Leía unos libros (Tiempo de revisión. Un análisis para el nuevo siglo y Tiempo de cambios. La educación y el nuevo siglo) de la pensadora italiana Rita Levi-Montalcini cuando me llegó la noticia de su muerte en Roma a los 103 años el pasado 30 de diciembre.
Esta científica nacida en Turín en 1909 , apasionada por la investigación y comprometida a nivel cívico y político, fue premio Nobel de Medicina en 1986 por sus trabajos en neurología y era senadora vitalicia en Italia desde 2001 . Afirmaba de sí misma: “¿Mi inteligencia? Más que mediocre, mis méritos han sido empeño y optimismo.”
Su infancia y adolescencia se desarrollan en un ambiente de afecto, pero sometida a una rígida educación victoriana: en casa su padre exigía una obediencia incondicional. Para evitar posibles conflictos entre los roles de madres y esposas y un posible futuro profesional, “mi padre había decidido que ninguna de las tres nos matriculáramos en la Universidad. Fue ese el único momento de mi vida en el que ser mujer me pareció una desagradable realidad”.
A los 20 años empezó a estudiar medicina y comenzó los estudios sobre el sistema nervioso que proseguirá toda su vida. Obtuvo el Título de Medicina y Cirugía en la Universidad de Turín en 1936 y posteriormente se especializó en Neurología y Psiquiatría.
En 1938 sufre las consecuencias de la promulgación por parte de Mussolini del “Manifiesto por la defensa de la raza” que excluía a los ciudadanos no arios del ejercicio de la carrera académica, así como del de cualquier profesión liberal. Así que en 1939 se traslada a Bélgica, pero a finales de año ante la inminente llegada de las tropas alemanas, vuelve a Italia. En aquel periodo tan dramático y lleno de peligros decide montar un pequeño laboratorio de neuroembriología experimental en su propia casa, más concretamente en su habitación.
En 1940 con la declaración de guerra comienzan los bombardeos a las ciudades italianas y su familia se refugia en el campo. En 1943 tiene lugar la invasión de las tropas nazis y la persecución a la población judía . Su familia se refugia en Florencia con una falsa identidad, hasta que la liberación de Florencia en 1944 supone el final de la pesadilla.
En 1947 acepta una invitación de la Washington University de Saint Louis , Missouri, donde permanecerá hasta 1977. A partir de 1961 simultanea las investigaciones en Roma y EEUU. En 1986 recibe el premio Nobel de Medicina por su investigación sobre el factor de crecimiento nervioso (NGF).
Propone en 1991 elaborar una Carta Magna de los Deberes, que no pretende sustituir a la de los Derechos del Hombre de 1948, sino que se propone afrontar con la mayor urgencia los peligros que amenazan al globo, a la biosfera y a la supervivencia de millones de especies puestas en peligro por la intervención del hombre. Su espíritu se inspira en el que Albert Einstein nos dejó como herencia: “Debemos pensar de forma distinta si queremos que la humanidad se salve. Hacemos un llamamiento como seres humanos a otros seres humanos: recordad vuestra humanidad y olvidad el resto”.
Es urgente hacer un gran esfuerzo de solidaridad y colaboración internacional, una acción común para la salvación del planeta en el contexto mundial de interconexión entre pueblos y continentes.
Ha dedicado su vida, junto a la actividad científica, a su compromiso ético-social. Desde 1992 la Fundación Rita Levi-Montalcini que trabaja por garantizar el derecho a la educación, especialmente a las niñas, en países africanos, ya que es necesario crear las condiciones para un desarrollo igualitario y autónomo en los países pobres. Favorecer estas oportunidades es un imperativo ético para quienes viven en condiciones privilegiadas.
Pretendió transmitir a los jóvenes la confianza en una actitud serena y optimista, que sería lo que nos hace posible superar los acontecimientos de la vida cotidiana y particularmente los más difíciles. En su encuentro con ellos les invita a no concentrar su atención solo sobre sí mismos, a participar en los problemas sociales y hacer propuestas sobre la mejora del mundo actual.
Por María Granado Belvís