El tercer Domingo de octubre, desde hace bastantes años se celebra a nivel nacional una jornada especial para la Iglesia, denominada “Día del DOMUND” (DOMUND es acrónimo de Domingo Mundial). Esta jornada está al cargo de las Obras Misionales Pontificias y lleva perdurando desde el año 1926. Con este motivo en Extremadura nos han venido visitando anualmente unos guiris particulares en forma de hucha, con las figuras de diversas razas y geografías.
Quizás convenga saber que el Domund tuvo su “inventor”, el que fue el primer director nacional de Obras Misionales Pontificias en España (de 1926 a 1968), don Ángel Sagarmínaga. De él podemos aprender muchas cosas, pero una de ellas es a trabajar sin pensar en términos de “éxito” o “fracaso”. “Se hace con paz —y constancia— lo que haya que hacer, y se pone todo en manos de Dios”.
Sagarmínaga llegó a ser conocido como “el hombre del DOMUND”, pero ese sobrenombre esconde una historia singular de esfuerzos, fracasos y tenacidad contra viento y marea. Y así fue desde el principio: cuando se lanzó a impulsar la celebración en España del primer Domingo Mundial de las Misiones, en 1926, obtuvo el “gran éxito” de que respondieran solo dos diócesis. Pero siguió adelante… Y al año siguiente fueron solo seis. Pero siguió adelante…
Año tras año, don Ángel continuó su infatigable trabajo de animación misionera en circunstancias nada fáciles. De hecho, con su sentido del humor, él decía de su papel en esos comienzos: “Estaba siempre al pie del cañón; cosa en extremo difícil… porque antes tenía que fabricar el cañón”. Don Ángel insistía en que no tienen que distraernos ni los aparentes logros ni los aparentes batacazos. Tan claro lo tenía que llegó a decir: “El Papa no me ha enviado a conseguir éxitos, a recaudar limosnas, sino a predicar”. Y así se lo transmitía a sus colaboradores: “Dios no nos exige el éxito: nos exige el trabajo”.
El Domund, como toda buena campaña de imagen ha podido reconocerse perfectamente de lejos, de cerca, y a través del tiempo. Pero quizás su símbolo más reconocible hayan sido las huchas, presentes en el imaginario colectivo de muchas generaciones, y así se han conocido huchas de cerámica vidriada, de lata y material plástico. También hemos podido ver infinidad de carteles, uno por cada año de la campaña en los que pueden reconocerse fácilmente los gustos estéticos y sociológicos de cada época. También se han editado múltiples banderines y pegatinas.
Además de la cuestación, por emulación, también, el Domund se ha escenificado en muchas obras escolares e incluso en cabalgatas.