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Categoría: literatura
LA IGLESIA DEL AMÉN

Con más de ochenta obras publicadas, casi tantas como años vividos, al sacerdote y periodista extremeño (n. Segura de León), residente en Madrid, se le nota cada vez más firmen en la defensa de sus ideales. Pasan éstos por demandar profundas reformas en la iglesia católica, a la que pertenece con todo convencimiento, aunque sin perder el sentido, incluso el deber, de la denuncia profética. Aradillas se esfuerza siempre por distinguir entre el trigo y la paja; el dogma y la opinión; lo fundado evangélicamente, de lo que sólo es fruto coyuntaral de circunstancias históricas. Por otra parte, como hombre dedicado al ejercicio de la pluma y la palabra, conoce bien la importancia del lenguaje: rehúye del suyo  las estridencias (no las provocaciones)  y le duele que en el mundo eclesiástico se multipliquen las voces, expresiones, gestos ,símbolos y rituales arcaicos, inasumibles por la sociedad moderna.

Por ejemplo, la recurrencia del “amén”, término que, según el autor, podría resumir la actitud  sistemáticamente forzada por la Jerarquía a sus fieles, incapacitados para opinar y, menos, defender otras ideas que las impuestas por el magisterio oficial. Como las que Aradillas ha ido formándose sobre asuntos capitales: celibato opcional del clero,  supresión de la curia vaticana,  opción preferente por los pobres del mundo,  participación del Pueblo en la elección de los obispos,   lucha sin cuartel contra la pederastia,  respeto a Lutero y sus propuestas,alternativas penitenciales a la confesión ,  nueva moral sexual, apertura ecuménica a otras religiones, liturgias menos aburridas, depuración del santoral cristiano, abandono de los sígnos de poder (palacios, mitras, tiaras,  jefatura estatal, fórmulas mayestáticas) y un largo etcétera. Aunque el centro de sus consideraciones viene ocupándolo desde hace mucho (recordemos obras como “La iglesia, último bastión del machismo”, “Mujer creeciente, ¿pareja menguante?”, Mujer en la Iglesia: la rebelión pendiente”, o los continuos  apuntes en su blog de internet) la  real igualación de los dos sexos en todo lo relacionado con la estructura eclesiástica. Pocas cosas juzga tan precisas como el acceso de la mujer al ministerio, en absoluta igualdad con el hombre.

Sobre todos estos puntos Aradilla va deslizando, con ágil pluma, un conjunto de interrogantes, reflexiones  y sugerencias , que, según recoge el título, ha querido dirigir explícitamente  al nuevo Papa, un pontífice tal vez capaz de emprender las tan difíciles como indeclinables reformas. En ocasiones, aunque no es amigo de ejemplificar con datos personales concretos, lo hace sin morderse la lengua, como al pedir la renuncia de Rouco Valera o la eliminación de los privilegios concedidos al Opus, los Kikos, Comunión y Liberación y otras asociaciones similares.

Admirador confeso de Erasmo (de cuya pensamiento incluye una apretada síntesis), Aradillas prosigue incansable sus labores “pro Ecclesia reformanda”..

Antonio Aradillas, No a la Iglesia del Amén. Madrid, Liber Factory, 2013

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Poetas extremeños

Portada libro de Antología Poética.

Portada libro de Antología Poética.

Catedrático de literatura, el Dr. Antonio Salguero es seguramente uno de los profesores que más atención presta y mejor conoce la literatura que se ha hecho en nuestra región. Sobre dicho tema tiene publicadas distintitas obras, entre las que sobresalen las referidas a Jesús Delgado Valhondo, autor a quien dedicase su tesis (Cáceres, Universidad de Extremadura, 1999) y cuya poesía completa se ocupó de editar en tres volúmenes (Mérida, ERE, 2003).

Este nuevo trabajo suyo, concebido como una “Antología del siglo I al XXI”, según se titula, pretender ser “un recorrido cronológico por la historia lírica de Extremadura, con el objetivo de seleccionar una amplia muestra de poemas de  poetas nacidos dentro del espacio geográfico que hoy se denomina Extremadura”, declara el autor en los preliminares (pág. 19).

Para tal fin, se fija en 44 escritores, de cada uno de los cuales ofrece seis poemas, debidamente anotados. Como Toda selección, especialmente cuando ha de hacerse entre nombres contemporáneos, por fortuna abundantes, resulta discutible y disgustará a más de uno. Por poner algunos ejemplos, no es fácil entender que, frente a otros coetáneos elegidos, se oculten nombres como los de Agustín Villar, Ángel Sánchez Pascual , Efi Cubero o José Antonio Ramírez Lozano, por referirme sólo a lo que el estudioso denomina Poesía de la Transición (1970-1980).

Planteada con claro afán pedagógico, la antología se atiene a un esquema de trabajo bien definido: contextualización histórica del autor, análisis de sus características y muestras de su quehacer poético.

Salguero, según hiciese Rodríguez Moñino en la ya mítica Historia Literaria de Extremadura, se retrotrae hasta los primeros textos (latinos y griegos)  localizados por la epigrafía, para, sin omitir los arábigos y medievales, llegar a los más recientes.

Resulta difícil justificar las razones por las que el antólogo ha preferido silenciar las fuentes bibliográficas de donde toma los poemas que reproduce (o a quiénes se deben las traducciones utilizadas).

Alguna imprecisión histórica es también perceptible, aunque ninguna tan ingenua como volver a la jamás localizada “lápida del obispo Daniel” (que se dice “el único escrito mozárabe extremeño”, pág. 27), un supuesto texto latino, que nadie ha podido ver, inventado muy probablemente por Solano de Figueroa, según las sólidas demostraciones de Terrón Albarrán y Tejada Vizuete.

Son pequeños lunares en una obra muy trabajada, de suma utilidad para docentes y alumnos, que podrán enriquecer conocimientos con la generosa bibliografía aportada en el apéndice oportuno.

Salguero Carvajal, Antonio, Panorámica de la poesía en Extremadura.
Badajoz, Fundación Jesús Delgado Valhondo, 2012

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INDIGNADOS Y DESESPERANTES

Cuando aún siguen activas muchas de las concentraciones de jóvenes  “indignados”,  (y no tan jóvenes: yo mismo estuve varias veces en la de Badajoz), me llega esta  pieza dramática  a cuyo protagonista masculino  le cuadra de algún  modo esa calificación. Aunque tal vez le vaya  mejor la de “desesperante”, por las reacciones que su conducta habitual genera en sus atribulados progenitores, incapaces de comprender, y mucho menos aceptar,   los comportamientos  del muchacho.

El autor de la obra, con la que obtuvo el  premio FATEX 2010 al mejor escritor teatral extremeño,  no es precisamente un recién llegado a las tablas.  Natural de Llerena (1960), fundó en el ya remoto 1984 “Paraíso Tlaloc”, una de las primeras compañías profesionales de la Región.  Con  ese grupo representó numerosas veces   Gracia loca, alcanzando un innegable éxito como director y escenógrafo. Participaría también en la creación (1994) de la compañía “Teatro de papel” y en dos ocasiones (2008 y 2009) fue nominado para el Premio Jara de Teatro Extremeño como mejor director merced a los montajes de Cyrano  y El enfermo imaginario. Suya es también la adaptación dramática de la novela de Óscar Wilde El retrato de Dorian Grey.  Ha impartido cursos de dramatización para ayuntamientos, universidades populares y profesorado.

La acción de La mirada  transcurre toda  en un edificio industrial abandonado, como tantas películas del cine negro,  y durante los pocos minutos que podría exigir su  puesta en escena.  Allí se refugia  Alicia, para esquivar la persecución  de quien supone pretende violarla. Más rápido que ella,  el implacable  joven la alcanza  y recluye entre aquellos muros, desencadenándose entre los dos el enfrentamiento clave de la obra. Pronto se ve que el presunto violador no es un loco arrebatado, capaz de sumir en la humillación máxima a la  desgraciada mujer con quien tope.  El diálogo que generan,  más  o menos discutible desde el punto de vista de la verosimilitud, es todo un tratado de psicología juvenil,  con evidentes referencias sociopolíticas.

La fatalidad hace su aparición y nada va a detener la tragedia, aunque Alicia trate de impedirla.  Segura  pronto de que el chico no va a hacerle daño, consciente de que tal vez incluso la ama, se esfuerza para que el  inspector de policía, oportunamente llegado a escena,  no dispare. Lo hará, al creerse amenazado (otro truco de cine)  por una simple navaja.  Tampoco pudo hacer nada el comisario, que llega  minutos después  e identifica rápido al muerto: es su propio hijo, con quien apenas mantenía relación alguna. Se alcanza así el clímax, con las recíprocas imprecaciones de los tres supervivientes. Al fotógrafo sobrevenido al lugar del crimen (por tal lo juzgan  el padre y la chica, frente a la legítima defensa alegada por  el ejecutor) sólo le  queda dejar constancia gráfica del cadáver.

Mírame hace el número 5 de la colección  “Escena Extremeña”,  editada por el Centro de las Artes Escénicas y de la Música (CEMART) , donde antes aparecieron El ángel de la luz  (Miguel Murillo),  Un tal Amorfo  (Leandro  Pozas), Proceso a Besteiro  (Manuel Canseco) y Hoy viene a cenar mi sobrino el concejal  (Concha Rodríguez). Escrita con una prosa bien cuidada, en la que sólo puede criticarse la puntuación de algunas oraciones,  prima la palabra sobre los gestos, es de una enorme economía escénica y  ofrece  caracteres de indudable atractivo  y actualidad. Los expertos dirán cómo funcionan las representaciones, pero su lectura proporciona un interés mantenido hasta el fin.

 

Claudio Martín,  Mírame.  Mérida, CEMART, 2011.

 

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D. JUAN DONOSO CORTÉS

Durante los días 8 y 9 de mayo de 2009 se celebraron entre Don Benito y Valle de la Serena los II Encuentros de Estudios Comarcales Vegas Altas, La Serena y La Siberia.  Los responsables de la Federación de Asociaciones Culturales que los organiza (SISEVA) tuvieron el tino de dedicarlos a conmemorar el bicentenario de Donoso Cortés (1809-1853), aunque no fuesen  la figura y obras del ideólogo extremeño los  asuntos únicos de dichas jornadas. Los trabajos allí defendidos se recogen en un volumen de 564 páginas,  de cuyo diseño y maquetación se encarga el infatigable Bartolomé Miranda Díaz, coautor también del estudio “El alojamiento de soldados y sus consecuencias sobre la población. El caso de Campanario en 1592”.  Son muchas  las comunicaciones  interesantes, entre ellas  las que  suscriben Fernando Díaz Gil, “Una cuestión toponímica: Villanueva de la Serena en el siglo XIV”; Dionisio Á. Martín Nieto, “Aproximación al creador de la tortilla de patatas, el licenciado don José de Thesa Godoy y Malfeito”; Luis Vicente Peligrí, “Manuel de Luxán y la primera élite liberal extremeña: una aproximación” o Serafín Martín Nieto, “Los desencuentros familiares de los Ruiz Montenegro Torrella”.

Las conferencias  en torno al creador de obras tan importantes como el polémico Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo,  o de textos oratorios incandescentes (recordemos su Discurso sobre la situación de España,  ha poco reeditado por la UBEx con amplio preliminar de Emilio Luis Méndez Moreno) las abre María del  Carmen de la Montaña. Profesora de la Universidad de Extremadura, doctorada con la tesis La libertad en Donoso Cortés, desarrollaría el mismo tema en su intervención.  Según ella, entre los textos  del joven pensador (más próximo a las tesis liberales) y los de  su madurez ultraconservadora no habría una ruptura radical, sino un proceso evolutivo. Lo que no puede obviarse es la  concepción radicalmente pesimista que del hombre sostuvo el marqués de Valdegamas, fundamento de una antropología enfrentada a la propia ortodoxia católica.

Catedrático de Lengua Española en la Universidad de Navarra, Manuel Casado Velarde  (Don Benito, 1948) aborda, sin profundizar mucho,  las relaciones entre Donoso y los escritores de su época, cuando el romanticismo hacía furor en nuestro país. Apenas roza las poco felices que le enfrentarían con otro gran extremeño coetáneo,  el bibliógrafo Bartolomé José Gallardo, cuyas ideas sociopolíticas, religiosas e incluso estéticas se encontraban en las antípodas de quien pronunciase el  Discurso académico sobre la Biblia o, más aún, el Discurso sobre la Dictadura.

También  Ricardo Donoso-Cortés y Mesonero Romanos (Madrid, 1923), Catedrático de Dibujo en la Escuela de Ingenieros Industriales,  se ocupa sucintamente  de las amistades entre  su ilustre antecesor y algunos de los románticos , destacando la figura de Manuel José Quintana, otro escritor con raíces extremeñas.

Por último, José Miguel de Mayoralgo y Lodo (Cáceres, 1950), pariente del homenajeado y académico de la Real de Extremadura, recuerda  que en  la familia de Donoso abundaban los liberales, destacando a la vez la austeridad del eminente político (fue Ministro plenipotenciario de España en Berlín y Embajador en París), capaz de repartir  su sueldo a los pobres  y de mantenerse casi a nivel de pura subsistencia.

El volumen, que lleva prólogo de Dionisio Martín,  presidente de SISEVA, está dedicado a la memoria de Diego Godoy Vances (+2009), corresponsal que fue del HOY en Castuera durante varios lustros.  Se incluye la crónica que de estas II Jornadas aún le dio tiempo a redactar y en las que comenta detenidamente la obra La Esfinge de cristal,  biografía de Donoso Cortés publicada por Antonio Pérez Carrasco.

 

AA.VV., II Encuentros de Estudios Comarcales Vegas Altas, La Serena y La Siberia.  Valle de la Serena / Don Benito, SISEVA, 2011.

 

 

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La Guerra del Peloponeso

Que la sombra de los Griegos lleva proyectándose sobre Europa durante más de veinticinco siglos, pocos datos los confirmarán mejor que la permanente presencia de Tucídides en la cultural occidental (sin excluir su proyección americana). Desde que publicase su Historia de la Guerra del Peloponeso, el largo conflicto (431-404) que puso fin a la hegemonía de Atenas, dicha obra se constituyó en una referencia casi inevitable para historiadores, retóricos, políticos y filósofos. Enfrentados a fenómenos sociales como el de los enfrentamientos civiles, abusos del poder, excesos de los sistemas democráticos, dictaduras, sublevaciones populares, ostracismos, cambios revolucionarios, etc., muchos buscarían inspiración en el relato que Tucídides dejase del tremendo conflicto, donde también tomó parte tan genial historiador.

Juan Carlos Iglesias-Zoilo, profesor titular de Filosofía Griega en la Universidad de Extremadura, ha rastreado minuciosamente las huellas del clásico, ofreciéndolas en un muy documentado volumen que edita el Centro de Estudios Clásicos de la Universidad de Coimbra con apoyo de la FCT (Fundaçao para a Ciencia e a Tecnologia). Publicado en castellano, hace el número diez de la Colección Humanitas, donde también han aparecido estudios sobre Plutarco, Ovidio, Suetonio y otros grandes de la cultura grecolatina.

Como reconoce el investigador extremeño, la enorme influencia de Tucídides – desde el Nuevo Testamento a Obama, pasando por Valla, Maquiavelo, Hobbes, Pedro de Valencia, Hume, Nietzsche, Ranke, Unamuno o Hanna Arendt, entre centenares – no deja de resultar paradójica: su novedosa metodología, la profundidad de los análisis ideológicos, estilo austero y en tantas ocasiones arcaizante, sintaxis no siempre feliz, realismo descarnado, espíritu elitista y la innegable oscuridad del lenguaje tucidídeo, lo hicieron muy difícil de entender incluso para los mismos helenos. Más aún en épocas cuando el dominio de la lengua griega se había ya perdido, como durante el periodo medieval. De ahí la importancia de las versiones a lenguas vernáculas, entre las cuales fue pionera la que en la corte de Aviñón encargase se hiciera al aragonés-castellano de finales del siglo XIV el Gran Maestre D. Juan Fernández de Heredia.

En realidad, sólo se tradujo, según ocurriría tantas veces, la parte que más éxito ha tenido de aquella Historia, los discursos (fúnebres, deliberativos, judiciales, apologéticos, militares) que Tucídides pone en boca de los protagonistas más conocidos de aquella guerra, como Pericles. Muchos quedarán como modelos de oratoria y sigue abierto el debate sobre la literalidad de los mismos. ¿Son palabras de los respectivos autores, o recreaciones más o menos fieles del escritor? “En cuanto a los hechos que tuvieron lugar en la guerra, no estimé oportuno escribirlos enterándome por cualquier ni según me parecía, sino que relaté hechos en los que yo mismo estuve presente o sobre los que interrogué a otros con toda la exactitud posible. La verdad fue hallada con esfuerzo, porque los testigos de cada hecho no decían lo mismo acerca de las mismas cosas, sino de acuerdo con las simpatías o la memoria de cada uno”. Así avisaba alguien con conciencia de autor tan escrupulosa que aspiraba a componer su obra como “una posesión para siempre” (ktéma es aiéi) y no sin indudable aspiración pragmática : alcanzar el tópico de “historia, vitae magistra”. Lo consiguió, al menos en determinadas épocas y merced a los pasajes más felices, no sin algún decaimiento, como pudo ocurrir en el periodo de la Revolución Francesa, cosa fácil de entender : sus implacables dirigentes se veían increpados por el griego.

Iglesias-Zoilo nos ilustra con rigor, pulcritud y amenidad , contextualizándola sabiamente, sobre cómo fue produciéndose la recepción de Tucídides desde la Antigüedad hasta hoy. Un trabajo formidable, al que enriquecen la abundante bibliografía, el apéndice selectivo y el índice onomástico.

EL LIBRO:

Título: El legado de Tucidides

Autor: Juan Carlos Iglesias-Zoido

Editorial: Coimbra, Centro de Estudos Clássicos da Universidade, 2011.

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DON ALFONSO DE BORBÓN Y BATTENBERG

Seguramente el más novelesco, de los Borbones contemporáneos fue el primogénito de Alfonso XIII. Ninguno como él para protagonizar un relato donde la historia y la fantasía del autor se combinan para producir una obra de indudable interés. La escribió Reynaldo Lugo y ha sido coeditada por una firma extremeña. Según la nota que difunde el otro sello, la bejarana If ediciones, El Príncipe que leía el Tarot y soñaba con mujeres, el autor cubano, residente en Béjar, llevó primero su obra a Mondadori, donde tiene publicados Palmeras de sangre, ambientada en la Cuba prerrevolucionaria de Fulgencio Batista y sus oscuras relaciones con la mafia de Bugsy Siegel, Lucky Luciano y Meyer Lansky. La importante firma habría retenido largo tiempo la segunda obra, sin decidirse a darla al público “por el temor a que el contenido de la misma hiriese la sensibilidad de la Casa Real española”. Ignoro si esto fue así, aunque estoy seguro que la novela no agradará en absoluto a los partidarios de la Monarquía española, y muchos menos a sus titulares. Y no tanto por lo que el escritor haya podido inventar para su personaje, sino porque quizá muchos prefieran mantener el velo histórico alzado sobre el Conde de Covadonga, según fue conocido D. Alfonso tras dejar de ser, entre voluntario y obligado, Príncipe de Asturias.
Efectivamente, D. Alfonso de Borbón lo fue, como heredero de la Corona de España, hasta que presentó su renuncia, aunque más tarde pudiera haberse arrepentido del trascendental paso. Con una pésima salud, signado por la hemofilia, al parecer nunca se sintió bien aceptado por la poderosa figura de un padre poco sensible, más atento a los avatares políticos, que forzarán a toda la familia real a exiliarse. Ya fuera del país, el príncipe contrae (1933) matrimonio morganático con una cubana, lo que forzará la dimisión. Su existencia no hará sino ir dando tumbos crecientes, divorcio y nueva boda, con aventuras extramatrimoniales incluidas, entre La Habana y Miami, donde sufre junto a una amiga el accidente de coche que lo llevará tan joven a la tumba (1938).
Por entonces, la guerra civil española parecía ya decantada a favor de las fuerzas de Franco, cuyos designios para el futuro de la Casa Real eran inescrutables. En todo caso, un hipotético restablecimiento de los Borbones en el trono recaería en el tercer hijo de Alfonso XIII, D. Juan, dadas las limitaciones físicas también del segundo, D. Jaime. A no ser que, y aquí empieza a imponerse la ficción de Reynaldo Lugo, alcanzase éxito la trama que Juan Ramón Jiménez y Ramón Nicolau, el hombre del partido comunista cubano, agente de la todopoderosa NKVD, habrían urdido en La Habana. Se trataba, nada menos, que de convencer a Don Alfonso para que aceptase ser introducido clandestinamente en España, vía Perpiñán, y convencer a los dos bandos enfrentados para que firmasen la paz y recibiesen como rey constitucional “al menos Borbón de los Borbones. Si fracasan es porque ni Franco, sabiéndose ya vencedor se encuentra oportunamente alertado por la Falange; ni Azaña, que cree ya la guerra perdida; ni los rusos, están por la labor. Sí se mostraba crecientemente ilusionado a Don Alfonso, pese a que la afición por el alcohol, la morfina y los cuerpos de las dulces mulatas lo distraen de tantas frustraciones y dolores acumulados. Para éste anti-héroe, antítesis de Maquiavelo, era más fácil soñar con mujeres que interpretar y resolver el complejo Tarot de su convulso país.
Escrita en una prosa bien cuidada, con excelente recreación de la Cuba de la época (magníficas sus referencias a los cultos yorubes, los músicos afrocubanos, los ambientes habaneros…), Lugo ha compuesto otra excelente novela.

Reynaldo Lugo, El Príncipe que leía el Tarot y soñaba con las mujeres. Mérida, De la luna libros/ Béjar, If Ediciones, 2011.

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