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Instituto Zurbarán de Badajoz

¿Tienes un cigarro?
Enrique Falcó 28-01-2013 | 7:24 | 0

 

Enrique Falcó. Antitabaco

Ni siquera en su juventud se dejó tentar el bueno de Homer por el nefasto vicio del tabaco... él era más de cerveza.

Ni siquera en su juventud se dejó tentar el bueno de Homer por el nefasto vicio del tabaco... él era más de cerveza.

Cohabitan en la cabeza de todos nosotros no menos de un puñado de frases con las que nos hemos criado desde que ostentamos uso de razón. Expresiones que aunque a día de hoy no se repitan tanto como antaño siempre sacan algún recuerdo de nuestra impredecible sesera.

 

Mi menda destacaría algunas máximas inolvidables de mi querida abuela materna, Lole Martínez Zoido, al estilo de: “Entre todas la mataron y ella sola se murió”, o el “Ni fú ni fá”, “si no hay lo pintas” o el famoso “si tienes frío te arropas con la capa de tu tío”. También algunas reseñables de mi madre, Loli Falcó: “¡Eso lo saben hasta los negros!” O incluso la favorita de mi tío Juan Carlos: “¡Te digo que oh!”.

 

Ayer a mediodía, cuando volvía ligeramente cargado hasta las trancas portando dos bolsas de grandes dimensiones del súper a la vez que renegando cual marujilla de tres al cuarto por los precios cada vez más altos de la carne, el pescado, el café y el Loch Lomond marca ACME, una señora, que no tendría muchos más años que cuarenta, me formuló una de estas frases memorables en forma de pregunta que me han perseguido durante toda mi adolescencia y parte de mi edad adulta. “Perdona… ¿Tienes un cigarro?”.

 

 A ver si se atreven a pedirle un cigarro a alguna de estas dos.

A ver si se atreven a pedirle un cigarro a alguna de estas dos.

¡Menuda regresión amigos! Reconozco que no pude evitar una sonrisita, y contesté a ella como lo he hecho toda la vida: “No, lo siento, no fumo”. Me encantaba soltar esa frase cuando era un quinceañero en el instituto Zurbarán de Badajoz, pues aunque al principio lo hacía a modo de disculpa, para que mi interlocutor (y especialmente si era interlocutora, ustedes ya me entienden) no pensara que no quería ofrecerle algún cigarrillo, en seguida me di cuenta que esa respuesta crispaba a los fumadores, y que se la tomaban como algo personal, algo así como una afirmación pública de que no era tan imbécil como ellos para aspirar humo por la boca, envenenarme por dentro y volverlo a exhalar por mi chato hocico.

 

Hagan memoria, mis queridos y desocupados lectores, ya sean fumadores activos o pasivos, y discurran con diligencia: ¿No les parece que es una frase que ya no se escucha en los tiempos que corren? ¿Cuándo fue la última vez que ofrecieron tabaco, o vieron a algún fumador ofrecerlo en los últimos años?

 

 El prohibitivo precio de las flores de alquitrán ha puesto fin a un gesto tan cotidiano como sacar un paquete de tabaco y ofrecer cigarrillos a diestro y siniestro. Fumar hoy en día, aparte de una inconsciencia brutal y una estupidez como un templo, es un lujo que no todos pueden ya permitirse. Y ya que estamos hablando de máximas y citas: No hay mal que por bien no venga. Lo que no consiguieron una firme determinación y una fuerza de voluntad sin límite lo está procurando un bolsillo maltrecho y una escasez de peculio más que considerable.

 

La sociabilidad que antojaba al fumador mostrar esa amable camaradería se va esfumando, consumiéndose cual cigarrillo postrado sobre un cenicero de cristal del que nos hemos olvidado de apagar y no le queda más que desaparecer en el tiempo.

 

¡Malditos tiempos que nos están tocando vivir! Ofrecer un cigarro, invitar a un café o a una caña, dejarle al vecino un par de huevos, algo de vino blanco o una cebolla, puede presentársenos como un lujo difícil de solapar.

 

¡Se nos olvida muchas veces que el tabaco es una droga que crea gran adicción!

¡Se nos olvida muchas veces que el tabaco es una droga que crea gran adicción!

Recuerdo que de niño, una costumbre muy extendida, era la de dejar alguna luz del hogar próxima al umbral de la puerta, encendida, para ahuyentar a los posibles ladrones, haciéndoles creer que había gente en casa. Con los recibos de la luz actuales, auténticos robos a mano armada, casi que sale más barato dejar la puerta abierta y que el chorizo de turno se sirva a sus anchas, sin destrozar demasiado.

 

En mi niñez y pre adolescencia, no tan lejana como muchos podrán pensar, en mi ciudad, Badajoz, era más frecuente de lo necesario que algunos “manguis” se dejaran caer por nuestros lugares de ocio para intentar chorarnos algo del estricto estipendio semanal que nos otorgaban nuestros progenitores. “¿Me dejas cinco duros?”- solía ser el grito de guerra y carta de presentación de esta clase de chusma, quienes de vez en cuando portaban machetes y navajas. En muchas ocasiones incluso entregábamos los cinco duros de turno al momento para evitar posibles males mayores, e incluso para no aguantar más el rollo de esta gentuza… total, eran cinco duros. Dudo que hoy en día, cualquier niñato de doce años no ponga en peligro su vida si pretenden sustraerle aunque sean veinte céntimos. ¡Faltaría más!

 

Hace ocho años, en la sala de descanso de mi trabajo, las latas de refresco de máquina costaban 55 céntimos. Todos flipábamos con lo baratas que eran, y casi todo el mundo dejaba los cinco céntimos que sobraban encima de la máquina, por si a algún compañero le hacían falta para sacar la suya. A día de hoy nos quejamos de que cuesten 60 céntimos, y no es nada habitual que la peña vaya regalando la calderilla así como así.

 

¡Algunos fuman demasiado!

¡Algunos fuman demasiado!

Supongo que todo ha de tener alguna explicación. No es que nos hayamos vuelto ratas de repente, pero uno se pone a recordar que hace tres años ganaba más dinero que ahora, y entre otras cosas pagaba “sólo” un 16% de IVA, y con 100 euros en un supermercado hacía la compra para un mes incluyendo carne y pescado.

 

Tiene narices que todavía existan quienes se atrevan a pedir cigarros a desconocidos. “¿Perdona… tienes un cigarro?”. Al menda lerenda le entran ganas de ser fumador, y decirle con todas las letras muy claritas “Sí, lo tengo… pero no te lo voy a dar”. Si lo piensan bien, con la que está cayendo, es casi más insultante que cuando aquellos “chulimanguis” te robaban casi a punta de navaja aquellos miserables cinco duros.

Publicado en Diario HOY el 27/01/2013

 

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Regreso al Zurbarán
Enrique Falcó 24-10-2012 | 12:17 | 0

El Instituto Zurbarán de Badajoz. Donde estudié de adolescente ha desempeñado un importante papel en mi vida.

El Instituto Zurbarán de Badajoz. Donde estudié de adolescente ha desempeñado un importante papel en mi vida.

Constantemente, en mis artículos en HOY y en este, mi blog, el de todos ustedes, (cuyo nombre por cierto consigue la siempre reconfortante tarea de recordar el famoso y dorado elixir que tanto privaba al viejo capitán Haddock) les hablo de momentos importantes acaecidos en mi vida, de situaciones otrora irrepetibles, de múltiples escenarios de fantasía y de momentos dulces y mágicos.

Mi antiguo Instituto, el Zurbarán de Badajoz, situado en la avenida de Huelva de la capital pacense, es sin duda constante fuente de anécdotas, situaciones y personajes que de alguna manera han marcado la vida del menda.

Ya les he narrado en alguna ocasión, que a pesar de los momentos memorables de aquella época de adolescente en el Zurbarán, tan feliz, irrepetible y hermosa (no tan lejana como muchos pudieran pensar) son muchas las pesadillas o sueños incómodos en los que mi antiguo Instituto figura como escenario protagonista.

Ustedes ya me conocen. Soy de los que aborrecen el síndrome de Peter Pan, y ni por asomo volvería atrás en el tiempo por muy dichosa que hubiera sido una época de mi vida. Quizás sea por ello que el entrañable lugar donde tantas amistades forjé, y en el que me enamoré por primera vez, torne a marco de zozobra y angustia al presentarse en mis sueños conmigo de protagonista desempeñando el papel de estudiante dentro de aquellas aulas casi olvidadas.

El delirio más repetido es quizás aquel en el que se me presenta la inminente fecha de un importante examen que ni siquiera he preparado y al que me es imposible presentarme por todas las circunstancias negativas que van sucediendo durante el sueño:

En mi época de estudiante en el Zurbarán, el menda ganó varias medallas defendiendo este escudo. En salto de longitud y en relevos, nada menos.

En mi época de estudiante en el Zurbarán, el menda ganó varias medallas defendiendo este escudo. En salto de longitud y en relevos, nada menos.

¿Pero qué hago otra vez aquí Dios mío? – Me pregunto constantemente tan enfadado como acobardado – ¡Si yo ya aprobé! ¡Si incluso luego estudié una carrera! Si ahora tengo una vida, una casa, una familia, un trabajo… ¿Pero que hago otra vez aquí? ¡Qué ha pasado por el Cetro de Ottokar!

Está claro que los sueños han de ser de alguna manera premonitorios, pues jamás sospeché tras terminar COU que volvería a aquellas aulas para algo más que para recoger el título de Bachiller.

Hace algunas semanas me pasé por mi Instituto con la intención de regalar un ejemplar de mi libro, “Don de Loch Lomond“, para que figurara a disposición de alumnos y profesores en la biblioteca del Centro.

Me parecía justo y necesario devolverle a éste de una u otra manera parte de lo que me había dado. Quien suscribe no sería la misma persona sin haber pasado por sus aulas, y me agradaba la sensación de dejar una pequeña parte de mí para la posterioridad. Pocos días después recibí un email de un profesor del Instituto, Jacinto Haro, al que no conozco y seguramente no habré visto en mi vida, pues hace ya 16 años que dejé el Zurbarán, y ya casi no queda atisbo de los inmejorables docentes de los que tuve el privilegio e inmenso placer de recibir clases.

Jacinto, profesor de Lengua y Literatura, tras hacerse con mi libro indagó, y me contó en su email que a través de mi querida Queti del Rosal (seguramente de las pocas supervivientes de mi época) había conocido mi historia y quien era yo y cual había sido mi propósito, e insistía en que mi entrañable gesto merecía al menos que hiciésemos una presentación en el instituto, una pequeña charla para los alumnos, en la que mi libro sea una mera excusa para hablarles de mi paso por “mi” instituto, aunque indudablemente ya no sea el de mi época.

El famoso Zurbarán de la serie

Mañana jueves 25 de octubre, fecha en la que el Instituto Zurbarán se encuentra en su particular Feria del Libro, a eso de las 13:20, en la biblioteca donde en tantas ocasiones he preparado exámenes de última hora, me enfrentaré a varios grupos de alumnos adolescentes, que me mirarán con cierto reparo, preguntándose muy oportunamente quien narices es el “mi menda” este de las narices que viene a darnos la tabarra.

He de confesarles, mis queridos y desocupados lectores, que estoy envuelto en una mezcla de sentimientos contradictorios. Emocionado e ilusionado por una parte. Aterrado, nervioso e inquieto por otra. No soy digno de semejante honor, sin duda, y esto lo afirmo con todas las letras a pesar de mi pequeña dosis de vanidad, pero el hecho de materializar esta quimera, este sueño irrepetible, se me antoja de un placer y una satisfacción a toda prueba.

Aun recuerdo cuando era yo el que estaba en el Salón de actos, o en el Salón de Grado, o en la misma biblioteca o en alguna clase. Daba igual quien fuera el protagonista. Podía ser Pérez de Tudela para hablarnos de sus aventuras en la montaña, o de Álvarez Buiza para leernos algunos de sus nuevos poemas. Quizás los de Alcohólicos Anónimos para darnos una charla sobre los peligros del alcohol o lo de Alcer para concienciarnos de lo importante de la donación de órganos.

Podía ser un concierto que los miembros del grupo pop “Toque de Queda” del propio centro (o tal vez vez mi grupo, también del Zurbarán los Violent Popes ofrecían a los alumnos de intercambio, o los del “Proyecto Duro” que insistían en hablarnos del Guadiana de entonces. A nosotros nos daba igual, y de una u otra manera, aunque íbamos con la siempre sana intención de montar el cirio, aquellas charlas nos ponían de buen humor,  pues con la tontería nos librábamos de una hora de clase, y esa espero que sea la filosofía de los alumnos mañana.

No estaré solo. Mi querido y admirado amigo Manuel Pecellín una vez más accede generosamente a regalarnos su presencia para apadrinar el acto. Recuerdo que en una de aquellas ocasiones, en primero de BUP, en las que con la tontuna de la edad del pavo no parábamos de armar gresca, uno de mis profesores favoritos de la época, Don José Antonio Gala, quien siempre derrochaba normalidad y sentido común nos inquirió de esta guisa: “Ya que tenéis que tragaros el rollo, por lo menos prestad atención y atended en vuestro beneficio, ya que nunca se sabe si podréis aprovechar algo de lo que van a enseñaros aquí a lo largo de vuestra vida”. ¡Qué consejo más gordo!

Además de un gran profesorado, el Zurbarán siempre ha presumido de buenos alumno. Yolanda Orantos, de 16 años, quien posa en la foto de C. MORENO en el laboratorio de Física del Zurbarán, ha ganado recientemente uno de los Premios Extraordinarios de la Educación Secundaria.

Además de un gran profesorado, el Zurbarán siempre ha presumido de buenos alumno. Yolanda Orantos, de 16 años, quien posa en la foto de C. MORENO en el laboratorio de Física del Zurbarán, ha ganado recientemente uno de los Premios Extraordinarios de la Educación Secundaria.

Humildemente, no sé si a los alumnos podrá interesarles algo de lo que les cuente mañana, pero sin duda para mi será uno de los momentos más bonitos de mi vida y trataré de hacerles pasar un momento grato y entretenido. Y si al final resulta, que  aunque sea sólo uno de ellos, obtiene algo positivo de mis palabras, les aseguro que habrá valido la pena. Regreso a la adolescencia. Regreso a la época de las nuevas sensaciones, la música, la literatura, el primer amor. Regreso a la época en la que empecé a sentirme libre. Regreso al Zurbarán.

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¡Mariano… media roja!
Enrique Falcó 06-06-2012 | 1:39 | 2

 

No he podido evitar una sonrisa nostálgica al leer el artículo en Plaza Alta de HOY de Pedro del Pino sobre La Pajarera.

La Pajarera me trae grandes recuerdos, en especial de desayunos furtivos por la ventanilla de atrás, con la que evitábamos las miradas reprobatorias de los profesores que se encontraban desayunando en sus horas libres. No recuerdo cuanto costaba una tostada en mis tiempos del Instituto Zurbarán, pero aún así era bastante más barato que en cualquier bar. La blanca estaba deliciosa, la catalana (extremeña) muy rica, pero destacaba especialmente la cachuela, la roja como le decíamos, a pesar de que consiguiera quedarte un aliento que te acompañaba en toda la jornada, y que no era precisamente del agrado de las niñas del Instituto. Pero daba igual. ¡Qué ricas que estaban! Las tostadas también, claro. El café de La Pajarera lo probé en muy pocas ocasiones, ya que la visita a la ventanilla de atrás no entendía de tranquilidad ni comodidades. “¡Mariano, media roja!”- Era el grito de guerra. Mariano te servía diligente y rápido, haciendo gala de una discreción y complicidad a toda prueba. Y encima te fiaba si no llevabas dinero.

La gran campeona Nuria Cabanillas en una vieja foto de archivo. Aún recuerdo el cartel que espero siga figurando en La Pajarera

La gran campeona Nuria Cabanillas en una vieja foto de archivo. Aún recuerdo el cartel que espero siga figurando en La Pajarera

Tengo que dejarme caer un día de estos, a ver si todo sigue igual. Nunca se me olvidará esa foto dedicada de una Nuria Cabanillas muy niña, antes de ser campeona Olímpica, dedicada a los amigos de La Pajarera. Menudo caché que le otorgaba al sitio. Si es que los grandes campeones desayunan en los mejores templos. Bien por La Pajarera. Me uno al homenaje de don Pedro del Pino. Y acabo con una anécdota que demostrará lo que significaba La Pajarera para mis compañeros del Zurbarán.

La cachuela de La Pajarera, la roja, es de las mejores de Badajoz

La cachuela de La Pajarera, la roja, es de las mejores de Badajoz

Cuando a finales del curso del 95, nos desplazábamos en avión a Mallorca para el viaje de fin de curso, la mayoría estábamos emocionados. Especialmente como para muchos de mis compañeros, era la primera vez que viajábamos en avión. Nos encantó la maniobra de despegue. Todos aplaudimos y jaleamos al piloto (imagínense cientos de adolescentes con las hormonas revueltas y un pavo curioso). Cuando poco después comprobamos que las azafatas, tan monas como eficientes, se disponían a servirnos el desayuno, mi compañero Curro, que siempre fue un cachondo mental, gritó bien alto y claro. ¡Mariano… media roja! Y todos nos partimos de risa mientras, y a la vez deseábamos que el desayuno del avión se pareciera en algo a esa Pajarera que tan bien nos daba a diario de desayunar. Ya lo saben mis queridos y desocupados lectores, hubo una época en la que la roja era algo más que el nombre de guerra de la selección. En ese sentido, La Pajarera gana por goleada.

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Muertos de hambre
Enrique Falcó 12-02-2012 | 5:18 | 1

 

Enrique Falcó. Cada vez más escéptico

 

Homer no pasa lo que se dice hambre

Homer no pasa lo que se dice hambre

Existen palabras y frases, tan lamentables como crueles, que jamás los seres humanos deberíamos pronunciar, bajo pena de purgar tales culpas en las calderas del mismísimo Infierno. Se dicen muchas tonterías últimamente, frases o insultos que pueden volverse contra nosotros en cualquier momento. Cuanto más tras los difíciles tiempos que prodigamos, y peores que se avecinan. La tensión laboral traslada a la vida familiar, o a la vida en común, lo peor de nosotros mismos, recordándonos aquellas palabras de Tomas Hobbes “El hombre es un lobo para el hombre”. Esta maldita crisis, o bofetada de dura realidad, nos está deshumanizando a pasos agigantados. Se mira al compañero de trabajo o a cualquier ciudadano con cierta desconfianza, sabedor de que en cualquier momento puede ocupar tu puesto de trabajo y desprenderte del pan de tu familia. Siempre parece haber alguien dispuesto a hacer lo mismo que tú, o incluso mejor, por menos cantidad. Para colmo, nuestros dirigentes y los Sindicatos nos siguen haciendo la cama agravando aún más la situación con la desesperanzadora reforma laboral. Con toda mi cultura adquirida hasta la fecha, a base de libros y periódicos, mi paso por el colegio, el Instituto Zurbarán de Badajoz, y la Universidad de Extremadura, con la consiguiente carrera añadida, aun no acabo de averiguar el porqué de una nueva reforma que se va a traducir en numerosos e inminentes despidos. Nunca comprenderé aquello de que abaratar el despido signifique más puestos de trabajo. Debe tratarse más bien de algo parecido a lo que mis amigos de la murga pacense, Los Murallitas, cantaban hace unos días en los preliminares del concurso de murgas del carnaval de Badajoz 2012 (preliminares del concurso que por cierto no se ha molestado Canal Extremadura en emitir, algo incomprensible a pesar de ser de gran interés para un buen número de extremeños). El famoso 3 x 1 lo llamaban ellos. ¡Qué lo que antes hacían tres trabajadores con un sueldo digno ahora lo hace uno, y por bastante menos dinero oiga! ¡Qué está todo pensado! ¡Así mañana monto yo una empresa no te joroba! A los sindicatos se les han acabado las ideas y muestran su total incompetencia, demostrando una vez más que lo único que saben hacer es convocar manifestaciones de despropósitos. Me consuela pensar, que con la reforma en la mano, igual podemos largar también a más de un político inútil con nóminas de tres ceros y contratar a algunos nuevos, mileuristas por supuesto, como la gran mayoría de los ciudadanos, de los que se pueden permitir el lujo aun de trabajar, claro.

En fin. El menda sigue siendo de la opinión de que todo esto no hace más que favorecer al empresario de turno, que no ya contento con la situación actual, se dedica a hacer leña del árbol caído, y aún a sabiendas de que prácticamente la situación de sus empleados roza la ilegalidad, con la excusa de la crisis obliga a parte de ellos a desempeñar tanto horas extras como funciones que no corresponden a la categoría y cuanto menos al sueldo del empleado.

Últimamente existen insultos que deberían obviarse más que nunca por aquello de los tiempos que corren. ¿Como se puede llamar a una persona muerto de hambre? De corazón opino que quien pronuncie esta frase realmente no es consciente de lo que dice, o bien la expresa en un tono de amable cachondeo. No ha de existir más miseria que aquella de pasar necesidad, como para que encima te lo echen en cara y te tengas que avergonzar por ello. Siempre he pensado que nadie se moría de hambre en este país, pero últimamente me asalta la duda. Se barajan cifras terribles de miles de puestos de trabajos perdidos cada día, y se escuchan voces de alarma de varias asociaciones y ONG advirtiendo de que en los bancos de alimentos, o en los comedores sociales, no se puede atender ya a tantos como acuden. Miramos hacia otro lado. Nos llevaríamos las manos a la cabeza si salieran a la luz los casos de los vecinos del cuarto b, en donde todos los miembros de la familia se encuentran en paro y viven de los 400 euros de la pensión de la abuela, o de aquel compañero que largaron del tajo hace dos años y que no tiene ya donde caerse muerto porque le embargaron su hogar. Pasar hambre, además de horrible, es causa de producir mofa y befa en estos miserables días, y existen para quienes el orgullo es más fuerte que el dolor de estómago.

¡Se levanta la veda señores! ¡Mariquita el último! ¡Van a llover puestos de trabajo para todos! ¡Eso sí, a qué precio! Muy pronto podremos encontrarnos tirados en cualquier esquina a esos directivos o jefes del curro que tanto odiamos y que cobran demasiado por no hacer nada. Dentro de poco les echarán por dos duros y con el sueldo que les pagaban contratarán a 3 ó 4 que cobrarán 700 euros al mes y podrán subsistir. Cualquier día nos reiremos de ellos y escupiremos por nuestras bocazas frases como “Míralo, es un muerto de hambre” y nos quedaremos tan tranquilos. “Homo homini lupus”.

Publicado en Diario HOY el 12/02/2012

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Regreso a la Escuela
Enrique Falcó 05-07-2011 | 1:04 | 0

 

Ya les he narrado en anteriores ocasiones la importancia que concedo al necesario ejercicio del sueño y el descanso, y lo que disfruto viviendo como casi reales mis originales quimeras. Como cualquiera, de vez en cuando sufro también mis pesadillas, y experimento sensaciones que enturbian mi (normalmente) reconfortante modorra.

 

La pesadilla de hoy, o mejor dicho, el incómodo sueño, se repite bastantes más veces de las que uno desearía. En él vuelvo a estar en el Instituto Zurbarán de Badajoz, y siempre llego tarde a un examen. Por el camino me ocurren mil y un problemas que retrasan mi llegada, y la preocupación y desagradable sensación va en aumento. Durante el sueño me pregunto a mí mismo qué narices estoy haciendo allí si yo ya estudié todo en mi momento.

... ¡Y los sueños... sueños son!

... ¡Y los sueños... sueños son!

No comprendo como una etapa tan bonita y feliz de mi vida se me presenta en forma de sensaciones tan incómodas cuando me hallo en los brazos de Morfeo. En el Instituto me enamoré por primera vez, entablé grandes amistades, y conocí algunos profesores que me han marcado para siempre, sin embargo es el escenario elegido para despertar la angustia dormida que habita en mí. Muchos amigos y conocidos me han confesado sueños parecidos, y por lo visto lo de volver de una manera u otra a la adolescencia o niñez es bastante más repetido de lo que parece. Algunos insisten en que todo esto ha de tener un sentido, una explicación. Mi menda también lo ha pensado alguna vez, pero hace ya muchos años que me despreocupé del tema. Mi amigo Manolito “Gafotas” afirma que la Ciencia no siempre encuentra respuestas para todo y tiene toda la razón. En mi opinión la respuesta de este asunto en cuestión lo tiene la literatura, y más concretamente el gran Calderón, porque la vida es un sueño, y los sueños…sueños son.

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¡Adiós Muchachos!
Enrique Falcó 07-04-2011 | 8:08 | 0

En mi época todos los adolescentes queríamos entrar en el Instituto Zurbarán o en el Bárbara de Braganza, ya fuera por su propia y noble historia, o bien por su excelente localización en pleno centro de la ciudad. Badajoz era muchísimo más pequeña, de Valdepasillas casi ni rastro aún, y todo lo que supusiera caminar más de diez minutos era considerado como muy lejos. Yo lo tenía muy claro. Iba a estudiar en el Zurbarán, y lo tenía asumido desde que mi hermana mayor se decidiera por éste unos años antes en detrimento del Bárbara, que realmente era el que nos pertenecía, pues aún se encontraba algo más cerca de mi domicilio. Al entrar Lourdes, mi hermana mayor, mi otra hermana, Sara, también accedió aun con más puntos, pues el hecho de contar con hermanos que estuvieran estudiando en el Centro te abría más las posibilidades, por lo tanto lo mío era algo tan asumido como lógico.

 Ahora bien, también viví en mis carnes el mal trago que suponía que la mayoría de tus amigos asistieran a un Instituto diferente al tuyo, y lo que significaba enfrentarse solo, a un paso tan importante y a una edad tan difícil, y eso que nosotros al menos teníamos ya 13 ó 14 años, y no como ahora, que esta situación se presenta a los 11, como el caso de los alumnos que tendrán que separarse de sus compañeros de toda la vida al no poder elegir Centro. La noticia, publicada hoy en HOY, me ha despertado sentimientos casi dormidos, y de una u otra manera he sentido algo de lástima por aquellos muchachos que lo pasarán realmente mal en edad tan difícil. En mis tiempos era lamentable encontrarse con chicos de tu misma edad, que vivían a tres metros de tu casa, o en tu mismo portal, como era el caso de mi amigo Ricardo Larios, que tuvo que estudiar en el Moñino al no conseguir plaza en el Bárbara ni en el Zurbarán, y otros que vivían por el polígono de la Paz y al no conseguir plaza el el Moñino, tenían que desplazarse hasta el Zurbarán o el Bárbara. Tan ridículo como lamentable.

De todas formas quiero animar a todos esos muchachos, y decirles que no pasa nada. Mi amigo Ricardo y yo hemos seguido siendo amigos toda la adolescencia, y ahora de adultos también. Él, hizo nuevos amigos en su Instituto, que también se convirtieron en míos, y era interesante tener amigos que estudiaran en otros centros y te contaran lo que pasaba allí. Ánimo muchachos, es una aventura nueva después de todo, y diferente no tiene por qué significar peor. No digáis adiós a los compañeros que estudien en otro Instituto, despediros con un hasta luego y seguid siendo amigos toda la vida, intercambiando anécdotas, experiencias y nuevos amigos. No sé si lo habré comentado alguna vez, pero mi amigo Manolito Gafotas, asegura que los mejores amigos son los que todavía están por conocer.

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Tengo una vaca lechera
Enrique Falcó 11-06-2010 | 12:42 | 0

Badajoz está llena de chicles por todos lados. Chicles asquerosos y pegajosos postrados en cualquier parte. Sobre todo en el suelo. ¡Cómo los odio! Mi gran profesor, Don Manuel Pecellín Lancharro, era inflexible con el tema de los chicles en el Instituto. Siempre solía abroncar a algunas compañeras que los consumían con gran frecuencia en clase (con toda la bocaza abierta, lo que ya resultaba asqueroso). En un momento de descuido les hacía la siguiente pregunta: “Fulanita ¿Sabes donde está la diferencia entre una vaca pastando y una señorita comiendo chicle?” La compañera de turno estaba perdida, pues sabía que tras unos segundos de titubeos recibiría el consistente mazazo para rechifla pública. “En la mirada inteligente de la vaca.” Apuntaba el bueno de Don Manuel sin piedad. ¡Genial! Algunas optaban incluso por tragarse el chicle de la vergüenza que les daba… y me parece poco. ¡Qué bien lo pasábamos!

Un servidor opina lo mismo, y cada vez me dan más asco los chicles. No voy a atreverme a mentir diciendo que nunca comí alguno cuando era más pequeño, aún así hace ya siglos que los he abandonado. La cara de lechuguino que se te queda cuando te pones a mascar es para enmarcarla, y me causa recelo que alguien me hable mientras mastica la susodicha goma. Por no hablar luego del problema de la suciedad en las calles. No quiero ni imaginarme lo difícil que tiene que ser limpiar un asqueroso chicle, pero desde luego, cada vez que he tenido la mala suerte de pisar uno acabo blasfemando con toda la lista de insultos de mi querido Capitán Haddock. No quiero decir con esto que hagamos una Ley para prohibirlos por Dios, pero les aconsejo, que si ustedes son amigos de pastar tan asquerosa goma, limítense a consumirlos en la intimidad, y a ser posible sin exponerse a la vista de su pareja. Personalmente no podría soportar la visión de la futura madre de mis hijos rumiando públicamente. Llámenme exagerado, pero tal visión apagaría en cuestión de segundos todas las llamas del amor. Para eso, me quedo con la vaca.

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