Rusia enseña sus armas y complica cualquier acercamiento que pueda conducir a una solución pacífica de la crisis abierta con sus exportaciones de gas.
Hace justo una semana, parecía próximo un acuerdo entre las partes en conflicto que permitió el jueves reiniciar las exportaciones vía el gasoducto de Nord Stream 1, aunque no en el nivel que el presidente ruso aseguró, ya que solo se reactivó su capacidad un 30% aproximadamente (frente al 50% previsto), volviéndose a reducir hoy 27 de julio otro 20%.
No obstante, serían tan graves las consecuencias de esta falta de acuerdo que parece razonable pensar que finalmente se impondrá el sentido común y aunque fuese de forma escalonada se reanudase el suministro del gas.
Dicho así -y ante la incertidumbre- Bruselas propuso un plan de ahorro energético ante el posible corte de suministro de cara a este invierno, con una cuota “voluntaria” de ahorro del 15% del consumo en todos los países de la Unión Europea, cuota que algunos miembros rechazaban (entre ellos España) al no ser dependientes del gas ruso en su totalidad. Este estado de “alerta” solidaria deberá estar determinado por el Consejo de la UE, a través de una propuesta de la Comisión, siempre que no se cumpla el objetivo de llenado del 80% antes de diciembre y que sumen cinco los Estados miembros que solicitan el corte. Para el caso de nuestro país, así como para Italia, Portugal o Grecia entre otros, la cuota se vería reducida a un 10%, pretendiendo que se tengan en cuenta sus posibilidades de convertirse en exportadores de gas.
Tras la decisión tomada en Bruselas, su precio se disparó ayer un 16%, llegando hasta los 208 euros/MWh. Si analizamos además la evolución del precio del gas natural desde julio de 2021, vemos un estrepitoso incremento desde mínimos de un 132%, precio que todavía asusta aun más.
Es evidente que el “chantaje” de Putin con los suministros está provocando importantes alteraciones que tendremos que solucionar de manera solidaria entre toda la Unión Europea. Se tardará mucho tiempo en recuperar niveles previos a esta última crisis, pero se nos hace impensable que el próximo invierno no llegue gas suficiente a Europa para cubrir buena parte de las necesidades.
Habrá restricciones. Habrá encarecimiento de precios. Habrá tensiones…pero finalmente habrá una solución. Tiene que haberla.
Paula Álvarez