LLEGÓ, SE ASOMÓ PLAÑIDERA A LA PECERA DE LA CAPILLA ARDIENTE y tomó asiento con cuidado de ocultar su mirada fiscalizadora tras una careta de resignación. En menos de un minuto localizó entre los deudos a la nuera embarazada, otra vez, y a la vecina adúltera de siempre. Echó en falta al