La crisis energética y económica que estamos viviendo derivada tanto por la inflación (el pasado martes se conoció el repunte de 5 décimas del IPC de la eurozona en junio hasta el 8´6%) como por la guerra entre Rusia y Ucrania, ha provocado que el euríbor -índice que hace referencia al 75% de las hipotecas vivas que existen en España- superase el pasado 20 de julio máximos de 2012 hasta el 1´164%. Con esta subida, la media mensual se sitúa en el 0´95%.
Este índice entró en terreno positivo el pasado mes de abril, después de empezar el año en mínimos históricos en el -0´5% (coincidiendo con la invasión rusa a Ucrania) y de permanecer en negativo durante más de 6 años, concretamente desde enero de 2016 y avanzar desde el 7 de julio más de un 40%.
Esto ha provocado un encarecimiento de las nuevas hipotecas a tipo fijo, pasando en 6 meses de una media de 1´5% hasta el 3%, mientras ha beneficiado a las variables que han visto reducido su diferencial.
Los analistas estiman que llegará al 1´5% a finales de años por: la reciente devaluación del euro (que la semana pasada llegó a perder a medio sesión la paridad con el dólar, al conocerse el fuerte incremento de tipos de interés por parte de la Fed) y la más que probable subida de tipos de interés que confirme el BCE en la reunión que celebra hoy (se estima un repunte de entre el 0´25% o incluso el 0´50%).
La guerra en Ucrania, la evolución de la inflación, la crisis energética y económica y – sobre todo- el fin de los tipos de interés negativos en la eurozona a un ritmo más o menos agresivo por parte del BCE, serán determinantes en el comportamiento del euríbor los próximos meses.
Los tipos de interés ni pueden estar mucho tiempo en terreno negativo, ni tampoco es deseable que se descontrolen al alza. Encontrar el equilibrio es la clave. Un euríbor entre el 0´5% y el 1´5% es lo deseable.
Pilar Bardají Pavón (Bardají&Asociados)