>

Blogs

Interior, día

Estoy en un bar de carretera y a mi espalda, sentados a otra mesa, cuatro personas conversan en voz alta junto a unas cervezas. No puedo evitar escuchar su conversación:

–Con la crisis, ya se sabe, aumentan los ladrones y las putas, –proclama uno de ellos.

–Sí, pero con una diferencia: las putas no hacen daño a nadie, –apostilla otro.

La conversación gira en torno al aumento considerable de robos que se ha producido últimamente. En el mismo saco han metido ya desde los ladrones de cobre hasta los que se acercan a una casa de campo y arramplan con todo lo que encuentran.

–Si los detienen, a los cinco minutos están en la calle y tú te pasas medio día declarando por la denuncia. Así nos luce el pelo.

Espero que el ‘defensor’ de las putas abunde en la defensa del colectivo. Pienso que de esa forma el debate podría derivar por derroteros más interesantes. Pero no sigue, se mantiene mudo. Los otros contertulios abundan en ejemplos que rezuman enfado e indignación. Relatan casos concretos de familiares o conocidos que han sido víctimas de robos en alguna de sus propiedades.

–¿Pero cómo es posible que un tío al que le han pillado robando más de cinco y más de seis y más de siete veces se siga paseando por el pueblo tan campante?

–Y no sólo eso. Ándate con cuidado de afearle lo que hace porque te metes en un lío, –le replica el de más edad.

Todos asienten. Yo sigo esperando que ‘el de las putas’ añada algo nuevo, pero sigue callado. Se conoce que con ese reparo inicial se da por satisfecho. O es que no tiene muy claro cuál puede ser la relación de un asunto con el otro.

Me viene a la memoria una frase de Emo Philips, el cómico y cantante americano: «Cuando era niño acostumbraba a rezar cada noche pidiendo una bicicleta. Luego me di cuenta de que el Señor no funciona así, así que robe una y le pedí a Él que me perdonara». Tal vez la ‘filosofía’ vital de Philips no se aleje demasiado de la que inspira a los ladrones de esta escena de bar. Sospecho, sin embargo, que los que conversan en la mesa de al lado no deben saber nada de Emo Philips ni de ese proceder tan curioso que consiste en apoderarse tranquilamente de lo ajeno y pedir a Dios perdón por ello.

El más joven de los cuatro insinúa que «el problema» no es únicamente la crisis económica, sino la situación de la sociedad en general, porque a nadie le parece mal, por ejemplo, escaquearse ante Hacienda o buscar recomendaciones para obtener beneficios. «Ya se sabe, el que no tiene padrino no se bautiza», sentencia a modo de conclusión. En ese instante se abre la puerta del bar y entra un hombre con la cara quemada. De pronto, todos callan. Apenas se oye el ruido de fondo de una tele a la que nadie prestaba atención. El hombre se dirige a la máquina del tabaco, saca un paquete y vuelve a salir.

–Ahí le tienes, –comenta uno de ellos– ayer robando en la casa de mi vecino Pedro y hoy en la calle, tan campante.

Yo pago mi consumición y me dispongo también a salir. Cuando estoy en la puerta me da tiempo a escuchar:

–Las putas tienen más peligro que una esportilla de alacranes. Pero a las putas las ves venir y a los ladrones no.

«Acabáramos», pienso para mí.

Juan Domingo Fernández

Sobre el autor

Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández


septiembre 2010
MTWTFSS
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930