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Evolución
Enrique Falcó 08-07-2012 | 3:17 | 2

 

Enrique Falcó. Pionero en usar Internet

Internet es una herramienta que evoluciona constantemente

Internet es una herramienta que evoluciona constantemente

 

Desde principio de los noventa siempre estuve familiarizado con el término “Internet”. ¡Qué no me pillaba de nuevas vamos! Era conocedor de que aquello de “La Red” significaba algo así como una especie de realidad virtual, casi ciencia ficción, que entre otras cosas y gracias al ordenador (que ya poco tenían que ver con los viejos Spectrum) permitía publicar tus propias páginas (las actuales web o blogs) para gusto de la concurrencia digital, consultar las de los demás o incluso conversar (chatear) con otros navegantes que podían encontrarse a muchos kilómetros de distancia. Mi íntimo Adolfo Campini, gran pionero digital, ya me mostraba entonces sus primeras creaciones, dedicadas a sus amigos, a sus grupos musicales favoritos o a los deportistas que más admiraba. Amparados en la importancia que Adolfo Campini le otorgaba a Internet, nuestro grupo musical, los añorados “Left Brothers“, fuimos con diferencia de las primeras formaciones nacionales que contaron con su propia web, y que entre fotos e informaciones diversas, ofrecía a los usuarios sus propias canciones en el entonces moderno sistema Midi. Personalmente todo aquello me hacía mucha gracia, me gustaba y me parecía muy divertido, pero seguía considerándolo algo anecdótico, casi un divertimento infantil e inocente, sin llegar a entender muy bien la realidad de su funcionamiento. Reconozco que ni por asomo llegué a sospechar que aquella entretenida herramienta cambiaría para siempre el incierto siglo XXI que acechaba impaciente. Parece increíble recordar, cómo tras más de una hora marcando el número de mi amigo desde el típico teléfono góndola rojo de telefónica de toda la vida, la línea no me devolviera más que ruidos muy desconocidos hasta entonces y sumamente extraños.

 

¿Quien no ha tenido alguna vez este teléfono en casa?

¿Quien no ha tenido alguna vez este teléfono en casa?

 

-“Perdona”- se disculpaba cuando por fin conseguíamos comunicarnos- “es que estaba conectado a Internet”. ¡Qué raro me parecía que fuera necesario un teléfono! No los relacionaba en absoluto. Se me antojaba una mezcla entre futurista y cutre, como el enorme ventilador colgado del techo en la peli “Blade Runner”. Los años pasaban y cada vez se intuía con más fuerza la importancia de saber utilizar Internet, de la necesidad de convertirlo en algo cercano y habitual para todos. Cada vez más programas de televisión y radio, periódicos o diversas publicaciones se sumaban a una moda que parecía expandirse como pringosa mancha de aceite. En uno de mis primeros días en la Facultad de Biblioteconomía y Documentación, mi amiga Leticia Antúnez (en la actualidad periodista de Canal Extremadura), que había sido compañera en el Instituto, me impartió generosamente en un día un cursillo acelerado que palió mi soberbia ignorancia. Me habló de los buscadores, de cómo utilizarlos para conseguir información y encontrar páginas sobre Tintín, Los Beatles o Los Planetas. Aquello fue algo parecido a ver el mar por primera vez. Me instruyó sobre los chats (nunca despertaron mi interés) y me descubrió una herramienta que cambiaría mi vida para siempre: El correo electrónico. Digamos que en ese momento comenzó mi carrera de articulista y entre otras cosas jamás volví a escribir ni enviar carta postal alguna. Desde entonces Internet sufre una constante evolución, hasta el punto de llegar a reinventarse cuando parece que no tiene más que ofrecer. ¡Llegaron por fin las tarifas planas! Nunca se me olvidará una aplicación informática que mi amigo Millán Vázquez, fundador de la Agencia FREAK (otro visionario) utilizaba para saber lo que estaba costándole cada segundo navegar por la Red. Aquello iba más deprisa que el taxímetro de mi amigo José Carlos García Márquez (El mejor taxista de Badajoz). Irrumpieron mejores conexiones mucho más rápidas, las ADSL, los programas de intercambio de archivos, luego las redes sociales, youtube, el Streaming… en definitiva, el Internet que hoy casi todos conocemos.

Internet sumó a su capacidad de comunicación e información un sin fin de nuevas posibilidades que lo convierten en una ventana continuamente abierta hacia la cultura y en una constante fuente de ocio. Como en cualquier evolución cultural, no existe un punto antes del cual no se produzcan luchas, o un pequeño paso atrás. Algo parecido ocurrió el pasado 19 de Enero de 2012, con el repentino cierre de Megaupload por parte del Gobierno de los Estados Unidos. Millones de personas que hacían un uso legítimo de los servicios del sitio web de alojamiento de archivos se han visto perjudicados. Y así, con la excusa de la vulneración de los derechos de autor y Copyright, el FBI ha causado daños incalculables, muy superiores al beneficio que se pretendía acabando con el gigante negocio de Kim Dotcom, quien ya ha manifestado a través de su Twitter que tras la no aprobación del acuerdo de antipiratería ACTA, Megaupload volverá “Más grande, mejor y más rápido”.

 

Algunos esperamos impacientes el regreso de Megaupload

Algunos esperamos impacientes el regreso de Megaupload

 

La esperada noticia, que algunos consumidores ansiábamos como agua de Mayo se presenta en un momento cumbre en el que muchos nos planteábamos seguir manteniendo nuestras ADSL o fibras ópticas. El cierre de Megaupload se convirtió desde el primer momento en un despropósito y un atentado contra la libertad de Internet, el único medio realmente libre que nos queda. Tras los intereses políticos se buscaba controlar el medio al antojo de los más poderosos, pero Internet evoluciona, y la evolución es imparable, y más con la libertad como bandera. Quizás haya que plantearse alguna serie de cambios, pues está claro que hay que proteger los derechos de autor, así como la propiedad intelectual, y que no podemos seguir disfrutando del trabajo de otros sin que estos obtengan algún beneficio, pues si no estaríamos condenados a la desaparición del mundo tal y como lo conocemos hoy. Pero existen millones de posibilidades a explotar, y no necesariamente hay que cargar el mayor peso contra los consumidores. De momento, el millonario Kim Dotcom, en libertad bajo fianza a la espera de su extradición en agosto a los EEUU, vuelve con sed de venganza. Por lo visto, Megabox, un nuevo servicio de música que ofrecerá espacio ilimitado y gratuito, promete llevar por la calle de la amargura a las discográficas, a quienes desde hace varios años se les acabó el chollo de vivir a lo grande a cambio de chupar las venas de sus estrellas musicales. Con su nuevo servicio, Dotcom vaticina la necesaria independencia de los artistas de la dictadura de las discográficas, quienes se verán abocadas a evolucionar, a reinventarse, si quieren seguir subsistiendo. Ya sé que muchos de ustedes estará pensando que la venganza es un plato que se sirve frío, pero qué quieren que les diga, en la evolución natural de las cosas solo sobreviven aquellos que ostentan la capacidad de adaptarse mejor y más rápido, y no podemos negar que en todo proceso de tan complicada índole, la sangre siempre ha jugado un papel de considerable importancia.

 

 

Publicado en Diario HOY el 08/06/2012

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Desacato a la realidad
Enrique Falcó 24-05-2012 | 11:29 | 0

 

El post de hoy vuelve a escribirlo mi amigo “El poeta”, Ángel Manuel Gómez Espada, quien ha tenido la generosidad de regalarme una nueva crítica de  “Don de Loch Lomond” que suma ya más de 300 ejemplares vendidos. Esta crítica ha sido realizada ni más ni menos que en el número 30 de la prestigiosa revista literaria “El Coloquio de los Perros” en donde el menda ha colaborado en alguna ocasión. Aprovecho para anunciarle a todos los amigos de este blog que precisamente, este sábado 26 de Mayo, en “La Azotea” (Murcia) tendrá lugar la fiesta-presentación de esta veterana e ilustre revista literaria digital.

Ahora les dejo con mi amigo “El poeta” y su “Desacato a la Realidad”. ¡Tener amigos para esto! ¡Gracias poeta!

 

Desacato a la realidad
Sobre Don de Loch Lomond de Enrique Falcó


Ángel Manuel Gómez Espada

Enrique Falcó FOTO: Ángel Manuel Gómez Espada
Enrique Falcó entre su querido Tintín y un botella de Loch Lomond FOTO: Ángel Manuel Gómez Espada
Enrique Falcó junto al LOCH LOMOND que tanto gusta al viejo Capitán Haddock FOTO: Ángel Manuel Gómez Espada
Enrique Falcó junto al LOCH LOMOND que tanto gusta al viejo Capitán Haddock FOTO: Ángel Manuel Gómez Espada

 

     Existen libros que, por  diversos motivos, son nuestros, de una manera o de otra. Y no en el sentido de  las canciones, cuando creemos que el autor las ha compuesto pensando en nuestra  propia experiencia. Los entendemos más como a un amigo que está ahí siempre,  con el que podemos conversar. En ocasiones, con el que podemos desahogarnos; pues  esos libros, como los buenos amigos, suturan las heridas provocadas por el  desánimo en cuanto regresamos a ellos. En mi caso, me ocurre con La Eneida, Madame Bovary, Sostiene  Pereira o El guardador de rebaños de Alberto Caeiro, por no extender más la nómina. A este último hace referencia  Jesús García Calderón en su prólogo con una atinada comparación, cuando afirma  que Falcó, su sobrino, busca en la escritura su manera de estar solo, alejado  de la realidad pálida y enfermiza a la que hoy nos enfrentamos. Una realidad  que, me consta, no es ni por asomo la que los chicos del General Navarro  soñaban en sus horas de recreo. Así pues, Falcó opta por sacar sus mejores  armas a relucir y por explayarse en el desacato a esta realidad. En ella puebla  a sus anchas la ignorancia, de la que dice, en una de mis frases favoritas de  este don, que «es atrevida y peligrosa, pero que puede corregirse con el  tiempo».

Enrique Falcó en la foto que ilustra su obra Don de Loch Lomond. Foto: Ángel Manuel Gómez Espada
Enrique Falcó en la foto que ilustra su obra Don de Loch Lomond. Foto: Ángel Manuel Gómez Espada
Don de Loch Lomond de Enrique Falcó
Don de Loch Lomond de Enrique Falcó

 

     Debo confesarles que este Don de Loch Lomond me provoca esa sensación de la que hablaba antes:  lo siento como mío. No solo por la extraña sensación de verme convertido en  personaje, sino porque es un libro escrito desde la benevolencia y la  imparcialidad que provoca la memoria de la felicidad. Son posos de tiempos en  los que cabía la alternancia. Lo mismo te tocaba ser indio que a los diez  minutos por una madre impertinente te tocaba irte con los vaqueros, y tenías  menos remordimientos en ese acto tan simple que los de un político tránsfuga. Falcó  es como cualquier otro personaje de mi entrañable y admirado Bryce Echenique.  Narra con la transparencia del peruano en Un  mundo para Julius y está claro que es de esos personajes que podría jugar  la primera parte de un partido de fútbol con un equipo y la segunda con otro.
Falcó nos ha ido imponiendo estos posos de la memoria  puntualmente con los ojos de una generación especial, aquélla que naciera por  los años en los que un comando compuesto por los mejores hombres del ejército  americano fueron encarcelados por un delito que no habían cometido. Aquélla que  iba a aprender todo bajo el filtro de la telecomunicación, entendiendo ésta  como las rudimentarias televisiones de dos canales, la magia casi de aquelarre  de la moviola o el Spectrum 48K; y que tuvo la inmensa fortuna de vivir seriales  de dibujos animados basados en la literatura más clásica y en la ciencia  ficción, como Ulises 31, los Caballeros del Zodíaco o el Comando G. Que podía tragarse en una  matinal de cine una doble sesión en la que se compaginaban Jesús de Nazaré con La Guerra  de las Galaxias o Superman con Las aventuras de Enrique y Ana.
¿Qué quieren que les diga? Esas excentricidades marcan. La  infancia era una mezcla de vértigos entre correr detrás de una pelota de cuero  a la vez que masticabas el pan con chocolate y, siempre que no te vieran los  demás, pedir permiso a las niñas de tu calle para jugar a la rayuela con el  cínico y exclusivo propósito de aprovechar lo que se vislumbraba cuando se  agachaban a recoger la piedra.
La memoria privilegiada de Falcó nos conduce por esos  pasillos con  una minuciosidad superlativa; tanto que esa capacidad suya me provoca una  envidia malsana. Su precisión es tan exhaustiva que si me recuerda que en  nuestra enésima cumbre en el restaurante Marchivirito pagamos tal o cuál cantidad, lo creo  a pie juntillas, por mucho que haya una factura conmemorativa que diga lo  contrario. Supongo que al resto de personajes de estos artículos les habrá  acontecido igual. Como alguno de ellos está hoy presente tendrá la oportunidad  de clarificarme o rebatirme. Pero les habrá pasado, repito, que ante esa  anécdota leída en el periódico hayan pensado lo de “ni remotamente”. Aunque,  claro, si lo dice Enrique será así y habrá que contarla así. Éste es uno de los  grandes poderes de un buen narrador: hacernos creer que lo que cuenta es  vívido, sepamos que es cierto o imposible.

Ulises 31
Ulises 31
Enrique Falcó en la foto que acostumbra a salir en su Tribuna del Diario HOY. Foto Ángel Manuel Gómez Espada
Enrique Falcó en la foto que acostumbra a salir en su Tribuna del Diario HOY. Foto Ángel Manuel Gómez Espada
Enrique Falcó y Ulises 31     Fotos: Ángel Manuel Gómez Espada

 

     Los del tiempo de Falcó fueron los últimos adolescentes que tuvieron  la disyuntiva entre la imagen y la palabra. Y ante ese vía crucis generacional  hay que agradecerle que se haya quedado con la última opción, sin dejar de lado  la primera. Resulta indudable que uno no se olvida así como así del día que  Mazinger Z pudo volar gracias a los pechos de Afrodita A. Esa capacidad de  elección, la que hoy nos presenta Falcó, no se ha vuelto a dar, salvo en  honrosas excepciones, en las posteriores generaciones, abocadas a la  destrucción de la imaginación, condenados a la virtualidad.
La imagen y la palabra, ésa fue la suerte de su generación.  Y eso es lo que hay aquí, en esta antología. Con buenos aditivos y aditamentos,  con los que Falcó deja un buen sabor de boca dominical. Recordándonos con su  memoria privilegiada que la imagen nos demuestra que la vida continuamente está  repleta de falsos héroes postizos; mientras que la palabra ha de identificarte  con los antihéroes de papel, pues ellos son los elegidos para acampar a sus  anchas en los paraísos artificiales de la infancia, cuna de los recuerdos más  imperecederos.

Publicado en El Coloquio de los Perros Nº 30 en Mayo de 2012

http://www.elcoloquiodelosperros.net/numero30/curi30fa.html

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Todos los detectives quieren ser Flanagan
Enrique Falcó 30-04-2012 | 12:25 | 0

Enrique Falcó. Sabueso Lector

Los 12 tomos de Flanagan de mi biblioteca. Indispensables para el menda.

Los 12 tomos de Flanagan de mi biblioteca. Indispensables para el menda. FOTO: Enrique Falcó

Parece ser, y este artículo así lo certifica, que se está convirtiendo en tradición que cada año, con motivo de la Feria del Libro, les recomiende algún ejemplar que de una u otra manera ha sido importante en mi vida. Si no recuerdo mal les he hablado de “El perfume”, “Corazón” o “La Venganza de Don Mendo“. ¡Casi nada!

A la hora de hablarles de libros, o más bien, recomendarlos, me gusta siempre encaminar mis propuestas hacia los más jóvenes, por aquello de que son quizás quienes más lo necesitan. Ya les he narrado en multitud de ocasiones que sufro cuando algún coetáneo de generación me confiesa que no ha disfrutado jamás con un cómic de “Tintín“, “Astérix” o “Mortadelo. Que no ha visionado la Trilogía de “El Padrino o escuchado a Los Beatles. Que no se ha entretenido y a la vez aprendido historia de España con “El Capitán Alatriste” o no se ha desternillado de risa con “Las Memorias del Marqués de Sotoancho” o “Manolito Gafotas“. Sufro, de verdad, y jamás en silencio como las hemorroides.

No puedo creerme que existan quienes puedan perderse todo eso. Es como si tuviera la sensación de que no han vivido tan plenamente como quien suscribe, como si les faltara algo importante para ser felices en la vida. Por eso esta recomendación es principalmente para preadolescentes, adolescentes, o jóvenes sin más, y para ustedes, amigos, hermanos, tíos, padres y abuelos de éstos, para que se los recomienden y regalen en cumpleaños o cualquier día sin mediar excusa o pretexto alguno.

Los padres de la criatura: Andreu Martín y Jaume Ribera. Ambos poseedores de un don inigualable para la escritura y una juventud imperecedera y eterna.

Los padres de la criatura: Andreu Martín y Jaume Ribera. Ambos poseedores de un don inigualable para la escritura y una juventud imperecedera y eterna.

Hoy no les hablaré de un libro, sino de 12. Me estoy refiriendo ni más ni menos que al genial detective Flanagan. Toda una saga, que esconde entre sus páginas altas dosis de humor, aventura, intriga, acción, amor y ¿por qué no? Algo de sexo. Contenidos imprescindibles para una buena novela juvenil.

Aunque habría que señalar que a Andreu Martín y Jaume Ribera, padres de la criatura, no les gusta esa etiqueta, pues consideran, al igual que mi menda, que después de todo son de género policiaco, y marcarlos tan descaradamente como novela juvenil consigue distraer la atención de muchos adultos aficionados a éste género, algo que no ocurre con los libros de la pareja de autores en otros países como Alemania. Aun así es inevitable afirmar que nos encontramos ante un personaje con gran potencial que puede transmitir al joven lector esa desmedida y necesaria pasión por la lectura que tanta falta hace en este país.

Fue en primero de BUP, en el 93 o en el 94, cuando mi profesor de literatura nos encargó la lectura y posterior trabajo de “Todos los detectives se llaman Flanagan“.

El encargo tornó desde las primeras páginas a lectura de placer, pues me enamoré de un plumazo del personaje que narraba sus aventuras en primera persona, y del singular mundo que rodeaba a ese muchacho, de mi misma edad, y que solucionaba casos de pacotilla mientras se mezclaba en un peligroso mercado de robo de bebés (tema más de actualidad que nunca) y a la vez tenía tiempo para enamorarse de dos chicas, tan hermosas como diferentes, y mostrarnos las peores y más peligrosas zonas de Barcelona hasta los barrios más pijos, y todo ello sin perder nunca el sentido del humor.

En este primer contacto descubrí que Flanagan había nacido unos años antes, con la premiada obra “No pidas Sardina fuera de temporada“, en la que el tráfico de drogas, las redes de pederastia o incluso las tribus urbanas se nos presentan de un modo tan real y natural como la vida misma. Desde entonces, y ya han pasado años, no dejo de esperar la siguiente aventura de mi detective favorito.

Los dos hemos ido creciendo desde entonces, aunque yo bastante más rápido que él. En su primera aventura, Juan Anguera, alias Flanagan, cuenta con apenas 12 años, y en “Flanagan Flashback“, la última de ellas publicada en abril de 2009, aquel preadolescente culmina su historia con una fiesta sorpresa organizada por su novia para festejar su mayoría de edad. En dos días cumpliré 34 años y espero impaciente su nueva aventura. Y es que Flanagan me ha dado mucho.

Flanagan me enseñó a tomarme las cosas con sentido del humor, a reírme de mí mismo, a contar siempre la verdad, bien quedando como un héroe o a la altura del betún.  A reconocer que la vida no es siempre justa pero que existen momentos en que uno tiene que declinarse a un lado u otro de la balanza y apechugar con sus actos. Flanagan ha madurado mucho, y con él también sus lectores. Incluso se ha atrevido a hablar de su vida sexual, y compartir con nosotros su primera vez. De enseñarnos que el sexo es algo muy importante y no ha de tomarse a la ligera. ¡Que bien nos hubiera venido a los treintañeros de hoy  “El Diario Rojo de Flanagan” unos diez años antes!

Un ejemplo de los varios idiomas en que se han traducido las aventuras de mi querido Flanagan

Un ejemplo de los varios idiomas en que se han traducido las aventuras de mi querido Flanagan

Su manera de entender la vida, la justicia, la sociedad o las mujeres ha evolucionado, como la de cualquier joven equilibrado y sensato que exprime la vida y la disfruta de ella como si cada minuto fuera el último. Quien suscribe, sigue siendo en el fondo el niño que quiso ser Flanagan. Un detective real, de los de verdad, un chico normal y corriente, y no aquellos tipos duros, solitarios y alcoholizados, rodeados de mujeres fatales. Tan lejanos, tan inalcanzables. En el fondo todos los detectives quieren ser Flanagan, Juan Anguera, un personaje que algún día estudiarán (ya lo hacen muchos) nuestros escolares.

Hace ya muchos años que dejé de comprar sus libros amparándome en las típicas excusas (qué si es  para mi hermano pequeño, o para mi sobrino) El propio Jaume Ribera fue quien me convenció en un foro de Internet que no había motivos para avergonzarse nunca por leer literatura juvenil aun siendo adulto, y muchísimo menos los libros de Flanagan, que como señalé anteriormente en todos los países europeos se enmarcan dentro del género policiaco. Ahora también gracias a las redes sociales puedo intercambiar opiniones con el mismísimo Andreu Martín. Ambos poseen la vitalidad y el atractivo del detective. En la cubierta de mi primer libro advierto a mis lectores que algún día quiero ir devolviendo a la literatura todo lo que ésta me ha dado, y como bien observarán ustedes, mis queridos y desocupados lectores, hoy, como en tantas ocasiones, voy sacándome espinas y aportando mi granito de arena en pos de tan justa y necesaria tarea.

Publicado en Diario HOY el 29/04/2012

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Cangrejos del Guadiana
Enrique Falcó 24-04-2012 | 12:47 | 0

 

Enrique Falcó. Cangrejo a su pesar.

 

La famosa lata de conserva de
La famosa lata de conserva de
“El Cangrejo de las Pinzas de Oro”

 

Nunca me hicieron especialmente gracia los cangrejos. Si acaso “El cangrejo de las pinzas de oro”, pero ya imaginarán ustedes que sólo por mi infinita fascinación hacia las aventuras de mi querido Tintín. Desde siempre, dichos crustáceos se me antojaron incómodos de mirar, me causaban repelús, y constantemente los imaginaba en mi sesera como arañas gigantes, igual que aquella “Epeira Diadema” de “La estrella misteriosa“. Aún conservo el recuerdo aterrador de aquellos cangrejos que llegaban vivos a casa (no sé si provenientes del río o del supermercado) y cómo mi padre cogía uno, lo ponía en el suelo y me llamaba riéndose para que lo mirara y jugara con él. Yo era bastante pequeño, y ya he confesado en más de una ocasión que nunca he sido lo que se dice un valiente. Qué quieren que les diga. Me encerré corriendo en mi cuarto junto a mis clips de Playmóbil. Aterrado, me cogí un berrinche enorme sólo de pensar que aquella cosa asquerosa se movía a sus anchas por el pasillo de casa. Creo que no consiguieron que me callara hasta que por fin pude verlos servidos en la mesa a punto de ser devorados por mis progenitores y hermanas. Como imaginarán no se me ocurrió tomar parte en ese particular menú, aunque en el fondo de mi tierna mente infantil siempre pensé que merecían tan lamentable y trágico final. ¡Los odiaba!

La horripilante

Tras los traumas de la infancia, algo más mayor, dejaron de darme miedo, e incluso me gustaba ir con algunos amigos y sus padres a pescarlos, aunque posteriormente, en la pitanza, su seguro servidor se declinaba más por un buen pedazo de carne sazonada en detrimento de los cangrejos, con o sin tomate.

El destino no está carente de cierta ironía, y a la vejez viruela me persigue de nuevo desde hace unas semanas el fantasma de los cangrejos. Tras la inminente publicación de mi libro, “Don de Loch Lomond” siempre caía alguna pregunta relativa a la denominada “Generación Cangrejo” en las entrevistas previas de radio y prensa, por aquello de que los jóvenes de hoy vamos hacia atrás. Parece ya un hecho demostrado, digno de los mejores estudios, aquello que nos escupen a diario en la cara los tertulianos y entendidos de pacotilla, convencidos de que pregonan una verdad insalvable. “Vamos a empezar a vivir como se vivía hace 40 años” – te dicen, y se quedan tan tranquilos. “¡Pues que bien!” Piensa el menda, quien continuamente, como sus coetáneos de generación, se ha criado con la mandolina continua de sus mayores con el cuento del “¡Qué bien vivís!” el “como se nota que no habéis pasao una guerra” “Los sacrificios que hemos hecho por vosotros” y en especial “Nosotros corrimos delante de los grises”. Pues qué quieren que les diga, que no lo habrán hecho tan bien, o al menos que por lo menos no ha sido para tanto. No hemos sido nosotros los que hemos llevado un país a la quiebra con la maldita especulación del ladrillo, ni quienes se forraron en su día metiendo pufos con la construcción o la política. No hemos sido nosotros quienes han convertido este país en una maldita chimenea, en el que se fumaba hasta hace dos días en los propios hospitales, y en el que con una indecente tolerancia al alcohol ha servido como ejemplo negativo a una juventud que pagará cara sus consecuencias muy pronto. Tampoco puede culparse a nuestra generacion el afan en convertir a la población activa en expertos y hábiles “escaqueadores” de responsabilidad laboral, ni nos hemos inventado aquello de “¿La factura con IVA o sin IVA?”. ¿Quiénes fueron, por estupidos complejos de antaño, los que nos metieron en la cabeza aquello de estar estudiando hasta casi la treintena? ¿Quiénes nos han enseñado eso tan bonito y tan nuestro del “Si no hay lo pintas”? Como resultado, ahora además de ser los mimaditos de una sociedad en decadencia, somos una panda de desgraciados que no tienen donde caerse muertos. Y efectivamente volvemos atrás, como los cangrejos, y no sólo caminando, sino dando pasos atrás y en falso en el natural desarrollo de la vida. Y que se nos denomine la generación cangrejo no significa que solo vayamos a pagar el pato nosotros, pues son nuestros mayores ahora quienes se ven obligados a ayudarnos a diario a criar a nuestros hijos para que podamos trabajar, los que encima tenemos la suerte de trabajar a destajo por dos duros, a ayudarnos económicamente para pagar “caprichos” como un techo donde cobijarnos. Volvemos al “Cuéntame como pasó”. Nos convertiremos de nuevo en Antonios Alcántaras! Otra vez “Me cago en leche Merche”, el pluriempleo, deslomarnos a trabajar para malvivir subsistiendo, y más en esta dura tierra, quien lleva escrito en su propio nombre los dos adjetivos que la definen. “Tierra de Conquistadores, no nos quedan más cojones” Cantaba Robe Iniesta en los primeros años de Extremoduro.

Gecko Turner, el extraordinario compositor e intérprete extremeño de

Sin embargo, mi amigo Gecko Turner, entre otras muchas, escribio hace unos años una preciosa canción que destaca entre otras por su belleza y especial ejecución. “Nina del Guadiana“. Deliciosa melodia, lujosa instrumentacion y preciosa letra, donde entre otras cosas habla de la filosofia que quiso darle Dios a este río, el Guadiana, y el baño de cultura y raices que supone para nosotros. Hemos de creer, mas bien desear, que al igual que toda nina del Guadiana posee el encanto del río, nosotros, los cangrejos del Guadiana, podramos labrarnos un presente y futuro que no acabe cociéndonos en la olla a presion donde quiere condenarnos a perecer una sociedad, que en su día, nos lo ofrecio todo y ahora nos lo demanda. Amigos míos, desafortunados colegas, Cangrejos del Guadiana: ¡Ánimo! ¡Quien persevera vence! Seguro que algo hemos de encontrar en la espuma del viejo Anas que nos ayude a caminar hacia adelante. Después de todo, mi amigo Günter Grass mantiene la máxima que asegura que muchas veces es necesario retroceder para avanzar… ¡Como los cangrejos!

Publicado en Diario HOY el 22/04/2012

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Un brindis con LOCH LOMOND
Enrique Falcó 21-04-2012 | 4:06 | 0

El sábado 21 de abril, se ha producido un hecho histórico. “Don de Loch Lomond” ha recibido su primera crítica literaria. Y encima ésta ha sido positiva, aunque sería injusto no señalar que su autor, mi querido don Manuel Pecellín Lancharro,  el profesor de la escuela de los sueños, quizás no sea todo lo imparcial  que debiera, pero qué le vamos a hacer, el corazón tiene razones que la razón no entiende, y aún así ha sido más generoso que de costumbre. Hoy escribe este post don Manuel Pecellín Lancharro, y lo hace en Trazos, la magnífica (aunque no suficiente) sección sobre libros y cultura del Diario HOY, y por su puesto también en su blog, “Libre con libros“.

 

 

Don de Loch Lomond. Autor: Enrique Falcó. Indugrafic. Badajoz 2012

Don de Loch Lomond. Autor: Enrique Falcó. Indugrafic. Badajoz 2012

 

Enrique Falcó no oculta su entusiasmo por Tintín y por el capitán Haddock, los personajes de Hergé

Enrique Falcó (Badajoz, 1978) difícilmente podía eludir la carrera literaria, como nieto, hijo y sobrino que es de periodistas y escritores. Bien demostradas tiene sus virtudes en las colaboraciones semanales y el blog que mantiene en el periódico HOY, sin omitir otras muchas entregadas a la revista digital ‘El coloquio de los perros’ (otro nombre cervantino en la red) o las letras de numerosas canciones por él creadas. De los varios centenares de post publicados, ha elegido sesenta para componer esta su primera obra.

Desde que los iniciase en el periódico regional, los leo asiduamente, admirado por el aura de juventud, frescura, actualidad y bonhomía que los impregna, sin que falte algún mandoble contra follones y malandrines. Esos rasgos no han hecho sino incrementarse por efecto de acumulación en el libro.

Cinéfilo, melómano y gastrónomo entusiasta, diplomado en magisterio y croupier de profesión (no extrañarán los múltiples registros de sus textos) Falcó no oculta su entusiasmo por Tintín, el famoso protagonista del cómic que Georges Remi (Hergé) creara a finales de los 20 del pasado siglo. Y no menos le seduce un inseparable del simpático reportero-detective, el capitán Archibald Haddock. Casi siempre de malhumor amante de palabros rotundos (Troglodita, Ectoplasma o Tormenta de Brest … especialmente sonoras en el francés original), era tan adicto al whisky como un chivo a la leche. Pero no a cualquiera, sino a uno que por entonces no existía en el mercado (ahora, ya sí), el Loch Lomond, nombre procedente de un lago de la patria de tan reconfortante elixir, Escocia, a unos kilómetros de Glasgow, no lejos del misterioso Ness.

Es el nombre que, rozando el palíndromo, adopta Falcó para su blog y ha querido trasmitir al libro: ‘Don de Loch Lomond’. Aparece con dos preliminares que de ningún modo conviene obviar. Uno lo suscribe el padre del escritor, Enrique García Calderón. Hombre curtido en crónicas y reportajes miles, refiere las muy tempraneras inquietudes del hijo y los rasgos que, a su entender, lo definen mejor. El segundo lo suscribe otro familiar, Jesús García Calderón, el admirado poeta que combina dotes creativas (acaba de publicar un nuevo poemario) con las seriedades de todo un fiscal jefe de la Audiencia de Andalucía. Y hay también un prólogo del propio Falcó, donde explica la diagénesis, el proceso como fue generándose su obra, no distinto que el de tantas firmas muy cotizadas hoy en el panorama nacional: reunir en una edición colaboraciones, totales o antologadas, aparecidas en prensa. Aquí todas llevan una guinda: El pequeño apunte con que se abren, procedentes de la muy experimentada sapiencia en tales menesteres de José Joaquín Rodríguez Lara, el inolvidable ‘Conchito’ que un día ya lejano ganase el Felipe Trigo. Obligado a elegir, yo me quedaría con las entradas ‘ Catalanes’, ‘!Tintin no es gay¡’,‘ Tintín es inocente’, ‘Placeres sencillos’, ‘No llegamos’ y ‘Los frustrados hijos de la clase media’.

Hay autores que escriben como si en ello les fuera la vida. Se enfrentan al papel o a la pantalla de forma agónica, buscando lectores cómplices a los que implicar en esa lid contra los límites del lenguaje u otras obsesiones. Y los hay que, sin renunciar a mayores alcances, lo que buscan más que nada es divertirse mediante la palabra. A estos pertenece Falcó, un bromista impregnado de optimismo, humor, espíritu lúdico y alegría de vivir, rasgos que se le traducen en un verbo siempre lozano, hábil para engendrar y mantener la sonrisa de los lectores. Y eso sin cerrar los ojos a las duras realidades socioeconómicas, en una prosa bien cincelada, construida con el lenguaje cotidiano, pero no exenta de belleza merced a la acertada elección de los términos y al buen ritmo de su discurso.

Subido a la Web de la Real Academia de las Letras y las Artes el 25/04/2012

http://raex.es/images/enlaces/lib_reco.pdf

Publicado en Diario HOY el 21/04/2012

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El Loto Azul
Enrique Falcó 02-04-2012 | 11:23 | 0

 

Enrique Falcó. Incondicional de los chinos

Además de uno de mis cómic favoritos de Tintín y el nombre de una de las secciones de mi blog, no podía dejar de titular un artículade esta guisa.

Además de uno de mis cómic favoritos de Tintín y el nombre de una de las secciones de mi blog, no podía dejar de titular un artículade esta guisa.

Parece que fue ayer, mayo del 99, y desde entonces han transcurrido ya casi trece
años. Me encontraba en Madrid, con mis compañeros de Violent Popes y LICH, para
una serie de conciertos en la capital. Tras las actuaciones, con el lógico subidón, evidentemente salíamos de marcha, casi siempre por el barrio de Malasaña, y allí descubríamos entre otras cosas que los madrileños no sabían lo que era un botellón. Todo el mundo bebiendo birra a morro o calimocho como mucho. Cuando nos vieron llegar, tan raros, y tan cargados, no daban crédito. Cuando me dispuse mi primer JB con Coca Cola (Aún no había comenzado mi devoción por el mítico Loch Lomond) como un señor, algunos jóvenes de los alrededores nos estaban haciendo la ola, y no nos faltaron “novias” de entre todos los grupos de alrededor para ver si les invitábamos a un par de cubatas.

Nosotros, como habitantes que éramos de una capital pequeña, nos impresionamos de los abultados precios (¡500 pesetas una Coca Cola y casi 1000 una copa!) y en
especial de la cantidad de tiendas de chinos abiertas hasta altas horas de la madrugada. “¡Que hambre tengo!”- Gemíamos cualquiera de nosotros. “No te
preocupes” – Contestaban nuestros nuevos amigos “Que aquí al lado hay unos
Chinos”. ¿”Unos qué”? preguntábamos sin saber a lo que se referían. Badajoz, mi
ciudad, y el resto de Extremadura, estaba plagada entonces de restaurantes
chinos, pero sin embargo en Madrid, ya se dedicaban a las tiendas de alimentación y a aquellas que aquí llamábamos tiendas 100, o como decía mi madre, los veinte duros.

 

No tardaron en aparecer por estas tierras, hasta el punto de que cualquiera de nosotros ya no va a comprar a la tienda 100 de toda la vida, sino a “los chinos”, que hace ya muchos años dejaron de ser sólo restaurantes.
Por lo visto les va muy bien, y no me extraña. Dudosa calidad pero precios muy
económicos, y algunos dan el pego. Existen cierto tipo de productos que quien
suscribe a día de hoy no sabe ya donde buscar si no es en una de estas tiendas.
Parece que con ellos no puede la crisis, y ya hay muchos extremeños incluso
trabajando para ellos. Muchos los miran con cierto recelo, y los consideran una
especie de competencia ilícita y desleal, pero es que su capacidad de trabajo
parece no tener límites. Otra cultura, otra manera de entender y comprender la
vida que quizás no casa con nuestra educación. Ustedes me conocen, ya saben que
trabajo para vivir, y no al contrario, y que hace ya bastantes años que aprendí
de mi amigo “El poeta” Ángel Manuel Gómez Espada, a buscar la felicidad entre
los placeres más sencillos. Quizás es por esta razón, que cualquier homólogo
oriental de 33 años, sea el propietario de una de estas tiendas y ostente unos
cuantos ceros de más en su cuenta corriente, mientras que el menda apenas tiene
para comerse los mocos y se pasa el día llorando con el “no llegamos” y
abanderando el movimientos de “Los frustrados hijos de la clase media”. Dudo
que cualquiera de estas tiendas haya apoyado la huelga general del pasado día
29, entre otras cosas porque para su entendimiento y cultura, aquello de protestar
dejando de trabajar tiene que ser algo que hasta los ofenda sobremanera. Los
empresarios que sufren las consecuencias de albergar alguna de estas tiendas
cercana a la suya insisten en que no se puede competir con ellos, ya que abren
a diario, no cogen vacaciones y parecen no cerrar nunca. Igual no se trata de
competir, sino de intentar convivir. Yo no me imagino trabajando de lunes a
domingo de 8 de la mañana a 12 de la noche sin descanso, entre otras cosas
porque no sé para qué narices querría el dinero. Pero si ellos lo hacen me
parece muy bien. Si en dos tiendas de parecida índole el mismo producto,
exactamente igual, es más barato que en otra porque el vendedor prefiere asumir
la diferencia, indudablemente nada puede hacer el comerciante de la tienda más
cara, y menos en tiempos tan duros para aligerar los bolsillos de los
consumidores. Tal vez, en lugar de imitar su modelo de trabajar sin descanso,
podríamos empaparnos de su agudeza para anticiparse a las necesidades de los
ciudadanos, o de su espíritu emprendedor, y en muchos casos de su simpatía, ya
que existen verdaderos animales de carga tras muchos mostradores que apenas te
gruñen un buenos días aun siendo cliente habitual. Aunque no nos engañemos,
como siempre, el sabio dicho griego triunfa. Lo ideal sería un término medio,
un sano contagio de actitud, aptitud y manera de entender la vida y el trabajo.
Quizás ellos deberían aprender algunas cosas de nosotros, como a no pensar
solamente en el trabajo. A detenerse ante la belleza de la vida y su
cotidianidad. Mientras que esa educación que sostenemos en este país, la de no
dar palo al agua, la del mamoneo de dinero público, la del pillo que va de baja
en baja, del que ficha y se larga hasta el fichaje de salida, debería de ser
solapada por algo de su responsabilidad ante el trabajo.

No voy a engañarles. Personalmente estas tiendas me privan, y ya estoy deseando
que abran una cerca de mi casa. Así como los restaurantes, a los que ya no
puedo acudir hace muchos años con mi novia, que ya no es tan permisiva como
antaño a la hora de darme el gustazo de saborear ternera con pimientos, pollo
con piña o al curri y cerdo con bambú. Reconozco que poseo un Wok en mi casa,
así como un generoso libro de recetas, y que yo mismo intento prepararme mi
propia comida. Pero no puedo engañarles. No es lo mismo. Algo debe germinar por
mis genes que todo lo que huela a China me apasiona, así como la belleza
exótica de sus mujeres, o la bella y relajante música que escucho una y otra
vez mientras leo sorbiendo litros y litros de Té rojo. Quizás sea por todo lo
mencionado, y no casualidad, aquello de que uno de mis cómics favoritos de mi
querido Tintín es El Loto Azul.

Publicado en Diario HOY el 01/04/2012

 

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Ausencias, traumas y gratitud
Enrique Falcó 31-03-2012 | 12:57 | 2

 

Enrique Falcó. Don de Loch Lomond (El libro del año que no deben perderse)

Enrique Falcó. Don de Loch Lomond (El libro del año que no deben perderse)

 

El pasado miércoles 28, en el Salón Mérida, del Gran Hotel Casino de Extremadura(Badajoz), experimenté un sin fin de sensaciones. Emociones varias que ahora, tras la ansiada calma que esta vez no precede a la más horrenda de las batallas, reposan y maduran en mi incontenible sesera, cada vez menos inquieta y voraz, afortunadamente al contrario que tras las últimas jornadas regadas de estrés, tensión e incertidumbre. El pasado miércoles, en la presentación de “Don de Loch Lomond”, mi primer libro, se produjeron ausencias significativas, algunas comprensibles y otras no tanto. Las que menos me importaron fueron las de la
mayoría de medios de comunicación que hicieron caso omiso a la convocatoria que
con tanta ilusión prodigamos el menda y el departamento comercial del Gran Hotel Casino de Extremadura (cuyos comerciales, personal de dirección y empleados actuaron impecablemente y con gran diligencia) en tan importante acto para quien suscribe, quizás y es justo señalarlo, porque la cobertura prestada a la promoción del evento sí que fue seguida en su totalidad por casi todas las emisoras locales y especialmente por Diario HOY.

 

Enrique Falcó y Rebeca Porras ABC PUNTO RADIO BADAJOZ

Enrique Falcó y Rebeca Porras ABC PUNTO RADIO BADAJOZ

 

Está claro que con la que está cayendo a casi nadie parece importarle que un joven extremeño se atreva con la letra impresa, algo que, precisamente por ello, hubiera debido ser cuanto menos un hecho si no trascendente al menos destacable. Quien suscribe lo asume y lo acata. Fueron demasiadas decepciones en el mundo musical para que nos pille de sorpresa que en Extremadura solo nos importan los logros de aquellos que viven y triunfan tras nuestras fronteras, en especial si vivieron en nuestra tierra en sus primeros años o son hijos o nietos de emigrantes extremeños. Pero como ya les digo, son las que menos dolieron. Algunas ausencias se suponían evidentes, por un mero problema laboral, de distancia o contingencia, pero otras esperadas que no se produjeron atisbaron un asomo de tristeza en lo más profundo de mi corazón. No obstante fue el buen rollo, la alegría más distendida, y la emoción más significativa quienes se apoderaron del sencillo acto de generosidad que me brindaron el casi centenar de personas que abarrotó el salón en el que mi querido amigo “El poeta” Ángel Manuel Gómez Espada (quien merecidamente se ha ganado el honor de escribir también y tan bien para ustedes cada semana en HOY, y don Manuel Pecellín Lancharro, (el profesor de la escuela de los sueños), desplegaron un ejercicio de generosidad hacia mi persona realmente inmerecido hasta para mi pequeña dosis de vanidad.

 

El Poeta, Falcó y Pecellín en la presentación de Don de Loch Lomond

El Poeta, Falcó y Pecellín en la presentación de Don de Loch Lomond FOTO: Gonzalo Falcó

 

Siempre se cansa uno de ver en la televisión cómo actores, músicos, o escritores de éxito afirman que cuando leen alguna noticia que se refiere a ellos es como si en ésta estuvieran hablando de otra persona. Dicha afirmación siempre me ha parecido una chorrada, pero elpasado miércoles pude comprobar que no hay nada más cierto. “El poeta” me emocionó con su “Desacato a la realidad”, y Pecellín me maravilló con su extraordinaria comparativa hacia la gran creación de Hergé, mi querido Tintín, y la modesta obra de su seguro servidor.

 

Enrique Falcó firmando ejemplares de

 

Pero no podemos olvidarnos de los traumas, que también se produjeron en momentos tan felices. Parece mentira como en instantes tan dichosos pueden asomar sombras del pasado que vengan a recordarnos aquello de que nada ni nadie es perfecto ni completamente feliz. Ustedes ya me conocen. No suelo ostentar complejo alguno, pero ya reconocí en su día en las páginas de esta misma Tribuna, y recientemente en la introducción de mi libro, que la caligrafía (habría que recordar que también el dibujo) es uno de los traumas que jamás conseguí superar. Aún recuerdo aquel paso importante en la vida que se producía en segundo de EGB. El del lápiz al bolígrafo. Paso, dicho sea de paso y paso a recordar, que este humilde articulista y bloguero pudo dar especialmente por la generosidad y bendita lástima que despertó a su “seño” doña Loli Márquez, que observaba como uno de sus alumnos más brillantes en tantas otras facetas se veía relegado a la última posición en algo que entonces era tan importante como la buena letra. Siento aún la tristeza en mi cuerpo serrano al recordar a mi amigo Adolfo Campini celebrando su paso al número 6 de los cuadernillos “Rubio” de caligrafía mientras el menda se veía obligado a comprar por enésima vez el número dos. El progreso siempre llegar tarde pero llega, y desde que la utilización del ordenador se impuso al bolígrafo, jamás pensé que tuviera que enfrentarme a los fantasmas del pasado como el día de la presentación, donde todos los amigos que adquirieron el casi centenar de libros (prácticamente cada asistente tuvo la feliz ocurrencia de comprar un ejemplar) pretendían que el autor honrara sus páginas dedicándoles unas breves palabras. Algo muy usual e inocente, que para mí tornó a pesadilla. Aun así me enfrenté valientemente al problema, pues Luis Nogales, el director del Casino, me ayudó a restar transcendencia al problema días antes, insistiendo en que si el caprichoso destino ha querido otorgarme el don de escribir bien, y negarme el de la ornamentación gráfica, que justo es que tan lamentable rúbrica figure en mi libro con toda su fealdad.

 

Panorámica Salón Presentación Don de Loch Lomond

Panorámica Salón Presentación Don de Loch Lomond

Bromas aparte, fue divertido sentirse importante por un día escribiendo sentidas
dedicatorias que seguramente los afectados jamás lograrán descifrar. El destino no está carente de cierta ironía, ni de un poquito de mala leche, y si no que se lo pregunten al bueno de Ludwig van. ¡Pero qué diablos! Todo salió genial. La visita inesperada de algunos familiares, amigos y compañeros contrarrestaron las sentidas ausencias y los asistentes se tomaron con buen humor lo de mi mala letra. Por lo tanto no es más que gratitud lo que quiero expresar en estas líneas.

 ¡Por el Cetro de Otokkar! Gracias, de corazón. A los asistentes, a los que no pudieron asistir, y a usted, desocupado lector, que seguro que si no se ha hecho ya con un ejemplar  de “Don de Loch Lomond” (preciosa cubierta a cargo de Jesús Prudencio Gamino) está a punto de conseguirlo. Procure llevarlo siempre encima, acompañado por un bolígrafo. Así, cuando me aborden en la calle, en un restaurante, en la biblioteca o en mi trabajo, quien suscribe no tendrá excusas para enfrentarse al trauma que el niño de ayer quiso dejar como herencia al hombre de hoy.

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Brasero en Siberia
Enrique Falcó 05-02-2012 | 9:42 | 3

Enrique Falcó. Incondicional braseril

 

 

La ola de frío siberiano que ha caído implacable en los últimos días ha ratificado la evidencia de que a pesar de todo nos encontramos en invierno. La palabra “Siberia” siempre me ha connotado sensaciones positivas, y no solo por aquello de la de veces que habré visitado las poblaciones de la denominada Siberia Extremeña con mis grupos musicales. Paisaje predominante de penillanuras de grandes dehesas, donde también se dejan ver alcornoques, encinas, castaños y robles, siempre suponía un placer acudir a aquellos preciosos parajes y actuar para las buenas gentes de Siruela, Casas de Don Pedro, Herrera del Duque, Fuenlabrada de los Montes y muy especialmente de Talarrubias, en donde teníamos los Left Brothers numerosos amigos y simpatizantes. También me gusta esta palabra por los cómics de Mortadelo y Filemón. En Un Mundial 78 que sale bastante “pocho” del gran Francisco Ibáñez, se pueden encontrar varias alusiones a Siberia, ya que el equipo de la antigua U.R.S.S. siempre llevaba camuflados a varios agentes del K.G.B. que amenazaban constantemente al árbitro, a los rivales, o a sus propios jugadores con enviarles una temporadita a Siberia en camisetita de manga corta si las cosas no se presentaban bien para su equipo.

Pero risas aparte, los hay quienes no saben ya que hacer, desesperados, para luchar contra el frío. Siempre he sido de la opinión de que a la hora de luchar contra las inclemencias del tiempo, me resulta más fácil combatir el frío en detrimento del calor, mas esta afirmación es tan compartida como revocada a partes iguales. El menda siempre lo ha tenido muy claro en tiempos de frío. Brasero. He aquí la respuesta. Con algo de café por las mañanas y deliciosa sopa a mediodía. No conozco una manera mejor de sobrellevar tan duro tránsito hasta la llegada de la deseada primavera, la más simpática y hermosa de todas las primas.

Siempre, desde que tengo uso de razón, ya sea en mi hogar o en casa ajena, en el pueblo o en la ciudad, el brasero ha sido el fiel refugio que imperecederamente buscaba veloz al abandonar mis siempre resistibles sábanas. Nunca me gustaron esas casas modernas, con mesas bajas frente a la tele, que serán todo lo bonitas que quieran, pero muy poco prácticas, y en las que además de no permitir comer cómodamente, no albergan la posibilidad de aplicar falda de camilla y brasero. Algo que en mi humilde opinión no ad1quiere posibilidad de amnistía. – “Pero si tenemos calefacción” – te dicen – “Sí, sí – contesto con mala idea -…pero no es lo mismo”. Disfrutar de calefacción es algo tremendamente práctico y muy gratificante, y necesariamente ayuda a pasar mejor las épocas de bajas temperaturas, así como a luchar contra catarros y resfriados. No obstante considero que no es suficiente. Un buen tresillo, ante una estupenda pantalla de televisión, no supondrán nunca el refugio perfecto para quien suscribe sin el imprescindible añadido de la falda de camilla y el brasero. La única pega que se me ocurre es la de que hay que observar no poco cuidado con el tema de la seguridad. Demasiados incendios por pequeños descuidos, y esto sin contar las numerosas y desgraciadas muertes provocadas por los hoy ya casi extintos braseros de picón, que calentaban como nadie y que siempre me recordarán a la casa de mi abuela en el pueblo más bonito del mundo: Jerez de los Caballeros.

 No recuerdo mejores desayunos que aquellos, en los que tras remover previamente las brasas con el badilejo, que tanto me privaba, podía zamparme todas las tostadas del mundo. La sensación térmica de aquel salón era tan placentera como un agradable despertar tras pasar una buena noche. Aquellos desayunos se alargaban con la programación infantil o la lectura de algunos de los viejos cómics que circulaban por la vetusta biblioteca. Es curioso que algunos de los ejemplares que me traje cuando mi abuela dejó el pueblo, como Vuelo 714 para Sídney, de las aventuras de Tintín, la primera edición de CASTERMAN de 1969, con la pasta dura, o Cazador de recompensas y El elixir del doctor Doxey, de Lucky Luke, de la colección PILOTE, me siguen recordando a aquella maravillosa casa, a la inolvidable falda de camilla verde con aquel oxidado brasero de picón. Una casa sin brasero dista mucho de ser un hogar, al menos un dulce ó acogedor hogar. En casa de mis padres, mi madre no lo quitaba ni en verano, por si acaso, y en la mía, mi novia, que antaño no compartía conmigo esa afinidad, me insiste ahora en que compremos otro brasero de repuesto por si se estropea el que tenemos puesto. La sola idea de pasar un miserable día de invierno sin brasero se nos antoja insoportable. Junto a su placentero calor he leído libros imprescindibles, visionado obras maestras del cine y también he escrito algunos de mis mejores artículos. En soledad, o en buena compañía, no renuncien al placer incalculable de sentirse más felices a pesar de las duras inclemencias del tiempo. “En enero, no te separes del brasero” reza el refranero popular, que como buen refranero no se casa con nadie. Siga usted mi consejo, desocupado lector, y disfrute su café, sin prisas, en esta mañana de domingo. El frío siberiano acecha fuera, pero que me corten la cabeza si usted no está tan ricamente disfrutando del periódico al calor de su brasero, sopesando la posibilidad de que igual, las calderas del mismísimo Infierno, no son un destino que haya que desechar irresponsablemente.

 

Publicado en Diario HOY 05/02/2012

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Juan José Reyes
Enrique Falcó 24-01-2012 | 1:48 | 2

 

 

Hoy vuelve la sección de EL LOTO AZUL a Don de LOCH LOMOND. Como siempre, una entrada interesante de un colaborador interesante. Hoy quiero presentaros a un joven periodista extremeño que se precia de serlo. Pocas veces me han transmitido un amor y entusiasmo por la profesión de Tintín, y además, con tanto orgullo. Nuestro protagonista de hoy es Juan José Reyes, periodista y extremeño de pro, que sabiendas de los malos tiempos agradece poder dedicarse al periodismo. Aun así, y como todos, Juan José se ha ido buscando la vida como ha podido realizando diferentes ocupaciones, como por ejemplo, trabajar como guionista en el conocido programa de Canal Extremadura TV “El juego de las llaves”, que presentaba mi amigo José Antonio Moreno.

Juan José trabaja actualmente como periodista en Radio Comarca de Barros y se siente feliz. Sólo cuenta con 24 años, por lo que a este amante de la profesión, especialmente de la prensa local, podemos augurarle un gran porvenir por mucho que intenten los más agoreros en convencernos de que los jóvenes de hoy en día están condenados al fracaso.

Juan José Reyes en los estudios de Radio Comarca de Barros, informándose de la mejor manera posible, con Diario HOY.

Juan José Reyes en los estudios de Radio Comarca de Barros, informándose de la mejor manera posible, con Diario HOY.

Como muestra de su interés por las noticias locales, Juan José ha tenido el detalle de hablarnos hoy de una conocida e importante fiesta que se celebra en Almendralejo, ciudad en la que trabaja y reside, y de la que espera que muchos amigos extremeños nos animemos a visitar, conocer y disfrutar.

Una vez más, las redes sociales me permiten mantener contacto y amistad con personas que a pesar de no haber visto nunca, mantienen conmigo un montón de intereses en común. Juan José y quien suscribe nos conocimos en Twitter, y os animo a seguirlo. Su nombre de usuario es @Juanjose__Reyes. No os arrepentiréis. Les dejo con Juan José Reyes y su “La ciudad en llamas”.

 

La ciudad en llamas

Cuando Enrique me pidió que colaborara en su sección El loto Azul, de la que soy fiel seguidor, no sabía muy bien qué contar. Al principio pensé que lo mejor sería hablar de la influencia de las redes sociales en el mundo periodístico o simplemente de lo positivas que pueden llegar a ser estas herramientas para encontrar a personas con intereses comunes. Sin ir más lejos, un buen ejemplo podría ser la amistad que me une al autor de este blog, a pesar de no conocerlo personalmente. Sin embargo, en estas fechas no puedo dejar pasar esta oportunidad y dar a conocer una festividad típica de Almendralejo que tendrá lugar en pocas semanas y así, invitar a todos los vecinos extremeños a que se acerquen a la ciudad en la que trabajo y resido.

Muchos de vosotros ya os imaginaréis a qué me refiero. Sí, a las Candelas. A priori puede parecer un día más. Y lo es. Lo importante es la noche. A partir de las 20 horas la ciudad se transforma y las llamas son las encargadas de alumbrar las calles. Grupos de personas  disfrutan de las hogueras que se extienden por todos los barrios, y los colegios permanecen abiertos para que los más pequeños disfruten del día en que se queman las pantarujas y se ahuyentan a los malos espíritus.

Este año, por aquello de la crisis, el presupuesto para estas fiestas será menor al de otras ediciones, pero eso no impedirá que los ciudadanos y vecinos que quieran visitarnos disfruten de una noche mágica en la que son muchas las personas que aprovechan para dejar a un lado todo aquello que tenga algún ápice de negatividad. Otra característica de esta fiesta reside en las diferentes posibilidades que brinda su celebración, ya que se puede acudir a la candela oficial, a las que organizan los centros escolares, las de las asociaciones de vecinos o, incluso, a las que llevan a cabo grupos de amigos. Cualquier lugar es bueno para poder disfrutar de un espectáculo de llamas que suele ir acompañado del olor que desprende la gastronomía típica de esa noche: chorizo asado, pinchitos y tortilla de patatas. Sin más, aprovecho para recomendaos esta fiesta declarada de Interés Turístico Regional. Os esperamos la noche del uno de febrero.

 

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Pancho Casañas
Enrique Falcó 15-12-2011 | 1:25 | 4

Ya les vengo comentando desde hace varias semanas que EL LOTO AZUL gusta, que ha calado de alguna manera. Es interesante y muy placentero que algunos de ustedes me escriban para contarme que por ejemplo no sabían que Pedro Wichard es DJ, o que el Lolo Merino que escuchan en la radio es el mismo que escribe en la sección Plaza Alta de HOY,  que desconocían José Luis Lorido supiera  tanto de música (algunos lo relacionan más con el deporte) o que Diego Algaba Mansilla ostentara un blog en hoy.es donde poder leer sus cartas al director. Hay quienes me agradecen haber podido saber un poco más de mi amigo el poeta, Ángel Manuel Gómez Espada y quienes me insisten en que trasmita a Adolfo Campini y Javi Reyes las ganas que tienen muchos de ustedes de que actualicen más regularmente sus blogs, ya que son muchos los que disfrutan  leyendo sus divertidas e interesantes historias.

También como no, existen quienes se empeñan en desmerecer esta sección y mi blog en general, así como a mi persona y no se explican por qué se me da tanta cobertura en HOY etc, etc… Qué se le va a hacer, nunca llueve a gusto de todos e inútil e imposible es contentar a todo el mundo. Puedo respetar la opinión siempre que se exprese con respeto, pero jamás aceptaré que sea ésta una sección para “promocionar a mis amiguitos” como insisten algunos. Es un hecho demostrado que así como muchos de ustedes han conocido a algunos de los colaboradores gracias a este blog son también muchos los nuevo lectores que han llegado a Don de LOCH LOMOND atraídos por los colaboradores. Por lo tanto no cabe sino certificar que esta sección, además de muy placentera, amena y divertida, está siendo un éxito en todos los sentidos. Y ya que hay quienes me acusan de amiguismos, les diré que la persona que ha tenido la gentileza de pasarse hoy por aquí no ha coincidido jamás físicamente con quien suscribe, y si así ha sido ambos lo desconocemos.

Pancho Casañas

Pancho Casañas

 Se trata de Pancho Casañas, aunque yo lo conozco más como @Pancho_Badajoz, su nombre en Twitter, Red Social en la que se mueve como pez en el agua. Ya he hablado varias veces de lo positivo y lo práctico de estas redes, y puedo asegurar que son personas como Pancho Casañas quienes propician este óptimo funcionamiento. De Pancho poco más que puedo decir que es un extremeño orgulloso de serlo, y como muy bien dice, de Badajoz, aunque no haya nacido en él. También podría añadir que tiene unas hijas que le vuelven loco y todo parece poco para ellas. Siempre está dispuesto a entretener, divertir y dar conversación de forma educada y amena en Twitter y Facebook. Así nos conocimos, comentando alguno de mis artículos. Siempre es el primero que se anima a participar en los foros de discusión, o el que te recomienda sobre cualquier cosa que preguntas. Cuando alguien se anima a adentrarse en el maravilloso mundo de Twitter al momento se convierte en seguidor y amablemente le va mostrando los dominios de esta red social que va a más.

@Pancho_Badajoz

@Pancho_Badajoz

Nunca podré agradecerle entre tantas cosas que me recomendara “La que se avecina” Pancho es así. Comentas en Twitter lo bien que lo estás pasando viendo un episodio de “Aquí no hay quien viva” y acabas hablando de “La que se avecina” de “Tintín” o de “Asterix”, o de cómics y viejos tebeos de la infancia, y casi sin darte cuenta acabas pasando un rato muy agradable. Es una sensación muy recomendable saber que existen personas que a pesar de no haberlas visto nunca comparten contigo un sinfín de aficiones y de maneras de entender y comprender muchos aspectos de la vida. Por eso le he pedido esta colaboración para ustedes, porque es un hombre que merece la pena conocer. Ya le invitaré algún día a un copazo de LOCH LOMOND cuando tenga la suerte de conocerlo en persona. No se pierdan tampoco su blog, “El Mundo de Papá Pancho” y háganse seguidores de él en Twitter y Facebook, no se arrepentirán. Para ir abriendo boca deléitense con este post que se marca para todos ustedes, porque como bien dice nuestro amigo Pancho, los extremeños podemos ser de donde nos dé la gana, ya que ser de Badajoz no es cuestión de nacimiento, sino de corazón. Con todos ustedes Pancho Casañas, que ustedes lo lean (y lo vean, que las fotos son también suyas) bien.

Pancho Casañas...de Badajoz!

Pancho Casañas...de Badajoz!

 

Uno es de Badajoz….

Os voy a contar un secreto. Yo no nací en Badajoz. La verdad es que los Extremeños tenemos esa cualidad, podemos nacer donde nos de la gana, porque ser Extremeño, es más, ser de Badajoz, no es una cuestión de nacimiento, es de corazón. Uno no se da cuenta, pero el olor a  tierra mojada, la niebla de la dehesa en las mañanas de otoño, el frío madrugador que te acompaña a la Romería de Bótoa o a comprar unos churros en El Rincón de Vicente para llevarlos a casa, aprender el color rojizo que tiene la tierra, que no es como el de la arena, que eso es otra cosa. Unas cañas con los amigos en millones de rincones maravillosos, eso si, con tapa, pero de la buena, no unas patatas fritas y listo, y de gratis, que los pinchos en Badajoz son morunos.

 

Plaza Alta Badajoz FOTO: Pancho Casañas

Plaza Alta Badajoz FOTO: Pancho Casañas

 

Uno es de Badajoz y se da cuenta, cuando tardas quince minutos en llegar a cualquier lado, y en una tarde puedes hacer varios planes. Cuando uno presume de ser la ciudad más grande de Extremadura, pero disfruta de ella y la vive como si fuese un pequeño pueblecito, porque Badajoz es muy grande, y por eso precisamente es tan pequeño, que nos conocemos todos. Porque uno ve a otro de Badajoz por la tele y se alegra, porque es vecino, paisano y amigo, si no mío, de unos mis amigos que para el caso es lo mismo.

Uno se da cuenta de que es de Badajoz, cuando tiene que salir a vivir fuera, y está contando los días que quedan hasta que comience el concurso de murgas, y cuando llega se conecta por internet, y se aprende las letras, y el domingo espera con emoción el desfile de comparsas, y recuerda que el sonido del ritmo de los corazones carnavaleros se marca al son de sus tambores, y esté donde esté le gustaría pedir una copa en la Buhardilla.

 

Murga

 

Uno se da cuenta de que es de Badajoz cuando la cuaresma es el tiempo que falta para poder regresar a San Andrés y acompañar a su Cristo del Descendimiento, y visitar los sagrarios el viernes, vestido de domingo.

Uno se da cuenta de que es de Badajoz, cuando todos los días, bendito internet, lee el HOY. Busca en facebook los enlaces de Corazón Ibérico y es capaz de cambiar las rayas canallas de los colchones por ser blanquinegro por el mundo.

Os voy a contar un secreto. Yo soy de Badajoz, así que mientras estoy fuera os dejo un encargo. Cuidádmelo, por favor.

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