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Adolfo Marroquín

Ciencia Fácil

Vale más meteorito en mano, que asteroide volando

Por el aquel de guardar las formas y el orden, empecemos por señalar la diferencia entre ambos “cuerpos celestes”, según el Diccionario de la RAE (Real Academia Española). Meteorito: Fragmento de un bólido que cae sobre la Tierra. Asteroide: Cada uno de los planetas telescópicos, cuyas órbitas se hallan comprendidas, en su mayoría, entre las de Marte y Júpiter.

En resumen, si cae sobre la tierra meteorito, pero mientras circule por el espacio, asteroide. Lo que, desde el punto de vista de la seguridad ante un potencial desastre, quiere decir que mientras el asteroide no se convierta en meteorito, las cosas van bien.

De hecho, la caída de meteoritos sobre la superficie terrestre no es nada extraordinario, más bien al contrario, puesto que son cientos de ellos los que nos visitan cada año, aunque podríamos hablar de muchos miles si contáramos también los más pequeños, que apenas pasan de ser partículas. Afortunadamente contamos con la atmósfera que pulveriza no sólo los que son poco mayores que granos de arena, sino incluso los que alcanzan tamaños del orden de algunos centímetros.

Lo cierto es que la mayoría de estos pequeños meteoritos se desintegran al entrar en contacto con nuestra atmósfera, antes de alcanzar el suelo, de forma que pasan desapercibidos, dado su pequeño tamaño y por tanto sus pequeños efectos, apenas visibles a lo largo de su trayectoria, sobre todo durante el día.

Sin embargo, cuando alcanzan el suelo y son localizados suelen despertar un notable interés, al ser algo proveniente del espacio exterior, de hecho es frecuente que acaben en museos o centros de investigación, bien para ser estudiados y analizados en la búsqueda de sus secretos, o bien simplemente para ser observados por interesados y curiosos. Ese es el caso de los meteoritos caídos en Extremadura (España), allá por los lejanos años de 1892 y 1924, que fueron noticia en su día y que siguen expuestos al público.

En la magnífica Biblioteca y Archivo Digital de la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País (RSEEAP), creada en Badajoz hace nada menos que dos siglos, puesto que se fundó en 1816, por una Real Orden, se puede encontrar información sobre la ocurrencia de la caída de estos meteoritos, relatada por los observadores “en tiempo real”, así como los interesantes detalles encontrados por los estudiosos de aquellos fenómenos.

Sugiero a los interesados que, aquellos a los que les sea posible acercarse a la RSEEAP de Badajoz, amplíen sus conocimientos y satisfagan su curiosidad sobre estos temas y muchos otros, revisando la información que allí abunda; pero sugiero también que canalicen la solicitud de esa información consultándola con Laura Marroquín, Licenciada en Documentación, Diplomada en Biblioteconomía y Encargada de la Biblioteca de la RSEEAP, cuya coincidencia de apellido con el mío propio NO es pura casualidad, sino más bien resultado de la relación paterno filial que nos une.

 

Bien, retomo el tema de trasladarles a ustedes un extracto de los datos recogidos sobre los meteoritos extremeños, de final del siglo XIX y primer cuarto del XX:

Del caído en Guareña, en la provincia de Badajoz, que fue visto a las 10:30 horas del día 20 de julio de 1892, algunas fuentes apuntan que fueron al menos dos piezas, una de 29 Kg y otra de 7, que cayeron después de detonar a unos 8 Km de altura,señalando como se oyó un intenso ruido con la caída del objeto a apenas 50 metros de distancia de unos labradores, levantándose tras el impacto una espesa nube de polvo.

Hay un relato completo sobre la caída de este meteorito donde se comenta que además de en Guareña, otros pedazos se repartieron  por la provincia de Badajoz, concretamente uno en Mérida, otro en Badajoz-Capital, dos en Olivenza (donde, por cierto, en 1924 cayó otro meteorito, del que trataremos después) y otros dos cerca de Villanueva del Fresno.

En algunas Notas, redactadas por el eminente geólogo español Lucas Fernández Navarro (1869-1930), disponibles en la Biblioteca de la RSEEAP, se dice: Se conservan 11 fragmentos, distribuidos entre los museos de Madrid, Badajoz, Londres, Chicago, Viena, Budapest, Bonn, Berlín y París. En Madrid hay tres ejemplares, uno de los cuales, el mayor, pesa 29,4 kg, mientras que el que se conserva en Badajoz pesa 7,2 kg.

Del caído en Olivenza, también en la provincia de Badajoz, que fue observado alrededor de las 9 horas del 19 de junio de 1924, las Notas del geólogo Lucas Fernández Navarro, nos informan que pocos minutos antes se habían visto bólidos en Jerez de los Caballeros, a 50 km de distancia de Olivenza, en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) a 260 km, en Talavera de la Reina (Toledo) a 250 km, e incluso en Écija (Sevilla) y hasta en territorio portugués.

Esta separación entre los puntos de detección de las observaciones, hace pensar en una fragmentación previa de un bólido de mayores dimensiones, lo que explicaría las fuertes explosiones que alrededor de las 8 horas fueron oídas desde las citadas poblaciones. En el caso de Olivenza, se describe la caída de un cuerpo brillante a unos 2 km de la población y a menos de 8 metros de cuatro hermanos que estaban trabajando en el campo.

Al tocar al suelo explotó, destrozando la raíz de un olivo, levantando una gran nube de polvo y hundiéndose medio metro en el suelo. Los hermanos pudieron recoger la piedra cuando ya estaba fría, sobre todo por dentro según dijeron, y que pesaba unos 70 kg, a estima de los testigos. Parece ser que la curiosidad les llevó a romperla, no se sabe bien en cuantos trozos. Según Josefina Pérez Mateos (geóloga) el meteorito original fue muy fragmentado tanto por los hermanos del comienzo, como por los curiosos visitantes de los primeros días. Por lo que parece ser que hay fragmentos de este meteorito repartidos por muchos museos y muchas colecciones privadas de todo el mundo.

En la actualidad los astrofísicos tienen localizados y catalogados del orden de 200 000 asteroides, de los que se conocen muchas de sus características, aparte de su tamaño, como su peso, forma, composición, trayectoria, etc. Y a una distancia pequeña, relativamente claro, de nuestro planeta Tierra transitan más de 10 000 asteroides y cometas, lo que resulta algo inquietante si tenemos en cuenta que un asteroide tan pequeño como de 50 metros de diámetro, que llegara a penetrar en la atmósfera terrestre podría destruir una ciudad o buena parte de un país, si el tamaño es más grande.

Ciertamente la probabilidad de que tal desastre se produzca es muy pequeña, pero desde luego no es imposible; en consecuencia parece razonable que se estudien, como de hecho se está haciendo, las formas de desviar un asteroide, o destruirlo si es necesario y posible, antes de que tenga la oportunidad de pasar de desastre potencial a desastre real, chocando con la Tierra.

Afortunadamente, usando observaciones y proyecciones, los astrónomos y astrofísicos serán capaces de alertar, con décadas de antelación, sobre si un gran asteroide llegará a ser una amenaza. Un equipo de investigadores de los países europeos que tienen programas espaciales, así como de Rusia y Estados Unidos, están desarrollando planes para desviar asteroides de un posible curso de colisión con la Tierra.

 

El equipo integrado en el Proyecto NEOShield, financiado por la Unión Europea, ha estudiado tres técnicas potencialmente útiles: 1 – Hacer chocar una nave espacial contra el asteroide, para cambiar su ruta.  2 – Aprovechar el tirón gravitacional entre una nave espacial y el asteroide, con objeto de alterar su curso, y 3 – Provocar una explosión para empujar o destruir el asteroide.

Esperemos que los enormes avances de la humanidad, en ciencia espacial y su tecnología, junto con la benevolencia del Ser Superior, del que todo depende, nos protejan de esas indeseables colisiones, pero no olvidemos nunca lo de “A Dios rogando, y con el mazo dando”.

Adolfo Marroquín Santoña

Noticias y comentarios sobre temas científicos

Sobre el autor

Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.


marzo 2015
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