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EXTREMADURA MUSULMANA
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Manuel Pecellín | 14-10-2017 | 07:46| 0

EXTREMADURA MUSULMANA

María Jesús Veguera Molinos leía EL 16 de septiembre último, en el Centro Cultural “La Merced” de Llerena, el discurso de ingreso en la Real Academia de Extremadura. Se le adjudicó la Medalla nº 2 de su inmediata antecesora, Dª Carmen Arteta de Salas, cuya cálida lauda tío hizo. La ilustre arabista, seguramente la española con más méritos en ese campo de estudio, es la tercera mujer que durante los años últimos ha sido nombrada Académica de la Real de Extremadura (tras Dª Carmen Fernández-Daza y Dª Pureza Canelo). Hace bien poco , la profesora había tomado posesión de su silla en la Academia de la Historia con otro brillantísimo discurso, Los manuscritos árabes en España, que también tuvimos el placer de reseñar para nuestro periódico.
Aunque nacida en El Ferrol (1945), donde trabajaba su padre, natural de Llerena, siempre ha tenido esta ciudad como su cuna. Así lo ha declarado numerosas veces. Catedrática de Estudios Árabes e Islámicos en la Universidad Complutense desde 1983, su carrera profesional resulta deslumbrante. Autora de numerosísimas publicaciones (55 libros y varios centenares de artículos), Veguera forma parte de los más prestigiosos Comités y Consejos científicos, españoles y extranjeros, de su especialidad. D. Feliciano Correa Gamero, que tuvo el honor de contestar a la recipiendaria, ha establecido de manera exhaustiva la biobibliografía de la investigadora, según recoge la documentada intervención del nombrado académico, también incluida en este volumen.
Viguera Molins, con un derroche erudición (son casi 200 las notas a pie de página), delinea a grandes rasgos los precedentes territoriales de lo que, a partir del siglo XIV, se llamará nuestra “Extremadura”, frontera de fronteras de Dar al-Islam, atravesada de norte a sur por la “Via lapidata”, (balat/balata, en árabe), escenario permanente de rebeldías, para distinguir después un conjunto de muy sabrosos “episodios Andalusíes” aquí desarrollados. Si utiliza las fuentes bibliográficas usuales, con especial reconocimiento a las labores de, entre otros muchos, Fernando Díaz Esteban y Manuel Terrón Albarrán, su dominio de las lenguas semíticas le permite manejar los documentos originales (más bien escasos), éditos o manuscritos, no siempre accesibles a todos los historiadores. Sobresale, además, la atención que presta a las novedades producidas los tiempos últimos en ediciones y traducciones de las fuentes arábigas. Además, atiende a las nuevas perspectivas que abren los estudios de paleobotánica en los yacimientos.
Especial interés encierran los pasajes del libro dedicados a la (re)fundación de Badajoz por Ibn Marwan “El Gallego”, un muladí emeritense, alzado contra el poder de los Omeyas (hacia el año 889); el caso de Yamila (“ La Hermosa”), princesa bereber, hermana de otro rebelde, Mahmud ibn Abd al-Yabbar, cuya novelesca vida –terminará en Santiago, convertida al cristianismo- narra el cronista Isá al-Razi; la importancia de los judíos de Badajoz en el comercio mediterráneo; el esplendor de la taifa de Badajoz, con casi un siglo de existencia y reyes, los aftásidas, enamorados de la cultura, protectores de sabios y poetas, como el propio al-Mutawakkil, o los manuscritos aljamiados de Hornachos, dos auténticas joyas, localizadas fortuitamente el 2003, otra muestra de la importancia que su animosa comunidad morisca tuvo hasta la expulsión allá por 1610. Por último, recordaré la atención que la autora presta a leyendas de alguna forma conectadas con al-Andalus como las de la Virgen de Guadalupe, la Santa Engracia pacense, la Mansaborá de Cáceres, la conquista de Magacela o la del rey Jayón (en la Campiña Sur).
Queda aún mucho por saber sobre esta zona periférica de al-Garb, antigua Lusitania, Yawf, cora de Mérida o reino Aftasí. Personas como María Jesús Viguera siguen desbrozando el terreno, para mejor conocer tan apasionante historia. Bienvenida a la Academia de Extremadura.

María Jesús Viguera Molins, Episodios Andalusíes de Extremadura. Trujillo, R. Academia de Extremadura, 2017.

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GUADIANA MÁGICO
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Manuel Pecellín | 05-10-2017 | 16:24| 0

Aunque de origen malagueño, Antonia María Sánchez lleva muchos años afincada en Huelva, donde es profesora de Ciencias Sociales. Ese territorio tartésico, limítrofe con Portugal y al que  un   domina un Guadiana agigantado antes de fundirse con la mar oceana, es el que la autora habita orgullosamente, las antenas  siempre apuntadas hacia los dos fraternales países.

Su pasión por la literatura, leemos en la  Biografía de mujeres andaluzas, la indujo a componer la Antología de los Poetas del Guadiana, obra bilingüe que ha venido utilizándose  generosamente en los centros educativos de las poblaciones próximas al río. Suyas son también la Antología de los poetas del Algarve-Alentejo y Andalucía Occidental, igualmente en las dos lenguas que Pessoa calificó como hermanas, enriquecida la publicación con ilustraciones hechas por los alumnos de los Talleres de pintura del área municipal de las dos regiones fronterizas, y la Antología de los poetas de Ayamonte. Cabe recordar  aquí sus infatigables colaboraciones en diferentes periódicos,  sobre todo Baixo Guadiana,  y algunos on line, de ambos países, más los “itinerarios didácticos” de las reservas protegidas de Castro-Marín y Ría Formosa, sin omitir su proyecto “Siete leguas río arriba”, para dar a conocer el Guadiana.

Al saudadoso curso ,  que entra y sale por las dos naciones con la misma facilidad que lo hacemos tantos de nosotros, enamorados de una y otra,  cuyo nombre funde resonancias musulmanas y latinas, si el orónimo no nos retrotrae a épocas prerromanas, está dedicada la obra.  “Esta antología es un homenaje al río Guadiana y a sus grandes poetas y escritores que vivieron y viven en una u otra margen”, explica el preliminar. Entre los autores cuya colaboración se agradece, sobresale la figura del catedrático Juan Francisco Zamora Cabanillas, fallecido en plena madurez  creadora  (Badajoz, 2010) y cuya tesis doctoral constituye todavía hoy el  mejor estudio de estas aguas.

Poetas onubenses, castellanos,  lusos y extremeños se concitan aquí, por voluntad de la autora, para enaltecer un paisaje único, de insuperable belleza. Así lo sintieron y expresaron en bellos poemas a lo largo del último siglo, entre otros muchos, Jesús Delgado Valhondo, Luis Álvarez Lencero, Antonio Zoido, Pedro de Lorenzo y muy especialmente Manuel Pacheco, sin olvidar un gracioso apunte lírico de Carolina Coronado (más enamorada del Gévora).

El volumen se ilustra con excelente fotografías en color realizadas por la antóloga

Vale la pena repetir  la oración  pachequiana, reproducida  en contracubierta:

Padre Guadiana que estás en el suelo,

         santificadas sean tus aguas,

         ven a nosotros con tu naturaleza

         de paz y libertad y no perdones

         la incivilización de los hombres

         que arrojan veneno en tus orillas.

 

         Líbranos de las sequías y la muerte

         de tus árboles y peces, acaricia los cuerpos

         que disfrutan de tus abrazos y

         no los conviertas en muñecos de cera.

                            Y líbranos

         para siempre de las tiranías,

         odios y guerras. Amén.

 

Antonia María Sánchez Barba, Ese mágico nombre: Guadiana. Huelva, Editorial Onuba, 2017.

 

 

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BANDERA BLANCA
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Manuel Pecellín | 02-10-2017 | 07:16| 0

 

Bandera blanca es un conjunto de relatos cortos, bastante distintos en cuanto a extensión e intensidad, que prologa de forma tan concisa como sustanciosa Fernando R. Lafuente. El experto filólogo resalta las cualidades que más le seducen en el libro: su estructura fragmentaria, la fusión que exhibe de fantasía y realidad, la pluralidad de estilos (narraciones, diálogos, monólogo interior, sketch, anécdotas, epístolas, aforismos, cuentos), su inspiración en la vida cotidiana y la pulcritud del lenguaje. Súmense el humor irónico, más los constantes registros de suma actualidad, para convencer sobre la escritura de un escritor polifacético, cuya prosa se percibe cada vez más depurada.
Mario Alonso (Badajoz, 1969), licenciado en Ciencias Económicas y Derecho, hombre de empresa, combina actividad profesional con el ensayo financiero y la creación literaria. Sus Relatos liberados, aparecido el 2013, más las colaboraciones en dos obras colectivas, En la Frontera (2014) y El Cronógrafo (2016), vienen a confirmar que el espíritu creativo del autor no es flor de un día. Tal vez los ánimos juveniles que le llevarían a participar activamente en la movida madrileña de los años 80 del pasado siglos (con Mario Tenia y Los Solitarios) repuntan ahora en medio de las pre-ocupaciones financieras no del todo absorbentes para alguien con un espíritu tan lúdico como este activo empresario extremeño.
“Cuando se alcanza cierta edad, uno necesita renegociar sus pactos. Me refiero a los acuerdos con tu pareja, con tus hijos, con tu familia… y sobre todo contigo mismo; a las decisiones sobre el tiempo que dedicas al trabajo y al ocio; a relacionarte sólo con las personas que verdaderamente aprecias; a mantener viva la llama de tus ilusiones y tus pasiones. Esta negociación necesita de un armisticio previo, de un tiempo de reflexión. Entretanto, conviene enarbolar una bandera blanca”, leemos en la declaración de intenciones preliminar. Inútil advertir cuántas veces la pacífica albura de la tela engaña sobre supuestos pactos. Así ocurre en la obra.
Alonso más bien parece decidido a agitar ánimos, descubrir segundas intenciones, clavar banderillas a reses adormiladas, poner en solfa los prejuicios clásicos y remover tópicos de cualquier género. El quiebro último, sorprendente, con el que gusta rematar cada microrrelato, alivia las tensiones acumuladas, pese a la concisión de los textos. El pesimismo antropológico perceptible en gran parte de ellos se suaviza con toques de piedad y comprensión ante las debilidades humanas, cuando no de auténtica ternura, más sensible hacia los “perdedores” en los avatares múltiples (negocios, amores, familia) de la vida moderna. Lo que menos perdona es la corrupción de los políticos.
Notables son también las reflexiones de carácter metaliterario, en las que el autor va dejando caer su concepción de la escritura. Las viejas, no perdidas aficiones le llevan a componer piezas como esas ingeniosas “Ecuaciones musicales” (pág. 56), en las que resume humor y conocimientos. Más de una vez, atrevidas prosopopeyas permiten conceder el protagonismo de la narración a entes como un humilde espárrago o un simple vencejo, que pasan a encarnar las veleidades de la condición humana.
Señalaré por último que, en medio del aura cosmopolita dominante, no faltan referencias a Extremadura. Baste recordar el relato “Vadeando” (pp. 97-98), donde este amante de la dehesa evoca el fenómeno de la trashumancia, con tanto peso en la historia de nuestra comunidad.

Mario Alonso, Bandera blanca. Córdoba, Almuzara, 2017

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JÓVENES “NINIS”
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Manuel Pecellín | 28-09-2017 | 11:32| 0

 

 

Una voz nueva, joven y prometedora, se suma a la bien nutrida pléyade de narradores extremeños (Luis Landero, Javier Cercas, Gonzalo Hidalgo, Ramírez Lozano, Pilar Galán, Julián y Javier Rodríguez, Susana y Martín Gijón, más un largo etc.). Nos referimos a Miguel Blanco, que acaba de publicar su primera obra, En la calle, título que da pistas sobre el drama sufrido por parte de los protagonistas aquí actuantes: el paro y los desahucios.

Natural de Badajoz (1980), donde tuvo su infancia y primera juventud, Blanco es Doctor en Física por la Universidad Pierre et Marie Curie de París, habiendo desarrollado labores profesionales en Suiza (CERN,  Laboratorio Europeo de Física de Partículas Elementales), Argentina y Francia. Ahora reside en Madrid, donde participó muy  intensamente en las actividades  de protesta del 15-M .  Al mismo tiempo, tiene publicados dos discos con canciones propias, Preguntas  y Ciudades. Son numerosas las referencias que se pueden localizar en el libro a estas  pistas autobiográficas.

El personaje central de la novela es Isidro Mayoral, treintañero  también afincado en Madrid con raíces rurales ya olvidadas. Indolente hasta la exasperación, antihéroe prototípico, dejó sin terminar  Ingeniería de Telecomunicaciones (hace alguna intentona por concluirla), malviviendo de trabajos ocasionales, cada vez peores; de sablear a los amigos, que tampoco están para muchos trotes, y de los padres, hasta el divorcio de los  cónyuges. (El marido es un empresario corrupto; la madre,  su antítesis, una mujer valiente, laboriosa y solidaria,  cada vez más comprometidas con asociaciones vecinales, que afrontará la pérdida del hogar sin desmoronarse).

Mayoral, un irredento “nini” (ni estudia, ni trabaja), perezoso y frívolón, debe ir recortando salidas nocturnas, alcohol, cafés, películas y otros gastos superfluos a medida que su situación económica se agrava, hasta la caer en la pura indigencia. Sobrevive, como otros muchos, esforzándose por mantener algún rescoldo de las movidas nocturnas por ese Madrid  de la crisis económica y social, convertido en urbe implacable, tan bien descrito en estas páginas.

Otras figuras, si secundarias, añaden atractivas teselas a esta mosaico sociológico, tal la polifacética Luisa, cuya juventud no impide que tenga ya recorrido medio mundo, o  Pedro José, el mejor amigo, un todoterreno impagable.

Aparte de su valor como  retrato de época, la obra se distingue por la soltura del lenguaje en que se maneja el novelista, a modo de narrador omnisciente, y la frescura de los diálogos. Muy bien construido el relato, en el que van cruzándose historias múltiples, todas las cuales nos parecen más o menos comunes estos años últimos, la prosa decae ocasionalmente (cacofonías y términos repetidos con excesiva proximidad).  Miguel Blanco volverá a sorprendernos con futuras entregas, acaso no lejanas.

 

Miguel Blanco, En la calle. Cáceres, Tau Ediciones, 2017

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VINO Y POESÍA
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Manuel Pecellín | 19-09-2017 | 09:04| 0

POESÍA      EMBOTELLADA

 

Conocí a Francisco Gallego Santos, profesor de inglés, como miembro de aquel claustro inolvidable que tan concienzudamente laboró en el IES Zurbarán  durante los lustros últimos del pasado siglo y principios de éste. Aunque breve tiempo, fue también Director General de Cultura de la Junta de Extremadura. Considerado por todos un profesional irreprochable,  reconocido “amateur” en música, pintura y cine, lector tenaz, compuso hace ya tiempo un originalísimo Diccionario,  ingenioso e iconoclasta,  Las 4.000 palabras más frecuentes en inglés—mor or less ( Publicaciones Formativas, 1995   ). Otros textos suyos bien habrían merecido trascender los límites de la edición casera.

Esta vez se propuso  publicar  artesanalmente, pero de forma exquisita,   un volumen antológico de casi 300 páginas, Poesía embotellada, con el subtítulo “Cosecha recogida y seleccionada por John Silver”. El nombre del  filibustero tullido que Stevenson inmortalizase en La isla del tesoro resulta muy oportuno para enmarcar un libro que el propio autor dice haber sido pirateado en Badajoz como vendimia de este reseco 2017.

La recolección  tuvo lugar en viñas bien distantes en el espacio y el tiempo. Los poemas, todos los cuales tienen el vino como núcleo temático, proceden de la antigüedad grecolatina, el mundo  judío, la cultura musulmana (perdonen los fanáticos del Islam), los clásicos españoles,  el romancero popular, los románticos anglosajones, los modernistas  de varias lenguas y los escritores hispanoamericanos.

Para mayor deleite del lector, los poemas se adornan con la reproducción de hermosísimas pinturas, igualmente iluminadas por el espíritu de Baco, solicitadas a los máximos creadores (Manet, Renoir, Van Gogh, Velázquez, Monet, Brueghel,  Caravaggio, Teniers, Goya, Sorolla, Matisse, Cezanne, Gauguin, Dalí, Picasso,  Chagall, Munch,  Botero, etc.), sin olvidar curiosísimas tablas medievales.

En el oportuno colofón –una gran copa mediada, de tinto- leemos que la edición fue preparada escuchando el “Brindis” (Marina) de Emilio Arrieta, en los ilocalizables Talleres Moon de Pardaleras (Badajoz), durante la vendimia de 2017. ¡Bien vale, como creo, un vaso de bon vino!

 

Paco Gallego, Poesía embotellada. Badajoz, autoedición , 2017.

 

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CABALLOS, GALGOS Y MASTINES PAPALES
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Manuel Pecellín | 17-09-2017 | 17:45| 0

 

“!Qué sublimidad para el mal tiene el jesuitismo!”, leemos en La araña negra, célebre novela de Blasco Ibáñez. No menos crítica contra la Compañía de Jesús será otra novela española algo posterior, A. M. D. G., de Ramón Pérez de Ayala. Si bien en las letras castellanas hay textos anteriores de rotundo cariz antijesuítico, como el famoso Diccionario crítico burlesco de Bartolomé José Gallardo (en realidad, un epígono del Dictionnaire philosophique de Voltaire), tan perseguido por la Inquisición.
Menos agresiva contra la orden religiosa fundada por S. Ignacio se muestra la obra de Agustín Muñoz Sanz, aunque tampoco aquí los jesuitas salgan especialmente bien parados. “Los nuestros son como caballos ligeros, que han de estar siempre a punto para acudir a los rebatos de los enemigos para acometer y retirarse y andar siempre escaramuceando de una parte a otra. Y para esto es necesario que seamos libres y desocupados de cargos y oficios que obliguen a estar siempre quedos”, escribió el antiguo guerrero vasconavarro, que nunca abandonó la fraseología militar. El novelista extremeño recurre a otra alegoría para designar a los de la Compañía de Jesús: los ve como los veloces galgos del Papa, que se esfuerzan denodadamente por allegar al sumo Pontífice las “liebres” más valiosas, aunque en ocasiones se comporten entre sí cual feroces mastines. (“Al final del año, corre más un mastín que un galgo”, enseña el refrán español, aquí varias veces repetido).
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Se sitúa la narración en el decenio último del XVI. El mundo católico (escindida Europa por la Reforma protestante) tiene dos supremos líderes: el rey español, Felipe II, y el Pontífice romano, Clemente VIII. En la penumbra, dos instituciones aspiran igualmente a controlar los hilos del poder: la Inquisición hispanorromana, que dirige por entonces Quiroga, el cardenal de Toledo, y la propia Compañía de Jesús, bajo el mando de Acquaviva, “el papa negro”. Todos son recias personalidades. Podrían entenderse bien y combinar de manera armónica sus intereses, pero los prejuicios, orgullo y acaso la deficiente información lo dificultan. A las contradicciones internas de dichas entidades se suman otros factores que inducen disturbios: el expansionismo luterano-calvinista, la amenaza turca, las exigencias de un Nuevo Mundo que evangelizar, los enigmas de China y Japón o el cansancio mismo de tantas tensiones.
La novela narra la actuación de bien definidos personajes que a final de la centuria concurren en Roma para defender tesis, proyectos políticos y programas religiosos acordes con la institución a la que sirven: el trono, la tiara, el sacro Tribuna y la orden jesuita. El relato es absolutamente fiel a la veracidad histórica, producto del serio trabajo de documentación que el novelista hubo de asumir. Las licencias literarias del texto se sitúan en el lenguaje, compuesto con indeclinable voluntad de estilo, con una prosa de extraordinaria pulcritud y sin apenas decaimientos.
El núcleo del relato se centra en torno a la organización de la V Congregación General de la Compañía, órgano supremo de los Jesuitas. La demandan unos, sobre todo los de la provincia de España, entre los que sobresalen los ”memorialistas”, empeñados en reformar la Orden y conseguir mayor independencia frente al procurador general. Éste se opone y, forzado al fin, intenta manipularla. El sumo Pontífice, el rey lusoportugués y la Inquisición quieren estar al tanto de los acontecimientos, sin renunciar a influir en los mismos. Ahí darán sus respectivas batallas otros personajes que también brillan en estas páginas: José de Acosta, el conocido etnógrafo; el cardenal Francisco de Toledo, jesuita como éste y el historiador Pedro de Ribadeneyra, sin olvidar al mismo Greco, cuyo gran cuadro, El entierro del conde de Orgaz, es presentado como una composición alegórica de aquella coyuntura histórica.
En resumen, un texto brillante, una novela histórica bien construida, un libro sobre la condición humana allende las adscripciones religiosas.
Agustín Muñoz Sanz, Los galgos del Papa. Badajoz, Tecnigraf/Periódico HOY, 2017

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MEMORIA DEL HOLOCAUSTO
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Manuel Pecellín | 10-09-2017 | 12:10| 0

La pasada primavera, recibía la LegIón de Honor en Rennes, donde reside, una atractiva anciana: Magda Hollande-Lafon (Záhony, Hungría, 1927). A sus noventa años, esta  mujer judía, criada entre familiares no creyentes,  continúa ofreciendo testimonio de los horrores que hubo de sufrir en los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau (allí gasearon a su madre y hermana), Ravensbruck, Zillerthal, Morgenstern y Nordhausen (en este último se fabricaban piezas para las temibles V1 y V2). De todos lograría escapar merced a la combinación de suerte, valentía y astucia. También a increíbles rasgos de generosidad que pudo recibir en el infierno nazi.

Luego hubo de recomponer su cuerpo y espíritu destrozados, dispuesta al perdón, pero no al olvido, decidida a ofrecer  su testimonio sobre los horrores del Holocausto, pero dispuesta a combatir los factores que condujeron a tan espantosa tragedia. Diplomada en Psicología infantil, con cuatro hijos y numerosos nietos, convertida a la fe católica sin renunciar a sus raíces étnicas, pocas voces tan acreditadas como la de  esta escritora.

“Es Vd. una mujer con un recorrido excepcional, que encarna la compasión, el humanismo y la esperanza. Lejos de cualquier espíritu de odio, es Vd. una gran constructora de paz”, declaraba el general Christophe de Saint Chamas, al imponerle la alta condecoración.

Conmueve leer esta obra, cuya primera parte fue publicada en 1977 (Éditions Ouvrières) con el título Los caminos del tiempo. Revisada y corregida por la autora, se le suma otro texto, de carácter meditativo, De las tinieblas a la alegría. El libro se titula Quatre petits bouts de pain, que me hace recordar la canción dedicada por G. Brassens  a la persona de la Auvernia

“qui sans façons / m’as donné quatre bouts de bois/quand dans ma vie il faisait froid”.

A punto de perecer, a la joven húngara (17 años)  una moribunda le entrega en Birkeneau cuatro mendrugos de pan mohoso, rogándole los coma y viva para testimoniar sobre lo que allí ocurría. Alguien le dona, en aquel inmundo tren de ganado, camino de los hornos crematorios, una rodaja de salchichas. Nunca pudo saber quién derramó aquel chorrito de agua en su garganta sedienta, alejando así la sombra de una muerte segura. Sí reconoce que fue un  tremendo guardián quien, jugándose el cuello, le proporcionó el par de zapatos con que sustituir los que le birló una compañera y sin los cuales habría perecido indefectiblemente. Son algunos rasgos de bondad, entre otros narrados por la autora en aquellos lugares terribles, que la harían seguir manteniendo, pese a todo, la fe en la especie humana.

El libro, calificado por Éliette Abécassis en Le Monde como “luminoso, lleno de vida y esperanza”, va surgiendo de la memoria de Hollande-Lafon según las  asociaciones que las leyes de tan dúctil facultad  dictan, sin seguir un discurso lineal. Sus textos, fragmentarios, de enorme carga lírica, sugieren más bien la prosa poética, cuando no el verso puro y duro. Lleva un preliminar suscrito por Anne-Sophie Jouanneau y Jean Mouttapa. Nathalie Caillibot y Régis Cadiet adjuntan una amplia biografía de la autora. Laura Salas Rodríguez lo ha vertido a un castellano sin mácula.

Magda Hollander-Lafon, Cuatro mendrugos de pan. Cáceres, Periférica, 2017.

 

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ANNIKA KAUNDA
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Manuel Pecellín | 02-09-2017 | 08:42| 0

 

 

Aunque nacida en Sevilla  (1981), Susana Martín Gijón se considera extremeña, como también lo es  su gran creación literaria,  Annika Kaunda,   la protagonista de sus novelas negras , una agente de origen namibio llegada a  Mérida, en cuya comisaría trabaja. La autora, licenciada en derecho,  se especializó en relaciones internacionales y derechos humanos, lo que le proporciona numerosos recursos para su escritura. Como también el haber sido  Directora General del Instituto de la Juventud de Extremadura, cargo que ocupó entre el 2007 -2011, y Presidenta del Comité contra el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia. Colabora en plataformas nacionales e internacionales, tipo la Asociación por la Igualdad de Género en la Cultura Clásicas y Modernas y la Red de Mujeres Jóvenes Africanas y Españolas. Hoy forma parte de la directiva de la Asociación de Escritores Extremeños.

Con Más que cuerpos inició una saga, proseguida en Desde la eternidadVino y pólvora, todas centradas en Extremadura, no sin numerosos excursos hacia otros territorios, Italia especialmente, por exigencias del guión. Idéntica `protagonista tiene Pensión Salamanca, novela corta subtitulada “Un caso (muy negro) de Annika Kaunda”. Negra es la comisaria afroextremeña; negro el asunto que ha de resolver durante la celebración en la ciudad del Tormes del Congreso de Novela y Cine Negro. A él acuden la escritora y su personaje literario, las dos tan bien allegadas. Entre ellas se establece una  curiosa relación que hubiera encantado a Unamuno, el gran experto en cuestiones ficcionales. Juntas conseguirán resolver el crimen acaecido durante el desarrollo del encuentro universitario en la hermosa ciudad, tan atractivamente dibujada.

Según ha escrito Javier Morales, “a Martín Gijón podríamos emparentarla con los autores de la novela negra mediterránea, los Camillieri, Márkaris, Andreu Martín, Eugenio Fuentes en Extremadura y su detective Cupido, entre otros, con el eco aún cercano de Vázquez Montalbán”.

Similar estructura narrativa exhibe la segunda novela corta que Martín Gijón ha dado a luz en pocos meses, Destino Gijón, también publicada por la andaluza Anantes, casa editorial de la extremeña.  Annika y su creadora, convertida otra vez en protagonista del relato propio, acuden a Asturias, donde coinciden y trabajan juntas. La policía está allí por razones de asueto; la escritora defiende ponencia en la Semana Negra de Gijón. Un cúmulo de circunstancias las conduce a resolver los entresijos del asesinato acaecido justo cuando tantos expertos concurren para tratar de crímenes. Son dos mujeres de extraordinaria personalidad. Pese a las diferencias de origen, profesión y gustos, no pueden por menos de entenderse.

Quienes seguimos la obra de la joven novelista constatamos la creciente calidad de sus entregas, cada una mejor construida y resuelta que las anteriores. Así se percibe, de modo rotundo, en el dominio del lenguaje, el retrato de los personajes y la recreación de los ambientes, sin perder un ápice de la frescura la inventiva e incluso el sentido del humor manifiestos desde sus primeras narraciones. No tardarán en surgir algún experto que lleve al cine a  la muy atractiva Annika Kaunde. Yo no me perderé esa película.

 

Susana Martín Gijón, Pensión Salamanca. Sevilla, Anantes Gestión Cultural, 2016

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POESÍA PORTUGUESA CONTEMPORÁNEA
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Manuel Pecellín | 25-07-2017 | 17:01| 0

Luis María Marina (Cáceres, 1978) es otro de los lusófilos nacidos en estas tierras rayanas. Ya declaró San Pedro de Alcántara (s. XVI) que, “caeteris paribus” (en condiciones iguales), prefería las cosas de Portugal a las de Castilla. Comparte esa afición con México, acrecido por sus trabajos en las Embajadas de este país (2006-2010) y Lisboa (2010-2015). Sobre acontecimientos, características y autores de ambas naciones tiene el extremeño numerosos estudios, que él  ha ido dando a luz junto con sus propios poemarios. También figura en su haber la traducción al castellano de escritores lusos, bastante de ellos atendidos en esta nueva obra, como António Ramos Rosa, Alberto de Lacerda, Nuno Júdice, Rui Knopfli, Ana Luísa Amaral o el infortunado Daniel Faria, “una especie de ángel herido en la raíz”. Por lo demás, según anota  Marina, versiones más o menos completas de algunos capítulos aparecieron antes en monografías o publicaciones periódicas.

La poesía portuguesa alcanzó en el siglo XX, siempre con la inmensa figura de Luis Camôens al fondo y el faro luminoso de Fernando Pessoa proyectándose hacia el futuro, una de las cimas de la literatura universal. Este ensayo se propone dos objetivos fundamentales: definir los rasgos comunes de dicha poética y presentar a los que fueron sus más notables figuras durante la segunda mitad del siglo XX.  Los extraordinarios conocimientos de Marina; su capacidad de análisis y la calidad de una prosa forjada en esa lucha de los creadores exigentes con el lenguaje, hacen que el libro instruya tanto como emociona. Consejo: no omitir la lectura de las abundantes notas a pie de página, pese a la pequeñez de los tipos, porque están repletas de sabiduría. Las traducciones de los textos  que se citan, salvo indicación contraria, pertenecen al estudioso. Ninguno tan relevante como  los del epílogo donde se recogen los seis poemas elegíacos que Alexandre O’ Neill dedicase al suicidio de Nora Mitrani (1961), la enigmática búlgara afincada en París, próxima al surrealismo y pronto también enamorada de Portugal.

A los nombres ya citados, deben añadirse otros muchos sobre los que recae la atención del ensayista, casi siempre con una “nótula” que los define, como Cesário Verde ( “el paseísta lisboeta), Camilo Pessanha (“orive simbolista”), Jorge de Sena (“inextinguile luz”), Sophia de Mello Breyner (“vocación mediterránea”), Carlos de Oliveira (“neorrelaismo superado”), Eugénio de Andrade ( ¿“el epígono portugués del 27 español?”),  el iconoclasta Mário Cesariny,  Herberto Helder (“bordón dionisíaco”), Ruy Belo y su verbo torrencial, el utópico F.H. Pais Brandâo y el polifacético Gastâo Cruz, ha poco fallecido (2014).

A bastantes de ellos se les dedican estudios monográficos y, aunque se salgan de la época acotada, dado el peso que han ejercido sobre sus paisanos, recordaré  igualmente dos lúcidos apuntes: “Fernando Pessoa, ¿un hombre feliz”? y “Mário de Sá-Carneiro” en la corda bamba de la modernidad”, con numerosas referencias a la mítica revista Orpheu (clave para el desarrollo de la literatura portuguesa contemporánea, aunque sólo se editaron dos números. Recuérdese la tesis doctoral que el  extremeño Antonio Sáez Delgado hizo sobre la misma).

Según cabía esperar, el apéndice bibliográfico aparece bien nutrido, así como, pese a su brevedad,  la relación de poetas lusos del s. XX  traducidos al castellano.

 

Luis María Marina, De la epopeya a la melancolía. Estudios de poesía portuguesa del siglo XX. Zaragoza, Prensas de la Universidad, 2017.

 

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PIONERO DE LA ECONOMIA POLÍTICA
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Manuel Pecellín | 08-07-2017 | 05:48| 0
Julián de Luna y de la Peña (Zarza Capilla, 1789 – Cabeza del Buey, 1848) fue abuelo de Mario Roso de Luna, el  célebre sabio extremeño, ateneísta, teósofo, masón y ensayista de renombre universal. No es raro que la fama del nieto haya eclipsado el nombre de aquél, aunque D. Julián tiene sobrados méritos para ser reconocido. A Esteban Cortijo, que tan bien domina la obra del “Mago rojo de Logrosán”, le cabe el mérito de darnos a conocer los escritos de su ilustre antecesor, un hombre cuyas tareas intelectuales y políticas estuvieron marcadas por el rigor, el espíritu  ilustrado y  el apego a Extremadura.
Este volumen, con casi seiscientas páginas, ofrece un tratado, hasta ahora inédito, en el que  D. Julián ensaya sobre Economía Política, así como un conjunto de artículos por él compuestos (algunos habían visto la luz: se reproducen facsímiles) en diferentes ocasiones, como  la inauguración de la cátedra de Economía (R. Sociedad Económica de Amigos del País de Badajoz, 1816);  informe sobre las operaciones militares en Extremadura (1837); discurso como Jefe político de Bilbao (1842); Memoria  sobre la Provincia  de Vizcaya (1842) o el Tratado sobre la Felicidad (inconcluso).
Naturalmente, el grueso de la publicación lo constituye el estudio sobre Economía Política, cuyo original guardaba Cortijo desde hace decenios. Para abordar la lectura de la obra, conviene leer el estudio que el editor le antepone (un largo centenar de páginas), donde establece la biografía del personaje, corrigiendo muchas imprecisiones que sobre el mismo vienen deslizándose. También ayuda el amplio preliminar de Francisco Manuel Parejo Moruno (Facultad de Económicas de la UEX) , quien resaltar el carácter crítico del ensayo -una refutación de las principales tesis sostenidas por la Economía Política clásica- , así como el  sucinto prólogo de Ana Córdoba (profesora de la Pompeu Fabra), centrado en la posible vigencia del tratado de Julián de Luna, ” a quien hoy tomaríamos, dice, por un individuo progresista muy preocupado por establecer un desarrollo humano armónico que alivie o elimine las grandes desigualdades sociales”.
Extremadura  fue extraordinariamente pródiga en escritores, políticos y filósofos que transitaron el siglo XIX. A una popular nómina, que distingue tantas calles de nuestras poblaciones (Espronceda,  Meléndez Valdés, Donoso Cortés, Carolina Coronado, Bartolomé J. Gallardo, Muñoz Torrero, José María Calatrava,  Lópe de Ayala, Bravo Murillo,  …  por no decir la fecunda  pléyade krausista), debe añadirse Julián de Luna y de la Peña.  Este hombre de marchamo renacentista (como también lo sería Roso), al que nada humano le pareció ajeno –botánico matemático, político, filósofo, profesor -,  compuso su  libro, una novedad entre los liberales españoles, “sin complejo alguno y con un gran conocimiento del contexto internacional, lo que permite ponerlo en relación con el resto de autores de la época” (Ana Córdoba). Si en ocasiones parece cercano al pensamiento socialista, mientras en otras se aproxima a los conservadores, quien tuvo capacidad para ser amigo de personalidades tan antagónicas  como Donoso Cortés o M. José Quintana (también de origen extremeño) bien merece nuestra lectura.  Más feliz respirará ahora Francisco Pedraja Chaparro, que le dedicó un estudio pionero, “La Hacienda Pública en el tratado de economía política de D. Julián de Luna: algunas consideraciones” (Revista de Estudios Extremeños, 1987-II).
Julián de Luna y de la Peña,  Economía politica. Edición de Esteban Cortijo. Badajoz, Diputación, 2016
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