Skip to content

Los hijos no son un gasto, sino una oportunidad

2014 abril 14
por carlos.pajuelomoran
Lo que nos da un hijo, lo que nos permite ser, no tiene precio.

Lo que nos da un hijo, lo que nos permite ser, no tiene precio.

“Carlos:  yo no pienso tener hijos nunca”, esto me lo dicen alguna vez algunos de mis  exalumnos después de que yo les haya preguntado cómo les va  su vida personal y profesional. Luego añaden, no sé si como excusa, que no están los tiempos para tanto gasto.

¿Son los hijos una buena  inversión? Esto lo respondería mejor nuestro compañero del blog “Economía Anticrisis Antonio Saez. Si hacemos cuentas de lo que gastamos en ellos y lo que ellos (nos) producen,  en algunos casos me temo que hablaríamos de inversiones ruinosas, pero los hijos, esto es una obviedad, son mucho más que el  resultado de restar gastos de ingresos.

Como dijo Saramago, “un hijo es un ser que nos prestaron para hacer un curso intensivo sobre cómo amar a alguien más que a nosotros mismos, de cómo cambiar nuestros peores defectos para darles los mejores ejemplos y, de nosotros, aprender a tener coraje. Sí. ¡Eso es! Ser madre o padre es el mayor acto de coraje que alguien pueda tener, porque es exponerse a todo tipo de dolor, principalmente de la incertidumbre de estar actuando correctamente y del miedo a perder algo tan amado. ¿Perder? ¿Cómo? ¿No es nuestro? Fue apenas un préstamo...”

Yo, cuando pienso en mis hijos, y en los tuyos, lo que veo en ellos es una oportunidad.

Un hijo es una oportunidad de ser mejor persona.

Un hijo es una oportunidad para aprender a amar con generosidad.

Un hijo es una oportunidad para olvidar el significado de la palabra rencor.

Un hijo es una oportunidad para sentirte el faro más luminoso en mitad de la tormenta.

Un hijo es una oportunidad para aprender que el sufrimiento no es una elección, sino una  pieza más con la que se construye nuestra vida ordinaria.

Un hijo es una oportunidad para tener mesura.

Un  hijo una oportunidad para aprender todos y cada uno de los dias que somos padres.

Un hijo una oportunidad para recordar. Y cuando los veo o me sorprendo viendo sus fotos, agradezco cada minuto que compartimos, y eso no me lo puede quitar nada ni nadie.

Es verdad, los hijos arrancan nuestras sonrisas con la misma facilidad que nos arrancan las lágrimas. Los hijos nos dan la oportunidad de aprender lo que es la intensidad.

Esto es lo que da un hijo, dos dan el doble, tres el triple y así hasta el infinito.

Los hijos son nuestros, pero sobre todo son patrimonio de la humanidad y nosotros y ellos tenemos la responsabilidad de hacer de nuestro mundo un lugar más habitable, con sonrisas y lágrimas, pero habitable.

¿Un gasto? Pues sí y grande. Pero lo que nos dan, lo que nos permiten SER eso no tiene precio.

A disfrutar estos días de vacaciones, aunque esta tarea de ser padres ya sabeís que no tiene descanso.

¿Existen padres con déficit de atención?

2014 abril 8

Estar atentos es muy importante sobre todo cuando se está educando

Hace unos días me ocurrió esa “extraña casualidad” en la que varias personas diferentes, que no tienen nada que ver entre sí, me hablaron de un mismo tema. Mi colega Susana Vicario me sugirió escribir sobre padres hiperactivos y a la mañana siguiente un niño que se dirigía al colegio azuzado por su madre le gritaba “mamá-pareces-hiperactiva-con-tanto-corre-corre-corre” y media hora después en una entrevista con los padres de un aspirante a modorro, la mamá en bajito me dijo “creo que mi marido tiene un déficit de atención” a lo que el desatento padre contestó con un fastidioso “ya estamos”.

Recordé una frase de Friedrich Schiller: “No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas”, justo en ese momento me dije esto es una revelación para que escriba un post sobre padres que se comportan como si tuvieran déficits de atención o como hiperactivos.

El tema de los niños con hiperactividad y/o déficit de atención ha generado mucha literatura. ¿Existen los hiperactivos? Pues igual que brujas en Galicia, “haberlos haylos”, otra cosa es si en la denominación de origen TDAH  están más de los que son. Porque me parece que en el tema de la hiperactividad ocurre lo que en los bolsos de Louis Vuitón, hay muchos falsos.

Pero dejemos el tema de los niños con TDAH que es serio y con muchos frentes de debate y hablemos de padres y madres desatentos y algunos hiperactivos.

Lo que más caracteriza a los padres desatentos es su falta de atención cercana a detalles. A diario tenemos una oportunidad para interesarnos por nuestros hijos y no sólo por cómo les ha ido por el colegio. A menudo cuando hablo con niños o con adolescentes que me cuentan interesantes historias me pregunto si nos damos cuenta los padres de lo que piensan nuestras criaturas, de lo que pasan y de cómo lo pasan. Fíjate, observa a tu hijo, no te distraigas estate atento y cuando notes que algo le pasa no le preguntes ¿te pasa algo?, es mejor que le digas estoy aquí y puedo y quiero ayudarte.

Otra característica de padres desatentos es que parece que no escuchan cuando sus hijos les hablan. Aquí hay que distinguir entre “no escuchar” y “hacerse el sordo”. Yo recomiendo a muchos padres la sordera transitoria como una eficaz herramienta educativa pero otra cosa es la de aquellos padres que no quieren escuchar, padres que no quieren afrontar aquello que los hijos dicen. Escuchar, escuchar y escuchar a los hijos es la mejor forma de mostrarles nuestro interés por ellos. Y como nuestros hijos nos interesan ya sabremos qué hacer después de escucharlos.

Otra característica de los padres desatentos es la impulsividad, así  con frecuencia actúan de forma inmediata sin pensar en las consecuencias. Los hijos tienen la habilidad de “ingurgitarnos la yugular” (ya sabes, cuando la vena del cuello nos la ponen como el pescuezo de un cantaor) y cuando estamos ingurgitados es cuando más fácilmente perdemos el control. Cuando los hijos nos comienzan a alterar es cuando más necesitamos hacer un esfuerzo para calmarnos para evitar ser impulsivos y tener que arrepentirnos de lo dicho o de lo hecho. Recordad el post en el que daba alguna orientación sobre cómo no perder la calma con los hijos.

Hay algunos padres desatentos que además son hiperactivos y se caracterizan por su excesiva actividad motora. Padres y madres que desde que se levantan ya están haciendo algo, pasan de 0 a 100 en menos de 2 segundos. A los padres nos encantaría que nuestros hijos hicieran todo lo que tienen que hacer a la primera, sin rechistar y a ser posible por su propia iniciativa sin que nosotros les tengamos que decir nada y como eso no suele ocurrir, nos desesperan.  Educar sin prisas es educar pensando en el futuro y no en el presente. Los objetivos de la educación son a medio y largo plazo y no para el día a día. Así que procura pensar cómo te gustaría que se comportarantus hijos cuando sean adultos en vez de pensar lo que te gustaría que hicieran hoy y mañana. Cuando los objetivos son a largo plazo los padres podemos actuar con más calma que cuando deseamos objetivos a corto plazo. A más calma menos hiperactividad.

¿Estamos tranquilos? pues eso es lo primero que tenemos que hacer los padres, tranquilizarnos (que es diferente a “pasar”) y luego a seguir con nuestras normas y límites, a seguir de manera sistemática y un poco de paciencia, los niños dentro de nada serán adultos.

Los Padres a menudo hacemos las mismas cosas que nos preocupan o disgustan cuando las hacen nuestros hijos, pero, te recuerdo, que a alguien se tienen que parecer, ¿no?

 

Sobre cómo cuidar a nuestros hijos en Internet

2014 abril 3
Hay que conocer cuáles son las medidas de seguridad para acabar con el miedo a internet.

Hay que conocer cuáles son las medidas de seguridad para acabar con el miedo a internet.

 

Extracto de entrevista realizada en Panda Security News:

“El conocimiento de las herramientas de la seguridad es la mejor herramienta para combatir el miedo”

 

Panda Security: Continuamente escuchamos historias en los medios de comunicación de cyber-acoso a menores de edad provocado por el uso de las redes sociales para adultos por menores. Habitualmente los padres son conocedores del uso de estas redes por parte de sus hijos. ¿Consideras fundamental educar primero a los padres sobre la importancia de implementar medidas de seguridad para sus hijos para la navegar por Internet?

C.P.: Por supuesto. Internet es un universo al que se puede acceder desde tu casa, desde tu cuarto. ¿Es el mundo un lugar peligroso? Depende. Si vas a ciegas, sin tener información y sin utilizar medidas de precaución es posible que te puedas llevar una sorpresa desagradable, pero si tienes información y te proteges, está claro que no. Con información puedes moverte por el mundo con seguridad. Si los padres conocen estas medidas para navegar por Internet podrán trasmitirlas a sus hijos. El conocimiento sobre medidas de seguridad en Internet es la mejor herramienta para combatir el miedo y minimizar riesgos.

(…)

 

Para leer la entrevista completa sobre cómo cuidar a nuestros hijos en Internet, pinchar aquí

 

 

 

Cómo actuar cuando los hijos nos amenazan con irse de casa

2014 marzo 31
Cuando les educamos, nuestros hijos nos retan y buscan nuestras debilidades.

Cuando les educamos, nuestros hijos nos retan y buscan nuestras debilidades.

Mi amiga Paqui, que a veces es muy flamenca, escuchó por primera vez a su hija con 5 años decir “qué ganas tengo de irme de esta casa” después de que su madre le hubiera metido prisa porque iban a llegar tarde al colegio. Al regresar del colegio, la niña se encontró con su maletita hecha en la entrada de la casa y a su madre, más flamenca que nunca, diciéndole: “¡ea!, ahí tienes la maleta, ya puedes irte”.

“¡Me voy de casa!” es una amenaza que nos hace cierta gracia en un hijo de 5 años,  pero nos aterra en uno de 16.

Los hijos, mientras los educamos, mientras les trazamos los límites de lo tolerable y lo intolerable, nos retan, nos desafían para poder comprobar si somos o no consistentes en las normas que les proponemos. Que los hijos nos “echen un pulso” es algo que debemos considerar como lógico en el proceso de educar.

Los hijos, además de resistirse, aprenden a buscar en nuestro comportamiento dónde están los puntos que nos hacen más vulnerables, qué es lo que más nos asusta, y lo encuentran fácilmente porque, entre otras cosas, se lo enseñamos nosotros. Una vez que aprenden qué es lo que más nos debilita, allí en donde nos machacan.

¿Qué hacer cuando los hijos menores amenazan con irse de casa?

Cuando un hijo amenaza con irse de casa lo que menos necesita es a unos padres descontrolados que,  o bien se toman a risa y menosprecian su amenaza con un “¡a dónde vas a ir desgraciado!”, “pues ahí tienes la puerta”, o por el contrario, padres que se paralizan por el miedo y dan un paso atrás en su tarea de educar.

Cuando estés tranquilo,  habla con tu hijo para que te diga por qué dice eso, escúchale sin interrupciones, y así podrás darte cuenta si es un intento de manipulación (que es lo más frecuente) para evitar normas y responsabilidades, o por el contrario se siente muy presionado por la rigidez de las normas en casa (menos frecuente pero también ocurre).

En ambos casos, los padres debemos de trasmitirles con total tranquilidad tres cosas a nuestros hijos:

1) Que lo que deseamos es su  bienestar, su felicidad y

2) que esa es la razón por la que los educamos, y por último

3) que no olvide nunca que nuestra casa es su casa, y que las puertas están siempre abiertas.

Si son menores, hay que hacerles saber que si se van, nosotros los vamos a buscar por dos razones: la primera,  porque “los queremos”, y la segunda, “porque es nuestra responsabilidad como padres”.

En este punto me gustaría recordar a los padres que, si vuestro hijo os dice algún día si se puede quedar un amigo a dormir en casa, es obligatorio que el amigo os dé el teléfono de su casa para asegurarse de que los padres saben dónde está su hijo. Una simple llamada puede resultar de un inmenso alivio para otros padres.

No es nada aconsejable ayudarles a hacer las maletas (esto  es propio de padres que se sienten muy frustrados al oír a sus hijos decirles que no quieren vivir con ellos). Y no es aconsejable porque, sin pretenderlo, les estamos diciendo “atrévete“, y nos centramos además en la conducta de irse de casa, yla reforzamos.

¿Tú nunca has dicho algo que no sientes en un momento de enfado? Pues si lo haces tú, que tienes “taytantos”, ¿no lo van a hacer nuestros hijos que están forjándose como personas?

Y menos aún, hay que decirles que si salen por esa puerta, aquí no vuelves a entrar. Conozco a algún modorro que se ha ido de casay ha estado hasta 48 horas por ahí esgrimiendo como único argumento “mi padre me dijo que no volviera”. Son modorros, modorros.

Ante los inevitables pulsos de los hijos mientras los educamos,  los padres tenemos que decidir cómo queremos vivir: asustados, por lo que los hijos puedan hacer, o confiados por lo que los padres vamos a hacer.

No es fácil, pero tú decides.

 


La “paga” semanal: Una oportunidad más para educar.

2014 marzo 24
por carlos.pajuelomoran

Hay que enseñar a nuestros hijos el uso correcto del dinero sin olvidar que Amar es gratis.

Papá , Mamá, ¿cuando me vais a dar una paga? Preguntó Rosa una niña de 11 años al llegar del colegio. ¿Una paga? Tú no estás buena, le espetó  su padre a bocajarro a lo que Rosita a punto de comenzar a indignarse le contestó “pues a mi amiga Luli le dan sus padres 3 euros todas las semanas”, a lo que la mamá añadió  ¿y para qué quieres tú 3 euros?, pues para mis cosas contestó Rosita subidita de tono.

Y así quedó la cosa. Pero los padres de Rosita, la indignada, se quedaron  pensativos, será bueno o no será bueno que tenga “paga”, ¿necesita paga?, pero ¿Una paga por la cara o una paga según haga tareas?

Y  ¿qué hicieron los padres de Rosa? pues meterse en Internet  y preguntarle a ese señor que todo lo sabe,  “¿Sr. Google necesitan paga los niños?” Y en 0,35 segundos el  Sr. Google va y les contesta con aproximadamente  10.500.000 respuestas.  Una de ellas será esta mía, la 10.500.001

Hay padres que se “ofenden” cuando oyen hablar de la paga, padres que dicen en voz alta a quienes quieran escucharles o para escucharse ellos mismos “¡esto es lo que faltaba, encima darles una paga!”, como si la paga fuera lo más nefasto para educar hijos.

A estos padres me gusta hacerles la siguiente reflexión, acaso ¿no es una paga el gasto de teléfono de los hijos,  las chuches, el cine, las zapatillas de deporte (y no precisamente las Delmon del mercadillo), videojuegos, etc?  La paga siempre existe sólo que en muchos casos no la damos semanal o quincenal en metálico sino que la damos a demanda a través “rendimientos en especie”.

La cuestión  no reside en el hecho de  paga si o paga no. La paga o la no paga son sólo una oportunidad más que tenemos los padres para educar.  Educar sobre qué, pues sobre el valor del dinero. El valor del uso del dinero. El valor de aprender a postergar los deseos (¿hay que satisfacer inmediatamente las peticiones de los hijos aunque sean baratas?).El valor de educar a los hijos haciéndolos conscientes de lo que podemos y lo que no podemos gastar.

Claro que es duro decirles a los hijos que no les podemos  comprar determinadas cosas que les ilusionan pero flaco favor les haríamos si les hacemos creer lo contrario. Con paga o sin paga no olvides que el cariño a los hijos no precisa de gasto. Amar es gratis. (Pero esto los hijos también tienen que aprenderlo porque tienden a ser muy  “interesados” (tanto me das tanto me quieres).  Y terminan aprendiendo que querer es mucho más que abrir la cartera sin ton ni son.

El ejemplo de los padres es fundamental en la valoración del dinero. Si los padres no tenemos un criterio sobre “economía doméstica”  cómo lo van a tener nuestros hijos. En este campo, como en otros muchos, nuestro ejemplo será fundamental. Ir de compras al supermercado es una estupenda oportunidad para que vean en nosotros cómo compramos, qué compramos y  cómo desechamos productos aunque sean muy atractivos y apetecibles.

A los padres nos  cuesta mucho trabajo ganar dinero y por eso valoramos  lo que tenemos,  porque nos  ha costado muchos años de trabajo conseguirlo. Y espero y deseo para mis hijos y para los tuyos,  lo mismo,  que tengan la suerte de poder encontrar un trabajo, que lo disfruten y encima que les dé para vivir. Pero mientras los educamos, enséñales  que el dinero sólo sirve para comprar cosas. Y una vez que las tienes para comprar las mismas cosas sólo que más grandes.

Decide tú qué es lo que prefieres respecto a cómo enseñar a valorar el dinero. Que es con una paga, excelente. Que es sin paga, excelente. Pero da valor, trasmite valor, crea valor alrededor del  uso del dinero.

Para saber más os adjunto un enlace a un artículo que publicó el diario ABC.es  donde se dan algunas  sugerencias prácticas respecto a la paga en función de las edades.

 

Cómo convertirse en un padre masoquista

2014 marzo 17
Si piensas que estás fracasando como padre o como madre, te estás convirtiendo en un progenitor masoquista.

Si piensas que estás fracasando como padre o como madre, te estás convirtiendo en un progenitor masoquista.

A raíz del post sobre el Síndrome del Niño Cabrón he recibido algunos correos en los que padres y madres “desesperados” me muestran su paralización ante el comportamiento de sus hijos. Padres que creen que “ya no saben qué más hacer” y lo que es peor, padres que sufren porque piensan que están fracasando como educadores.

¿Has pensado tú alguna vez esto? Si la respuesta es afirmativa, te informo de que te estás convirtiendo en un/a padre/madre masoquista, así que haz el favor de leer lo que viene a continuación para intentar evitarlo (y procura, mientras lees, no pensar, “este Carlos lo ve todo muy facilito, aquí lo querría ver yo”).

Cómo no convertirse en padres masoquistas:

1º Deja de una vez de creer que no puedes hacer nada para ayudar a tus hijos, deja de pensar que las dificultades que presentan tus hijos o que puedan presentar se deben a que algo has hecho mal o no has sabido hacer como padre. Si piensas que eres un “inútil” te comportarás como un “inútil”, y lo que es peor, se te pondrá cara de inútil.

2. Deja de hablar de la relación que mantienes con tus hijos como algo insatisfactorio, tipopvivo en un infierno” porque entonces creerás que tus hijos son hermanos o primos de la niña del exorcista. Habla de las dificultades reales que existen, pero introduce siempre pensamientos e ideas que muestren tu competencia, confía en tu trabajo  y, sobre todo, hay que tener muy claro que lo que menos  necesitan los hijos cuando “modorrean” es a unos padres desmoralizados.

3. Deja de buscar culpables alrededor de tus hijos. No eres tú, ni tu pareja, ni los profesores, ni los amigos, ni la televisión, ni la sociedad. Ya he repetido varias veces este proverbio africano: “para educar a un niño hace falta toda la tribu”, así que dejemos de buscar culpables porque todos somos corresponsables. Educar es actuar, y los padres ante las conductas de los hijos nos tenemos que posicionar sobre qué conductas son tolerables y cuáles son intolerables, y luego actuar.

4. Deja de pensar que  “todo es un asco” porque este tipo de pensamiento lo que hace es que te encierres en ti mismo y aísles (“no tengo ganas de ná”). Con el “cagapenismo”, además de ofrecer a nuestros hijos un modelo en el que le enseñamos que, ante los problemas, nos  hundimos, nos estamos perdiendo la oportunidad de obtener ayuda para afrontar los problemas, ayuda para recibir información positiva de nosotros mismos. Los amigos, los compañeros de trabajo, la familia son más que necesarias cuando hay problemas.

5. No dejes que tus emociones sean guiadas por las conductas de tus hijos. Está claro que el comportamiento de nuestros hijos hace mella en nosotros, pero si vinculamos nuestras emociones a las de nuestros hijos, puede que nos ahoguemos en esas emociones.  Aprovecha las conductas de los hijos  para enseñarles modelos de comportamiento, y qué mejor modelo que el de padres seguros y tranquilos frente a la tempestad, padres que,  en las turbulencias, ofrecen a los hijos sus manos cariñosas pero firmes.  Ese es tu trabajo: el de ser padres.

6º) Y por último:  cada noche cuando te vayas a la cama  deja de pensar en lo desgraciado que va a ser tu hijo “como siga así, (te recuerdo que, mientras tanto, el modorro duerme a pierna suelta) y piensa  que tú  vas a seguir con la brega porque  los padres no arrojamos nunca la toalla.

Como canta Luz Casal, es cuestión de suerte ser féliz. Educando es como adquirimos más papeletas del sorteo de la suerte pero es necesario que nuestros hijos también adquieran sus papeletas.

Y si necesitas ayuda, búscala. Hay estupendos profesionales para ello.

 

Mi hijo no quiere seguir estudiando, ¿qué hago?

2014 marzo 10
Un niño pierde la concentración mientras hace los deberes.

Un niño pierde la concentración mientras hace los deberes.

No son raras las veces en las que a lo largo de la etapa educativa escuchamos a algunos de nuestros hijos decir “no quiero seguir estudiando”, “para qué voy a seguir estudiando”, “la escuela es un rollo”.  Cuando los oímos decir esto nos sale rápidamente la respuesta de” ¿y qué vas a hacer?, ¿ser un don nadie?,  ¿Un desgraciado?”  Y como el modorro nos tiene ya calentitos terminamos con lo de: “y yo también estoy harto de ir a trabajar, y no me quejo”.  Con lo cual el mensaje que les terminamos trasmitiendo es que tiene razón, pero a aguantarse toca.  No estoy  yo muy seguro de que la resignación sea una buena herramienta para educar.

A lo largo de este blog hemos hablado muchas veces que uno de los mayores enemigos de la educación es el miedo y hay que ver lo que nos asustan nuestros hijos cuando los vemos desmotivados, apáticos, sin ilusión, con ganas de abandonar, derrotados.  Por eso desde el blog insistimos en recordar a los padres que cuando nos acecha el miedo es cuando debemos actuar  con más tranquilidad y serenidad.

Pero ¿qué hago? os estaréis preguntando muchos de vosotros, pues creo que lo que más nos ayudaría  a todos es:

  • Anticiparnos al problema, desde pequeñitos hay que insistirles en la idea de que hasta los 16 años es obligatorio y que la educación Secundaria la tienen que terminar “de todas, todas”. Cuando nuestros hijos flaquean  es cuando nosotros debemos mostrar más seguridad y firmeza. Así que haz un esfuerzo para comprender que en algún momento la escuela o el instituto puedan resultarles “un rollazo” pero a continuación es más efectivo  decirles que “ya sabes que ir a clase no es negociable, cuando termines la secundaria ya hablaremos de lo que quieres hacer”. “Estoy convencido de que si te esfuerzas un poco tendrás éxito”, “tu padre y yo estamos seguros de tu capacidad para resolver tus problemas escolares y si podemos ayudarte aquí estamos.”
  • Valora a la institución escolar. La ESCUELA como instituciones la mejor colaboradora de la FAMILIA en la educación de nuestros hijos.  Es muy importante que tus hijos te oigan hablar bien del colegio, del instituto porque el conocimiento, no sólo académico sino también social, que se adquiere en esos centros, sólo se puede adquirir allí.
  • Valora a sus maestros y profesores.  Si los padres no valoramos a los que colaboran con nosotros en la educación de los hijos por qué los van a valorar nuestros hijos.  El profesorado no es perfecto, le pasa lo mismo que a los padres y que a nuestros hijos. Nuestro mundo no es perfecto y hay que aprender a adaptarse, a relacionarse con diferentes tipos de personas. Ayuda  a tu hijo a que entienda que los demás no tienen que comportarse como nosotros deseamos. Ya sé que ahora estás pensando en don tal o doña cual, pero yo a mis alumnos les digo, cuando se me quejan, que un maestro, un padre o un amigo  siempre enseñan algo, algunas veces  hasta lo que no hay que hacer. Aprender eso no tiene precio.
  • Valora el esfuerzo y no la nota. No se nos olvide que los hijos son algo más que las notas que obtienen y recuerda que los padres somos, a veces insaciables, “tú eres de nueve”. Valora el esfuerzo porque es una herramienta muy ligada al éxito. ¿Podrían hacer más nuestros hijos en el tema de los estudios? Y tú ¿podrías hacer más en tu trabajo, como padre, con tu pareja, etc?
  • Valora a tu hijo, no le llames vago, no le digas que va a ser un desgraciado, etc., es más efectivo trasmitirle la idea de que él puede. Para ser un incompetente sólo es necesario que te creas que eres un incompetente.
  • Valórate a ti. ¡Dios mío, queé habré hecho yo mal!, con ese grito de guerra muchos padres nos martirizamos haciéndonos culpables de lo que hacen nuestros hijos.  Si nos desvalorizamos, si nos culpabilizamos solo vamos a lograr ser candidatos de la asociación desgraciados/as punto.com.  Tú eres el  padre  o la madre coraje que cuando sus hijos se arrugan  se muestran bien fuertes, seguros, tranquilos y  decididos.

 El futuro de nuestros hijos nos preocupa, pero el presente es el que nos tiene que ocupar.

El SNC, el Síndrome del “Niño Cabrón”

2014 marzo 5
Este síndrome se centran menos en los comportamientos del niño, y más en la tarea de educar siempre.

Este síndrome se centran menos en los comportamientos del niño, y más en la tarea de educar siempre.

En  el año 1993, lo recuerdo muy nítidamente, conocí a Gonzalito, un aprendiz de adolescente que, sin pretenderlo, me enseñó mucho del valor de la educación en tiempos (familiares) revueltos. Por eso no lo olvido.

La madre de Gonzalito, una maestra estupenda casada con un estupendo maestro, me había llamado por teléfono y, entre lágrimas, me habló de su hijo, un chico de 14 años. Un niño  que había sido “muy bueno” pero que, últimamente,  había ido cambiando su manera de comportarse en casa. Su relato fue más o menos así: Se ha trasformado, se ha vuelto muy contestón, siempre tiene un No en la boca, nos lleva siempre la contraria, critica todo lo que hacemos y decimos. Te  llamo porque, lo que más me preocupa  de Gonzalito ahora es que, además de todo lo que te he contado,  se ha negado a ir al colegio. No hay forma humana de hacerlo cambiar de idea.  La tensión, las peleas y el malestar se han apoderado de mi casa. Necesitamos saber qué le pasa a este niño y qué hacer con él.”

Recuerdo a sus padres sentados  frente a mí, impacientes y nerviosos esperando que yo hubiera dado con la tecla esa tan famosa que arregla a los “descarriados”. Abrí el informe que había escrito y, mirando a los padres, les dije: “Gonzalo padece un SNC”.

Me miraron con inquietud, con ojos de “¿y eso qué es? así que, antes de que me lo preguntaran, les traduje el palabro:  el Síndrome del Niño Cabrón. Sus miradas indicaban  desconcierto, así que les volví a repetir lentamente:Gonzalito tiene el síndrome del Niño Cabrón”. Y esbocé una sonrisa que relajó el ambiente.

A continuación, a modo de explicación, les dije que el Diccionario de la Real Academia Española dice, en su primera acepción que el adjetivo cabrón coloquialmente se utiliza para definir “una persona que hace malas pasadas o resulta molesto” y, os aseguro que en aquella época, Gonzalito hacía muy malas pasadas y resultaba algo más que molesto. Así que el nombre del síndrome le venía que ni pintado.

Cerca de 20 años después un día me encontré  con “Gonzalito, el niño cabrón” por la calle. Me presentó a su mujer y en brazos llevaba a su hija. Me habló de su trabajo de maestro en un colegio (un colegio en el que sus compañeros lo valoran, entre otras cosas, por su saber hacer con todos sus alumnos y especialmente con los “difíciles”) y de su vida en general. Me dio un abrazo antes de despedirse, y mientras contemplaba cómo se alejaba esa postal de feliz familia, recordé la cantidad de lágrimas que habían derramado sus padres 20 años atrás, y me reafirmé en mi creenciade que ningunas de las lágrimas que vierten los padres por los hijos son estériles.

Gonzalito no sólo es un buen padre y un buen profesional, además es un magnifico hijo.  Y sus padres han jugado un importante papel en todo esto.

Y te preguntarás qué es lo que hicieron los padres para contribuir a este cambio, y ya me gustaría contestar que fueron mis sabios consejos, pero no es verdad (bueno, un poquito sí porque, a menudo, cuando te sumerges en un problema pierdes la perspectiva, y los ojos de quién no está sumergido ayudan a abrir “las anteojeras” y a ampliar el campo de visión).

Lo que realmente ayudó a los padres de Gonzalito  ante esta situación de “crisis” es que fueron capaces de entender por qué se sentían mal como padres. Se sentían frustrados porque su hijo no seguía sus directrices independientemente de que usaran premios o castigos. “Hemos probado de todo”, decían.

Fueron capaces de tolerar el malestar que les generaba el comportamiento de su hijo. Para ello, dejaron de centrarse en las conductas de Gonzalito, y se centraron más en su papel de padres, y por último, fueron capaces de responder a los envites de Gonzalito con la seguridad  de que podían utilizar las mismas herramientas que habían utilizado hasta ahora: educar y seguir educando.

Los hijos para construirse como personas precisan de tiempo y de ayuda.

Tiempo, porque cuando se educa no se puede tener prisa. Los resultados del acto de educar no son inmediatos.

Ayuda, porque nuestros hijos siempre van a necesitar alguien que les guíe, alguien que ponga las señales. Y en la adolescencia puede que se sientan fascinados por las señales y guías de otros y combatan con energía las que los padres les marcamos. Esto es normal que ocurra, pero si los padres nos bloqueamos por el miedo cuando los hijos se descontrolan,  ¿quién los va a guiar con amor y mano firme?

Los padres de Gonzalito pidieron ayuda, una ayuda que les permitió volver a confiar en lo que estaban haciendo. Fueron  perseverantes en la tarea de educar,  y se armaron de paciencia para ver los resultados. Así, Gonzalito solo necesitó tener 30 años para poder comportarse como uno de 30 años.

¡Ay Gonzalito!, cada vez que conozco a los padres de un  nuevo niño cabrón, y a veces creo que hay epidemias,  te recuerdo a ti y a tus padres, y en ese pensamiento encuentro una oportunidad de sentirme reconfortado por mi trabajo, un trabajo que consiste en animar, dar ánimo, infundir vigor, a los padres para que confíen en la educación,  porque cuando los padres educan, trasmiten a sus hijos acción, calor y vida. Eso es educar. Y son tantos y tantos los padres y madres empeñados en la tarea, que sigo sonriendo cada vez que le digo a unos padres: ”el niño lo que tiene es un poquito del síndrome”.

Sí, es verdad, la historia de Gonzalito es un cuento con final feliz, pero os recuerdo que muchas veces los padres, los de Gonzalito también, nos desesperamos apenas va el cuento por los primeros capítulos.

Y así, sin pausa, mientras educamos, pasa la vida.

Qué prometer a los hijos sin gastar un euro

2014 febrero 24
Laura, a sus padres: "Prométeme que nunca me soltarás"

Laura: "Prométeme que nunca me soltarás"

Te prometo, hijo,  que siempre te voy a querer pero no te creas que eso significa que siempre te voy a dar la razón.

Te prometo, hijo, que siempre estaré a tu lado, que siempre podrás contar conmigo y siempre te alentaré, pero nunca olvides que tú serás el responsable de tu vida.

Te prometo, hijo, que siempre voy a respetar tus creencias, ideas, pensamientos y valores  porque anhelo que tú, al igual que yo, encuentres en las creencias, ideas, pensamientos y valores  el faro que ilumina el camino de la vida a sabiendas de que es un camino con innumerables atajos.

Te prometo que nunca te echaré en cara las lágrimas que vierta por ti.

Te prometo que, en esta vida tan efímera, en todosy cada uno de los días del calendario encontraré una razón para no perder mi confianza en ti.

Te prometo, hijo, que no me empeñaré en hacer de ti “mi ilusión”, pero te acompañaré en todo lo que tú quieras ser.

Te prometo que siempre tendrás mi mano tendida para que te aferres a ella cuando más lo necesites.

Y si un día sientes  que flaqueo en alguna de mis promesas, no te decepciones, solo  recuérdame todo lo que te quiero.

(Para Laura, que vino al mundo para darnos la oportunidad de hacernos mejores personas, y así hacer un mundo mejor.)

Para educar hay que confiar

2014 febrero 17
Para confiar, hay que mantener los ojos abiertos.

Para confiar, hay que mantener los ojos abiertos.

El problema que tengo es que no puedo confiar en mi hijo. He perdido la confianza en él y  mira que le he dado oportunidades, pero nada, una vez tras otra vuelve a fallar, a cometer los mismos errores. Y yo ya no se qué hacer porque lo de este chico no es normal, no tiene solución.  Discuto con mi mujer porque ella enseguida se hace ilusiones de que cambia para bien, y no se da cuenta de que lo que hace es engañarnos y engañarse. Estoy desesperado.” Esto es  parte del correo que me envió José Luis, pero estoy seguro que esto mismo lo pueden estar pensando en este momento algunos de mis lectores.

Si existe una herramienta necesaria para ejercer la tarea de educar esta es la confianza. Una herramienta tan necesaria como “delicada”, porque la confianza es fácil de perder y, una vez que se pierde, cuesta trabajo volver a encontrarla.

Para poder dar confianza a los hijos hay que tener confianza en los hijos. Tener y dar la  esperanza de que puedan conseguir  lo que desean y para ello hay que creer que los hijos han desarrollado o pueden desarrollar las competencias necesarias.  Confiar como herramienta educativa consiste en creer que nuestros hijos podrán gestionar su vida porque han aprendido todo lo que les hemos enseñado para ello.

¿Cómo confiar en los hijos?

Con los ojos abiertos. Los padres debemos de confiar pero no deberíamos “chuparnos el dedo”. No se trata de decir: “¿Mi hijo?, Mi hijo eso no lo hace”. Confiar no es esperar que nuestro hijo siempre se va a comportar como nosotros creemos que debe de comportarse.

Confiar a no es un acto de fe ciega en los demás, sino la simple constatación de que tenemos seguridad en nuestra manera de actuar/educar. Y muchos padres se preguntarán, pero ¿cómo voy a confiar en este insensato de hijo que tengo?  Y yo te contesto con un ejemplo: si tu hijo perdiera sangre, le pondrías una transfusión. No dirías pero ¡para qué le voy a poner sangre a este insensato si la va a volver a perder!  Pues la confianza es como la sangre,  necesaria para poder vivir.

Mientras educamos siempre es posible que nuestros hijos se equivoquen. La confianza reside en que cuando nuestros hijos se equivocan, aparte de aplicarles las consecuencias, les animamos a que se pregunten qué podrían haber hecho para evitar esa caída, y les hacemos ver que confiamos en que ellos sabrán buscar la respuesta apropiada la próxima vez. Y la siguiente. Y otra más. Y más. Los padres no nos podemos permitir el lujo de tirar la toalla.

Transmitiendo esperanza. Esperanza en que las dificultades que nuestros hijos puedan experimentar en su desarrollo no tienen su origen en que ellos no saben o en que son incompetentes,  sino en que equivocaron la elección. Esperanza significa que, al caerse, no se van a quedar en el suelo, sino que caerse es una importante razón para volver a levantarse.

Los padres que confían en lo que hacen trasmiten confianza. Muchos padres que educan a sus hijos estupendamente no tienen la confianza suficiente en lo que están haciendo, y por eso entran en un estado de desánimo.  Son ustedes unos padres competentes, se lo digo yo que de esto entiendo algo, y sí , claro que hay padres con “el papo mu gordo”, pero la mayoría de los padres están por la tarea de educar, y por eso leen este blog.

Los padres competentes también tienen hijos que, a veces, o por temporadas, se comportan como unos verdaderos “modorros”. Y cuando nuestros hijos modorrean es cuando más necesitan que los padres no perdamos la confianza (Robert Louis Stevenson  pone en boca del Dr. Henry Jekyll la frase “Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite”), así que confía en ti, en tu pareja, en tu familia, en tus amigos, en los maestros  y sobre todo en tus hijos.

¿Por qué es necesario  confiar?

 Hodding Carter, periodista y padre escribió:  “Sólo dos legados duraderos podemos dejar a nuestros hijos: uno, raíces; otro, alas”. Las raíces profundas son todas y cada una de las cosas que enseñamos a nuestros hijos mientras les educamos, y las alas son la confianza en que nuestros hijos, que conocen esas enseñanzas, harán uso de ellas.

La confianza en los hijos es una ayuda fundamental para el desarrollo de su autoestima. Qué tipo de autoestima podrá configurar un niño o un adolescente que sólo recibe información negativa sobre lo que él es (y no sobre lo que él hace).  Confiar da alas. Pero recuerda que, al comenzar a volar, es fácil cometer errores.

Ah! y que no se te olvide, creer y confiar en los hijos no está reñido con el control y la supervisión porque para aprender a volar hace falta una mano suave y  firme por si llegan las turbulencias.

¡Orgullo y confianza!