Hoy

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¿Qué harías tú si tu hijo fuera un “apestado”?
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Carlos Pajuelo | hace 4 horas| 0
Escena de la película "Cobardes"

Escena de la película "Cobardes"

¿Has visto sufrir a tu hijo alguna vez?, ¿has sentido como ese sufrimiento te paraliza?, ¿te has dado cuenta de que el sufrimiento viaja acompañado de la soledad? Hoy me gustaría escribir sobre un sufrimiento, una epidemia silenciosa, el “ebola de los colegios”, me gustaría hablar sobre los niños y niñas “apestados”.

Siéntate con tus hijos y hazles esta pregunta: ¿te imaginas? 

Hijo, te imaginas que mañana al llegar al colegio  tus compañeros te roben tu nombre y lo cambien por el de Apestado?

Te imaginas que cualquiera pudiera tirarte la mochila, el abrigo al suelo, o darte una colleja y que eso fuera divertido para los que lo ven.

Imagina que te dicen gordo o feo o cabezón o enano, friki, o lo q les dé la gana.

Imagina que nadie  ve tus lágrimas, que tus emociones son invisibles, que nadie siente ni pizca de compasión por ti.

Que nadie te mira, que nadie te habla que te tratan como si no fueras como ellos, que te tratan como si fueras un objeto sin valor.

Imagina que todo esto que te ocurre pase a convertirse  en “cosa de niños” sin importancia, que tu sufrimiento es poco importante.

¿Te imaginas abrir tu móvil y solo recibir mensajes ofensivos?

Imagina por un momento que eres tú. Si tú,. ¿Cómo te sentirías? Porque yo me sentiría fatal por no haberme dado cuenta.

Hijo, ¿ocurre esto en tu clase, en tu colegio, entre tus amigos? Pues no te calles, no cierres los ojos, no mires a otro lado.  Ponle voz al silencio, ponle nombre al que sufre, ponle sonido a sus lágrimas. Eso es lo que quiero que hagas, simplemente eso.

¿No lo sabías?, ¿no sabías que es muy fácil hacer sufrir? Pues sólo tienes que imaginar que tú eres el apestado. Y desde hoy quiero que te avergüences de tu silencio, quiero que te avergüences de tu risa o de tu complicidad cuando ocurra esto.

A veces para ser un héroe no hay que hacer grandes cosas, simplemente comienza protegiendo las vidas de los que te rodean.

No, el acoso no es algo que hacen  criaturas malvadas, aprendices de hijo de puta. El acoso está dentro de nosotros,  seres humanos acosadores de todo lo que es diferente, acosadores por envidia, acosadores por incompetencia, acosadores por miedo.

Insultar, despreciar, ridiculizar, difamar al que piensa diferente no es cosa de niños, lo veo en televisión, lo escucho a los tertulianos, lo leo en columnas de los periódicos, en las redes sociales, en nuestras conversaciones cotidianas.

No, no es cosa de niños que no saben lo q hacen,  no es cosa de unos niños descerebrados, están haciendo lo que han aprendido a hacer: lo que ven,  somos nosotros mismos quitándole importancia a nuestra incapacidad para respetar a los demás.

Yo me acuso de no ver lo que me molesta ver.

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¿Quién tiene que estudiar en tu casa?
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Carlos Pajuelo | 20-01-2015 | 18:40| 4

Ayudar a estudiar no es asumir la responsabilidad del estudio de los hijos

¿Quién tiene que estudiar en tu casa?  La pregunta es sencilla  y la respuesta, mucho más.  Pero no te creas que los padres tenemos tan claro pues son muchos los progenitores que comienzan a amargarse las tardes con la pregunta de “¿qué te pasa?”, “¿que qué me pasa?,  que acabo de leer en el guasap del grupo del colegio que tenemos que estudiar el relieve de interior”.

En las noticias estos últimos días se han hecho eco de un post que se ha hecho viral (vamos que lo ha leído media España, la envidia de cualquier bloguero) con el atractivo título “La madre que se negó a resolverle a su hija los deberes del cole”.  Yo hace ya un par de años publiqué un post respecto a cómo ayudar a los hijos en las tareas escolares enseñándoles a que aprendan a responsabilizarse de sus tareas y ocupaciones.

Un repasito al post no vendrá mal, pero lo que de verdad vendrá bien es que, como padres, dejemos de hacer lo que tienen que hacer, por sí solos, a nuestros hijos.

Está demostrado que la implicación, el interés y la actitud de los padres ante los estudios de sus hijos influyen positivamente en la conducta de los hijos frente a los estudios.

Implicación y actitud no deben de confundirse con padres haciendo de agenda, ni haciendo de profesores particulares de sus hijos, ni, lo que es peor, de padres haciendo las tareas de sus hijos  (y encima algunos disfrutando de lo bien que les ha quedado el trabajo sobre los egipcios).

El tema de los estudios y los deberes escolares es una de las mayores preocupaciones que muchos padres tienen en estas edades. De hecho, los post de este blog que más lectores tienen son los que hacen referencia a estudio y suspensos,  y el que más éxito ha tenido es el del síndrome del niño cabrón, lo que se convierte en un indicador de hasta dónde estamos los padres del comportamiento de nuestros modorros.

La razón de este interés por notas y suspensos reside en que los padres consideramos que el éxito académico de los hijos es un buen antídoto para calmar los temores por el futuro, y  por otra parte porque también creemos, erróneamente, que las notas van asociadas a la idea, al sentimiento, de ser buenos padres.  Es como si las notas trimestrales realmente no evaluaran el trabajo realizado por nuestros hijos, sino nuestra pericia como educadores.

Estudiar es un hábito, como lavarse los dientes después de comer o hacer la cama antes de irse al colegio. Y un hábito no se adquiere de la noche a la mañana, requiere práctica y más práctica. Además, los hábitos están influidos por las características peculiares de la persona que lo realiza.

El papel de los padres es el de inculcar ese hábito, el de señalar que es el momento de realizar ese hábito, el de facilitar que se pueda realizar y el de reforzar su ejecución.

Y dejar claras también cuales son las consecuencias que tienen para nuestros hijos la práctica, o no, de dichos hábitos. Consecuencias que necesariamente tienen que ser de aquí y ahora (pérdida de privilegios) y no esas vaguedades del futuro: “vas a ser un desgraciado”, “un fracasado”, un “don nadie” que, por lo general, asustan más a quién lo dice que al que lo escucha.

¿Cuál es nuestro objetivo como padres? Si queremos que los hijos sean autónomos, tendremos que dar los pasos para que se responsabilicen de que estudiar es una tarea que les compete, fundamentalmente, a ellos.

Mientras no haya padres convencidos de que el que tiene que estudiar es el hijo, tiraremos por la via rápida de “venga que te ayude, o no vas a terminar en la vida”, es verdad, los padres visten más rápido, dan de comer en menos tiempo, ayudan a terminar las tareas antes, pero todo esto a costa de “inutilizar” a nuestros hijos.

¿Quién tiene que estudiar en tu casa?  Pues cada uno a lo suyo.

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El racismo textil: adolescentes y marcas
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Carlos Pajuelo | 12-01-2015 | 17:10| 0
El racismo textil consiste en rechazar

El racismo textil consiste en rechazar, minusvalorar, a alguien por la ropa que lleve

Yo eso no pienso ponérmelo, eso es de cani” le dijo Luis a su madre cuando abrió el regalo que su abuela le había hecho estas pasadas Navidades. “Hijo, pues es una sudadera preciosa y eso es lo que tu querías” le contestó su madre contrariada. “Yo te dije, replicó Luis, que la quería de marca y no quiero que mis amigos se rían de mí.”

Los seres humanos somos capaces de hacer cosas maravillosas y con la misma cabeza somos capaces de rechazar a alguien por la ropa que lleva y no me estoy refiriendo a un simple comentario de “no me gusta esa camisa“, ni de un ” a ti no te pega esa camisa” voy más allá, voy hasta el punto de “yo no podría salir con alguien que llevara una camisa como esa“.

Los valores se enseñan y se trasmiten a través de nuestras acciones cotidianas. Los valores no son abstractos se ven, se sienten, se palpan en cada uno de nuestros comportamientos. Los padres somos ejemplo viviente.

Utilizar marcas no está mal, yo escribo este post desde mi IPad, llevo una camisa PdH y mis vaqueros son “delmon” (del montón del mercadillo), de lo que quiero hablar es de la marquitis que afecta a nuestros hijos y también a algunos padres, escribo del peligro de trasmitir a los hijos la idea de que la marca es lo que te distingue de verdad.

Los padres jugamos un papel muy importante en este proceso de enseñar valores y creo que con el tema de las “marcas” se nos presenta una oportunidad más para educar, os propongo algunas ideas que hay que dejarles claro a nuestros hijos respecto a este tema:

1.- Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Las marcas no te hacen más inteligente, ni mejor persona, es más, su exaltación puede producir el efecto de ser un “maniquí”, un catálogo andante carente de personalidad y para constatar esto fijaros como están las redes sociales llenas de postureo.

2.- Rechazar a un compañero o compañera, rechazar a cualquier persona por la ropa que lleva además de ser un comportamiento racista (yo lo llamo racismo textil) es un indicador de poca sesera y dice muy poco de la persona que lo hace.

3.- Hay que hablar con los hijos del “consumismo”,  de cómo nos creamos necesidades innecesarias, de cómo ansiamos ser libres e independientes pero vamos uniformados para camuflarnos entre los demás. Y, de paso, recordarles que para ser un cani solo hay que ver las fotos que nos hicimos quince años atrás.

4.-Que es normal que nuestros hijos sientan la presión del grupo para adquirir determinadas marcas y que quieran tener lo mismo que tienen sus amigos que les rodean. Pero te recuerdo que ejercer de padres no significa dar gusto a todo lo que los hijos piden. Si los hijos insisten en la idea “necesito la marca para que no me excluyan” es bueno hacerles preguntas del tipo, “entonces ¿tus amigos te aprecian por la marca que lleves?; ¿lo que valoras de tus amigos son las marcas?, ¿las marcas es por lo que te valoran a ti?; hijo, ¿no crees que lo que tu vales y lo que valen tus amigos es mucho más que la marca de tus zapatillas, tu sudadera o tu movil?

5.- Que los padres no podemos gastar lo que no tenemos para que nuestros se sientan bien. ¿Lo pasan mal cuando no tienen lo que tienen sus amigos? ¡Pues claro que sí!, claro que algunos lo pasan mal pero es que la vida tiene de esos malestares un buen repertorio. Y no olvideís recordarles que hay una cosa que se llama “ahorrar” para adquirir algo que uno desea y no es imprescindible. Así entenderán que si quieren un “capricho” tendrán que rascarse su bolsillo y no el de sus padres.

             De todas maneras os quiero recomendar una marca estupenda, la mejor marca y esa es la que dejamos nosotros en los que nos rodean. Mi familia y mis amigos son las marcas que más me gustan.

 

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12 deseos para los padres y madres
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Carlos Pajuelo | 30-12-2014 | 17:09| 0

12 deseos para los padres y madres que educan

Los hijos nos crecen a golpe de campanadas y con cada año que se termina vamos viendo, con una cierta nostalgia, como nuestros hijos crecen y como, al crecer, cada vez se alejan de nosotros para ir forjando sus propias vidas.

Estos son mis deseos para todas las familias que visitan el blog Escuela de Padres

1.- Salud para vuestras familias. Salud para ver crecer a los hijos y salud para afrontar los esfuerzos que conlleva educar. Y os pido que recordéis  a todas las familias cercanas que durante este pasado año han tenido que enfrentarse contra  enfermedades que hacen temblar sus cimientos.

2.- Confianza. Para educar es imprescindible confiar en el que educa y en los que educamos. Os recuerdo que la confianza es algo que solo pueden quebrar aquellos a los que queremos. El amor es un estupendo tapa grietas.

3.- Entusiasmo. Acompañar a los hijos en su crecimiento es un viaje que no tiene  fin. Es un viaje a Ithaca, el poema de Kavafis, un viaje en el que día a día hacemos nuevos descubrimientos, a veces agradables y a veces no tanto.

4.- Ilusión. Ilusión por la tarea de educar, por lo que sentimos y por lo que deseamos mientras educamos. Ilusión para contagiar. Que tú seas tu propia ilusión.

5.- Generosidad. Educar es un acto de generosidad. Generosos con los que nos ayudan a educar, generosos con los que educan a nuestro alrededor y sobre todo generosos con los que educamos.

6.- Fortaleza, Porque la tarea de educar está llena también de zancadillas, baches, lágrimas y temores. Arrojar la toalla, abandonar, el desánimo,  son tentaciones que acechan en este viaje. Educar no es tarea de héroes, educar es tarea de padres y madres que aman.

7.- Orgullo. Sentirse orgulloso por los hijos, orgulloso de los hijos. No hay mayor aceptación incondicional que aquella que nace del sentimiento del orgullo. Nuestros hijos se equivocan, los padres nos equivocamos también. Solo cuando nos damos cuenta de nuestra equivocación podemos rectificar.

8.- Constancia. La constancia en educación es una virtud. Educar no es un remedio, un fármaco, para atajar un problema puntual. Educar es mostrar a los hijos la manera de actuar frente a las vicisitudes que la vida nos depara. No busques remedios mágicos, lo que hacemos los padres y madres cotidianamente, día a día ese es el verdadero valor de la educación.

9.- Humor. Para educar, para vivir, para enseñar, para amar. El sentido del humor no es frivolidad es simplemente no permitir que nada ni nadie te construya un muro donde tú quieres poner una ventana.

10.- Paciencia. El año que viene habrá más campanadas, y al otro también, y al otro. Repasa el álbum de fotos y verás como lo normal es que los hijos de 3 años se comporten como si tuvieran 3 años, los de 14 como si tuvieran 14 y los de 40 como si tuvieran 40.

11.- Motivación. Ser padres o madres no es lo mismo que ejercer de padres y madres. Los hijos cuando están más confundidos es cuando más necesitan padres y madres bien puestos en su sitio, tranquilos y serenos.

12.- Suerte. Pero en la lotería de la educación le suele tocar el gordo a los que más papeletas juegan, a los que día a día con confianza, entusiasmo, ilusión, generosidad, fuerza, orgullo, constancia, humor, paciencia y motivación se proponen dejar a sus hijos un mundo mejor.

 

Feliz Año Familias.

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¿Sabes por qué suspenden tus hijos?
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Carlos Pajuelo | 21-12-2014 | 18:24| 1

la indefensión aprendida: otra manera de entender los suspensos

Porque no estudian lo suficiente. Es obvio, lo sabes tú, lo saben sus profesores, lo saben ellos.

Estudiar es la solución. Pero no basta con repetir hasta la saciedad ¡estudia!, porque si fuera por decírselo, todos los hijos obtendrían un buen puñado se sobresalientes.

Ayer pasé un par de horas con un grupo de adolescentes de esos que son expertos en suspender, un grupo de 16 chicos y chicas que asisten al programa REMA (Refuerzo, Estímulo y Motivación del Alumnado) alumnos que, con apenas 14 o 15 años, están empezando a dejar de creer en que puedan hacer algo que cambie su destino académico.

Son capaces de decir “si estudio podré aprobar“, pero lo dicen como el que expresa un deseo, un sueño en voz alta, como algo difícil de alcanzar. “Si estudio podré aprobar” repiten como una letanía con la que ahuyentar los negros presagios de la incompetencia.

Les decimos que, si quieren pueden aprobar, pero a veces se lo decimos con la misma poca confianza con la que se lo dicen ellos. “Si quieres puedes” es para nosotros la fórmula rápida de ayudar y, para ellos, palabras vacías que pierden su significado nada más  pronunciarse.

Durante mi encuentro con ellos les hablé de la indefensión aprendida.  “¿Eso qué es?”, me preguntan. Y les explico que, a veces, los alumnos aprenden a comportarse de forma pasiva en los temas académicos, y tienen la sensación de no poder hacer nada,  y de que no son capaces de cambiaa pesar de que existen oportunidades reales de modificar esa situación. Les respondo que esa es la razón por la que muchos de ellos suspenden, la razón por la que los libros dejaron de ser un reto para convertirse en un muro.

La indefensión se aprende, pero también se enseña, y la enseñamos todos:

La enseñan los padres cuando dejan de creer en las capacidades de sus hijos para resaltar sus defectos, padres que al grito de te lo dije, te lo dije, graban en sus hijos todas y cada una de sus equivocaciones. Padres desanimados, padres desolados por no saber qué hacer o qué decir a los hijos y se refugian en los: “Tu sigue así”, “vas a ser un desgraciado”, “eres un sinvergüenza”, “un fresco”, “nos estás destrozando la vida”, etc.

La enseñan los profesores y maestros cuando dejan de creer en sus alumnos para fijarse en sus limitaciones, profesores que al grito de te lo dije esculpen en sus alumnos las cruces que señalan todo lo que les queda por aprender. Profesores desanimados, desolados, presionados  por un curriculum que no cabe en la jornada escolar. Profesores que se sienten solos frente al peligro, solos frente a sus alumnos disfrazados de rebeldía, de osadía y desinterés.

La enseñan los propios alumnos cuando dejan de creer en sí mismos y, faltos de confianza, se refugian bajo una capa de dureza como si así estuvieran blindando sus sentimientos. Alumnos que se susurran continuamente los “no puedo” que cercenan cualquier posibilidad de avance. Alumnos desanimados, abatidos, resentidos contra todo. Pidiendo socorro en un idioma que nadie entiende. Solos y asustados dentro de un traje de rebeldía. Con ganas de huir no se sabe a dónde.

¿Buscar culpables? es tarea estéril. Todos somos responsables, todos tenemos algo nuevo, algo diferente, algo más que poder hacer y mientras no nos sintamos responsables, capaces, con fuerzas y convencidos de ello, los 16 suspendedores, arrojados a su suerte,  seguirán en el pabellón de los desahuciados esperando que el tiempo confirme los aciagos presagios.

¿Se puede hacer algo?

Sí que se puede, claro que se puede pero tenemos que esforzarnos todos ¿Qué sabemos de ellos, de sus vidas, además de que suspenden?, ¿qué les decimos?, es más tranquilizador suponer que son unos consentidos, mal criados, que si la sociedad es un asco, que si los móviles, que si los padres, que si los maestros, etc.? La avería es de la calle. Así nos quedamos todos más tranquilos.

A veces cuando uno se está ahogando no basta con decirle: “nada, nada hasta la orilla”, hay que ofrecerle la mano, echarle un cabo, agarrarlo y llevarlo a lugar seguro. ¿Estamos dispuestos?

Claro que se puede, pero ellos solos no pueden, necesitan nuestra ayuda, toda nuestra ayuda. Una y otra vez la ayuda de sus padres :( animando, guiando, poniendo límites y siempre confiando) y la imprescindible ayuda de sus profesores y maestros (necesitan sobre todo experiencias de éxito y reconocimiento de su esfuerzo. A veces se intenta motivar a un alumno poniéndole un cuatro “para que no se relaje” y lo que necesitan es un cinco para coger impulso.)

Para todos los alumnos que pueblan las aulas del programa REMA (Refuerzo, Estímulo y Motivación para el Alumnado) y, en especial, para los profesores de este programa que realizan una tarea de un valor incalculable.

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¡¡¡Feliz Navidad Familias!!!
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Carlos Pajuelo | 21-12-2014 | 12:12| 0

En mi portal de Belén cabemos todos. Ilustración:Pablo Pajuelo

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El mejor método para educar a los hijos
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Carlos Pajuelo | 09-12-2014 | 17:42| 0

Educar es un compromiso adquirido con nuestros hijos. Educar, Educar y volver a Educar.¡El hijo del psicólogo es  Punki!.  Eso exclamó una mujer sentada en la primera fila del salón de actos de un Instituto de Secundaria al ver la primera fotografía de la presentación con la que me disponía a comenzar de la charla que iba a dar sobre “Hijos adolescentes”.

Y es que me parecía que lo más honesto era, si les iba a hablar a los padres de estrategias para comunicarse con sus hijos adolescentes,  que les dijera: “Este de la foto es el hijo del psicólogo, mi hijo, así que si alguien quiere irse lo entenderé”.

Llevo más de 30 años enfrascado en la tarea de orientar a padres y madres que se sienten genial cuando el desarrollo de los hijos discurre plácidamente,  y que se sienten desesperados cuando aparecen dificultades y no ven la manera de poder ayudarles. Casi a diario recibo demandas de algún padre o madre que se sienten perdidos por no saber qué hacer, ni qué decir, para ayudar a sus hijos. En esos momentos de desesperación nada de lo que se les dice les sirve de ayuda porque o bien dicen “eso ya lo hemos probado”, o bien dicen  “eso con mi hijo no sirve”. Pero aun así, siguen buscando un método, él método eficaz, aquel que logra que los hijos estudien, coman, duerman, no contesten, no fumen, ni beban, lleguen a su hora, nos cuenten su vida, etc. El Santo Grial de los Métodos de Educación.

No, no existe un método infalible para educar porque educar a los hijos no es una técnica, es un compromiso. Un compromiso basado en la generosidad: Te educo porque te quiero.

A educar se aprende educando, cuanto más se practica más se da cuenta el que educa del valor de la educación.

Educando, se equivocan más los padres paralizados por el miedo que los padres que toman decisiones, aunque se no sean las más acertadas.

Educar es guiar y guiamos con nuestro ejemplo. No podemos exigir a nuestros hijos que hagan lo que nosotros no hacemos ni que no hagan lo que nosotros hacemos.

Los hijos necesitan ver y sentir a sus padres educando porque la educación es la mejor manera de mostrar aprecio, cariño y amor.

El camino de la educación está lleno de baches y socavones, no es sencillo, no tiene atajaos, los hijos crecen con el afán de protagonizar sus vidas y no es sencilla la tarea de guiar a quien anhela gobernarse a sí mismo.

El camino de la educación es largo porque no tiene fin, educar dura una vida. Es satisfactorio porque mientras educas es cuando realmente uno se puede sentir padre o madre.

No existe ningún libro, ningún método, ningún programa de televisión y ningún blog que pueda educar, que pueda hacer tu trabajo como padre y como madre. Por eso los padres son irremplazables.

Los hijos no son nuestro proyecto, si fueran un proyecto no  tendrían vida propia, nacidos para  ser lo que otros desean.  Los hijos son vidas que surgen de nuestras vidas, vidas que crecen alrededor de las nuestras. Vidas que enriquecen nuestras vidas. No son nuestras ramas, son sus propios troncos.

Educando encontramos que los hijos dan lo que la misma vida nos da: alegrías, lágrimas, sorpresas, certidumbres, días luminosos y días oscuros.

Tú, tú eres el mejor método de educación para tus hijos. Utilízalo.

Por cierto, al ver la foto de mi hijo Punki los padres asistentes a la charla no se fueron. Se quedaron allí sentados, yo creo que fue porque pensaron “si el hijo del psicólogo, con todo lo que sabe, está así… lo de nuestro modorro no debe de ser tan preocupante”.

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Tú, tu adolescente y el WhatsApp: Claves para Educar
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Carlos Pajuelo | 24-11-2014 | 17:38| 0

Las RedesSociales, el WhatsApp, son herramientas que hay que aprender a utilizar porque depende de cómo las uses para que sean beneficiosas o perjudiciales.

Carlos Pajuelo, la otra noche escuché a mi hija mientras hablaba por teléfono con una amiga y  me quedé de piedra cuando la escuché decir que Raúl, un medio noviete que tiene, le dice que tiene que enseñarle el WhatsApp porque esa es una señal inequívoca de que le quiere. En cuanto ha colgado he hablado con ella pero realmente lo único que le he dicho es ¡hay que ver con los dichosos móviles la de problemas que nos están trayendo!”.  Esto me escribió hace unos días un lector del blog  para terminar preguntándome “¿Tú crees que el WhatsApp puede ser peligroso para un adolescente?”

El WhatsApp, al igual que otras tecnologías de la comunicación, forma parte de la vida de nuestros hijos (y de la tuya) y además está en tu casa, así que en vez de asustarnos aprovechemos las nuevas tecnologías para educar a nuestros hijos en su buen uso y disfrute.

El WhatsApp llegó para quedarse. Así que como padres, ¿qué hacer? Pues fácil, Educar. Te doy algunas claves sobre qué aspectos de las Nuevas Tecnologías debemos tratar, SÍ o SÍ, con nuestros hijos para que entre todos hagamos un buen uso de ellas.

1º.-Hijo,  el WhatsApp es una herramienta,  que hay que aprender a utilizar porque depende de cómo lo uses para que te sea beneficioso o perjudicial.

2º .- Hijo, no codiciarás el WhatsApp de tu prójimo. No tienes que controlar ni el  WhatsApp ni la vida de nadie, ni debes permitir que nadie te lo controle a ti. Dejad bien claro a vuestros hijos y a vuestras hijas que las pruebas de amor sólo las piden personas con muy poca o nula autoestima, acaparadoras e inseguras.

3º.- Hijo, no insultarás, ni menospreciarás ni difamarás a nadie por WhatsApp, ni en conversación privada ni en grupo. Cuanto más se habla mal de alguien peor queda el mal hablador. Así que utilízalo para hablar bien de la gente, para resaltar los aspectos positivos y si tienes alguna de queja de alguien, díselo a la cara.

4º.-Hijo,  tu cuerpo, tu físico,  es tuyo, pero si envías fotos tuyas a través de  WhatsApp puede ser del mundo entero. Yo entiendo, y tú como padre o madre de una adolescente enamorado debes de comprenderlo también,  que un adolescente en un momento determinado mande una foto comprometida  a su amorcito, por esta razón lo que hay que decirles es: ¿Estás preparado para que corra esa foto por el colegio o instituto?,¿te gustaría? Pues si no estás preparado no lo hagas y si te llega alguna foto a ti no la difundas, porque entonces serás tan responsable como el primero que traicionó la confianza de alguien.

5º.-Hijo, ¿han leído tu mensaje y no te contestan?, Pues será porque no te quieren contestar, no pueden o no saben qué decirte. Aguántate, ten paciencia y no te enfades y menos aún empieces a hacerte la víctima. Por mirar más el móvil no van a contestarnos antes. Pero claro para esto hace falta que los padres no contestemos nuestros mensajes en mitad de la comida.

6º.- Hijo, tienes un grupo de WhatsApp, pues cuando escribas algo piensa que sea de interés para todo el grupo. ¿Tienes duda si es de interés? Pues entonces no lo escribas. Tus mensajes te retratan.

7º.- Hijo, no seas pesado  cuando uses el WhatsApp, así que deja de enviar el mismo o parecido mensaje una y otra vez, por muy gracioso o importante que te parezca. Lo que a ti te hace gracia puede ser molesto para otras personas.

8º.-Hijo,  ¿sabes que es acosar? ¿Sabes que enviar mensajes a quién no los quiere recibir es acoso? Escribe sólo a quien te autorice a escribirle y si se cansa de tus mensajes deja de escribirle. Así de sencillo. No le podemos caer bien a todo el mundo, ni siquiera a todos los que nos caen bien a nosotros.

9º.-Hijo,  usa el WhatsApp para comunicarte pero si lo puedes hacer en persona ni punto de comparación.

10.-Hijo,  las nuevas  tecnologías son estupendas, si tu WhatsApp te hace sufrir es porque no lo estás utilizando correctamente. Así que ponte a la tarea.

¿Has hablado de todo esto con tu hijo? Pues ahora nos lo aplicamos los padres. ¡Yo el primero!

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Educando para que los hijos sean “dueños” de sus emociones
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Carlos Pajuelo | 17-11-2014 | 17:49| 0

La cometa, como las emociones, la gobernamos nosotros, no el viento.

Carlos, me levanto muchas mañana y me digo que hoy no voy a dar ni un grito, que voy a estar bien porque además me siento bien, pero a los cinco minutos, tras decirle con buenas palabras al niño que se levante, tras decirle con la mejor de mis sonrisas que a desayunar, tras decirle lo bonitos y buenos que son, hasta que no me pongo como un ogro, los puñeteros niños no hacen caso.”

Lo que mi amiga Paqui me cuenta,  me recuerda a un cartel que he leído en varios sitios y que dice “hoy hace un día estupendo verás como viene alguien y lo estropea”.

Hay que ver la manía que tenemos de renunciar a nuestra autonomía emocional poniendo  nuestro bienestar en manos de los demás, que, por cierto, es la mejor manera de terminar en el club de los desgraciados/as.com.

Educar emocionalmente a nuestros hijos es enseñarles a que tengan autonomía emocional, es enseñarles  que la decisión sobre cómo nos queremos sentir recae en nosotros y no en lo que hagan los demás. Tener autonomía emocional significa que elegimos sentir emociones independientemente de lo que digan los demás y no obligarnos a ser maleducados para responder a los maleducados, groseros con  los groseros, irónicos con los irónicos., etc

¿Cómo enseñar autonomía emocional?

1.- Fomenta y favorece el desarrollo de la autoestima en tus hijos. En la medida que una persona está más segura de sí misma necesita menos de la aprobación de los demás. Destaca las competencias de tus hijos en vez de hacer énfasis en sus limitaciones, porque con son nuestras competencias, la medicina para nuestras limitaciones. No ignores las limitaciones de tus hijos pero resalta sus potencialidades. Y que te escuche, una y otra vez.

2.- Los padres orgullosos de sus hijos son padres que trasmiten confianza y motivación. Para tener autonomía emocional hace falta que nuestros hijos confíen  en ellos y así, serán capaces de tener un buen criterio para decidir qué emociones quieren sentir, cuándo y cómo.

3.- El optimismo es una competencia fundamental para tener autonomía emocional. Un optimista no es un cándido, un optimista es alguien que sabe que vive en un mundo mejorable y se esfuerza, en la parte que le corresponde, por mejorarlo. Un optimista sufre contrariedades igual que un pesimista pero se niega a ser un testigo pasivo de lo que ocurre a su alrededor. Y además tiene una razón para su optimismo: sus hijos. Para educar hace falta optimismo y sobra pesimismo. El optimista que educa no espera pasivamente que vengan los tiempos “buenos”, el optimista que educa confía en el valor de la educación, lo ejerce y lo trasmite. Actúa más y critica menos. Un optimista no está sonriendo a todas horas, llora y sufre como el que más pero con la diferencia de poner el énfasis en sus posibilidades de acción en vez de lo que tienen que hacer los otros.

 4.- Y por último, la autonomía emocional requiere enseñar a los hijos a afrontar las adversidades. Los seres humanos nacemos con la mayor adversidad que tiene un ser vivo: morirse. Enseñar a los hijos que sufrir, el malestar, el dolor, la frustración, etc. son parte de la vida real de los seres humanos y además son una parte natural. Es una enseñanza difícil porque el sufrimiento de nuestros hijos nos afecta pero te recuerdo que educamos a nuestros hijos para las duras y las maduras, por eso hay que enseñar a los hijos a que vivir es también hacer frente a la adversidad. A esto se le llama ser resilientes.

Autoestima, Motivación, Optimismo y Resiliencia, me permiten crear un acrónimo: AMOR, la mejor competencia para educar a los hijos. Esto es lo que tiene educar, que  sólo se puede practicar con los que amas. ¿No crees que merece la pena el esfuerzo?

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Cómo educar a los hijos en la ejemplaridad
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Carlos Pajuelo | 10-11-2014 | 08:07| 0

Educar en la ejemplaridad otra tarea para los que ejercen de padres

Mi amiga Paqui es muy persistente y nada más leer el post de “Cómo explicar a los hijos qué es la corrupción” me llamó para decirme:  “muy bien Carlos, ya sé cómo explicar qué es ser corrupto pero ahora tengo una pregunta, ¿cómo educar para que nuestros hijos aprendan no solo a detectar la corrupción sino a evitarla  y además a rechazarla de plano?, ¿Cómo educar en la ejemplaridad?”

Educar en la ejemplaridad es ser consciente de que nuestra conducta informa a nuestros hijos  sobre cómo somos y cómo actuamos ante determinadas situaciones, ofreciéndoles un modelo de comportamiento a seguir.  Ser ejemplar es no aprovecharse, en beneficio propio, de recursos o bienes que no nos pertenecen.  ¿No es tuyo? pues no lo cojas, sería una frase que resume la educación en ejemplaridad. Es un camino que no tiene atajos y en ese camino tenemos  la suerte de encontrarnos  a vecinos, amigos, padres y madres, maestras y maestros, niños, jóvenes, adultos y ancianos. No son seres excepcionales son personas como tú y como yo.

5 ideas para educar a los hijos en la ejemplaridad.

1.- Los padres somos ejemplares para lo bueno y para lo malo (aunque no seamos famosos). Lo que los niños ven, los niños hacen. Este era el eslogan de una campaña publicitaria de la asociación Child Friendly  que pone de manifiesto el papel ejemplarizante de los padres en la educación de los hijos.  Es verdad que nosotros los padres somos seres anónimos y que nuestras conductas privadas no tienen la repercusión mediática que la de los personajes públicos, pero no olvides que nuestras conductas educan a nuestros hijos.

2.- Resalta la importancia de los valores colectivos frente a valores  individuales.  Cuando educamos a nuestros hijos tenemos que resaltar la importancia que tienen los demás en nuestra vida y nada mejor que tener presentes las necesidades de los demás para no olvidarlo. Padres que enseñan a sus hijos el valor de ser generosos con los que menos tienen , hijos que ven a sus padres dedicar parte de su tiempo o parte de sus ingresos en ayuda de Asociaciones, ONGs, etc.  Padres que enseñan que pensar en los demás ayuda a pensar menos en uno mismo.

3.- ¡Qué loto que me tocara!.  A veces educamos utilizando excesivamente criterios económicos y trasmitimos la idea de que ganando dinero no hay problemas. No me voy yo a meter en el pantanal ese de si el dinero da,  o no da  la felicidad porque no lo sé,  lo que sí creo es que el dinero solo vale para comprar cosas, no compra el respeto, ni la consideración,  ni el reconocimiento propio ni el de los demás.

4.-la cuarta idea hace referencia a que el  comportamiento ejemplar se ve sometido a muchas tentaciones y que se puede sucumbir a ellas. En ese caso pedir perdón es necesario pero no es suficiente. Asumir la responsabilidad supone asumir las consecuencias de lo que uno ha hecho y no intentar buscar justificaciones que minimicen el impacto de nuestras conductas. Un ejemplo, “¡Mamá, como te pones por un euro que he cogido de tu monedero!”, le gritó un mozalbete de 11 años a su madre. Pues hazle ver que el problema reside en el acto de coger un dinero que no es suyo, que eso se llama robar y lo de menos es la cantidad de dinero que sisa.

Y no olvides que existen muchas situaciones en las que son los padres los que “sisan” de otros “monederos” y algunos lo hacen delante de sus hijos con cosas del tipo: “saltarse un peaje y vanagloriarse de ello”, “usar material de la oficina para interés privado”, decir la frase “a mi en el sueldo me engañaran pero en el trabajo no”, “al pagar en una tienda te dan un cambio equivocado a tu favor y dándote cuenta te lo callas. La mejor manera de ser ejemplares es dándonos cuenta de lo fácil que es salirse del camino.

5.- Y por último, es necesario meterse en la cabeza que no somos una sociedad poco ejemplar. Cuando estás educando resalta la cantidad de conductas ejemplares que se dan a tu alrededor. No eduques desde el pesimismo, no caigas en la tentación de pensar que todo está perdido porque el desánimo es una vía que lleva a la inacción, al fatalismo y al abandono. El pesimismo es caldo de cultivo para la corrupción.

Por cada personaje poco ejemplar que aparece por la tele seguro que hay más de cinco personas ejemplares cerca de ti para que puedas ponerlo de ejemplo ante tus hijos.

Enséñaselo a tus hijos: “¿No es tuyo? Pues no lo cojas”.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Cultura. Compagina su labor de Orientación con la de profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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