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Adolfo Marroquín

Ciencia Fácil

Abejas, lo que pica sana

Siendo pequeño, recuerdo haber oído decir a mi madre, y con cierta frecuencia también a otras madres, la expresión “lo que pica sana”, afirmación que como casi todas las que utilizan las madres, y como casi todas las que han nacido de la sabiduría popular, es muy probablemente cierta. No obstante la sanación en base a la picadura de las abejas, práctica que se contempla dentro de la llamada apiterapia, me ha llamado la atención.

Y me llama la atención, no porque sea una idea nueva, puesto que hace mucho tiempo se ha venido hablando e incluso practicando ese poder de sanación, sino porque parece que la cosa funciona obligando a la pobre abeja a picar; y digo “obligando” porque una abeja sólo pica cuando percibe una amenaza a su colmena, pero cuando se encuentra lejos de ella, rara vez pica, a menos que alguien la pise o la ataque bruscamente.

Además la abeja muere tras su propia picadura, puesto que entierra su aguijón, que se compone de dos lancetas con púas, por lo que ya no puede retirarlo, y al continuar el vuelo deja atrás no sólo el aguijón, sino también parte de su tracto digestivo, músculos y nervios, de forma que es este enorme desgarro abdominal lo que mata a la abeja. A la vista de ese panorama, la abeja sólo atacará y picará, en plan kamikaze, sacrificándose por el bien común, por el bien de la colmena.

Durante varios minutos tras la muerte de la abeja, su aguijón sigue trabajando. Los nervios y los músculos entierran el aguijón más profundamente en la piel, introduciendo veneno en la herida de la picadura.

La Arthritis Foundation, al referirse en concreto a ese veneno de las abejas, señala que algunas personas creen que, administrado a diario a través de las picaduras de esos insectos, alivia el dolor de la artritis, pero la eficacia de este procedimiento no está comprobada científicamente. Es más, al igual que cualquier otro veneno, el veneno de la abeja es muy peligroso para algunas personas. En algunas ocasiones las reacciones alérgicas son graves y de resultados impredecibles. Con el paso del tiempo, la persona puede desarrollar una alergia grave al veneno de abeja, aún en casos en los que no se registraron reacciones anteriores.

La citada Arthritis Foundation, al referirse a este tipo de terapia la califica de remedio no comprobado, entendiendo por tal aquel remedio o tratamiento que, entre otras cosas, no incluye citas de evidencia de revisión ni publicaciones científicas, no incluye advertencias sobre los efectos colaterales y dice tener capacidad para curar la artritis, y además ser eficaz para todo tipo de artritis.

Es natural albergar dudas y hacerse la pregunta de si será verdad que las picaduras de abeja pueden ayudar a curar tantas dolencias como se dice que curan. Una de las cosas que más sorprende a las personas que reciben tratamiento de apiterapia es que, según relatan esas personas, en una fase ya avanzada tras varias sesiones, al recibir la picadura de la abeja, los enfermos perciben que la energía vuelve a circular por su organismo y que vuelven a sentir la comunicación entre los diferentes puntos de acupuntura.

Resulta muy interesante el hecho de que, según dicen los expertos en la aplicación de la apiterapia, el lugar exacto para que se produzca la picadura de la abeja, lo elige la propia abeja y curiosamente (¿?) suele coincidir con los puntos que la acupuntura conoce hace siglos. De hecho, se dice que los primeros acupuntores debieron observar esto en su propio cuerpo y luego practicaron otras opciones, hasta llegar a las actuales agujas de acupuntura.

Es más, hay quien asegura explícitamente que los chinos descubrieron la acupuntura a través de su experiencia con las picaduras de abeja. Se sabe que ya los primeros recolectores de miel notaron, al recibir picotazos mientras trabajaban, que se les aliviaban algunos dolores, en concreto citan frecuentemente curaciones, o al menos notables mejorías, de la artritis.

En cuanto a dónde pican las abejas, se ha experimentado poniendo a una persona frente a una colmena con la zona lumbar al descubierto y el resto del cuerpo protegido, resultando que las abejas se posan en la espalda y que algunas de ellas se agitan, se ponen nerviosas al pasar por determinados puntos, y es precisamente en esos puntos donde terminan clavando su aguijón.

Una explicación que dan los expertos en apiterapia es que las abejas perciben una concentración de energía excesiva en esos puntos y se defienden picando en ellos; otra explicación podría ser la presencia allí de iones positivos, que alterarían a las abejas.

En todo caso, es curioso comprobar que incluso pasando abejas sujetas con una pinza por las zonas doloridas “no pican si no es el sitio”; y si se las desplaza ligeramente por la zona dolorida, cuando reciben esa señal, energética o iónica, se defienden y clavan el aguijón. Todo parece indicar  que las abejas “saben dónde deben picar”.

Adolfo Marroquín Santoña

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Sobre el autor

Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.


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