El año 1947 aparecía en México (Ed. El Libro perfecto) la obra “Vísperas de la guerra civil“, prologada por Indalecio Prieto, uno de los pesos pesados del socialismo español. Su autor, Luis Romero Solano, nacido en Alcántara (1908), seguía sintiéndose orgulloso de proclamarse albañil, aunque había sido una figura relevante de la izquierda en Extremadura, con cuyos votos fue diputado en Cortes en 1933 y 1936.
“Era una personalidad joven, moderna y atractiva que presta contraste con los santones clásicos del socialismo cacereño, siendo uno de los mejores oradores de la Casa del Pueblo y colaborador asiduo de su periódico “Unión y Trabajo”.
En 1935 y tras la revolución de octubre publica un libro bajo el título “Sangrías de la revolución”, han escrito en otro lugar los responsables de esta reedición de Vísperas de la Guerra de España. Por cierto, meses después de salir por vez primera a la luz, la Dirección General de Propaganda de la dictadura franquista ordenaba secuestrar todos los ejemplares de dicho libro que pudiesen entrar en España. Se reedita ahora, anteponiendo al prólogo del dirigente astur-bilbaíno un amplio preliminar que suscribe Felipe Cabezas Granado.
Especializado en el estudio del exilio extremeño, el joven historiador, que junto al profesor Fernando Ayala ya se ocupó anteriormente de la figura de Romero Solano, compone aquí una muy interesante biobibliografía de este autodidacta alcantarino. Para eso ha tenido que investigar tozudamente en archivos, bibliotecas y hemerotecas, valiéndose también de los servicios que hoy presta Internet.
Como el título sugiere, Vísperas de la guerra civil es obra centrada en los meses inmediatos a la sublevación militar de julio de 1936. Romero Solano se esfuerza por recomponer el clima de máxima tensión que se vivía en España, esforzándose en presentar la conducta e ideología de los principales dirigentes de los partidos y sindicatos.
Para que no se le puedan achacar desviaciones interesadas, lo hace recurriendo a testimonios directos, lo que lo induce a reproducir literalmente discursos parlamentarios (de Azaña, Prieto, Largo Caballero, Gil Robles…), crónicas y artículos periodísticos (Miguel de Unamuno, Ortega), decretos oficiales, declaraciones de líderes, autos de instrucción, etc., sin precisar las fuentes de donde los ha ido tomando, aunque no caben dudas de su exactitud.
Inútil decir que nuestro hombre, partidario fervoroso de la joven II República, embiste contra los que tiene por enemigos acérrimos de la misma: organizaciones conservadoras, Iglesia católica, ejército africanista, banqueros y terratenientes, el fascismo internacional, etc.
No obstante, no le falta lucidez para admitir, aunque sea a regañadientes, errores propios, cometidos por los que él considera de los suyos. Los fallos de las fuerzas izquierdistas le resultan especialmente graves a raíz del alzamiento militar, que a él le sorprende en Extremadura.
El capítulo XII y último del libro, para mí el de mayor interés, está dedicado a relatar cómo pudo eludir las persecuciones de los falangistas, que lo buscaban para fusilarlo, y pasar a zona republicana, donde combatió contra los franquistas hasta el final de la guerra. Murió exiliado en México (1981), sin renunciar a sus ideales de juventud.
Luis Romero Solano, Vísperas de la guerra de España.
Madrid, Fondo de Cultura Económica, 2012.