Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.
Cómo una palabra tan bonita ha podido estar al margen de la Real Academia Española de la Lengua durante tanto tiempo. Por fin, desde el año 2014, tenemos oficializada esta palabra, que una vez más, al igual que ocurre con otras, deja a un lado su condición de vocablo para convertirse en un estilo de vida.
Y es que la resiliencia está al alcance de cualquiera, se aprende, se educa, y con ello nos convertimos en dueños de nuestras emociones, de nuestro bienestar, del camino que decidamos elegir ante el dolor, el fracaso o de nuestras derrotas.
Con resiliencia tenemos la herramienta que necesitamos para reponernos de los momentos difíciles y salir fortalecidos de ellos, crecer emocionalmente y entender que la vida es maravillosa, donde tan sólo hay que saber aprender de los momentos no tan maravillosos.
Las personas con alto grado de resiliencia tienen muchas cosas en común. Tan sólo deberemos potenciar estas cualidades y nos convertiremos en personas resilientes.
Las personas resilientes son optimistas, positivos y objetivos. Les gusta rodearse de personas así. Toman con positividad lo que la vida les da, lo aceptan y lo transforman en beneficio propio.
Conocen sus capacidades, confían en ellas, siendo conscientes de sus limitaciones, aceptándolas. Y con todo, son soñadores, persiguen estos sueños con tesón e ilusión, con gran autoestima. Y si el sueño se rompe, se sobreponen y aprenden de los fracasos.
Viven el presente, el aquí y ahora, olvidándose de la melancolía del pasado o la ansiedad del futuro.
Una persona resiliente es sociable, se apoya en los demás, pide ayuda para afrontar los problemas. Es suficientemente flexible para adaptarse a las circunstancias de cada momento, a los cambios que se encuentra en el camino, superándolos con creatividad para sacar lo mejor de cada cosa.
Si eres resiliente, seguro que tienes un gran sentido del humor, con el que poder reírte de ti mismo y de las zancadillas que te encuentras en el camino. Reír, sonreír y vivir con optimismo las adversidades, centrándose en lo positivo de cada situación.
Realista y soñador. Fuerte, disciplinado y receptivo. Convencido de poder influir en su entorno, de aprender de todas las experiencias, de pensamiento independiente. Sociable, perceptivo y comunicador.
¿Hay alguien que no quiera ser resiliente? Es tan sólo una palabra. Tan sólo un estilo de vida.