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Las asignaturas en las que hacemos pellas
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José Antonio González | 21-02-2017 | 10:18

¿Qué nos depara el futuro? Bendita pregunta con la que comienzo estas líneas. Si me leyeron en mi primer post de este espacio, sabrán que me gusta ayudarme de significados y acepciones del diccionario. En esta entrada, sin ir más lejos, me voy a la palabra educación, en la que puedo leer: acción y efecto de educar; instrucción por medio de la acción docente; y crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes.

Como se desprende en las definiciones, la educación pretende formarnos en lo personal y en lo profesional. La frase “es un problema de educación” debe estar en el preámbulo del hipotético manual de ¿Cómo salvar al mundo?  Yo no voy a entrar en cuestiones utópicas, pero sí en realidades y necesidades que podrían hacernos la vida más fácil si estuviéramos preparados para ello.

Ya tenemos definición, tenemos la “solución” para salvar el mundo, y ahora la completamos con una teoría, la del caos. Esta teoría, muy utilizada en los campos de las ciencias, explica que el resultado de algo depende de distintas variables y que es imposible de predecir. ¿Qué nos depara el futuro? Puede sonar catastrofista, pero nada de eso. De alguna manera u otra podemos intentar prevenir el futuro partiendo de la incertidumbre.

Humanizamos la teoría. Si es imposible determinar el futuro, la educación nos forma como personas y profesionales y además es la solución “a todos los males”; ¿qué tal si trabajamos en el aula la gestión de las emociones? No me vale con una actividad extraescolar, debe ser una competencia básica que se trabaje a todas las edades.

El psicólogo norteamericano Daniel Goleman lo vaticinaba en su publicación de 1995, en la que aseguraba que la coeficiencia emocional iba a sustituir a la intelectual. Al menos un 80% del éxito en la edad adulta proviene de la inteligencia emocional, expone Goleman. Si vivimos en mundo que cabalga a ritmos presurosos de cambios por cuestiones económicas y tecnológicas, por qué no nos enseñan desde pequeño a controlar las emociones en todos los ámbitos de la vida para ser personas más conscientes, responsables y felices.

Una vez controladas nuestras emociones. ¿Y si aprendemos a gestionar el tiempo? En el manual de las excusas por no hacer algo siempre decimos “No he tenido tiempo”. Claro que sí, muchas veces lo será por eso, pero otras porque no lo hemos optimizado. Lo peor es que cada vez más los dicen los niños en Primaria y Secundaria, cuando se suponen que tienen la edad ideal para disfrutar del ocio y tiempo libre. Trabajar las técnicas adecuadas desde pequeños nos ayudará a ser más eficientes, y por ende, poder conciliar la vida profesional con la personal.

Muchas veces la no optimización del tiempo se deriva del exceso o mal uso de las redes sociales. La mayoría de los adolescentes tienen Smartphone y están conectados a la red, sin embargo, el analfabetismo digital es una realidad. No por ser nativo digital o estar las redes sociales sabes utilizar las TIC, es un grave error. Mucha gente no sabe ni enviar un correo, hacer una búsqueda personalizada, y mucho menos conocen el potencial de la red para proyección personal y profesional, o se dan cuenta de las consecuencias que puede tener su comportamiento en internet. Las TIC ya están dentro del programa educativo, no obstante, a veces damos por hecho cosas que parecen pero no son.

En abril de 2016 estuve presente en el  evento de garantía juvenil organizado por el Consejo de la Juventud de Extremadura donde pude conocer la realidad de este programa, los ejemplos de buenas prácticas, y la situación de los jóvenes extremeños. Del espacio de ponencia y debates se extrajeron como conclusiones que había que trabajar de forma transversal las TIC, los idiomas, y las habilidades sociales. En cuanto a idiomas ya estamos avanzando, pero las habilidades sociales hay que trabajarlas más.

Continuamente nos encontramos con jóvenes a los que les cuesta hablar en clase, ni siquiera delante de sus compañeros,  no son capaces de responder a las preguntas que les hacen, y carecen de capacidad para expresar lo que quieren trasmitir. Trabajar esta área, y fomentar la comunicación y las presentaciones en el aula serviría para mejorar las habilidades sociales y educar a personas más capaces.

Otra realidad a la que nos enfrentamos es a que las máquinas sustituirán a las personas en trabajos de producción y que el mercado laboral no podrá absorber a toda la población activa. Ya está pasando, y escuchamos a nuestros líderes políticos decir que hay que crear empresas, pero… ¿ser emprendedor se nace o se hace? Hablamos de emprendimiento a pecho descubierto pero no se trabaja lo suficiente en edades educativas. La Junta de Extremadura lleva varios años poniendo en valor la cultura emprendedora a través de los programas Junioremprende, Teenemprende y Expertemprende. Sin embargo es un programa voluntario que depende del interés del maestro o profesor que inscriba a la clase. ¿Por qué no incluimos esta formación en el  sistema educativo desde bien pequeños? Creo que una persona estará más preparada para crear una empresa si aprende estas habilidades desde primaria.

¿Y si encima trabajamos la autoestima, la autovaloración, y el respeto por uno mismo? ¿Y si ahora las asignaturas de toda la vida la aplicamos a la vida real? ¿Y si incluimos a la familias en el proceso? Muchos pensarán que me he tomado algo para decir esto, pero yo saco pecho y miro a aquellos centros educativos que por sí solos están dando pasos de gigante y se están siendo reconocidos por sus buenas prácticas educativas. Dos nombres propios, el Colegio Público Miralvalle en Plasencia, y el Colegio Público Montero de Espinosa en Almendralejo. Conozco sobre todo este centro, donde aprenden en matemáticas a gestionar el presupuesto y a hacer las compras para dar de desayunar a toda la clase durante un mes. Donde para trabajar el arte convierten el centro en un museo y donde cada clase se preocupa de confeccionar su sala y preparar las visitas guiadas. Donde además se involucran las familias a través de grupos interactivos.

Ahora lanzo varias cuestiones: ¿ha aprendido a fracasar y a equivocarse? ¿Cuándo? ¿Cómo lo superó? Algo que parece tan fácil tiene que ser un pilar en nuestra educación junto a la responsabilidad y el esfuerzo. No hay que ser tan exigentes, podemos equivocarnos una y otra vez, y  lo más importante es estar preparados y educados para gestionar este fracaso.

Yo soy un simple joven al que le gusta escribir opiniones en este espacio.  Quizás los que puedan cambiar algo son los que han aprobado hasta 7 leyes educativas desde 1970. A lo mejor es hora de que se sienten todos los agentes políticos, educativos y familiares para trabajar con vistas más allá de los próximos cuatro años, no solo en el diseño del plan educativo, sino en la formación de los futuros educadores, para mí una de los profesiones fundamentales para el desarrollo de la sociedad.

Como decía el psicólogo Daniel Goleman: Los líderes verdaderamente efectivos se distinguen por su alto grado de inteligencia emocional, que incluye la autoconciencia, autorregulación, motivación, empatía, y habilidades sociales. Y por favor, nunca demos de lado a la creatividad.

 

Sobre el autor Jóvenes HOY
Cada joven con sus opiniones, sus vivencias, sus deseos y sus problemas. Cada joven diferente con ganas de contar qué le pasa y qué le preocupa. Jóvenes iguales en sus diferencias. Y con este espacio #jóvenesHoy para ser usado como ventana al mundo en la que asomarse. Seís jóvenes que irán desgranando poco a poco su forma de afrontar el día a día y qué esperan de los años que empiezan a vivir. José Antonio, Victoria, Víctor, Cristina, Esther y Francisco Javier son la voz de la población juvenil extremeña en el diario Hoy