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Cómo enseñar a los hijos a (auto) controlar sus emociones
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Carlos Pajuelo | 26-10-2014 | 18:18| 0

Aprender a controlarse emocionalmente, la mejor manera de aprender qué es la disciplina

 “Mira Carlos, estaba yo tan tranquilito y contento en casa cuando llegó mi hijo y empezó  a decir, con muy malos modos,  que tenía mucha hambre y que quería comer,  yo con tranquilidad y  tono suave le dije “espera un poco que ahora llega tu madre y comemos”, ¡Madre mía,  cómo se puso! empezó a decir que qué asco, que porqué teníamos que esperar, que él no esperaba… y yo, un poco fastidiado ya,  me dije vamos a tener la fiesta en paz pero el niño erre que erre,   yo intentando tranquilizarme  mientras  que el modorro empieza a hacer rabiar al pequeño  y ya descompuesto comienzo a pensar  “como vuelva a decir que tiene hambre  le meto con el cazo”.  Y la yugular ingurgitándoseme (el cuello lo tenía ya como el de  un cantaor flamenco). Así que cuando el niño entró por enésima vez por la puerta de la cocina, antes de que le diera tiempo a abrir la boca me puse… como los locos.  Tuvimos una buena bronca y al final se me quitaron hasta las ganas de comer estuve el resto del día fastidiado y riñendo con todos… hartito…”

En el post anterior hablábamos de la importancia de reconocer nuestras emociones, hoy vamos a hablar de la compleja tarea de enseñar y aprender a regular nuestra conducta emocionada.

Nada como nuestra cabeza para descontrolarnos, uno está tan tranquilo y alguien viene y nos saca de quicio. Mejor dicho, está uno tan tranquilo, viene alguien más  o menos “impertinente”  y nosotros mismos empezamos a  azuzarnos, a atizarnos,  con pensamientos del tipo  (“verás este, como me vuelva a decir, mira la cara que está poniendo, etc…) y os recuerdo que son nuestros pensamientos y no la conducta de los demás lo que nos descontrola.

No hay mejor disciplina que aprender a controlar la conducta. Si quieres que tu hijo sea disciplinado tendrás que enseñarle a auto controlarse y para ello necesita de padres que sean capaces de auto controlarse.

¿Qué hace falta para autocontrolarse?

1.- Ser consciente de que te estás alterando, identificando lo más pronto posible señales que nos lo indican. Os recuerdo que el proceso de irse alterando es paulatino pero la mayoría de las veces cuando nos queremos dar  cuenta de que nos estamos alterando ya es tarde y no hay posibilidad de marcha atrás.

2.- Enseñar a los hijos modelos correctos de expresión  emocional. Para ello lo mejor es utilizar un lenguaje con frases descriptivas de la conducta, como por ejemplo “Hijo ya sé que tienes hambre y que quieres comer y cuando se tiene hambre uno está más irritable. Pero vamos a esperar a tu madre”,  es mucho más apropiado que utilizar frases que describan nuestro estado emocional descontrolado  “y yo estoy harto de aguantar tus malos modos, todos los días igual, que ya no se qué hacer para contentarte, que hasta que no me ves gritando no paras, que sólo me entran ganas de coger la puerta…”(¿te suena esto?).

3.- La expresión emocional requiere, una y otra vez, utilizar pensamientos y palabras que guíen-controlen de forma correcta nuestra conducta. De esta manera nuestro  pensamiento nos puede ayudar a  controlar la impulsividad (no pensando en que le voy a dar con el cazo como siga tan pesado),  controlar la ira (pensando sencillamente “no me voy a enfadar”).

4.- He repetido muchas veces en este blog que cuando nuestros hijos están más descontrolados es cuando  más necesitan que los padres estemos controlados.  Así les podremos enseñar cómo debemos actuar en situaciones parecidas sin necesidad de “perder los papeles”. Para afrontar situaciones adversas, difíciles, hace falta tranquilidad.

5.- Enseñar a los hijos a generar  emociones positivas. No se trata de estar todo el día “yupi”, “que guay” se trata de reconocer y hacer explícitas aquellas cosas que nos hacen o han hecho  sentir bien cada día.  Así que cuando los hijos estén “modorros” y discutan contigo además de discutir, de vez en cuando haz explícito algo que te haga sentir bien respecto al “discutidor”, como por ejemplo, “que bien que no me he alterado”.

¿Difícil? Pues claro que sí. Si fuera fácil yo no estaría escribiendo este post ni tú leyendo desesperadamente. ¿Posible?  Pues claro que sí, pero ponte a ello. Hazte el propósito de controlar tus emociones. Controla tu pensamiento. Un poco de sordera transitoria viene bien en estos casos. Y si al final no te has enfadado ni te has alterado, ponte una medalla: “¡¡¡tienes poderes!!!”. Pero estos poderes sólo te sirven para educar.

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Cómo educar a los hijos para que vivan sus emociones
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Carlos Pajuelo | 26-10-2014 | 18:18| 4

Educar es también enseñar a los hijos el peso que las emociones tienen en nuestra vida cotidiana, es enseñar a aprender a convivir con las emociones.

 

Es muy frecuente que los padres vivamos conversaciones de este tipo con alguno de nuestros hijos:“¿Qué te pasa hijo? ¿A mi? ¡Nada!. Hijo es que te veo como si te pasara algo. ¡Que no me pasa nada, pesados, dejadme en paz!”.

Es curioso que con lo que a los padres nos preocupa todo lo que hace referencia con el desarrollo de nuestros hijos tenemos mucha dificultad para movernos en el terreno de la educación de las emociones. Quizás esta dificultad venga dada porque a nosotros nadie nos “educó emocionalmente” de hecho yo escucho a muchos padres decir eso de “tengo un no sé qué” como forma de identificar sus sentimientos. Los nosequés no dejan de ser más que emociones que no son reconocidas y por lo tanto no podemos  hacer nada para actuar sobre ellas por lo que terminamos siendo dominados, vividos por nuestras emociones.

Las emociones juegan un papel importante en nuestra vida (recordar post sobre educando con inteligencia emocional) y en la de nuestros hijos. Educar es también enseñar a los hijos el peso que las emociones tienen en nuestra vida cotidiana, es enseñar a aprender a convivir con las emociones. Educamos para que nuestros hijos decidan con libertad y no como esclavos de sus emociones.

¿Cómo ayudar a que nuestros hijos sean emocionalmente inteligentes?

1.- Haciéndoles  ver que sentir emociones es algo normal. Cuando digo normal quiero decir natural. Es tan natural sentir rabia, celos, envidia como sentir alegría, amor, etc.  Las emociones en sí no son ni malas ni buenas,  son respuestas ante una determinada situación.  Lo bueno y  lo malo de las emociones viene dado por las consecuencias que tienen en nuestra vida la manera en la que las manifestamos.

2.- Haciéndoles  saber que las emociones que sienten además de ser naturales tienen un nombre. Los padres enseñamos a nuestros hijos el nombre de  los objetos físicos y sociales que les rodean, pero en el terreno de las emociones, sobre todo en las mal llamadas emociones negativas,  lo que les enseñamos es a decir  “Estoy harto”, “No puedo más”, “Me va a dar algo”, “tengo un no sé qué”, “no puedo más”, etc.  Sería más ilustrativo cambiarlo por  “Estoy enfadado cuando…”, “estoy  irritado porque…”,  “estoy sorprendido”, “estoy contento…”  Dar nombre a las emociones nos ayuda a saber qué es lo que  estamos sintiendo en un momento determinado y ese es un buen punto de partida para saber qué hacer.

3.- Explicándoles  a los hijos que se pueden sentir varias emociones a la vez.  Uno puede estar enfadado por algo en concreto pero no es necesario estar enfadado con todo lo demás.  A veces estamos enfadados con nuestros hijos por algo  en concreto y nos comportamos como si estuviéramos enfadados con el mundo entero.  Puedo estar  enfadado con mi hijo porque no ha recogido su cuarto pero no necesito tener la cara de amargado todo el día.

4.- Ayudar a  los hijos a que entiendan que entra dentro de lo lógico no querer reconocer determinadas emociones que presentamos. Nadie quiere reconocer que siente envidia (de la mala) ni ira ni otras emociones que tiene mala prensa y presentan una imagen negativa de nosotros y los seres humanos queremos que los demás nos quieran y aprecien. Pero es fundamental reconocer lo que se siente para poder decidir posteriormente si  debes o no controlarlo.

5.- Hazles ver la relación que existe entre lo que  pensamos,  lo que sentimos y cómo nos comportamos.  Esta relación entre pensamiento, emoción y conducta  guía nuestra vida. Si pienso que soy competente me sentiré bien y actuaré de manera competente si por el contrario pienso que soy inútil, me sentiré triste y no me atreveré a hacer cosas  por temor a hacerlas mal.

Para educar en emociones hay que ser consciente de cómo vivimos con emociones.

En el próximo artículo hablaremos de cómo autoregular las emociones.

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Educar: la agotadora tarea que no acaba
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Carlos Pajuelo | 13-10-2014 | 22:32| 2

La tarea de educar es a veces agotadora. Fotografía de Esther Cossio (http://instagram.com/esthercossio)

Hija, déjame que te explique por qué bostezo.

Antes de que tu aparecieras en nuestra vida igual que aparece un trueno después de un relámpago, como una ansiada cuenta atrás, como el mejor de los deseos concedido por una estrella fugaz, los segundos, las horas, los días, semanas y meses solo nos servían como parámetros para organizar nuestra vida.

Cuando te asomaste a nosotros se rompieron los calendarios y relojes y el tiempo dejó de ser aquel espacio en el que discurría nuestra vida para convertirse en el escenario donde vas creciendo.

Eres lo mejor que nos ha pasado, aunque durante tres años no supimos qué es eso de dormir ocho horitas, ¿ocho? Ni la mitad.

Eres lo mejor que nos ha pasado,  aunque no podíamos dejarte ni un instante sola porque bajo esa carita angelical crecía  una mezcla de zipi y zape con mucha curiosidad y sin la más mínima idea de lo que era el peligro. Delegaste en nosotros la tarea de ser tu colchoneta, tu red, los vigilantes a jornada completa.

Eres muy zalamera pero cuando enfermas te desovillas de tal manera que nos da miedo que se te olvide hasta respirar.

Cuando nos llaman del colegio y nos dicen que no estudias, que no haces las tareas, que contestas, nos preocupa hasta dónde llegará el límite de tu osadía.

Cuando sales con tus amigas y llega la hora del regreso y no has aparecido, nos asustamos.

Cuando la vida te sacude un bofetón porque un carajota te ha roto el corazón, nos duele tu dolor.

Cuando te desesperas porque el mundo es un asco lleno de injusticias y te vuelves paladín de las causas perdidas, sonreímos.

Cuando coqueteas con las drogas o el alcohol nos invade el miedo y más aún cuando tu arrogante seguridad intenta tranquilizarnos.

Cuando los pájaros anidan en tu cabeza, intentamos ser un faro al verte “desnortada”.

Pero siempre, vayamos cuesta arriba o vayamos  cuesta abajo, vamos viviendo sin mirar atrás.

¿Sabes? Es muy difícil sentirse un buen padre cuando uno además de conocer su egoísmo, limitaciones y carencias, es señalado por los demás cada vez que su hijo se equivoca.

Desde el momento en que llegaste y movidos por el amor que nos inspiras comenzamos esta ardua tarea de educar y  no olvides que en todos y cada uno de esos instantes, los buenos y los malos, TE EDUCAMOS, NO DEJAREMOS DE EDUCARTE, nos esforzamos con aciertos y equivocaciones y cuando desfallecemos, nos desesperamos, maldecimos,  nos basta con pensarte y en ese instante nos vienen unas fuerzas que nunca imaginamos poseer que nos permiten seguir y no arrojar la toalla. Un esfuerzo que agota, un cansancio físico y mental,  un esfuerzo en el que tu madre y yo vamos gastando la vida.

Por eso a veces estoy cansado, agotado  y entonces me apoyo en un poste y con la mirada perdida  bostezo. Pero este bostezo, querida hija,  no significa que esté  ni aburrido, ni hambriento y menos aún desesperado.

Este bostezo solo significa: Que te quiero. ¡Cuánto te quiero hija!

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Padres y Abuelos: cinco cosas que sus hijos-nietos agradecerán.
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Carlos Pajuelo | 05-10-2014 | 16:57| 0

El cariño de los abuelos es de un valor emocional incalculable.


Hace unos días me encontré con una antigua alumna mía que iba de paseo con su niño de dos años y con su madre. “Mira mamá, este es Carlos Pajuelo, que fue profesor mío en la Universidad y es el que escribe el blog para padres en el periódico Hoy”.  La madre me plantó dos besos mientras me decía  con un tono irónico y mirando de reojo a su  hija, “Hijo, pues a ver si escribes en el blog ese que los abuelos no somos tontos y que si hemos sabido criar a nuestros hijos  igualmente sabemos criar a los nietos”. Mientras su hija escuchaba a su madre, se mordía los labios con un gesto de resignación  para, nada más callarse su madre, replicar  “también puedes escribir un artículo sobre los abuelos que se creen que sus hijos son tontos y no saben educar”.  En estas situaciones siempre es cuando imagino que si hubiera sido fontanero esto no me hubiera pasado.

Por muchas y diferentes razones de tipo social, laboral, económico, etc., los abuelos cada vez juegan un papel más importante en la educación de nuestros hijos. En muchas familias son los abuelos los encargados del cuidado de los nietos mientras los padres trabajan. Este nuevo rol de abuelos conlleva la implicación de éstos en las tareas educativas. Por todo esto es muy normal que en esta situación puedan darse roces entre personas que tiene en común el amor que profesan por el hijo-nieto pero que pueden tener diferentes o muy diferentes opiniones en cuanto a la manera de plantearse la educación.

Cinco cosas que deberían de tener en cuenta los abuelos cuando educan a sus nietos

1.- Por mucho que los quieras, no son tus hijos. Tienen padre y madre que son los responsables de la educación de los hijos.  Así que asume tu estupenda e imprescindible tarea de colaborador.

2.- No les recuerdes constantemente a los padres de tus nietos todo lo que la experiencia te ha dado. La experiencia es un don de uso exclusivamente personal por lo tanto no puede transferirse.  Y recuerda que los hijos se educan “aquí y ahora” por lo que no valen las comparaciones con otros tiempos que ya pasaron.

3.- No les digas “lo estáis mal criando” y les busques los defectos que tú crees que tienen. Mira mejor sus virtudes y refuérzaselas. A educar se aprende educando.

4.- No rivalices con sus padres con frases del tipo “pues aquí duerme la siesta”, “aquí se lo come todo”, etc.  Ni te metas por medio cuando los padres riñen a tus nietos.

5.- Respeta las “normas” que los padres tienen para sus hijos y si no estás de acuerdo con ellas lo mejor es que te pongas “a sus órdenes” en vez de pensar y hacer lo que “me dé la gana”.

Cinco cosas que deben de tener en cuenta los hijos cuando solicitan ayuda de los abuelos.

1.- Los abuelos son más espabilados de lo que a veces pensamos los hijos. Así que procura no dejar al niño con un listado de instrucciones muy grande. Los frigoríficos de los abuelos están llenos de esas  instrucciones en las que se les explica con detalle toda y cada una de las cosas que no se deben de olvidar los abuelos. Así que cuanto más grande es la lista más puedes “mosquear” a los abuelos.

2.- Los abuelos te ayudan a cuidar y a educar a tu hijo. Así que no les exijas la perfección que por cierto los padres tampoco tenemos.

3.- Los niños saben perfectamente qué pueden hacer y dónde lo pueden hacer. Hay abuelos que dejan que sus nietos les potreen el sofá pero esos mismos niños en su casa no lo hacen.  No le digas a los abuelos “lo estáis mal criando” es más fácil decirles “os va a estropear el sofá”.

4.- No rivalices con los abuelos. Vas a perder. Un abuelo, por lo general, tiene todo el tiempo del mundo cuando está con su nieto. Tu no.

5.- Sé flexible con tus normas cuando dejas a tu hijo con los abuelos, ellos te ayudan encantados pero no olvides que los abuelos están también encantados haciendo otras cosas además de cuidar a tus hijos.

Un abuelo le va a dar a tus hijos lo que solo un abuelo puede dar. El cariño de los abuelos es de un valor emocional incalculable. Los abuelos son unos estupendos maestros enseñando el valor del recuerdo. (No estaría mal repasar el post en el que hablé de los efectos positivos de enseñar a recordar a nuestros hijos).Entre todos vamos a fomentarlo, vamos a disfrutarlo.

Educar es una manera estupenda de practicar la generosidad. Educar es una estupenda manera de compartir. Recordad que para educar a un niño “hace falta toda la tribu”.

Así que este post vá  para todos los abuelos y abuelas que educan. Con nuestro cariño y reconocimiento.

 

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Qué hacer cuando nuestros hijos mienten
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administrador | 28-09-2014 | 16:52| 0

 

Pinocho ilustrado por Saura.

Pinocho ilustrado por Saura.

Si hay algo que a los padres nos saca de quicio es que nuestros hijos nos mientan y, sobre todo, que nos sigan mintiendo aunque les hayamos pillado. La mentira es una consecuencia de la necesidad que tenemos de ser queridos y aprobados por los demás.

 Desde bien pequeños enseñamos a nuestros hijos cómo sus conductas influyen en nuestro bienestar o malestar, y los hijos que necesitan y quieren la aprobación de sus padres pueden recurrir a la mentira como una forma rápida de satisfacción de esa necesidad.

 Esa es una de la razón por la que mentimos los seres humanos, porque intentamos trasformar la realidad de tal manera que sea agradable para los oídos/ojos de los que nos rodean. “Carlos,yo les miento a mis padres porque veo en sus ojos un brillo de satisfacción que sólo reluce cuando me invento algún éxito“. Esto me contaba Luis de 13 años para justificarme por qué era tan mentiroso. Lo peor de esto es que los padres de Luis caían una y otra vez en la trampa de creer que, al fín, su hijo había hecho “click”.

Entonces, cómo actuar ante las mentiras de los hijos

1) En primer lugar te recuerdo que no sólo mienten los niños. Hay muchos padres que recurren a mentiras de esas que llamamos “piadosas”, y algunas veces hasta a mentiras de las “gordas” delante de sus hijos pequeños. Y a mentir se aprende por imitación, así que ten cuidado con justificar una falta de tu hijo al colegio o que no ha hecho las tareas porque estuvo enfermo, etc,haciéndole a él cómplice de esta mentira.

Si analizáramos el número de veces que utilizamos mentirijillas y trolas a lo largo de nuestra vida diaria nos daríamos cuenta de que, a veces, enseñamos a nuestros hijos a mentir como forma rápida de salir momentáneamente airoso de alguna situación incómoda.

2) En segundo lugar, hay patrones de personalidad que presentan rasgos más proclives a transformar la realidad. Por un lado, están las personas más imaginativas con mayor capacidad para contar cosas cotidianas y que, además, nos suelen caer muy bien. Si no, fíjate la cantidad de charlatanes que embaucan a gente con los nuevos “tocomocho”. Pero también hay personas tan necesitadas de reconocimiento que se inventan una vida que no tienen para poder recibir halagos y recompensas.

3) Tú no puedes evitar que te mientan. Lo que sí puedes evitar es comportarte como si no te estuvieran mintiendo. Si tu hijo te miente, no es necesario que te rajes las vestiduras y pongas el grito en el cielo a la voz de ” te ruego que no me mientas”. Es mucho más práctico hacer ver al hijo que, si te miente, tú no vas a preguntarle nada a él (porque te va a seguir mintiendo, y tú, cada vez más desesperado con las mentiras). Así que, sí quieres saber sus notas habla directamente con sus profesores; si dice que va a ir a casa de su amigo fulanito, llama a casa de fulanito, etc….

El mensaje es claro: no te voy a creer. Aunque estés deseando creerle, dale tiempo. Hazle ver que que confías en él. Pero que una cosa es confiar, y otra chuparse el dedo.

Los padres de Luis se quejaban amargamente de que su hijo les mentía con las notas, y yo les pregunté ¿quieres que Luis deje de mentirte con el tema de las notas? Pues no le preguntes a él, pregunta directamente a su tutor a sus profesores. Que fácil ¿no?.

 4.-Cuando tu hijo se “inicie” en las mentiras háblale de las consecuencias que le puede acarrear mentir. Hazlo con tranquilidad, sin exagerar. Habla de las consecuencias en lo que se refiere a la pérdida de amigos, de credibilidad.

5.- También es una buena estrategia darle la oportunidad de que el hijo recapacite y admita su mentira( “¿Estás seguro que eso ha sido así?, piénsalo antes de contestar.” Si el hijo admite la mentira entonces muestra tu satisfacción con esa manera de proceder (ha rectificado) pero inmediatamente recuerda que haber mentido tiene su penitencia.

6.-Si el hijo a pesar de darle muchas oportunidades para que admita su mentira sigue “erre que erre”, no quiero minimizar la importancia del tema pero es que, a un mentiroso, lo mejor es no ponerle en situación de mentir. Así que cuando te cuente algo simplemente no le creas.

7.- Hay que confiar en los hijos, trasmitirles la confianza en que podrán organizar y dirigir su vida, pero también dejar claro que las mentiras tienen que tener sus consecuencias.  Y las consecuencias no deben de ser un padre o una madre  ”desesperado” si no la pérdida de privilegios, salidas, etc., del pinocho de turno.

8.- Si las mentiras tienen que ver con las actividades escolares haz partícipe de ellas a los profesores de tus hijos. Si son temas que hacen referencia a la vida familiar haz partícipe a tu familia y amigos de lo que ocurre. No por avergonzarlos sino para que ellos sepan que “estamos en alerta”. A veces escondemos en casa el problema de las mentiras de los hijos y con ello perdemos la oportunidad que los demás nos ayuden.

9.- Ármate de paciencia, se constante y sobre todo firme en tu manera de actuar ante las mentiras de tu hijo.

En resumen: VALORA a tu hijo por lo que es, y EDUCA por lo que hace.

 

 

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¿Cómo deben organizarse los deberes?
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Carlos Pajuelo | 21-09-2014 | 17:26| 0

Mejorar las tareas un reto para padres y maestros

“Te dejo Carlos que ya hemos empezado el curso y  con él llegan las tareas y  me tengo que poner a leer con la niña y con la caligrafía del otro… ¡Madre mía con las ganitas que tenía de que empezaran las clases! y no veas qué tardes, discuto más que los tertulianos del “sálvame”. Y no te rías”, fue lo último que me dijo mi amiga Paqui mientras se marchaba como alma que lleva el diablo.

Este, el de las tareas escolares, es un tema de mucha enjundia y que considero que su regulación y  su justificación se encuentran en una especie de  “limbo” que tiene que ver más con el “uso y la costumbre” que con una planificación coordinada entre familia y escuela del papel de las tareas en el ámbito familiar.

En un pasado post hablé sobre cómo ayudar a los hijos en las tareas escolares, y en éste me gustaría hacer hincapié en algunos aspectos para optimizar el valor de las tareas para que éstas no se conviertan en una situación de crispación, pelea, llantos y además durante todo un curso.

¿Son necesarias las tareas escolares?

De entrada yo digo que las tareas son buenas, y si además están bien diseñadas, organizadas y coordinadas entre centro y familia, son muy buenas.

1.- Los deberes deberían tener como función principal la de dar apoyo y consolidar los aprendizajes realizados en el colegio, y no la de “sustituir” lo que no se ha hecho en el colegio. Ya sé que muchos padres estareís pensando “es que como no me ponga con mi hijo a hacer las tareas no aprueba el curso“.

2.- Los deberes requieren una importante coordinación entre los profesores del centro para que distribuyan la carga de las tareas de manera equitativa porque se puede dar el caso que alumnos con diferentes profesores se vean sometidos a una ingente cantidad de tareas.

3.- Los deberes tienen que tener en cuenta las características personales del alumno. Porque los alumnos no son iguales, no todos tienen las mismas necesidades ni las mismas capacidades a la hora de aprender.

4.- Lo que se busca con los deberes es la calidad y no la cantidad. El aburrimiento por realizar una tarea repetitiva mina la motivación. Hacer 20 sumas cuando has demostrado que haces bien cinco sumas, es solo sumar por sumar.

5.- Los deberes necesitan, sobre todo, de una buena coordinación entre profesores y padres para que a ambos les quede claro que el tipo de tareas que se van a realizar tienen un porqué y un  tiempo que le tienen que dedicar. Cuanta más comunicación, mayor entendimiento y por lo tanto mayor posibilidad de que los deberes no se conviertan en un punto de fricción entre padres y profesorado y sobre todo entre padres e hijos.  (“El niño se puede quedar atrás y yo tengo que seguir la marcha de la clase” es una frase que a veces escuchan los padres, y si no se les explica bien pueden entender que lo que se les pide es que la “avería” hay que repararla en casa.)

6.- ¿Cuánto tiempo haciendo tareas/estudiando?

El horario al final va a depender de cómo es el alumno-hijo; hay algunos que hacen las tareas en poco tiempo y otros que se eternizan. Lo mejor es hablar  con los tutores de tus hijos para junto con ellos determinar cuál debe ser el horario más apropiado. Te recuerdo que las actividades extraescolares también cansan, física y mentalmente, no son un “recreo” por lo que influyen en el horario de hacer deberes y estudio.

  • En Educación Infantil es bueno comenzar a crear el hábito de sentarse un ratito todos los días de lunes a viernes y que las criaturas “jueguen” a hacer tareas. (Ojeando cuentos, realizando dibujos, puzles, construcciones, etc., en los que la única instrucción es terminar lo que se empiece.)
  • En Educación Primaria, en el primer ciclo las tareas no deberían de ocuparles más de 30 minutos al día. 45-60 minutos como máximo en el segundo ciclo y hasta una hora y media en el tercer ciclo.  Insistir en que esto hay que hacerlo todos los días de lunes a viernes y en el fin de semana o bien sábado o bien domingo el mismo tiempo para repasar.
  • En Educación Secundaria, creo que entre una hora y media y dos horas y media es más que suficiente para hacer tareas y estudiar.

Os dejo que tengo tareas.

 

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Seis cosas que tienes que decir a tu hijo al empezar el cole
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Carlos Pajuelo | 15-09-2014 | 15:45| 0
Una maestra con alumnos de Preescolar.

Una maestra con alumnos de Preescolar.

Comienza un nuevo curso, con sus certezas y sus incertidumbres. Estoy convencido de que los padres podemos hacer muchas cosas para mejorar eso que llamamos “escuela”, “colegio” o “instituto” al que asisten nuestros hijos, porque realmente la escuela, colegio o instituto son mejorables tal y como mejorables somos los padres educando.

La relación entre padres y profesorado  juega un papel importante en el éxito escolar. Es verdad que este tema tiene mucha “tela que cortar”, pero vamos a empezar con algo más que buenas intenciones. Ahora que nuestros hijos empiezan el colegio, hay seis cosas que les tenemos que decir:

1.- Tu maestro, tu maestra, todos los profesores tienen un trabajo complejo, muy complicado que es el de ayudarte a desarrollar todas tus competencias. Con su trabajo nos ayudan y colaboran con nosotros, tus padres, a hacer posible esta tarea.

2.- Así que no olvides que una maestra, un maestro:

-No es perfecto, pero aprende a no fijarte en sus defectos, y valora el resto, que son sus virtudes.

 -No es sabio, pero aprende a aprender de lo que sabe. Con un poco que aprendas de cada uno de ellos, obtendrás mucho.

-No es un juez ecuánime pero aprende a respetar, aprende a expresar tus ideas, y a aceptar sus decisiones.

-No es un mago, pero aprende que aprender es mágico.

-No es infalible, pero aprende que no sólo se equivocan los que aprenden sino también los que enseñan a los que aprenden.

3.- Tu maestro, tu maestra, tienen un trabajo muy difícil, todos esperan de ellos que te enseñen a leer, escribir, sumarrestarmultiplicardividir, ríos y montañas, sintagmas, predicados y además hábitos saludables, valores democráticos, seguridad vial, ecología, respeto a la diversidad… y por otra parte,  tienen que tener tiempo para enseñarte a pensar porque, querido hijo, Ikea no amueblará tu cabeza.

4.- Por todo esto, intenta querer a tu maestra, a tu maestro y quiérelos como si fuera yo. La forma de querer a un maestro solo requiere tu respeto.  Esfuérzate en esta tarea tan agradable que es querer respetando.

5.- Quiérelo gratis, sin esperar nada porque lo que un maestro o maestra da no se te olvidará, para bien o para mal, el resto de tu vida.

 6.- Yo te prometo también que me esforzaré por hacer lo mismo que tú.

Si tu valoras al profesorado tus hijos lo harán tambien. Si tu valoras a los maestros y maestras te será más facil hablar con ellos cuando surjan las diferencias. Si tu valoras al profesorado estarás contribuyendo a una mejor escuela.

Feliz curso…,  y que la “fuerza” nos acompañe a todos.

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¿Qué hacer con los hijos que quieren controlar a los padres?
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Carlos Pajuelo | 10-09-2014 | 10:32| 0
La sombra de un niño le hace un gesto grosero a su padre cuando recibe una instrucción.

La sombra de un niño le hace un gesto grosero a su padre cuando recibe una instrucción.

“Carlos: tengo 37 años y tres hijos, el mayor de 14 años y los otros de 12 y 6. Mi hijo el mayor actúa como si fuera el cabeza de familia, y continuamente está haciéndonos a su padre y a mí consideraciones respecto a nuestra forma de educar a él y a sus hermanos. Pero si esto no fuera poco, intenta controlar nuestras salidas, nuestras  amistades, (con quién hablas, sabe papá/mamá que hablas con esa persona, a qué hora vas a volver, anda qué bonito tu por ahí de juerga y tus hijos en casita, etc. son las lindezas que suelta). Tiene la habilidad de hacernos sentir culpables y por ello se está generando un mal ambiente en casa porque actúa como un pepito grillo de la rama de los cotillas. El otro día su padre le dijo que en casa mandaba él, a lo que mi hijo le contestó, “así nos va”.

¿Cómo podemos actuar con un hijo que se cree que es el que manda?

Si, ya sé que a muchos de los que estáis leyendo esto os están entrando ganas de aventarles un sopapo al niño y los más radicales a sus progenitores, pero ya sabéis cual es mi opinión al respecto.

Es verdad que a veces nos encontramos con hijos que asumen unos roles que no les corresponden e intentan ser el padre/madre de sus hermanos, el marido o esposa  de sus padres, y algunos hasta el padre de sus padres. Unos controladores que discuten con sus padres los temas de organización de la casa, de educación de tú a tú, como si fueran unos iguales.

¿Qué hacemos con los hijos que padecen el síndrome del ‘niño-mandón’?

Ya se que te han vuelto a entrar otra vez ganas de dar otro sopapo…pero no, créeme, un sopapo no es buena idea.

Los padres educamos “aquí y ahora”. Eso quiere decir que educamos en un momento que es el presente, y el presente no es el pasado, así que olvídate de eso de “anda que yo le iba a decir eso a mis padres, en mis tiempos…” ¿No te huele eso a naftalina?.

Estamos en tiempos donde una imagen vale más que cien palabras, donde las conductas de los padres, lo que hacemos  los padres, lo que ven los hijos, eso es cómo educamos.

Los padres no deben ser jefes que manden “porque lo digo yo que soy tu padre”,  sino líderes que influyan. ¿Lideres que influyan?  ¿Y eso qué es?, te estarás preguntando

Ser líderes para nuestros hijos no es más ni menos que ser modelos positivos de comportamiento para nuestros hijos. No se trata de decirles  a los hijos quién es el que manda aquí, sino que los padres se comporten de tal manera que quede claro quién manda aquí.

La autoridad de los padres se mide fundamentalmente por la firmeza de nuestras convicciones a la hora de educar, por la seguridad que nos da saber el rumbo hacia dónde vamos. Para saber ejercer la autoridad eficazmente, hay que saber influir.  

Nuestros hijos tienen su personalidad, su forma de ser,  y cuando uno está forjando su personalidad tiene mucha curiosidad por saber cuáles son sus límites y una buena forma de establecerlos es desafiando, echando pulsos, una manera de decir aquí estoy yo. Pero  cuando los hijos hacen eso, necesitan unos padres que también les digan con firmeza “aquí estoy yo”. Los límites los ponemos nosotros, esa es nuestra tarea.

Cuando se metan en asuntos que no son de su incumbencia, por ejemplo, creo que mejor que decirles “eso a ti no te importa”, “son cosas de mayores” dicho además con un tono de fastidio, es mejor, de entrada,  ignorarlos, un poco de sordera transitoria es manita de santo para los padres.

Si nos mostramos  irritados cuando se comportan así le estamos enseñando cómo pueden irritarnos. Si ignoramos esas conductas es más probable que éstas disminuyan. Posteriormente, ya habrá momentos para irles enseñando qué es eso del “respeto”, y a conjugar el verbo respetar (de esto hablaremos en otro post).

A aquellos hijos que se permiten el lujo de decirles a sus padres que no les gustan sus amistades, simplemente hay que contestarles, “pues a mí me encantan” y si quieres añadir un “y tú más” (que más o menos viene a significar: ¡toma!)

Los hijos con el síndrome  “niño-mandón’ muchas veces lo que nos están dando es un grito desesperado de temor, el miedo a no ser aceptados y reconocidos. Un miedo muy común en los seres humanos.

¿Quién manda en tu casa? Tú, ¿no?Pues entonces qué importa que otros crean que mandan en casa.

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Cómo afrontar el “¡no quiero ir al cole!”
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Carlos Pajuelo | 02-09-2014 | 17:52| 0
Escuchar los miedos que expresen los niños y mantener la tranquilidad, claves para afrontar la negativa de los escolares a ir al colegio.

Escuchar los miedos que expresen los niños y mantener la tranquilidad, claves para afrontar la negativa de los escolares a ir al colegio.

Qué ganitas tengo que empiece el colegio” piensan más de un padre, madre, incluso abuelos en estos días previos al comienzo del curso. Bueno, no solo lo piensan. En algunos casos se les escapa a más de uno como una exclamación. Y la verdad es que la mayoría de padres están deseosos de que sus hijos regresen al colegio con la justificación de  “volver a la normalidad”… Ya.

Pero la actitud en los escolares es totalmente distinta. ¿Hacemos una prueba? Pregúntale a tu hijo si tiene ganas de ir al colegio. Si te dice que está deseando comenzar, mira primero con atención no sea que te lo esté diciendo en modo irónico. Si lo dice en serio, pues nada, a esperar que comiencen las clases, y un problema menos.

Si por el contrario te dice que no, cosa que no está fuera de la lógica, tampoco te preocupes mucho pues la expresión “yo no quiero ir al cole” dicha con cara de hastío, por lo general, es una expresión de “con lo bien que estoy levantándome tarde, ocioso… la que se me avecina”.

También hay un reducido número de chicos y chicas que, en cuanto se acerca la fecha de inicio del curso, comienzan a presentar cambios conductuales, a mostrarse más nerviosos, irritados, o asustados.

Las causas fundamentales por las que los niños no quieren ir al colegio son:

-Características de la personalidad del hijo: sobre todo, los “mariagobios”, hijos muy preocupones, que siempre están pendiente de los isis (y si les caigo mal a los compañeros, a los profesores, y si me pegan, y si suspendo, y si me da clase don o doña …)  Hay hijos que ven el mundo como una fuente potencial de peligro, y recuerdo que, en este tipo de casos, es muy común encontrarnos que el/la “mariagobio” se parece a su padre/madre.

-Por experiencias negativas en anteriores cursos, como haber sufrido acoso, fracaso escolar, dificultades de adaptación  al centro, o dificultad para hacer amigos.

RECOMENDACIONES PARA AFRONTAR EL PROBLEMA

1.- Cuando un hijo dice eso de “yo no quiero ir al colegio” no le contestes con “ni yo quiero ir al trabajo y me aguanto”, ni minimices su temor con frases de “eso es una tontería”, o cosas del estilo. Pregúntale por qué no quiere ir, cuál es la razón, escucha lo que te dice. Escuchar no es aceptar.

2.- Diga lo que te diga, tu encárgate de decir:  “no te preocupes, verás como tú sabrás afrontar esa situación, y si necesitas nuestra ayuda,  ya actuaremos”.

3.- Mantente sereno y tranquilo, sobre todo si el hijo tiene “miedos”  para hacerle ver que vas a hacer todo lo necesario para que esté seguro. Cuanto más seguro y confiado se sientan los padres, más seguridad y confianza trasmitirán a sus hijos.

4.- Trasmite al hijo la idea de que al colegio va a ir sí o sí. No le hagas creer falsas esperanzas.

5.- Trasmite la idea de que es normal que tenga miedo si lo que piensa es que “va a fracasar”, “no va a hacer amistades”, etc.

6.- Si ya hay experiencias de no querer ir al colegio de cursos anteriores,  recuérdale que  el curso anterior pensaba lo mismo, y todo lo que hizo para superar ese temor.

7.- Hay niños en los que esta tensión se manifiesta a través de problemas somáticos: dificultad para dormir, dolores estomacales, incluso vómitos matutinos de lunes a viernes. Son sólo la manifestación de tensión, así que no te preocupes, lleva toallitas húmedas, a limpiarse, y para el colegio.

8.- Si ves que tu hijo está muy alterado, será necesario que hables con su tutor/a  para poneros de acuerdo sobre cómo le podéis ayudar desde casa y desde el centro.

Ya sabéis que yo recomiendo tranquilidad cuando los hijos se alteran. La tranquilidad no significa no hacer caso, sino trasmitir seguridad y confianza porque, cuando los hijos se alteran, necesitan que los que educan no estén alterados.

Feliz curso para todos

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El difícil regreso del padre pródigo
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Carlos Pajuelo | 30-08-2014 | 10:16| 1

"los errores de los hijos tienen más fácil perdón que los errores de los padres". Foto de @nisdifit (Instagram)

Hoy he recibido un correo que me ha emocionado, lo ha escrito una madre pero no para hablarme de sus hijos sino para hablarme de otra madre, su hermana.

La historia de su hermana es la historia de la impulsividad, del descontrol, de la ausencia de decisiones que es el origen de lo que llamamos equivocaciones. Una historia cercana, una historia en la que no se habla ni de agradables recuerdos ni de alegres fotografías familiares que subir al Facebook . Una vida que amenaza y arrastra a otras vidas, la de los hijos, los propios hijos.

Y es que cuando el “carpe diem” deja de servir de justificación, cuando los años pasan y nos ponen frente al espejo de los hijos, cuando llega ese momento en el que los “malos padres“  se dan cuenta de lo que  han hecho y quieren rectificar es cuando se convierten en la madre o el padre pródigo.

¡Que fácil es ser hijo pródigo pero que difícil es ser padre/madre pródigo!

Ser unos buenos padres no es fácil, no es sencillo y la mayoría de los padres lo sabemos y por eso buscamos referentes para educar ( en nuestra familia, en amigos, en libros, en blogs…) pero hay padres que viven sus vidas sin darse cuenta del daño, del dolor que están sembrando en sus hijos por lo que ven y viven. Y cuando se dan cuenta a veces el daño es muy difícil de reparar.

¿Cómo ayudar a unos padres pródigos ?

Pues les  recuerdas que siempre hay tiempo para volver a empezar.

Siempre hay oportunidades para pedir perdón para reconocer el daño y los estragos que se han causado.

Siempre hay tiempo para dedicar tiempo a los que queremos. Tiempo para entender el rechazo de los hijos dañados, porque los hijos también necesitan tiempo para entender la razón por la que su padre o su madre se comportaron de tal manera.

Recordad que esta tarea requiere de perseverancia, de respeto, de capacidad para encajar los golpes que nacen en la rabia acumulada de los hijos.

La propia vida es muchas veces nuestra penitencia, hay hijos que están tan dañados que no aceptan a sus padres pródigos. No, no son malos hijos solo son hijos forjados en el resentimiento.

¿Cómo ayudar a los hijos de los padres pródigos ?

Estos hijos necesitan aprender  el valor de perdonar.

Necesitan capacidad para comprender cómo es posible que alguien a quien amas actúe como si no le importaras.

Necesitan saber que su rabia es lógica pero que sólo les sirve para envenenarse.

Necesitan que alguien les hable de manera positiva de sus padres, y sobre todo necesitan tiempo, a veces un tiempo que los padres no tienen y es que las equivocaciones de los hijos las perdonan fácilmente los padres pero las equivocaciones de los padres no las perdona nadie.

Hoy he recibido un correo que era una llamada de auxilio desesperada, la búsqueda de un cabo que poder ofrecer a una querida hermana, la hermana que intenta salir del descontrol pero que al  tener la puerta llena de los cascotes de todo lo que ha roto no sabe por donde salir. Con hermanas como tú seguro que encontrará la salida.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Cultura. Compagina su labor de Orientación con la de profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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