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Carlos Pajuelo

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Padres orgullosos, hijos más felices

Los hijos de padres que les reconocen el orgullo de ser sus padres son más felices.

Los hijos de padres que les reconocen el orgullo de ser sus padres son más felices.

“A mi hijo lo perdieron las drogas, a mi me da muchísima pena ver en lo que se ha convertido, pero yo no pierdo la oportunidad de decirle: hijo, me siento orgullosa de ti y, cuando le digo eso, llora como un crío desvalido.” Esto me decía María, una abuela que tiene en acogimiento a sus nietos porque a su hijo le han retirado su tutela.

María, una mujer “sin estudios”, que anda aún buscando qué no supo hacer para ayudar a su hijo, tiene claro que su hijo“es un desgraciado, pero yo siempre le hablo de las cosas buenas que hace o que ha hecho por las  que estoy orgullosa de él: ha intentado desengancharse, cuando está bien es muy cariñoso, es muy manitas, y me arregla cualquier desperfecto en la casa, etc.. Yo quiero estar orgullosa de él porque creo que, mientras yo no arroje la toalla, él podrá hacer algo para salir de la droga.”

María, una sabia mujer sin pisar la escuela,  me abrió los ojos, y me hizo ver que yo estoy orgulloso de mis hijos que, por cierto, no son perfectos, y han salido a su padre. Estoy orgulloso de mis hijos aunque aún no han encontrado trabajo, aunque, a veces,  suspenden porque no estudian lo suficiente.

Estoy orgulloso de mis hijos aunque no son los primeros de su promoción, orgulloso de mis hijos aunque piensan y se comportan de manera diferente a mí. Orgulloso de mis hijos aunque sus motivaciones e intereses no sean ni mis motivaciones ni mis intereses. Orgullos de mis hijos porque son mis hijos. Orgulloso de la manera que han elegido para vivir.

Y cuando tengo la oportunidad lo digo en voz alta a quién lo quiera escuchar. Pero sobre todo, me lo digo a mí mismo para que, en los momentos de debilidad, no se me olvide. Cuando los padres estamos abrumados por las conductas de nuestros hijos es cuando más necesitamos transmitir ese orgullo. Recordar las cosas que nos enorgullecen de nuestros hijos para no fijarnos sólo en las que nos asustan.

La vida discurre veloz, y nuestros hijos van creciendo sin parar y, a menudo estamos  esperando expectantes  sus logros, sus conquistas, sus triunfos como gran colofón a nuestra tarea educadora, y así van pasando los días y, por lo tanto, vamos perdiendo la oportunidad de decir “hijo estoy orgulloso de ti”. Pasan los días y nuestros hijos no nos oyen decir “estoy orgulloso de ti”. Es más, a veces lo que nos oyen decir es  “qué orgullosos tienen que estar los padres de otros.”

La vida de nuestros hijos será lo que nuestros hijos estén dispuestos a construir, es verdad que algunos pueden hacer  de su vida algo que a nosotros nos puede causar dolor. Les podría hablar de algunos padres, magníficos padres, como María y como otros  que han experimentado la amargura de comprobar cómo sus hijos, sus amados hijos, truncaron sus vidas y, ahora que son abuelos, tienen que hacer de padres de sus nietos. Abuelos que tienen acogidos a sus nietos y siguen, a pesar de los reveses de la vida, educando.

Es verdad, a veces no nos sentimos orgullosos por algunas de las cosas que nuestros hijos hacen, pero sí nos sentimos orgullosos de otras cosas, y sobre todo, nos sentimos orgullosos de  ellos porque son nuestros hijos, que comparten nuestras virtudes y nuestros defectos. Nuestros hijos que, a veces, se equivocan, y hay equivocaciones que marcan toda una vida.

Pero los queremos, los queremos por ser nuestros hijos, y sentirse orgulloso de los hijos y decírselo es una manera de hacerles ver y sentir que, cuando más perdidos puedan estar, sus padres sienten orgullo.  Orgullo frente a la desazón, la desesperanza. Sentir orgullo es una manera de amar generosamente sin esperar nada a cambio.

Sentir orgullo es una forma de hacerles ver que saben hacer cosas, que son competentes,  que no son un fracaso andante. Sentir orgullo es ofrecerles un lugar donde agarrarse fuerte cuando la vida zozobra.

Cuando están más perdidos, más fuerte hay que gritarles que estamos orgullosos de ellos. A los náufragos se les echa un cabo, un salvavidas una y otra vez, no se les deja a su suerte.

Decir lo que se siente, sentirse orgulloso de los hijos, esforzarse en sentir orgullo es una buena manera de ayudar a nuestros hijos cuando más nos necesitan.

Estoy orgulloso de mis hijos, y tú de los tuyos, también. Pues que no se nos olvide decirlo, no se nos olvide creerlo, no se nos olvide sentirlo.

La tarea de ejercer de padres

Sobre el autor

Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.


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