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¿Nos estamos pasando con tanta celebración con nuestros hijos?
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Carlos Pajuelo | 07-05-2017 | 17:22| 1

¿Esta es la felicidad que queremos para nuestros hijos?

Mi amiga Paqui me llamó ayer para contarme lo agobiada que está con la cantidad de “celebraciones”, organizadas por los padres de otros niños, a las que han invitado a sus hijos. “Al mayor lo han invitado a tres cumpleaños, a los que van toda la clase; al mediano, a una comunión, que ahora son como bodas; y por si no fuera suficiente, el pequeño, que está en un centro infantil, quieren algunos padres y madres que hagamos una fiesta de graduación, con payasos y castillos hinchables, vamos, como una comunión”. Y encima, ¡unos regalos!, viajes a eurodisneis de esos para celebrar comuniones, viajes a la playa o a la nieve porque el niño ha aprobado el trimestre, y otros regalazos por el estilo. Esto es una ruina. Luego mis hijos van a esos fiestorros y me dicen: ¡mamá si vieras que fiesta más bonita!, y no veas el enfado de ellos cuando les digo que, con unas medias lunas rellenas de chope y refrescos arreglamos su fiesta de cumpleaños. Carlos, ¿no nos estaremos pasando un poco con esta tendencia a hipercelebrar todos los actos sociales en los que participan los niños? “, me pregunta.

Yo creo que sí, y para muestra, no solo festejamos que la criatura se gradúa en la guardería, al terminar la etapa de Infantil, la Primaria, la Secundaria y el Bachillerato. Luego también hacemos fiesta y viaje por haber terminado el Bachillerato; festejamos el inicio de la Universidad, festejamos la graduación de la carrera, y luego todos y cada uno de los másteres que los sufridos padres y madres subvencionan. Festejamos el inicio de la primavera, el del verano, festejamos tantos días internacionales de algo, que ya no hay días libres en el calendario. Festejamos por lo civil y por lo religioso, a base de bien, venga catering, venga puesto de chuches, fuentes de chocolate, castillos hinchables… Y todo, tirando de monedero. Hacemos de la vida de nuestros hijos una sucesión de momentos para festejar, príncipes y princesas que cumplen cada año un año, festejamos que aprueban un examen, que recogen su habitación. Festejamos sus goles, aunque sean en fuera de juego, celebramos todos sus éxitos. Y además, si le ponemos un poquito de postureo mejor, porque la felicidad envidiada es mucho más felicidad.

Pues claro que nos estamos pasando.  Y tanta celebración, además de provocar serios efectos en la economía doméstica, trasmiten a nuestros hijos algunas creencias que pueden tener perniciosos efectos:

1.- Si se celebra tanto lo corriente mientras educamos, podemos caer en el peligro de estar perdiendo la referencia del valor de lo extraordinario.

2.- Creo que este exceso de “festejos” centrados en lo que los niños hacen (que realmente en la mayoría de los casos no hacen nada), los sitúa en una posición egocéntrica, y te recuerdo que los hijos no son el centro de la familia.

3.- Con tanta celebración protagonizada por nuestros hijos, los colocamos en pedestales y, desde lo alto, se terminan creyendo merecedores de todo y de manera inmediata. Y cuando nuestros hijos se dan cuenta que los hemos colocado en un pedestal, pero que tienen los pies de barro, es posible que se puedan dar un buen tortazo porque el temor a hacerse responsables de su vida les lleve por caminos de descontrol.

4.- Con tanta hipercelebración puede parecer que les trasmitimos a nuestros hijos que la “felicidad” es el objetivo de la vida. Y la felicidad de nuestros hijos no debería ser el objetivo de la educación. El objetivo es darle herramientas a nuestros hijos para que se vayan construyendo como personas, y seguro que en ese proceso de construcción encuentran situaciones, personas, momentos en los que experimenten eso que llamamos felicidad.

¿Y si ponemos un poco de orden y festejamos lo corriente de manera cotidiana y ordinaria?

Educar para celebrar la vida es educar para vivir, para vivir en los días buenos, pero también para vivir en los malos, en las adversidades.

Nadie celebra cuando se se gradúa en esfuerzos y fracasos y, sin embargo, los fracasos son una parte importante tanto del aprendizaje, como de la vida de los seres humanos.

¿Y si hacemos normal lo habitual?

 

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Cómo castigar para educar
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Carlos Pajuelo | 02-05-2017 | 19:50| 0

Castigar también es educar, pero hay que saber castigar.

Que los hijos dan “guerra” es una realidad que la mayoría de las madres y padres viven mientras educan a sus hijos.

Más de una vez en este blog hemos hecho referencia a que este batallar con los hijos genera “malestar”, un lógico, normal y natural malestar que obedece, no a una incompetencia de padres y madres (que no son omnipotentes) sino  a que los hijos están en construcción, son aprendices y por lo tanto tienen muchas posibilidades de equivocarse.

Y como tienen muchas posibilidades de equivocarse esta es la razón por la que los hijos tienen madres y/o padres, para que los guíen con normas y límites.

¿Hay normas en tu casa?, ¿tienen límites las conductas de tus hijos? Si la respuesta es sí, te recuerdo que entonces hay muchas posibilidades de que se las salten o intenten saltárselas.

Y ¿qué hacemos cuando se las saltan o las incumplen? Pues elige: aplicas consecuencias o clamas venganza.

Castigar no es perder el control mientras retiramos privilegios a diestro y a siniestro, castigar es simplemente hacer ver, y sentir, a nuestros hijos que sus conductas tienen consecuencias.

1.- Las consecuencias son el resultado lógico y esperado del incumplimiento de una norma. Si tú no haces X, entonces no podrás hacer Y. Y tu aprendiz de modorro o modorra te dirá “me da lo mismo”. La venganza es la manera en la que les trasmitimos, tú me fastidias y ahora te fastidio yo a ti y si puedo el doble, a lo que tu hijo también contesta con un “me da igual”.

2.- Las consecuencias están determinadas desde el mismo momento en el que aparece la norma. La venganza nos asalta dependiendo de cómo nos frustre la conducta de nuestro hijo.

3.- Las consecuencias no requieren de alteración emocional por parte de los padres y madres, simplemente recordamos a nuestros hijos cual es la consecuencia de sus conductas y las aplicamos sin necesidad de muchos discursos. Mientras que la venganza va acompañada de la famosa ingurgitación yugular, mensajes emocionales (bien de ira incontenida, bien de peligrosa ironía, bien de sentimientos lastimeros).

4.- Las consecuencias son inalterables permanecen igual día tras día. La venganza hace que cada vez te vuelvas más maquiavélico pensando dónde le puedes dar que le haga más daño.

5.- Las consecuencias dan seguridad a los que educan y a nuestros hijos pues pueden anticipar sin la menor duda qué es lo que va a ocurrir; mientras que la venganza te lleva a un círculo vicioso de inseguridad en el que cada vez te sientes más perdido, más avinagrado, más enfadado, más asustado.

Te recuerdo que tú, madre o padre, eres el que está educando, así que cómo te vas a enfadar por hacer lo que tienes que hacer.

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Cómo saber si proteges o sobreproteges a tus hijos
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Carlos Pajuelo | 24-04-2017 | 16:04| 0

Proteger es educar, sobreproteger es asustar. (Foto ABC.es)

Muchas madres y padres van sintiendo como aquello que comenzó siendo un lógico desvelo por el cuidado de los hijos pequeños se va convirtiendo en una agobiante y cotidiana tendencia a la intranquilidad, a estar continuamente preocupados por los hijos. Y me preguntan, ¿Dónde está el límite entre proteger y sobreproteger a los hijos?

Los padres tenemos la obligación de proteger, vigilar y supervisar a nuestros hijos pero esto no significa que podamos evitar que nuestros hijos vivan situaciones de potencial peligro. Los educamos para que ante las situaciones de peligro sepan  qué es lo que deben de hacer.

1.- Proteger es construir un hogar en el que nuestros hijos puedan crecer a salvo y para ello se les enseña desde pequeños a que sepan qué es peligroso y cómo deben de actuar ante esas situaciones de peligro. Sobreproteger es intentar eliminar todo lo que potencialmente sea peligroso del contacto con nuestros hijos. Esta conducta va acompañada de la frase exclamativa “ ¡ten cuidado con…! ” que además se repite constantemente y con cara de pavor.

2.- Proteger es confiar y mostrar confianza en que tus hijos van a ser capaces de organizar su vida, de tomar decisiones aunque se equivoquen algunas veces, mientras que sobreproteger es desconfiar y por lo tanto tomar decisiones por los hijos para evitar que se equivoquen.

3.- Proteger es estar presente en las vidas de nuestros hijos dándoles nuestro apoyo cuando tienen adversidades y mostrarles nuestra satisfacción con sus éxitos. Sobreproteger es estar omnipresentes en las vidas de nuestros hijos, vivir la vida de nuestros hijos como si fuera la nuestra.

4.- Proteger es enseñarle a que tiene que responsabilizarse de sus tareas (las de casa, las del colegio)  y sobreproteger es responsabilizarte tú de las tareas que le corresponde realizar a tu hijo.

5.-Proteger es acompañar, es enseñar cómo hacer, es dar autonomía progresivamente. Mientras que sobreproteger es anular la personalidad de los hijos para que los padres se sientan, supuestamente, tranquilos.

6.- Proteger es educar y sobreproteger es asustar.

Educa para que tu hijo sea el protagonista de su vida, aguántate tu miedo, confía en los hijos, confía en ti y asume que la vida de los seres humanos es frágil, que el sufrimiento convive a nuestro alrededor, que no existe la seguridad absoluta.

Educar para vivir y educar para convivir eso es proteger. No dejes que tus miedos sean un lastre para el crecimiento de tus hijos.

Te recuerdo que cuando tu hijo, tu hija, tenga que afrontar situaciones de peligro tú en ese momento preciso no vas a estar allí, así que elige ¿proteger o sobreproteger?

 

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Cómo enseñar a los hijos a ser responsables
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Carlos Pajuelo | 18-04-2017 | 17:32| 0

Para ser responsable alguien te tiene que enseñar a ser responsable.

¿Tú quieres educar a tus hijos e hijas para que sean responsables? Qué pregunta más absurda, ¿verdad? Pues claro que todas las madres y padres quieren que sus hijos sean responsables, muy responsables y, además, prontito.

Conozco a muchos padres y madres desesperados que dicen, a modo de súplica: “¡cuando va a madurar esta criatura!”, como si esto de madurar, hacerse responsable, fuera una cuestión del azar. Pues no, la responsabilidad tiene mucho que ver tanto con la personalidad de nuestros hijos (y por lo tanto con los genes que heredan), como con las pautas educativas con las que enseñamos en nuestra casa a ser responsables.

¿Quieres hijos responsables?

1º.- No olvides que los padres no construimos hijos, lo que hacemos es dar a nuestros hijos herramientas para que se vayan construyendo. Así que céntrate en ofrecerle estas herramientas durante el tiempo en el que estamos educándolos. A esto de ofrecer herramientas es a lo que llamamos educar, y se hace todos los días durante muchos años.

2.- Para aprender a ser responsables hay que tener responsabilidades de las que ocuparse. Responsabilidades acordes a la edad de cada hijo. Pero no te creas que, con decir “Tú pones la mesa”, o “tú recoges tus juguetes”, o “Tú te lavas los dientes”, etc. es suficiente.  No, así no funciona, tú tienes que establecer esa responsabilidad, y enseñar a tu hijo o hija cómo se hace: le acompañas al principio, y cada vez le vas dejando que lo haga lo más autónomamente posible. Y las responsabilidades se practican siete días a la semana.

3.- Los padres somos modelo de comportamiento para nuestros hijos. Enseña cómo tú ejerces tu responsabilidad, y no lo utilices como arma arrojadiza, tipo: “Yo todos los días voy a trabajar y sin embargo tú…”. Se supone que responsabilizarse de lo que uno tiene que hacer es algo que nos debe de llenar de satisfacción, así que ten cuidado con decir que estás harta o harto de cumplir con tus responsabilidades, porque si los hijos las perciben como un castigo o una incomodidad, huirán de ellas. Enseña a tus hijos que tener responsabilidades no es un castigo, ni una ayuda. Es más sencillo: “en esta casa nos repartimos las tareas”.

4.-  Si hay responsabilidades, tiene que haber necesariamente consecuencias cuando alguien no asuma sus responsabilidades. Por ejemplo, si le dices a tu hijo que tiene que recoger sus juguetes y no los recoge, déjale claro que juguete que esté en el suelo significa que no lo quiere, por lo que “guarda” ese juguete durante unas semanas. Y si llora cuando pregunte por su juguete, contesta con tranquilidad: “quedamos en que recoger los juguetes es tu responsabilidad, si no los recoges es porque no quieres ese juguete”. Pero tiene que tener una consecuencia, si recoges tú sus juguetes, lo único que va a pasar es que te va a doler la espalda de tanto agacharte, y la cabeza de tanto comerte el tarro.

5.- Aprender a tomar decisiones es una buena manera de aprender a responsabilizarse. Ofrecerle, siempre que puedas, la posibilidad de que elija entre dos opciones. Esto le ayudará a tomar una decisión y a asumir lo que ha decidido. Por ejemplo: Fruta o yogur; el pantalón rojo o el verde; un juguete u otro, etc. Y si dice fruta, le das la fruta que es lo que él ha elegido, y si a mitad de la fruta dice que no, que lo que quiere es yogur, le recuerdas que él decidió la fruta, o el pantalón rojo, o tal juguete.

6.- Si quieres hijos responsables, tienes que darles autonomía. Si no les das autonomía tú siempre estarás decidiendo por ellos y, por lo tanto, tú asumirás sus responsabilidades. Y luego te quejarás.

Os recuerdo que los niños, los adolescentes, no están terminados de hacer y dan mucha lata y hay que estar pendientes de ellos por esa razón tienen madres y padres que se ocupan de ir educando.

No tengas prisa. Lo que tienes que tener es constancia. 

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¿Quieres hijos con autoestima? ¡Sé un padre con autoestima!
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Carlos Pajuelo | 02-04-2017 | 19:41| 0

No desesperes hay una vida entera para construir la autoestima

La autoestima es la valoración positiva o negativa que una persona hace de sí misma en función de los pensamientos, sentimientos y experiencias que esa persona vive. Padres y madres sabemos que la autoestima de nuestros hijos influye mucho en su comportamiento pero muchas veces no sabemos qué hacer ni qué decir para lograr que su autoestima sea positiva.

Achacamos a la baja autoestima las dificultades que puedan presentar nuestros hijos y bueno, puede que sea cierto, pero te diré que en la infancia y adolescencia es fácil tener problemas con la autoestima. En este blog repetimos hasta la saciedad que nuestros hijos e hijas están en “construcción” y eso significa que necesitan vivir, necesitan tener experiencias para ir forjando personalidad y también su autoestima y, de nuevo, aquí los  padres tenemos un papel importantísimo que desarrollar: somos proveedores de autoestima.

¿Quieres hijos con autoestima positiva? Pues te recuerdo que lo que tú trasmites a tus hijos, con tus palabras, con tus actitudes, con tu comportamiento, con tus expectativas, con tus gestos va a ser fundamental en la formación de su autoestima. Esta tarea de ayudar a nuestros hijos a configurar su autoestima requiere de paciencia y de mucha constancia, pues esta tarea de construirse como persona requiere su tiempo.

¿Cómo ayudar a los hijos para que sean capaces de ir mejorando su autoestima?

En primer lugar, tus hijos necesitan sentir que son aceptados incondicionalmente. Trasmitimos a nuestros hijos que los queremos, que los aceptamos como son. No tenemos hijos para que nos den “gloria” a los padres; aceptar a alguien incondicionalmente no significa que les dejemos hacer lo que quieran hacer, es más, porque los aceptamos tal y como son es por lo que les ponemos normas y límites. No los queremos porque aprueben, recojan, obedezcan, los queremos porque son nuestros hijos y cuando suspenden, no recogen o desobedecen simplemente aplicamos consecuencias.

En segundo lugar, nuestros hijos necesitan que valoremos objetivamente aquello que hacen. Esto quiere decir que  cuando educamos hijos no podemos dejar que las normas y límites que les proponemos sean más o menos flexibles en función de que nosotros estemos más contentos, enfadados, cansados, etc.  Romper un vaso de cristal en un ataque de rabia requiere una respuesta más seria que la de romper, sin querer, un valioso jarrón. Eso es valorar objetivamente.

En tercer lugar necesitan autonomía. Ser capaces progresivamente de ir tomando las riendas de su vida, para tener autonomía hay que dar responsabilidades a nuestros hijos. Desde pequeños tienen que tener responsabilidades y posibilidades de tomar decisiones acordes a su edad. Los educamos para que vuelen.

En cuarto lugar necesitan tener experiencias de éxito. Todos los niños tiene que tener experiencias de éxito (una experiencia de éxito es aquella en la que nuestro hijo o hija hace algo que sabe hacer y las debemos de resaltar, para que cuando digan eso de “yo no sé hacer eso” les digamos, mira hijo, tú sabes hacer tal cosa y si sabes hacer eso puedes intentar hacer esto otro), pero ojo, tus hijos no son perfectos, así que también deben de tener experiencias de fracaso, esto los hará más realistas y entenderán cómo se siente uno cuando las cosas no te salen como esperabas.

En quinto lugar necesitan confianza, sentirse mal en la infancia o en la adolescencia es algo normal, al igual que equivocarse y cometer errores. Los niños y adolescentes llevan mal eso de equivocarse, para eso estamos los padres para corregir los errores y mientras corregimos les hacemos ver que confiamos en ellos. Errar, corregir y confiar.

Por último, lo que necesitan es que su padre y su madre actúen como padres con autoestima positiva, padres que confían en su competencia como educadores, padres sin prisas, padres sistemáticos, padres que guían, padres orgullosos de sus hijos, padres que confían en sus hijos.

Vamos, que tus hijos para tener mejor autoestima te necesitan. Así que estad atentos.

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Mis hijos me convirtieron en padre
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Carlos Pajuelo | 18-03-2017 | 19:43| 0
Un padre, en eso me convirtieron mis hijos, en un padre.
Un padre que nunca fue tan valiente como sus ojos me hacían sentir cuando estaban asustados.
Un padre que se alegra de todos los éxitos de sus hijos, un padre al que sus hijos le enseñaron cómo afrontar sus equivocaciones, un padre preocupado, un padre que confía, un padre con la mano tendida.
Mis hijos me hicieron padre y nunca me pidieron que fuera el mejor.
A veces me llaman y no me hablan del tiempo. A veces nos abrazamos pero no para parar el tiempo que nos desgasta sino por el simple gusto de estar en nuestros brazos.
Y cuando los pienso o cuando disfruto de su presencia siempre añoro que podía haber sido mucho mejor padre, que podía haber sido más paciente, que podíamos haber perdido juntos mucho tiempo, pero no me entristece ese pensamiento porque  tengo la certeza de que ellos, en el momento en que se conviertan en padres, miraran a su alrededor con ojos de padres, con corazón de padres y a partir de ese momento entenderán de qué material están hechos los padres.
Y, en ese preciso instante, se convertirán en mejores padres que su padre.

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Enseña a tus hijos a decir NO a las drogas
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Carlos Pajuelo | 12-03-2017 | 17:57| 1

Tú nunca estarás con tu hijo o hija cuando tenga que decir NO. Así que a educar.

Las drogas están alrededor de nuestros hijos, esto es una realidad que los padres no debemos ni podemos obviar. Están tan cerca de nuestros hijos que a veces están hasta en nuestra propia casa. No, no lo digo para asustar, lo digo sencillamente con la finalidad de que los padres abramos los ojos y sepamos qué decir y cómo actuar. Es verdad que cada hijo es un mundo, que cada familia tiene sus circunstancias y, aunque no hay métodos infalibles para educar, yo creo que padres y madres, en el tema de drogas, podemos y debemos:

1º.-  Buscar Información.  ¿Qué sabes de las drogas?, pero qué sabes, de verdad. Cómo vas a educar sobre algo que desconoces. Conozco a padres que, con cara de angustia, les hacen jurar a sus hijos que nunca van a tomar drogas y piensan que, con eso, es suficiente. El conocimiento, la información son los mejores acompañantes en la tarea de educar. La guía “Hablemos de drogas. Una realidad que debe tratarse en familia”, de la Obra Social de la Caixa es una estupenda herramienta para informarse.

2º.- Hablar con tu hijo sobre drogas. Al finalizar la Educación Primaria, con 12 años, es una edad apropiada para comenzar. Pero habla con serenidad, porque esa es la manera en la que hablan las personas que saben de lo que están hablando.  No metas miedo ni exageres porque está demostrado que “asustar” no educa. Habla con tu hijo para conocer su opinión sobre las drogas, y no te desesperes si te dicen perlas como “la marihuana es buena porque es mejor que el tabaco”. Los adolescentes suelen tener una visión demasiado “optimista” sobre las drogas, y los adultos, una visión cercana al pánico, por esta razón lo que hay que hacer es EDUCAR para tener una visión “realista”.

3º.- El mensaje que tienes que trasmitir es: Tomar drogas es siempre un riesgo. Esto es difícil de hacérselo entender a los adolescentes, por eso conviene repetir este mensaje apoyado en datos reales, contrastados, no basados en tópicos, sin exageraciones.  Las drogas secuestran de manera silenciosa a nuestro cerebro  y afectan a todas sus funciones (cognitivas, emocionales, relacionales, etc).

4º.- No les preguntes directa e insistentemente sobre si han tomado drogas. Es mucho mejor pedirles su opinión (qué piensan del consumo de drogas por parte de algunos adolescentes, qué peligros ven en ello) y darles nosotros nuestra opinión. No entres en peleas con tus hijos para convencerles de que la razón la tienes tú, porque con esas discusiones es fácil conseguir un efecto contrario al que deseamos, y no es otro que la defensa de las drogas por parte de tu hijo se convierta en una afirmación de su identidad.

.- Enseñar a los hijos a responsabilizarse de sus acciones es una de las mejores cosas que los padres podemos hacer mientras educamos. Responsabilizarse requiere asegurar a los hijos que siempre los vamos a apoyar pero que ellos tienen que asumir las consecuencias de sus actos. Para educar en responsabilidad necesitamos marcar una línea clara de lo que creemos que es tolerable y lo que consideramos intolerable en el tema de las drogas. La realidad es que al final va a ser nuestro hijo el que decida, el que tenga la última palabra.

6º.- Si tu hijo comienza a “flirtear” con las drogas no te paralices, no lo lleves en secreto. Busca ayuda. Habla con sus profesores, con la familia, con profesionales.  Entrar en contacto con las drogas en la adolescencia no es sinónimo de ser un drogadicto. Negar una realidad, sin embargo, sí que puede conllevar problemas mayores. Cuando tenemos problemas en la educación de los hijos necesitamos todas las manos. No te calles.

7º.- ¿Quién dijo miedo? Controlar el miedo que nos invade con las palabras drogas, adolescencia, alcohol…  Con miedo no se educa. Así que lee, infórmate, y manos a la obra. No hagamos tragedias de situaciones de apendizaje. Los adolescentes están en construcción, los escarceos con las drogas no son indicadores de ningún problema, son indicadores de que tu hijo o hija necesita que sus padres sigan educando: normas, valores, limites. Y esto lleva  su tiempo, no te desesperes.

8º.- Confía en ti, en tu capacidad para educar, en tu sistematicidad, confía en tu ejemplo, confía en tus enseñanzas. Y sobe todo confía en que tus hijos serán capaces de gobernar su propia vida. Pero hasta que llegue ese momento, recuérdales que no vas a mirar para otro lado, que siempre vas a decir: Drogas No.

9º.- No culpabilices a las amistades de tus hijos o hijas, considerándoles malas influencias. Prepárate para ser tú una buena influencia, una influencia que desde el cariño, la comprensión, envía mensajes claros respecto a cómo actuar, cómo decir no, como mantenerse firme en las convicciones. Y recuerda que las amistades son, para los adolescentes, lo mejor de lo mejor.  No rivalices, simplemente sigue ejerciendo tu tarea. Lo que tú les trasmites les queda dentro y hace más efecto del que tú crees.

10º.- Es un tema serio este de las drogas en el que los padres tenemos una responsabilidad durante un tiempo, el de la educación, luego serán nuestros hijos los que determinen qué y cómo quieren vivir.

¿Estás educando? Pues no pares, sigue. Somos muchos los que te apoyamos.

 

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10 ideas para educar con sentido común.
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Carlos Pajuelo | 05-03-2017 | 19:39| 0

No hay método infalible para educar, lo que si hay son madres y/o padres que educan porque sin ellos los hijos andarán perdidos

En esta sociedad del éxito, de la felicidad, de la eficacia y la eficiencia, educar hijos se está convirtiendo es una especie de disciplina académica, un mastercheff educativo en la que el objetivo de la educación es la búsqueda de recetas para “cocinar” hijos que no den problemas, en vez de acompañar y guiar a los hijos en su tarea de construirse como personas adultas e independientes.

Es verdad que en la “ciencia” podemos encontrar ayuda para educar, mucha y muy buena, pero la ciencia no educa. Los que educan son personas que sirven de modelo, solo las personas pueden educar porque la educación es un acto de amor incondicional, de comunicación constante, algo cotidiano que se realiza 24 horas al día y 7 días a la semana.

Educar con sentido común es:

1.- Educar en presente e intentar no fantasear con un futuro que desconocemos.

2.- Dar ejemplo, la mejor herramienta educativa que tenemos para nuestros hijos. Lo demás son solo palabras y sermones.

3.- Entender que los hijos e hijas mientras los educamos nos pueden generar malestar, mucho malestar. Y que este malestar no es “castigo” sino parte de la vida natural de las personas. Los hijos no decepcionan, lo decepcionante es que los padres y madres les demos la espalda cuando aún no “están terminados”. Luego llegará un momento en que decidan cómo quieren vivir, esa es su responsabilidad.

4.- Centrarse en lo que haces como padre o como madre en vez de obsesionarte con lo que hacen tus hijos. La conducta de nuestros hijos lo que nos demanda es actuar como padres.

5.- Educar con sentido común, es entender que mientras se aprende aparecen muchas equivocaciones (aprendemos a ser padres y madres mientras nuestros hijos aprenden a ser personas).

6.- Entender que las lágrimas y los enfados de los hijos son inevitables. No les ahorres lágrimas, cómprales pañuelos y márcales bien clarito los límites y las normas.

7.- Tener confianza en uno mismo como educador y evitar culpabilizar a los demás.

8.- Hacer de la crianza un acto de generosidad, de empatía y no un tiempo de malestar.

9.- Que no existe ningún método infalible para educar, pero lo que sí es seguro es que sin madres y/o padres que eduquen nuestros hijos estarán perdidos.

10.- Educar con sentido común no es cuestión de tener certezas sino de tomar decisiones.

 Educar es una siembra, a veces, de cosecha lejana. No sembramos para obtener buenos frutos, sembramos para que los frutos aprendan a lidiar con las tormentas, los vendavales, las sequías. A lidiar con la vida. La vida pasa.

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Educa, y deja educar a los demás
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Carlos Pajuelo | 12-02-2017 | 17:17| 0

Educar hijos es una tarea apasionante, pero todo lo que que se hace con pasión genera temor e inseguridad

¿Sabéis que es lo que necesita de verdad una madre y un padre que se inician en la tarea de ser padres? Que los dejemos vivir en paz su maternidad y su paternidad. A ser madre o a ser padre no te enseña nadie.  Es como muchas experiencias de nuestra vida: una construcción personal, única, individual, intransferible.

Padres y Madres  se las tienen que ver con una legión de entusiastas coaches (entrenadores), que les dicen constantemente, y sin el más mínimo pudor, qué es lo que tienen que hacer con sus criaturas, y que además también les recuerdan constantemente qué es lo que no están haciendo bien. Son sabios y sabias dispuestos a decirles qué, cómo, dónde y cuándo educar a una criatura.

Educar en soledad y rodeados de incomprensión: esta es la verdadera y triste historia de muchas madres y padres cuando se tienen que enfrentar a la cotidiana tarea de educar. “Os quejáis por nada. Cuando yo te tuve a ti no había los medios que tenéis ahora…”. Así comienzan muchas conversaciones después que una madre o un padre abra su corazón a alguien cercano, y les muestre su incertidumbre, su preocupación, sus dudas respecto a la manera en la que están educando a sus hijos; respecto a las dudas sobre cómo actuar ante los comportamientos de sus hijos mientras están siendo educados.

Educar a los hijos de los demás es una tarea muy sencilla, porque para los hijos de los demás tenemos muchas certezas respecto a cómo actuar. Veo a muchas madres y padres que dicen ufanos, ante una situación en la que un niño o adolescente se descontrola: “Si fuera hijo mío se iba a enterar”, mientras miran a esa madre o ese padre que está intentado educar con cara de esas que disparan la sentencia de “serámalpadre-malamadre”. Esto de educar a los hijos de los demás es tan fácil, que no hace falta ni tener hijos para aconsejar, guiar, incluso amonestar a las madres y padres dubitativos. Hay mucho coach por ahí suelto.

Más de una vez he dicho que este blog, aunque se llama Escuela de Padres, aquí no se enseña nada, lo que pretende ser es un espejo para padres y madres, un espejo donde podemos mirarnos, no para aprender algo que no sabemos, sino para reflexionar sobre lo que somos, sobre lo que hacemos, lo que sentimos mientras educamos, con el objetivo de motivarnos  en la tarea de ejercer de padres.

Los padres y madres que educan necesitan comprensión. No es tarea fácil. No es sencilla, no está ausente de situaciones dolorosas, de miedos descontrolados. Pero mala ayuda es la que sólo juzga; mala ayuda es la que sólo critica. Mala ayuda la que solo compara. Si los padres quieren coger a su criatura en brazos, déjalos y no le digas “lo vais a acostumbrar a los brazos” como si, entre los brazos de una madre/de un padre, se estuviera mal. A mí me gusta que me abracen, y no veo que sienten mal los abrazos.

Los padres y madres que educan necesitan que se les trasmita confianza, que se les refuerce en la idea de que van a ser competentes para criar a sus hijos. Así que, cuidadito con los comentarios críticos, irónicos, con aire de suficiencia. Si una madre o un padre necesitan algo es confianza, sentir que los demás les apoyan porque están convencidos que srán unos estupendos padres y madres para sus hijos.

Hay mucha tontería e idealización de la paternidad y la maternidad. Criar hijos es una tarea apasionante, pero todas las cosas que se hacen con pasión conllevan malestar, miedo e inseguridad. Esto lo sabemos todos los que hemos criado hijos pero parece que, con los años, se nos olvida y entonces nos sale eso del “os quejáis por nada”, “cuando yo…” y otras historietas de lo fabuloso que éramos en la antigüedad.

Anima, anima a educar, anima a que tengan paciencia los nuevos educadores, anima a que sean perseverantes, anima en los momentos difíciles, y hazles sentir competentes. Y, sobre todo, recuérdeles que equivocarse cuando educamos a los hijos, es lo que nos hace cambiar el rumbo.

Y si a pesar de todo, te viene alguien y se empeña en decirte “erre que erre” cómo tienes que hacerlo, no lo dudes ni un momento, ¡mándalo a tomar por coach!

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Ni machotes ni princesas: Cómo educar a nuestros hijos en igualdad.
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Carlos Pajuelo | 05-02-2017 | 17:21| 1

Educar en igualdad para prevenir el maltrato

Los hijos y las hijas son iguales, y sin embargo, nuestra sociedad genera discriminación.  Te has preguntado ¿Quieres discriminar a tus hijas?, ¿Quieres que tu hijo piense que una mujer vale menos que él?, ¿Quieres que tu hija acepte esa discriminación o que lo tenga bien clarito y defienda la igualdad? Educar en igualdad si que puede salvar muchas vidas.

Sigamos educando, 10 consejos para educar en igualdad.

1.- Haz que tus hijos e hijas sientan personas valiosas. Una persona valiosa es una persona que se ve poderosa. Educar es enseñar a los hijos a que reconozcan y aprecien lo que valen.  Hay padres y madres que nunca están satisfechos con lo que hacen sus hijos y siempre quieren que hagan más y mejor, o por el contrario, padres que apenas tienen expectativas de éxito en sus hijos o hijas y tanto  este exceso de celo educativo por la excelencia, como la falta de expectativas puede provocar que hijos e hijas crean que no son valiosos, que no tienen poder, porque son incapaces de satisfacer las expectativas de sus padres. Expectativas que a veces son diferentes en función de si se es hijo o hija. No le pongas techo a lo que tus hijos e hijas pueden alcanzar, anímalos a que crean y confíen en ellos mismos.

2.- Educa a tus hijas (como haces con tus hijos) para que no les frene el miedo. Tenemos que educar a nuestras hijas para que se “coman el mundo”, para que tomen decisiones y se vean capaces, seguras, convencidas de poder afrontarlas y no para que sean dóciles y sumisas. Lo que piensas te tus hijos e hijas es lo que les trasmites.

3.- Educar en la responsabilidad. Tenemos que promover que hijos e hijas practiquen la responsabilidad. Para eso hace falta que tengan responsabilidades en casa acordes con su edad. Las responsabilidades en una casa no se distribuyen en función del género. No se trata de repartos diferenciados por ser niño o niña, no se trata de ayudar al otro, sino de asumir, todos y cada uno, como propias las tareas comunes que surgen en todos los hogares.

4.- Educar en el respeto. Y para ello hay que hablar en casa con respeto de todas las personas que viven en la casa y fuera de casa. Mediante el lenguaje, les mostramos a nuestros hijos que hay personas a las que podemos despreciar, denigrar, e insultar si no nos gusta lo que dicen o lo que hacen o cómo lo dicen o como lo hacen.

5.- Educar a personas, no a niños o niñas. Si piensas que hay que educar a tus hijos e hijas de forma diferente, es porque crees que no son iguales. Y son iguales, son sencillamente hijos a los que educar. Acaso no es igual de bueno lo que enseñas y cómo lo enseñas, a un hijo que a una hija.

6.-Educar en el buen trato a las personas. No les digas a los hijos que a las mujeres, madres, hermanas, amigas, etc., hay que tratarlas bien porque son mujeres. Hay que tratarlas bien porque son personas. Ser mujer o ser varón es solo una cualidad: ser personas es lo sustancial.

7.- Actúa cuando detectes actitudes discriminatorias: Cuando tus hijos hagan algún comentario despectivo de alguien por razón de sexo, raza, idea, orientación sexual, capacidad, etc., actúa. Pero no lo hagas por convencionalismo o porque quede mal, en plan “eso no se dice”. Tenemos que decir a nuestros hijos que nos duele escucharlos hablar así de otra persona, de una mujer o de un hombre. Pregúntales cómo se sentirían ellos si alguien les dijera eso mismo.

8.- Hablar del amor. Enséñales, cuando son adolescentes, qué es eso de estar enamorado o enamorada. Enséñales qué conductas son incompatibles con amar (desconfiar, anular, exigir, chantajear) y díselo bien claro:  si controlas el teléfono de tu chica, estás maltratando a tu chica. Si dejas que te controlen, estás dejando que te maltraten. Si le dices a tu chica, si me quisieras entonces tu harías… es maltrato. Enseña a tus hijos y a tus hijas, a reconocer qué es el maltrato para que no sean maltratadores y para que no se dejen maltratar.

9.- Sed beligerantes con el maltrato. Hay que educar para enseñar a no tolerar cualquier tipo de maltrato: no a las bofetadas a tiempo, a las palabras que ofenden, a cualquier manifestación de desprecio y de violencia.

10.- Tienes que creer que existe la discriminación, que está muy cerca de nosotros y que es muy peligrosa, porque la discriminación mata.

Hace falta una marea de padres y madres que eduquen a sus hijos e hijas como iguales, personas iguales. Y hay que educarlos así para que los hijos e hijas se lo crean y lo vivan.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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