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Antonio Tinoco Ardila

Apenas Tinta

Hombre

Se llama Mehmet Cyplak. Es el policía que recogió el cuerpo del pequeño Aylan Kurdi en la playa turca de Bodrum. Y es también mi héroe. He visto el vídeo del cadáver del niño sirio muchas veces sencillamente porque entiendo que los que asistimos a la aterradora muerte de ese niño sólo como espectadores tenemos al menos la obligación de no volverle la cara: hay que mirar y volver a mirar para no olvidar la inmensa soledad de su cuerpo exangüe sobre la arena, su cabeza indefensa golpeada repetidamente por la última ola, su cara inundada (cuando la vi por primera vez pedí un deseo tonto: que la muerte le hubiera llegado con la boca y los ojos cerrados para que al menos la sal no los hurgara), sus manos vueltas, sus piernas dobladas y sus zapatos quietos. Los mismos zapatos de suela de goma granulada con refuerzo en el tacón que nuestros hijos tuvieron cuando no hacía mucho que habían echado a andar.

Hay que mirar. Es lo menos que le debemos a Aylan Kurdi, a su hermano Galip, a su madre, a su padre, al que le ha correspondido la tortura sin límites de tener que seguir vivo después de enfrentarse a la muerte de toda su familia delante de sus ojos. Y a las decenas de miles de refugiados que hoy vagan por Europa. Por eso no entiendo a periódicos como ‘El País’, que justificaron no dar la imagen del  cadáver del niño en la playa debido a su crudeza y sí entiendo a otros periódicos, como el ‘Abc’ o el francés ‘Libération’, que pidieron perdón a sus lectores por no haberla publicado.

Es necesario mirar ese vídeo para no olvidar al niño muerto, pero también al hombre al que le tocó recoger el cuerpo de Aylan y sobre el que la edición digital de este periódico informó el pasado domingo de que se llama Mehmet Cyplak y es padre de un niño de seis años. Porque Mehmet Cyplak pudo hacer de aquello un trámite, un servicio de rutina. Y sin embargo lo evitó: después de escribir algo en un bloc o en un teléfono (¿qué oración gramatical se puede componer en ese momento?) cogió al niño en sus brazos y desde la orilla fue andando hasta depositarlo tras las rocas. Seguramente sin tener que pensarlo lo hizo despacio,  como si hubiese intuido que en ese momento no era sólo un policía trabajando, sino el hombre, el ser humano al que le ha tocado en suerte representar a su especie en el instante inmediatamente posterior a que el cuerpo sin vida de un niño aparece arrojado por el mar. Les invito a que vean de nuevo el vídeo y observen cómo ese breve trayecto de apenas 30 metros entre el mar y las rocas en que oculta el cuerpo, Mehmet Cyplak lo anduvo cuidadosamente, inclinado sobre el cadáver de Aylan, manteniendo un gesto de reverencia a través del cual mostraba que llevaba en sus brazos al niño muerto con el mismo sentido de la protección que hubiera merecido su vida.

Veo con frecuencia ese vídeo y cada vez más como alivio, porque necesito sentir que, ante la inmensidad del drama, el modo como Mehmet Cyplak transporta a Aylan se parece mucho a la piedad. La piedad de un hombre. La piedad del hombre.

 

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Sobre el autor

Blog personal del periodista Antonio Tinoco.


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