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Hipótesis sobre Larra

Tal día como hoy, 13 de febrero, pero de 1837, Mariano José de Larra se descerrajó un tiro en la sien y ascendió al cielo periodístico y literario de España. Sin hacer cola en esa ventanilla donde siempre te dicen «Vuelva usted mañana».

Larra tenía entonces 27 años. Estaba separado y además de haberse batido el cobre con los demonios de una sociedad tentada por males ancestrales vivía enamorado como un adolescente de una mujer casada, Dolores Armijo, que ese fatídico 13 de febrero fue a la casa de Larra para pedirle las cartas que se habían intercambiado y anunciarle que su ‘love story’ llegaba al final.

Lo que siguió a esa detonación es historia y leyenda. Su entierro se convirtió en una reivindicación pública de la libertad de pensamiento y dio ocasión a que un joven poeta de 20 años, José Zorrilla, leyera una elegía improvisada con la que saltó a la fama y pudo sustituir al propio Larra como articulista en ‘El Español’.

El suicidio –por amor– de aquella alma romántica y crítica alumbró una obra de alto contenido proteico para el pensamiento de muchas generaciones, entre ellas la de los hombres del 98, quienes rindieron hace cien años un simbólico homenaje ante la tumba de Larra. En la primera mitad del siglo XIX el hombre que nos había advertido de que «Escribir en Madrid es llorar» o de que «Todo el año es carnaval», se quita del medio por un mal de amores y entra en la posteridad literaria y periodística.

De haber vivido en nuestros días, ¿qué hubiera ocurrido con un escritor que a los 27 años se vuela la tapa de los sesos de un pistoletazo tras entrevistarse con una amante decidida a no seguir amándole?

Se lo voy a decir. No aparecería ningún Zorrilla elegíaco para cantar las glorias del finado, pues los ingeniosos del verso ahora se dedican a escribir monólogos o guiones para las series de humor. Los amigos íntimos procurarían ‘maquillar’ la «fatídica decisión» adornándola con razones morales de interés general (matarse por amor no parece cosa seria en estos tiempos). Y por último, alguien del ‘entorno’ de los amantes, bien de ella o bien de él, negociaría con las televisiones para llevárselo crudo por contar chismes en los programas del corazón. Mejor que Larra no regrese.

Juan Domingo Fernández

Sobre el autor

Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández


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