Hoy nadie duda que estamos inmersos en un cambio climático, pero también es suficientemente conocido y admitido que el clima ha estado cambiando continuamente a través de los tiempos, desde hace millones de años, por lo que el cambio climático actual no es algo nuevo. Lo que sí es novedad es el hecho de que ahora las cosas están cambiando mucho más deprisa que en períodos anteriores.
La principal causa del cambio climático actual, y de la rapidez con que se está produciendo, es la generación de energía a gran escala, a partir de los combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas, etc.); pero cuando nos planteamos el hecho de que tanto el clima, como prácticamente la totalidad de las energías que utilizamos, son hermanos, al tener como padre común el Sol, surge la pregunta de ¿por qué estos hermanos se llevan tan mal, causándose daños entre ellos?
Que el clima depende del Sol es tan evidente que su propio nombre proviene de la palabra griega klima, que significa inclinación, haciendo referencia al ángulo con que los rayos solares inciden sobre en suelo de la Tierra.
Por otra parte, en el cuadro sinóptico de la energía, intercalado al comienzo de estas líneas, podemos ver como todas ellas, proceden del Sol, incluidos por supuesto los combustibles fósiles, que no son sino la energía solar acumulada en animales y plantas que fueron sepultados hace millones de años y que ahora extraemos para quemarlos. Podemos ver en el cuadro que la única energía que no es de origen solar es la procedente de las centrales nucleares de fisión.
Pero incluso el propio Sol, del que deriva todo, tanto el clima como la energía, es un enorme reactor nuclear de fusión por confinamiento gravitatorio, en el que cada segundo 564 millones de toneladas hidrógeno (H) se transforman en 560 millones de toneladas de helio (He) y las 4 millones de toneladas restantes se convierten en energía radiante, que es emitida al espacio.
Dado su parentesco, por su origen común en el Sol, la energía y el clima están obligados a entenderse, y las únicas condiciones que la propia naturaleza nos impone, o nos aconseja, es que no nos salgamos del marco energético natural y que no vayamos tan deprisa en el consumo de las reservas.
Ahora bien, la disponibilidad de energía es sin duda un factor clave para asegurar el desarrollo de la humanidad, de forma que debemos intentar alcanzar un desarrollo “climáticamente sostenible”. Pero parece evidente que un suministro global de energía basado sólo en las renovables (solar, eólica, biomasa, minihidráulica, geotérmica, etc.), no sería capaz de garantizar la continuidad del suministro, de forma segura, en todas las circunstancias, por lo que se hace imprescindible recurrir a una fuente energía que no presente discontinuidades.
A día de hoy, la única fuente alternativa de energía, que se vislumbra en el horizonte temporal, es la fusión nuclear, la que el propio Sol utiliza, capaz de suministrar considerables cantidades de energía, sin los indeseables efectos secundarios de la fisión nuclear, que hipoteca nuestro futuro y el de nuestros hijos.
Antes de seguir adelante, conviene aclarar los conceptos nucleares de fisión y fusión, y corregir la idea de que la energía nuclear es mala, puesto que estaríamos metiendo en el mismo saco a ambas, la fisión y la fusión, que son cosas muy diferentes.
La fisión nuclear es una reacción provocada al bombardear con neutrones un núcleo pesado (por ejemplo el del uranio 235), que se fisiona (se rompe) en dos partes, liberando una gran cantidad de energía y emitiendo a su vez dos o tres neutrones, que a su vez son lanzados sobre otros núcleos, manteniéndose el proceso de la reacción en cadena, pero de forma controlada.
Por el contrario, la fusión nuclear es la reacción en la que dos núcleos muy ligeros, en general el hidrógeno (H) y sus isótopos el deuterio (2H) y el tritio (3H), se fusionan (se unen) para formar un núcleo más pesado y estable, con un gran desprendimiento de energía. En resumen podríamos mantener la idea de mala, o poco deseable, para la energía nuclear de fisión (actuales reactores comerciales), pero considerar buena, o muy deseable, la energía nuclear de fusión (futuros reactores), en los que trataremos de emular lo que ocurre en el interior del Sol o el resto de las estrellas.
La fusión como método de generación de energía tiene importantes ventajas medioambientales y de seguridad. Ya que la reacción de fusión no es una reacción en cadena, por lo que no es posible que se pierda el control de la misma, como podría ocurrir en los actuales reactores de fisión nuclear.
En un reactor de fusión, en cualquier momento se puede parar la reacción, cerrando sencillamente el suministro de combustible, que en este caso es algo tan poco peligroso y relativamente abundante como el deuterio y el tritio, que están disponibles en abundancia, caso del deuterio, o pueden obtenerse con facilidad, caso del tritio, y en cantidad suficiente como para poder garantizarnos la generación de energía durante miles de años. El deuterio se puede obtener del agua destilada, en cada litro de agua de mar, por ejemplo, hay 33 miligramos de deuterio y el tritio, que es más escaso pero puede ser obtenido inicialmente del deuterio, para después ser reciclado y reutilizado.
Admitiendo, como parece razonable a la vista de los estudios realizados, que la fusión nuclear se constituya como una fuente real de energía sostenible a mediados del siglo XXI, cabe pensar que su cuota de participación en la demanda energética crecerá rápidamente a partir de su entrada en el mercado, de forma que se prevé que para final de siglo este tipo de energía cubrirá más de un tercio de las crecientes necesidades mundiales, lo que unido al uso masivo de las renovables, a la mejora del rendimiento de todos los procesos energéticos, al incremento de sistemas auxiliares del tipo de los motores eléctricos, de las células de combustión, etc., supondrá una gran ayuda en nuestra lucha por evitar, o reducir notablemente, el cambio climático. Con todo ello habremos encontrado en la energía la solución al cambio climático, que está siendo causado precisamente por la energía.