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¿Cómo hablar de sexo con los hijos?
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Carlos Pajuelo | 27-01-2016 | 17:27| 0

La educación afectivo-sexual tambien es tarea de padres y madres

 

Mi amiga Paqui me llamó hace unos días y me comentó, con una mezcla de sentimientos de asustada e impresionada, que una amiga suya que tiene mucha confianza con su hija de 17 años se quedó estupefacta cuando la hija le pidió que le enseñara “estrategias” para tener una vida sexual placentera. La madre para salir del paso le dijo: “bueno, eso ya lo irás aprendiendo, ahora céntrate en los estudios que es lo que tienes que hacer y déjate de tonterías”. A lo que su hija le contestó, a lo Concha Velasco: “mamá yo quiero saber cómo se tienen orgasmos”.

Educar a los hijos en un clima de confianza mutua conlleva que los hijos pueden hacer demandas, más o menos educativas, a los padres en el área del desarrollo afectivo-sexual. Conozco algunos casos de hijos e hijas que les piden a sus padres información que precisamente no tiene que ver con los aspectos biológicos de la reproducción, sino con las destrezas y habilidades amatorias. Responderles:“Tú estudia, y déjate de tonterías” es una respuesta “salvadora”, pero no sé si educativa.

¿Por qué hay que hablar de sexo con los hijos?

La educación sexual sigue siendo un tema en el que los padres nos movemos con cierta dificultad, fundamentalmente porque, por un lado, nos cuesta imaginarnos a nuestros hijos e hijas adolescentes como personas con deseo sexual; y por otro, porque sentimos pudor porque no sabemos cómo hacerlo.

Cuando un adolescente quiere información la busca pero, a veces, la información que encuentra le llega por la via de un “experimentado profesional” de su misma edad. ¿No crees que es un poco arriesgado dejar en manos de los amigos, compañeros o Google la educación sexual de tus hijos? ¿No crees que igualmente es arriesgado no dar ningún tipo de orientación e información realista?

Las conductas sexuales pueden convertirse para algunos adolescentes es una situación de malestar, incluso sufrimiento, y mucho más aún si  se une a la inexperiencia propia de la edad, ideas falsas, o mitos sobre la sexualidad.

Nuestros hijos saben perfectamente todo respecto a los aspectos anatómicos y biológicos de la reproducción, pero no saben nada respecto  a la diferencia que existe entre lo imaginado y lo real. Y los padres somos una estupenda herramienta para anticiparles la realidad con la que se puede encontrar.

Antes los hijos no hablaban con los padres de sexo. Ahora sí. Pero no lo olvides: nosotros somos los padres, no sus colegas. Hablar de sexo con nuestros hijos es hablar de desarrollo afectivo-sexual y, por lo tanto, es hablar de valores, de cariño, de respeto, de comunicación, pero también ser explícito en conductas que entran dentro de la normalidad (falta de conocimiento de otros cuerpos, eyaculación precoz, dificultad para excitarse, etc) y que algunos adolescentes pueden interpretar de manera equivocada acarreándoles un sufrimiento innecesario. Enseñarles que no se preocupen tanto por la forma como por el fondo, y que como casi todas las cosas de la vida se aprenden mediante la experiencia. Los padres no somos instructores de kamasutra, los padres somos instructores de valores, de actitudes y de comportamientos.

¿Cómo hablar de sexo con los hijos?

En primer lugar, no haciendo distinción entre chicos y chicas. La educación sexual está asentada en valores como el respeto al otro, el cuidado del otro, el afecto, la coresponsabilidad.  Y esto es obligado tanto para los chicos como para las chicas.

Aprovecha sus primeras experiencias de enamoramiento para hablarle de lo que crees que es un comportamiento  adecuado, y lo que crees que es inadecuado  en sus relaciones. Y háblale claro, no recurras a parábolas como la de “hija, ten cuidado  no te vayan a echar algo en la coca-cola”, cuando tu preocupación realmente es otra. La educación afectivo-sexual de los hijos requiere que los padres les hablemos claro respecto a lo que ocurre o puede ocurrir cuando uno cree que está enamorado. No se trata de negar lo que nuestros hijos sienten, sino orientarlos respecto a la necesidad de responsabilizarse de sus decisiones, de sus acciones.

Los padres tenemos el deber de controlar y supervisar a nuestros hijos menores y los límites deben girar alrededor de los valores de cada familia. Son los valores que tú quieres inculcar a los hijos, y no el miedo, lo que nos ayuda a marcar los límites respecto a lo que consideramos adecuado o no.

Hablar, informar, guiar, educar, para ayudar a nuestros hijos a desarrollar una sexualidad que sea lo más gratificante posible.

 

 

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Cómo educar sin asustar (y sin estar asustado)
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Carlos Pajuelo | 17-01-2016 | 17:52| 0

Los padres valientes tienen miedo pero no dejan que sea el miedo el que eduque a sus hijos

Los padres valientes tienen miedo.

Hace unos días recibí un correo electrónico en el que un lector del blog Escuela de Padres me contaba que la inmensa felicidad que le había ocasionado el nacimiento de su hijo se estaba viendo afectada por la aparición de un sinfín de miedos respecto a calamidades que le pudieran ocurrir a su criatura. Estos miedos le llevan a estar constantemente alerta intentando anticiparse a cualquier situación peligrosa que pudiera afectar a su hijo. Un sinvivir.
Y qué verdad es que como padres  deseamos con ansia evitarles cualquier situación de peligro, de malestar, de dolor, de sufrimiento a nuestros hijos.
El miedo es natural, el miedo es un mecanismo que nos ha permitido sobrevivir como especie porque el miedo nos ha hecho desarrollar comportamientos para cuidarnos.
Los padres valientes tienen miedo y lo saben, pero no dejan que sea el miedo el que eduque a sus hijos porque no quieren que sus hijos crezcan asustados.
La vida de los seres humanos es frágil y se ve fácilmente amenazada por muchos y diferentes acontecimientos, pero si pretendes tener control sobre todos los peligros que pueden afectar a tu hijo vas a crear una burbuja que se llama sobreprotección y los hijos sobreprotegidos se vuelven personas incapaces de gestionar su propia vida.
Que tengas miedo es normal, eso es de valientes. Las personas que no tienen miedo  insensatas. Tener miedo no significa vivir asustado, ni vivir asustando.
Para educar sin asustar,  puede ser una buena idea:
1.- Dar razones de por qué no se debe de hacer algo en vez de recurrir a meter miedo para que no lo haga. El “coco” es Pan para hoy y hambre para mañana.
2.- Enseñar a los hijos a tener frente a la vida una actitud positiva les ayuda a valorar la vida y por lo tanto a desarrollar conductas que les ayuden a preservarla.
3.- El malestar, sufrir, no tener lo que uno desea, etc. son situaciones normales e inevitables en la vida de las personas. Y cuando la vida da palos se pasa mal y el trankimazin y la psicología pueden ayudar a afrontarlo pero lo que no pueden hacer es evitar sufrir.
La finalidad de la educación no es evitar todos y cada uno de los potenciales peligros que les puedan afectar a nuestros hijos, la finalidad es que aprendan a vivir, que aprendan a afrontar todo lo que la vida les va a deparar, bueno o malo. Afrontar es vivir activamente.
4.- No puedes ocultarles y menos aún evitarles a los hijos la cara triste de la vida porque es una manera de hacerlos débiles e incompetentes para afrontar adversidades a las que más temprano que tarde tendrán que enfrentarse.
5.- Así que no le tengas miedo al miedo, aprovecha ese miedo para enseñar a tus hijos que amar, amar a los hijos, amar las cosas que hacemos, amar la vida,  es la mejor manera de aprender a desarrollar conductas que no nos pongan en peligro.
6.- Vivir… eso es ser padres: dar vida, vivir.

Sobeproteger a los hijos es una manera de meterles miedo en el cuerpo. Sobreproteger a los hijos te aporta una falsa seguridad, una tranquilidad efímera. Te recuerdo que tus hijos son muy pocos años unos niños y muchos años unos adultos que van a tener que organizar su vida. Tú decides qué y cómo quieres enseñarles.

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¡Papá, Mamá, moved el culo!
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Carlos Pajuelo | 03-01-2016 | 20:15| 0

Educar no siempre es una tarea cómoda.

Al mismo tiempo que la criatura, de seis o siete años, tiraba con todas sus fuerzas de la rama de una de las Glicinias que adornan el parque, miraba de reojo a sus padres tanteando cual era su reacción. Su padre le miró firmemente y, justo en ese instante que dura una mirada, la criatura cesó su intento de arrancar la rama de cuajo, pero en cuanto el papá hizo un gesto de “nene malo” meneando la cabeza como si en vez de cuello tuviera un muelle, el niño retomó su tarea de despojar al tronco de su rama. Cinco minutos después su madre le gritó, desde su silla, “nene, deja eso” pero la criatura estaba ya casi a punto de mostrar al resto de niños que jugaban a su alrededor que era más fuerte que el increíble Hulk. “Ve a por el niño que va a romper la planta” le dijo el padre con cierta desgana a su cari. La madre se levantó de su silla un tanto fastidiada con el cari y con el niño. Para cuando llegó la rama se había convertido en una espada laser de caballero Jedi. Su madre ante tal situación le espetó al niño: “¡Qué burro eres hijo, te vas a sacar un ojo” y se lo llevó hacia la mesa donde estaban los padres mientras arrojaba la rama hacia el arbusto. A lo mejor cree que así “agarra“.

Educar es una tarea muy “pesada”, a veces, ya lo hemos repetido en muchas ocasiones en este blog porque cuando educamos incomodamos a nuestros hijos y nos tenemos que incomodar nosotros también. Sí, educar conlleva dedicar tu tiempo, casi todo tu tiempo a enseñar, a guiar, a tus hijos.

Los hijos, mientras los estamos educando, se están construyendo como personas  y no saben nada, nada de nada, todo hay que enseñarlo. Y para enseñar hay que mover el culo.

Moved el culo padres y madres porque a los niños no podemos educarlos via wifi, ni con mando a distancia conectado a sus padres, así que no queda más remedio que levantarse e ir donde están ellos para enseñar qué es lo que deben y qué no deben hacer.

Mueve el culo papá, para que tu hijo vea que te tomas en serio lo que le estás enseñando.

Mueve el culo mamá,  y enseña en directo lo que hay que hacer en el parque, en un restaurante, en el cine, etc. y así evitaremos que tu hijo, además de dar la lata, diga eso de “es que yo creía que…”

Mueve el culo porque ser tolerantes significa que tienes que enseñar a tus hijos lo que es intolerable.

Moved el culo bien rápido papás y mamás cuando vuestros hijos empiecen a repartir leña a diestro y siniestro, o a molestar, porque cuando los niños no tienen aún autocontrol, tienen un padre o una madre que los deben controlar.

Moved el culo en vez de decir “te lo dije”. Educando no seas profeta, se maestro que enseña qué, cómo, cuándo, dónde.

Mover el culo, además de adelgazar, nos hace protagonistas de la educación de los hijos.

Cuando veas a un padre o a una madre que mueve su culo no te fijes en lo que hacen sus criaturas y pon en valor el esfuerzo de unos padres que están educando , eso hará sentir bien a los padres que educan y te lo agradecerán.

Así que no lo olvides, educar es una actividad, una acción. El sedentarismo no ayuda, dar voces tampoco. Mueve el culo y educa.

Y cuando la criatura se acueste. Siéntate y descansa porque mañana vas a tener que volver a mover ese culito.

 

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¡Por que soy tu padre!, ¡Por que soy tu madre!
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Carlos Pajuelo | 29-12-2015 | 21:21| 0

¡Porque soy tu padre!, ¡porque soy tu madre!, no es un grito de desesperación. Es la razón por la que educamos a nuestros hijos.

Hijo mío: Te quejas a veces de que respondo a tus protestas con un “¡Porque soy tu padre”. Y este no es un grito de desesperación, es, sencillamente, la razón de por qué educamos: ¡Porque soy tu padre, porque soy tu madre!

Yo reivindico el uso de esta exclamación: “¡Porque soy tu padre!, porque soy tu madre!” pero no como un grito sino como algo que es todo lo contrario a la desesperación o al enfado, por que alguien se tiene que encargar de la tarea de educar. Y educar a los hijos es una tarea para estar contento (aunque a veces se pasan las de caín).

Por eso te educo, aunque a ti te parezca que lo que estoy haciendo es incordiarte.

Por eso no tengo miedo a decirte NO, aunque te pongas hecho un modorro o una modorra y pienses que tienes los padres más horribles del mundo.

¡Porque soy tu padre!, ¡porque soy tu madre! por eso te castigo a veces, no porque me sienta fastidiado o frustrado con tu conducta sino porque todo lo que hacemos tiene sus consecuencias. Y además, entiendo que estés enfadado porque no te permito hacer cosas que te gustarían.

Por eso te hablo mucho porque me interesa todo lo que te ocurre.

Por eso no tengo ninguna prisa por darte rápidamente aquello que ya tendrás toda una vida para ganarte y disfrutar.

Por eso me levanto una y otra vez y no te doy por un” caso perdido”. Porque solo los padres y madres saben como duelen los hijos.

¡Porque soy tu padre!, ¡porque soy tu madre!, porque me importas, me interesas y te protejo, te guio y te superviso.

Por eso no te quito sufrimiento, no soy un escudo, soy un espejo. Te doy mi ejemplo, mi ánimo  y mis abrazos para que lo combatas.

¡Porque soy tu padre!, ¡porque soy tu madre!, por eso no quiero que sean los demás los que se ocupen de mi tarea solo intento que los demás me echen una manita.

Ni más ni menos, ¡porque soy tu padre!,  ¡porque soy tu madre! y en estos pocos años en los que eres un niño, un adolescente no puedo permitir quedarme de brazos cruzados, los tengo que aprovechar para darte lo mejor que tenemos: educación.

Feliz año 2016 a todos los padres y madres y nos seguimos viendo el año próximo en este espacio porque el mundo necesita que exclaméis, satisfechos: ¡Porque soy tu padre!, ¡porque soy tu madre!

 

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No, no se pega.
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Carlos Pajuelo | 17-12-2015 | 11:01| 1

Anoche cuando me enteré de la noticia de que un joven de 17 años le había dado un puñetazo al presidente del Gobierno me invadió un sentimiento de tristeza y de desesperanza.

Pero no quiero quedarme triste y desesperanzado porque situaciones tan reprobables como esta nos tienen que servir a los padres y madres para darnos cuenta de que tenemos mucho trabajo que seguir haciendo educando a nuestros hijos.

No, no se pega. Las bofetadas, los puñetazos, las patadas no educan.

Justificar bofetadas, puñetazos y patadas, no educa.

Desear para otros bofetadas, puñetazos y patadas, no educa.

El presidente del Gobierno  es “todas las mujeres de España” y a las mujeres no se les pega.

El presidente del Gobierno es “todos los niños de España” y a los niños no se les pega para educarlos.

El presidente del Gobierno representa “todas las ideas y creencias” de España y las ideas no se combaten con bofetadas, puñetazos y patadas. Se combaten con ideas.

Respetar ya lo hemos dicho en este blog muchas veces es un verbo que se conjuga en primera persona del presente de indicativo: YO respeto.

Hagamos de este día triste, de este hecho reprobable, una oportunidad para enseñar a nuestros hijos que las bofetadas, los puñetazos y las patadas no educan, no edifican, no hacen mejores personas.

A seguir educando. Y te recuerdo que los padres somos un modelo de educación para nuestros hijos. Tener ideas, ideologías, creencias opiniones, está genial pero más genial es enseñar a respetar las de los demás y practicar las tuyas.

Eduquemos, sigamos educando, para que esta bofetada no sea una bofetada inútil, triste, desesperanzadora.

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Los niños a los que nadie invitaba a los cumpleaños.
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Carlos Pajuelo | 02-12-2015 | 20:18| 1

Educar en la empatía nos exige "incomodar" a nuestros hijos e incomodarnos nosotros padres y madres.

Construir un mundo mejor, esa es la tarea que los padres tenemos encomendada mientras educamos a  nuestros hijos. Por eso educamos, porque un hijo educado es un hijo que logra que el espacio donde se desarrolle sea un lugar mejor. Un padre que educa mejora los lugares en los que educa. Una familia que educa construye un mundo mejor.

Hoy queridos padres y madres os voy a pedir que os pongáis en la piel de otros padres y madres, los padres y madres de los niños que sistemáticamente no se invitan a los cumpleaños, ni a comer, ni a jugar, ni a salir, por parte de sus compañeros.

Niños y niñas que son rechazados por diferentes causas, ¡qué más da la razón si lo que cuenta es que al final no irán al cumpleaños! Otra vez más, por enésima vez, serán evitados.

¿Es normal que los niños rechacen a otros niños? Claro que es normal; lo que no es normal es que los padres apoyemos esa situación, la reforcemos con nuestro silencio, la reforcemos con eso de “ellos deciden quiénes son sus amigos”. Claro que sí, claro que cada persona tiene que tener el derecho de elegir a sus amigos, pero los padres también tenemos el deber de educar.

Educar en la empatía requiere hacer preguntas y tomar decisiones. Pregúntale a tu hijo si en su clase existe algún niño que nunca va a los cumpleaños de otros niños, pregúntale por qué cree que pasa eso, pregúntale que cómo se sentiría él si le ocurriese eso.

Educar a veces nos exige “incomodar” a nuestros hijos, e incomodarnos nosotros, padres y madres. Hay niños y niñas que sólo necesitan una oportunidad para poder demostrar que son niños y niñas como los demás, aunque sean diferentes.

Invita a un niño al que nunca invitan. Hazlo por el niño, hazlo por sus padres, hazlo por tu hijo, hazlo por ti.

Un mundo mejor no es un mundo ideal, un mundo mejor es aquel en el que tenemos los ojos bien abiertos y no miramos para otro lado.

Invita a un niño al que nunca invitan. 

Y de paso recuerda el post en el que animo a los padres a combatir todo tipo de acoso porque esto también es educar.

 

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Hablar con los hijos de la tragedia de París.
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Carlos Pajuelo | 16-11-2015 | 20:52| 0

 

Noticias luctuosas y trágicas como la de la matanza del pasado fin de semana en París generan un gran impacto en todos nosotros. Es fácil que actos tan violentos generen ansiedad, miedo y desesperación.

Sin embargo, los adultos tenemos unas estrategias para poder hacer frente a estas noticias de las que carecen nuestros hijos, por lo que no deberíamos dejar pasar la oportunidad de educar, de hablar de este tema con los niños, que posiblemente no entiendan qué ha pasado, por qué, y que reaccionen con miedo.

Tener miedo es normal. El miedo es una emoción que nos ha permitido sobrevivir como especie. Pero una cosa es tener miedo, y otra diferente, vivir asustado. Los valientes tienen miedo, pero se resisten a vivir asustados.

Esta es la tarea que tenemos padres y madres: la de educar a nuestros hijos para que aprendan a no vivir asustados. Por ello, a la hora de abordar este tema con nuestros hijos, debemos tener en cuenta las siguientes claves:

1º.- Desdramatizar. Si los padres nos descontrolamos ante esta situación, si entramos en un estado casi de “pánico”, difícilmente vamos a poder ayudar a nuestros hijos a enfrentarse con calma a esta situación. La mejor manera de abordar esto es desde la calma y la tranquilidad.

2º.- Debemos preguntarles a los hijos qué piensan sobre este hecho. Así nos será posible poder identificar qué ideas y sentimientos son los que tienen respecto a esta situación, y así podremos ayudarles a que las elaboren y expresen correctamente.

3º.- No les digas que “no te preocupes” o que estas son cosas de mayores. Ningunear las emociones de los hijos no les ayuda ni a ellos ni a nosotros en nuestra tarea de educar.

4º.- Hacerles ver que es normal sentir miedo pero que, en la vida, es imposible poder tener control sobre todo. Que, a pesar de las dificultades con las que nos enfrentamos, la solución, la respuesta a estos miedos es continuar con las rutinas de nuestra vida.

5º.- Ayúdales, sobre todo a los adolescentes, a que “no se pongan de perfil” a la hora de dar explicaciones a estos hechos. No hay justificación para lo injustificable. En estas situaciones no hay espacio para la neutralidad.

6º.- Sentimos más empatía por aquellos que consideramos semejantes a nosotros, por aquellos que sentimos cercanos. Y eso no supone ninguna ofensa es sencillamente un mecanismo de identidad social. De la misma manera que siento más pena si muere un familiar de un amigo que si muere el familiar de un desconocido.

7º.- Eres ejemplo, te lo vuelvo a recordar. No vivimos en el mejor mundo de los posibles pero para que el mundo sea mejor encarguémonos cada uno de nuestro metro cuadrado, esa es nuestra tarea como padres y como ciudadanos, mejorar nuestro mundo más cercano. Así mejoraremos el de nuestros hijos.

8º.- A vivir, a seguir viviendo, con más o menos miedo, pero nunca asustados. Este es la mejor enseñanza que les podemos dar a nuestros hijos para que aprendan a dar respuestas adaptativas a situaciones que nos pueden paralizar.

Dentro de unos días pasará porque todo pasa. Al final de esto sólo quedará el dolor en las familias de las víctimas. El mundo seguirá girando.

Pero tú y tus hijos habréis aprendido algo nuevo. A que, para seguir viviendo es necesario no “mirar para otro lado”

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Educar, un viaje sin maletas.
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Carlos Pajuelo | 08-11-2015 | 18:28| 0

 

No hay viaje con más aventuras que el viaje de educar

La poesía también nos ayuda a educar.  A veces, en un pequeño poema cabe todo un tratado de educación y es que la verdadera sabiduría se viste de palabras sencillas. Y por eso, sabios son los poetas.

Hoy os quiero hablar de un lugar estupendo al que llevar de viaje a nuestros hijos, el viaje de nuestra vida. El viaje a Ítaca.

El viaje a Ítaca es el viaje con el destino más lejano (aunque  en kilómetros no lo parezca) y por esa razón, por ser un distante destino, tenemos que estar preparados para que se nos presenten todo tipo de peripecias. Lo mejor que tiene ese viaje es que vas a enfrentarte a imprevisibles acontecimientos y,  sin embargo,  no hay manera de hacerse un seguro que cubra todas las contingencias del viaje. Como no hay seguro, este viaje es una oportunidad para descubrir que ser valiente no es carecer de temor, sino impedir que el miedo sea el que decida. Un viaje en el que poder aprender que los valientes tienen miedo pero no viven asustados.

Un viaje en el que lo más importante no es llegar a la meta, viajando a Ítaca es necesario pararse a disfrutar de todos y cada uno de los nuevos paisajes. Paisajes que no se comparan, se disfrutan sin permitir que la impaciencia, las prisas, se adueñen del viaje. Llegar antes de hacer el camino es imposible. El mejor viaje es el que más te nutre mientras lo recorres.

Un viaje en el que hacer amigos, conocer a mucha gente y así poder aprender de la sabiduría de los que nos rodean. Todas las personas nos enseñan algo, a veces hasta lo que no debemos de hacer. Ese aprendizaje es impagable.

Un viaje en el que descubrir la cantidad de emociones que conforman la banda sonora de nuestra vida;

Un viaje para enriquecer todos los sentidos.

Por eso tenemos que desear que el camino sea largo;  son tantas cosas las que el viaje te ofrece que necesitamos todas y cada una de las horas del día para poderlas disfrutar.

Y en todos y cada uno de los días que dure este viaje hay que recordar que nuestro destino esa Ítaca porque allí queremos llegar. La mejor manera de no perderse en un viaje es saber a donde queremos llegar.

Así cuando llegues a Ítaca, a tu destino, tú y tus hijos enriquecidos con tal cúmulo  de experiencias, con tantos aprendizajes, es muy probable que nada de Ítaca os sorprenda.

Viendo Ítaca te darás cuenta que Ítaca es como todas las Ítacas, pero el camino que has recorrido,  es único, inolvidable, un camino que ha transformado la vida de tus hijos y la tuya.

Eso es educar: viajar a Ítaca.

Ah! Y no te preocupes, Disneylandia está de paso en el camino hacia Ítaca.

El poeta se llama Konstantino Kavafis y el poema  Viaje a Ítaca.

 

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Educar: la magia que no tiene truco.
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Carlos Pajuelo | 25-10-2015 | 19:16| 6

Educar es hacer magia sin trucos, sin varitas mágicas.

 

 

Hoy escribo mi post número 100, cien artículos escritos en este blog para madres y padres  con la única intención de animar y de hacer sentir competentes a los padres que están ocupados en la “entretenida” tarea de educar hijos.

100 artículos escritos y siento  no haber encontrado aún la varita mágica respecto a cómo  “hacer felices” a tus hijos y menos aún a vosotros los sufridos padres y madres. Llevamos casi tres años juntos y aún no he dado con las palabras mágicas que hacen que los hijos recojan los juguetes o sus calzoncillos; ni la manera de hacer que se pongan a estudiar; ni que hagan solos sus tareas; ni que obedezcan; que lleguen tempranito a casa y que estén contentos y respondan, con profusión de detalles, a todas nuestras interesantes preguntas. Vamos, que no he encontrado el camino que hay que seguir para que los hijos hagan lo que los padres deseamos: “dar satisfacciones”.

El mago sin magia. Eso es lo que soy yo.

Educar es hacer magia sin trucos, sin varitas mágicas. Educando hacemos que aparezcan en nuestros hijos e hijas comportamientos, valores, actitudes que les ayudarán a construirse como personas autónomas.  Educar es mágico.

Y esta es la magia de los padres: empeñarnos en educar, que es lo que está en nuestras manos, en vez de empeñarnos en buscar esa quimera de la felicidad de los hijos, que por cierto, esa tarea la tienen que hacer ellos solos. Si quieres que tus hijos sean felices no te queda más remedio que ponerte a ser feliz tú.

Yo la verdad no se qué es eso de la felicidad; lo que está claro es que no es un lugar en el que, una vez que llegas, te ponen una pulserita y te dan todo lo que quieres gratis. Ni tampoco es la felicidad un estado en el que no te afecta lo que ocurre a tu alrededor (eso creo que se llama “pasotismo”); y menos aún la ausencia total de problemas (creo que a eso se le llama muerte).

Soy afortunado porque a pesar de todas estas limitaciones que tengo como mago sin magia, me seguís brindando vuestro apoyo y cariño, por eso en este centenario artículo quiero daros las gracias.

Gracias a todos los padres y madres que me animan a seguir escribiendo porque encontraron alivio escondido en algún párrafo.

Gracias por todas vuestras sugerencias, que me ayudan a ser mejor comunicador.

Gracias por enseñarme que educar es una manera de vivir, que educamos con nuestros propios estilos personales, con nuestras experiencias, con nuestras competencias y con nuestras limitaciones.

Gracias por sonreír cuando hablamos de los “modorros”. Cada vez que sonríes te llenas de energía para seguir educando.

Gracias, especialmente, a los padres y madres que educan a hijos e hijas con discapacidad, con enfermedades mentales; hijos “secuestrados” por las adiciones; hijos ya solo presentes en el recuerdo. Los anónimos padres y madres coraje, porque nos dan ejemplo diario de que el verbo educar se conjuga en primera persona del presente de indicativo.

Gracias a los padres y madres que vierten lágrimas porque creen que son incapaces de encontrar la manera de ayudar a sus hijos. Educar es sembrar y muchas veces los hijos necesitan desarrollar muchas raíces antes de que veamos el tallo.

Gracias por educar, porque es la única manera de hacer de este mundo mejorable, un lugar mejor.

Gracias por agacharos, una y otra vez, a recoger la toalla cada vez que desesperados la arrojamos al suelo.

¿Felicidad? A veces estamos buscándola con tanto ahínco que no vemos que está a nuestro lado, en ti, en tus hijos, en tu familia, en tu trabajo, en la calle. Menos buscar y más sentir.

¿Tú haces magia? Seguro que si, la magia más blanca que existe, la magia de amar.

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“Educar es un coñazo, a veces.”
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Carlos Pajuelo | 04-10-2015 | 16:09| 0

Educar es a veces una tarea frustrante que hace sentir mal a los que educan.

 

“Educar es un coñazo, a veces” no es una frase de Paulo Coelho, ni de Einstein, ni de ningún gurú de la educación. Esta frase es uno de los descubrimientos que realizamos padres y madres cuando educamos y que, por lo general, no nos atrevemos a confesar abiertamente delante de nuestras amistades o familiares. Educar, la tarea de educar es determinados momentos es cansina, desalentadora, frustrante.

El nacimiento de un hijo es una noticia que llega a nuestras casas como un acontecimiento cargado de felicitaciones y parabienes. Los futuros padres y madres leen un montón de revistas especializadas sobre cuidado del bebé, educación, etc., pero ninguna revista se llama “¿Vaís a ser padres?, os vaís a enterar.”  Justo desde el nacimiento, muchas veces, la criatura no para de de poner a prueba la competencia, el talento, la paciencia y la estabilidad emocional de sus padres.

La tarea de ejercer de padres está sometida constantemente a una evaluación por parte de aquellos que nos rodean y que, además, no se cortan en señalarnos con el dedo como responsables de todo lo que nuestro hijo no hace bien.

Educando se viven experiencias muy positivas pero también se vierten muchas lágrimas, lágrimas a veces de dolor, a veces lágrimas de impotencia,  lágrimas de rabia y frustración y también lágrimas de pena, de una amarga pena. Lágrimas que nunca salen en el Facebook. No, no están en ningún álbum de fotos y por esta razón hacen creer a padres y madres que sentir este hartazgo es de personas egoístas, de malos padres.

Yo se lo digo a muchos padres: “Educar es un coñazo, a veces.” Exige dedicación, mucha dedicación, tiempo, mucho tiempo en relojes de sólo 24 horas al día. Exige cuidar y controlar, supervisar y guiar, motivar, animar, acompañar. Educar desgasta, consume, agota.

Esto es lo que hay, negar la parte dura, ruda, arisca y agria de la educación de los hijos es una estupenda manera de negar la realidad y la mejor manera de venirse abajo en los momentos difíciles, y esen esos momentos difíciles donde hacen más falta los padres y las madres.

Educar es un coñazo, a veces, pero siempre es una oportunidad.

Una oportunidad para querer ser mejor persona, un mejor modelo de conducta.

Una oportunidad para poner en práctica eso de amar con generosidad.

Una oportunidad para confiar en ti como padre o madre y de confiar en tus hijos.

Una oportunidad para sentirte orgulloso de la tarea que ejerces como padre o madre.

Una oportunidad para olvidar el significado de la palabra rencor.

Una oportunidad para sentirte el faro más luminoso en mitad de la tormenta, sobre todo con esos hijos especialistas en generar ciclogénesis explosivas.

Una oportunidad para aprender que el sufrimiento no es una elección, sino una  pieza más con la que se construye nuestra vida ordinaria.

Una oportunidad para aprender a tener mesura.

Una oportunidad para ponerse a buscar dónde guardamos el saco de la paciencia.

Una oportunidad para descubrir el asombro.

Una oportunidad para aprender todos y cada uno de los días que somos padres.

Es verdad, los hijos arrancan nuestras sonrisas con la misma facilidad que nos arrancan las lágrimas. Los hijos nos dan la oportunidad de aprender lo que es la intensidad.

Esto es lo que da un hijo, dos dan el doble, tres el triple y así hasta el infinito.

Te lo digo yo, educar es un coñazo, a veces, pero es que todas las actividades que requieren pasión para ser desarrolladas consumen nuestras energías y nuestro tiempo. El tiempo de educar que se conjuga exclusivamente en tiempo presente: Yo educo.

¿Tú educas?, entonces ya sabes de qué estamos hablando.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Cultura. Compagina su labor de Orientación con la de profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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