Hoy

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Mi hijo juega con muñecas. ¿Qué hago?
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Carlos Pajuelo | 19-05-2015 | 17:22| 0

Las preferencias de juego de los niños no predicen nada respecto a su futuro

El otro día recibí este mensaje de un padre agobiado: “Mi hijo Daniel tiene 4 años, es un niño encantador, muy bueno, siempre se muestra feliz tanto en casa como en el colegio. Estoy verdaderamente preocupado, más que preocupado estoy asustado, porque  cuando juega en casa siempre busca cualquier prenda de vestir o un mantel o trozo de tela para ponérselo a modo de falda y se coloca un pañuelo en la cabeza como cabellera que mece al viento. Mi hijo juega con muñecas y su madre y yo cada vez estamos más aturdidos. El otro día me enfadé con él mientras le gritaba que estaba harto de verlo disfrazado jugando con muñecas. A veces me siento avergonzado por perder el control de la manera en la que últimamente lo pierdo;  y es que todo esto me pone de los nervios. Gracias por prestarme atención”.
Cuando el miedo por un incierto futuro, contagia nuestra actividad como padres, nos desestabilizamos. Tener miedo cuando educamos a nuestros hijos es normal ya que el acto de educar no es una tarea heroica.
Los padres tenemos que aprender, también, a ponerle nombre a aquello que nos asusta, ya que no se puede combatir a aquello que desconocemos, aquello que no tienen nombre. Y, a los padres de Daniel, igual que a muchos otros padres, lo que les asusta tiene nombre. Tienen angustia, temor por la futura orientación sexual de su hijo o de su hija, miedo a que se orienten hacia personas de su mismo sexo.

A lo largo de estos años he hablado con muchos padres y madres sobre este tema. Siempre les digo que es normal que los padres se descontrolen cuando tienen que enfrentarse a esta situación, porque los seres humanos somos muy convencionales, nos tranquiliza la semejanza, semejanza de ideas, de creencias, de comportamientos (que es a lo que llamamos normalidad) y nos genera incertidumbre y sobre todo mucho miedo lo diferente.

Nuestros hijos tienen, desde la séptima/octava semana de gestación, un sexo biológico; posteriormente, a lo largo de la infancia, van adquiriendo una identidad sexual (el sentido psicológico de ser hombre o mujer) y  desarrollan un rol social del sexo, con la observancia de las normas culturales de lo que se considera una conducta femenina y masculina. Y por último, se presenta la orientación sexual, una atracción emocional, romántica, sexual o afectiva duradera hacia otros que puede ser heterosexual, homosexual o bisexual.

Queremos tanto a nuestros hijos que nos paraliza la idea de que nuestros hijos e hijas puedan transitar un camino que creemos que les va a hacer sufrir. El camino de la incomprensión, de la no aceptación de las diferencias, sobre todo aquellas que están en relación con la orientación sexual.

¿Qué hacemos entonces?

En primer lugar los juguetes y los juegos no tienen la culpa de nada, no son el origen ni la causa de la violencia, ni de la orientación sexual, ni de la inteligencia. Los juguetes son medios, simplemente medios. Son nuestras actitudes, las actitudes que los padres mostramos mientras nuestros hijos juegan los que dotan al comportamiento de los hijos de la etiqueta de violencia, de sexismo o de educativo.

Me gustaría dejar claro que, tanto los niños y niñas que juegan respectivamente con juguetes (mal llamados)  de niñas o de niños, como aquellos que adoptan ademanes y gestos característicos del rol diferente a su sexo biológico, no tienen por qué terminar definiéndose sexualmente como personas del sexo opuesto. Hay muchos niños que juegan con muñecas, o niñas que juegan con coches y balones, que se desarrollan y crecen sintiéndose niños y niñas respectivamente.

Igualmente decirles que hay niños y niñas que desde pequeños van mostrando inequivocamente que su orientación sexual se dirige hacia personas de su mismo sexo.

Y si las señales son claras y diafanas, lo que hay que hacer es: Amar y respetar;  así de sencillo, así de difícil. Lo mismo que se hace para educar a cualquier hijo.

No ridiculices, fruto de tu inseguridad y tu miedo, a tus hijos llamándoles “nenazas” o “machoperícos”. Con ello sólo lograrás que se avergüencen gratuitamente de sí mismos. Y menospreciarse, avergonzarse de lo que eres no es la mejor manera de construir una personalidad segura y confiada. Si como padre te avergüenzas de la orientación sexual de tu hijo tienes una importante tarea por delante, la de dejar de pensar en los dimes y diretes de la “sociedad” y centrarte en cómo ofrecer a tu hijo tu amor y respeto, para que tu hijo aprenda a amarse y respetarse.

La orientación sexual no es una elección. Esto es así, no porque lo diga yo, sino porque hay suficiente evidencia científica que lo respalda. La mayoría de los científicos en la actualidad acuerdan que la orientación sexual es más probablemente el resultado de una interacción compleja de factores biológicos, cognitivos y del entorno. En la mayoría de las personas, la orientación sexual se moldea a una edad temprana. Además, hay pruebas importantes recientes que sugieren que la biología, incluidos los factores hormonales genéticos o innatos, desempeñan un papel importante en la sexualidad de una persona.(Asociación Americana Psicología)

La orientación sexual no puede interpretarse como una elección acertada o equivocada. Es una orientación personal e intransferible. Es verdad, por desgracia, que nuestra sociedad es mezquina si tu orientación no es la convencional. El sufrimiento a lo largo de nuestra vida es inevitable; pero hay algunos sufrimientos que se pueden hacer más llevaderos, sobre todo aquellos en los que hay aceptación, apoyo, comprensión  y respeto por parte de los que están a nuestro alrededor. Si un padre o madre no acepta la orientación sexual de su hijo o hija, ¿qué podemos esperar de los demás?

Los hijos son un bien preciado que no nos pertenecen, y conozco casos en los que padres y madres los rechazan y los pierden por puros convencionalismos sociales; esto no dice mucho sobre nuestra capacidad de amar y respetar.

No quieras tu propia felicidad para tus hijos; ayúdales con amor y respeto a que ellos elijan, sean dueños, protagonicen su viaje a la felicidad.

Salud, queridos padres y madres, que lo demás es mentira.

Badajoz a 18 de Mayo

 

 

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Gemelos, ¿juntos en clase, o separados?
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Carlos Pajuelo | 11-05-2015 | 16:54| 3

Separar como norma a los gemelos, cuando se escolarizan, carece del más absoluto rigor y priva a estos gemelos, en pro de una no se sabe qué mejoría, del bienestar que les produce estar juntos.

El camino de la educación de nuestros hijos está sazonado, entre otras cosas, con diferentes “leyendas urbanas”, creencias, mitos,  que nos acompañan cotidianamente dando valor y credibilidad a lo que son simples costumbres carentes de base científica que los avalen.

Me voy a referir a una de estas  falsas creencias, que tiene que ver con la escolarización de hermanos gemelos, mellizos, trillizos, y es la de que es bueno separar a los gemelos cuando se escolarizan  porque es lo más adecuado tanto para su aprendizaje como para su desarrollo personal.

Quiero partir de la base de que muchos hermanos mellizos o gemelos han sido separados en diferentes clases,  sin ninguna razón que lo justifique, y esta separación en la escuela no ha tenido a posteriori ningún perjuicio pero tampoco ningún beneficio.

Es por esto que, a falta de evidencia científica o mayor conocimiento, separar  como norma  a los gemelos, cuando se escolarizan, carece del más absoluto rigor y priva a estos gemelos, en pro de una no se sabe qué mejoría, del bienestar que les produce, por lo general, estar juntos.

Por esta razón deberían de ser los padres los que determinaran cómo quieren que se escolaricen sus hijos, si en la misma clase o en clases diferentes y la historia escolar y de aprendizaje de sus hijos les irá aportando información suficiente y necesaria para realizar otro tipo de planteamientos.

Me gustaría señalar la poca consistencia de los argumentos que se utilizan para separar de clase a los “múltiples” que es un palabro muy feo para referirnos a los hijos gemelos, mellizos, trillizos, etc.

Uno de los argumentos más utilizado es el de “para que puedan desarrollar su personalidad sin el influjo del hermano”. Vamos a ver, todos nosotros desarrollamos nuestra personalidad, además de por la importante influencia de factores genéticos, por nuestras experiencias individuales y colectivas, con los demás. Esos demás que nos influyen son los padres, los hermanos, los maestros, los compañeros de clase, los otros… ¿Por qué un hermano gemelo iba a ser “peor” influencia que, por ejemplo,  la de un compañero que sólo se dedica a “chinchar” (que mal haces la ficha, no sabes dibujar, que fea es tu camiseta, que feo es tu pelo, etc., .)?

Otro argumento es el de que la separación de los hermanos ayuda a su “desarrollo de la identidad”. Argumento erróneo porque los gemelos saben perfectamente quiénes son y cómo se llaman. Los que tenemos más dificultades para saberlo somos los que estamos a su alrededor. ¿No será que los separamos para que los adultos y compañeros sepamos con cuál de los hermanos estamos hablando? En caso de duda pregúntaselo al niño, que ya he dicho que ellos lo saben perfectamente.  Los gemelos y mellizos desarrollan sus mecanismos de identidad como el resto de los mortales así que porqué vamos a pensar que un hermano gemelo va a ser un obstáculo para el desarrollo de la identidad de su otro hermano y no aplicamos ese mismo criterio respecto de los padres, los profesores, los amigos de esos gemelos, la televisión, la sociedad, etc.

Otro argumento que se escucha es el de ” para que así puedan ampliar su vida social”, podría parecer que los hermanos gemelos tienen más cubierta esa necesidad, ya que desde pequeños se tienen el uno al otro y por esa razón, en el inicio de su escolarización, pudiera ser que no se sientan muy atraídos por hacer nuevas amistades, pero eso no quiere decir que, por estar juntos, no vayan a poder realizar estas actividades sociales con la misma destreza que sus compañeros. Son los contextos familiares y escolares los que tienen que propiciar situaciones de interacción social entre los niños porque esa es la manera de ampliar la vida social y relacional.

A falta de argumentos a favor de la separación nos encontramos con argumentos, que por el contrario, señalan la importante vinculación emocional que algunos gemelos, y otros hermanos aunque no sean gemelos ni mellizos, desarrollan. La seguridad emocional nunca puede ser un impedimento para el aprendizaje sino todo lo contrario un eficaz propulsor de estos.

La escolarización de los gemelos en aulas diferentes no cuenta con ningún respaldo en las leyes que regulan la escolarización ya que no hay ninguna recomendación basada en evidencia científica que la sostenga. Así que vamos a dejar que los padres sean los que decidan si quieren que sus hijos estén juntos o separados al inicio de la escolarización que tiempo habrá para poder determinar, si es que hubiera dificultades de aprendizaje, cual es el origen de éstas dificultades y cuáles son las medidas más oportunas para intervenir.

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Las otras madres coraje.
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Carlos Pajuelo | 04-05-2015 | 17:30| 0

A tu alrededor hay muchas madres y padres coraje. No los verás ni en la prensa, ni en la tv, pero no son invisibles.

Las imágenes de una madre sacando, a tortazos, a su hijo adolescente de una manifestación en Baltimore, han dado la vuelta al mundo. Madre coraje, Supermadre, madre viral, madre que se ha convertido en la bandera e imagen  de todos aquellos que creen que los padres y madres son omnipotentes y que, por lo tanto, el mundo sería un lugar más habitable con madres como la señora Toya Graham.

A mí me gustaría hablaros hoy de las madres y padres coraje que conozco y que seguro que tú también. Conozco a cientos de madres corajes solas, o junto a sus respectivas valerosas parejas, pero estos no salen en la televisión, ni son trending topic, ni casi nadie habla de ellas.

Ana, que crió a su hija con el cariño con el que la inmensa mayoría de madres y padres  crían a sus hijos. Ana veía crecer a una hija que parecía tener el don de hacer sentir bien a los que la rodeaban, fueran su familia, sus profesores, sus amigas.  Una mañana, casi sin avisar, Ana presenció cómo su hija tuvo que dejar su vida cotidiana aparcada para dedicarse a combatir una grave enfermedad. Allí estuvo Ana, día a día, noche a noche, codo con codo, al lado de su hija, con el coraje con el que madres y padres acompañan a los hijos que se enfrentan a enfermedades de final incierto. Varios años de lucha y después un tremendo vacío. Lucha y determinación que ahora le parecen estériles mientras mira el cuarto vacío de su hija. Ana en silencio, está aprendiendo ahora a tener coraje para vivir con el corazón, los huesos y el ánimo hecho jirones, a la espera de que las hojas del calendario le den un respiro.

Luisa, que estaba convencida de que, en su casa, la educación era lo único que no podía esperar a mañana. Y se dedicó, como se dedican cientos de padres, a esa cotidiana tarea que es la de guiar, poner límites, señalar modelos y querer  a sus hijos. Su hijo menor cuando apenas comenzaba a disfrutar de su  adolescencia, jugando como niño que aún era, se cayó de la bicicleta y entró en un sueño profundo, un sueño que, para todos, ya dura demasiado tiempo, menos para su madre que día a día cuida de su hijo con la esperanza de que en cualquier momento despierte.

Carmen que nada más nacer su hijo recibió, como un mazazo, la noticia de que su hijo “no va a ser como los demás” y estuvo unos días, lógicamente, paralizada por el miedo a si estaría preparada, si sabría ser una buena madre para  “un niño así”. Pero cuando las lágrimas se despejaron de sus ojos y se pudo mirar al espejo vio que su cara era la misma cara, que ella era la misma persona y que en la cuna quien estaba era su hijo. Se pintó los labios y, simplemente, se puso a educarlo, a quererlo desde ese momento, como solo las madres y los padres saben querer y educar a sus hijos. Día a día. Con los ojos abiertos. Así  descubrió que  la sonrisa de su hijo era como las sonrisas de los demás. Sabe que su hijo nunca será independiente, por eso lo educa día a día.

Saray, que trabaja limpiando casas más horas de las que caben en un convenio. Trabaja que trabaja porque quiere sacar a sus hijos del vecindario en el que vive, para darles la oportunidad de vivir en un “barrio humilde, de gente trabajadora“. Y cada moneda que gana con el sudor de su frente la acercan a llevar a sus hijos a un lugar donde los niños puedan jugar lejos de donde se venden drogas. Pero cada moneda también se va comiendo su maltrecha salud.

Jenny, que no dudó en embarcarse en la Odisea de los que nada tienen que perder y  por eso se metió con sus hijos en una patera, simplemente porque quería llevar a sus hijos a la vida. No, no es que quisiera lo mejor para ellos, sus hijos no tenían nada en su casa. Lo hizo, con el empeño, con la decisión de que sus hijos pudieran vivir. Simplemente vivir.

Cientos de madres y padres corajes, anónimos, padres y madres que luchan para que sus hijos tengan una vida mejor, los educan, pelean con ellos,  porque saben que  educar no es un camino fácil. Padres y madres que, sin necesidad de dar mamporros, están confiados en que educar y amar a los hijos es lo que hacen las madres y padres coraje: educar y amar gratis sin esperar nada a cambio.

Ana, Jenny, Saray, Carmen y Luisa, son madres coraje pero, tristemente, invisibles. Abre los ojos porque están a tu alrededor, tu sonrisa, tu reconocimiento, les dará luz.

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El niño de la ballesta, ¿son los padres responsables?
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Carlos Pajuelo | 26-04-2015 | 21:59| 0

Educar es la mejor herramienta para combatir el odio

Cada vez que una impactante noticia sobre el comportamiento malvado de un menor sacude nuestras conciencias, como con el reciente caso del adolescente barcelonés que asesinó a un profesor e hirió a  3 personas más, asistimos atónitos al rosario de interpretaciones que intentan explicar tal dislate.

Sin conocer al niño, ni a sus padres, sin información veraz, es muy aventurado hacer algunas de las afirmaciones que se han escuchado y leído estos días.

Queridos lectores, encontrar un culpable de este hecho tiene la función de calmar nuestra ansiedad, nuestro temor y así poder asegurarnos de que a nosotros eso no nos va a pasar.

Todas las alarmas se han disparado, como siempre,  a toro pasado. ¿Cómo es posible que haya ocurrido esto? Así que tenemos un abanico de opiniones gratuitas, “el niño tiene un trastorno mental”, dicen unos. ¡No!, aseveran otros, “el niño es simplemente malvado”; y los hay, los más, que dirigen el dedo acusador hacia sus padres :“qué hacían esos padres que no se han dado cuenta de que convivían con “la personificación del mal”.

Yo, insisto, no tengo información para poder dar una opinión, pero si que creo que este tipo de hechos son imposibles de evitar. Ni somos inmortales, ni somos la personificación de la bondad. Los seres humanos somos capaces de odiar, de muchas y diferentes maneras y lo aprendemos, porque lo enseñamos, desde edades tempranas. En nuestra vida ocurren muchas circunstancias y si en un mismo lugar y tiempo se dan varias de ellas, puede que ocurra aquello que creemos que es imposible que ocurra.

Yo al escuchar la noticia me acordé instantáneamente de los padres, pensé para mis adentros: menuda tragedia se le ha presentado a estos padres. Efectivamente, poco tiempo tardaron algunos en señalar, que la responsabilidad máxima sobre este hecho la tienen los padres del niño, que no han sido capaces ni de educar, ni de detectar  este comportamiento de su hijo.

Y para apoyar tal argumento, los opinadores, mostraban su alarma y repulsa  ante el hecho de que la criatura hubiera entrado en internet para buscar páginas sobre cómo hacer un coctel molotov y que, además, esto hubiera pasado desapercibido a los padres.

Me da igual que el niño sufriera un trastorno mental o que por el contrario este acto sea la consecuencia de un hecho planificado, porque,  la realidad es que el profesor muerto ya no volverá a la vida y su familia ya sólo tendrá la posibilidad de encontrar consuelo en el recuerdo. El resto de alumnos y profesores del instituto, al igual que los que hemos asistido atónitos a esta noticia poco a poco iremos recobrando nuestras vidas normales. Así es la vida, las víctimas sufren porque no pueden olvidar  y el resto olvidamos para seguir viviendo.

Me acuerdo de los padres del niño, porque ellos sí que se están enfrentando a un cambio, a un desgarro,  en sus vidas y todo porque su hijo eligió, directa o indirectamente, actuar de una manera dañinamente malvada.

Me acuerdo de los padres que se ven señalados por otros padres como si así, encontrando un culpable, nos pudiéramos quedar más tranquilo. “A mí no me va a pasar esto, porque eso es evitable”. Mientras haya gente que crea que este hecho es una consecuencia “lógica” de la relajación que tienen los padres con los temas de control y supervisión de sus hijos, encontrarán, en la cantinela esa de que los padres de hoy en día no saben educar, los culpables que andaban buscando.

Surgen voces que dicen: “hay que controlar a los niños, hay que registrar su cuarto, entrar en sus móviles”. Educar es supervisar, claro q si, y los padres pueden y deben entrar en el cuarto de sus hijos pero ¿para buscar y rebuscar, para espiar? … ¿para qué?. No se puede controlar todo, eso es imposible.

Si tu hijo no tiene edad de tener movil, no será mejor que “espiarle”, que no lo tenga;  si tu hijo no tiene edad de tener un ordenador en su cuarto, lo mejor es que no lo tenga. Te vas a tener que pelear eso ya lo sabes. Te recuerdo que educar es  ir dando autonomía progresivamente.  El control y la supervisión son más que necesarios. Pero también la sensatez, un poco de sensatez, porque los padres no podemos “fabricar hijos perfectos, socialmente perfectos”. Vivir, al igual que educar,  tiene sus riesgos.

Y por último,  otra ocurrencia, que me ha llamado la atención,  a raíz de este trágico acontecimiento,  es la de que esto se podría evitar si todos los niños entregaran  un certificado médico/psicológico en el colegio y así el problema está resuelto y nos quedamos tranquilos.  Como si recibir apoyo psicológico fuera sinónimo de tener un trastorno psicológico. ¿Os imagináis la que se liaría si la Administración les pidiera a los profesores un informe psicológico sobre su salud mental para tranquilizar a los padres de sus alumnos? Pues yo, la verdad, puestos a elegir prefiero que el certificado psicológico se lo exijan a a los que manejan los dineros públicos,  porque, esos, esos sí que pueden hacer daño.

Muertes tan absurdas como inevitables nos encontramos de vez en cuando y frente a esta realidad, tranquilidad y sensatez es lo que necesitamos para afrontar el miedo que nos causan. Y reafirmarnos en que  la tarea de construir un mundo mejor nos incumbe a todos.

Mi reconocimiento al profesorado, maestros y maestras, alumnado y padres y madres que desde la educación intentan construir un mundo mejor para todos.

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“No me gusta la novia de mi padre”
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Carlos Pajuelo | 21-04-2015 | 18:31| 0

 

Que a algunos  “se les rompió el amor de tanto usarlo” o de usarlo poco, es una realidad porque cada año en España se divorcian 130.000 parejas.  Las rupturas matrimoniales afectan a todos los miembros de la familia, a unos más que a otros, causando malestar, incertidumbre, incluso descontrol.

Ya hablé, en un anterior post ,de la manera de abordar con los hijos el divorcio de sus padres, pero en este post me gustaría hacer referencia a las dificultades que algunos padres y madres divorciados tienen para rehacer sus vidas y que el principal obstáculo para hacerlo proviene de la actitud que los hijos desarrollan frente al “novio” o la “novia” de sus padres. Hay hijos que rechazan a los “novios y novias” simplemente porque tienen la fantasía de que sus padres se puedan volver a unir, y obviamente, un nuevo “novio-novia” es un impedimento. Hay hijos que rechazan a los novios-novias por una cuestión de “lealtad” al  otro progenitor. Como si el aceptar a una nueva pareja de sus padres supusiera hacer un desprecio al otro. Otros hijos simplemente rechazan a los novios-novias por temor a perder el cariño de su padre o de su madre, por celos.

¿Qué hacer?, ¿Cómo actuar en estas situaciones?, ¿esperamos a que los hijos se conviertan en unos adultos para rehacer nuestras vidas?, ¿nos sacrificamos?

1º.- En un divorcio hay que ayudar a los hijos a afrontarlo y para ello hay que tener paciencia y entender su descontrol si lo hubiera,  pero esto no quiere decir que los hijos, los deseos de los hijos, sean más importantes que los deseos de sus padres.

2º.- Cuando los padres inician una nueva relación afectiva, la presencia de un “novio-novia” en la casa es una novedad, que requiere ir dando pasos progresivos.  No intentes “meter con calzador” a la nueva pareja,  ni obligar a tus hijos a que la acepten sin rechistar.

Si tu nueva pareja va a convivir con tus hijos, deberías de asegurarte antes que comparte contigo tus principios básicos sobre cómo educar, sobre cómo estás educando a tus hijos.

Los hijos tienen  que ver que nos encontramos bien, relajados, contentos con esta nueva situación, aunque ellos no lo estén tanto, y darles tiempo, un tiempo prudencial para que vayan haciéndose a la idea de lo que es inevitable, que su padre o su madre, o los dos, tienen nuevas parejas.

3º.- A los hijos que temen que la nueva pareja de sus padres les alejen de ellos hay que asegurarles su cariño, y eso se hace mediante  expresiones verbales, “te quiero”, y también dedicándoles tiempo, algo de tiempo, no todo el tiempo.

4º.- No malmeter a los hijos con las novias-novios de la expareja, porque lo único que se consigue es dañar a los propios hijos. Y malmeter a los hijos es como un boomerang que terminará volviéndose en tu contra.

5º.- La nueva pareja también tiene que hacer un esfuerzo para irse adaptando a una situación en la que siente el rechazo de los hijos de su pareja. Entender que, si se da el rechazo, es normal y lógico. No es fácil  ver por tu casa, con tu padre o con tu madre, a un “extraño o extraña”. Los adultos siempre tenemos que ser los que demos los primeros pasos, los que seamos más pacientes, los que damos más oportunidades.

6º.- Tu nueva pareja tiene que aceptar también una realidad y es que los padres divorciados forman un “pack” en el que están incluidos sus hijos. Y las relaciones con hijos por medio son diferentes, ni peores ni mejores.

7º.- ¿Discuten tus hijos con tu nueva pareja? Pues que entre ellos lo solucionen. Discutir entra dentro de lo lógico cuando se convive. Si te metes por medio terminará afectándote, porque todos querrán que te pongas de su lado.

8º.- Hay cosas que no se negocian con los hijos. Si tu hijo se niega, se resiste a que tengas una pareja, no permitas que te ponga en la tesitura de elegir.

9º.- Cuando a todo esto se añade que el novio-novia además tiene hijos, es normal que surjan nuevos problemas. Por si eramos pocos…

El amor conlleva la capacidad de renunciar, es verdad, pero renunciar por parte de todos, no sólo de los padres. Enseña a tus hijos a que ellos también tienen que aprender a renunciar a su “zona de confort” y a respetar los deseos de los demás. Desde ese respeto, el amor se fortalece día a día.

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“Los padres nunca serán como las madres”
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Carlos Pajuelo | 29-03-2015 | 16:47| 0

Amar a los hijos es la mejor manera de educarlos.

“Los padres nunca serán como las madres”. De esta manera es como dio por terminada nuestra última  conversación, mi amiga  Paqui. Una conversación que  mantuvimos acerca del papel de los padres, varones,  en la educación de los hijos. Una conversación sobre qué necesitan más los hijos. Ya sabes hablar por hablar. Y toda esta conversación surgió por la publicación de un reciente informe de la Asociación The Family Watch sobre el tema.

Es curioso que en los tiempos en los que los padres varones están más ocupados y preocupados por la educación de sus hijos de lo que lo han estado jamás los padres de anteriores generaciones, surjan intensos debates respecto a quién es más imprescindible para educar a los hijos; o respecto  al papel que deben de jugar los padres y las madres en este proceso de la educación de sus hijos.

Parece que lo único que tenemos claro es que para la fecundación hace falta que se encuentren un espermatozoide y un óvulo. Y da lo mismo que el lugar donde se encuentren sea un calentito útero que una fría pipeta.

Parece ser, igualmente, que para ser padres hace falta algo más que ser el dueño del espermatozoide o del óvulo.  Ejercer de padres es un compromiso que va más allá del simple intercambio de fluidos y que presupone la intencionalidad de desarrollar comportamientos, emociones y pensamientos que ayuden al hijo a optimizar su desarrollo.

Igualmente, es una realidad que los cambios sociales y culturales han dado lugar a la formación de diferentes modelos de familia y que en todas estas familias se educan hijos.

Que las madres y los padres somos diferentes no genera espacio alguno ni para la duda ni para la polémica. Que las madres y padres tienen los mismos derechos es algo igualmente incuestionable.  Que los  padres y madres tienen habilidades y capacidad para educar a sus hijos es también cierto.

Educar es una tarea compartida pero compartir es muy diferente a “repartir”. Hay algunos padres que llevan esto del reparto de tareas a tal extremo que yo los llamo “padre o madre de medio culo“, perdonadme la metáfora escatológica pero vendría a ser algo así como si estando los padres en el salón de su casa, comenzara a emanar del pañal de su bebé unos efluvios indicadores de que el proceso de transformación de los alimentos que la criatura ha ingerido ha llegado a su última fase; el padre se levantara a mirar bajo el pañal y le dijera a su pareja “Cariño, el niño se ha cagado en la parte del culo que te corresponde limpiar a ti”.

Colaborar, compartir, apoyar son verbos que ayudan mucho a educar y son verbos que hay que practicar.

Pero es verdad que yo como padre nunca seré como es la madre de mis hijos. Y tampoco quiero serlo.

Me encanta ver la estupenda relación que tienen; me encanta ver los detalles con los que se cuidan entre sí; me encanta que la llamen por teléfono; que le cuenten cosas. Me encanta verlos besarse; discutir; hablar; cocinar; etc. etc.

Yo soy su padre, me siento orgulloso de ellos. Entiendo su estupenda relación con su madre pero no me siento ni marginado, ni postergado, ni perdido en mi rol de padre. No siento envidia, ni siquiera  de la “buena”.

Yo soy su padre, no compito con la madre porque yo les doy a mis hijos lo que como padre les puedo dar, mi ejemplo (para bien y para mal), mi cariño incondicional, mi compromiso.

Eso es lo que siembro en ellos, lo que un padre y una madre siembran queda guardado para siempre. Una manera de relacionarse, una forma de comunicación que es exclusiva entre el padre y cada uno de sus hijos, entre la madre y cada uno de sus hijos. Una relación que forja profundas raíces reales e imaginarias.

No, como padre nunca seré como una madre.  Pero te recuerdo que esto de educar no es una competición, ni un concurso. Sencillamente un compromiso, un acto de generosidad, en el que día a día tengo la oportunidad de intentar hacerlo cada vez un poco mejor.

Uno puede vivir, desarrollarse,  cuidado por su padre y su madre. Pero también puede vivir cuidado sólo por su padre o solo por su madre. Y también puede uno desarrollarse, vivir, cuidado por alguien que no sea ni su padre ni su madre.

Lo que es más difícil es poder vivir, desarrollarse,  sin que alguien te cuide, sin que alguien te quiera, sin que alguien siembre en ti el recuerdo de un padre, el recuerdo de una madre.

Al final eso es lo importante,  confiar, confiar en que los que quieren a sus hijos, sean padres, madres, abuelos, padres biológicos o padres adoptivos, son capaces de cuidar a sus hijos de la misma manera en la que tú lo harías.

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Los niños que se borran los besos de la cara
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Carlos Pajuelo | 15-03-2015 | 19:31| 0

Solo se deberían llamar besos a los que salen del corazón

Carlos mi hijo, cada vez es más reticente a darnos besos; me paso el día pidiendo un beso, a veces rogando y el niño venga a decirme, que si soy una pesada, que lo deje en paz. Así que voy yo y, si lo pillo descuidado, le doy un beso, entonces, el puñetero niño, se pasa la mano por la mejilla haciendo un gesto como si se lo borrara, y me da un coraje que no veas. ¿Eso es normal?”. Esto me preguntaba, con cierta preocupación, mi amiga Paqui no hace mucho, abrumada porque tiene la creencia de que los besos son un estupendo pegamento para “hacer familia”.

Nosotros, por lo general, somos unos besucones, en cuanto nos presentan a alguien nos lanzamos a degüello y les plantamos un par de besos en la cara, como diría Sabina, “uno por mejilla”; hasta qué punto esto es así, que muchas veces no entendemos que cuando nos presentan a alguien y esa persona nos tiende la mano,  eso no quiere decir que tengas que tirar de la mano para acercar a la persona y poder así depositarle el par de besos con facilidad.

Los besos son una muestra de afecto pero solo se deberían llamar besos a aquellos que salen del corazón.

Hay padres, madres, hijos, que son más “cariñosos” personas a las que les gustan todo tipo de demostraciones afectivas; y otros padres, madres e hijos que son más austeras con la expresión de sus emociones y por ello más reacias a este tipo de manifestaciones.

A los padres nos suelen preocupar más los hijos que no muestran sus afectos, porque puedan ser considerados como antipáticos, más que los “zalameros”, de los que no solemos decir “¡hay que ver con este niño todo el día dando besos!”

Esto de los besos es cuestión de carácter y si no fíjate si en casa tienes a alguien cerca de ti poco o mucho besucón o besucona

 Besar o no besar, esa es la pregunta.

¿Tienen los niños que dar besos? ¿Eso es de niños bien educados?  Cambiemos la pregunta ¿tienen los padres que dar besos?, ¿eso es de padres bien educados? Seguro que estás pensando, “no es lo mismo”.

Los padres que no quieren que  sus hijos den besos ni que les pidan besos, utilizan argumentos del tipo: no se debe de forzar a los niños a besar a quién no quiere; los besos son algo íntimo e importante,  y por último, lo hacen por motivos de seguridad, una manera de protegerlos contra posibles abusos.

Otros padres, por el contrario, argumentan que fomentar en los hijos que den besos les ayuda a ser más empáticos y los educa en la cortesía y los buenos modales.

¿Quién tiene razón? Pues ambos tipos de padres presentan argumentos igualmente válidos.

¿Qué hacer cuando nuestros hijos no quieran dar, ni recibir besos?

Los padres mientras educamos a nuestros hijos les estamos enseñando comportamientos apropiados en nuestra cultura, lo que se debe y lo que no se debe de hacer.  La cortesía o los buenos modales no obligan a dar  besos a diestro y siniestro. Los padres educamos para que nuestros hijos saluden, respondan a los cumplidos, sean “corteses” pero eso no quiere decir que tengan que dar besos y más besos, si no quieren, ni a quien no quieren.

Creo que el punto de partida es que debemos de permitir que nuestros hijos tengan la capacidad de decidir a quién le quieren dar un beso y a quién no le quieren dar un beso.

Si no quiere darlo, le podemos preguntar si quieren recibirlo.

Que no quieren recibirlo, pues no le des un beso y puedes mejor recordarle  que tú siempre quieres que tus hijos te lo den y que siempre tienes unos cuantos para ellos. Pero no lo digas de forma lastimera porque tener besos para dar debe de colmarnos de satisfacción.

Y si, al final,  no quiere darte el beso ni que se lo des, pídele que lo cambie por otra conducta que demuestre su afecto: Hay muchas conductas  que sustituyen a los besos como son las frases del tipo “te quiero”, gestos de cariño, miradas de afecto, dar las gracias, etc.

Procura no ser demasiado estricto o exigente con los besos porque obligar a hacer algo como besar además de poder crearle inseguridad, afecta a nuestra autoestima.

Las normas de cortesía, los buenos modales se deben enseñar siempre dando ejemplo. Así que aplícate el cuento y que tu hijo vea como tu respondes con cortesía en las situaciones que lo propicien.

Y si, aún así, persistes y le das el beso a la fuerza, cuando se borre los besos de la cara, no te enfades, y sobre todo ¡asegúrate de no haberle babeado la cara!

¿Quieres besos?, pide besos.

¿No quieres dar besos? No des besos y da sonrisas, dí gracias o regala tequieros.

Y no te preocupes por los besos que tu hijo se borra de la cara, es porque está dejando sitio a otros besos que le van a resultar más interesantes.

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¿Prozac para educar?
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Carlos Pajuelo | 23-02-2015 | 19:01| 0

El malestar de la educación se combate educando

 

¿Te acuerdas del día en el que hiciste partícipes a tu familia, a tus amigos, de vuestra felicidad, de que estabais esperando un hijo?

¡Que buen ratito!, todo el mundo feliz compartiendo vuestra alegría. Y como no podía ser de otra manera, todos con la consabida pregunta ¿y qué prefieres, niño o niña?, y vosotros, con la consabida respuesta, “Lo que sea, pero que venga bien”.

Y lo que sea, llegó, pero sin un pan debajo del brazo.

Los hijos llegan y nos convierten en madre y en padre; llegan delegando toda su responsabilidad en nosotros y, por si fuera poco, nos hacen un contrato a jornada completa de 24 horas como vigilantes de seguridad.

Llegan sin papeles, sin instrucciones y sin periodo de garantía.

Llegan a donde los esperábamos con anhelo pero a cada momento vividos junto a ellos nos damos cuenta de que todo lo que hemos leído durante la espera no es suficiente para resolver la cantidad de dudas que son capaces de generarnos.

Lloran, y todo es una duda, ¿ha comido poco o ha comido mucho?, ¿serán gases?, ¿será que le duele la tripa?, ¿le pasará algo?; lo coges en brazos y no llora para luego volver a llorar; no lo coges en brazos y llora y luego no llora y vuelta a llorar; ante tanta duda lo meces, lo acunas, y esto lo haces simplemente por sentir que estás haciendo algo.

¿Y si no lloran?, pues te asomas a la cuna a ver qué pasa, hasta que de tanto asomarte a mirar, termina comenzando a llorar.

Así iniciamos la crianza de nuestros hijos, por un lado, “preocupados”, y sobre esa preocupación vendrán o arrimaremos, nuevas preocupaciones; las preocupaciones normales que conlleva la crianza de los hijos, las que conlleva la vida cotidiana.; y por otro lado, ilusionados, con ganas de afrontar el reto de educar; disfrutando por momentos; los buenos momentos que conlleva la vida cotidiana.

¿Tienes hijos? Pues, entonces, tienes razón, cientos de razones, para preocuparte y para ocuparte.

Ahora, que si lo que te planteas con los de los hijos es ser un Master de la “Buena Crianza”, cuyos resultados  sean la excelencia en los percentiles y la ausencia de problemas, ¡te vas a enterar de lo que vale un peine!.

Así llegan los ansiolíticos a nuestras casas, de la mano de la decepción. Y es que la decepción, por mucho que uno lo intente, no se puede combatir a pastillazos.

Los hijos nos dan muchas alegrías y cotidianos quebraderos de cabeza. Así que no dejes que ni el desánimo, ni la decepción,  lleguen, cogidos de la mano, ejerciendo tu tarea como madre o como padre.

¿Quieres hijos fuertes?

Pues enséñales, mientras los educas, a valorar hasta qué punto el malestar forma parte de nuestra vida cotidiana, de la de los padres y de la de los hijos.

No les ocultes tu malestar, ya lo hemos escrito en un post anterior  que ocultar la realidad de nuestras emociones a los hijos es una manera de perder una estupenda oportunidad sobre cómo afrontar situaciones de malestar.

Enséñales a tolerar el malestar, pero no con “resignación” sino de una manera activa, como una consecuencia lógica: “si tu mejor amigo no te llama, es normal sentir malestar;  si tenías un plan estupendo para pasar la tarde con los amigos y algo lo impide, es normal sentir malestar”. El bienestar y el malestar vienen de la mano.

Respeta su malestar, aunque a ti te parezca que lo que le ocurre es algo que no tiene importancia. Acaso, ¿no te molesta a tí, cuando te abruma alguna preocupación, que te digan?: “¡ Pero, hombre, si eso es una tontería!”.

Cuando tú estés mal, muestra a tus hijos todo lo que haces para afrontar esa situación; cuando ellos estén mal no les digas: “no te preocupes, ya se te pasará” es mejor que les digas, “es verdad, eso duele, pero ya has pensado ¿qué vas a hacer?”

¿Te gustaría que tus hijos combatieran el malestar de la vida cotidiana con fármacos?

Es verdad que hay mucha droga, mucho Prozac, Trankimazines, Orfidales, Lexatínes, en las puertas de los colegios. Lo que pasa es que muchas veces están en los bolsillos de los desesperados padres.

¿Y si ponemos un poco de cordura?

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¿Tienen muchos deberes nuestros hijos?
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Carlos Pajuelo | 09-02-2015 | 12:05| 0
Si queremos que aprendan todo lo que queremos que aprendan, tendrán muchos deberes.

Si queremos que aprendan todo lo que queremos que aprendan, tendrán muchos deberes.

A estas alturas, a la mayoría de los hogares españoles ha llegado la noticia sobre la última encuesta de la OCDE en la que se dice que España ocupa el 4º puesto en el ranking de tiempo que dedican nuestros hijos a realizar los deberes escolares. Yo, cuando leí los resultados de esa encuesta, me fijé en que nuestros envidiados escolares finlandeses y coreanos del norte ocupan los últimos puestos de este ranking, así que lo primero que se me ocurrió pensar es que los  deberes no sirven para mucho. Luego, un poco menos impulsivo, me dije que  dedicar mucho tiempo a realizar deberes no correlaciona con buenos resultados académicos.

Y es que las encuestas crean estupendos debates en los que muchas personas hablamos de lo que no sabemos, sino de lo que creemos que sabemos. Hay encuestas de todo, y para todo tipo de debate. La verdad es que esta encuesta de las tareas escolares que se hacen en casa me hizo pensar en una encuesta que hubo en el año 2012, sobre Actividad Sexual  en la que se decía que los españoles éramos los terceros en Europa más satisfechos con su vida sexual, por encima de finlandeses, ¡toma!, y es que parece que en lo del tiki-taka  somos unos fenómenos.

Claro que ahora, una vez leída la encuesta de los deberes escolares, me temo que esa encuesta de la “satisfacción con la vida sexual” es mentira, porque si los niños españoles dedican, de media, 6 horas y pico semanales a las tareas escolares eso quiere decir que sus padres también y, querido padre y querida madre, convendrás conmigo en que estar toda la tarde haciendo los deberes con los hijos te pone, pero te pone de todo menos puesto en “ardor guerrero”.

¿Los deberes sí, o  los deberes no? Este país nuestro es muy tremendista, aquí somos de al pan, pan y  al vino, vino; de los puntos sobre las íes,  de estar totalmente  a favor o de estar totalmente en contra. Y este debate de los deberes, como la mayoría de los debates,  es un debate ficticio porque los deberes ni son buenos ni son malos en sí, como todo, dependen de la intención, la finalidad, que tengan: buenos para aprender a aprender y menos buenos para reproducir lo aprendido, o peor , lo que ni te has aprendido aún.

¿Por qué hay tantos deberes?

Por un lado, yo creo, porque el currículo escolar de nuestros hijos va bien cargado. Si le das un repaso a todos y cada uno de los libros que compraste en septiembre podrás ver que es muy complicado poder aprender todos esos contenidos en lo que dura un curso. Entre otras cosas, porque además de esa  cantidad de contenidos, en este país cada vez que nos enfrentamos a una situación problemática, ya sea de salud, de convivencia en paz, de tráfico, de emprendimiento, de ecología y medioambiente, y de lo que sea encontramos como la solución más rápida: “esto hay que trabajarlo en la escuela, desde pequeñitos”.

De esta manera, en nuestros colegios además  de la lengua, las matemáticas, las ciencias naturales, las ciencias sociales, la educación artística, o los idiomas, se trabajan un montón de temas, todos importantes, todos necesarios, pero que ocupan su espacio.

Los deberes surgen pues, como una consecuencia lógica: para poder hacer frente a todas las cosas que hay que aprender en la escuela no queda más remedio que organizar un currículo escolar (que se desarrolla en la escuela), y un currículo casero (que se desarrolla en alguna mesa de tu casa). Con una pequeña matización, el niño que no sigue el “ritmo de la clase”,  si no se quiere quedar “descolgado”, tiene que trabajar en casa lo que en la escuela no hace.

Hay niños que no tienen problema, ni en el colegio ni en su casa, con las tareas escolares. Aprenden y parece entonces que todos, padres y profesores lo estamos haciendo genial. Hay niños que tienen problemas, en el colegio y en su casa, con las tareas escolares, no aprenden y parece entonces que todos, padres y profesores, entramos en una guerra para ver quién es el responsable de que la criatura no aprenda.

Por otro lado, hay escuelas y padres que consideran que la cantidad de contenidos que se aprenden son el reflejo de una excelente educación. Aprender-Enseñar a leer lo más pronto posible, aprende-enseñar a multiplicar, sumar, restar, dividir, hacerlo además en dos idiomas o mejor en tres, tocar un poco el violín, robótica, etc.

“¿Qué tu hijo aún no sabe multiplicar? En el colegio de mi niño hace ya dos años”; así que si los padres hacemos la ola a nuestros hijos si les enseñan y aprenden muchas cosas, lo que estamos demandando a los colegios es que manden  trabajo, que los niños hagan tareas para que sean académicamente olímpicos: citius, altius, fortius, o sea,  los más rápidos, los que lleguen más alto, y los más fuertes.

Los deberes son, fundamentalmente, un reflejo más de las diferentes maneras de entender la educación. Por un lado, aquellos que consideran que la educación debe servir para favorecer el desarrollo; por otro, aquellos que creen que la escuela debe favorecer el rendimiento.  Los defensores de los deberes utilizan argumentos tan válidos como los que utilizan los detractores. Pero convendrán conmigo que, cuando en casa hay que hacer lo que no se ha hecho en el colegio,  tenemos todos, padres, profesores y alumnos, un problema.

Así que, queridos padres y madres, al grito de “haz el amor y no los deberes” , que la fuerza nos acompañe.

 

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¿Qué harías tú si tu hijo fuera un “apestado”?
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Carlos Pajuelo | 27-01-2015 | 08:10| 2
Escena de la película "Cobardes"

Escena de la película "Cobardes"

¿Has visto sufrir a tu hijo alguna vez?, ¿has sentido como ese sufrimiento te paraliza?, ¿te has dado cuenta de que el sufrimiento viaja acompañado de la soledad? Hoy me gustaría escribir sobre un sufrimiento, una epidemia silenciosa, el “ebola de los colegios”, me gustaría hablar sobre los niños y niñas “apestados”.

Siéntate con tus hijos y hazles esta pregunta: ¿te imaginas? 

Hijo, te imaginas que mañana al llegar al colegio  tus compañeros te roben tu nombre y lo cambien por el de Apestado?

Te imaginas que cualquiera pudiera tirarte la mochila, el abrigo al suelo, o darte una colleja y que eso fuera divertido para los que lo ven.

Imagina que te dicen gordo o feo o cabezón o enano, friki, o lo q les dé la gana.

Imagina que nadie  ve tus lágrimas, que tus emociones son invisibles, que nadie siente ni pizca de compasión por ti.

Que nadie te mira, que nadie te habla que te tratan como si no fueras como ellos, que te tratan como si fueras un objeto sin valor.

Imagina que todo esto que te ocurre pase a convertirse  en “cosa de niños” sin importancia, que tu sufrimiento es poco importante.

¿Te imaginas abrir tu móvil y solo recibir mensajes ofensivos?

Imagina por un momento que eres tú. Si tú,. ¿Cómo te sentirías? Porque yo me sentiría fatal por no haberme dado cuenta.

Hijo, ¿ocurre esto en tu clase, en tu colegio, entre tus amigos? Pues no te calles, no cierres los ojos, no mires a otro lado.  Ponle voz al silencio, ponle nombre al que sufre, ponle sonido a sus lágrimas. Eso es lo que quiero que hagas, simplemente eso.

¿No lo sabías?, ¿no sabías que es muy fácil hacer sufrir? Pues sólo tienes que imaginar que tú eres el apestado. Y desde hoy quiero que te avergüences de tu silencio, quiero que te avergüences de tu risa o de tu complicidad cuando ocurra esto.

A veces para ser un héroe no hay que hacer grandes cosas, simplemente comienza protegiendo las vidas de los que te rodean.

No, el acoso no es algo que hacen  criaturas malvadas, aprendices de hijo de puta. El acoso está dentro de nosotros,  seres humanos acosadores de todo lo que es diferente, acosadores por envidia, acosadores por incompetencia, acosadores por miedo.

Insultar, despreciar, ridiculizar, difamar al que piensa diferente no es cosa de niños, lo veo en televisión, lo escucho a los tertulianos, lo leo en columnas de los periódicos, en las redes sociales, en nuestras conversaciones cotidianas.

No, no es cosa de niños que no saben lo q hacen,  no es cosa de unos niños descerebrados, están haciendo lo que han aprendido a hacer: lo que ven,  somos nosotros mismos quitándole importancia a nuestra incapacidad para respetar a los demás.

Yo me acuso de no ver lo que me molesta ver.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Cultura. Compagina su labor de Orientación con la de profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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