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Cómo actuar ante los celos de los hijos
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carlospajuelo | 06-06-2013 | 10:11

Dos hermanos compartiendo un rato juntos.

Dos hermanos compartiendo un rato juntos.

Alejandra llegó a su casa después de salir del trabajo. Pasó por una tienda y pensó en llevar a los niños un “detallito”. Compró dos cochecitos  para sus hijos: uno rojo  y otro negro. Al llegar a casa los niños salieron a su encuentro por el pasillo y Alejandra le dio a cada uno un coche. A Juan, el mayor, el rojo y a Marcos, el pequeño. el negro.

Marcos sonrió y dijo ¡el coche fantástico! En ese momento Juan tiró el coche rojo con rabia contra el suelo y comenzó a gritar que él quería el coche negro.  Y no os cuento como siguió la tarde porque ya os lo imagináis. A los que estáis pensando que tenía que haber comprado los dos coches del mismo color os diré lo que le pasó tres semanas antes cuando su madre les compró dos pelotitas iguales:  la bronca fue parecida porque Juan le dijo a su madre, ¡así como voy a saber cuál es la mía! Y el resto de la tarde ya os la imagináis.

Cuántos padres y madres, cada vez que deben tomar una decisión respecto a alguno de sus hijos, tienen en su mente qué es lo que van a hacer para contentar a toda la prole. Pero al final, hagas lo que hagas,  el resultado es que, cuando no es ,uno es otro, u siempre terminan apareciendo las recriminaciones.

Así es frecuente escuchar quejas de los hermanos mayores “ del tipo: “claro, el pequeño es vuestro niño mimado”, y quejas de los pequeños diciendo: “claro, a mi hermano le dejáis hacer todo lo que quiere”.

A los padres nos suele perturbar que nuestros hijos demuestren conductas de celos porque consideramos que nuestra manera de comportarnos es “justa”  e “igualitaria”, y la presencia de celos en un hijo vendría a ser como un cuestionamiento de ese comportamiento justo e igualitario que nosotros creemos mostrar.

Debemos tener en cuenta que generalmente los celos infantiles no son provocados por las actuaciones de los padres, pero la forma en que afrontamos  esta situación puede ser determinante para que sean superados.

Las relaciones que  surgen entre hermanos  son unas relaciones especiales, únicas y diferentes al resto de relaciones interpersonales que se tienen a lo largo de la vida. Favorecen el desarrollo de unos vínculos muy fuertes, únicos y que les van a permitir unas relaciones únicas, eso que llamamos “nuestra sangre”, pero el desarrollo de estos vínculos puede requerir de un periodo de adaptación puesto que los niños por lo general no están preparados para compartir, y menos el amor de sus padres.

Los seres humanos construimos nuestra propia personalidad, además de por el aporte genético, mediante un proceso de comparación social. Nos comparamos con los demás para ver cómo somos, para validar si lo que pensamos, hacemos o sentimos se ajusta a lo que hacen aquellos que son iguales a nosotros  y fruto de esa comparación nos sentimos mejores, iguales o peores que los que nos rodean.

La presencia de más hermanos acrecienta la posibilidad de realizar estas comparaciones y fruto de ellas se puede generar el temor de perder algo que crees que es tuyo, y cuando se tiene miedo, puede surgir una rivalidad, directa o larvada. Y con la rivalidad surgen los celos.

Los padres no podemos evitar la rivalidad entre los hermanos, los padres no podemos evitar los celos entre hermanos. Así que deberíamos gastar nuestras energías en lo que podemos hacer ante los celos y rivalidades que presenten nuestros hijos.

Qué podemos hacer los padres:

 1) Lo primero es entender que los celos son una respuesta emocional normal y muchas veces inevitables. Lo más normal es que los celos infantiles se resuelvan de manera natural con el transcurso de los años. Pero también nos encontramos con algunos niños que tienen mucha dificultad en poder controlar sus celos y, los celos, a la larga, se pueden convertir en un lastre para el desarrollo de las personas porque devoran nuestra autoestima generando rencor y resentimiento.

2) Enseñar a compartir es una tarea muy compleja y, en la medida que los hijos son pequeños, más, ya que  los niños nacen siendo egocéntricos y desean que el mundo gire solo en torno a ellos. Para enseñar a compartir es recomendable que, progresivamente,  en vez de comprar, por ejemplo,  un  juguete  para cada hijo compráramos un juguete para los hijos así les daríamos la posibilidad de aprender a compartir (pero mientras aprenden esto  la van a liar parda). Además de enseñarle a compartir, proporcionémosle experiencias gratificantes mientras comparten. Estaremos reforzando que se sientan bien y que sean ellos mismos quienes busquen vivencias de ese tipo.

3) Evitar las comparaciones entre los hijos. Nuestros hijos no necesitan ser iguales, no necesitan parecerse a otros. Por ello, nuestros hijos necesitan saber que los queremos por lo que son, no porque son como a nosotros nos gustaría que fueran. Esto no está reñido con el cumplimiento de normas y límites.

4) Dar explicaciones: Es muy conveniente explicar la razón por la que en un momento dado se da un trato diferente a un hermano que a otro. Explicar las razones no deja al hermano “celoso” convencido  porque los celos no le dejan entender pero sí que nos ayuda a nosotros, a los padres, a reafirmarnos en que estamos actuando por el buen camino.

5) Buscar momentos en los que hacer sentir a los hijos que son únicos. Llevarlos un día simplemente a merendar, a pasear, ir al cine, etc. Es como tener un momento de intimidad entre padre-hijo, exclusivo. Buscar la calidad más que la cantidad de tiempo.

6) Procurar no dedicar más atención al hijo celoso. Porque entonces estaríamos reforzando sus conductas. Os recuerdo que los celos, por lo general, son una interpretación que el hijo hace.

Los niños celosos temen perder el amor de sus padres y por eso sufren. Y cuanto más temen esa pérdida, más sufren. Ayudar a los hijos a afrontar sus celos es ayudar a los hijos a desarrollar su autoestima, a aprender a valorarse, y sobre todo A QUE APRENDAN A AMAR EN VEZ DE ESTAR SÓLO PENDIENTES DE QUE LOS AMEN.


Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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