Nacido en Badajoz (1979), Díaz Thovar es sociólogo y trabaja en
Cáceres, donde reside desde 2004, como director de Equipo de
Orientación Educativa. Esta es su primera obra publicada, a la que ha
querido poner un subtítulo revelador: “Renacimiento 2015″. Pese a su
brevedad (180 páginas de formato medio), En un mundo posible
desarrolla una historia alucinante, que conduce al lector por
territorios múltiples a un ritmo de vértigo. La novela bascula entre
el cuadro sociológico, la ciencia ficción, el tryller , la informática
y la utopía, con más mimbres de los que quizás pudo urdir sabiamente
su novel artesano, capaz no obstante de componer un texto ambicioso e
inquietante, lejos de lo que suele escribirse en la literatura
regional.
Abre nada menos que en la Casa Blanca, donde se celebra una reunión
con Presidentes de las más importantes naciones , auspiciada por el de
los Estados Unidos. Éste los induce a desencadenar la operación
“Proyecto nacer”, orientado especialmente a los países del tercer
mundo, aunque no se ocultan sus posibles repercusiones colaterales en
todos los demás. El implacable general Michael Moon se encarga de
controlarlo. Se trata de producir, mediante unas toxinas disueltas en
el agua, la esterilización de todas las mujeres. Sus consecuencias
serán pronto tan radicales, que consiguen eliminar absolutamente
los nacimientos.
De ahí la importancia que asume el embarazo imprevisto de Ana, una
joven extremeña residente en Madrid, que, tras romper con su novio,
decide marcharse a Nueva York, sin conocer el Gran Plan. Cuando se
entera del mismo, lucha como una fiera por poner a salvo el fruto de
sus entrañas, que los poderosos valedoras del Proyecto Nacer e incluso
la mafia (un niño es ya un tesoro) tratarán de arrebatarle, sin
excluir violencia alguna. Tampoco ella dudará en ejercerla. Cuenta con
la ayuda inapreciable de un antiguo novio, felizmente reencotrado en
Manhattan, y el del personaje más fantástico de la novela, Joey, con
quien comparte piso durante los primeros meses. Posible reencarnación
de un joven sueco, llegado a USA desde Escandinavia para vengar a su
padre, será en definitiva la mano salvadora.
Los tres, eludiendo persecuciones innúmeras, deciden alejarse de la
gran ciudad y buscar refugio en Yellowstone, atravesando Estados
Unidos de Este a Oeste por la mítica Ruta 66 (On the road). A duras
penas van superando secuestros, carencias y persecuciones de todo
tipo, no sin la estancia temporal en una curiosa comuna de neohippies
epicúreos, tan iluminados como peligrosos. Al fin, nacerá el deseado
infante, que habrá de convertirse, algún día, nuevo Adán, en padre de
otra especie de hombres,
Escrita con una prosa ágil, no libre de fallos (extrañas carencias de
comas en numerosos lugares y otros usos incorrectos de carácter
gramatical), En un mundo posible merece la atención de los lectores
por su originalidad y atrevimiento.
Ricardo Díaz Thovar, En un mundo posible. Madrid, Bubok Publishing, 2012
Nunca pudo suponer Alejandro Carcasona, joven y ambicioso concejal de
Urbanismo, candidato al Congreso por el PPS (Partido Prosperista) en
las ya inminentes elecciones, que la calculada ruptura con su amante
habría de desencadenar semejante revuelo no sólo en su pequeña ciudad
de provincias, sino en todo el país. Aprenderá sobre sus carnes que
“el aleteo de las alas de una mariposa pueden provocar un Tsunami al
otro lado del mundo”, según el antiguo adagio convertido en ley
multidisciplinar. El sorprendente secuestro del prometedor y al
parecer impoluto político, acción que de inmediato comienzan a
reivindicar hasta una veintena de grupos relacionados con el
terrorismo islámico, conmueve los cimientos de la pequeña capital;
convulsiona los medios de comunicación; da al traste con las
directrices de la campaña electoral delineadas por los dos grandes
partidos nacionales; pone en marcha todo el aparato policial, que
incluso recaba la ayuda de la CIA; provoca multitud de manifestaciones
de apoyo en toda la nación y, claro está, cambia la vida de todos los
implicados en el secuestro. No obstante, el único factor que puso a
volar la mariposa fue la débil, aunque ingeniosa mano de una mujer
despechada.
Son los mimbres con que construye su discurso narrativo Javier Pérez
Fernández, un ya acreditado novelista que gusta presentarse como
“leonés de Zamora”, donde nació (1970). Licenciado en Ciencias
Económicas, colaborador desde muy joven de revistas y periódicos,
dirige una casa rural en la montaña leonesa, donde combina la
hospitalidad y los talleres literarios. Escritor también la poesía,
declara que se siente más cómodo con la narración, por ser el género
en el que me siento más libre. Con El secuestro del candidato obtuvo
el XV Premio de Novela Ciudad de Badajoz. Al mismo suma otros
galardones importantes, como el Azorín (2006), obtenido por La crin
de Damocles, una combinación de novela negra e histórica. Situada en
la Alemania de la República de Weimar, se sumerge en el caldo de
cultivo nazi. Por cierto, los prolegómenos del régimen hitleriano es
asunto recurrente en su escritura, al que ha vuelto con La espina de
la amapola (2008) y El Gris (2010).
Ninguna ideología política (si no es la conseguir o mantenerse en el
poder por los profesionales de la cosa) exhiben los personajes de El
secuestro del candidato. El autor, que dice ser un estajanovista de
los concursos literarios, por afición y necesidad, parece haberla
escrito para simple divertimento, aunque puede servir de cuadro
sociológico de nuestra época, y no sin apuntes críticos: sus
protagonistas funcionan como paradigmas , de los que abundan por
doquier, a los que quizás nosotros mismos encarnamos:
Banqueros implicados en tramas mafiosas. Directores de periódicos o TV
dispuestos a pagar cantidades fastuosas para conseguir una exclusiva,
sin atender a otras connotaciones que incrementar el share. Dirigentes
sin escrúpulos, tales los gobernantes del ya citado PPS, o los de la
oposición, el PJB (Partido de la Justicia y el Bienestar), capaces de
permitir el sacrificio del compañero o rival secuestrado, cuando
comprenden que su posible liberación dañaría los intereses de cada
grupo. Policías venales, que por intereses espurios permiten la
prolongación del secuestro. La víctima del mismo, cuyas corruptas
implicaciones en tramas urbanísticas, club de alterne, timbas y
garitas lo han hecho multimillonario, como irán descubriéndose según
avanzan las investigaciones para liberarlo. De origen humilde, buen
negociador, padre de familia burguesa, no duda en romper el idilio
oculto que mantiene por temor a que, descubierto, repercuta
negativamente en sus perspectivas políticas. Por no decir el agente
principal, Alicia, exmujer de Ramiro un policía municipal también
de escasos escrúpulos, a quien ella implica en el secuestro y la feliz
solución del mismo (feliz sobre todo para ambos, que reanudan
convivencia tras quedarse con el sustancioso rescate). Alicia, madre
de un niño, trabaja como simple celadora de hospital, pero se
licenció, alternando estudio y labores múltiples, en Filología
Hispánica. No extrañará que los comunicados de los secuestradores se
redacten con cultas citas literarias, sobre todo de Oscar Wilde (la
inolvidable Balada de la cárcel de Reading). Asombra la astucia con
que puede comportarse esta mujer, en el fondo bondadosa y hasta
ingenua. Su venganza no llegará a la sangre, aunque más de un día
exhibe ante el secuestrado una temible escopeta de caza. Tal vez los
menos contaminados sean dos personas mayores, el padre de la
protagonista y el viejo testigo, clave para la investigación,
Melquíades (nombre que a raíz de Cien años de soledad nunca puede ser
ya aséptico).
El secuestro del candidato dista mucho de ser una novela negra
típica, si bien no le faltan posibilidades. Sólo que el autor ha
preferido desde el inicio proporcionar al lector las claves todas.
Por voluntad suya, es la policía quien tardará en descubrir lo que ya
todos sabemos (salvo, claro está, cómo van a ir desarrollándose el
anecdotario). Lo que le importa al autor no es el suspense, sino la
sencillez suma con que se puede desarrollar un proceso cuyas
consecuencias van incrementándose sin solución de continuidad, hasta
la más simple y previsible solución. Ni parecen haberle importado al
novelista detalles que obran contra la verosimilitud de las
actuaciones contadas. El secuestro del candidato atrapa sin duda por
la historia referida, sus circunstancias e implicaciones políticas,
sociales e incluso psicológicas. El tempus de la narración se sitúa
en un año aún próximo, mediado septiembre (mes que en el imaginario
colectivo quedará marcado por las Torres Gemelas). Compuesta con
evidente voluntad de estilo, exhibe una prosa cuidada al máximo en su
aparente naturalidad. Lo mejor, a mi entender, son los abundantes
diálogos, muy bien construidos. Tampoco son desdeñables las notas de
humor dispersas generosamente, que culminan con ese pastor que, en
lugar de socorrerlo, le azuza los mastines y amenaza con romperle el
lomo al candidato cuando lo reconoce tras su liberación en un rincón
de la montaña.
Javier Pérez, El secuestro del candidato. Sevilla, Algaida, 2012
Máximo José Kahn (Frankfort del Main, 1897- Buenos Aires, 1953), de familia judía (Khan es el h (Khan es el hebreo Coen = sacerdote, germanizado ), alemán por nacencia , español de adopción y muerto en el exilio, no es un personaje suficientemente conocido, pese a contar con méritos más que sobrados para figurar entre los grandes de la cultura hispana contemporánea. Así lo supo entender Martín Gijón, decidiéndose a estudiar la figura y obras de Kahn en sus oportunos contextos, labor que fructifica en este libro galardonado con el premio Amado Alonso de Crítica Literaria 2011. Debió de impresionar al jurado el enorme cúmulo de materiales reunidos por el investigador, tras muy fatigosas pesquisas, así como el inteligente análisis de los mismos. Se puede decir que se abrieron así las puertas para que aquel judío hispanoalemán ocupe en nuestra historia el sitio que se merece.
Mario Martín Gijón (Villanueva de la Serena, 1979) es profesor de la Universidad de Extremadura, habiendo ejercido antes la docencia en las de Marburgo y Brno. Dedicado especialmente al estudio de la literatura española del último siglo, tiene publicadas las obras Una poesía de la presencia. José Herrera Petere en el surrealismo, la guerra y el destierro ( Pre-Textos, 2009), Entre la fantasía y el compromiso. La obra narrativa y dramática de José Herrera Petere (Renacimiento, 2010) y Los (anti)intelectuales de la derecha en España. De Giménez Caballero a Jiménez Losantos (RBA, 2011). Las principales aportaciones de la que aquí se presentan consisten, a nuestro juicio, en lo siguiente: 1) Establecer la biografía de M.J. Kahn, depurándola de no pocas inexactitudes difundidas al respecto, algunas no sin complicidad del propio interesado. 2) Dar cuenta de su abundante y dispersa producción: colaboraciones en periódicos y revistas; traducciones del español a alemán y al revés; ensayos y novelas (inédita una), sopesando los contenidos de todo ello. 3) Proporcionar una bibliografía exhaustiva para quienes deseen profundizar en el estudio del polifacético autor.
Formado en aquella cultísima Alemania de músicos, filósofos y poetas, que inexplicablemente se echaría en brazos de los nazis, Kahn se vino a España, donde se entusiasmó con la cultura de este viejo país y sobre todo sus raíces judías, proyectadas merced a los sefarditas por media Europa. Desde aquí dio a conocer a los alemanes lo mejor de nuestra literatura contemporánea, a la vez que nos aportaba noticias de los principales escritores germanos. El estudioso ensalza los aciertos del crítico en una y otra dimensión.
Fiel a la República, a la que sirve en Salónica (el hogar de los sefardíes, arrasado por las SS) y Atenas, Kahn pensaba que dicho régimen podría solventar positivamente los agravios Fiel a la República, a la que sirve en Salónica (el hogar de los sefardíes) y Atenas, Kahn pensaba que dicho régimen podría solventar positivamente los agravios de la expulsión impuesta por los Reyes Católicos. La
mantenida españolidad de aquellas judíos así lo demandaba. Hasta qué punto nuestra cultura nacional (cante jondo incluido) no se puede entender sin las aportaciones hebreas, es lugar común en los trabajos y las novelas de Kahn. Quien, por supuesto, hubo de enfrentarse a los horrores de la Soah, casi siempre como voz en solitario, pese a sus amistades con Rosa Chacel, Concha Sánchez Albornoz o Juan Gil-Albert, que tanto lo apreciaban. Las ideas de este singularísimo escritor no siempre fueron compartidas ni siquiera por los propios ensayistas judíos, pero resultan sumamente estimulantes, Desde ahora, gracias a Martín Gijón, resulta más fácil aproximarse a un pensador tan culto e ingenioso.
Mario Martín Gijón, La patria imaginada de Máximo Kahn. Vida y obra de un escritor de tres exilios. Valencia Pretextos, 2012.
Enrique Falcó (Badajoz, 1978) difícilmente podía eludir la carrera
literaria, como nieto, hijo y sobrino que es de periodistas y
escritores. Bien demostradas tiene sus virtudes en las
colaboraciones semanales y el blog que mantiene en el periódico HOY,
sin omitir otras muchas entregadas a la revista digital El coloquio de
los perros (otro nombre cervantino en la red) o las letras de
numerosas canciones por él creadas. De los varios centenares de post
publicados, ha elegido sesenta para componer esta su primera obra.
Desde que los iniciase en el periódico regional, los leo asiduamente,
admirado por el aura de juventud, frescura, actualidad y bonhomía
que los impregna, sin que falte algún mandoble contra follones y
malandrines. Esos rasgos no han hecho sino incrementarse por efecto de
acumulación en el libro.
Cinéfilo, melómano y gastrónomo entusiasta, diplomado en magisterio y
croupier de profesión (no extrañarán los múltiples registros de sus
textos) Falcó no oculta su entusiasmo por Tintín, el famoso
protagonista del comic que Georges Remi (Hergé) creara a finales de
los 20 del pasado siglo. Y no menos le seduce un inseparable del
simpático reportero-detective, el capitán Archibald Haddock. Casi
siempre de malhumor amante de palabros rotundos (Troglodita,
Ectoplasma o Tormenta de Brest … especialmente sonoras en el francés
original), era tan adicto al whisky como un chivo a la leche. Pero no
a cualquiera, sino a uno que por entonces no existía en el mercado
(ahora, ya sí), el Loch Lomond, nombre procedente de un lago de la
patria de tan reconfortante elixir, Escocia, a unos kilómetros de
Glasgow, no lejos del misterioso Ness.
Es el nombre que, rozando el palíndromo, adopta Falcó para su blog y
ha querido trasmitir al libro: “Don de Loch Lomond”. Aparece con dos
preliminares que de ningún modo conviene
obviar. Uno lo suscribe el padre del escritor. Hombre curtido en
crónicas y reportajes miles, refiere las muy tempraneras inquietudes
del hijo y los rasgos que, a su entender, lo definen mejor. El
segundo lo suscribe otro familiar, Enrique García Calderón, el
admirado poeta que combina dotes creativas (acaba de publicar un nuevo
poemario en De la luna libros) con las seriedades de todo un fiscal
jefe de la Audiencia de Andalucía. Y hay también un prólogo del
propio Falcó, donde explica la diagénesis, el proceso como fue
generándose su obra, no distinto que el de tantas firmas muy
cotizadas hoy en el panorama nacional: reunir en una edición
colaboraciones, totales o antologadas, aparecidas en prensa. Aquí
todas llevan una guinda: El pequeño apunte con que se abren,
procedentes de la muy experimentada sapiencia en tales menesteres de
José Joaquín Rodríguez Lara, el inolvidable “Conchito” que un día ya
lejano ganase el Felipe Trigo. Obligado a elegir, yo me quedaría con
las entradas ”Catalanes”,
“!Tintin no es gay¡” , Tintín es inocente”, “Placeres sencillos”,
”No llegamos” y “Los frustrados hijos de la clase media”.
Hay autores que escriben como si en ello les fuera la vida. Se
enfrentan al papel o a la pantalla de forma agónica, buscando
lectores cómplices a los que implicar en esa lid contra los límites
del lenguaje u otras obsesiones. Y los hay que, sin renunciar a
mayores alcances, lo que buscan más que nada es divertirse mediante la
palabra. A estos pertenece Falcó, un bromista impregnado de
optimismo, humor, espíritu lúdico y alegría de vivir, rasgos que
se le traducen en un verbo siempre lozano, hábil para engendrar y
mantener la sonrisa de los lectores. Y eso sin cerrar los ojos a las
duras realidades socioeconómicas , en una prosa bien cincelada,
construida con el lenguaje cotidiano, pero no exenta de belleza
merced a la acertada elección de los términos y al buen ritmo de su
discurso.
Enrique Falcó, Don de Loch Lomond. Badajoz, Indugrafic, 2012.
Natural de Madrid (1947), Araújo lleva residiendo en Navatrasierra,
próximo a Guadalupe, desde hace siete lustros. Allí puso casa y
huerto, convirtiéndose en agricultor, a la vez que construía una obra
intelectual extraordinariamente rica, con casi cien libros publicados.
Combinando estancia en aldea y recorridos por medio mundo, fue
convitiéndosen uno de los naturalistas españoles más reconocidos.
Entre otros importantes galardones, está en posesión del Premio GLOBAL
Mundial, que concede las Naciones Unidas y es considerado algo así
como el Nobel del ecologismo. El año 1999 recibió la Medalla de
Extremadura, que bien puede lucir con orgullo quien plantó con sus
propias manos más de 23.000 árboles. El 24 de marzo de 2012 tomaba
posesión de su silla en la Real Academia de Extremadura con un
discurso donde resumíó los contenidos de la obra aquí reseñada.
Éticas y poéticas del paisaje es un extenso ensayo (144 páginas) de
sorprendente estructura. Cuenta con un preámbulo donde se recogen
numerosas referencias autobiográficas y siete partes, cada una
dedicadas a los elementos básicos que constituyen la cosmovisión del
autor: sol, aire, agua, tierra, vivacidad, paisaje, tiempo y nosotros.
Sobre esos pilares, estéticamente contemplados, se constituyen los
principios éticos de la axiología propuesta por Araújo. Citas de sus
escritores predilectos, pictogramas chinos, aforismos y haikús de
propia creación, van enriqueciendo las reflexiones oportunas, en las
que luce una creatividad lingüística nada común, destacándose una
singular preferencia por los juegos de palabras.
Entre las ideas desarrolladas por Araújo, siempre más próximo a la
poesía que al academicismo filosófico, figuran las siguientes:
-Cada persona es de los lugares, ciclos y procesos que la han hecho
intelectual y físicamente posible.
-Es absurdo vender la propia vida por mercancías ue valen mucho menos.
- La moral puede y debe estar inspirada en el paisaje.
-La búsqueda de la opulencia ha descarriado nuestra civilización.
-La mejor fortuna consiste en vivir sin tensiones, dolor o miedo.
-Vivir en armonía con la Naturaleza constituye el ideal ético.
El volumen incluye también, según costumbre, la donosa contestación
ofrecida por el académico Feliciano Correas, quien, tras encarecer
los méritos del recipiendario, propone también sus propios puntos de
vistas para constuir un humanismo contemporáneo, acorde con la
Naturaleza.
Joaquín Araújo, Éticas y poéticas del paisaje. Trujillo, R. Academia
de Extremadura, 2012.
Natural de Don Benito, Flórez se crió en las montañas de Marquetalia, volviendo después a su pueblo natal, donde ejerce como médico. Con justicia se considera un escritor hispano colombiano. Ha sido profesor de Universidad y consultor del Gobierno de Bogotá, como especialista en drogas y deporte. Autor de una extensa obra literaria, traducido a numerosas lenguas (italiano, francés, portugués, danés, inglés y catalán), entre sus libros más apreciados figuran Desplazados del paraíso (2003), Dalí. El arte de escandalizar (2004), Transmutaciones. Litreatura colombiana actual (2009) y Corazón de piedra (2011).
Bajo tus pies la ciudad es un importante poemario, aparecido en la colección “Luna de Poniente”, que dirigen Elías Moro y Marino González Montero. Estructurado en seis partes, todas se ilustran con abundantes referencias a personalidades (músicos, escritores, cineastase) sensibles a las connotaciones múltiples de los ambientes urbanos, españoles y extranjeros.
Espacios de libertad, los parques, cines, metros, avenidas y estaciones ciudadanas pueden serlo también de las soledades todas, especialmente si el sujeto herido perdió hondos amores o se sume en el desconcierto ideológico. Así lo va cantando el autor, con versos de preferencias libres, que ocasionalmente no rehúyen las asonancias, sin que falten apuntes de prosa poética y juegos gráficos próximos al caligrama., ni se desdeñen leves huellas de las hablas andinas. Dos poemas sobresalen: “Busqué el día, a mitad de la obra, abundante en imágenes de raíces surrealistas, y el que la cierra, “En las nubes”, dedicado a un hombre roto por el alcohol y la heroína. Pero no olvidaré el más extenso del libro , “Avalon”, donde se rinde homenaje a ambientes y personajes, anónimos o explícitamente designados, de la tierra patria.
Antonio María Flórez, Bajo tus pies la ciudad. Mérida, De la luna libros, 2012
Bien cumplidos los ochenta años de su agitada vida, Ch. V. de Bostetten (Berna, 1745-1832) se decide a componer este enjundioso texto – lo incitaban a escribirlo varias amigas mucho más jóvenes – , no tanto para componer su autobiografía, sino para recoger algunas situaciones que le tocó afrontar y, sobre todo, traer a la memoria tantas personalidades como tuvo la suerte de tratar más o menos íntimamente. Hombre de su época, amante de la ilustración, aristócrata cosmpolita (las “luces” constituyen un leitmotiv de la obra), tolerante y bondadoso, supo ganarse la benévola amistad de políticos, artistas, músicos, poetas e incluso papas. De sus relaciones con todos ellos va dando cumplida crónica, chispeante y comprensiva, a la vez que la adorna con multitud de reflexiones de alcance filosófico sobre la naturaleza humana, la política, la moral y la conducta de los grupos sociales (campesinos, diputados, clérigos, escritores, etc.). Esepecialmente agudas son sus consideraciones sobre la funciones del lenguaje, que se adelantan a no pocas tesis después famosas merced al trabajo de los analíticos.
Destacan los apuntes sobre Madame Staël, el fisiólogo von Haller, el poeta Thomas Grey, el cardenal Beris, elpapa Clemente XV, el carnaval de Venecia o el funcionamiento de cantones como Berna y Ginebra. No extrañará que fascinasen a autores tan distintos como Saint-Beuve, Benjamin Constant, Marcel Proust o André Gide. Manuel Arranz los traduce en un castellano perfecto, adjuntándoles prólogo y apéndice biobibiográfico, a la vez que en notas a pie de páginas corrige algunas inexactitudes deslizadas por el propio Bonstetten.
Bonstetten, Charles Víctor de, Recuerdos escritos en 1831. Cáceres, Periférica, 2012
La “auctoritas” alcanzada por D. Antonio Rodríguez-Moñino (Calzadilla
de los Barros, 1910- Madrid, 1970) fue inmensa y el reconocimiento
entre todos los estudiosos de las letras castellanas, españoles e
hispanistas de todos los países, no ha hecho sino crecer tras su
muerte. Los trabajos del insigne bibliófilo y bibliógrafo (él
prefería la segunda calificación) resultan imprescindibles para los
historiadores en general y muy especialmente los de laliteratura, muy
especialmente la compuesta en nuestra Región, tan amada por él.
Cuanto escribió, para darlo a luz o como correspondencia privada,
ilumina los temas que aborda. Lo hizo con el largo centenar de cartas
– una parcela solo de su muy rico epistolario – reunidas en este
volumen, que aparece merced a los desvelos de José Iglesias Benítez,
Ricardo Hernández Megías y Julia Rodríguez-Moñino Soriano, sobrina
dilecta de aquel gran hombre, quienes suscriben el preliminar. A
ellos se deben también los apuntes biográficos antepuestos para
identificar a los corresponsales y no menos se les hubiesen
agradecido más notas a pie de página que permitiesen descifrar
mejor los numerosos guiños, referencias y alusiones intercambiados.
Se publica como homenaje, un poco tardío, que en el primer centenario
le rinde el Centro de Estudios Extremeños, institución con la que tan
hondas relaciones, no exentas de duras críticas, mantuvo desde su
origen Rodríguez-Moñino.
Son piezas de diferentes extensión (muchas, breves; algunoa, con
bastantes páginas) que, conservadas por diversos familiares, no
pasaron a la Real Academia junto con el inapreciable
archivo-biblioteca de los Moñino-Brey, pero cuyo valor no cabe
ignorar, tanto por el autor como por sus destinatarios, de los que
también se reproducen no pocas contestaciones. Abarcan un amplio
periplo, desde la mitad de los cuarenta de la anterior centuria hasta
la muerte del maestro, sin que falten varias posteriores remitidas a
la viuda, Dª María Brey. La relación de los receptores es abrumadora:
Camilo José Cela (amigo indefectible de D. Antonio), Buero Vallejo,
Luis Rosales, Jorge Guillén, Vallejo, Lázaro Carreter, Emilio Alarcos,
Manuel Gómez Moreno, Antonio Pérez Gómez, Emilio García Gómez, Ramón
Menéndez Pidal, Melchor Fernández Almagro, José María de Cossío,
Pedro Sáinz Rodríguez, Luis Araquistain, Agustín Miralles, Ramón
Carande, Gregorio Marañón, Francisco Rico… mantuvieron relaciones
intelectuales con el extremeño, así como una enjundiosa serie de
hispanistas, encabezada por el gran Marcel Bataillon, quien pronto
lo tuvo por “el príncipe de los bibliógrafos”. A todos, según los
casos, los ilustra, anima o reconviene aquel tan infatigable como
honesto investigador, que también encuentra en esos moldes íntimos
ocasión para defenderse, o al menos desahogarse, de las no escasas
ni débiles enemigas contra él lanzadas.
Algunas de las piezas aquí recogidas son en verdad antológicas.
Recordaré las dos que se intercambian Moñino y Leopoldo Eijo Garay,
obispo de Madrid, a propósito de los intentos de aquél (frustrados
entonces) para ingresar en la Academia. Por no decir la que nuestro
hombre, con un interminable proceso de depuración sobre sus espaldas,
dirigía a Dámaso Alonso, por el que se sintió traicionado (reproducido
facsímil el manuscrito, sin fecha), con párrafos como éstos: “¡Tú,
perseguido por el Régimen! Es para morirse de hilaridad. Está bien
que esos cuentos de miedo se los enjaretes a algún papanatas: a los
que te conocemos, no (…). Tus pequeñas ruindades y traicionejas te las
hemos perdonado los amigos siempre a cuenta de tu indiscutible
talento. Pero erigirlas ahora en normas de moral para juzgar a los
demás, eso no. Es ya mucha frescura eso. No me hagas hablar…” (pp.
73-74).
En estas cartas, notas y postales se percibe en toda su nitidez el
Moñino siempre generoso (v.c., Rafael Lapesa escribe en diciembre de
1964 para devolverle “unos pergaminos del siglo XII que me dejaste
años atrás”), entusiasmado con sus labores, ilustradísimo, mordaz,
exigente, ingenuo, sensible, contertulio amistoso y prosista dotado
de una indefectible voluntad de estilo.
D. Antonio Rodríguez-Moñino, Breve Epistolario de… Badajoz, Centro de
Estudios Extremeños, 2011.
La Real Sociedad Económica de Amigos del País, constituida justamente al calor de los impulsos renovadores que en la época de su nacimiento(1817) alentaban la Península – sin que los partidarios del “AntiguoRégimen” renunciasen a seguir manteniéndolo -, no podía olvidar laecha mágica de 1812. Los responsables de aquel organismo pacense, alentados por D. Francisco Pedraja,
acordaron dedicar el nuevo curso sobre historia de la ciudad, séptimo
ya de los de su serie, a la Constitución de Cádiz, cuyo segundo
centenario se conmemora. Con tal motivo, encargaron a una de sus
socias más distinguidas, la doctora Carmen Araya, que confeccionase
el programa oportuno, cuyo desarrollo correría a cargo de
profesores solventes. El volumen ha poco publicado recoge las doce
conferencias impartidas a lo largo del curso 2010-2011, más un corto
número de comunicaciones adjuntas. Todos los trabajos aquí reunidos
resultan interesantes, aunque los límites de una reseña periodística
impongan la inevitable selección.
Lo abre el estudio que me parece más valioso por su rigurosidad
expositiva y fundamentos documentales. Lo suscribe el reconocido
historiador Miguel Ángel Naranjo Sanguino, quien se ocupa de las dos
generaciones de parlamentarios extremeños, “sin duda la mejor clase
política que ha tenido Región” (pág. 15), de las Cortes de Cádiz
(1810-1813) y del Trienio liberal (1820-1823). El investigador
establece el nombre, edad, profesión y tendencia política de cada uno
de ellos, así como la ciudad a la que representaban y la represión a
la que tantos fueron sometidos por Fernando VII. Los nombres
estelares de Muñoz Torrero, Antonio Oliveros, Francisco Fernández
Golfín ,José María Calatrava , Juan Justo García, Álvaro Gómez
Becerra, Pablo Montesinos o Juan Álvarez Guerra – figuras de
proyección nacional – no deben ocultarnos los de otros que, si menos
brillantes, constituyen también un conjunto de personas tan honestas
como mesuradas y trabajadoras por el bien de la Nación.
José Mará Lama desarrolla en otra ponencia magnífica los orígenes
comunes (Universidad de Salamanca) y la estrecha amistad que existió
entre no pocos de aquellos primeros liberales. Frente al tópico con
que nos signó la temible décima de un clérigo de la época, Gregorio de
Salas (“Espíritu desunido/anima a los Extremeños/, jamás entran en
empeño/ni quieren tomar partido”, etc., etc.), Lama expone hasta qué
punto existían redes de complicidad y apoyos mutuos entre los padres
de aquella Constitución representantes de la entonces provincia de
Extremadura.
Por último, Ángel Juanes Peces, Presidente de la Audiencia Nacional,
expone cómo fue gestándose la “Pepa” y cuáles son las aportaciones
básicas de la constitución aprobada en Cádiz en medio de
circunstancias límites. Lamentablemente, el texto de tan reconocido
jurista se reproduce con el tono coloquial de su intervención,
restándole precisión y cargándolo de no pocas reiteraciones. No
obstante, permite seguir los debates de los tres grupos (liberales,
realistas y americanos) allí reunidos, sus enfrentamientos y también
concesiones mutuas hasta lograr una Constitución que abría para España
las puertas de la Modernidad. Lástima que otros se obstinasen en
cerrarlas. Detrás de ellos, desde los fogones, laboraba infatigable
por la apertura renovadora el bibliotecario de aquellas Cortes, otro
extremeño de proyección nacional, Bartolomé José Gallardo, uno de los
españoles que más ha sabido de libros y cuya agitada biografía boceta
aquí Joaquín González Manzanares.
Carmen Araya (coord.), Apuntes para la historia de la ciudad de Badajoz, tomo
VIII. Real Sociedad Económica de Amigos del País, 2011.
Pese a lo mucho que se ha avanzado durante los últimos decenios en la
eliminación de prejuicios seculares, algunas cuestiones se mantienen
aún entre nosotros envueltas por el aura del misterio receloso,
cuando no de prejuicios más o menos interesados. Así continúa
ocurriendo con el tema de la Masonería, por lo que los estudios sobre
dicha entidad, cada vez más numerosos, resultan siempre bienvenidos.
Muchos tienen su origen en congresos, encuentros o simposios, por lo
común con alta participación de ponentes y público, como la obra que
aquí se presenta.
A mediados de diciembre de 2009, el Museo Valenciano de la Ilustración
y la Modernidad (MuVIM), la Diputación Provincial y la Universitat
de València organizaron las “Jornadas Internacionales. Masonería e
Ilustración. Del siglo de las Luces a la actualidad”. Este volumen de
actas recoge las intervenciones de los diez especialistas invitados,
pertenecientes a las universidades de Valencia, Zaragoza,
Franche-Comté, París-Sorbonne-CNRS, Barcelona, y Granada. Por
sugerencia de los organizadores, todos se esforzaron en exponer los
fundamentos ideológicos de la Masonería; las producciones culturales
más notables de la “discreta sociedad” y, sobre todo, su vinculación
filosófica con los códigos de la Ilustración. Claro que también se
extienden a asuntos como los orígenes (siguen sin estar unánimemente
dilucidados); la proyección en las directrices políticas del momento
histórico; la influencia en los territorios iberoamericanos; la
fragmentación y hasta los enfrentamientos entre las distintas
“obediencias”; las fuentes iconográficas, música incluida; las
relaciones con la Iglesia católica y los partidos políticos, así como
la posible vigencia de los valores masónicos hoy. De este conjunto
de colaboraciones, todas interesantes y bien documentadas, me
propongo distinguir tres.
No puede faltar la de José Antonio Ferrer Benimeli, el hombre que,
desde hace decenios, más viene alentando la investigación sobre el
tema. Su tesis es rotunda: el francmasón del siglo XVIII (el
nacimiento de la Masonería moderna se data el año 1717 con la
fundación de la Gran Logia de Londres) es una persona que, en unión
con los hermanos, busca forjar el templo de su espíritu, así como el
de la sociedad toda, según su libre espíritu le descubre, atendiendo
a la sagrada tríada del siglo de la razón: libertad, igualdad y
fraternidad. Acorde con estos principios, de indudable raíz cristiana
pese a tantas incomprensiones y condenas mutuas, se enseña a
conducirse en aquella escuela de formación humana que es ante todo la
Masonería. Así se recoge ya en las Constituciones fundacionales de
Anderson y así se ha enseñado en los talleres, hasta la actualidad.
Al catedrático extremeño Francisco López Casimiro, autor de numerosas
publicaciones sobre la materia, corresponde describir los grandes
hitos de la masonería española desde su establecimiento en la
Península a comienzos del XIX hasta lo finales de esta centuria,
cuando, tras alcanzar máxima expansión a raíz de la Constitución de
1869, entra en declive con la pérdida de las últimas colonias.
Apoyándose en los datos del CEHME, recuerda que en el último tercio
del siglo XIX llegó a haber unas 1.750 logias y 82.000 masones
afiliados. El estudioso resalta puntos como la relación de la
Masonería con la Independencia americana; la rivalidad entre los
distintos “orientes”; la presencia de militares, políticos, líderes
obreros y mujeres; los enfrentamientos con la jerarquía católica y
la participación en las instituciones socioculturales
Por último, José Ignacio Cruz esboza el recorrido histórico de la
Masonería hasta la guerra civil, no sin lamentar la pérdida de
cuantiosos documentos, cuyos aportes hubieran facilitado la tarea.
Especial atención muestra a las difíciles relaciones entre el Gran
Oriente Español (la máxima potencia) y la Gran Logia Catalano-Balear,
reflejo sin duda de otros conflictos, así como a la actuación de los
masones con doble militancia: a la orden y a sus respectivas
organizaciones políticas , singularmente en torno a la II República (
el PSOE y el partido Radical Republicano y el Radical-Socialista,
ante todos). Concluye con sólo unas líneas en torno a la represión
franquista , el exilio y el regreso de los masones.
José Ignacio Cruz (ed.), Masonería e Ilustración. Del siglo de las
luces a la actualidad. Valencia, PUV, 2011.


