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La felicidad y su ADN

LA felicidad nunca se sabe por dónde llega ni por dónde nos conduce al paraíso. Si lo supiéramos, ese país no tendría exiliados. La sabiduría popular cree que la salud, el dinero y el amor constituyen el ADN de la felicidad, si es que puede denominarse así ese inestable estado de la materia. La felicidad tiene más de fuego que de brasa, más de sentimiento pasajero que de emoción duradera. Y aunque al tratarse de un bien invisible pudiéramos creer que no puede medirse ni cuantificarse, la realidad demuestra lo contrario. En junio de 2013 la Asamblea General de las Naciones Unidas instituyó el 20 de marzo como Día Internacional de la Felicidad, fecha en que suele presentarse el Índice Mundial de Prosperidad Global, conocido como Informe Mundial de la Felicidad, que se elabora a partir de una macroencuesta entre más de 150 países donde los entrevistados puntúan aspectos relativos a calidad económica, entorno empresarial, gobernabilidad, educación, sanidad, seguridad y protección, libertad personal, capital social y medio ambiente.
En 2017 los noruegos resultaron ser los más felices del mundo. Un título que arrebataron a los daneses, que llevaban varios años destacando (junto con otro país nórdico, Islandia) como los campeones de la felicidad. España ocupó el puesto número 34. ¿Qué criterios hicieron que despuntaran Noruega y los otros países vecinos? Pues básicamente media docena: la libertad para poder elegir en la vida, la generosidad, la salud, los ingresos, la ausencia de corrupción y la decisión de invertir pensando en el futuro sin agotar los recursos del presente. Es decir, mirando al mañana.
En 2018, sin embargo, Noruega ha sido desbancada del primer puesto como país más rico, saludable y feliz del mundo por Nueva Zelanda. Según el Instituto Legatum –que elabora el informe– el nuevo campeón destaca sobre todos en los apartados «capital social» y «calidad económica» y después en «entorno empresarial» y «gobernabilidad». ¿Por qué pierde Noruega el primer puesto en la clasificación que logró durante siete años consecutivos? Según informa ‘ABC’, por un único apartado: «la gobernabilidad».
Así que la lista de los 25 países más ricos, saludables y felices del mundo es la siguiente: 1. Nueva Zelanda; 2. Noruega; 3. Finlandia; 4. Suiza; 5. Canadá; 6. Australia; 7. Holanda; 8. Suecia; 9. Dinamarca; 10. Reino Unido; 11. Alemania; 12. Luxemburgo; 13. Irlanda; 14. Islandia; 15. Austria; 16. Bélgica; 17. Estados Unidos; 18. Francia; 19. Singapur; 20. Eslovenia; 21. España; 22. Japón; 23. Hong Kong; 24. Malta y 25. Portugal.
En el caso de España, los subíndices «medio ambiente» y «seguridad» la sitúan entre los 15 mejores del mundo, pero la «inestabilidad política y social» lastran sus méritos e impiden que sea uno de los 20 países más prósperos.
Pero caben más preguntas: ¿Puede considerarse medianamente feliz un país con el nivel de paro que existe en España? ¿Se compensan unos apartados con otros? ¿Es posible hablar de la felicidad de un país en su conjunto, más allá de la de cada ciudadano? ¿Son fiables estos informes? Porque el escepticismo en materia de felicidad afecta al ámbito personal y al colectivo. Y viene de antiguo. No en vano el mayor descreimiento ya lo expresó Jonathan Swift: «La felicidad es el privilegio de ser bien engañado».

Juan Domingo Fernández

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Blog personal del periodista Juan Domingo Fernández


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