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7 días en Líbano

Calma tensa en Líbano

Cuartel militar Miguel de Cervantes en Líbano. / Antonio Armero

Cuartel militar Miguel de Cervantes en Líbano. / Antonio Armero

El episodio no tiene mayor importancia, pero ayuda a comprender en qué contexto se mueven los militares extremeños que están en Líbano. Hay en la zona de actuación de la Brigada Mecanizada Extremadura XI una carretera perfecta para tomar fotografías de las patrullas conjuntas que realizan los militares de Naciones Unidas y las LAF (el Ejército libanés).

Son dos kilómetros, uno de cuesta arriba, y otro de cuesta abajo, y desde los puntos más altos, la perspectiva es bonita. Los militares, armados, caminan delante de los vehículos blindados. Y los fotógrafos, desde una zona alta, esperan a que se acerquen. En ese escenario, aparece un Mercedes 320 verde olivo, de los años ochenta pero con buen aspecto. Se detiene junto a los vehículos blancos con las siglas UN bien visibles. Sus dos ocupantes intercambian unas palabras con uno de los militares españoles y acto seguido, mueven el coche unos metros y se detienen.

Se quedan allí, parados, hasta que termina la patrulla conjunta. En esa media hora, los dos ocupantes del vehículo hacen varias llamadas telefónicas y tiran fotos con sus móviles. Los militares españoles no les quitan el ojo de encima, y llaman a la base Miguel de Cervantes para dar la matrícula del Mercedes y tratar de obtener información sobre el vehículo y sus ocupantes. “No hay que preocuparse, esto es más o menos habitual”, dice sobre el terreno un militar extremeño.

Pero ahí está el Mercedes, parado durante media hora y con dos hombres dentro que no se mueven más que para tirar fotos y llamar por teléfono. Finiquitado el episidio, otro de los militares españoles aporta las claves necesarias para comprender lo que ha ocurrido. “Están vigilándonos, nada más, no vana hacer nada, les manda Hezbolá“, dice. ‘

El partido de Dios’, traducción de Hezbolá, está representado en el Parlamento libanés, y según la catalogación de los organismos internacionales, es también un grupo terrorista, bien armado y especialmente asentado y respetado en el sur de Líbano, principalmente porque han sido los únicos capaces de ganar una guerra -si es que se puede hablar en estos términos- a Israel, uno de los ejércitos mejor preparados del mundo.

En cualquier pueblo hay banderas amarillas, el color de Hezbolá, con su símbolo, que incluye un arma. Y algunas carreteras están salpicadas de carteles con fotos de mártires, es decir, gente del lugar que ha muerto en actividades hostiles. Muchas de esas caras que salen en los carteles corresponden a jóvenes, veinteañeros o treintañeros con camisas de cuadros y patillas.

Y los militares extremeños en el sur de Líbano se mueven en este escenario de calma tensa, de paz latente, tensión contenida, o de de “estabilidad muy inestable” en palabras del general jefe de la Brigada Extremadura XI, que también asegura que “ahora mismo, Hezbolá tiene instrucciones claras de colaborar con nosotros”.

A la BRIMZ Extremadura XI le queda en Líbano menos de la mitad de lo que ya lleva. Volverán los militares en varios vuelos, de forma escalonada, entre el 15 y el 24 de mayo, si bien las fechas concretas de los viajes aún no están confirmadas. A los que suban al avión el día 15 les restan en la base Miguel de Cervantes 78 días.

A los que se vuelvan el 24 les quedan 87 días. Y a este blog no le queda ninguno. Hasta aquí llegó. Se titula ‘7 días en Líbano’ pero han sido seis. Hasta otra. Ha sido un placer. Ya queda menos.

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