Hoy
img
Los padres que querían ser modernos
img
Carlos Pajuelo | 14-02-2018 | 19:51| 0

El mundo cambia de manera constante y vertiginosa, hoy enseguida pasa a ser ayer y nuestros ojos tienden a mirar de manera ansiosa al mañana, a un mañana en el que mejorar el presente. Las familias también están sometidas a la presión de la innovación, a la presión de la actualización constante, al temor aquedarnos anclados en el pasado, el miedo a ser unos padres “antiguos”.

¿Son diferentes los padres y madres de ahora? Pues sí, igual que son diferentes los hospitales, los coches, las calles, la manera de relacionarnos, todo cambia constantemente.

Los padres y madres tienen que estar atentos a las herramientas que utilizan sus hijos para socializarse (Redes sociales: Instagram, Facebook, twitter, etc., Series de TV, etc.) Pero no es suficiente, para ser moderno,  con ponerle un WhatsApp al niño para decirle “que ya es hora de irse recogiendo”.

¿Cómo ejercer la tarea de padre o madre en este mundo tan cambiante? ¿En qué consiste eso de innovar en la familia?

Educar de manera innovadora es conocer las herramientas que utiliza tu hijo, conocer qué es lo que les interesa, conocer la manera que tienen de relacionarse y sabiendo esto, sencillamente utilizar estas 5 estrategias:

La manera más innovadora de educar es AMAR a los hijos, de quererlos incondicionalmente, es la de asumir que nuestros hijos no son el centro del universo,  no son perfectos y se equivocan y por eso necesitan que los eduquemos, educarlos en el uso de las herramientas con las que se relacionan es fundamental.

La manera más innovadora de educar hijos es ser conscientes que ejercer la tarea de ser padres y madres requiere GUIAR y guiarlos nos obliga a ponerles límites. No hay mayor modernidad que la de señalarles a nuestros hijos la diferencia que hay entre lo que es tolerable y lo que es intolerable. No hay mayor innovación educativa que hacer que nuestros hijos vivan (pensar, sentir, actuar)  las consecuencias de saltarse las normas. Las redes sociales necesitan guías, normas y límites mientras nuestros hijos aprenden  a hacer un buen uso de ellas.

La innovación requiere SUPERVISAR a nuestros hijos. Supervisar es estar atento, supervisar es confiar con los ojos bien abiertos. No es cuestión de falta de confianza, es cuestión de responsabilidad paterna. ¿Dejarías una botella de alcohol a un niño? Un teléfono movil, una red social necesita, en hijos menores constante supervisión y déjales bien clarito y explícito: que no se utilizan para acosar a los demás, que tienen que proteger su identidad digital porque van a ser lo que escriban en las redes, van a ser lo que hagan en las redes.

No hay mayor innovación que ESCUCHAR a nuestros hijos mientras les educamos, escucharlos una y otra vez, pero te recuerdo que escuchar es entender a nuestros hijos y entenderlos no significa que estemos obligados a asumir lo que nos cuentan. Escuchar con amor, escuchar para poder guiar, escuchar para supervisar. Escuchar para entenderlos y así comprender que cuando les ponemos límites es muy posible que se enfaden. Pero es lo que hay.

Y por último lo más moderno en la tarea de educar hijos es PERSISTIR en la tarea, un día y otro, más o menos animados, más o menos asustados, pero persistir, ser sistemáticos. Nuestros hijos crecen rapidísimo, no podemos desperdiciar ni un solo día.

¿Un padre moderno, una madre moderna? Sencillamente un padre y una madre comprometidos con la tarea de educar a sus hijos.

Los Padres modernos no se empeñan en que sus hijos sean felices, se empeñan en mostrar a sus hijos como actuar y como vivir acorde a los valores que queremos transmitirles, el resto dependerá de ellos.

Ver Post >
Los niños que mataban en vez de jugar.
img
Carlos Pajuelo | 23-01-2018 | 21:13| 0
fotomenores-bilbao

La maldad está conviviendo con la bondad. (FOTO El Correo)

Nuevamente nos sorprende una noticia de esas que nos asola el corazón, un par de críos de 14 y 16 años asesinan, en  Bilbao, a un matrimonio mayor para robarles,  ¿Cómo es posible?, ¿cómo puede ser que unos adolescentes, casi unos niños, sientan tal desprecio por la vida de unos seres humanos?

No, no te eches las manos a la cabeza diciendo qué monstruos estamos creando. No vivimos en un mundo perfecto y estos desmanes y otros por el estilo los cometen adultos, a diario. (Accidentes que causan muertes por culpa del alcohol, las drogas o el incumplimiento de normas de tráfico; violencia de género, hombres que matan mujeres por despecho; violaciones, asesinatos, robos, el desprecio, el odio que manifestamos a través de las redes sociales por las personas que piensan diferente que nos lleva a difamar, amenazar, desear lo peor, etc.)

Un menor, por ser menor, necesita protección y no hay mejor protección que aprender el valor de las normas y los límites, un menor no es un adulto, un menor no está “terminado de construir”, un menor necesita guía y supervisión. Pero también un menor necesita asumir responsabilidades acorde a su edad. Ser menor no quiere decir que tengas vía libre para hacer lo que te dé la gana. Claro que hay menores cuyos comportamientos, totalmente repudiables, precisan de consecuencias inmediatas.

No es cuestión de “mano dura” es cuestión de mano firme, de seguridad y de convicción. Es mejor que lloren los hijos por que no entiendan las normas y los límites a que tengamos que llorar los padres por lo que nuestros hijos hacen.

Yo creo que estos actos violentos, todos los actos violentos, nos deben abrir los ojos y hacernos reflexionar sobre  la responsabilidad que tenemos todos y cada uno de nosotros, porque todos somos responsables de lo que ocurre en nuestra sociedad.

Actos como este me reafirman en la importancia de educar. Sencillamente actuemos cada uno desde nuestra responsabilidad, en las familias concretamente siendo sistemáticos con las normas y los límites que nuestros hijos necesitan. Y comprando pañuelos de papel porque las normas y los límites generan mucha llantina a los que tienen que seguirlos y no a los que les corresponde proponerlos.

No basta con mirar y fruncir el ceño, todos podemos y todos debemos actuar y esto no sólo es un problema de hijos mal criados o de padres y madres desbordados. Si todos respetáramos, si todos asumiéramos el valor de normas y límites, si la ley estuviera por encima de lo que cada uno de nosotros quiere porque todos es más importantes que uno. Así daríamos ejemplo a los menores. Es fácil decir que “asco de sociedad”, es fácil decir que  “la culpa es de los padres”, que suerte tenemos que la avería siempre es “de la calle” y la averia a veces consiste en no mirar la maldad, no ponerle nombre a la maldad

Somos los seres humanos capaces de crear belleza, arte, capaces de amar, de ayudar, de solidarizarnos, capaces de lo mejor  pero no lo olvidéis los seres humanos somos también capaces de odiar, de odiar despiadadamente, de alegrarnos por las desgracias del prójimo, de desear lo peor a otros seres humanos. Unos odian y matan por twitter y otros odian o simplemtnte matan en directo. La única manera de educar frente al mal es ser conscientes de lo fácil que podemos ser malvados. Normas y límites nos hacen falta porque la maldad vive cerca. Normas y límites para proteger a tus hijos de la maldad.

Ver Post >
Cómo echar a los hijos, adultos, de casa.
img
Carlos Pajuelo | 21-01-2018 | 16:56| 2
Se enseña a los hijos a ser autónomos desde que son pequeños.

Se enseña a los hijos a ser autónomos desde que son pequeños. (FOTO LC Rosario)

Es “ley de vida” que los hijos terminen abandonando el hogar familiar  pero también nos encontramos, cada vez más frecuentemente, con hijos que no encuentran el momento para levantar el vuelo. Esos hijos no es que vivan en casa de sus padres, es que están instalados en casa de sus padres. Son huéspedes, pero huéspedes privilegiados que viven a cuerpo de rey. Y papá y mamá los abnegados y mosqueados posaderos. Eso sí, algunos padres están hasta contentos de hacerle la camita, la comidita, cuidando la ropita, a la criaturita de 32 años.

También hay hijos que han levantado el vuelo y abandonado el nido pero lo que hacen es llevarse al gallo y a la gallina a su casa, o sea a sus padres, porque los implican a base de taperwares, bolsas con ropa sucia, o directamente en el cuidado de sus hijos, o sea de sus nietos. Pero de esto ya hablaremos en otro artículo.

Todo en la vida tiene su tiempo, tenemos que educar a  nuestros hijos para que levanten el vuelo, para que se vayan a vivir su vida, para que sean protagonistas de ella. Porque los padres también tenemos que vivir, una vez pasado el tiempo de crianza de los hijos, nuestra vida.

¿Por qué no se van de casa?

En la mayoría de los casos porque hay padre-madres tipo “Gallina Clueca” que nunca terminan de ver que sus hijos no los necesitan y los mantienen en sus casas, les animan a que continúen con ellos  porque hacen del cuidado de sus hijos la razón de su existencia. Los hacemos unos comodones y un poco inútiles.

Otros hijos no se van, aunque son adultos que trabajan y que tienen un sueldo, porque prefieren gastarse el dinero en “vivir bien” (coche, viajes, ropa) y no quieren abandonar la pensión, que es gratis. A éstos los seguimos haciendo comodones y con una cartilla de ahorros que ya nos gustaría.

Algunos,  por situaciones de pérdida trabajo, divorcios u otros problemas, vuelven a casa a buscar “cobijo” de forma coyuntural, pero terminan convirtiendo la situación en permanente.

¿Qué hacer para que se vayan, los hijos adultos, de casa?

No olvides que la razón por la que educamos a los hijos es para que sean independientes, autónomos, para que vivan su propia vida como ellos crean conveniente. La autonomía es algo que se enseña de manera progresiva poco a poco, en cada edad hay oportunidades para ir practicando esa autonomía: asumir responsabilidades, tomar decisiones, y sobre todo, aunque parezca paradójico, tener en cuenta las necesidades de los demás.

Existe una clara diferencia entre ser solidario con la situación que viven los hijos y “echarles una mano” a estar obligado a atender a los hijos toda la vida. La solidaridad es recíproca, los hijos deben de entender que bastante han hecho sus padres toda su vida mientras los han criado como para “obligarles” a que tengan que ayudarles, porque para eso son tus padres.

Enseñad a los hijos a que deben pensar en las necesidades de sus padres y a entender las consecuencias que les acarrea a los padres el egoísmo de éstos: Menos autonomía para los padres, pérdida de libertad cuando creían que ahora era el momento de dedicarse tiempo para ellos. Hay padres que les agobia incluso irse de viaje porque a sus hijos (bien mayorcitos) igual no les viene bien, quién los va a atender, etc.

Animad a los hijos a que se vayan a vivir su vida, enseñarles a ir siendo autónomos, que se hagan la comida, que sepan poner la lavadora, tender, ¡planchar! Un hijo que sabe planchar y escurrir el spontex con las dos manos está preparado para vivir con autonomía.

Habladles clarito, construir la propia vida, ser independiente, es más costoso porque no van a tener todas las comodidades que tienen en casa, pero hay que salir del nido familiar y construir su propio nido.

Decidles muchas veces eso de que “cuando estés en tu casa podrás hacer lo que quieras”, pero decírselo con alegría, con motivación y no como si estuviéramos hastiados de convivir con ellos.

No lo olvides, educamos a los hijos para que vuelen, para que vivan su vida. Y nosotros, los padres, la nuestra.

 

 

 

Ver Post >
Cómo me convertí en “la peor madre del mundo”
img
Carlos Pajuelo | 14-01-2018 | 17:41| 0
#Edadmumala

#Edadmumala

En esta entretenida tarea que es la de educar hijos e hijas algunas madres y padres se encuentran, de repente, con que sus criaturas que antes les profesaban algo parecido a la adoración pasan a mostrarles una especie de inquina, mezcla de desesperación, manía, desprecio, hastío que se manifiesta con frases del tipo: “no te soporto”, “eres odiosa”, deja de fastidiarme la vida” acompañadas de destierro, se van a su cuarto y te castigan con el látigo de la indiferencia.

Triste y sola se queda la madre y el padre, preguntándose qué hemos hecho para merecernos esto. Por qué nuestras criaturas que hasta hace nada nos decían papito bonito, mamita guapa, nos han convertido en una mezcla de Ángela Channing, Cruella de Vil, el Jocker, Darth Vader, Maléfica y ni nuestra presencia soportan.

¿Sabes por qué te has vuelto, a sus ojos, tan odiosa o tan odioso?

Porque le estás marcando límites.

Porque las normas siguen siendo válidas y eso molesta a los que las incumplen.

Porque les dices que fumar-beber es malo por mucho que ellos te lo quieran justificar como si el tabaco-alcohol fuera una aspirina.

Porque a veces no se aguantan y les molesta hasta que les digas buenos días.

Porque les recuerdas que no están haciendo lo que tenían que hacer (y no me refiero solo a estudiar).

Porque, a veces, realmente eres muy pesada o muy pesado.

Porque lo que para ti es protección ellos lo interpretan como asfixia.

Porque los padres y madres de los demás, como no les dicen nada a ellos, son un encanto.

Sí, un día te convertirás en un ser odioso a los ojos de quién más quieres. Pero espabila, ¿qué quieres que te digan, olé mi madre, olé mi padre, gracias por guiar mis pasos y mi vida?

No educamos para que nos hagan la ola. No educamos para ser unos padres guays. No educamos para tener hijos modélicos. Educamos porque alguien tiene que mostrar el camino a nuestros hijos y a menudo nuestros hijos se ven tentados por los atajos.

Así que cuando te digan odiosa-odioso, malvado-malvada, amargada-amargado y se encierren en su habitación, tú solo contesta, con cariño: “pues yo te quiero”.

Te recuerdo que el adolescente no eres tú. Así que no te pongas en plan dramático y a seguir educando.

Ver Post >
Educar en pareja, educar (y pelear) el doble.
img
Carlos Pajuelo | 25-12-2017 | 17:25| 1
educarjuntos

La discrepancia a la hora de educar hijos es normal, dos educan el doble.

Si hay un mantra, una creencia muy extendida en el tema de la educación de los hijos, es ese que dice que en una familia el padre y la madre han de educar de la misma manera a sus hijos.

Nuestra forma de ser, nuestra forma de pensar, de sentir,  influye directamente en la forma de educar, en el modelo de padres que somos.  Cada padre y cada madre creen que lo que ellos piensan y  sienten cuando educan  es lo correcto. Y nuestros hijos tienen una gran facilidad para descubrir estas discrepancias, y son capaces de determinar qué cosas pedir a quién, cuándo y dónde. Así se da origen a una de las situaciones que más conflictos crean en las familias: sentirnos desautorizados o cuestionados por nuestra pareja por decisiones referentes a la educación de nuestros hijos. Y, lo que es peor, en algunos casos, con nuestros hijos de testigos.

De hecho, cuando nuestros hijos tienen la oportunidad de equivocarse y se equivocan, muchos padres y madres se cuestionan hasta qué punto la intervención del “otro” ha podido ser causa, por acción u omisión, de esa equivocación. (“Tú lo tiene muy mimado, tú le consientes todo a la niña, tú nunca hablas con él, tu, tu y tú”. Los “Tutues” que se lanzan como cuchillos y que no nos ayudan a educar, pero sí a tener conflictos con nuestras parejas.

Tenemos que recordar que la mayoría de las personas elegimos a nuestra pareja porque poseen una serie de rasgos de personalidad y una manera de actuar que nos parecen muy atractivos y deseables, entre otras cosas, porque nosotros no los tenemos. Somos unos semejantes muy diferentes. ¿Es esto un problema? Pues no. Es simplemente una realidad que hay que tener en cuenta para poder utilizarla a nuestro favor a la hora de educar. Cuestionar y desautorizar a nuestra pareja conlleva un peligroso juego de poder entre los padres que puede terminar con la inhibición del progenitor cuestionado.

No se desautoriza a la pareja delante de los hijos, nunca. Si discrepáis, habladlo vosotros y luego, si hay que dar marcha atrás, se hace. Equivocarse es cosa de los que aprenden y de los que enseñan.

Hay padres y madres que intentan ser un equipo unificado, donde el respeto de las opiniones mutuas y la toma de decisiones conjuntas es el camino utilizado. A veces, se toman decisiones que nuestra pareja no comparte y viceversa. Ese es el momento en el que es más necesario hablar tranquilamente y, tras exponer nuestros puntos de vista, tomar una decisión. Y si consideramos que hay que revocar la decisión que se tomó, no pasa nada, se le hace saber a nuestros hijos. Y a aguantar el temporal.

Hay padres y madres que delegan en su pareja la toma de decisiones. Si tú delegas en tu pareja entonces tienes que apoyar todas las decisiones  que tome, ¿no crees?

Un padre y una madre no actúan igual, pero ambos comparten lo sustancial: amor, normas, límites y consecuencias.

Un padre y una madre no piensan igual, pero ambos respetan que educar no es adoctrinar, es influir.

Un padre y una madre no hablan por una misma boca, pero a los hijos les hablan en el mismo idioma. De esta manera un padre y una madre pueden decir a sus hijos las mismas cosas, de manera muy diferente, y pueden hacer énfasis en aspectos diferentes, pero no se contradicen.

Un padre y una madre no compiten entre ellos para ver quién es mejor educando; un padre y una madre  suman esfuerzos, a menudo diferentes esfuerzos, para educar a sus hijos. Si un padre y una madre actuasen siempre de la misma manera, cómo apreciarían nuestros hijos las diferencias. Dos educan el doble que uno.

No, no somos iguales, y eso es una suerte para nuestros hijos porque pueden apreciar en “sus carnes” que, cuando los educamos, da lo mismo que un padre sea de una manera y una madre de otra muy distinta, porque lo que nos hace educarles no es cómo somos sino el a dónde vamos. Cada padre y cada madre aporta lo mejor de cada uno a la hora de educar, pero como no somos perfectos, también aportamos algunos de nuestros defectos a la hora de educar. Eso nos hace humanos y por eso, cuando nos equivocamos con nuestros hijos, la labor de nuestra pareja es crucial para hacer ver a los hijos que, aunque los padres nos equivocamos, los educamos porque los queremos.

Diferentes y diversos, eso es lo que somos, y la diversidad siempre es un valor, sobre todo educando.

Ver Post >
Educar no es sufrir
img
Carlos Pajuelo | 03-12-2017 | 16:57| 0
Educar no es una enfermedad, es un compromiso.

Educar no es una enfermedad, es un compromiso con nuestros hijos. #orgullosodeserpadre #orgullosadesermadre

¿Por qué educamos a nuestros hijos? Sencillamente porque los queremos, porque nos importan y porque tenemos la responsabilidad de dotarles de herramientas que les permitan integrarse en nuestra sociedad.

No nos queda otra, hay que educar sí o sí.

Educar es fácil, lo que no es fácil ni sencillo es que tus hijos sigan al pie de la letra, y a la primera, tus instrucciones y esta es la causa de la desazón de muchos padres y madres: los hijos dan malas noches, los hijos desvelan, quitan el apetito, los hijos asustan, retan, rechazan, cuestionan e incomodan, los hijos malhumoran y nos hacen llorar de impotencia.

Pero, ¿esto ocurre porque no sabemos educar? Yo creo que no, que actualmente educamos más y mejor de lo que se dice por ahí (ya sabeís que educar a los hijos de los demás es una tarea muy sencilla). Esto ocurre fundamentalmente porque educar es un proceso que lleva su tiempo, sí, su tiempo, toma nota: más o menos 18 años, lo que dura la infancia y la adolescencia. Y cuando educamos, enseñamos y nuestros hijos aprenden y como buenos aprendices hay “tareas” que se les resisten y nos “suspenden” en recoger, en obedecer, en no contestar, en llegar a su hora, en no fumar, en no estudiar, etc., pero los hijos, esos mismos hijos, nos hacen sonreír, nos enorgullecen, nos sorprenden, nos hacen sentir buenos, nos calman, nos dan confianza, nos animan, nos aúpan y nos hacen llorar de alegría.

La tarea de ejercer de padres es nuestra ocupación todos y cada uno de los días del efímero calendario que enmarca la niñez y adolescencia de nuestros hijos.

¿Vivir es sufrir? No, claro que no, pero ¿se sufre viviendo?, pues claro que sí, mientras vivimos hacemos sufrir hasta a los que más queremos. Lo mismo pasa educando, porque educar es la vida misma, días buenos y malos días, pero con una diferencia al educar estamos ejerciendo la tarea de ser padres y madres, una tarea que solo podemos realizar los padres y no deberíamos sufrir por hacer lo que tenemos que hacer.

Mal nos va a ir si como padres y madres nos frustramos cada vez que nuestros hijos ponen resistencia a nuestras demandas mientras ejercemos la tarea de ser padres y madres. Para esta tarea no existen atajos, no hay manuales, ni blogs que te eviten el malestar que se produce educando hijos porque este malestar es inherente a la tarea de educar, pero junto a ese malestar tiene que existir la convicción, las ganas, la satisfacción, el compromiso de mostrar a nuestros hijos la forma,  maneras y modos en los que los padres nos posicionamos en nuestra vida ante los retos que se nos presentan. Educando somos teoría pero sobre todo somos el ejemplo, nuestros hijos ven nuestra manera de comportarnos, cómo actuamos, qué decimos y cómo lo decimos.

Los conflictos con hijos mientras los educamos son conflictos naturales, a veces muy duros pero naturales, así que igual nos ayudaría quejarnos un poco menos y ocuparnos más de continuar con nuestra tarea de educar. No olvides que mientras educamos les estamos enseñando a nuestros hijos no solo cuáles son nuestras creencias y valores, sino también qué imagen es la que tenemos de ellos. Tú eliges.

Si no estás orgulloso de ser padre, orgullosa de ser madre, si te vienes abajo, si tiras la toalla, si te pasas el día quejándote, frustrado ¿quién va a educar a tus “modorros”?

Madres y padres sufridores a escuchar “Solo se vive una vez” de Azúcar Moreno, te la escuchas al desayuno, la comida y la cena, y a educar, que el tiempo pasa rápido y no olvides que hacemos muchísimas cosas buenas educando a nuestros hijos pero en todos los caminos hay baches.

Educar no es una enfermedad. No vivas la educación de tus hijos como si fueran hemorroides “sufriéndolas en silencio”, busca ayuda, háblalo con tus amistades, familia, profesores. No estás solo.

¿Orgulloso de ser padre, orgullosa de ser madre? !Ánimo¡, porque tus hijos e hijas necesitan urgentemente padres y madres comprometidos con la tarea de educar. 

Ver Post >
Los hijos que decían que sus padres les “amargaban la vida” ( y otras frases lapidarias)
img
Carlos Pajuelo | 26-11-2017 | 17:35| 1
Los hijos tambien sueltan frases lapidarias mientras los educamos

Los hijos tambien sueltan frases lapidarias mientras los educamos.

 Toda madre y todo padre, que se precie como tal, debe de estar preparado para escuchar en la boca de sus hijos una serie de frases lapidarias, cargadas de emoción y dichas con tal contundencia y cierta carga de desprecio, dignas de Scarlett O´Hara, del tipo: “lo único que queréis es amargarme la vida”.

El problema no es que nuestros hijos e hijas lancen esas frases cual mamporro directos a la barbilla de sus progenitores, el problema es lo mal que le sientan a algunos padres y madres que sus retoños sean tan severos, dramáticos y contundentes a la hora de juzgar el comportamiento de sus padres como educadores. Los hijos te hacen sentir como si, padres y madres, nunca hiciéramos algo bien.

Repasemos algunas de estas frases lapidarias que escuchamos a nuestros hijos e hijas:

Los padres de mis amigos sí que son buenos padres”,  ¡pues claro que sí!. De hecho, en las casas de los amigos de tus hijos tú gozas de una reputación estupenda. Todos los hijos tienen la sensación de que el día que repartieron padres y madres les tocó lo que no quería nadie. Educar a los hijos de los demás es lo más sencillo porque para los hijos de los demás tenemos comprensión, calma y palabras llenas de confianza. A los nuestros tenemos que educarlos, o sea, tenemos que incomodarlos e incomodarnos.

“¡Qué ganas de irme de esta casa!”. Esto de largarse de los sitios en los que tenemos conflictos es muy antiguo. A nuestros hijos, mientras los estamos educando, los estamos sometiendo sistemáticamente a un conjunto de normas y límites: “Estudia hija; recoge hijo; come; eso no; a las 10 en casa; etc…”  y los hijos creen que, en cuanto se vayan de casa, van a poder vivir en un estado de libertad absoluta (¡qué ingenuos!). Cuando los hijos amenazan con irse de casa, tú recuérdales que estás encantado o encantada de vivir con ellos, y no se te ocurra decirles eso de ahí tienes la puerta. Y menos aún lo de ” y si te vas, aquí no vuelvas a entrar”.  No te pongas a ser más “flamenco” que tu hijo, pues te recuerdo,  que tú eres el que tiene que poner el cerebro en los conflictos con los hijos.

Sólo queréis amargarme la vida”. Esto te lo dice tu hija o tu hijo cuando le has impedido ir a un concierto nocturno de un grupo musical que, aparte de desconocido, tiene nombre de parte pudenda del organismo. ¿Qué quieres? ¿que te abrace y te diga: ¡olé mi madre y olé mi padre! que vigilan y cuidan por mi bienestar?. Educar nos obliga a limitar, poner coto, negar, prohibir… y es normal que los hijos lo sientan como una absurda postura de unos absurdos padres que sólo tienen el objetivo de fastidiarles. de hacerles sufrir. Cuando te digan esto, tú no te enfades, simplemente recuerda que están contrariados por las normas y límites que guían nuestra manera manera de educar. Pero esto es lo que hay.

“¡Pues no haberme tenido!”, le espetan algunos hijos a sus padres cuando estos les están haciendo ver las consecuencias de sus conductas, y a la que algunos padres, irritados responden, frases desafortunadas del tipo “¡desde luego, con lo tranquilo que estaba yo!”. Lo más sencillo en estos casos es decirles tranquilamente, de manera sencilla, “hijo, hija, pues yo te quiero”.

Te recuerdo que tus hijos están en construcción, así que no te pierdas en sus formas y céntrate en tu tarea de educar.

Los hijos son como las olas del mar: a veces apacibles y serenos, y otras veces originan tormentas de efectos devastadores. Los padres somos el faro que guía, y te recuerdo que los faros son más útiles y necesarios cuanto más grande es la tormenta.

 

Ver Post >
Educar para prevenir el abuso
img
Carlos Pajuelo | 19-11-2017 | 19:30| 1
Solo hay hombres y mujeres, mujeres y hombres. Iguales en derechos.

Solo hay hombres y mujeres, mujeres y hombres. Iguales en derechos.

Enseñamos a nuestras hijas desde que son pequeñas a que aprendan a protegerse de los comportamientos de abuso. Pero, ¿educamos a nuestros hijos varones para que no sean abusadores, cómplices de los abusos, espectadores pasivos?

Educa a tu hijo en algo tan sencillo como es que la especie humana está dividida en hombres y mujeres. Sólo hay hombres y mujeres. No hay maricones, ni putas, ni engendros; solo hay hombres y mujeres.

Enseña a tu hijo que las compañeras de su clase son mujeres. No se les dice ni guarras, ni calentonas, ni facilonas, tienen nombre, son iguales que tú. No permitas que las traten como si fueran “cosas”, “objetos de consumo”. Trabaja con ellos la empatía, tienes que hacerles ver que cuando denigra a una compañera o permite que otros lo hagan está haciéndoselo a todas las mujeres, así que dile cosas como: “¿te gustaría, hijo, que los que te rodean me insultaran, a mí, a tu madre, a tu hermana, a tu mejor amiga?, ¿cómo crees que se puede sentir una persona a la que llamas puta?, ¿cómo se sentirían sus padres si te escucharán?, ¿y sus amigos? .

Educa a tu hija a que se sienta fuerte, a que haga frente al abuso, a que lo denuncie. Haz que se sienta orgullosa de sí misma, de sus decisiones. Empodera a tu hija.

Enseña a tu hijo que a las mujeres se les respeta porque es la única manera de relacionarse entre seres humanos, respetándonos. Que la palabra NO significa que no. Y que cuando una persona no está en condiciones de manifestar su voluntad (porque haya bebido, por ejemplo) estás abusando de esa persona aunque no diga no.

Educa en la sexualidad afectiva, consentida y con sentido, equilibrada. Si no hay equilibrio en la relación entonces hay abuso. Y si abusas no eres un enfermo, eres un abusador, un desgraciado que destroza vidas de personas que, a pesar de el daño que les has hecho, pueden seguir intentado hacer su vida normal, aunque nadie más que ellas saben el daño con el que tienen que vivir.

No, yo nunca veo putas. Veo niñas, veo mujeres. Como mi madre y como la tuya, como mis hermanas y como las tuyas, como mis sobrinas y como las tuyas. Por eso me ofenden quienes llaman putas a las mujeres, quienes abusan de las mujeres, quienes las tratan como si no fueran seres humanos.

Madres y Padres, nuestra responsabilidad es trasmitir este mensaje a nuestros hijos e hijas con nuestro ejemplo cotidiano, como hombres y como mujeres, como padres y madres, como pareja. Pero también necesitamos que desde la escuela, desde los medios de comunicación, desde la política, desde la justicia, etc., todos pongamos nuestro granito de arena para dar un paso hacia adelante y así evitar la aparición de más  “manadas”.

Ver Post >
“Tu hijo es diferente”
img
Carlos Pajuelo | 01-11-2017 | 16:02| 9
todos los hijos , todos, tienen los mismos derechos.

Todos los hijos , todos, tienen los mismos derechos.

Eso les dicen, como un disparo a bocajarro, a algunas madres y padres cuando se refieren a sus hijos. Y por si el disparo en medio de la cabeza no hubiera hecho suficiente efecto, les añaden un tiro de gracia: “te lo digo por tu bien y por el de tu hijo”.

¿Hijos diferentes? ¿Qué significa eso? ¿Les estamos diciendo a padres y madres que sus hijos son de otra clase, que no tienen sitio en nuestra estupenda, plácida y homogénea sociedad? ¿Que molestan? ¿O quizás lo que les queremos es abrir los ojos a los padres y madres porque creemos que no “ven lo que tienen en casa”? ¿Estamos diciendo que la avería está en sus hijos y que, ante eso, no podemos hacer nada más que decir, “pobrecitos” y “pobrecitos padres lo que estarán pasando”? ¿Les estamos diciendo: buscad un sitio en donde los diferentes pasen desapercibidos entre otros diferentes?

El problema es aún más sangrante porque los que les dicen a unos padres y madres “Tu hijo es diferente” muchas veces son otros padres y madres.

Los padres y madres solo tienen hijos e hijas. Hijos e hijas que comparten las mismas necesidades (afecto, educación, salud, integración social). Sólo existen  los diferentes cuando los otros les negamos el acceso a los espacios comunes porque creemos que están mejor en espacios diferentes.

Inclusión es una palabra muy bonita, pero de nada sirve si lo que tienes es miedo a los “diferentes”.

La inclusión no busca la invisibilidad de los hijos diferentes, lo que busca es lo contrario: señalar que la diversidad es una característica de los seres humanos.

Inclusión es una palabra muy bonita pero supone realizar un esfuerzo, el esfuerzo de dedicar tus recursos y organizarlos para atender a la diversidad en cualquier espacio.

Los padres y madres de los hijos “diferentes” necesitan que los otros padres y madres piensen que los hijos de los demás son tan hijos como los suyos. Y por lo tanto, que tienen derecho a lo mismo que sus hijos. A eso lo llamamos empatía.

Los padres y madres solo tienen hijos. Seres humanos. Personas. No lo olvides, cuando hablas con sus padres estás hablando de su hijo.

Cuando alguien te diga que tu hijo es diferente, la mejor manera de contestar es decir: Sí, es verdad, pero tú también eres diferente, así que échame una mano para que mi hijo pueda disfrutar de los mismos derechos que disfrutas tú.

Algunos padres y madres lo único que necesitan es comprensión, esperanza, ánimo, ayuda para poder seguir educando a sus hijos.

Ser empáticos  no cuesta dinero.

Guardar

Guardar

Guardar

Ver Post >
Adolescentes: Educar no siempre es negociar.
img
Carlos Pajuelo | 20-10-2017 | 06:33| 0
Educando adolescentes habrá conflictos que no es posible negociar. (Foto Abc.es)

Educando adolescentes habrá conflictos que no es posible negociar. (Foto Abc.es)

A menudo me encuentro con madres y padres que me transmiten su inquietud porque sus hijos adolescentes los están continuamente sometiendo a “negociaciones” que parecen, más que negociaciones, unos “chantajes” en toda regla. Y es que algunos llaman negociar a lo que otros llaman chantajear, y viceversa.

Hemos acostumbrado a nuestros hijos desde pequeños a situaciones como “me como una cucharada más, pero entonces puedo usar la Tablet 15 minutos”. Desde pequeños los entrenamos en que, para hacer algo, les tenemos que ofrecer una recompensa.

Cuando son pequeños, estos pequeños se pueden solucionar con una pequeña recompensa pero, conforme van creciendo, piden y piden y piden, y nunca les parece suficiente. Insaciables.

La verdad es que negociar con adolescentes es muy complicado. Es difícil porque padres e hijos tenemos diferentes objetivos a la hora de negociar.

¿Hay que negociar con los hijos? Pues lo de negociar está muy bien, suena genial, pero no siempre se puede negociar. Educar no es negociar. Educamos para que nuestros hijos aprendan a vivir, por lo tanto para que aprendan cómo se pueden alcanzar logros, pero también para que aprendan cómo tolerar la frustración de no alcanzarlos.

La negociación tiene sentido para que dos partes ganen. Pero cuando educamos a nuestros hijos los sometemos a unas normas, a asumir responsabilidades y a aceptar límites, y esto a los hijos no les parece una buena negociación. Pueden decir: “¿Qué gano yo llegando a casa a las 11 de la noche?; ¡Qué gano yo recogiendo mi cuarto?, ¿Qué gano yo responsabilizándome de mis estudios?

A los padres nos encantaría poder hablar tranquilamente con los hijos y que ellos nos entendieran perfectamente, que nos dijeran: “gracias mamá por preocuparte por mí y hacerme estar en casa a salvo a las 11 en vez de estar por ahí divirtiéndome peligrosamente con mis amigos”. Pues vas dado. Los hijos montan pollos cuando les proponemos límites, normas y responsabilidades.

Si tú lo que quieres es negociar para no tener problemas, lo tuyo no es negociación, lo tuyo es la búsqueda de un milagro. Porque negociando con adolescentes es muy fácil perder la calma. No, no se negocia para no tener problemas. Se negocia para esforzarse mutuamente en la búsqueda de la solución de un problema. Por eso hay cosas que no podemos negociar con los hijos.

Si, y además, hay hijos que se plantan y dicen que “no vengo a las 11”, “no me da la gana de estudiar”, “pues fumo y bebo”, etc. Ni negociando, ni sin negociar. Y esos son los que asustan y ¿qué hacemos con esos?. Pues te mentiría si te dijera que vas a encontrar la solución en el siguiente párrafo, pero te pregunto, ¿qué hace un padre o una madre? Educar ¿no?, pues sigue educando, sigue diciendo a las once, sigue diciendo hay que estudiar, sigue diciendo que no debe beber ni fumar,  con la tarea de educar. Educar es incomodar a veces a los hijos e incomodarnos los padres.

Pero hazlo con calma, seguridad y convicción en las normas y en los límites que propones . Esto es lo que necesitan los padres para educar hijos.

Negociar, pues claro que sí. Pero hay cosas que no se pueden negociar con los hijos cuando los estamos educando, es mucha responsabilidad esta de ejercer la tarea de ser padres y madres.

Ánimo, que crecen.

Guardar

Guardar

Guardar

Ver Post >
Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

Otros Blogs de Autor