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Inseguridad pública

Con Mariano uno ya no está seguro de nada. Al menos sin dinero en los bolsillos, sin mucho dinero. Si queremos seguridad social y seguridad personal, o lo que es lo mismo, un retiro dorado y vivir en paz, nuestro ‘caballero de hierro’ quiere que pasemos por caja. Es la bolsa o la vida. Don Mariano se ha propuesto no solo desmantelar el Estado de bienestar sino el Estado sin más. Mientras Cataluña, de la maquiavélica mano del fabulador virrey Artur, inicia su larga (y quimérica) marcha hacia la creación de un Estado propio, don Mariano sigue, cual martillo pilón, reduciendo el Estado español a su mínima expresión. Rajoy, perdido en el callejón del gato liberal, se ve reflejado en los deformantes espejos de Margaret Thatcher y Ronald Reagan y considera que el Estado no es la solución, es el problema. Por eso, está abriendo las puertas públicas de par en par a la iniciativa privada para que entren a saco en sectores en los que hasta ahora tenía restringido el acceso, como la educación, la sanidad, las pensiones y hasta la seguridad, convirtiéndolos en golosas oportunidades de negocio.

Un paso en este sentido ha sido la aprobación el viernes por el Senado de la reforma pergeñada por el Gobierno de Rajoy que desvincula la revalorización de las pensiones del IPC. Si hay déficit, las pensiones subirán solo el 0,25%; en los años de bonanza aumentarán un máximo del IPC más el 0,5%. De esta forma, los pensionistas irán perdiendo poder adquisitivo a medida que envejecen. Por ende, solo los afortunados que se puedan permitir complementar la magra paga pública con un plan de pensiones privado llegarán sin apuros a final de mes hasta el final de sus días.

Otro paso en la misma dirección es la Ley de Seguridad Privada que recibió el pasado martes el visto bueno de la Comisión de Interior del Congreso de los Diputados. Este proyecto legislativo permite a los vigilantes privados patrullar las calles, identificar, cachear y hasta detener en la vía pública. Es más, podrán ser contratados por el propio Estado para custodiar el exterior de las cárceles y de algunos edificios públicos. Los sindicatos policiales y las asociaciones de guardias civiles han puesto el grito en el cielo porque consideran que eso supone “una privatización encubierta” de la seguridad pública y habilita a “policías baratos” y menos formados. En definitiva, como dice el diputado Ricardo Sixto, de Izquierda Plural, “solo podrán pagarse labores de protección aquellos que tengan recursos para ello”.

Estas normas contribuyen a afianzar el ‘apartheid social’ del que les hablaba la semana pasada, a segregar la población según su cuenta corriente, incluso físicamente, pues, cada vez más, el dinero va por barrios, en unos corre a raudales y en otros escasea. No veo lejos un futuro en el que los ricos vivirán encastillados en urbanizaciones-fortaleza celosamente custodiadas por cámaras de seguridad y guardias armados, mientras que los pobres se hacinarán en suburbios de casas de cartón piedra. En no pocos sitios esto ya es una apocalíptica realidad.

Avanzamos hacia una sociedad distópica en la que derechos que considerábamos fundamentales e inalienables, como a la vida, la educación, la sanidad, la libertad de expresión, manifestación y reunión…, pasarán a ser patrimonio solo de quien los pueda pagar.

 

(Publicado en el diario HOY el 15/12/2013)

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Depredadores de rentas

Los gurús de la economía insisten en que, para salir de las crisis, España necesita ser más competitiva: vender más bienes y servicios que los países de la competencia ofreciéndolos más baratos. ¿Cómo, devaluando la moneda? Problema: ya no tiene la peseta para manipularla según le convenga. Solución liberal: devaluar los salarios (rebajarlos) o aumentar la productividad de los trabajadores, es decir, que produzcan más en menos tiempo. Objetivo: reducir los costes laborales para así poder bajar los precios.

En efecto, los costes laborales bajaron el 3,1% en el cuarto trimestre de 2012 en relación al mismo periodo de 2011. Y los salariales, el 4,1%. ¿Qué diferencia hay? Los laborales incluyen el salarial (la remuneración que cobra el trabajador) y otros costes, como las indemnizaciones por despido, los pagos por bajas, así como las cotizaciones del empleador a la Seguridad Social. Quitándoles la extra de Navidad a los funcionarios y con la “extremadamente agresiva” reforma laboral, el Gobierno de Rajoy ha buscado reducir los costes laborales. Con ese fin ha dado patente de corso a los patrones para bajar sueldos y despedir a precio de saldo. Un chollo irresistible: dos tercios de las empresas están dando tajos a las nóminas y las administraciones públicas no están renovando a personal eventual o interino e, incluso, están presentando ERE, como el Ayuntamiento de Mérida. Resultado: curritos que trabajan más por menos, más de 800.000 empleos destruidos y casi seis millones de parados. Consecuencia: al haber más desempleados y más trabajadores con salarios de hambre, hay menos consumo y, por tanto, menos ventas, más despidos y más bajadas de sueldos. Y si no queremos caldo, toma dos tazas de austeridad: tijeretazos al gasto público y subidas de impuestos. Un círculo vicioso que nos empobrece más y más, convirtiéndonos en tierra de misión para el papa Francisco.

Pero los precios también dependen del beneficio empresarial. Eso significa que, aunque nos cueste menos elaborar un producto, su precio no bajará si el empresario quiere ganar más. De hecho, en 2012, mientras las rentas de los trabajadores cayeron el 5,4%, las empresariales crecieron el 2,2%. Por tanto, también se puede ganar competitividad reduciendo los márgenes de beneficio de las empresas, algo que no gusta a los liberales porque lo consideran básico para invertir y crear empleo. Sin embargo, ese aumento de las rentas empresariales no se destinó a inversión productiva, que aceleró su caída, sino a reducir deuda, a especular en los mercados, a repartir dividendos entre los accionistas y a subir las remuneraciones de los jefazos. En cinco años de crisis, entre 2007 y 2011, los beneficios de las 35 firmas del Ibex han caído el 36,3%; en cambio, las retribuciones de sus consejeros y directivos aumentaron el 6,5% y el 22,9%, respectivamente, según un estudio de CC OO. Y, en 2011, dichas compañías destinaron un 71% de los beneficios a pagar dividendos y solo un 29% a reservas (para fortalecer su solvencia y capacidad de invertir).

Por tanto, la cosa está clara: unos pocos se están repartiendo lo que le están quitando a unos muchos, y con la connivencia de los gerifaltes políticos. Buscadores de rentas, los llama el nobel Stiglitz; se queda corto, son depredadores. 

(Publicado en el diario HOY el 17/3/2013)

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Solidarios por unos días

En estos melifluos días navideños se nos enternece el corazón, se nos suelta la limosnera mano más de lo habitual, se nos humedecen los ojos ante los míseros y nos volvemos intolerantes con los miserables. Somos todo paz y amor, sonrisas y lágrimas. De repente se encienden las luces de Navidad y vemos a ese gorrilla pedigüeño que todas las mañanas nos importuna clamando una limosna y al que ignoramos por sistema y ahora le damos una monedita. Asimismo compramos cuanta lotería benéfica cae en nuestras manos; hacemos donaciones a galas solidarias y oenegés; damos un kilo de garbanzos al Banco de Alimentos; limpiamos el armario de ropa que hace siglos que no nos ponemos pero que, aunque pasada de moda, está nuevecita, eh, y la damos a Cáritas; vamos a ver el partido entre curas y toreros o amigos de Ronaldo y amigos de Zidane por los negritos de África; llevados por un impulso catódico acogemos dos niños latinoamericanos o indios de una tacada; y nos tragamos la gala ‘Inocente, inocente’, en la que por los niños pobrecitos los famosetes son capaces de someterse a pesadas bromas. Gala esta, por cierto, que es el culmen de la caridad hecha espectáculo y, por tanto, negocio. Ya saben, no hay nada que se resista a los áureos cantos de sirena del capitalismo. Y en estos tiempos de creciente miseria y en los que la justicia, especialmente la social, es una puta de lujo, cualquiera se vende por un plato de lentejas. Primum vivere deinde philosophari. O lo que es lo mismo, no se puede pensar con el estómago vacío. Por eso, el poder sigue encontrando en el pan y circo una fórmula eficaz de domesticar a la plebe. También en la caridad, que palía la pobreza pero no acaba con ella. Y en la fiesta, que relaja tensiones porque la plebe se desinhibe por unos días. Fiesta y caridad son los aliviaderos del sistema que evitan que la revolución se desborde.

Como dice Michel Onfray, filósofo francés anarquista, “el aumento de la miseria en todas sus formas, el crecimiento de las alienaciones, el salvajismo de las leyes de la competencia, la pauperización generalizada, solo encuentran medicación y farmacopea entre los partidarios del humanismo, en la caridad cínicamente organizada como empresa y espectáculo. A falta de justicia, el sentimiento llamado caritativo se apoya en las sociedades de beneficencia o de caridad, las donaciones que se piden por medio de grandes espectáculos en los que el mundo mediático se pone en primer plano, exacerbando el sistema, distribuye los emolumentos de una velada con el pretexto humanista de hacer soportable la miseria: Y mientras una cosa parece soportable, se hace difícil, imposible, impensable, su supresión. Jamás la actuación contrarrevolucionaria, conservadora, si no reaccionaria, de la caridad produjo efectos tan bellos”.

Pero el 7 de enero se acabará el cuento de Navidad y volveremos a ser los míster Scrooge de siempre; nos olvidaremos de esas quimeras de la justicia social, la paz y el amor, daremos esquinazo a los menesterosos, no moveremos un dedo por el compañero que echen a la calle y miraremos a Cuenca y cerraremos los ojos para recibir la enésima embestida del patrón porque lo primero es comer.

(Publicado en el diario HOY el 30/12/2012)

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(Des)armados

El Día de los Santos Inocentes se ha adelantado en Newtown, típica localidad residencial de Connecticut (EE UU), similar a la de la película ‘American Beauty’. El viernes 14, antes, al parecer, de suicidarse, Herodes, metamorfoseado en el veinteañero Adam Lanza, mató a su madre en casa y después, armado hasta los dientes, fue a la escuela donde ella daba clase y asesino a tiros a 26 personas, entre ellas 20 niños de entre cinco y diez años. ¿Por qué lo hizo? ¿No se sentía querido por sus padres divorciados? ¿O, como dicen compañeros de instituto, era un asocial que padecía algún trastorno y un día de furia protagonizó una historia de violencia?

Sea lo que fuere, seguramente Adam no podría haber hecho lo que hizo si no fuera tan fácil adquirir armas de fuego en EE UU. Porque en este país arrebatado a los indios por rostros pálidos con un rifle en una mano y la Biblia en otra está peor visto comprar una peli porno que una pistola. Es más, poseer armas es un derecho reconocido por la segunda enmienda de la Constitución y defendido a sangre y fuego por la Asociación Nacional del Rifle, poderoso ‘lobby’ que tiene untados a muchos congresistas. De ahí que Obama se vea atado de pies y manos para controlar la venta de armas y se sienta como Luther King encañonado por Harry ‘el sucio’. Por tanto, no puede ser mala suerte que las armas de fuego causen unas 30.000 muertes al año en EE UU, o que desde la matanza en el instituto Columbine en 1999 hayan ocurrido otras 18 similares, cuatro más que en todo el resto del mundo.

La obsesión americana por las armas refleja una sociedad individualista y esquizofrénica que no confía en que el Estado le proteja, ni quiere. Siguiendo al filósofo Gilles Deleuze, la paranoia es la enfermedad de las sociedades autoritarias y la esquizofrenia del capitalismo. El paranoico se proyecta imponiendo la autoridad, tiranizando. En cambio, el esquizo no reconoce a padre ni dios ni ley, busca hacer realidad sus deseos, cuestiona el orden establecido, es revolucionario, artista, productivo, conquistador, pero también puede ser agresivo. Quizá Adam era un esquizo que optó por la violencia para huir de una realidad familiar y social opresiva.

En ‘American beauty’ el protagonista, Lester Burnham (Kevin Spacey), es un esquizo que se rebela, pacíficamente, contra su dominante y ambiciosa mujer y su jefe e intenta dar un giro a su vida dando rienda suelta a sus deseos, pero muere víctima del homófobo, déspota, reprimido y paranoico coronel Frank Fitts, que le pega un tiro. El título del filme alude a una variedad de rosa cultivada artificialmente para tener una apariencia perfecta; representa la “falsa belleza”, como la capitalista americana. Y a ella alude el magnate John D. Rockefeller como metáfora del darwinismo social, sostén ideológico del capitalismo: “El crecimiento de un gran negocio es simplemente la supervivencia del más apto… La rosa ‘American Beauty’ solo puede alcanzar el máximo de su hermosura y el perfume que nos encantan, si sacrificamos otros capullos que crecen a su alrededor. Esto no es una tendencia malsana del mundo de los negocios. Es, meramente, el resultado de una combinación de una ley de la naturaleza con una ley de Dios”.

(Publicado en el diario HOY el 16/12/2012)

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Una limosna, por caridad

En España, la pobreza tiene cara de inmigrante sin trabajo y sin estudios, según se desprende de la memoria anual de Cáritas y de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE. Por su parte, la riqueza se viste de Zara y responde al nombre de Amancio Ortega, que atesora 37.500 millones de euros, la tercera mayor fortuna del planeta. ¡Tela!

Pero el bueno del señor Ortega tienen un corazoncito de oro y ha tenido a bien donar 20 millones a Cáritas. Apenas supone un 0,05 % de su riqueza, lo que para un españolito con 24.000 euros –el ingreso medio anual de un hogar español, según el INE– supondría dar una limosna de 12 euros. Pero a nadie amarga un dulce y es un desahogo para la desbordada ONG católica, pues representa el 8 % de los 250 millones que gastó en 2011 para atender a 1,8 millones de personas, 200.000 más que en 2010.

Dos tercios de lo que ingresa Cáritas son donaciones privadas y solo un tercio ayudas públicas. Estas se han reducido en más de dos millones desde que comenzó la crisis y, como dice el secretario general de Cáritas, Sebastián Moreno, «las políticas para los pobres tienen que ser las primeras y prioritarias». Pero Rajoy no se aplica el cuento, vistos sus hachazos a la educación, la sanidad y las prestaciones sociales. Su suicida política de austeridad germánica está hundiendo a España más y más en la recesión. Consecuencia: ya uno de cada cinco residentes en España es pobre y uno de cada cuatro que pueden y quieren trabajar está en paro. Y las estadísticas confirman que la población con escasa formación y desempleada tiene más riesgo de pobreza. Por eso, «la forma de combatir la pobreza de manera definitiva es con educación y con empleo». ¡Ojo!, lo dice el mexicano Carlos Slim, el hombre más rico del mundo. Pero para Rajoy, Merkel y compañeros ‘austeríacos’ lo primero es reducir el déficit, cueste sangre, sudor y lágrimas, que eso generará empleo a largo plazo. Pero, como dice Keynes, a largo plazo estamos todos muertos.

Además, los sacrificios no se están repartiendo por igual. Como explica Daniel Montero en ‘El club de los pringaos’, las grandes fortunas y empresas como Amancio Ortega y su Inditex aportan de media al erario público un 10 % de sus ganancias, gracias a deducciones fiscales y triquiñuelas contables legales, mientras que el Estado se queda con la mitad del sueldo de los 20 millones de curritos. Aun así, a estos se les ha premiado su contribución subiéndoles el IRPF, el IVA, la luz, el agua, etc., mientras que no se ha tocado el Impuesto de Sociedades, fuera de eliminar la deducción por amortización. Para más inri, la reforma laboral ha dado manga ancha al patrón para bajarnos el salario. Nuestros gobernantes argumentan que es el precio a pagar si queremos que emporios como Inditex vuelvan a España en vez de seguir produciendo en Marruecos, Turquía, Portugal o China, donde la mano de obra es más barata, y operando desde paraísos fiscales como Gibraltar, Luxemburgo o Hong Kong, donde no pagan impuestos. Les agradezco su caridad, señor Ortega y compañía, pero preferiría que Mariano hiciera justicia social y les obligara a contribuir religiosamente a la caja común en la misma medida que a todos los paganos de esta maldita crisis.

(Publicado el 28/10/2012 en el diario HOY)

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Más política y menos economía

La crisis ha puesto a los políticos en la picota. Cada vez más gente cree como Marx, pero Groucho, que «la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados». No les falta razón, viendo la incapacidad de los políticos de aquende y allende el Rin para sacarnos del trágico enredo en el que nos han metido por flirtear con don Dinero y darle manga ancha.

No es de extrañar, por tanto, que la plebe reciba con vítores iniciativas populistas como las de María Dolores de Cospedal, presidenta de Castilla-La Mancha, de dejar sin salario a los diputados de su región. Sin embargo, coincido con los que piensan, a diestra y siniestra, que eso llevaría a que solo los ricos pudieran dedicarse a la política y la democracia degeneraría en una oligarquía –más aún–. Y los parlamentarios y cargos públicos estarían más tentados de trabajar a sueldo de grupos de presión y corporaciones. Como dice el diputado socialista Diego López Garrido, «quien te paga manda; y si te paga el pueblo estás a su servicio y si no es el pueblo, pues alguien te pagará, a no ser que seas rico, abriéndose la puerta a la corrupción». Eso no quita para que los privilegios y remuneraciones de nuestros representantes sobrepasen, en no pocos casos, los límites de la decencia. Sobre todo viendo que muchos solo pasan por el Parlamento de cuando en vez para pulsar un botón y obligados por el partido.

Aconseja Aristóteles en su ‘Política’ que «muy importante en todo régimen es que las leyes y el resto de la administración estén organizados de modo que no sea posible que las magistraturas (cargos públicos) sean fuente de lucro». Pues, según el filósofo, «el pueblo no se irrita tanto por estar alejado del gobierno como por creer que los magistrados están robando los bienes públicos, porque entonces les molesta ambas cosas: el no participar de los honores y las ganancias».

Y ese es el gran problema, que muchos de nuestros políticos sacan provecho de su poder y cada vez hacen menos política (entendida como servicio público) y más economía. Y en un triple sentido: hay quien utiliza la política para hacer dinero; hay quien la practica para hacérselo ganar a unos pocos ya afortunados, y hay quien la aplica según criterios economicistas. El primero es un arribista, hace de la política una profesión con la que trincar de la caja común y medrar en la escala social. El segundo es mamporrero del gran capital y cruza con frecuencia la puerta giratoria que comunica las Administraciones Públicas con los consejos de administración de multinacionales y bancos. El tercero es el tecnócrata, el hombre de negro, el que toma decisiones en función de que sean eficaces para lograr los objetivos y sin atender a consideraciones ideológicas o sociales: si hay que recortar en educación y sanidad para reducir el déficit, se hace.

Los tres se lucran con la política porque don Dinero acaba captándolos: al primero lo corrompe; al segundo y al tercero los contrata o financia, incluso puede que antes los seleccione, forme y promocione. ¿Cómo ponerles coto? Siguiendo otra recomendación de Aristóteles: que nadie llegue a sobrepasar en poder, ya por los amigos, ya por las riquezas.

(Publicado en el diario HOY el 16/9/2012)

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