La guerra iniciada el pasado sábado en Oriente Medio y que una semana después continúa, ha desplazado completamente el nerviosismo por los riesgos de la IA que hasta ahora marcaban las bolsas. El 28 de febrero, EEUU e Israel atacaron Irán en una operación llamada “furia épica”, argumentando el presidente norteamericano que su intención es frenar el programa nuclear y de misiles del país, impidiendo así que tenga o pueda producir más armas nucleares. Desde ese momento, todos los mercados han estado condicionados por cómo se iban desarrollando los acontecimientos, registrando prácticamente todos ellos caídas no vistas desde hace un año cuando Trump inició la “guerra arancelaria”. Los principales índices europeos y asiáticos se han desplomado más de un 6% (incluso el Kospi de Corea se hundió más de un 10%), mientras los estadounidenses terminaron el viernes con descensos algo más moderados.
Aquí el Ibex, después de cerrar febrero en zona de máximos históricos y con la mirada puesta en los 19.000 puntos, inició marzo con recortes del 7,01% hasta los 17.074 enteros, no solo alejándose de sus récords, sino dejándose todo lo ganado en los que va de ejercicio y acumulando un balance anual negativo. Prácticamente todos los componentes del selectivo acabaron en rojo, destacando las bajadas del 13,60% y 14,99% de Arcelor y Acciona. Mención especial para Repsol, que se revalorizó un 9,18%, animada por el avance del precio del petróleo (se ha disparado cerca de un 20% estos últimos cinco días), al ser el principal foco del conflicto, tras el “cierre” del estrecho de Ormuz, vía clave para el suministro de gas y crudo a gran parte del mundo y la advertencia el viernes de Qatar del posible corte de suministro en los próximos días.
Estas tensiones también penalizaron a la deuda, repuntando con fuerza las rentabilidades de los bonos, el español 28 enteros hasta el 3,34%, el alemán 21 hasta el 2,86% mientras el estadounidense superaba el 4%, 18 pb más que el viernes anterior. Este repunte estuvo provocado porque el incremento de los precios de la energía propiciará un aumento inflacionista, que no solo impedirían nuevos recortes de tipos, si no que muy probablemente se saldaría con nuevas subidas del precio del dinero.
Solo dos variables se vieron beneficiadas de esta situación, el dólar y el bitcoin: el primero aprovechó esta coyuntura para recuperar posiciones con el euro y consiguió terminar en las 1,16 unidades; mientras, la principal criptomoneda ejerció de “activo refugió” subiendo un 3,23% el viernes, hasta los 67.996 dólares.
Después de un buen inicio de año, parece que Trump vuelve a agitar los mercados. Si el conflicto se alarga en el tiempo, se traduciría en más inflación, subidas de tipos y bajadas de las bolsas. Si se alarga… perderíamos todos.