Hoy

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¿Qué harías tú si tu hijo fuera un “apestado”?
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Carlos Pajuelo | 26-01-2015 | 22:05

Escena de la película

¿Has visto sufrir a tu hijo alguna vez?, ¿has sentido como ese sufrimiento te paraliza?, ¿te has dado cuenta de que el sufrimiento viaja acompañado de la soledad? Hoy me gustaría escribir sobre un sufrimiento, una epidemia silenciosa, el “ebola de los colegios”, me gustaría hablar sobre los niños y niñas “apestados”.

Siéntate con tus hijos y hazles esta pregunta: ¿te imaginas? 

Hijo, te imaginas que mañana al llegar al colegio  tus compañeros te roben tu nombre y lo cambien por el de Apestado?

Te imaginas que cualquiera pudiera tirarte la mochila, el abrigo al suelo, o darte una colleja y que eso fuera divertido para los que lo ven.

Imagina que te dicen gordo o feo o cabezón o enano, friki, o lo q les dé la gana.

Imagina que nadie  ve tus lágrimas, que tus emociones son invisibles, que nadie siente ni pizca de compasión por ti.

Que nadie te mira, que nadie te habla que te tratan como si no fueras como ellos, que te tratan como si fueras un objeto sin valor.

Imagina que todo esto que te ocurre pase a convertirse  en “cosa de niños” sin importancia, que tu sufrimiento es poco importante.

¿Te imaginas abrir tu móvil y solo recibir mensajes ofensivos?

Imagina por un momento que eres tú. Si tú,. ¿Cómo te sentirías? Porque yo me sentiría fatal por no haberme dado cuenta.

Hijo, ¿ocurre esto en tu clase, en tu colegio, entre tus amigos? Pues no te calles, no cierres los ojos, no mires a otro lado.  Ponle voz al silencio, ponle nombre al que sufre, ponle sonido a sus lágrimas. Eso es lo que quiero que hagas, simplemente eso.

¿No lo sabías?, ¿no sabías que es muy fácil hacer sufrir? Pues sólo tienes que imaginar que tú eres el apestado. Y desde hoy quiero que te avergüences de tu silencio, quiero que te avergüences de tu risa o de tu complicidad cuando ocurra esto.

A veces para ser un héroe no hay que hacer grandes cosas, simplemente comienza protegiendo las vidas de los que te rodean.

No, el acoso no es algo que hacen  criaturas malvadas, aprendices de hijo de puta. El acoso está dentro de nosotros,  seres humanos acosadores de todo lo que es diferente, acosadores por envidia, acosadores por incompetencia, acosadores por miedo.

Insultar, despreciar, ridiculizar, difamar al que piensa diferente no es cosa de niños, lo veo en televisión, lo escucho a los tertulianos, lo leo en columnas de los periódicos, en las redes sociales, en nuestras conversaciones cotidianas.

No, no es cosa de niños que no saben lo q hacen,  no es cosa de unos niños descerebrados, están haciendo lo que han aprendido a hacer: lo que ven,  somos nosotros mismos quitándole importancia a nuestra incapacidad para respetar a los demás.

Yo me acuso de no ver lo que me molesta ver.

  • leo334_2_166

    Y pasa que cuando eres ese fastidiado, la reacción es construir dos mundos paralelos, el mundo del centro educativo, y el mundo de tu familia y amigos.  sabes que es una etapa que durará el tiempo académico, que se terminará y después ese mundo desaparece.  No lo notas en el momento que ha desaparecido, es mas ni te das cuenta que cuando sales del centro, ya quedó atrás, eso lo ves transcurridos los años, cuando escuchas a los demás hablando de su clase, de sus antiguos amigos del centro, de esto o aquello que pasó en clase, y tú, por mucho que lo intentas, no tienes ningún recuerdo.  Es triste, pero es así.  Pasados los años miras y aún te entristeces, y no puedo evitar soltar unas lágrimas mientras termino de escribirlo, Aquellas lagrimas ya se secaron, estas duran poco y ves que, por suerte, tus hijos no les pasa como a ti, y desde pequeños sin querer les dices que cuando pase eso, se lo digan a la seño o al profe y así no sufre ese niño-a

    • carlos pajuelo

      Gracias Leo por hablarnos de la soledad que acompaña al sufrimiento. En la tarea de educar hay que enseñar a nuestros hijos a que sean empáticos, a que sean conscientes del sufrimiento que originamos por acción o por omisión. A ser empáticos para que los “mundos paralelos” estén habitados por alguien más que el que sufre.

  • Galleta

    Muy bien requetebien escrito. Sí señor. Me encanta!!. Pocas veces se trata el tema del acoso escolar desde este punto de vista, y es importantísimo.Toda la información se suele centrar en qué hacer en caso de que nuestra criatura sufra acoso o sea ella quien lo ejerce, pero el papel de quienes observan es fundamental.Las familias no hablan de emociones a este nivel. Estamos descacharrados del todo.

    • carlos pajuelo

      Muchas Gracias Galleta.

  • marigarbarros_517

    Hola, comparto mi experiencia. Mi hijo era un apestado, de los “de libro” y con denominación de origen. Y soy optimista… aunque exija un esfuerzo. Creo que cualquiera de nosotros tenemos la responsabilidad de educar e instruir, desde nuestra pequeñez, a muchos con quienes nos cruzamos en el camino. Aunque parezca no tener sentido y parezca un esfuerzo vano. Siempre queda algo. Gracias.https://www.facebook.com/noalacosostopbullying/photos/pb.156451374267.-2207520000.1433674337./10153183543024268/?type=3&theater

    • carlos pajuelo

      Gracias por compartir tu experiencia con nosotros.

  • seanconery

    Carlos, sigo tu blog y lo comparto muy a menudo. Soy docente y soy padre. Me ayudan mucho tus consejos. Un saludo.

    • carlos pajuelo

      Muchas gracias seanconery.

Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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