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Tenemos auras, con colores que no vemos

Ya el propio Diccionario de la lengua española (DRAE), define el aura señalando que, en parapsicología, es el halo que algunos dicen percibir alrededor de determinados cuerpos y del que se dan diversas interpretaciones; esto nos permite entender que el aura es algo que “algunos dicen percibir”, no que lo perciban con seguridad, y que al respecto existen “diversas interpretaciones”, es decir que, por parte de los científicos e investigadores de esta materia, se está lejos de llegar a un acuerdo generalizado.

Bastantes de las investigaciones desarrolladas en organismos científicos han concluido que la visualización del aura humana, por quienes dicen verla, debe ser generada en el cerebro. Este hecho de “ver el aura” sería consecuencia de un fallo en el funcionamiento de las interconexiones cerebrales del observador, fallo conocido como sinestesia, como consecuencia del cual, puede ocurrir que las personas afectadas vean orlas coloreadas alrededor de otras personas a las que conocen previamente.

Esta afección no es frecuente, pero tampoco es tan extraña, de hecho se ha encontrado que se presenta aproximadamente en una de cada dos mil personas entrevistadas. Admitida esa proporción, se plantea ahora la posibilidad de que lo que perciban sea una emanación de la energía que la otra persona desprende, energía que el ojo del observador, en combinación con su cerebro, convertiría en color, el cual dependería del estado de ánimo en que se encuentre el observado.

Antes de seguir adelante, tal vez convendría aclarar que el resultado de la combinación ojo humano + cerebro puede dar resultados un tanto irreales, como puede comprobarse recurriendo a las conocidas “ilusiones ópticas” que son frecuentemente publicadas en los medios, como en el siguiente par de ejemplos que les presento.

En ellos, concretamente en el de la izquierda, los puntos de cruce de las líneas se ven blancos o negros, cuando en realidad son todos blancos, como podrán comprobar si observan la figura cerrando a medias los párpados. Y en el la derecha, si lo recorren con la vista le parecerá que los óvalos se mueven, lo que es evidentemente falso, como podrán también comprobar sin más que fijar la vista en uno de los óvalos.

 

Al final la cosa funciona de forma que el ojo (instrumento óptico) traslada al cerebro (centro de decisión), vía conexiones neuronales (cables orgánicos conductores de corrientes eléctricas), lo que ese ojo ha sido capaz de ver, es decir sólo aquellas longitudes de onda que están dentro del espectro visible, que no es más que una pequeñísima parte del espectro electromagnético, que está lleno de radiaciones que no vemos.

En la siguiente figura se puede ver, ampliada en la parte superior, la pequeña parte que el ojo humano puede ver, que corresponde a la pequeña zona comprendida entre el ultravioleta (UV) y el infrarrojo (IR). En la parte inferior de la imagen se muestra, a la izquierda, lo que vería un ojo humano normal al mirar a alguien que tapa su brazo con una bolsa de plástico negra y a la derecha lo que vería un ojo “especial” que pudiera contemplar la misma imagen, pero no en el espectro visible para los humanos, sino en el infrarrojo. Así pues, en este caso la combinación ojo+cerebro, ambos normales, nos ha engañado escamoteándonos el brazo, que evidentemente estaba allí.

Si se fijan en el espectro global, de donde hemos extraído y ampliado el visible, entresacando y mostrando sus colorines, pueden darse cuenta de la enorme cantidad de radiaciones que el ojo humano no ve. De hecho no vería ningún cuerpo, aunque estuviera delante de sus narices, sin más que tal cuerpo emitiera radiación que estuviera desde los rayos cósmicos, a la izquierda, de muy pequeña longitud de onda, hasta más a la derecha de las longitudes de las ondas de radio, en la zona de ultra bajas frecuencias y por tanto de muy grandes longitudes de onda. O sea que, hablando de radiaciones, EL OJO HUMANO VE MUCHO MENOS DE LO QUE EXISTE, O PUEDE EXISTIR, EN LA REALIDAD.

 

Por tanto, razonando en base a lo anterior, cuando la pareja ojo+cerebro no nos muestre el aura, no debemos concluir que el aura no exista o que no está allí; y en cuanto a los colores presentes en esas auras y su significado, tras investigaciones basadas en miles de entrevistas puede decirse, de una forma puramente orientativa, que podrían ser los de la siguiente relación color-significado:

Violeta.- Persona con pensamientos espirituales.

Azul oscuro.- Equilibrio, plenitud de vida y buena salud, capaz de transmitir energía.

Azul claro o turquesa.- Dinamismo, con mucha energía y buena organización.

Verde.- Paz y tranquilidad. Estado mental de reposo.

Amarillo.- Alto desarrollo espiritual.

Naranja.- Habilidad para ser maestros o guías.

Rojo.- Materialismo, que valora más lo material que lo espiritual.

Rosa.- Equilibrio entre lo espiritual y lo material.

Significado de los colores que podríamos considerar sucios (más oscuros que el fondo).

Marrón.- Persona de escasa espiritualidad.

Gris.- Problemas físicos o mentales. Depresión y pensamientos oscuros.

Blanco.- Enfermedad importante, con dolores físicos.

Estos resultados corresponden a los más frecuentemente citados por las personas con sinestesia, al cotejar sus indicaciones sobre los colores del aura, con las características que ellos mismos asignan a la persona observada.

Pero lo que las investigaciones no han resuelto aún es el por qué los sinestésicos perciben esas cosas y los demás no. Este misterio se resiste a ser resuelto, pese a que son muchas, y desde hace mucho tiempo, las investigaciones sobre qué es el aura y cómo se percibe. No obstante y pese a los enormes avances en ciencia y tecnología, la cuestión previa que se plantea es ¿cómo estudiar desde el punto de vista de la física algo tan intangible como el alma de una persona o sus estados anímicos?

 

Sin embargo, es un hecho que millones de personas en todo el mundo se ejercitan y actúan para mejorar su estado bioenergético, lo que debería mejorar el nivel de ese estado, reflejándose en su aura, aunque los resultados no puedan ser vistos por ellos. Como ejemplo, todos aquellos que se integran en las prácticas de la meditación, el yoga, la acupuntura, el tai-chi, el chi-kung, la homeopatía y tantas otras, trabajan en la línea de mejorar su bioenergía y por tanto su imagen, a la que hemos dado en llamar AURA.

Debemos confiar en que los avances científicos nos llevarán en el futuro a la deseada visualización del aura, que existir seguro que existe. De hecho hay algunas posibilidades, como son el uso de las cámaras fotográficas digitales, que aprovechan el llamado efecto Kirlian, la bioelectrografía computerizada y algunas otras.

De momento, disfrutemos de nuestra estancia en el planeta Tierra, sabiendo que tenemos un aura individual, que por ahora no vemos, pero que, un día no muy lejano, podremos ver gracias a los avances científicos y técnicos. ¡Y suerte a cada uno con su aura, que a fin de cuentas será… LA QUE NOS MEREZCAMOS!

Adolfo Marroquín Santoña

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Sobre el autor

Adolfo Marroquín, Doctor en Física, Geofísico, Ingeniero Técnico Industrial, Meteorólogo, Climatólogo, y desde 1965 huésped de Extremadura, una tierra magnífica, cuna y hogar de gente fantástica, donde he enseñado y he aprendido muchas cosas, he publicado numerosos artículos, impartido conferencias y dado clases a alumnos de todo tipo y nivel, desde el bachillerato hasta el doctorado. Desde este blog, trataré de contar curiosidades científicas, sobre el clima y sus cambios, la naturaleza, el medio ambiente, etc., de la forma más fácil y clara que me sea posible.


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