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AL COLEGIO… ANDANDO
Enrique Falcó 08-09-2010 | 1:07 | 0

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Una de las muchas cosas malas que nos devuelve este agridulce mes de septiembre es la odiada vuelta al cole. El problema de este regreso al redil de los mocosos de turno se nos presenta a todos de una u otra manera. Desde el lunes se acabó el circular tranquilamente y a según que horas por distintos puntos de la ciudad. Los coches de los papás de los escolares se harán presentes hasta en tercera fila en algunas calles, iluminados con el parpadeo incansable de las luces de emergencia, lo que dificultará o hará imposible la circulación retrasando a todo quisque.

Lo de circular junto a los colegios es una causa perdida y de difícil amnistía. A partir de este lunes volverá a ser casi imposible transitar en auto por Santa Marina, Colón, Juan Pereda Pila, María Auxiliadora etc, a la hora de entrada ó salida de clase de los galopines de turno.

¡Hay que fastidiarse! En toda mi vida escolar, jamás vinieron mis padres a recogerme en coche al colegio. Y aunque evidentemente existen casos donde los alumnos viven muy lejos y es necesario, no lo es quizás en otros donde el niño habita a menos de una manzana de su centro escolar. Aunque es cierto que todos pecamos de falta de responsabilidad y de solidaridad en esto de pararnos “un momento” donde nos sale de las narices y de coger el coche para no andar < ?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" />200 metros, necesario es también concienciarnos y hacer un pequeño esfuerzo para el beneficio de todos.

Antes del final de curso se habló de que se iban endurecer las multas en estos casos. Se ha publicado en varios medios que la cosa es bastante más seria de lo que parece, y que se va a perseguir con contundencia a quien infrinja la ley impidiendo la libre circulación por parar donde no se debe, y por supuesto a quien posteriormente no pague las multas. Por lo tanto mi menda aconseja a los sobreprotectores padres que cuando consideren que su larva tenga cierta capacidad y madurez para desplazarse por sí sola al colegio, la animen a hacer ejercicio y a dirigirse al cole dando un paseo, como hemos hecho todos de chico. Y si aún son muy pequeños y no se quedan tranquilos, llévenlos personalmente de la mano, pero por Dios, caminando, que es bastante sano y necesario. Aprovechen para mostrar a sus hijos las calles de su ciudad, o para hablar con ellos. ¡Qué es eso de que los niños no puedan ni andar 300 metros por favor! Al colegio…andando… ¡como siempre!

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VECINOS Y RUIDO
Enrique Falcó 17-08-2010 | 12:01 | 0

Leí ayer en la edición digital del Diario HOY una noticia sobre el problema que acarrean los aparatos de aires acondicionados. Sin lugar a dudas, la mayoría de éstos hacen un ruido horroroso, no lo vamos a negar. Yo mismo tengo problemas con él, pues mi aparato está situado en una zona poco apropiada y a mi vecina de abajo le vibra la casa entera cuando conecto mi aire.

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Como personas coherentes que somos, ella comprende que las altas temperaturas a las que nos somete el calor consigan que mi aparato siga funcionando a toda mecha hasta algo más tarde de las doce de la noche. Yo, también como persona de sentido común procuro en la medida de lo posible no recurrir a él cuando el calor no es la causa de mi insomnio. Lamentablemente no es éste el único problema de ruidos que existe en una comunidad. En los comentarios de la noticia se habla de perros o de niños pequeños. A mi se me ocurren muchos más, como los adictos al bricolage los domingos o días de fiesta por la mañana, los melómanos que escuchan música a todo trapo a horas inapropiadas o los “arrastramuebles” que son un nuevo tipo de vecino que se vienen prodigando mucho en los últimos años, y parece ser que tienen una alarmante necesidad de arrastrar muebles a las tantas de la mañana.

Independientemente de cual sea la causa del ruido, hay que entender que vivir en comunidad es difícil, muy difícil. Si ya es harto complicado vivir con tus padres y hermanos, o con tu pareja, cuanto más con gente a la que no conoces y con la que no siempre tienes una relación de amistad. Aún así hay que hacer un esfuerzo, y hay momentos y ocasiones en las que hay que ceder o ponerte en la piel de tu vecino. Si todos actuamos con cordialidad, respeto, educación y sentido común, estoy convencido de que los vecinos que cohabitamos en comunidad conseguiremos ser más felices durante nuestra estancia en un determinado piso. Mi vecina de abajo hay veces que se quejará de que mi aparato de aire no la deja dormir, pero seguro que si nuestra relación es cordial, se aguantará si estamos en alerta naranja, ya que yo no me quejo cuando su perro me fastidia la siesta, porque tengo que entender que los perros no son personas y no se les puede explicar que tienen que estar callados cuando van a salir. Mis vecinos de enfrente tienen niños pequeños, y a veces hacen ruido, pero yo me aguanto, porque cuando mis amigos vienen a casa y nos estamos hasta las tantas en mi salón bebiendo y armando jaleo ellos no dicen ni mu. Son sólo algunos ejemplos de lo que debe ser una relación cordial entre vecinos. Yo siempre intento ponerme en el lugar del otro, porque estoy convencido de que aguantarme a mí tiene que ser un verdadero coñazo…para los vecinos también.

Ya saben: Civismo, respeto, educación, sentido común, empatía, y sobre todo buena voluntad.

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¿¡Es que nadie piensa nunca en los niños?!
Enrique Falcó 28-07-2010 | 12:01 | 0

Leía mi menda ayer en las páginas del diario HOY que ya están las librerías pacenses con las reservas de los libros escolares para los niños. ¡Pero por Dios un poco de respiro que todavía no estamos ni en agosto! Como diría Helen, la mujer del revendo Lovejoy en los Simpsons ¿Es que nadie piensa nunca en los niños? ¡Que acaban de terminar el curso hace dos días y ya están recordándoles que ya mismo empiezan otra vez el cole!

 

Desde que uno se va haciendo mayor nota como irremediablemente el tiempo pasa mucho más deprisa, pero deprisa de verdad. En mi época de colegial el verano era un periodo de tiempo tan largo que cuando se presentaba te daba la sensación de que tenías una vida entera para disfrutarlo. Podías jugar con tus amigos (los que no estuvieran de vacaciones) podías irte tu también de vacaciones con la familia, ver mil cosas en la tele, jugar con tus juguetes, leer, aburrirte, contarte los dedos de los pies, rellenar cientos de veces los libros de vacaciones Santillana, y aún quedaban días y días… hasta que llegaba el momento de ir a comprar los malditos libros del nuevo curso.

 

Aquello no dejaba de ser un momento agridulce, pues es cierto que me gustaba el olor de los libros nuevos, me agradaba ojearlos, así como pensar en la idea de un nuevo curso, volver a ver a los compañeros y esas cosas. No obstante todo era un espejismo y los primeros días de curso se tornaban un verdadero infierno. Acostumbrarte otra vez a levantarte temprano era una abominación, lo mires por donde lo mires. Eso sí que hubiera sido motivo de depresión post vacacional, pero como los niños de antes éramos normales y no nos permitían según que tonterías, pues a aguantarse y punto. Observar como acechaba la oscuridad de los días y notar como el frío y la lluvia iban poco a poco adueñándose del tiempo, te hacía deprimirte hasta por lo menos las vacaciones de Navidad. Por eso mi menda no entiende que a finales de julio estén algunos pensando ya en los libros de los pobres chiquillos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aún siento en mi cuerpo la extraña sensación de la última noche de vacaciones, con la mochila preparada para el día siguiente y metiéndote en la cama bastante antes de lo que venía siendo habitual. Pero aún es pronto mis pequeños amigos, disfrutad lo que podáis, que ya habrá tiempo para echarle cara a lo que quede por llegar. Aún así, espero que aquellos recuerdos no destemplen mi cuerpo en esta estupenda mañana de verano. Esta noche seguro que tengo que meterme para el cuerpo un par de LOCH LOMOND para ahuyentar fantasmas del pasado. Guardaré esa mezcla de sensaciones agridulces y destempladas para mis más oscuras pesadillas.

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