La escritora extremeña (Granja de Torrehermosa, 1949), afincada desde joven en Cataluña, sabe bien en qué consiste la “condición del extraño”, como ella misma tal vez se siente en la tierra donde la nacieron (aunque nunca olvida las raíces) y en la de acogida (pese a su fecunda inserción en la cultura catalana). Tal vez por eso abre su nuevo libro con cita de A. Camus, uno de los analistas más agudos de la “extrañeidad” (recuérdese, v.c., su relato La mujer adúltera).
Exquisitamente impreso, lleva un muy amplio estudio preliminar de Jesús Moreno Sanz (Cáceres, 1949) , sin duda el ensayista español que mejor conoce la obra de María Zambrano. A enseñanzas de la filósofa malagueña se recurre aquí más de una vez, por las resonancias que de ellas percibe el prologuista en los poemas de Efi Cubero, tan enamorada también de la “razón poética” y la búsqueda de lo radical como explicación de su propia escritura.
“A contracorriente de toda la pasarela cultural de vanidades, se diría que con voluntad de mantenerse en cierta penumbra, Efi Cubero ha venido cultivando desde hace largos años una escritura plural – crítica literaria y de arte, ensayo, narraciones breves, variados prólogos a libros de narrativa, prosa poética o lítica, múltiples entrevistas a notables escritores o artistas, de entre los que cabe señalar en especial a J.M. Valverde, A. Sánchez Pascual, J.A. Goytisolo, Javier Cercas, Dulce Chacón, Luis Pastor o Joan Brossa-; pluralidad de escritura que semeja un delta que converge hacia el mar de una integridad poética, en la que prima una muy singular y específica esencialización de la plabara, caracterizada siempre tanto por una penetrante mirada como por una sobria contención que huye de toda gestualidad estilística enfática”. Así comienza Moreno Sanz su lúcido prólogo, en el que va desentrañando los libros anteriores de la de Granja, apoyándose a menudo en los análisis que de los mismos hiciese Simón Viola en el prólogo a Borrando márgenes (2005), para adentrarse de modo singular en Condición del extraño, que toma titulo precisamente del segundo poema.
Adentrándose con valentía en “el mar interior de la conciencia”, donde sobrevive todo un acervo de emociones plurales, acaso con especial relevancia de las nacidas durante la infancia y adolescencia del sujeto (lo que resulta indiscutible en la parte tercera y última del libro), la autora construye un cálido discurso lírico con versos casi siempre libres, aunque no falten algunos asonantadas y hasta un soneto. Mujer que brinda por los extraños (pág. 82), rinde homenaje a otros que tanto sabían de soledad (Nietzsche, Wittgenstein, Miguel Hernánde,.Heidegger, Juan Ramón Jiménez), contraponiendo a menudo urbe y pueblo, mientras describe sus visitas a grandes ciudades (Florencia, París) o al rincón natal. Pero ella reconoce que “es extranjera en los entornos, variados y dispersos” (pág. 126). Sólo parece seducirla la pasión por el lenguaje, siendo el término “palabra” el más recurrente en todos los poemas. No obstante, resulta significativo que la obra concluya con el denominado “Jara”, acaso porque sabe y declara que, al fin y a cabo, en su búsqueda del lenguaje puro, de lo sustancial frente a lo efímero, “respiras por las venas de la secreta voz/que te dictó por siempre la tierra y sus verdades”.
Efi Cubero, Condición del extraño.Sevilla, Siltolá, 2013