Hoy, 27 de noviembre, no debería ser un día cualquiera para nuestra región. Debería ser un día especial, de expectativas. Y la razón es que hay elecciones a rector de nuestra Universidad. Hoy, Extremadura debería estar mirando a la Uex. Lo más seguro es que usted, lector, se extrañe de lo que digo, y entre mi convencimiento de que hoy es un día importante y su extrañeza de que lo sea por el hecho de que haya elecciones para decidir quién será el sucesor de Segundo Píriz radica la distancia que hay entre la Uex y la sociedad. Porque distancia, ¡ay!, hay.
Y duele que haya distancia porque la Uex tiene –y no es retórica– la llave de nuestro futuro. Duele porque la Uex es –quiero decir, debería ser–nuestro plan A, porque es la institución con mayores posibilidades de proponer alternativas al fracaso histórico en que chapoteamos. Los extremeños estamos varados entre dos incapacidades, una de ellas es la de atraer la atención del Estado para que repare desigualdades de siglos (¿alguien se ha parado a pensar en cuántas batallas tendremos que librar después de ganar, si ganamos, la batalla del tren hasta igualar aquí las condiciones con que se ganan la vida el conjunto de los españoles?). La otra incapacidad es la de reunir la energía y las ideas necesarias para buscarnos el porvenir desde dentro. Pues bien, la única posibilidad de que esa búsqueda sea un éxito radica en si en ella participa la Uex, porque es la herramienta más sofisticada que tenemos los extremeños para intentar que nuestro destino no sea ese al que estamos abocados. Pero, ¿hay voluntad de que la Universidad sea un factor imprescindible sobre el que pivote el progreso de Extremadura? ¿Hay interés de que la Universidad se incorpore a esa aspiración? La mera formulación de estas preguntas significa que, para mí, la respuesta no es afirmativa –o, mejor, no es todo lo afirmativa que sería necesario–, ni por la Uex ni por el Gobierno regional. ¿Está dispuesta la Universidad a tomar las medidas necesarias de planificación académica, de grupos de investigación, de estructura de departamentos, de utilización de infraestructura científica… para ocupar el papel que le correspondería en ese plan de futuro de Extremadura a sabiendas de que exigiría cambios y que de resultas habría damnificados? ¿Está dispuesta la Junta a impulsar cambios en la Universidad para hacer de ella el factor imprescindible de ese plan aun a sabiendas que supondría un riesgo y que lo más seguro es que hubiera contestación? En resumen: ¿está dispuesta la Uex a complicarse la vida por Extremadura y la Junta a complicársela por la Universidad?
Estas preguntas no se responden hoy. Tampoco son, ni mucho menos, las únicas a las que deberá hacer frente quien gane el Rectorado. Pero hoy podría ser un buen día para que fuera señalado como el del inicio de una nueva etapa entre la Uex y la sociedad a la que sirve, para que en lo sucesivo los extremeños no contestáramos con extrañeza cuando alguien diga que el día en que se elige un nuevo rector es un día especial para nuestra región.