La historia nos demuestra que los pintores de cámara tenían que atender más al gusto de sus patronos y mecenas que al dictado de la pura realidad. Aparte de a esa servidumbre, los artistas debían atenerse también al dictado de la moda, otra vieja tirana de la que casi nadie se libra. Con excepción de un puñado de nombres (acaso el Goya que se quedó tan pancho tras pintar a la familia de Carlos IV o el Velázquez que hizo exclamar al Papa Inocencio X cuando vio su retrato: «¡Troppo vero!» «¡Demasiado veraz!»), pocos son los artistas que eludieron la obligación de entregar retratos favorecedores.
Con la llegada de la fotografía tal habilidad pasó de ser un lastre a un incentivo de escaparate. La destreza para hacer retoques convirtió los primeros daguerrotipos y estudios fotográficos en espacios mágicos donde se podía pedir sin asomo de ironía eso de «sáqueme guapo». De hecho, cuanta más capacidad de embellecer tenía un retratista, mayores eran su prestigio y la factura. Hasta el tope, je, je, de la última frontera: «Aquí no se hacen milagros».
La llegada del Photoshop no solo reafirmó esa capacidad de perfección, sino que ha popularizado una herramienta muy útil para la impostura artificial y provechosa. Bien lo saben los directores artísticos y el gentío del mundo de la moda.
Gracias a una tomografía computerizada con imágenes tridimensionales de gran resolución hemos descubierto estos días que el verdadero rostro de esa reina Nefertiti que uno pudo admirar recientemente en la Isla de los Museos, en Berlín, ocultaba bajo su capa externa arrugas en la comisura de los labios, en las mejillas, unos pómulos menos prominentes y una nariz imperfecta.
Resulta que hace unos 3.300 años el artista que esculpió el busto sobre piedra caliza añadió una nueva capa de estuco sobre la primera versión «para adaptarla a los cánones estéticos de la época», según ha revelado la revista científica ‘Radiology’. Así que el retrato de esa reina, esposa del faraón Amenofis IV –más conocido como Akenatón– esa bella Nefertiti convertida en una especie de ‘Monna Lisa’ del antigo Egipto desde su descubrimiento en 1912 cerca de Luxor, también está ‘trucada’ y fue sometida al photoshop escultórico de la época. Qué viejo es el mundo.