La semana pasada el dirigente nacional de Vox, Santiago Abascal, estuvo dando un mitin en Badajoz. A juzgar por la foto que publicaba este periódico la convocatoria fue un éxito: la sala del hotel donde se celebró se quedó pequeña y la gente tuvo que estar de pie para escucharlo.
No sé qué pensarán ustedes de ese hecho, que ni era inesperado ni excepcional a tenor de la creciente atención ciudadana hacia ese partido y el apoyo electoral que le auguran las encuestas. Pero sí les voy a decir lo que yo pensé: pensé que algo estamos haciendo mal nosotros, la sociedad española en general, para que los postulados que defiende Vox prendan como lo están haciendo. Postulados como la criminalización del inmigrante en un país en que la gente ha tenido que emigrar a miles; o la nostalgia de la dictadura de Franco, lo cual es en Extremadura especialmente perceptible porque sus fichajes estrella, el diputado tránsfuga en la Asamblea Juan Antonio Morales y el alcalde de Guadiana Antonio Pozo, tienen por capital político haber recibido el título de ‘caballeros’ de la Fundación Franco y defender a capa y espada la memoria del dictador.
Pero, como digo, el problema no son ellos. El problema somos nosotros, el conjunto de los ciudadanos. Vox sólo es el reflejo, o el síntoma, de ese problema. El problema es por qué hay gente que prefiere vivir en una dictadura antes que en una democracia, porque esos son, a fin de cuentas, los adeptos a Vox. El problema es que sólo mostramos devoción por el Estado de Derecho cuando nos conviene, como se ha puesto de manifiesto estos días cuando nadie ha defendido la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que, en una resolución que fortalece la democracia, ha dictado que Otegi (sí, el condenado por terrorista) no tuvo un tribunal imparcial porque la juez Murillo hizo comentarios inaceptables en un Estado de Derecho; el problema es no haber sabido fortalecer la democracia, o no poner pie en pared cuando algunos partidos (Podemos, IU) van por la vida extendiendo la especie de que se parece mucho a la dictadura franquista. Que haya connotados dirigentes políticos con gran representación y apoyo popular que se dediquen a decir que ahora vivimos como en el franquismo, a pesar de que nadie ha puesto la más mínima traba a la propagación de sus ideas, debilita decisivamente el sistema de libertades porque lo que en realidad están diciendo es que en el franquismo se vivía como se vive ahora. Un mensaje que me figuro suena a música celestial en los oídos de los adeptos a Vox.
El problema es que hay partidos (PP) que aspiran a neutralizar a Vox abrazando sus ideales, mientras otros (PSOE, Ciudadanos), se están frotando las manos pensando en que Vox va a quitarle votos y probablemente escaños al PP. Ya saben, como en el célebre verso atribuido a Bertolt Brecht: ‘Vinieron a por los judíos, pero como yo no lo era…”. Es conocido cómo acaba el verso: ‘Cuando vinieron a por mí ya era tarde’. Así puede acabar la democracia, sola y vencida porque no tenga a ninguno de nosotros para defenderla.