He antetitulado así esta serie de téxtos –perdonen que no me presente- por un poema homónimo de Allen Ginsberg, aquel gordo con cara de Sileno que siguió las huellas de esa otra bestia lírica, el paregórico Williams S. Burrougt, y que después se hizo hippie y compi’ de Bob Dylan. Aunque sobre esto volveremos más […]