Todos aceptamos sin reservas que una alimentación correcta y un estilo de vida saludable son los mejores avales para una vida sin enfermedades, larga y feliz. La dificultad reside en saber cuál es la alimentación y el modelo de estilo de vida más adecuados para alcanzar estos objetivos.
Y este dilema no es de ahora. En los años 20 del siglo pasado el prestigioso endocrinólogo Gregorio Marañón escribía: “No hay nada más mudable que la ciencia de la dietética, no hay año en que no cambie algo fundamental”. ¿Quién no suscribiría hoy esta afirmación?
Hasta hace pocos años el modelo indiscutible de alimentación y estilo de vida saludable era el que se engloba bajo la denominación genérica de “Dieta Mediterránea”. Todo procede de las investigaciones de un matrimonio de médicos estadounidenses, los esposos Key, que recorrieron diversos lugares del Mediterráneo por los años 50 de siglo XX.
Intentaban averiguar la razón de que los habitantes morenos y bajitos de los países ribereños del Mare Nostrum tuvieran menos infartos que los rubios, altos y sanotes del norte de Europa y de Estados Unidos. Fruto de sus estudios publicaron un libro que fue el origen del auge de la Dieta Mediterránea. Por cierto los Key conocieron en Madrid a un médico joven llamado Grande Covián, lo ficharon y se lo llevaron a USA.
Pero lo que hoy se considera dieta y estilo de vida mediterráneo no lo reconocerían los esposos Key, ni por supuesto lo asumiría como propio cualquier mediterráneo que se precie de serlo. La cuestión se ha desbordado hasta el punto de venderse en Internet botes con cápsulas de Dieta Mediterránea; incluso las hay de categoría “supreme”. Te comes un perrito caliente en un puesto callejero y, con el último sorbo de bebida, te tragas una de estas cápsulas, y ya has ingerido una sanísima dieta mediterránea.
Además uno de los ingredientes del estilo de vida mediterráneo que estudiaron los médicos americanos era su elevado nivel de actividad física diaria. Hoy día, los mediterráneos somos muy sedentarios. Ni siquiera actividades laborales como la agricultura precisan hoy del enorme esfuerzo que exigían hace años.
Dado este estado de la cuestión no extraña que otras alternativas saludables intenten desplazar a la caduca Dieta Mediterránea del número uno en el ranquin de modelos saludables a seguir. Uno de estos competidores potentes es la alimentación y el estilo de vida Paleo.
Estas recomendaciones de trasfondo paleolítico se basan en dos elementos esenciales. Vamos a analizarlos brevemente:
1) En primer lugar, hay que tener en cuenta el gran desarrollo de la genética, que ha demostrado que nuestra especie, el Homo sapiens sapiens, es muy reciente, de apenas 200.000 años de antigüedad (los de Atapuerca, que son mucho más antiguos, no tienen nada que ver con nosotros; son otra especie diferente).
Y sabemos que, en ese breve periodo de tiempo (evolutivamente hablando), apenas han cambiado nuestros genes. Así que todos nosotros somos hombres y mujeres paleolíticos. Tenemos una genética y una fisiología adaptada a la forma de vida que llevaban nuestros ancestros en África hace 200.000 años.
Los mismos dedos que hoy me permiten teclear en el ordenador este texto son los que a nuestros ancestros les permitieron fabricar herramientas de piedra, hueso o madera o pelar una fruta o una nuez.
2) En segundo lugar, hace unos 15 años irrumpió con fuerza la llamada Medicina darwiniana o evolucionista. Es una rama de la medicina que estudia la enfermedad, su prevención y su tratamiento desde la perspectiva de la evolución biológica. Y a la que yo me dedico con afán desde hace muchos años, y he contribuido con dos obras: El Mono Obeso, que trata la medicina darwiniana de la obesidad; y El Mono Estresado, que lo hace del estrés.
El principio fundamental de la Medicina Darwiniana establece que gran parte de las enfermedades que hoy nos afligen en las sociedades desarrolladas y opulentas son consecuencia de la incompatibilidad entre nuestro diseño evolutivo (paleolítico) y el uso que hoy le damos.
La conclusión final que se extrae al unir las dos premisas precedentes es que si queremos estar sanos, vivir muchos años y ser felices tenemos que lograr ser lo más paleolíticos que podamos dentro de esta sociedad sedentaria y opulenta en la que nos ha tocado vivir. Y cómo lograr esta proeza es lo que preconizan la dieta paleo y el estilo de vida paleo, que se están poniendo de moda en nuestra sociedad.
Pero ¿Cómo ser un buen paleolítico o paleolítica en nuestra sociedad de la Era Espacial? Evidentemente no se trata de que haya que ir a cazar la comida, ni que tengamos que ir disfrazados como los picapiedras al supermercado y pinchar con una lanza los botes de alimentos en las estanterías. No; es mucho más sencillo. A lo largo de los textos que irán apareciendo en este blog analizaremos y trataremos con detalle qué podemos hacer para ser unos buenos paleolíticos y lograr más salud y felicidad dentro del complicado mundo desarrollado que habitamos.