Por Ángela Pérez
Llevo toda mi vida en esta ciudad. Por suerte, he residido en cuatro barrios muy distintos y diversos entre sí. Cada uno tiene sus costumbres, sus diferencias y sus vecinos, pero puedo presumir de que en ninguno he tenido problemas. Recuerdo cuando era pequeña y me preguntaban dónde vivía. “En Valdepasillas”, era la respuesta, algo con lo que acababa la conversación. Sin embargo, hasta hace unos meses, la historia era distinta. Si alguien se acercaba y preguntaba por mi residencia, la conversación siempre se alargaba. “En Las Moreras” decía yo, a lo que la respuesta siempre era “¿Y por qué?”
Parecería algo anecdótico si se tratará de un caso puntual, pero no es así. Hace unos días, por motivos de trabajo, visité a un joven del barrio de Suerte de Saavedra. La barriada se ha convertido en los últimos tiempos en el centro de muchas miradas debido a los sucesos que allí han acontecido: tiroteos, riñas… El caso es que al charlar con él, alguien al que sin duda se le veía como una persona responsable, amable y bien educada, su primera justificación fue: “Vivo aquí pero soy honrado, eh”. Me quedé perpleja ante tal afirmación que yo no ponía en duda, pero en seguida entendí lo que quería decir.
Recuerdo cuando leí que una joven de ese mismo barrio explicaba que al entregar su curriculum ponía todos sus datos menos la dirección, ese apartado lo ocultaba. Quizás no sea culpa de estos vecinos el que intenten excusarse. Si no lo hicieran posiblemente algunos lo exigirían. Pero a lo mejor esos mismos deberían recorrer estos barrios y conocer sus gentes para descubrir que igual comparten con ellos las mismas inquietudes, miedos y deseos.
Puede ser que aún los pacenses nos movamos por prejuicios. Desde luego al próximo que me pregunte yo también le pediré una explicación, ¿y por qué no?