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Adolescentes: Educar no siempre es negociar.
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Carlos Pajuelo | 20-10-2017 | 06:33

Educando adolescentes habrá conflictos que no es posible negociar. (Foto Abc.es)

Educando adolescentes habrá conflictos que no es posible negociar. (Foto Abc.es)

A menudo me encuentro con madres y padres que me transmiten su inquietud porque sus hijos adolescentes los están continuamente sometiendo a “negociaciones” que parecen, más que negociaciones, unos “chantajes” en toda regla. Y es que algunos llaman negociar a lo que otros llaman chantajear, y viceversa.

Hemos acostumbrado a nuestros hijos desde pequeños a situaciones como “me como una cucharada más, pero entonces puedo usar la Tablet 15 minutos”. Desde pequeños los entrenamos en que, para hacer algo, les tenemos que ofrecer una recompensa.

Cuando son pequeños, estos pequeños se pueden solucionar con una pequeña recompensa pero, conforme van creciendo, piden y piden y piden, y nunca les parece suficiente. Insaciables.

La verdad es que negociar con adolescentes es muy complicado. Es difícil porque padres e hijos tenemos diferentes objetivos a la hora de negociar.

¿Hay que negociar con los hijos? Pues lo de negociar está muy bien, suena genial, pero no siempre se puede negociar. Educar no es negociar. Educamos para que nuestros hijos aprendan a vivir, por lo tanto para que aprendan cómo se pueden alcanzar logros, pero también para que aprendan cómo tolerar la frustración de no alcanzarlos.

La negociación tiene sentido para que dos partes ganen. Pero cuando educamos a nuestros hijos los sometemos a unas normas, a asumir responsabilidades y a aceptar límites, y esto a los hijos no les parece una buena negociación. Pueden decir: “¿Qué gano yo llegando a casa a las 11 de la noche?; ¡Qué gano yo recogiendo mi cuarto?, ¿Qué gano yo responsabilizándome de mis estudios?

A los padres nos encantaría poder hablar tranquilamente con los hijos y que ellos nos entendieran perfectamente, que nos dijeran: “gracias mamá por preocuparte por mí y hacerme estar en casa a salvo a las 11 en vez de estar por ahí divirtiéndome peligrosamente con mis amigos”. Pues vas dado. Los hijos montan pollos cuando les proponemos límites, normas y responsabilidades.

Si tú lo que quieres es negociar para no tener problemas, lo tuyo no es negociación, lo tuyo es la búsqueda de un milagro. Porque negociando con adolescentes es muy fácil perder la calma. No, no se negocia para no tener problemas. Se negocia para esforzarse mutuamente en la búsqueda de la solución de un problema. Por eso hay cosas que no podemos negociar con los hijos.

Si, y además, hay hijos que se plantan y dicen que “no vengo a las 11”, “no me da la gana de estudiar”, “pues fumo y bebo”, etc. Ni negociando, ni sin negociar. Y esos son los que asustan y ¿qué hacemos con esos?. Pues te mentiría si te dijera que vas a encontrar la solución en el siguiente párrafo, pero te pregunto, ¿qué hace un padre o una madre? Educar ¿no?, pues sigue educando, sigue diciendo a las once, sigue diciendo hay que estudiar, sigue diciendo que no debe beber ni fumar,  con la tarea de educar. Educar es incomodar a veces a los hijos e incomodarnos los padres.

Pero hazlo con calma, seguridad y convicción en las normas y en los límites que propones . Esto es lo que necesitan los padres para educar hijos.

Negociar, pues claro que sí. Pero hay cosas que no se pueden negociar con los hijos cuando los estamos educando, es mucha responsabilidad esta de ejercer la tarea de ser padres y madres.

Ánimo, que crecen.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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