Hoy

img
Frases que ayudan a educar: “Esto es lo que hay”
img
Carlos Pajuelo | 18-09-2016 | 17:35| 0

Los padres que aman a sus hijos no les evitan lágrimas, les proveen de pañuelo (Foto ABC.es)

¿Alguna vez estás temerosa o temeroso por la reacción que pueda mostrar tu hijo cuando le vas a pedir, decir, preguntar algo?, ¿Llevas en tu bolso alguna chuminada que usas como un “kit antipollo” por si tu criatura te monta un número por la calle?, ¿Eres de lo que creen que la tarea de ser padres consiste en hacer felices a los hijos? Si has respondido que sí a alguna de estas preguntas, sin duda, necesitas utilizar en tu repertorio educativo la frase:  “esto es lo que hay”.

¿En qué consiste? Pues sencillamente en presentarles a los hijos algunas situaciones de la vida cotidiana como actividades que no se pueden cambiar, aunque estas situaciones les generen malestar o disgusto. Por ejemplo, para merendar toca fruta y tu criatura comienza a descontrolarse gritando que no quiere eso, entonces tú, con toda tranquilidad, le dices: “Esto es lo que hay”. Que quieren ver la tele  y no es el horario que les tienes marcado para poder hacerlo, desconectas la tele y les dices: “esto es lo que hay”.

Se trata de enseñar a los hijos que en nuestra vida no siempre vamos a hacer lo que nos apetece, que no siempre es posible elegir y que hay situaciones que o las aceptas o las rechazas pero no hay posibilidad de cambiarlas por otras. Vamos, en pocas palabras, enseñar a los hijos a afrontar que en la vida cotidiana hay malestar con el que hay que convivir.

¿Cómo actuar? Con tranquilidad, seguridad y firmeza. (Ya sabes, controlando la ingurgitación yugular) Pero te recuerdo que tu criatura ya tiene hecho un máster sobre cómo salirse con la suya y por lo tanto va a poner a prueba tu capacidad de mantener la tranquilidad, la seguridad y la firmeza. Recuerda que cuando le pones límites a tu hijo es normal que se enfade, tenga un berrinche, de un portazo,  pero tú estás educando, que además es lo que tienes que hacer, así que no te enfades por hacer lo que tienes que hacer. Tranquilidad porque  “esto es lo que hay”.

¿Para qué? Para que tu criatura no se vuelva un déspota; para que aprenda a tolerar la frustración por no poder alcanzar lo que desea; para que aprenda a auto regular su conducta; para que aprenda a entender las necesidades de los otros; para que no sea un indolente caprichoso/a que no tuvo la suerte de tener unos padres que mostraron su cariño poniendo límites en vez de mirar hacia otro lado para que su criatura no sufriera, con argumentos del tipo “es tan pequeño aún”, “qué más da, ya tendrá tiempo de aprenderlo”, “por no escucharte, que eres muy cansino”, etc.  Los padres que aman a sus hijos no les evitan las lágrimas sino que les proveen de pañuelo mientras les muestran apoyo y comprensión ante esas lágrimas. Esto es lo que hay.

Esto es lo que hay, no te engañes no es fácil ni sencillo pero los hijos crecen y por desgracia nos encontramos con adolescentes, y algo más que adolescentes, desnortados porque, por temor o comodidad, nadie les señaló nunca que “esto es lo que hay”. Y no son mejores padres los que esconden el sufrimiento y malestar a sus hijos sino aquellos que los preparan para afrontarlo.

Queridos padres y madres, nuestros hijos viven en este mundo, un mundo de sombras y luces,  las luces son muy bonitas y a los hijos les encanta que sus padres los iluminen pero tus hijos también necesitan aprender a tolerar las sombras y esto, esto es lo que hay.

Apúntate al movimiento educativo #EstoEsLoQueHay

Te dejo aquí un enlace a otro artículo que escribí con otra frase que ayuda a educar: “Porque soy tu madre, porque soy tu padre

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Guardar

Ver Post >
Los hijos que van a estudiar fuera de casa
img
Carlos Pajuelo | 11-09-2016 | 16:48| 0

Los hijos crecen. Estudiar fuera de casa una estupenda oportunidad para poner en práctica todo lo que les hemos enseñado.


Pues sí, muchos padres y madres se enfrentan en estos días al hecho de que sus retoños, aunque les parezcan aún unos “críos” se van a vivir, transitoriamente, fuera de casa.

Se van los hijos, desde el mismo día que nacieron todo lo que aprenden tiene como objetivo ser independientes, construir su propia vida. Y llegó ese momento, tu príncipe o tu princesa, cambia de castillo.

Se van fuera de casa y a los padres nos entra un cierto “canguelo” porque, de repente, se nos viene a la cabeza todas sus limitaciones, reales e imaginarias, “pero si no se sabe hacer la cama, pero si mira como tiene su cuarto, pero si  no le hago la cena no cena, etc”.

Cómo actuar

Con confianza. Está claro que tu hijo puede hacer absolutamente las cosas que en tu casa no hace (porque ya las haces tú). Confianza en que sabrá organizarse. Confianza en que sabrá responder a los retos que se le presenten. Confianza en que será capaz de hacer frente a los buenos y a los malos momentos por los que, si o si, tendrá que pasar.

Con seguridad. Tienes que trasmitir a tu hijo que estáis convencidos de que está preparado para esta nueva etapa de su vida. Así que procura no ser “pájaro de mal agüero” anunciando calamidades.

Con normas. Si, tu hijo está fuera pero eso no quiere decir que no existan las normas. Una fundamental, está fuera para estudiar. A mí me llama la atención que muchos padres y madres asumen ya que el primer año es de “preparación” con lo que les trasmiten a sus hijos la idea de que se pueden relajar. Tu hijo debe de saber con claridad meridiana lo que supone de coste a las arcas familiares que esté estudiando fuera ( o en casa). Tu hijo tiene que saber que sus padres están dispuestos a hacer ese esfuerzo por sus hijos pero ellos tienen la obligación de hacerse corresponsables de ese esfuerzo. En el artículo que escribí sobre cómo ayudar a los hijos a elegir carrera hablé de cómo hacer esto.

Por esta razón hay que hacerles ver que el compromiso es mutuo. Yo doy y tú das. Hacerse mayor es lo que tiene que uno se ha de responsabilizar de sus actos, flaco favor le hacemos a los hijos si los padres miramos hacia otro lado.

Crecen, los hijos crecen. Y cada vez nos necesitan menos y cada vez tienen que hacerse cargo de ellos mismos. Sufrirán, claro que sí y te enterarás de ello pero también se divertirán (y eso te lo contarán menos).

Pasa la vida. Así que a vivir.

 

 

Ver Post >
Los hijos que no hablan a sus padres (y viceversa)
img
Carlos Pajuelo | 06-09-2016 | 21:53| 0

Dejar de hablar a los hijos es como adentrarse en un laberinto del que es difícil salir

“Mi hija no me habla”, esto es lo que me dijo, el otro día, una amiga que estaba preocupada porque su hija se había enfadado con ella, por cualquiera de los infinitos motivos que un hijo puede encontrar para dejar de hablarles a sus padres, y que esa actitud de rebeldía silenciosa se iba acentuando con el paso de los días. Me dijo que estaba desesperada y que no sabía qué podía hacer, “Carlos, ¿qué puedo hacer?”. Y yo le pregunté, “¿y tú le hablas a ella? Pues tampoco, me dijo tajantemente.

Educar hijos, sobre todo cuando éstos son adolescentes o postadolescentes (que son esos que ya son más mayores y viven en nuestras casas a menudo como si estuvieran en un hostal, eso si hostal con servicio de lavandería y cocina), es una tarea en la que inevitablemente surgen los conflictos y más de una vez utilizamos como forma de resolver ese conflicto el silencio. Nos dejamos de hablar hasta que se nos pase el enfado.

A veces, ese enfado se enquista y se hace continuo en el tiempo. Conozco alguna historia triste de padres e hijos que no se hablaban y en ese tiempo de pertinaz silencio un accidente, una  doméstica tragedia,  se lleva por delante la vida de un padre o de un hijo que no se hablaban y que desde ese momento nunca más podrán hacerlo. Nuestra vida es frágil, la vida no se detiene, no hay posibilidad de dar al botón de “pausa”. Se vive, se vive tal y como la vivimos.  Y esto, te recuerdo, lo enseñamos los padres desde que nuestros hijos son pequeños. No lo olvides.

Qué hacer si tu hijo no te habla

En primer lugar, entender las razones de su enfado, aunque a ti no te parezcan suficiente, es SU enfado. Entender no significa que estés de acuerdo. No le digas que ese es un comportamiento pueril, que no tiene razón, etc., etc. Todos tenemos derecho a sentirnos enfadados o molestos.

En segundo lugar, una vez que conocemos la causa de su enfado podemos determinar si debemos de dar alguna explicación o disculparnos, de pedir perdón porque nuestro comportamiento haya molestado, te recuerdo que a veces los padres decimos cosas a nuestros hijos que llevan una carga considerable de “mala leche” o bien, podemos decirle a nuestros hijos que entendemos que les haya molestado nuestra acción o nuestra decisión pero que eso es parte de nuestra tarea de educar.

En tercer lugar, tú no dejes de hablarle. Aunque no te conteste. Háblale. ¿Qué no te llama por teléfono?, pues llama tú, no de manera insistente pero si frecuente. Mantén siempre la disposición al diálogo. Siempre. Sin desaliento, sin desanimo.

En cuarto lugar, no olvides que tener diferentes ideas políticas, diferentes estilos de vida no significa que tu hijo o hija estén equivocados. Enseña, practicando, el respeto a lo que es diferente a ti. Todos los padres deseamos que nuestros hijos tengan sus propias convicciones para que sean menos influenciables y el día que tienen sus propias ideas, ¿los vas a criticar?.

En quinto lugar, padres e hijos tenemos derecho a estar enfadados. Pero hasta estando enfadados podemos encontrar la manera de continuar hablando a los que más queremos. Así le enseñaras a tus hijos que el rencor es un lastre.

¿No le hablas a tu hijos?, Ya estás tardando, llama. Eso es dar ejemplo.

Por cierto este artículo también sería muy recomendable para que lo leyeran Mariano, Pedro, Pablo, Albert y compañía.

En el artículo que escribí, Para educar hay que hablar, encontrarás algunas claves para mejorar tu comunicación.

Ver Post >
Educar hijos, otra manera de adelgazar y aprender idiomas
img
Carlos Pajuelo | 31-08-2016 | 21:48| 0

Comenzamos el curso. Ánimo y confianza.

Todos los Septiembres se inician con los mismos buenos propósitos, perder kilos, unos kilos que ya nos tienen tanto cariño que les cuesta trabajo dejarnos; aprender idiomas para que se nos quite de la cara esa sonrisa tontorrona que se nos pone cuando no nos estamos enterando de nada de lo que nos dicen cada vez que viajamos a otros paises; y por último, superar ese síndrome postvacacional que fundamentalmente aparece en los telediarios o iniciar un coleccionable que nunca terminará de coleccionarse.

¡Qué buenos propósitos nos inspira Septiembre!

Con los hijos nos ocurre igual, ya llevamos varios días pensando lo que este curso vamos a hacer, pase lo que pase y le pese a quién le pese. Dándonos ánimos, diciéndonos que este curso no vamos a cometer los errores que cometimos en el pasado: “Hijo, curso nuevo. Vamos a empezar bien”.

Pero la verdad es que la cabra tira al monte y algunos padres y madres también.

Comienza el curso nuevo y te recuerdo solo tres cositas:

Tus hijos necesitan educación, esto quiere decir que necesitan modelos de comportamientos correctos, estables y sistemáticos. Nuestros hijos aprenden de lo que ven hacer a sus padres. Si, por eso educar, a veces, es tan agotador porque nos exige estar alerta, atentos a lo que hacemos y decimos delante de ellos.

Tus hijos necesitan responsabilizarse, de manera progresiva, de su propia vida. Para ello necesitan normas y límites que les sirvan de guía.  Responsabilizarse progresivamente de sus estudios es tarea de tus hijos y requieren tu ayuda para ello.

Tus hijos necesitan certeza de que algo les va a ocurrir cuando se salten las normas o no se hagan cargo de sus responsabilidades. El castigo no es una venganza, es una consecuencia. Y los hijos cuando están privados de hacer algo que les gustaría se enfadan, se cabrean, dejan de hablarte, despotrican. Así es la vida.  Pero tienen que aprender a tolerar la frustración  en sus propias carnes.

Educar adelgaza porque para educar hay que mover el culo; educar te ayuda a entender el idioma en el que hablan tus hijos y sobre todo, educar a tus hijos es el mejor coleccionable que vas a hacer en tu vida. Y por si fuera poco todo lo anterior, educando no te afecta el famoso síndrome postvacacional.

Aquí estamos un curso más para ayudarte en esta tarea.

Ver Post >
De los Juegos Reunidos Geyper al Pokemon Go.
img
Carlos Pajuelo | 10-08-2016 | 15:50| 0

Interesarse por los juegos de nuestros hijos es una manera de "hacer familia"

Las nuevas tecnologías introducen cambios en muchos de nuestros comportamientos cotidianos de tal manera que ya podemos hacer operaciones bancarias desde el móvil, hacer la compra, buscar novia/o, reservar un hotel, etc.
El mundo de los juegos también está influido por estos avances y todos los padres y madres somos testigos de cómo nuestros hijos se ven atraídos por estos juegos. Asistimos al fenómeno que ha supuesto el juego de Pokemon Go que nos trae como locos en la búsqueda de Pikachu y compañía por las calles y plazas de todas las ciudades.

Ante estas novedades es bastante habitual escuchar a personas echar pestes con las consabidas frases “estos niños no saben jugar ahora” mientras evocamos, al más puro estilo “heno de pravia” los juegos tan maravillosos a los que jugábamos cuando eramos zagales: el pincho, rayuela, el escondite, el burro, etc. Y sumidos en esa invasión de melancolía nos crecemos y hablamos del palo, de ese palo mágico que se transformaba de espada en fusil y de fusil en arco.  Luego, más tranquilos, terminamos el repaso con el monopoly, y como no, con los Juegos Reunidos Geyper. ¡qué infancias y adolescencias las nuestras!
Yo creo que es un síntoma de vejez muy claro eso de creer que nuestras infancias y adolescencias son mejores que las de nuestros hijos. Porque no son mejores, son simplemente diferentes.

Pokemon Go, como muchos otros juegos es una estupenda oportunidad de enseñar a nuestros hijos a utilizar las nuevas tecnologías y a utilizarlas de forma responsable.

Interésate por los juegos que les gustan a tus hijos, así, si a tus hijos les gusta el juego, sal con tu hijo a buscar Pokemon y así le podrás enseñar a poner límites de tiempo a los videojuegos.

Muestra interés por los diferentes tipos de Pokemon  que “caza”. Comparte su alegría, cuando descubra uno raro y hazla tuya. Aprovecha para que haga cálculo mental, los Pokemon dan para hacer muchas cuentas, haciéndoles preguntas diferentes. Que practique su memoria recordando nombres y evoluciones.
Andar y pasear por la ciudad es también una manera, no sólo de hacer ejercicio y salir de casa, sino también de descubrir lugares que tiene su “historia”.

Recuérdale que  hay normas que respetar y sobre todo enseñale a que se quede con ganas de seguir jugando. Aunque se enfade. Enséñale a que a prenda a diferir las recompensas

La vida familiar se construye haciendo cosas en familia. Así que aprovecha la oportunidad que nos brinda la búsqueda de Pokemon para enseñar a nuestros hijos a “hacer familia” mientras aprenden a utilizar las nuevas tecnologías.

Compartir une, criticar y minusvalorar no.

Pokemon pasará, pero la infancia de nuestros hijos también pasa… ¿Te la vas a perder? , ¿te la vas a pasar poniéndoles pegas a sus juegos? Aprovecha para crear recuerdos para toda una vida.

Ver Post >
Educar en el respeto: “No hijo, no somos mejores que los que piensan diferente”
img
Carlos Pajuelo | 12-07-2016 | 16:57| 0

El respeto es la base de la educación

Esta tendencia patria a creernos poseedores de la razón genera el convencimiento de que nuestras ideas son siempre mejores que las de los demás, nuestros pensamientos más acertados, nuestro partido político el único que se salva de la mediocridad y nuestro equipo de futbol el único que defiende la esencia de lo que es el futbol. La razón es nuestra y los demás simplemente están equivocados o, lo que es peor, son unos “mierdas” o unos “gilipollas” que no tienen derecho a nada que nos molestan con sus creencias.

Lo vemos en las redes sociales continuamente y en las tertulias de los medios de comunicación, lo vemos en nuestros trabajos, en los bares y, a veces, en nuestras casas. Un desprecio a lo diferente que lleva a situaciones extremas.

Los padres tenemos la obligación de educar a nuestros hijos y una de las bases de la educación reside en el respeto.

Respetar  a los demás defendiendo tus ideas, tus posiciones, tus creencias, mostrando el valor de tus ideas, tus argumentos y tus creencias. Y no denigrando, difamando, ofendiendo, a los que piensan de forma diferente.

Respetar tus ideas puede llevarte a hacer proselitismo de ellas, a defenderlas, a hacer de ellas tu modo de vida. Pero si no respetas las ideas de los demás, por mucho que te resulten molestas, por mucho que te creas superior moral o intelectualmente, solo serás un forofo, más o menos “hooligan” pero forofo.

Llamar “mierdas” a los que no piensan como tú solo demuestra nuestra propia incapacidad para defender nuestras ideas. Más defensa de nuestros valores y menos soberbia intelectual o moral.

Espectáculos de odio mutuo como al que hemos asistido con la reciente muerte de un torero son una evidencia de que aún tenemos mucho que aprender. Nos obligan a plantearnos qué es lo que queremos trasmitir a nuestros hijos.

Y entre tanto odio, nos encontramos con una bocanada de aire fresco, un niño portugués, con su bandera en la mano, nos dio una lección de empatía, de respeto, al finalizar la copa de Europa. Consoló a un hincha del equipo contrario que lloraba por su derrota y cuando se aseguró de que el perdedor ya no estaba presente desplegó su bandera. No quiso que su júbilo pudiera herir a otros.

Si lo hace un niño lo podemos hacer todos. Si nos lo enseña un niño es que debe de ser fácil enseñarlo. Mira a tus hijos y piensa si te gustaría que defendieran sus ideas ofendiendo a los demás. Pues da ejemplo.

Ver Post >
El libro de Sonia Esquinas que ayuda a los niños a dormir
img
Carlos Pajuelo | 10-07-2016 | 12:15| 0

Cuéntanos quién es Sonia Esquinas.
Soy psicóloga desde hace 22 años en Sevilla. Mi labor profesional se centra en consulta privada de infantil y adultos, atención a Escuelas Infantiles y Colegios, Escuela de Padres, Conferencias, Formación y colaboradora de Cope y Canal Sur Radio. También colaboro con el Instituto de Investigaciones del Sueño, en Madrid, bajo la dirección del internacional neurólogo Diego García Borreguero. Y Soy autora del libro “ Cómo Ayudar a los Niños a Dormir. Técnica del Acompañamiento”. Edit. Desclée de Bouwer, que salió a la venta el curso pasado.
La Psicología es mi vocación y mi pasión, pero además de todo esto, soy madre de 4 hijos, por lo que sé perfectamente lo que se queda en la teoría y lo que se puede llevar a la práctica en el tema de la educación.
¿De qué trata tu libro?
Es una Técnica que he desarrollado a lo largo de 20 años de labor profesional. Es una serie de procedimientos que deben seguirse para enseñar a los niños a dormir y a que se vayan a la cama a una hora adecuada sin necesidad de que haya enfados.
En mis consultas, y por tanto en el libro, se analiza y se justifica el esfuerzo que debemos hacer en enseñar al niño a dormir, haciendo un símil con la comida. Una vez justificada la importancia del sueño y a su vez trabajada la motivación de los padres, se dan una serie de pautas para saber manejar la situación.  También se ejemplifica con distintos casos trabajados como un niño adoptado, otro al que hace poco se le ha muerto el abuelo, otro con falta de horarios, etc.
El manual está escrito en un lenguaje distendido, claro, conciso, sencillo y concreto para que se pueda adaptar a cualquier perfil, a la vez, que se haga ameno, dándole principal importancia a la forma de afrontar este aprendizaje y para ser entendido de principio a fin, sin la interferencia del lenguaje técnico.

¿A quién va dirigido el libro?
El texto va dirigido a los padres y madres que deben concienciarse de que dormir de manera efectiva y sin interrupciones es un aprendizaje que debemos inculcarle a nuestros hijos, de la misma forma que enseñamos a comer con cubiertos, a comportarse en determinadas circunstancias, a leer, a escribir…pero de una manera en la que no tengan que sufrir, ni los niños ni los padres. Con el beneficio de que bien trabajada, es 100% efectiva.

¿Y cómo pueden tener contacto contigo las personas a quienes les interese el tema?
Pues de muchas formas. Existe la posibilidad de impartir una conferencia, en la que siempre disfruto muchísimo llamada “Vamos a la cama que hay que descansar”, basada en el libro.
Tengo mi página de Facebook, Sonia Esquinas, psicóloga Sanitaria, La página de Facebook del libro Cómo Ayudar a los Niños a Dormir, dos cuentas en Twitter, @soniaesquinas y @ayudaradormir, El Blog de Sonia Esquinas. Psicología de Familia y también me podéis encontrar como Directora y coordinadora de Contenidos del Blog de Óscar González, (premio magisterio 2013 ) de su web Escuela de Padres con Talento.

Desde aquí quiero darte las gracias  Carlos Pajuelo por esta entrevista. Soy gran admiradora de su trabajo y tus conferencias son muy inspiradoras, pero aún eres mejor persona.

Gracias a tí Sonia por compartir con los lectores del Blog Escuela de Padres tus conocimientos.

Ver Post >
Padres con Emociones Displacenteras, un libro para educar.
img
Carlos Pajuelo | 10-07-2016 | 11:52| 0

 

José Serrano es un compañero de profesión y un amigo que trabaja como Psicólogo del Programa de Atención a la Familia en el Ayto. de Olivenza (Badajoz). Doctor en Psicología y profesor del Departamento de Psicología en la Unex, lo entrevistamos en este blog por que ha escrito un interesantísimo libro para ayudar a los padres en esta compleja tarea de educar a sus hijos.

José, ¿Qué son las emociones displacenteras? ¿Por qué el término “displacenteras”?

Son aquellas emociones que nos resultan incómodas, aquellas que no queremos experimentar o sentir. En mi opinión, son las mal etiquetadas como “negativas”. No hay emociones negativas. Yo diría que hay emociones que deseamos experimentar y otras que no deseamos albergar , como la vergüenza, el enfado, la ira, la tristeza, el miedo… Pero una cosa es nuestro deseo, y otra muy diferente la realidad. La cuestión es que la realidad nos dice que estas emociones displacenteras también poseen su función y son necesarias para vivir. Si frenamos o paralizamos nuestras emociones displacenteras, y las de nuestros hijos cuando nos vinculamos con ellos, también favoreceremos que estos últimos sufran dificultades emocionales y psicológicas, al igual que se verá mermada nuestra capacidad para constituirnos en padres y madres funcionales.

En tu opinión, por tanto, ser madre y ser padre es una experiencia fundamentalmente emocional…

Ser padre o ser madre no se reduce solamente a un conjunto de prácticas de crianza que los progenitores tengamos que poner en marcha con nuestros hijos, es mucho más que eso. No se puede simplificar solo a comportamientos. Ser mamá o papá es principalmente un complejo de emociones ligadas a pensamientos. No basta con saber qué límites y normas tengo que poner a mis hijos, ni tampoco cómo debo hacerlo, también hay que analizar cómo me siento cuando llegue la hora de hacerlo, cuáles son mis emociones asociadas a esos momentos concretos. De nada sirve decirle a mi hijo “cálmate hijo, tranquilo”, si no somos conscientes de las emociones que cortejan a nuestras palabras.

Cuando hablas de ser padre y de ser madre, salen de tu boca también las palabras “historia personal”, de hecho son dos palabras que forman parte del subtítulo de tu libro, ¿a qué te refieres? ¿piensas también que es relevante para lo que nos ocupa?

La historia personal es la mochila con la que viajamos todos los días cuando nos vinculamos con nuestros hijos. Es algo que carga nuestra espalda y jamás podremos desprendernos de ella. Algunos padres y madres me dicen que son incapaces de poner ciertos límites porque no quieren que sus hijos sientan hacia ellos lo que ellos mismos han sentido y sienten hacia sus propios padres. Están mezclando el pasado con el presente, esto es, lo que alberga su mochila con la relación que están estableciendo en la actualidad con sus hijos. Y esto, si se me permite, no es bueno para ser un padre funcional. Si mi padre ha sido muy autoritario conmigo y me lo ha hecho pasar mal durante mi infancia, no significa que mi hijo lo vaya a pasar mal porque yo le diga “no” a ciertas cuestiones que no le sirven para crecer.

Emociones incómodas, historia personal, experiencia compleja… ¿se hace necesario formar a los padres, entonces? ¿Cuál es tu opinión en este sentido?

Pienso que los espacios formativos, como por ejemplo tu blog de Escuela de Padres, son muy necesarios. En muchas ocasiones he dicho que los espacios de formación de padres deberían ser obligatorios, y también lo digo en mi libro, y no con ello quiero que padres y madres piensen que soy autoritario. Si uno echa un vistazo a la Convención Internacional de Derechos del Niño, se dará cuenta de que una de las ideas que sobrevuelan este articulado es la de que todos los niños del planeta tienen derecho a ser educados por padres preparados, competentes. Si a esta idea le sumamos el hecho de que el comportamiento de los padres supone un factor a tener en cuenta en la explicación de los problemas psicológicos de los hijos, hace que pueda justificar esta idea mía de la obligatoriedad de la formación a padres. Es más, estas acciones formativas yo las implementaría no solo cuando los padres son padres, sino también (y sobre todo) antes de que los niños nazcan. Un buen momento sería durante los cursos de preparación al parto. Es en este momento cuando padres y madres deben conocer aspectos muy importantes en relación al vínculo que establecerán con su hijo y en relación al que ya están estableciendo. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de salud mental, y en este tema la prevención es muy importante.

Hemos hablado de las emociones incómodas de los padres, hablemos ahora de las emociones displacenteras de los hijos…

En realidad, con este libro pretendo que los padres sean conscientes de las emociones que experimentan cuando sus hijos albergan tristeza, miedo, celos, ira… Cómo agenciar nuestras emociones para gestionar adecuadamente las emociones displacenteras de nuestros hijos, esa es la cuestión. Francamente, creo que los padres no nos tomamos muy en serio las emociones displacenteras de nuestros hijos, y esto puede acarrear un sufrimiento innecesario en los niños. Hablamos mucho de empatía, de ponernos en el lugar del otro, pero cuando tenemos que hacerlo con nuestros hijos, a veces “se nos remueven las tripas” y nos desbordamos. En vez de actuar comprendiendo la tristeza de nuestro hijo, la ignoramos y le transmitimos un simple “no te preocupes, no pasa nada”.

Una buena gestión de las emociones implicaría ser consciente de lo que nos está pasando y poder reflexionar sobre ello. Es muy importante ayudar a nuestros hijos a que pongan palabras a sus emociones, a su mundo interno y a lo que están experimentando.

¿Cómo podemos llegar a saber si lo estamos haciendo bien con nuestros hijos en relación a esto de gestionar adecuadamente las emociones displacenteras?

Si ayudamos a nuestro hijo a ser capaz de tratar bien sus emociones displacenteras, lo estamos haciendo bien. Al final, lo que tenemos que transmitir al niño es que las emociones son y que, por tanto, nadie está obligado a sentir tal o cual cosa. El problema no es lo que sentimos, sino los sentimientos que tenemos ante lo que sentimos.

José Serrano, ¿algo que quieras añadir?

Carlos, para mí ha sido un placer y un honor compartir contigo conocimientos en relación a la educación de los hijos, y por supuesto, darte las gracias por este post y entrevista.

El placer ha sido nuestro. Un lujo amigo poder compartir tus conocimientos.

Ver Post >
¿Prohibir los deberes en vacaciones?
img
Carlos Pajuelo | 19-06-2016 | 19:55| 0

las vacaciones son para descansar. Pero nunca se descansa de aprender.


El tema de los deberes escolares no es más que un síntoma de un problema para mí mayor, la falta de sintonía, en algunos temas educativos, entre escuela y familia. Una falta de sintonía que tiene como consecuencia una cierta radicalización de posiciones entre los que piensan o dicen abiertamente “es que los padres no quieren aguantar a sus hijos ” y los que piensan o dicen “los maestros venga a poner tareas y ellos tan tranquilos en su casa”.

Y de esta manera, cada vez que surge la ocasión, aprovechamos, familias y profesorado, para atizarnos.

Establecer un debate para ver quién tiene razón si los “deberistas” o los “antideberistas” me parece, además de aburrido, inútil. Porque los deberistas tienen razón en algunas de sus propuestas  y los antideberistas tienen razón en algunas de su propuestas y ambos, a la vez están, según mi criterio,  equivocados en algunos de los argumentos de sus propuestas.

Hace tiempo publiqué un artículo respecto a los deberes escolares en el que los deberes se entienden de forma diferente según pongas el énfasis en la escuela como favorecedora del desarrollo o la escuela cono favorecedora del rendimiento.

Está claro que en el tema de los deberes escolares, como en casi todos los temas que hacen referencia a la educación, es conveniente hacer análisis lo menos apasionados posibles. Los deberes no son ni buenos ni malos en su esencia. La bondad o maldad vendrá dada por su manera de ser utilizados.

Las vacaciones son para descansar, claro que sí. Pero nuestros hijos menores están en proceso de formación y por ello están en periodo de aprendizaje constante. Viven y aprenden y en vacaciones se viven muchas situaciones que ayudan a aprender.

En las vacaciones se hacen cosas diferentes, se cambia el “chip” por eso no se trata de “repetir” el mismo formato de la escuela, se trata de utilizar lo aprendido en la escuela en otros formatos diferentes.

¿Es acaso la lectura un deber? ¿No tenemos los padres el deber de animar a la lectura donde se pueden vivir aventuras?,

¿Es acaso escribir un relato, un diario, un resumen de una película vista o de un video juego un deber?

¿No tenemos los padres el deber de animar a nuestros hijos a que aprendan a relatar sus experiencias en diarios, comics, libros de viaje, etc.?

¿Es acaso, escuchar música o tocar un instrumento musical o grabar un cd con canciones para un amigo o amiga especial, un deber? ¿No tenemos los padres el deber de animar a nuestros hijos a practicar ejercicios que faciliten el manejo de ese instrumento musical, o enseñar a disfrutar escuchando música y seleccionando aquello que más se ajusta a lo que sentimos?

¿Es que, acaso, aprender es algo negativo y perjudicial en vacaciones?

La escuela hace una propuesta sobre lo que sus alumnos deben de reforzar en vacaciones. Y claro está, las familias tienen la potestad de decidir si están de acuerdo o no con que su hijo haga, o no, dichas tareas y desde luego elegir también el medio para hacerlas. Pero esto último requiere tiempo por parte de los padres, por eso son tan socorridos los libritos de ejercicios y ¡hasta que no hagas dos páginas no vas a la piscina!

Ya sabéis que mi opinión frente a los deberes es muy clara, los que NO tiene que hacer los deberes son ni los padres ni las madres.

El aprendizaje, aprender, es emocionante. Una aventura ésta la de aprender. Y las vacaciones siempre son estupendos momentos para hacer cosas emocionantes.

Esperemos que el tema de los deberes no se convierta en un asunto de estado y sí en una necesidad para establecer mejores vínculos de comunicación entre  familias y escuela.

Las vacaciones son para disfrutar, claro que sí. La sensatez ayuda mucho a disfrutar de las vacaciones y de los hijos también.

 

Otros artículos sobre el tema de los deberes:

¿Tienen muchos deberes nuestros hijos?

Quién tiene que hacer deberes en tu casa?

Cómo deben de organizarse los deberes?

 


 

 

Ver Post >
Menos whatsapp y más comunicación
img
Carlos Pajuelo | 12-06-2016 | 20:56| 0

¿te lo vas a perder?

La semana pasada iba yo dando un paseo cuando vi a una madre, pero podía ser de igual forma un padre, paseando mientras empujaba el cochecito de su bebé. Me llamó la atención porque la madre iba entretenida con su teléfono móvil. Su bebé, que tendría unos 6 o 7 meses la miraba a la vez que emitía una serie de vocalizaciones. Pero la madre estaba absorta con su móvil. El bebé hablando y la madre sin contestar.

Los bebés en el primer año de vida necesitan a los adultos para poder poner en marcha todas las potencialidades emocionales, cognitivas, comunicativas que le ayudaran a construirse como persona.

Los seres humanos somos fundamentalmente seres sociales, tenemos una inteligencia eminentemente social y es a través de esta interacción social como aprendemos a establecer vínculos, a sentirnos emocionalmente seguros, a interaccionar, a comunicarnos.

Las pantallas, ya sean videos que estimulan la inteligencia, aplicaciones que entretienen en móviles o tabletas, son sólo medios que en los primeros años siempre deben de utilizarse acompañados por la presencia de los adultos. Usad el móvil no para entretener, sino para reforzar las conductas de interacción y comunicación de los niños con los adultos significativos, padres, madres, abuelos, etc.

El bebé nada más nacer comienza a presentar comportamientos que necesitan una respuesta y en la medida que obtengan esa respuesta por parte de los adultos, se va a ir generando y afianzando tanto el interés por la comunicación y la interacción a la vez que se establecen vínculos afectivos que dan seguridad emocional. Si no obtienen respuesta es probable que dejen de utilizar esa conducta.

Así que mira a tu bebé, habla con tu bebé, enséñale a tu bebé las cosas y o personas que hay a su alrededor, refuerza cada vez que mira hacia donde tú diriges la mirada, refuerza cuando te mire a ti e inmediatamente mire a otro objeto, hazle notar que le entiendes, que sabes lo que quiere. La imitación va a ser una herramienta extraordinaria para que tu hijo aprenda todas estas habilidades. Para imitar es necesario tener un modelo a imitar.

Cuando tu bebé empiece a balbucear interpreta todos sus balbuceos como si te estuviera hablando y diciéndote “olé las madres guapas”, “olé los padres bonitos” y míralo, sonríele y dile “bonito o bonita tú”, y dale el suficiente espacio de tiempo para que te “responda” con un nuevo balbuceo y vuelve a responderle tú. Así enseñamos a hablar a nuestros hijos, hablando.

Utiliza las nuevas tecnologías como un instrumento para comunicarte con tu hijo, no para que esté entretenido y te deje tranquilo o tranquila (bueno, diez minutitos de tranquilidad tampoco es malo). Pero no le dejes que interaccione con las máquinas porque las máquinas no responden, no sonríen, no enseñan. Tú sí.

Tu hijo va a crecer rodeado de móviles, tabletas, ordenadores, y todos le van a ser muy útiles pero recuerda que tener amigos, charlar, comunicarse es una estupenda medicina para cuando vienen los días malos, así que no dejes de comunicarte, tú hazlo porque eso deja huella.

Los bebés crecen rápido, muy rápido. ¿te lo vas a perder?

Guardar

Ver Post >
Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Cultura. Compagina su labor de Orientación con la de profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

Otros Blogs de Autor