Sí, podemos ser buenos padres
Esta mañana ha sido la última vez que me ha abordado una madre “desesperada” y, conteniéndose las lágrimas, ha ido relatándome con amargura, con temor, con un poco de desesperación, el comportamiento de su hija: “Mi hija es muy linda, es muy buena pero con nosotros se muestra extremadamente rebelde, retadora, insatisfecha, nos culpabiliza por todo, lo malo, que le ocurre.” Y, con mayor amargura, me hablaba de su “impotencia por no saber qué hacer para ayudar a su hija”.
Esta madre podría ser cualquiera de las mujeres y hombres con las que nos cruzamos a diario por la calle, en el trabajo, entre nuestras amistades, en nuestra propia familia. Una madre y un padre que podría ser cualquiera de nosotros: personas trabajadoras, personas apreciadas por quienes les conocen, personas válidas, experimentadas, con defectos y virtudes.
La mayoría son padres que, educando a algunos hijos, están atemorizados por sus pensamientos, atemorizados por la convivencia cotidiana, atemorizados por la incertidumbre del futuro. Están, estamos, atemorizados por los que más queremos, nuestros hijos.
Este blog, Escuela de Padres, no pretende ser un manual para no tener durante la compleja tarea de educar. Este blog pretende, modestamente, ser una herramienta para hacer que los padres y madres que se asomen a esta ventana se planteen los siguientes objetivos:
- Que reflexionen y piensen, sobre cómo están educando, no para ver en qué están fallando sino, para ver, fundamentalmente, todas las cosas que se hacen bien. Desde lo bueno podremos controlar lo menos bueno.
- Que se sientan competentes ejerciendo su tarea de padres. Los padres cuando tenemos algún problema con nuestros hijos solemos plantearnos “¿qué estoy haciendo mal?” y consideramos que el comportamiento de nuestro hijo es por “culpa” nuestra.
Se pasa muy mal cuando uno cree que no sabe comportarse como un padre o una madre eficiente. (Y para colmo, todos tenemos algún familiar, o vecina o amiga que nos lo recuerda constantemente).
- Que actúen, sin temor, como padres y madres. El miedo paraliza y nuestros hijos nos necesitan, constantemente, cada día. Los días buenos pero también los días malos.
Yo no soy un gurú, yo no soy la supernanny, ni el hermano mayor, ni el encantador de modorros, yo, todo lo que sé lo he aprendido, en la práctica, de las madres y padres con los que he trabajado en éstos últimos 30 años y de lo que mi mujer y mis hijos me han ido enseñando, y en la teoría, de los conocimientos que he ido adquiriendo en todos estos años de estudio.
Por eso, tengo estas certezas que quiero compartir con todos vosotros:
Sí, podemos. Podemos afrontar las dificultades, los sinsabores, que la tarea de educar a veces nos presenta, estando más ocupados en lo que hacemos cada día que preocupados por el futuro incierto.
Sí, podemos. Podemos sentirnos bien por lo que hacemos por nuestros hijos, porque no hay mejor regalo que querer, que enseñar, que educar.
Sí, podemos. Podemos hacer cosas diferentes a las que hacemos al educar si deseamos obtener resultados diferentes a los que obtenemos.
Sí, podemos. Podemos sentirnos satisfechos, sin ser perfectos, de ser un modelo para nuestros hijos. Un padre, una madre.
Sí, podemos. Podemos disfrutar de la vida presente, aunque los “modorros”, independientemente de su edad, estén en su salsa, y no estar deseando continuamente que pase el tiempo.
Sí, podemos. Podemos comprender el comportamiento de nuestros hijos sin que eso signifique la aprobación de sus actos.
Sí, podemos. Podemos apoyarnos en nuestra pareja, en nuestra familia, en nuestras amistades, en profesionales, porque a la hora de educar nunca sobran dos manos de más.
Nuestros hijos van a ser personas adultas la mayor parte de su vida, su infancia y su adolescencia es pasajera, fugaz. Así que hay que aprovechar cada uno de los días que se nos presentan como una oportunidad para educar. Cuanto antes empecemos mejor. Y no olvidar que la educación es una siembra que se cosecha con el paso del tiempo.
Yo tengo plena confianza en que todos nosotros, padres y madres, podemos mejorar.
Hoy para empezar os propongo una tarea sencilla, di “te quiero” a tus hijos, a tu pareja, a tus padres, díselo a la cara, y si no por teléfono y no esperes nada a cambio. Hoy queremos gratis.






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