu colchoneta, tu red, los vigilantes a jornada completa.

Eres muy zalamera pero cuando enfermas te desovillas de tal manera que nos da miedo que se te olvide hasta respirar.

Cuando nos llaman del colegio y nos dicen que no estudias, que no haces las tareas, que contestas, nos preocupa hasta dónde llegará el límite de tu osadía.

Cuando sales con tus amigas y llega la hora del regreso y no has aparecido, nos asustamos.

Cuando la vida te sacude un bofetón porque un carajota te ha roto el corazón, nos duele tu dolor.

Cuando te desesperas porque el mundo es un asco lleno de injusticias y te vuelves paladín de las causas perdidas, sonreímos.

Cuando coqueteas con las drogas o el alcohol nos invade el miedo y más aún cuando tu arrogante seguridad intenta tranquilizarnos.

Cuando los pájaros anidan en tu cabeza, intentamos ser un faro al verte “desnortada”.

Pero siempre, vayamos cuesta arriba o vayamos  cuesta abajo, vamos viviendo sin mirar atrás.

¿Sabes? Es muy difícil sentirse un buen padre cuando uno además de conocer su egoísmo, limitaciones y carencias, es señalado por los demás cada vez que su hijo se equivoca.

Desde el momento en que llegaste y movidos por el amor que nos inspiras comenzamos esta ardua tarea de educar y  no olvides que en todos y cada uno de esos instantes, los buenos y los malos, TE EDUCAMOS, NO DEJAREMOS DE EDUCARTE, nos esforzamos con aciertos y equivocaciones y cuando desfallecemos, nos desesperamos, maldecimos,  nos basta con pensarte y en ese instante nos vienen unas fuerzas que nunca imaginamos poseer que nos permiten seguir y no arrojar la toalla. Un esfuerzo que agota, un cansancio físico y mental,  un esfuerzo en el que tu madre y yo vamos gastando la vida.

Por eso a veces estoy cansado, agotado  y entonces me apoyo en un poste y con la mirada perdida  bostezo. Pero este bostezo, querida hija,  no significa que esté  ni aburrido, ni hambriento y menos aún desesperado.

Este bostezo solo significa: Que te quiero. ¡Cuánto te quiero hija!

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Padres y Abuelos: cinco cosas que sus hijos-nietos agradecerán.
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Carlos Pajuelo | 05-10-2014 | 16:57| 0

El cariño de los abuelos es de un valor emocional incalculable.


Hace unos días me encontré con una antigua alumna mía que iba de paseo con su niño de dos años y con su madre. “Mira mamá, este es Carlos Pajuelo, que fue profesor mío en la Universidad y es el que escribe el blog para padres en el periódico Hoy”.  La madre me plantó dos besos mientras me decía  con un tono irónico y mirando de reojo a su  hija, “Hijo, pues a ver si escribes en el blog ese que los abuelos no somos tontos y que si hemos sabido criar a nuestros hijos  igualmente sabemos criar a los nietos”. Mientras su hija escuchaba a su madre, se mordía los labios con un gesto de resignación  para, nada más callarse su madre, replicar  “también puedes escribir un artículo sobre los abuelos que se creen que sus hijos son tontos y no saben educar”.  En estas situaciones siempre es cuando imagino que si hubiera sido fontanero esto no me hubiera pasado.

Por muchas y diferentes razones de tipo social, laboral, económico, etc., los abuelos cada vez juegan un papel más importante en la educación de nuestros hijos. En muchas familias son los abuelos los encargados del cuidado de los nietos mientras los padres trabajan. Este nuevo rol de abuelos conlleva la implicación de éstos en las tareas educativas. Por todo esto es muy normal que en esta situación puedan darse roces entre personas que tiene en común el amor que profesan por el hijo-nieto pero que pueden tener diferentes o muy diferentes opiniones en cuanto a la manera de plantearse la educación.

Cinco cosas que deberían de tener en cuenta los abuelos cuando educan a sus nietos

1.- Por mucho que los quieras, no son tus hijos. Tienen padre y madre que son los responsables de la educación de los hijos.  Así que asume tu estupenda e imprescindible tarea de colaborador.

2.- No les recuerdes constantemente a los padres de tus nietos todo lo que la experiencia te ha dado. La experiencia es un don de uso exclusivamente personal por lo tanto no puede transferirse.  Y recuerda que los hijos se educan “aquí y ahora” por lo que no valen las comparaciones con otros tiempos que ya pasaron.

3.- No les digas “lo estáis mal criando” y les busques los defectos que tú crees que tienen. Mira mejor sus virtudes y refuérzaselas. A educar se aprende educando.

4.- No rivalices con sus padres con frases del tipo “pues aquí duerme la siesta”, “aquí se lo come todo”, etc.  Ni te metas por medio cuando los padres riñen a tus nietos.

5.- Respeta las “normas” que los padres tienen para sus hijos y si no estás de acuerdo con ellas lo mejor es que te pongas “a sus órdenes” en vez de pensar y hacer lo que “me dé la gana”.

Cinco cosas que deben de tener en cuenta los hijos cuando solicitan ayuda de los abuelos.

1.- Los abuelos son más espabilados de lo que a veces pensamos los hijos. Así que procura no dejar al niño con un listado de instrucciones muy grande. Los frigoríficos de los abuelos están llenos de esas  instrucciones en las que se les explica con detalle toda y cada una de las cosas que no se deben de olvidar los abuelos. Así que cuanto más grande es la lista más puedes “mosquear” a los abuelos.

2.- Los abuelos te ayudan a cuidar y a educar a tu hijo. Así que no les exijas la perfección que por cierto los padres tampoco tenemos.

3.- Los niños saben perfectamente qué pueden hacer y dónde lo pueden hacer. Hay abuelos que dejan que sus nietos les potreen el sofá pero esos mismos niños en su casa no lo hacen.  No le digas a los abuelos “lo estáis mal criando” es más fácil decirles “os va a estropear el sofá”.

4.- No rivalices con los abuelos. Vas a perder. Un abuelo, por lo general, tiene todo el tiempo del mundo cuando está con su nieto. Tu no.

5.- Sé flexible con tus normas cuando dejas a tu hijo con los abuelos, ellos te ayudan encantados pero no olvides que los abuelos están también encantados haciendo otras cosas además de cuidar a tus hijos.

Un abuelo le va a dar a tus hijos lo que solo un abuelo puede dar. El cariño de los abuelos es de un valor emocional incalculable. Los abuelos son unos estupendos maestros enseñando el valor del recuerdo. (No estaría mal repasar el post en el que hablé de los efectos positivos de enseñar a recordar a nuestros hijos).Entre todos vamos a fomentarlo, vamos a disfrutarlo.

Educar es una manera estupenda de practicar la generosidad. Educar es una estupenda manera de compartir. Recordad que para educar a un niño “hace falta toda la tribu”.

Así que este post vá  para todos los abuelos y abuelas que educan. Con nuestro cariño y reconocimiento.

 

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Qué hacer cuando nuestros hijos mienten
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administrador | 28-09-2014 | 16:52| 0

 

Pinocho ilustrado por Saura.

Pinocho ilustrado por Saura.

Si hay algo que a los padres nos saca de quicio es que nuestros hijos nos mientan y, sobre todo, que nos sigan mintiendo aunque les hayamos pillado. La mentira es una consecuencia de la necesidad que tenemos de ser queridos y aprobados por los demás.

 Desde bien pequeños enseñamos a nuestros hijos cómo sus conductas influyen en nuestro bienestar o malestar, y los hijos que necesitan y quieren la aprobación de sus padres pueden recurrir a la mentira como una forma rápida de satisfacción de esa necesidad.

 Esa es una de la razón por la que mentimos los seres humanos, porque intentamos trasformar la realidad de tal manera que sea agradable para los oídos/ojos de los que nos rodean. “Carlos,yo les miento a mis padres porque veo en sus ojos un brillo de satisfacción que sólo reluce cuando me invento algún éxito“. Esto me contaba Luis de 13 años para justificarme por qué era tan mentiroso. Lo peor de esto es que los padres de Luis caían una y otra vez en la trampa de creer que, al fín, su hijo había hecho “click”.

Entonces, cómo actuar ante las mentiras de los hijos

1) En primer lugar te recuerdo que no sólo mienten los niños. Hay muchos padres que recurren a mentiras de esas que llamamos “piadosas”, y algunas veces hasta a mentiras de las “gordas” delante de sus hijos pequeños. Y a mentir se aprende por imitación, así que ten cuidado con justificar una falta de tu hijo al colegio o que no ha hecho las tareas porque estuvo enfermo, etc,haciéndole a él cómplice de esta mentira.

Si analizáramos el número de veces que utilizamos mentirijillas y trolas a lo largo de nuestra vida diaria nos daríamos cuenta de que, a veces, enseñamos a nuestros hijos a mentir como forma rápida de salir momentáneamente airoso de alguna situación incómoda.

2) En segundo lugar, hay patrones de personalidad que presentan rasgos más proclives a transformar la realidad. Por un lado, están las personas más imaginativas con mayor capacidad para contar cosas cotidianas y que, además, nos suelen caer muy bien. Si no, fíjate la cantidad de charlatanes que embaucan a gente con los nuevos “tocomocho”. Pero también hay personas tan necesitadas de reconocimiento que se inventan una vida que no tienen para poder recibir halagos y recompensas.

3) Tú no puedes evitar que te mientan. Lo que sí puedes evitar es comportarte como si no te estuvieran mintiendo. Si tu hijo te miente, no es necesario que te rajes las vestiduras y pongas el grito en el cielo a la voz de ” te ruego que no me mientas”. Es mucho más práctico hacer ver al hijo que, si te miente, tú no vas a preguntarle nada a él (porque te va a seguir mintiendo, y tú, cada vez más desesperado con las mentiras). Así que, sí quieres saber sus notas habla directamente con sus profesores; si dice que va a ir a casa de su amigo fulanito, llama a casa de fulanito, etc….

El mensaje es claro: no te voy a creer. Aunque estés deseando creerle, dale tiempo. Hazle ver que que confías en él. Pero que una cosa es confiar, y otra chuparse el dedo.

Los padres de Luis se quejaban amargamente de que su hijo les mentía con las notas, y yo les pregunté ¿quieres que Luis deje de mentirte con el tema de las notas? Pues no le preguntes a él, pregunta directamente a su tutor a sus profesores. Que fácil ¿no?.

 4.-Cuando tu hijo se “inicie” en las mentiras háblale de las consecuencias que le puede acarrear mentir. Hazlo con tranquilidad, sin exagerar. Habla de las consecuencias en lo que se refiere a la pérdida de amigos, de credibilidad.

5.- También es una buena estrategia darle la oportunidad de que el hijo recapacite y admita su mentira( “¿Estás seguro que eso ha sido así?, piénsalo antes de contestar.” Si el hijo admite la mentira entonces muestra tu satisfacción con esa manera de proceder (ha rectificado) pero inmediatamente recuerda que haber mentido tiene su penitencia.

6.-Si el hijo a pesar de darle muchas oportunidades para que admita su mentira sigue “erre que erre”, no quiero minimizar la importancia del tema pero es que, a un mentiroso, lo mejor es no ponerle en situación de mentir. Así que cuando te cuente algo simplemente no le creas.

7.- Hay que confiar en los hijos, trasmitirles la confianza en que podrán organizar y dirigir su vida, pero también dejar claro que las mentiras tienen que tener sus consecuencias.  Y las consecuencias no deben de ser un padre o una madre  ”desesperado” si no la pérdida de privilegios, salidas, etc., del pinocho de turno.

8.- Si las mentiras tienen que ver con las actividades escolares haz partícipe de ellas a los profesores de tus hijos. Si son temas que hacen referencia a la vida familiar haz partícipe a tu familia y amigos de lo que ocurre. No por avergonzarlos sino para que ellos sepan que “estamos en alerta”. A veces escondemos en casa el problema de las mentiras de los hijos y con ello perdemos la oportunidad que los demás nos ayuden.

9.- Ármate de paciencia, se constante y sobre todo firme en tu manera de actuar ante las mentiras de tu hijo.

En resumen: VALORA a tu hijo por lo que es, y EDUCA por lo que hace.

 

 

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¿Cómo deben organizarse los deberes?
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Carlos Pajuelo | 21-09-2014 | 17:26| 0

Mejorar las tareas un reto para padres y maestros

“Te dejo Carlos que ya hemos empezado el curso y  con él llegan las tareas y  me tengo que poner a leer con la niña y con la caligrafía del otro… ¡Madre mía con las ganitas que tenía de que empezaran las clases! y no veas qué tardes, discuto más que los tertulianos del “sálvame”. Y no te rías”, fue lo último que me dijo mi amiga Paqui mientras se marchaba como alma que lleva el diablo.

Este, el de las tareas escolares, es un tema de mucha enjundia y que considero que su regulación y  su justificación se encuentran en una especie de  “limbo” que tiene que ver más con el “uso y la costumbre” que con una planificación coordinada entre familia y escuela del papel de las tareas en el ámbito familiar.

En un pasado post hablé sobre cómo ayudar a los hijos en las tareas escolares, y en éste me gustaría hacer hincapié en algunos aspectos para optimizar el valor de las tareas para que éstas no se conviertan en una situación de crispación, pelea, llantos y además durante todo un curso.

¿Son necesarias las tareas escolares?

De entrada yo digo que las tareas son buenas, y si además están bien diseñadas, organizadas y coordinadas entre centro y familia, son muy buenas.

1.- Los deberes deberían tener como función principal la de dar apoyo y consolidar los aprendizajes realizados en el colegio, y no la de “sustituir” lo que no se ha hecho en el colegio. Ya sé que muchos padres estareís pensando “es que como no me ponga con mi hijo a hacer las tareas no aprueba el curso“.

2.- Los deberes requieren una importante coordinación entre los profesores del centro para que distribuyan la carga de las tareas de manera equitativa porque se puede dar el caso que alumnos con diferentes profesores se vean sometidos a una ingente cantidad de tareas.

3.- Los deberes tienen que tener en cuenta las características personales del alumno. Porque los alumnos no son iguales, no todos tienen las mismas necesidades ni las mismas capacidades a la hora de aprender.

4.- Lo que se busca con los deberes es la calidad y no la cantidad. El aburrimiento por realizar una tarea repetitiva mina la motivación. Hacer 20 sumas cuando has demostrado que haces bien cinco sumas, es solo sumar por sumar.

5.- Los deberes necesitan, sobre todo, de una buena coordinación entre profesores y padres para que a ambos les quede claro que el tipo de tareas que se van a realizar tienen un porqué y un  tiempo que le tienen que dedicar. Cuanta más comunicación, mayor entendimiento y por lo tanto mayor posibilidad de que los deberes no se conviertan en un punto de fricción entre padres y profesorado y sobre todo entre padres e hijos.  (“El niño se puede quedar atrás y yo tengo que seguir la marcha de la clase” es una frase que a veces escuchan los padres, y si no se les explica bien pueden entender que lo que se les pide es que la “avería” hay que repararla en casa.)

6.- ¿Cuánto tiempo haciendo tareas/estudiando?

El horario al final va a depender de cómo es el alumno-hijo; hay algunos que hacen las tareas en poco tiempo y otros que se eternizan. Lo mejor es hablar  con los tutores de tus hijos para junto con ellos determinar cuál debe ser el horario más apropiado. Te recuerdo que las actividades extraescolares también cansan, física y mentalmente, no son un “recreo” por lo que influyen en el horario de hacer deberes y estudio.

  • En Educación Infantil es bueno comenzar a crear el hábito de sentarse un ratito todos los días de lunes a viernes y que las criaturas “jueguen” a hacer tareas. (Ojeando cuentos, realizando dibujos, puzles, construcciones, etc., en los que la única instrucción es terminar lo que se empiece.)
  • En Educación Primaria, en el primer ciclo las tareas no deberían de ocuparles más de 30 minutos al día. 45-60 minutos como máximo en el segundo ciclo y hasta una hora y media en el tercer ciclo.  Insistir en que esto hay que hacerlo todos los días de lunes a viernes y en el fin de semana o bien sábado o bien domingo el mismo tiempo para repasar.
  • En Educación Secundaria, creo que entre una hora y media y dos horas y media es más que suficiente para hacer tareas y estudiar.

Os dejo que tengo tareas.

 

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Cultura. Compagina su labor de Orientación con la de profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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