Que en verano se casa más la gente, yo creo que es un hecho. Que cada vez hay más bodas por lo civil, pues también. Es un día muy importante en la vida de cualquiera y si me lo permiten voy a ceñirme a la unión entre personas heterosexuales. Nada me mueve a ello más que el número de enlaces que se producen, mucho mayor que de cualquier otra tendencia.
Todo comienza con el encuentro de una mujer y un hombre, cuando se conocen, bien porque algún amigo común los presenta, por la coincidencia en cualquier evento, la presencia en un acto o circunstancias que ahora no vienen al caso y que pueden ser múltiples.
La amistad va creciendo y se va transformando en cariño que a su vez evoluciona hacia el amor; esa palabra mágica con un significado tan grande que a cualquiera le daría vértigo describir.
Cierto es, que hay ocasiones en las que todo esto ocurre en apenas días e incluso horas, pero no es muy habitual.
Bueno, pues llegados a este punto y salvados esos baches que significan, buscar un nido donde vivir, acondicionarlo, tener cierta seguridad de futuro y todo aquello que nos da la tranquilidad de poder decidir dar un paso importante, nos miramos a los ojos y la pregunta fluye suavemente: ¿Te quieres casar conmigo?
Aquí, estalla el gozo que llevamos dentro pues lo esperábamos con ánsia y parecía que no iba a llegar nunca. Un afirmativo a esa pregunta, desencadena una serie de preparativos que más parecen una maratón pero de los que hay que superar distintas pruebas y una de las preguntas que hay que responder es; ¿Por la Iglesia o por lo Civil?
Elección del sitio, comida o cena, número de invitados, los trajes, (sobre todo el de la novia, ella es la persona más importante del acto), padrinos, testigos, viaje de novios… Son tantos los puntos que hay que concretar que absorben las energías de los contrayentes hasta exprimirlos. ¡Pero es tan placentero! Se vive tan en primera persona. Realmente son los actores principales de su propia película.
¿Y por qué todo esto?, se preguntarán ustedes. Pues quizá porque hoy me siento especialmente sensibilizado con el tema pues ‘He Casado’, así, con mayúsculas. Ha sido mi primera boda.
Para este humilde concejal, una experiencia tan emotiva que me ha apetecido compartirlo con los lectores de este blog y como regalo y homenaje privado a ‘mis novios’, desde estas líneas; os deseo FELICIDAD y para ello, os invito a que, cogidos de la mano, emprendáis ese camino que se vislumbra ante vuestros ojos. Las señales a seguir, se van a mostrar a un lado y a otro. Ojalá tengáis suerte y elijáis siempre con acierto.
Canon de Johann Pachelbel Para Ana y César.