El diario El Correo publicaba hace poco un documentado reportaje y dos entrevistas de Luisa Idoate acerca de esta cuestión: «¿Tiene edad la creatividad?». Dos subtítulos adelantaban algunas posibles respuestas: «Miguel Ángel esculpió ‘La Piedad’ con 24 años y Picasso pintó un autorretrato de mirada feroz con 91. Juventud y vejez son territorios fértiles para los genios volcados en el trabajo». «A cada talento, su momento. Algunos artistas firman su obra cumbre en la juventud, otros en la madurez y los elegidos, durante toda su vida».
A esos ejemplos cabe añadir otros muchos: cuando el veinteañero Leonardo da Vinci pinta ‘La Anunciación’ ya era famoso y más aún cuando inicia, con 55 años de edad, su obra más conocida, ‘La Gioconda, que seguiría retocando hasta los 67 años. El adolescente Pablo Ruiz Picasso (Málaga, 1881-Mougins, 1973) vio cómo su cuadro ‘Ciencia y Caridad’ era premiado en un concurso nacional cuando solo tenía 16 años. Pero poco antes de morir seguía creando y ya había revolucionado casi un siglo del universo plástico. Salvador Dalí (Figueras, 1904-1989) pinta sus mejores obras a los 25 y 26 años (’El gran masturbador’ y ‘La persistencia de la memoria’), pero tras su rentable paso por Estados Unidos y su regreso a España demuestra que le quedan talento y fuerzas para asombrar con cuadros como ‘Madonna de Port Lligat’ (1950), ‘Crucifixión’ (1954) y ‘La última cena’ (1955).
Qué decir de Mozart, al que le bastaron 35 años de vida para dejar un patrimonio genial; o de Verdi, que compuso su última ópera con 80 años. Luisa Idoate recuerda también la trayectoria de grandes arquitectos. Entre ellos Walter Gropius, fundador de la Escuela Bauhaus, quien brilló a los 28 años con el revolucionario diseño de la fábrica Fagus y décadas después, tras enseñar en Harvard, aún firma proyectos como la sede de la Pan Am en Nueva York (1963), con 80 años, cuatro antes de su muerte. Genios de la arquitectura como Mies van der Rohe, que concibe su obra maestra con 43 años (el Pabellón de Alemania de la Expo Universal de 1929 en Barcelona) y alguno de los más famosos rascacielos de vidrio y metal cuando había cumplido los 82. O el caso de Le Corbusier, que construye su primera casa con 17 años y 18 años después proyecta –aunque nunca se construye– su ciudad ideal. Y el ejemplo de Frank Lloyd Right, con su Casa Kaufmann o Casa de la Cascada, ya sexagenario, y casi una década después el Museo Guggenheim de Nueva York cuando rebasa los 74 años…
En literatura la lista sería interminable. Cervantes finaliza la segunda parte del Quijote con 69 años, el mismo de su muerte; Faulkner, triunfa a los 32 con ‘El ruido y la furia’; Rimbaud, deja de escribir a los 19 años tras ‘Una temporada en el infierno’ e ‘Iluminaciones’…
La clave quizás haya que buscarla en la frase atribuida a Picasso: «Cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando». El éxito suele ser una larga constancia. Y nadie es genial en todos los ámbitos de la vida. El psiquiatra Juan José Martínez Jambrina se lo dice a Luisa Idoate con otras palabras: «El genio se hace, la creatividad se aprende. El talento se desarrolla y fomenta». Para mí hay una frase muy sabia de Henry Ford acerca de la creatividad y la innovación: «Si le hubiera preguntado a la gente qué querían, me habrían dicho que un caballo más rápido».