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Morirse en falso

Internet mata más que la peste. No en sentido literal, sino figurado. La historia de la literatura (y del periodismo) guarda ‘falsas muertes’, como la del poeta León Felipe en su exilio mexicano, o la del novelista García Márquez, a quien un desaprensivo envió a criar malvas desde la plataforma de una falsa cuenta de Twitter. Una cuenta igual de falsa que la utilizada para suplantar a John Le Carré y hacer creíble su trola monumental: que J. K. Rowling, la creadora de Harry Potter, había fallecido en accidente. En el caso de García Márquez se recurrió a una cuenta falsa a nombre de otro personaje famoso, Umberto Eco, cuya figura prestigiosa contribuía a dar verosimilitud al anuncio. Embuste y cara.
Es curioso que con tantas muertes ‘anónimas’ y ciertas en la vida real se multipliquen las muertes falsas de ‘famosos’ en la galaxia digital. Los sociólogos tendrán trabajo en el futuro descubriendo y analizando cuáles son los perfiles preferidos para estos muertos provisionales e igual de embusteros que un euro de plomo.
España, tan original, aportará una modalidad de enredo asombroso: la extraordinaria historia de Francisco Paesa, ex agente de los servicios secretos y pieza clave en el ‘caso Roldán’. En esta ocasión la falsa muerte no se hizo famosa por haber sido anunciada en Internet sino por figurar en una esquela publicada en la prensa española junto al encargo de treinta misas gregorianas, pero eso sí, con Francisco Paesa vivito, coleando y –supuestamente– al tanto de toda esa escenografía mortuoria de cartón piedra.
En 2013, la actriz Megan Fox ha sido la primera famosa a la que Internet envía para el otro barrio.  ‘RIP Megan Fox’ se convirtió en trending topic mundial, informaba ayer la edición digital de ABC. Más que tendencia es un nuevo sector. Hasta hay una página web donde la gente vota las 30 ‘falsas muertes’ anunciadas en las redes sociales y las circunstancias que rodearon a la noticia. A la hora de escribir esta columna los cinco primeros puestos del ranking los ocupan: Lady Gaga, Britney Spears, Miley Cyrus, Shakira y Lindsay Lohan. Pero también se tropieza uno con los nombres de David Beckam, Paris Hilton, George Clooney, Madonna, Justin Bieber, Obama, ¡José María Aznar, Miguel Bosé y Carmen Sevilla!
La de Osama Bin Laden es otra muerte envuelta en el misterio. Más de una vez se le dio por liquidado y posiblemente su desaparición es más real en la ficción del cine (para Hollywood la muerte de famosos siempre es un nicho bien productivo) que para los fanáticos que siguen creyendo en la intemporalidad de su mensaje.
Algún productor espabilado estará preparando ya el guión de la muerte (o lo que sea) del presidente Hugo Chávez, envuelta en un tufo de desinformación que no sé si emborrona más a la sanidad cubana o a la diplomacia de Venezuela. Y he dejado para el final a Fidel Castro, verdadera estrella de las muertes anunciadas en falso. Él sigue ahí, como un viejo caimán, sobreviviendo, políticamente, a Eisenhower, Kennedy, Johson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, George H. W. Bush, Bill Clinton, George W. Bush y de momento a Barack Obama. ¿El día que muera de verdad, quién se lo va a creer?

Juan Domingo Fernández

Sobre el autor

Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández


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