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Botox para varones

AL contrario que la mujer, sometida de manera ancestral a la dictadura de la belleza, el hombre ha contado siempre en esa competición de la especie con más salidas de escape. Pobre de la mujer fea, obligada a compensar tal lastre con la ‘belleza interior’ o con las glorias del mundo, mayormente títulos y buenas rentas. A los hombres, sin embargo, la tradición social les obsequia con otros atributos: la fuerza bruta, el arrojo, la inteligencia, el humor… Hasta el refranero y la sabiduría popular salen en su ayuda: «El hombre y el oso, cuanto más feo, más hermoso». «No es guapo, ¡pero es tan gracioso, tan simpático!»

Por suerte, ni los esquemas sociales son monolíticos ni la mujer es ya (o al menos no tanto) esclava de prejuicios y clichés discriminatorios. Es verdad que aún hay ‘talibanes’ del antifeminismo, pero en nuestro mundo lo del hombre y el oso pasa por anacrónico. Pura antigualla. Ahí va el dato: una de cada cuatro consultas al dermatólogo por motivos estéticos son ya de hombres que se sienten preocupados por su aspecto, según acaba de explicar el presidente de la Academia Española de Dermatología, Julián Conejero-Mir.

Y no se trata de las clásicas visitas por alopecia o acné; el principal motivo estético «es para asesorarse acerca de cremas contra las arrugas y las manchas en la piel». No faltan varones que solicitan hasta tratamientos con botox.

En este país en el que los barberos más conocidos, –el del Quijote y Fígaro– alcanzaron renombre por su ingenio, no gracias a sus mejunjes, hemos pasado de pronto del ‘After sun’ y la loción Varon Dandy para después del afeitado a la apoteosis de las cremas antiarrugas. Y al oso que le den por saco.

Hace doscientos años, Voltaire, siempre tan reticente ante los médicos, decía que «el arte de la medicina consiste en divertir al paciente mientras la naturaleza realiza la cura». Desde hace un siglo, los filósofos de barra de bar sostienen que a partir de los cuarenta años, cada hombre es responsable de su cara. Visto el asunto con perspectiva, a mí me parece que el más visionario fue Groucho Marx cuando, hace cincuenta años, soltó otra de sus humoradas: «El aspecto que tiene se lo debe a su padre. Es cirujano plástico». Y eso que entonces nadie se trataba con botox.

Juan Domingo Fernández

Sobre el autor

Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández


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