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Autor: carlos pajuelo
Educar para prevenir el abuso
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Carlos Pajuelo | 19-11-2017 | 6:00| 0

Solo hay hombres y mujeres, mujeres y hombres. Iguales en derechos.

Solo hay hombres y mujeres, mujeres y hombres. Iguales en derechos.

Enseñamos a nuestras hijas desde que son pequeñas a que aprendan a protegerse de los comportamientos de abuso. Pero, ¿educamos a nuestros hijos varones para que no sean abusadores, cómplices de los abusos, espectadores pasivos?

Educa a tu hijo en algo tan sencillo como es que la especie humana está dividida en hombres y mujeres. Sólo hay hombres y mujeres. No hay maricones, ni putas, ni engendros; solo hay hombres y mujeres.

Enseña a tu hijo que las compañeras de su clase son mujeres. No se les dice ni guarras, ni calentonas, ni facilonas, tienen nombre, son iguales que tú. No permitas que las traten como si fueran “cosas”, “objetos de consumo”. Trabaja con ellos la empatía, tienes que hacerles ver que cuando denigra a una compañera o permite que otros lo hagan está haciéndoselo a todas las mujeres, así que dile cosas como: “¿te gustaría, hijo, que los que te rodean me insultaran, a mí, a tu madre, a tu hermana, a tu mejor amiga?, ¿cómo crees que se puede sentir una persona a la que llamas puta?, ¿cómo se sentirían sus padres si te escucharán?, ¿y sus amigos? .

Educa a tu hija a que se sienta fuerte, a que haga frente al abuso, a que lo denuncie. Haz que se sienta orgullosa de sí misma, de sus decisiones. Empodera a tu hija.

Enseña a tu hijo que a las mujeres se les respeta porque es la única manera de relacionarse entre seres humanos, respetándonos. Que la palabra NO significa que no. Y que cuando una persona no está en condiciones de manifestar su voluntad (porque haya bebido, por ejemplo) estás abusando de esa persona aunque no diga no.

Educa en la sexualidad afectiva, consentida y con sentido, equilibrada. Si no hay equilibrio en la relación entonces hay abuso. Y si abusas no eres un enfermo, eres un abusador, un desgraciado que destroza vidas de personas que, a pesar de el daño que les has hecho, pueden seguir intentado hacer su vida normal, aunque nadie más que ellas saben el daño con el que tienen que vivir.

No, yo nunca veo putas. Veo niñas, veo mujeres. Como mi madre y como la tuya, como mis hermanas y como las tuyas, como mis sobrinas y como las tuyas. Por eso me ofenden quienes llaman putas a las mujeres, quienes abusan de las mujeres, quienes las tratan como si no fueran seres humanos.

Madres y Padres, nuestra responsabilidad es trasmitir este mensaje a nuestros hijos e hijas con nuestro ejemplo cotidiano, como hombres y como mujeres, como padres y madres, como pareja. Pero también necesitamos que desde la escuela, desde los medios de comunicación, desde la política, desde la justicia, etc., todos pongamos nuestro granito de arena para dar un paso hacia adelante y así evitar la aparición de más  “manadas”.

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“Tu hijo es diferente”
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Carlos Pajuelo | 01-11-2017 | 4:02| 0

todos los hijos , todos, tienen los mismos derechos.

Todos los hijos , todos, tienen los mismos derechos.

Eso les dicen, como un disparo a bocajarro, a algunas madres y padres cuando se refieren a sus hijos. Y por si el disparo en medio de la cabeza no hubiera hecho suficiente efecto, les añaden un tiro de gracia: “te lo digo por tu bien y por el de tu hijo”.

¿Hijos diferentes? ¿Qué significa eso? ¿Les estamos diciendo a padres y madres que sus hijos son de otra clase, que no tienen sitio en nuestra estupenda, plácida y homogénea sociedad? ¿Que molestan? ¿O quizás lo que les queremos es abrir los ojos a los padres y madres porque creemos que no “ven lo que tienen en casa”? ¿Estamos diciendo que la avería está en sus hijos y que, ante eso, no podemos hacer nada más que decir, “pobrecitos” y “pobrecitos padres lo que estarán pasando”? ¿Les estamos diciendo: buscad un sitio en donde los diferentes pasen desapercibidos entre otros diferentes?

El problema es aún más sangrante porque los que les dicen a unos padres y madres “Tu hijo es diferente” muchas veces son otros padres y madres.

Los padres y madres solo tienen hijos e hijas. Hijos e hijas que comparten las mismas necesidades (afecto, educación, salud, integración social). Sólo existen  los diferentes cuando los otros les negamos el acceso a los espacios comunes porque creemos que están mejor en espacios diferentes.

Inclusión es una palabra muy bonita, pero de nada sirve si lo que tienes es miedo a los “diferentes”.

La inclusión no busca la invisibilidad de los hijos diferentes, lo que busca es lo contrario: señalar que la diversidad es una característica de los seres humanos.

Inclusión es una palabra muy bonita pero supone realizar un esfuerzo, el esfuerzo de dedicar tus recursos y organizarlos para atender a la diversidad en cualquier espacio.

Los padres y madres de los hijos “diferentes” necesitan que los otros padres y madres piensen que los hijos de los demás son tan hijos como los suyos. Y por lo tanto, que tienen derecho a lo mismo que sus hijos. A eso lo llamamos empatía.

Los padres y madres solo tienen hijos. Seres humanos. Personas. No lo olvides, cuando hablas con sus padres estás hablando de su hijo.

Cuando alguien te diga que tu hijo es diferente, la mejor manera de contestar es decir: Sí, es verdad, pero tú también eres diferente, así que échame una mano para que mi hijo pueda disfrutar de los mismos derechos que disfrutas tú.

Algunos padres y madres lo único que necesitan es comprensión, esperanza, ánimo, ayuda para poder seguir educando a sus hijos.

Ser empáticos  no cuesta dinero.

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Adolescentes: Educar no siempre es negociar.
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Carlos Pajuelo | 22-10-2017 | 5:32| 0

Educando adolescentes habrá conflictos que no es posible negociar. (Foto Abc.es)

Educando adolescentes habrá conflictos que no es posible negociar. (Foto Abc.es)

A menudo me encuentro con madres y padres que me transmiten su inquietud porque sus hijos adolescentes los están continuamente sometiendo a “negociaciones” que parecen, más que negociaciones, unos “chantajes” en toda regla. Y es que algunos llaman negociar a lo que otros llaman chantajear, y viceversa.

Hemos acostumbrado a nuestros hijos desde pequeños a situaciones como “me como una cucharada más, pero entonces puedo usar la Tablet 15 minutos”. Desde pequeños los entrenamos en que, para hacer algo, les tenemos que ofrecer una recompensa.

Cuando son pequeños, estos pequeños se pueden solucionar con una pequeña recompensa pero, conforme van creciendo, piden y piden y piden, y nunca les parece suficiente. Insaciables.

La verdad es que negociar con adolescentes es muy complicado. Es difícil porque padres e hijos tenemos diferentes objetivos a la hora de negociar.

¿Hay que negociar con los hijos? Pues lo de negociar está muy bien, suena genial, pero no siempre se puede negociar. Educar no es negociar. Educamos para que nuestros hijos aprendan a vivir, por lo tanto para que aprendan cómo se pueden alcanzar logros, pero también para que aprendan cómo tolerar la frustración de no alcanzarlos.

La negociación tiene sentido para que dos partes ganen. Pero cuando educamos a nuestros hijos los sometemos a unas normas, a asumir responsabilidades y a aceptar límites, y esto a los hijos no les parece una buena negociación. Pueden decir: “¿Qué gano yo llegando a casa a las 11 de la noche?; ¡Qué gano yo recogiendo mi cuarto?, ¿Qué gano yo responsabilizándome de mis estudios?

A los padres nos encantaría poder hablar tranquilamente con los hijos y que ellos nos entendieran perfectamente, que nos dijeran: “gracias mamá por preocuparte por mí y hacerme estar en casa a salvo a las 11 en vez de estar por ahí divirtiéndome peligrosamente con mis amigos”. Pues vas dado. Los hijos montan pollos cuando les proponemos límites, normas y responsabilidades.

Si tú lo que quieres es negociar para no tener problemas, lo tuyo no es negociación, lo tuyo es la búsqueda de un milagro. Porque negociando con adolescentes es muy fácil perder la calma. No, no se negocia para no tener problemas. Se negocia para esforzarse mutuamente en la búsqueda de la solución de un problema. Por eso hay cosas que no podemos negociar con los hijos.

Si, y además, hay hijos que se plantan y dicen que “no vengo a las 11”, “no me da la gana de estudiar”, “pues fumo y bebo”, etc. Ni negociando, ni sin negociar. Y esos son los que asustan y ¿qué hacemos con esos?. Pues te mentiría si te dijera que vas a encontrar la solución en el siguiente párrafo, pero te pregunto, ¿qué hace un padre o una madre? Educar ¿no?, pues sigue educando, sigue diciendo a las once, sigue diciendo hay que estudiar, sigue diciendo que no debe beber ni fumar,  con la tarea de educar. Educar es incomodar a veces a los hijos e incomodarnos los padres.

Pero hazlo con calma, seguridad y convicción en las normas y en los límites que propones . Esto es lo que necesitan los padres para educar hijos.

Negociar, pues claro que sí. Pero hay cosas que no se pueden negociar con los hijos cuando los estamos educando, es mucha responsabilidad esta de ejercer la tarea de ser padres y madres.

Ánimo, que crecen.

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Adolescentes enamorados, madres y padres preocupados.
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Carlos Pajuelo | 09-10-2017 | 3:22| 0

Educar la mejor manera de combatir el miedo.

Educar la mejor manera de combatir el miedo.

El tema de adolescentes enamorados es un tema que preocupa mucho a madres y padres pero que por lo general ninguneamos en nuestras casas al grito de: ¡Qué sabrás tú qué es eso de estar enamorado, déjate de tonterías y estudia!

En un pasado artículo le daba a los padres una orientaciones sobre cómo actuar ante esta situación. Hoy me gustaría hablar respecto a cómo se enamora un adolescente y a la necesidad de educar para combatir nuestros temores.

Un adolescente se enamora igual que se enamora un jovencito o jovencita, un treintañero o treintañera, un madurito o madurita… con la conjugación de tres factores interdependientes entre sí:

1.- Con una importante excitación fisiológica, si me refiero a una importante activación. Y es que los mamíferos tenemos una tendencia biológica a la “coyunta” a través del despliegue de una serie de activadores (adrenalina, serotonina, y otras inas), que tienen como función poner en acción a nuestro organismo, activarlo a base de bien.

2.- Este desasosiego genera un desasosiego de ideas que tenemos que interpretar, tenemos que darle una explicación cognitiva a qué es lo que me pasa, por qué estoy tan activo, por qué duermo menos, por qué tengo menos apetito, etc. y claro las canciones, las películas, la literatura y sobre todo el grupo de iguales nos informan de que a lo mejor estamos “enamorados” porque los días son más bonitos,  porque no puedo dejar de pensar en esa persona, porque tengo mariposas en el estómago…

3.- Todo esto acompañado de un repertorio de comportamientos, que son los que de verdad asustan a los padres: nuestros adolescentes tienen urgencia de estar continuamente con su “cari”(en presencia real o presencia whatssapiana, así que ¡ojo con las fotos!), de decirse “te quiero”, de hacerse regalos para estar presentes en la vida del otro, de hacer revelaciones secretas, de hacer o solicitar demostraciones del tipo que sea para que vean que el amor es verdadero (ojo otra vez con las fotos y vídeos), de besarse, de seguir besándose, y no te asustes padre o madre, tienen ganas de iniciarse en nuevas experiencias relacionadas con el sexo.

¿Están enamorados o están “hormonorevolucionados”? Da igual, tú tienes que educar y no es suficiente con que le digas que son pequeños aún para preocuparse por este tema y des carpetazo.

Habla del desarrollo de la afectividad con tus hijos y eso te obligará a hablar de sexo con tus hijos e hijas, háblales para que tú puedas saber todo lo que ellos saben y les puedas reconducir en alguna idea errónea. Habla sin miedo, sin tapujos, sin vergüenza, informa a tus hijos e hijas, bien clarito, sin metáforas. Y no esperes que ellos y ellas estén encantados con esa conversación.

Habla de biología aplicada, no te quedes en lo de los óvulos y los espermatozoides y dile a tu hijo o hija, que en este camino de construirse como un adulto maduro tiene también posibilidades de tener experiencias negativas (eyaculador precoz, incapaz de tener erección, falta de disfrute, asco, etc.) y que si no saben interpretar correctamente estas experiencias pueden condicionar su futura vida sexual.

Hablad de educación afectivo-sexual porque el camino de la sexualidad, es un camino que hay que recorrer y que como padres tenemos la obligación de informar, de trasmitir valores y de poner límites.

La actividad sexual está cerca de tus hijos (ahora no se juega a las cerillas, ahora se juega al semáforo) y mirar para otro lado, pensando “¿mi hija?, pero si es una niña; ¿mi hijo?, si es muy inocente…” no les va a ayudar en su educación.

Tus hijos se hacen mayores. ¡Quién dijo miedo!

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Los padres que creían tener tesoros en vez de hijos
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Carlos Pajuelo | 01-10-2017 | 4:11| 0

 

Los hijos no son un tesoro, el verdadero tesoro es educar a los hijos.

                      Los hijos no son un tesoro, el verdadero tesoro es educar a los hijos.

Mi tesoro, mi tesoro” con esa frase Gollum se trastorna, y bien trastornado, en la trilogía del Señor de los Anillos. No digo yo que los padres nos trastornemos con nuestros “tesoros” caseros, pero la verdad es que quizás, algunas veces, tanto brillo nos deslumbre y no nos deje ver con claridad que nuestros “príncipes” y “princesasno son más que niños y niñas, que, además de parecerse un montón a su padre y/o a su madre, lo que necesitan es educación. Educación porque, además, muchos de esos “príncipes y princesas” van a mutar en adolescentes “republicanos” y para esos días ya tienes que tener adelantada mucha tarea.

Ver a los hijos como niños y niñas en vez de verlos como tesoros nos permite verlos como son, con sus defectos y sus virtudes y esto es lo que más nos puede ayudar a la hora de educarlos, a la hora de establecer límites, a la hora de afrontar los momentos difíciles, a la hora de señalar lo que los padres consideramos tolerable y lo que es intolerable.

No seas injusto, ver a tu hijo como un tesoro lo que hace es que te quitas la responsabilidad de educar.Mi niño es un tesoro, un figura, un no veas lo que sabe, etc.” y cuando se haga adolescente, “¡ayyy, este niño ha cambiado!, ¡ay, se está perdiendo!, ¡ay, ha mutado de encanto a cactus con pinchos”. O sea, otra vez la culpa del niño.

Abre los ojos, educas a una persona, le estás dando a tu hijo o a tu hija herramientas para que se construya, para que aprenda a vivir en una sociedad en la que va a recibir múltiples influencias y la tuya es fundamental.

Si crees que tienes un tesoro vas a dejarlo huérfano, huérfano de guía, huérfanos de límites, huérfano de maneras de actuar.

Si crees que tienes un tesoro vas a hacerle creer que el mundo que le rodea es hostil cuando no vea su brillo.

Si tratas a tus hijos como si fueran tu tesoro solo vas a ver “piratas patapalo” al acecho de tu tesoro. Nadie será lo bastante bueno para tu tesoro.

Si crees que tienen un tesoro no querrás que sufra, le evitarás todo el sufrimiento posible, le vivirás su vida. Le engañarás. Y el día que tenga que enfrentarse al sufrimiento se vendrá abajo y tú detrás de él o de ella. Y ¿quién va a poner orden, tranquilidad, guía, etc. entonces?

Si crees que tienes un tesoro, te perderás la vida real de tu hijo o de tu hija y sufrirán porque ellos saben que no son unos tesoros y nada de lo que hagan podrá satisfacer las altas expectativas que tienen sus padres puestas en ellos.

Abre los ojos, tienes algo mucho mejor: eres padre, eres madre y ejercer esa tarea, educar, si que es un tesoro para tus hijos. 

El tesoro de educar.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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