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Carlos Pajuelo

Escuela de Padres

Los niños que mataban en vez de jugar.

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La maldad está conviviendo con la bondad. (FOTO El Correo)

Nuevamente nos sorprende una noticia de esas que nos asola el corazón, un par de críos de 14 y 16 años asesinan, en  Bilbao, a un matrimonio mayor para robarles,  ¿Cómo es posible?, ¿cómo puede ser que unos adolescentes, casi unos niños, sientan tal desprecio por la vida de unos seres humanos?

No, no te eches las manos a la cabeza diciendo qué monstruos estamos creando. No vivimos en un mundo perfecto y estos desmanes y otros por el estilo los cometen adultos, a diario. (Accidentes que causan muertes por culpa del alcohol, las drogas o el incumplimiento de normas de tráfico; violencia de género, hombres que matan mujeres por despecho; violaciones, asesinatos, robos, el desprecio, el odio que manifestamos a través de las redes sociales por las personas que piensan diferente que nos lleva a difamar, amenazar, desear lo peor, etc.)

Un menor, por ser menor, necesita protección y no hay mejor protección que aprender el valor de las normas y los límites, un menor no es un adulto, un menor no está “terminado de construir”, un menor necesita guía y supervisión. Pero también un menor necesita asumir responsabilidades acorde a su edad. Ser menor no quiere decir que tengas vía libre para hacer lo que te dé la gana. Claro que hay menores cuyos comportamientos, totalmente repudiables, precisan de consecuencias inmediatas.

No es cuestión de “mano dura” es cuestión de mano firme, de seguridad y de convicción. Es mejor que lloren los hijos por que no entiendan las normas y los límites a que tengamos que llorar los padres por lo que nuestros hijos hacen.

Yo creo que estos actos violentos, todos los actos violentos, nos deben abrir los ojos y hacernos reflexionar sobre  la responsabilidad que tenemos todos y cada uno de nosotros, porque todos somos responsables de lo que ocurre en nuestra sociedad.

Actos como este me reafirman en la importancia de educar. Sencillamente actuemos cada uno desde nuestra responsabilidad, en las familias concretamente siendo sistemáticos con las normas y los límites que nuestros hijos necesitan. Y comprando pañuelos de papel porque las normas y los límites generan mucha llantina a los que tienen que seguirlos y no a los que les corresponde proponerlos.

No basta con mirar y fruncir el ceño, todos podemos y todos debemos actuar y esto no sólo es un problema de hijos mal criados o de padres y madres desbordados. Si todos respetáramos, si todos asumiéramos el valor de normas y límites, si la ley estuviera por encima de lo que cada uno de nosotros quiere porque todos es más importantes que uno. Así daríamos ejemplo a los menores. Es fácil decir que “asco de sociedad”, es fácil decir que  “la culpa es de los padres”, que suerte tenemos que la avería siempre es “de la calle” y la averia a veces consiste en no mirar la maldad, no ponerle nombre a la maldad

Somos los seres humanos capaces de crear belleza, arte, capaces de amar, de ayudar, de solidarizarnos, capaces de lo mejor  pero no lo olvidéis los seres humanos somos también capaces de odiar, de odiar despiadadamente, de alegrarnos por las desgracias del prójimo, de desear lo peor a otros seres humanos. Unos odian y matan por twitter y otros odian o simplemtnte matan en directo. La única manera de educar frente al mal es ser conscientes de lo fácil que podemos ser malvados. Normas y límites nos hacen falta porque la maldad vive cerca. Normas y límites para proteger a tus hijos de la maldad.

La tarea de ejercer de padres

Sobre el autor

Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.


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