¿Qué es peor para la moral en un playoff? ¿Perder como hoy, apalizados y sin levantar cabeza desde el minuto uno, o como el año pasado en el primer partido en Santiago, fallando sobre la bocina un último tiro de Ryan Humphrey que hubiera dado la victoria? De eso íbamos hablando en el coche de regreso al hotel, un poco por charlar de algo, y no nos poníamos de acuerdo. Para mí no hay duda, y la prueba está en las caras largas de los jugadores o la del propio entrenador después del partido, muy distintas al orgullo que desprendían en el Fontes do Sar tras haber estado a punto de dar la campanada contra el Obradoiro.
Cuando te la pegas como se la ha pegado el Cáceres en El Plantío caben pocos análisis. Puedes irte a las estadísticas y ver que has fallado seis de cada diez tiros de dos, mirar los malos números de hombres fundamentales o preguntarte el porqué de la falta absoluta de eficacia de los sistemas ensayados para este partido. Puedes hacerlo, pero es darse contra un muro porque está claro que la única explicación verdadera es la mental, y que es ahí donde hay que poner el foco para que el equipo se recupere en las pocas horas que quedan antes del próximo partido. Como decían en Twitter tras la derrota algunos aficionados (los más optimistas, porque había otros indignados) esto son playoffs y no vale la diferencia de puntos. El del domingo es un partido nuevo. Solo es necesario, claro, que el equipo se lo crea y tire de dignidad. La experiencia que casi todos ellos acumulan puede ayudarles ahí. Regresar otra vez a Cáceres con un 2-0 sería mortal, pienso yo.
Ha habido en El Plantío, que estaba casi lleno, algunos aficionados como los de la foto (perdón por la calidad, es de móvil. Aunque eran pocos se han dejado oír, al menos hasta que los ánimos les han abandonado al mismo ritmo que Burgos iba acumulando ventaja en el marcador. Para el domingo se esperan refuerzos. Confiemos en que esta vez haya partido y puedan disfrutar un poco, que se lo merecen.