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Manuel Pecellín

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HORTELANO Y LECTOR

Sabíamos que José Julián Barriga (Santiago del Campo, 1943) era uno de los periodistas extremeños con más amplia trayectoria profesional y mayor compromiso con su tierra. Redactor de los diarios HOY, Pueblo y YA (donde fue director adjunto), así como de la agencia EFE; director adjunto de los Servicios Informativos de la COPE y de los Servicios Informativos de la Presidencia del Gobierno, cuando Adolfo Suárez, y, a partir de 1981, director general de Relaciones Informativas de la Presidencia del Gobierno; director de COMTELSA, agencia especializada en información económica; vicepresidente de SERVIMEDIA durante 1992-2005, periodo en el que editaría una larga veintena de revistas y creó varias publicaciones digitales; miembro directivo de la Asociación de la Prensa de Madrid; contertulio habitual de la COPE, ONDA CERO, TVE, PUNTO RADIO, etc., etc., este cacereño, que ha viajado por medio mundo, pone de manifiesto en su libro otras dos facetas admirables, según recoge el título de estas líneas. Sobre ambas escribe sosegadamente un texto magnífico, alternando en cada entrada una y otra, dándole distinto tratamiento gráfico: caja redonda para la primera, cursivas en la segunda. Entre las dos establece una y otra vez lazos socorridos por asociaciones de ideas, espontáneas o reflexivas.
“Del monte en la ladera/por mi mano plantado tengo un huerto/que con la Primavera/de bella flor cubierto//ya muestra en esperanza el fruto cierto”, cantaba orgulloso fray Luis. También nuestro autor posee casa y huerta en la Calleja del Altozano. Pese a tantas labores periodísticas por él desarrolladas, supo encontrar tiempo para volver asiduamente a sus raíces rurales y no romper lazos con la cultura campesina de la que se impregnó en la infancia. Cada parte de la obra, dividida como otras clásicas según las estaciones del año, recoge las vivencias del autor en su territorio cacereño. Sin duda, la época primaveral, con la que abre el libro, cuando Extremadura viste sus campos de galas inigualables, es la tratada más amplia y brillantemente, pero en absoluto desmerezcan las otras tres. Siempre, con la oportuna de Juan Ramón, su poeta más requerido. Este hortelano atípico sabe apreciar como pocos paisaje y paisanaje, los usos y costumbres, la historia y las extraordinarias creaciones de su rincón rural. Sin menosprecio de la “Corte”, ha logrado componer encendidas alabanzas de la “Aldea”, en un lenguaje que admira por su precisión y brillantez. Barriga conoce el nombre exacto de las cosas: plantas, árboles, piedras, aves, arroyos, cerros, barrancos… , así como el de las personas allí asentadas, con las que gusta compartir antiguas leyendas e historias más o menos actuales, hablar de las tradiciones, sopesar el curso cotidiano de la vida y trocar graciosamente los frutos de los respectivos bancales
Pero Barriga se nos muestra también como un lector prodigioso. Aunque nada escrito le es ajeno, sus dedicaciones siguen una doble línea. Por un lado, ama las obras que dicen relación directa con la agricultura. Por otro, las biografías de los autores vinculados al terruño, el locus amoenus gozado merced a herencia, compra o amistosa cesión. Como bibliófilo sin mácula, Barriga los ha ido leyendo en ejemplares de su propiedad, adquiridos muchas veces tras afanosa búsqueda; señala las particularidades de cada volumen, antes de someter los contenidos a nuestra consideración. Y, por más que se obstine en presentarse cual lector amateur, avanza análisis formales de cada obra y escritor , tan sugerentes como los del mejor crítico. Merced a estas páginas, cargadas de guiños, vemos transitar, por decir algunos de tantos, a Columela o Varrón por sus predios romanos; a Baroja en su caserío ; Jünger en Kirchhorts; Pla, sobre el camino viejo de Begur; Rilke admirando a Ronda; Canetti, en Rustchuuk; al Tolstoi de Yásnaya Polyana; Proust, du côté de chez Swann o Brenan recorriendo las Alpujarras. Y, siempre, Juan Ramón próximo a Moguer.
Melancólico, con un punto de epicureísmo, admirador de la ILE, mitómano de la belleza, humilde y consciente de las contradicciones propias, José Julián Barriga ha compuesto en estas sus memorias parciales un libro extraordinario, con el que se goza y aprende sin solución de continuidad.

José Julián Barriga Bravo, Calleja del Altozano. Madrid, Beturia, 2011.
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