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Manuel Pecellín

Libre con Libros

Las destrezas del Agua de Araújo

Joaquín Araújo llegó a Extremadura hace 30 años, y aquí sigue.

Joaquín Araújo llegó a Extremadura hace 30 años, y aquí sigue.

Nadie extrañará que alguien tan comprometido con el estudio,

conservación y defensa de la Naturaleza se muestre fascinado por uno

de sus principales elementos, justo aquel al que ya Tales, el primer

filósofo occidental, consideraba el principio de las cosas todas. Es

el caso de Joaquín Araújo (Madrid, 1947), el ecologista que se vino a

Extremadura hace treinta años y, sin dejar de moverse por el mundo

entero, aquí sigue, dedicado a labores múltiples. Le gusta

presentarse como agricultor, ganadero y selvicultor, que ha plantado

personalmente 22.000 árboles y propiciado la plantación de otro

millón y medio. También conferenciante, contertulio, articulista,

guionista y director de documentales, ha tenido tiempo para escribir

casi un centenar de ensayos, más una comedia y tres poemarios.

La vena lírica de Araújo resulta evidente en todas las manifestaciones de

su compleja personalidad, según pueden testificarlo muchos miles de

lectores y oyentes. Lo demuestra, una vez más, en este su último

libro, exquisitamente impreso.

Lo primero que atrae la atención es la originalidad del formato: un

centenar de páginas apaisadas, compuestas en caligrafía manuscrita por

el propio escritor y tinta azul, en las que a menudo aparecen

pictogramas chinos, acordes con los poemas ilustrados.

Todos los versos se ocupan monotemáticamente, cual si de una sinfonía

reiterativa se tratase, del agua, único leitmotiv.

Y es que, según adelanta Araújo en el hontanar de los preliminares, “Nada hay, a

excepción del aire, del que también forma parte, tan abierto. Tanto

que el agua camina siempre en dos direcciones al mismo tiempo.

Coloniza y es colonizada. Tesoro, pues, esté donde esté. Nunca se

cierra ante anda. En consecuencia, nunca dejar de fluir por dentro de

todos los paisajes, todos los seres vivos, todos los tiempos… ¿Todos

los futuros?” (pág. 4)

Esta interrogante, pregunta que no quiere ser dramática (considerando

la despilfarradora e irresponsable actitud de industrias y

ciudadanos), sino terapéutica, explica la motivación de no pocos

versos, si bien la mayoría están destinados a cantar las destrezas

del agua y los vínculos profundos que con el hombre la ligan. El

autor nos quiere trasmitir en estos encendidos poemas, plagados de

elementos simbólicos, la pasión que por ella siente.

Aunque la mayoría son de amplio alcance, no falta un conjunto de haikús, cuya

desnudez y brevedad tan oportunamente se adecúan al líquido elemento,

capaz de recoge en una sola gota todo un mundo de sensaciones ,

microorganismos y significados.

Amante del oximoron, las paradojas, el retruécano , los neologismos (“ el agua inmensea”, pág. 56) y otros

juegos lingüísticos, Araújo

nos sorprende una y otra vez con imágenes esplendorosas, metáforas

tan imprevistas como felices: “el agua es un ojo que mira/al universo

sin pestañas ni/párpados” (p. 28); “el agua es el hueso del aire/en

el cuerpo de la vida (pág. 32); “la piedra del agua es lisa como/la

piel del aire” (pág. 34); “la tierra mojada huele a Génesis” (pág.39);

Somos una caña pensante, proclamó Pascal. Somos “agua que piensa “,

parafrasea el ecologista, a menudo inmerso en definiciones semánticas

y etimológicas o excursos filosóficos y metalingüísticos. Y puesto

que, contra el dicho común, toda agua pasada sigue moviendo y llorar

se llora siempre con agua (pág. 43) y no hay mejor causa que defender

lo que causa la vida (pág. 49), nos adherimos convencidamente al

toque de atención: “Siempre al lado de lo que nos/hace, como el agua.

Siempre en/contra de los que nos deshace/como el desprecio” (pág. 63).

Sin olvidar que el agua también mata, pero sólo cuando antes la

habían matado. Concluimos con unos versos, a los que en la obra

ilustra el correspondiente ideograma chino , de tanta belleza

plástica como conceptual: “honesto es el que disfruta con el agua

limpia”.

Joaquín Araújo, Agua. Gadir Editorial, 2012.

Blog dedicado a la literatura de Manuel Pecellín

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