Hoy

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Los padres también necesitan jugar: La gestión del tiempo en familia.
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Carlos Pajuelo | 03-05-2016 | 16:26| 0

¿ Días de 36 horas? Si cada uno se responsabiliza de sus tareas con que tengan 24 horas hay tiempo para todos.

Muchos padres y madres, mientras están criando a sus hijos, sobre todo cuando son pequeños, se ven invadidos por la sensación de que no disponen de tiempo suficiente para ellos.  “No tengo tiempo, no tengo tiempo para nada”.

Vivimos en una sociedad en la que educamos a nuestros hijos estando presentes el máximo tiempo posible. Educamos a nuestros hijos a una distancia máxima de un metro. Así, desde bien pequeñitos, somos la sombra que los cobija. Una sombra indispensable en estos primeros años, pero una sombra que necesita igualmente ir dejando paulatinamente a los hijos que experimenten su vida fuera del paraguas protector.

Hemos hecho de la presencia constante nuestra herramienta educativa,  y allí estamos al lado de ellos: la sombra perfecta que aplaude cada descubrimiento, la sombra que indica eso si o eso no, la sombra que juega, la sombra que entretiene, la sombra que canta y que, además, ejecuta de impresión la coreografía de soy una taza, una tetera, una cuchara…, la sombra que calma, la sombra que ríe. La sombra constante.

Cómo no vas a necesitar días de 36 horas si desde que te despiertas te conviertes en imprescindible: “si yo no estoy no se levantan, no se visten, no desayunan, etc.”

 Educando hijos no solo faltan horas, faltan brazos y manos.

Y salen del colegio y seguimos siendo sombra, sombra ambulante que va de actividad en actividad, y luego a casa que tienes que estudiar lo que dice el niño o lo que dice el whatsapp, y la sombra se vuelve culta, y venga tareas y más tareas para los padres que hacen las tareas.

Y la sombra baña, la sombra cocina, la sombra se desespera a la de una, a la de dos, y a la de tres. Y cena, y mastica, y siéntate bien, y tu preguntas y el niño contesta y tú, cierra la boca que no se habla con la boca llena.

Y la sombra lee cuentos, y la sombra suplica, y la sombra revisa y repasa.

Y cuando las sombras, reventadas por fuera y por dentro, se sientan al finalizar el día, la sombra habla con otra sombra de las preocupaciones que acarrean los que viven bajo la sombra. Y una sombra parece más sombra que la otra y una sombra replica a la otra. Y se hace el silencio entre las sombras, hasta que aparecen  las preguntas que parecen dudas existenciales:  ¿Y mañana qué comemos?

Y la sombra  se duerme en el sillón, y cuando la sombra se va a la cama, se espabila con lo que el día venidero le demanda.

La sombra dice que necesita más horas en su reloj, y lo que no sabe la sombra es que lo que necesita no son horas, porque todas las dedica al cuidado de los que están bajo su sombra. Lo que necesita es una agenda en la que la sombra reserve tiempo para la sombra.

¿Eso cómo se hace?

1.- Gestión del tiempo le llaman los educadores. Yo lo llamo  responsabilizarse de tu propia vida y enseñar a los hijos a tener responsabilidades y a asumir sus responsabilidades.

2.- Es verdad que, educando hijos, tenemos que organizar el tiempo, pero organizar no es renunciar. Eso de renunciar con abnegación no te hace ser mejor padre o mejor madre, porque los padres que renuncian terminan echando en cara a sus hijos el tiempo dedicado.

3.- ¿De verdad que es necesario dedicar todo nuestro tiempo al tiempo de los hijos? Algo tendrán que hacer los niños cuando se vayan de casa. Algo tendrán que aprender, algún país que conocer, algún idioma, algún instrumento, algún deporte que aprender y practicar; algo tendrán que vivir.

¿Se tienen que aburrir? Pues claro. Nosotros no somos animadores socioculturales, somos padres y madres.

¿Se tienen que frustrar? Pues claro. No siempre se pueden hacer las cosas que uno quiere, las que le gustan o las que te apetecen, y sobre todo, cuando para hacerlas necesitas la intervención de otra persona.

4.- Padres y madre: ¡hay vida después de los  6 años, de los 12 de los 18 y de los 30 y de los 50 y de los 80! porque  hay vida mientras se está vivo. Y mientras se vive, se pueden hacer cosas, se pueden aprender cosas. Hay vida, gestionarla es tarea de cada uno.

5.- Enseñar a responsabilizarse a los hijos es tarea de padres y madres. Más guía y menos sombra.

 

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Los hijos que se empeñaban en equivocarse
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Carlos Pajuelo | 18-04-2016 | 19:37| 0

Las vidas de los hijos, a veces,hacen trizas las vidas de sus padres

¿Cuántas veces has visto a tu hijo tomar decisiones, pensadas o a la ligera, que sabes que van encaminadas al más estrepitoso de los fracasos? Qué difícil es permanecer de espectador, qué impotencia, qué desesperación, qué desaliento, cuántas lágrimas cuando sientes que ni por las malas ni por las buenas son tenidas en cuenta tus consideraciones.

Yo creo que educar a los hijos no es un arte, ni una disciplina, ni un trabajo. Los que educan no tienen porqué ser artistas, ni expertos en educación, ni trabajadores sometidos a jornadas de 24 horas al día. Educar es un compromiso, el compromiso de dar a los hijos las herramientas necesarias para que se construyan como hombres o mujeres.

No es que tenga una crisis de fe en la tarea de educar, queridos lectores que seguís mi blog, es que a veces hablo con padres y madres que educan, que guían, que instruyen entre normas, limites, refuerzos, cariño, paciencia, comprensión, amor, y sin embargo sus hijos se empeñan en seguir su propio mapa de ruta, un mapa que a menudo no tiene ni norte, ni carreteras.

Que tu hijo se lance al mundo con una mochila repleta de ingenuidad como único equipaje, asusta. Que tu hijo abjure de todas y cada una de tus creencias, de tus consejos, de tus ayudas, asusta. Que tu hijo corte todo tipo de comunicación, que ignore los lazos que unen a los padres con sus hijos, que te dejen sin voz al otro lado de la línea, asusta.

No, no hay educación que evite estas situaciones. No hay padres, ni madres capaces de abrir los ojos del futuro de sus hijos cuando éstos no ven aquello que no quieren ver.

Hay hijos que se empeñan en tomar sus propias decisiones y muchas veces aciertan, pero a veces se equivocan. Sí, es verdad, es su vida. Pero es que las vidas de los hijos, a veces, hacen trizas las vidas de sus padres.

Esto es lo que podemos hacer los padres y madres cuando nuestros hijos se empeñan en tomar decisiones equivocadas:

1.- Es primordial controlar el miedo, porque el miedo sólo sirve para ponernos en la peor de las situaciones (drogas, alcohol, vida desordenada) y así asustados vivimos prisioneros de nuestro propio miedo.

2.- Controlar la rabia, porque la rabia que da creer que los hijos “echan su vida por la borda” te puede hacer actuar cegado, irritado. Y eso no te ayuda a ti ni a tus hijos. En estos casos los hijos necesitan ver a padres seguros, firmes y confiados.

3.- Habla. No te quedes callado, no ruegues, simplemente di lo que tú crees, lo que tú piensas, lo que tú sientes. Dile que lo que tú quieres es que encuentre su camino, que él sea el protagonista de su vida. Que la elección del tipo de vida que quiera tener es suya. Pero que para tomar ese tipo de decisión no es el mejor momento cuando uno se encuentra perdido.

4.- Y por último y sobretodo, deja la puerta de casa abierta, la luz encendida, su plato favorito en la nevera y confía en tu hijo siempre.

Mientras confiamos hay que seguir viviendo. Esto es lo más difícil, vivir con agujeros.

 

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Cómo ayudar a los hijos a elegir carrera
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Carlos Pajuelo | 10-04-2016 | 18:05| 0

Ayudar a los hijos en la toma de decisiones, ese es el papel de los padres.

¿Tú que vas a ser de mayor? Les preguntamos a nuestros hijos cuando son pequeños, y ellos nos responden seguros y decididos: “yo seré médico, futbolista, artista, jueza, o lo que sea…”. Sin embargo conforme va llegando el  momento en el que tienen, de verdad, que decidir su futuro académico y/o profesional les van surgiendo dudas, grandes dudas. De tal guisa que tu hija, que desde 4º de la ESO te dijo que iba a ser abogada, ahora, un mes antes de terminar el Bachillerato, duda entre estudiar Enfermería o Arte Dramático, a lo que los padres solemos responder con el consabido “¡Aclárate hija, que se te echa el tiempo encima!”.

Es verdad que los centros educativos, a través de los Departamentos de Orientación y los tutores, realizan efectivas acciones con sus alumnos para ayudarles en esta ardua tarea que es la orientación académico-profesional.

Pero ¿podemos ayudar padres y madres a nuestros hijos en este tema de la elección académica-profesional? Yo creo que, no es que podemos, sino que debemos. Debemos ayudarlos a que ellos tomen la decisión, no a tomar nosotros la decisión por ellos.

¿Cómo ayudarlos?

1) En primer lugar, dándoles a ellos la responsabilidad de tomar esa decisión. Cuando los padres son los que “eligen” mediante influencias varias qué van a estudiar los hijos, es frecuente encontrar a jóvenes que aprovechan esa situación para echar después en cara a sus padres sus fracasos académicos al son de “tú te empeñaste en que yo estudiara esto”.

Imponiéndole a los hijos qué tienen que estudiar corremos el riesgo de que retrasen su incorporación a los estudios deseados, pues es más probable que cambien de modalidad de Bachillerato tras el primer año en otra modalidad, que abandonen el primer curso de la carrera a mitad de curso, etc.

Los padres también tenemos que aclararles a nuestros hijos que la decisión es respecto a qué quieren estudiar, y no dónde, pues para muchos hijos parece que lo importante es la ciudad, “yo en Salamanca, Granada, Cáceres, Madrid…”, y no la carrera.

2)En segundo lugar, los padres pueden ayudar a sus hijos a que estos identifiquen sus habilidades y competencias porque es muy necesario tenerlas en cuenta a la hora de realizar la elección profesional. Una carrera no sólo se elige “porque me gusta”. Tiene también que utilizarse el criterio de “porque me veo competente, capaz, para ejercer esas tareas”. Cuánto más fuerte sea el interés por unos estudios, más fácil les será adquirir las habilidades necesarias para superarlos.

3) En tercer lugar, hay que hablar de las perspectivas laborales. No es éste el tema central a la hora de elegir carrera, pero tiene su enjundia, y es un error no tomarlo en cuenta. Pero insisto, no es lo más importante (aunque para los padres esto de las salidas laborales sea lo más importante).

4) Otro aspecto a tener en cuenta a la hora de elegir la carrera es abordar el tema económico. Estudiar una carrera supone para muchas familias un desembolso económico importante. El tema del dinero es serio porque a los padres les cuesta trabajo obtenerlo. Los hijos tienen que ser plenamente conscientes de ese esfuerzo, no para agobiarles, sino para que se responsabilicen.

Una recomendación práctica que aconseja Pedro Pérez, orientador del IES Reino Aftasí de Badajoz es la de hacer un presupuesto con una estimación del gasto que supone estudiar (si es fuera del hogar familiar,con más razón) haciendo un cálculo del porcentaje que supone este gasto con relación a los ingresos familiares. Así les hacemos ver  “físicamente” qué cantidad del presupuesto familiar se destina a su formación. Esta tarea de hacer un presupuesto  también es muy buena para aquellos padres que tiene reticencia a enviar a estudiar fuera a sus hijos, para que puedan calcular hasta dónde pueden llegar.

La formación universitaria no es sólo académica, tambien es formación personal, madurez, convivencia, autonomía. Aprender a administrarse, a hacer la compra, a cocinar, a lavar su ropa no es perder el tiempo que necesita para estudiar, es una oportunidad más para crecer (y muchas veces mucho más barata que un “palacio” en el que creemos que están protegidos y cuidados).

5) Y por último, recuerda que los estudios y los trabajos que vayan a realizar tus hijos les tienen que gustar a ellos, no a los padres. Los padres tenemos que enseñar a nuestros hijos que, para eso de desempeñar un trabajo que te haga feliz, el requisito imprescindible es mantener una actitud positiva frente al trabajo que realizas. Un trabajo no te hace feliz, tu actitud ante el trabajo sí. ¿Les estás dando ejemplo con esto?

Os recuerdo que nuestros hijos no son nuestras ilusiones,  y no pueden vivir la vida que nos hubiera gustado vivir a nosotros.

 

Para saber más:

Te recomiendo le eches un vistazo al  Blog de Orientación de Pedro Pérez

y también este libro que te puedes descargar aquí: Cómo orientar profesionalmente a tu hijo


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Necesito tu ayuda, educo a un niño con alergia alimentaria.
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Carlos Pajuelo | 03-04-2016 | 17:04| 1

Los padres de los niños con alergias alimentarias no son unos histéricos, ni unos fundamentalistas radicales. Escúchalos porque quieren a sus hijos igual que tú a los tuyos.

Sólo te pido tres minutos de atención.

Sabías que una alergia alimentaria es una reacción con síntomas, que pueden ser extremadamente graves pues pueden provocar la muerte, al contacto, ingestión o inhalación de las proteínas de un determinado alimento.

Pues cerca de ti hay padres y madres a los que la vida les da un giro inesperado, son padres y madres a los que tras una reacción alérgica de un hijo les dicen, por ejemplo, “una nuez, un trocito de nuez, puede matar a tu hijo, a tu hija. Toma este autoinyector (una inyección de adrenalina que es muy fácil administrar) y no se te olvide que el niño la tiene que llevar a cualquier parte en la que esté, colegio, casa, parque, etc. porque si tuviera una reacción alérgica es lo único que le puede salvar la vida”.

Y se van a su casa con su hijo, con su hija, con el autoinyector, y con el miedo metido en el cuerpo, con la incertidumbre constante porque el niño cuando llega al colegio, o a casa de sus amigos, no siempre encuentra a unos adultos que digan, “no te preocupes, nosotros nos hacemos cargo del niño, del autoinyector y os vamos a ayudar”.

No, no son ni padres histéricos, ni madres histéricas. ¿Le gustan las chuches a tu hijo? Imagina que el simple contacto con una chuche le pudiera provocar una reacción alérgica muy grave. Y que encima los que te rodeen te miren con cara de “por favor, no seas exagerado”. Los padres de niños con alergias alimentarias son simplemente padres y madres preocupados y que  están doblemente asustados, por un lado, susto por lo que les pueda pasar a sus hijos y por otro lado,  susto por las reacciones de otros adultos, maestros, amigos, padres, etc. que les hacen sentirse incomprendidos.

Cuando los padres ven comprensión a su alrededor disminuye su miedo y su sobreprotección, por eso tú, tu actitud frente a las alergias alimentarias, es muy importante para ellos.

Simplemente son padres y madres a los que una nuez, un cacahuete, un trozo de quesito, de fruta o de tarta, entre otros, puede matar a sus hijos.

Piénsalo despacio la próxima vez antes de decir eso de padres histéricos.

No, no son niños a los que haya que meter en una burbuja de cristal para aislarlos.

Igual estás pensando que en estos casos lo mejor es aislarlos, “por su seguridad”. Pues te recuerdo que son niños que necesitan, como todos los niños, tener una vida normal, es verdad que desde bien pequeños tienen que aprender a elegir los alimentos que pueden y no pueden comer, pero no son niños especiales, ni excepcionales, ni raros. Por eso tenemos muchas cosas que podemos hacer para que los niños con alergias alimentarias no experimenten desde bien pequeños la alergia como un signo de diferencia (el niño que no come chuches, el que no toma tarta…) y que la vivan como un aspecto más de la diversidad humana.

¿Cómo puedes ayudar a estos padres?

1.- Como todas las cosas de la vida con un poco de información, habla con los padres y madres y escúchalos, verás que no son extraterrestres, ni fundamentalistas, ni radicales. Sólo te van a pedir que los alimentos que metas en la mochila de tu hijo la puedan compartir todos los niños, con alergias y sin ellas. No llevar al colegio una chuche, un dulce, o lo que sea no es un esfuerzo si pensamos que esa chuche puede convertirse en un arma letal (y que además tu hijo puede ingerir en tu casa sin problemas).

2.- Con empatía. Educamos a nuestros hijos para que vivan en un mundo que está regulado por normas sociales. Enseñar a pensar en las necesidades de los demás tiene el mismo valor educativo que enseñar a no tirar papeles al suelo, a respetar las plantas, a pedir las cosas por favor, etc. No hacer sentir a los niños con alergias alimentarias como si fueran niños “raros”, te recuerdo que tus hijos y los niños con alergias alimentarias pueden compartir muchísimas comidas de manera conjunta. Esto también es ser empático, pensar en lo que nos une a todos y no en lo que nos diferencia.

Gracias por tus tres minutos de atención y no olvides que estos padres tienen que estar cada día 1440 minutos atentos , por eso agradecen encontrar a personas que les ayuden.

Pensar en las necesidades de otros es también una buena manera de educar.

 

Para saber más sobre alergias alimentarias (Asociación Extremeña de Alérgicos a Alimentos (AEXAAL)

Cosas que querría decirte un niño alérgico a alimentos

 

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“¡Tú eres de sobresaliente!”: los padres insaciables
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Carlos Pajuelo | 17-03-2016 | 20:35| 3

Padre, Madre, ¿Tú eres de sobresaliente?

Hoy quisiera hablar de los padres insaciables, de los padres que sólo valoran el rendimiento ya sea académico, ya sea deportivo, ya sea intelectual de sus hijos.  No es que los hijos tengan que ser buenos, es que tienen que ser los mejores. A la voz de “¡Porque tú eres de sobresaliente!”, hacen sentir a sus hijos la más áspera sensación  de inutilidad. No valoran el  esfuerzo, lo que tiene valor es el rendimiento, el resultado. El mejor de los resultados, porque tú eres de sobresaliente.

Yo no soy un padre de sobresaliente, a lo mejor por eso no entiendo a los padres que educan hijos como si fueran un producto bursátil, educar para obtener el máximo rendimiento.

Padres que hacen de la infancia, adolescencia y juventud  de sus hijos una exigente academia preparatoria como medio de alcanzar el éxito futuro. Hijo, tú eres de sobresaliente.

Estos padres entienden el futuro como territorio del éxito. Los  padres que educan con sus ojos puestos en el futuro, porque el futuro es el imperio de los más capaces. Los padres que viven el presente como un mero trámite que hay que pasar para llegar al futuro.

Padres sembradores en sus hijos de sentimientos de omnipotencia, “tú eres el mejor”.

Padres que trasmiten la idea de que los demás son rivales a los que hay que vencer. Comes o te comen.

Padres hipercríticos con el resto de padres a los que llaman blandengues, hipercríticos con el sistema educativo, con el profesorado, con los amigos de sus hijos. Los padres que hablan con verdades absolutas, con la seguridad que da saberse poseedor de la razón. Porque,  hijo, tú eres de sobresaliente.

Padres que solo muestran agrado cuando se alcanza el éxito. Si te has quedado a las puertas del éxito no te alientan, te recriminan, te hacen notar que si no has tenido éxito  simplemente es porque no has hecho lo suficiente. Porque, hijo, tu eres de sobresaliente.

Mientras estos padres andan ufanos en la excelencia de su modelo educativo, sus hijos intentando satisfacer las expectativas de sus padres se lanzan a la frustrante carrera de ser el mejor.

Hijos que han sido educados en el todo o nada. En o blanco o negro. Hijos aprendices de que no vale nada ser hijo, sino eres el mejor hijo. Hijos con temor a no saber ser los mejores hijos para esos padres tan sobresalientes.

Mientras tanto en muchas casas padres y madres están esperando las notas pensando al más puro estebanismo ilustrado, “pues yo por un cinco ma-to.”

P.D. ¡Llegan las notas!, si hay suspensos te recomiendo que le eches un vistazo a este artículo

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¿Educar o espiar? Los padres que creían poder controlar todos los peligros.
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Carlos Pajuelo | 06-03-2016 | 19:48| 0

Controlar, supervisar no es lo mismo que espiar.

Mi amiga Paqui me llamó hace unos días y me comentó “Carlos, el otro día al salir de una reunión en el colegio estuvimos tomando café unos cuantos de padres y madres y surgió un debate, que se fue poniendo cada vez más tenso, respecto a la conveniencia o no de utilizar aplicaciones para poder obtener información del uso que nuestros hijos menores hacen de las nuevas tecnologías. Algunos padres decían que supervisar y controlar es un derecho y un deber de los padres y lo argumentaban con alguna noticia aparecida en la prensa.  Otros decían que para controlar y supervisar no hace falta “espiar”, y así nos enzarzamos un buen rato. Así que dame tu opinión.”

¿Mi opinión? ¿Saber a todas horas qué hacen los hijos, con quién, cuándo y dónde?, ¿Eso te tranquiliza?, ¿Y si no te tranquiliza?, ¿la tarea de padres consiste en hacer lo que sea para estar tranquilo? ¿Y si cada vez te asustas más? ¿Le pondrías un detective privado a tu hijo?, ¿Espiarías sus cartas, sus conversaciones? ¿Saber todo lo que hace?

¿Serás capaz de permanecer impasible si, controlando, te enteras que tu hijo tiene fantasías sexuales con su profesora de historia?, ¿Si fanfarronea apropósito de su habilidad masturbadora? ¿Si describe apasionadamente como su cari le besaba a la vez que con sus manos recorría todos los rincones de su anatomía? ¿Y si escribe con todo el odio posible su desprecio por los fachas, o los rojos, o los perroflautas, o los inmigrantes, o los del atleti? ¿y si dice que va a abandonar los estudios? ¿y si lees que se quiere ir de casa?, ¿Y si descubres que dice que no soporta a sus padres que están todo el día controlando?, ¿Qué pasaría si tú leyeses en el móvil de tu hijo que para él el mundo es un asco?, ¿y si leyeras que está cansado de vivir?, ¿o leyeras un whatsapp en el que dice: “si tú no me quieres prefiero estar muerto”? ¿y si lees que tu hijo dice que tiene la sensación de que sus padres no confían en él?

¿Leerías el diario de tu hijo?

¿Tendrá tu hijo una vida más segura si tú fueras conocedor de todos sus pensamientos, emociones y conductas?

¿Se puede controlar todo?, ¿Eso evita el peligro?

¿Qué hará tu hijo cuando tú ya no lo puedas espiar?, ¿quién lo cuidará?

¿Y si los teléfonos móviles, las redes sociales no acarreasen más peligros que los peligros que vivir la vida conlleva?

¿Y si nuestra principal preocupación fuera la de educar? ¿Y si le hablamos claro a los hijos? ¿y si les enseñamos a vivir en un mundo que tiene peligros? ¿y si les damos ejemplo sobre cómo hacerlo? ¿Y si les ponemos normas claras y límites que regulen el uso de las redes sociales, el uso de los teléfonos móviles? ¿Y si confiamos en ellos? ¿Y si confiamos en nosotros? ¿Y si educamos? Eso, ¿Y si EDUCAMOS?

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Ser padres de hijos con cáncer
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Carlos Pajuelo | 29-02-2016 | 20:01| 1

 

padres y madres que nos enseñan cómo personas normales son capaces de hacer cosas extraordinarias

Mi trabajo, entre otras cosas, me ha dado la oportunidad de orientar a muchas madres y padres en la “entretenida” tarea de educar a sus hijos. Escuchar a padres y madres que te confían sus miedos, su desesperación, sus frustraciones,  es una gran responsabilidad que exige dar lo mejor de ti a sabiendas de que en esto de educar no existen las recetas milagrosas.

Hoy quiero hablaros de los padres y madres que tienen que enfrentarse a un hecho que los desgarra, un hecho que se inicia cuando escuchan las palabras “tu hijo tiene cáncer”.

A lo largo de nuestra vida podemos imaginarnos como se puede sentir  uno en una situación dada, pero creo que hay algunas situaciones dolorosas que si no las has vivido por mucho que te acerques a imaginar ese dolor siempre te quedas lejos.

No, no son héroes esos padres, ni héroes son los hijos que se enfrentan al cáncer. Son padres como tú y como yo y sus hijos como los tuyos. No, no son héroes, simplemente es que no tienen más remedio que hacer frente a lo que llega. Padres y Madres que ante esta dura realidad hacen lo que los padres deben de hacer: mostrar a sus hijos maneras eficaces de afrontar situaciones difíciles y dolorosas.

Padres y madres normales, con hijos normales que se tienen que enfrentar  a una situación para la que nunca creemos estar preparados y para ello se necesita:

Controlar aquellos pensamientos que nos llevan a pensar solo en la peor de las posibilidades y centrarnos en el día a día que es una manera efectiva de generar confianza.

La enfermedad no es un paréntesis en la vida de la familia, es parte de la vida de la familia y toda la familia debe participar de ella porque a todos afecta. El calendario no se detiene y toda la familia sigue viviendo y todos tienen sus necesidades. Es verdad que lo primero es lo primero pero hay que cuidar también de lo segundo, de lo tercero…

Cuando la vida te da palos no hay ansiolíticos, ni psicología que te puedan quitar el dolor. Cuando toca sufrir, se sufre y en esos momentos hay que buscar las fortalezas que tenemos dentro para dar respuesta, a veces para encontrar esta fortaleza hay personas que te pueden echar una buena mano. En la Asociación Oncológica Extremeña y en La Asociación Española Contra el Cáncer y otras asociaciones  puedes encontrar una ayuda inestimable.

No, no es nada fácil ponerse en la piel de esas madres y padres pero eso no nos impide brindarles de manera positiva nuestro apoyo. Y para apoyar de una manera positiva procura:

Los padres necesitan sentirse  seguros de que están haciendo lo mejor para ayudar a sus hijos enfermos, de que están tomando las decisiones más adecuadas, así que nada de meter presión e incertidumbre con comentarios del tipo “en tal sitio hay un médico estupendo, en tal otro una terapia tal, etc.” Deja a los profesionales, que son los que atienden a sus hijos, que sean los que orienten sobre esas decisiones.

La vida se vive en presente así que las palabras: confianza, esperanza, deben ser las que dibujen el paisaje. Y olvida ese repertorio agorero “de vaya desgracia”, “que asco de vida”, “que injusto”, “que pena” que trasmitimos a veces con palabras o con nuestro lenguaje corporal. Sentir pena por unos padres o por sus hijos no les ayuda para nada. 

Los abrazos, los te quiero, los ánimos, los apoyos, por lo civil o por lo religioso, son de mucha ayuda  pero deja que sean los propios padres los que los gestionen, los que decidan cómo y cuándo.

Con cariño a todas las madres y padres con hijos con cáncer que nos enseñan cómo las personas normales son capaces de hacer cosas excepcionales.  

¡A vivir!

 

 

 

 

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Hablar mal a los hijos de su padre o su madre es maltrato.
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Carlos Pajuelo | 15-02-2016 | 17:44| 0

Proteger a los hijos debería de ser el objetivo principal en las inevitables disputas entre progenitores que están inmersos en un proceso de divorcio.

Tus hijos sienten, como tú y como yo. Tus hijos viven sus emociones con intensidad. Tus hijos necesitan querer y saberse queridos. No lo olvides.

El sufrimiento invisible es el sufrimiento que nos negamos a ver.  Los divorcios acarrean sufrimiento tanto a los padres como a los hijos, y a veces los adultos estamos tan sumidos en el dolor, tan presos de rabia  que tenemos mucha dificultad para darnos cuenta de que nuestro comportamiento, especialmente el de hablar a los hijos mal del otro progenitor, puede ser la causa de la tristeza de nuestros hijos.
En los últimos años he visto a muchos menores a los que ambos progenitores, o uno de ellos, los someten a una de las situaciones de maltrato más dañina que puede haber: la de hacerlos ser parte de las disputas que se dan entre los adultos, y lo que es peor aún, tener que tomar parte por uno de sus progenitores en las disputas que se dan entre ellos.
Todos los niños necesitan modelos a imitar que guíen su desarrollo , un modelo a seguir, un referente, un faro. Los menores obtienen en la figura paterna y/o materna no solo un modelo a seguir, sino también la mejor manera de establecer vínculos afectivos que les ayudan a desarrollar seguridad emocional. Quiero y me quieren, esa es la mejor vitamina para crecer.
La separación/divorcio de los padres, sobre todo cuando es “tormentosa”, pone a prueba la competencia y el talento de esos padres a la hora de gestionar una situación dolorosa de la manera más generosa posible con los hijos.
Todos los padres ejercemos influencia en nuestros hijos. De eso trata fundamentalmente la tarea de educar, de influir en la conducta de nuestros hijos, de influir en sus valores, normas y actitudes. Esa capacidad de influir en nuestros hijos acarrea  una gran responsabilidad: la de evitar la manipulación.
El desarrollo emocional equilibrado de un hijo requiere que, por parte de los padres, se trasmita que existe una aceptación incondicional del hijo, aceptación incondicional del hijo, pero no de sus conductas que lógicamente necesitan de límites y regulación. Esta aceptación incondicional requiere también que ambos progenitores pongan a salvo, en presencia de sus hijos, la imagen del otro progenitor, y para ello es requisito imprescindible no hacer explícito que los hijos tomen partido, juzguen o evalúen la conducta de sus padres.
Hablar mal a los hijos de uno de sus progenitores es una manera de infligir maltrato a nuestros hijos porque, por un lado les obliga a decantarse por uno u otro, y por otro, le haces sentirse culpable por amarlo.
Nos encontramos pues ante una consecuencia indeseable de las disputas entre adultos, como es la que se puede dar en una separación/divorcio, que es la de dar información a los hijos con la finalidad de que participen, como si de adultos se tratase, en dicha disputa.
Envenenas a tus hijos, aunque tú creas que les estás contando la verdad cuando los predispones contra el otro progenitor.
Una victoria pírrica la de que un hijo menor tome partido por uno de sus progenitores, una absurda manera de intentar hacer daño al otro progenitor cuando al que se le hace daño de verdad, y a veces de forma irreparable, es a los hijos.
Proteger a los hijos debería de ser el objetivo principal de padres y madres en las inevitables disputas en las que están inmersos en un proceso de separación/divorcio. Proteger a los hijos nos obliga a no dañar la imagen que tienen de su padre o de su madre.
Los hijos se hacen mayores. Los hijos ven, los hijos sienten, los hijos saben. Los hijos distinguen lo que es atención, qué es el cuidado, el cariño. Así, inevitablemente, llega un día en el que ellos toman sus decisiones, toman partido.
Mientras llega ese día enséñales que querer y sentirse querido es una estupenda manera de afrontar un divorcio.
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¿Cómo hablar de sexo con los hijos?
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Carlos Pajuelo | 27-01-2016 | 17:27| 1

La educación afectivo-sexual tambien es tarea de padres y madres

 

Mi amiga Paqui me llamó hace unos días y me comentó, con una mezcla de sentimientos de asustada e impresionada, que una amiga suya que tiene mucha confianza con su hija de 17 años se quedó estupefacta cuando la hija le pidió que le enseñara “estrategias” para tener una vida sexual placentera. La madre para salir del paso le dijo: “bueno, eso ya lo irás aprendiendo, ahora céntrate en los estudios que es lo que tienes que hacer y déjate de tonterías”. A lo que su hija le contestó, a lo Concha Velasco: “mamá yo quiero saber cómo se tienen orgasmos”.

Educar a los hijos en un clima de confianza mutua conlleva que los hijos pueden hacer demandas, más o menos educativas, a los padres en el área del desarrollo afectivo-sexual. Conozco algunos casos de hijos e hijas que les piden a sus padres información que precisamente no tiene que ver con los aspectos biológicos de la reproducción, sino con las destrezas y habilidades amatorias. Responderles:“Tú estudia, y déjate de tonterías” es una respuesta “salvadora”, pero no sé si educativa.

¿Por qué hay que hablar de sexo con los hijos?

La educación sexual sigue siendo un tema en el que los padres nos movemos con cierta dificultad, fundamentalmente porque, por un lado, nos cuesta imaginarnos a nuestros hijos e hijas adolescentes como personas con deseo sexual; y por otro, porque sentimos pudor porque no sabemos cómo hacerlo.

Cuando un adolescente quiere información la busca pero, a veces, la información que encuentra le llega por la via de un “experimentado profesional” de su misma edad. ¿No crees que es un poco arriesgado dejar en manos de los amigos, compañeros o Google la educación sexual de tus hijos? ¿No crees que igualmente es arriesgado no dar ningún tipo de orientación e información realista?

Las conductas sexuales pueden convertirse para algunos adolescentes es una situación de malestar, incluso sufrimiento, y mucho más aún si  se une a la inexperiencia propia de la edad, ideas falsas, o mitos sobre la sexualidad.

Nuestros hijos saben perfectamente todo respecto a los aspectos anatómicos y biológicos de la reproducción, pero no saben nada respecto  a la diferencia que existe entre lo imaginado y lo real. Y los padres somos una estupenda herramienta para anticiparles la realidad con la que se puede encontrar.

Antes los hijos no hablaban con los padres de sexo. Ahora sí. Pero no lo olvides: nosotros somos los padres, no sus colegas. Hablar de sexo con nuestros hijos es hablar de desarrollo afectivo-sexual y, por lo tanto, es hablar de valores, de cariño, de respeto, de comunicación, pero también ser explícito en conductas que entran dentro de la normalidad (falta de conocimiento de otros cuerpos, eyaculación precoz, dificultad para excitarse, etc) y que algunos adolescentes pueden interpretar de manera equivocada acarreándoles un sufrimiento innecesario. Enseñarles que no se preocupen tanto por la forma como por el fondo, y que como casi todas las cosas de la vida se aprenden mediante la experiencia. Los padres no somos instructores de kamasutra, los padres somos instructores de valores, de actitudes y de comportamientos.

¿Cómo hablar de sexo con los hijos?

En primer lugar, no haciendo distinción entre chicos y chicas. La educación sexual está asentada en valores como el respeto al otro, el cuidado del otro, el afecto, la coresponsabilidad.  Y esto es obligado tanto para los chicos como para las chicas.

Aprovecha sus primeras experiencias de enamoramiento para hablarle de lo que crees que es un comportamiento  adecuado, y lo que crees que es inadecuado  en sus relaciones. Y háblale claro, no recurras a parábolas como la de “hija, ten cuidado  no te vayan a echar algo en la coca-cola”, cuando tu preocupación realmente es otra. La educación afectivo-sexual de los hijos requiere que los padres les hablemos claro respecto a lo que ocurre o puede ocurrir cuando uno cree que está enamorado. No se trata de negar lo que nuestros hijos sienten, sino orientarlos respecto a la necesidad de responsabilizarse de sus decisiones, de sus acciones.

Los padres tenemos el deber de controlar y supervisar a nuestros hijos menores y los límites deben girar alrededor de los valores de cada familia. Son los valores que tú quieres inculcar a los hijos, y no el miedo, lo que nos ayuda a marcar los límites respecto a lo que consideramos adecuado o no.

Hablar, informar, guiar, educar, para ayudar a nuestros hijos a desarrollar una sexualidad que sea lo más gratificante posible.

 

 

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Cómo educar sin asustar (y sin estar asustado)
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Carlos Pajuelo | 17-01-2016 | 17:52| 0

Los padres valientes tienen miedo pero no dejan que sea el miedo el que eduque a sus hijos

Los padres valientes tienen miedo.

Hace unos días recibí un correo electrónico en el que un lector del blog Escuela de Padres me contaba que la inmensa felicidad que le había ocasionado el nacimiento de su hijo se estaba viendo afectada por la aparición de un sinfín de miedos respecto a calamidades que le pudieran ocurrir a su criatura. Estos miedos le llevan a estar constantemente alerta intentando anticiparse a cualquier situación peligrosa que pudiera afectar a su hijo. Un sinvivir.
Y qué verdad es que como padres  deseamos con ansia evitarles cualquier situación de peligro, de malestar, de dolor, de sufrimiento a nuestros hijos.
El miedo es natural, el miedo es un mecanismo que nos ha permitido sobrevivir como especie porque el miedo nos ha hecho desarrollar comportamientos para cuidarnos.
Los padres valientes tienen miedo y lo saben, pero no dejan que sea el miedo el que eduque a sus hijos porque no quieren que sus hijos crezcan asustados.
La vida de los seres humanos es frágil y se ve fácilmente amenazada por muchos y diferentes acontecimientos, pero si pretendes tener control sobre todos los peligros que pueden afectar a tu hijo vas a crear una burbuja que se llama sobreprotección y los hijos sobreprotegidos se vuelven personas incapaces de gestionar su propia vida.
Que tengas miedo es normal, eso es de valientes. Las personas que no tienen miedo  insensatas. Tener miedo no significa vivir asustado, ni vivir asustando.
Para educar sin asustar,  puede ser una buena idea:
1.- Dar razones de por qué no se debe de hacer algo en vez de recurrir a meter miedo para que no lo haga. El “coco” es Pan para hoy y hambre para mañana.
2.- Enseñar a los hijos a tener frente a la vida una actitud positiva les ayuda a valorar la vida y por lo tanto a desarrollar conductas que les ayuden a preservarla.
3.- El malestar, sufrir, no tener lo que uno desea, etc. son situaciones normales e inevitables en la vida de las personas. Y cuando la vida da palos se pasa mal y el trankimazin y la psicología pueden ayudar a afrontarlo pero lo que no pueden hacer es evitar sufrir.
La finalidad de la educación no es evitar todos y cada uno de los potenciales peligros que les puedan afectar a nuestros hijos, la finalidad es que aprendan a vivir, que aprendan a afrontar todo lo que la vida les va a deparar, bueno o malo. Afrontar es vivir activamente.
4.- No puedes ocultarles y menos aún evitarles a los hijos la cara triste de la vida porque es una manera de hacerlos débiles e incompetentes para afrontar adversidades a las que más temprano que tarde tendrán que enfrentarse.
5.- Así que no le tengas miedo al miedo, aprovecha ese miedo para enseñar a tus hijos que amar, amar a los hijos, amar las cosas que hacemos, amar la vida,  es la mejor manera de aprender a desarrollar conductas que no nos pongan en peligro.
6.- Vivir… eso es ser padres: dar vida, vivir.

Sobeproteger a los hijos es una manera de meterles miedo en el cuerpo. Sobreproteger a los hijos te aporta una falsa seguridad, una tranquilidad efímera. Te recuerdo que tus hijos son muy pocos años unos niños y muchos años unos adultos que van a tener que organizar su vida. Tú decides qué y cómo quieres enseñarles.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Cultura. Compagina su labor de Orientación con la de profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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