ROCÍO SÁNCHEZ
El otro día entrevisté a Inma Rodríguez, una veinteañera que trabaja de voluntaria en Cruz Roja y que le pone a cara a esas personas que, altruistamente, se dedican a ayudar a los demás. Si todos fuéramos un poquito como ella, el mundo tendría un color muy distinto. Entre sus experiencias de conocer en profundidad los dramas más amargos de vecinos de Badajoz, contaba que hay chavales muy jóvenes que no han trabajado nunca, ni van a trabajar, y que han empezado a acudir a la unidad que ella coordina (la de los ‘Sin Techo’) en busca de un plato de comida caliente… Son víctimas de un sistema que los ha arrastrado al exilio social. Cuando escucho a los políticos extremeños (de cualquier color) hablar de una manera tan fría del paro juvenil y entrar en disputas absurdas me doy cuenta de lo tremendamente lejos que están de la realidad. Les convendría bajar a la tierra de vez en cuando, quizás así empezaran a hacer políticas acordes con el drama que nos rodea y que, cada día, se extiende más.