Por ANTONIO GILGADO
De momento, la previsión no apunta a lluvia. Pero ahora que llega el otoño conviene revisar las alcantarillas por si el Anticiclón de las Azores se diluye y vienen las borrascas. Hay balsas de agua que no fallan. La de la rotonda de la carretera de Olivenza, la de la plaza del Progreso, la de las aceras de Ricardo Carapeto o la de las casas del campus universitario. Salen en cualquier quiniela.
El problema es que las alcantarillas se diseñaron para tragar agua, no para reconvertirse en papelera o basurero. Las quejas cuando se atasca llegan pronto, pero ni rastro de los actos de contrición de los que echan al inodoro papeles, bolsas de comida y hasta ropa. No extraña que los operarios de Aqualia encuentren hasta una tortuga en las cañerías y que cada dos por tres la estación de bombeo del Rivillas se ahogue por la basura que traga.
Es más fácil decir que las alcantarillas no tragan a reconocer que somos unos guarros.